Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, del resto la historia es completamente mía.
Advierto que los personajes van a ser un poco diferentes que los que aparecen en el libro.
Capítulo 18: Vampiro Árabe
Durante ese momento en la cafetería hablamos de como fue su regreso al Lyceé, según Edouard le costó mucho volver adaptarse nuevamente. También me contó como fueron sus mini-vacaciones en Lyon, donde pasó las navidades allá y Año Nuevo aquí en París. Yo no le conté mucho donde pasé mis navidades y Año Nuevo, solo le dije que las pasé aquí en París con mis hermanos adoptivos, Alec y Jane; esos días lo celebrábamos en el Principado, para luego ir de cacería.
El tema de las vacaciones navideñas fue cambiado a cosas tontas y sin importancia, como una pareja…
–Ya casi llegas a mi estatura y eso que hace poco medias 1,60 metros y ahora pareces de 1,68 metros. –le hablé en tono de broma.
–Ya vas a ser una enana para mí, vengo de una familia de altos ¿Qué te puedo decir? –siguiéndome el juego.
–No voy a ser tan enana para ti, yo soy alta también. –le afirme.
–Eres estatura media. –siguiendo el juego de nuestra tonta discusión que teníamos acerca de nuestra estatura.
–Soy alta y se acabó la discusión. –después de esto cruce los brazos y trate de aguantar una sonrisa pero fue imposible.
– ¿Por qué no vamos a un parque en la mañana? Siempre nos vemos en las noches aquí. – ofreciéndome a salir y muchas veces habíamos hablado de esto.
–Tú sabes que no puedo Edouard, tengo trabajo. –le repetí como en muchas otras veces.
–Sé que esa no es la verdadera razón. –respondió en tono serio. –No quisiera presionarte para que me digas porqué en las noches nos vemos. Además, –esta vez cambió el tema. –no quisiera que te pasara algo cuando regresas a casa en las noches.
–No me sucederá nada, me sé defender. –esta vez era yo la que le dedicaba una sonrisa ladina. Pero por la expresión de su rostro, no lo pude convencer. –¿Tienes hambre? –le pregunté como forma de que no siguiera insistiendo.
–…No. –tardó en responderme.
–Edouard. –le llamé la atención.
– ¡Si! Pero no quiero que gastes en mí, siempre quiero brindarte algo y no puedo. –se quejó.
–No te preocupes Edouard. Luego me lo repones con algo. –le hice señas al mesero para que viniera.
Luego de que Edouard pidiera una taza chocolate caliente y yo como siempre nada; a él le daba curiosidad este hecho, pero siempre intentaba que él no tocara ese tema. Pero hoy se tenía que hablar de eso
–¿Porqué no pediste algo? –preguntó con curiosidad Edouard.
–No quiero. –le dije mientras negaba con la cabeza. Él quitó su vista de mí y miró hacia la mesa. –¿Pasa algo? –luego él miró.
–Eres muy misteriosa ¿lo sabías? Apenas se de ti. –habló en susurros. Yo no sabía que decirle a esto. –Casi nunca te he visto comer y nunca te he visto en las mañanas, sino en las noches. –en el momento en que iba hablar a decirle algo. Edouard siguió. – Sé que tú no eres una persona normal, no sé si hasta un ser humano… pero puedes–de repente por mi cabeza pasó una visión.
Un vampiro árabe…
Me andaba buscando…
Una vez terminó mi visión giré a la ventana, sin prestarle atención a Edouard. Ahí estaba aquel árabe mirándome; era de piel broncínea similar a la de Zafrina, cabello liso y negro, de ojos verdes, tenía una mirada dura y misteriosa a la vez, los rasgos de su cara eran los propios de su región. Había algo en él que me era familiar.
–Bella ¿Pasa algo? –escuché hablar a Edouard, pero no le presté atención hasta que habló en un tono más alto. –¡Isabella! –me giré hacia él y me miró confundido. –¿Pasa algo? Te ves… diferente.
Edouard no puede estar aquí, no estando otro vampiro.
–Tenemos que irnos, me acabo de acordar de algo. –le dije mientras me levantaba de la mesa y dejaba el dinero de la taza de chocolate de Edouard.
– ¿Es del trabajo verdad? –me preguntó y al instante le respondí.
–Sí, te voy acompañar a casa ¿de acuerdo? –pero este no estuvo de acuerdo.
–Puedo ir solo Bella, no me voy a perder. –tratando de calmarme, pero en su voz noté la molestia.
– ¿Estás molesto verdad? –él no quiso responder, suspire. –Vamos a ir caminando ¿quieres? Esta vez no te dejaré ir solo.
–Deberías de dejar de trabajar tanto. –dijo algo molesto.
–Me encanta el trabajo pero ¿podemos irnos? –le insistí. Me miró extraño.
– ¿Pasa algo? –me preguntó. Lo agarre por el brazo para salir del Café e ir caminando para huir de aquel vampiro.
Empecé a caminar rápido, a paso humano por la calle junto con Edouard, en vez de ir por la calle que siempre concurrimos para ir al metro, fuimos por otro lado, a uno que tuviera más transito de personas.
–Isabella ¿Pasa algo? –exigió una respuesta Edouard.
–No te puedo decir. –murmuré pero creo que Edouard entendió.
– ¿Por qué no? –preguntó otra vez y esta vez no respondí.
En eso Edouard aparta su brazo bruscamente, haciendo que yo lo soltara, después el se puso delante de mí para verme.
– ¿Qué está pasando? –me preguntó y lo miré asustada por lo que fuera ocurrir ahora, él me miró preocupado. – ¿Qué pasa Isabella?
–Te tengo que llevar a tu casa ya. –le respondí.
– ¿Por qué no dejas que se quede el humano hija de Zafrina? –cuando escuché esa voz me giré a buscar de donde provenía esa voz y estaba a cuatro metros lejos de mi.
De la desesperación y las incesantes preguntas de Edouard, no me había dado cuenta en que calle me había metido; el lugar apenas tenía humanos. Prácticamente estábamos El vampiro árabe, Edouard y yo.
–No metas al chico en esto. –le advertí mientras me ponía detrás de Edouard para protegerlo.
– ¿Lo conoces? –me preguntó mi pareja.
–No, pero no hables. –le dije a Edouard.
– ¿Es tu comida? Por más que lo protejas no podrás, soy más viejo que tú. –me confesó.
–No es tu problema. Igual no podrás atraparlo porque soy más hábil que tú. –le advertí.
– ¿O sí? –en eso el corre hasta dónde estamos y lo congelo ya él estando a un metro de distancia. Escuché a Edouard ahogar un grito por lo que acaba de ver, lo agarré del brazo ambos yéndonos al metro.
– ¿Isabella que fue eso? –me preguntó preocupado. Me detuve y me giré para mirarlo.
–Lo que acabas de ver no puedes decírselo a nadie Edouard. A Na-die. –le advertí. Este lo que hizo fue asentir.
En eso aparece aquel mismo hombre a quien había congelado, puse a Edouard detrás de mí para protegerlo. Este tipo se iba acercando poco a poco a mí precavido.
–Vuelves hacer lo mismo que hiciste hace unos momentos y te mostraré el sol. –le advertí. Este se detuvo y me miró fijamente.
–Eres más fuerte que tu propio creador al lanzarme ese poder tuyo. –me dijo sorprendido. – Estoy delante de un Dios prácticamente.
–El único Dios es Caín o Lilith o quien sea quien nos creó, pero Dios no soy, soy un ser igual ti. –le corregí molesta.
– ¿El niño sabe lo que eres? ¿Sabe que eres mortal para él? –me preguntó y yo no pude responder y este supo entender mi respuesta. –No es normal tener a un amigo humano, es muy peligroso y va en contra de nuestra naturaleza y leyes. –me aseguró.
–No es tu problema lo que haga con mi vida. –le respondí molesta y esta vez mis colmillos salieron, al igual que mi instinto animal.
–De acuerdo. Pero creo que el chico se va asustar cuando le digas lo que eres. –me dijo.
– ¿A qué viniste? ¿Y que sabes de mí?–le pregunté cortante.
–Me extraña que todavía no me reconozcas. Te salvé la vida una vez hace 120 años, en un bar de Mesopotamia. ¿Recuerdas? –su rostro se me hacía cada vez más conocido. Hasta que recordé…
Cinco Safah iba a sustraer mi sangre…
El encargado del bar, era un vampiro con habilidades de serpiente, él me salvó de los Safah…
–Benjamin…–apenas dije su nombre el vampiro habló nuevamente.
–Si, supongo que te sucedió algo para que te costara recordar ¿no? –no le respondí nada. Solo cuidaba a Edouard de aquel vampiro. –Te estaba buscando, me costó encontrarte.
–Te agradezco que me hayas salvado pero deseo saber que quieres de mí. –exigí.
–Digamos que soy un familiar de Zafrina. –apenas dijo el nombre de aquella vampira me tensé. –Pertenezco a un aquelarre de árabes donde pertenecía Zafrina en sus primeros años de vampira, a ella la conocí unos pocos años antes de que se fuera, como por los años 1100 después del nacimiento de aquel farsante. –dijo con molestia Benjamin. Lo que no esperaba era la reacción de Edouard.
–¡Jesucristo no fue un farsante! –le gritó al vampiro. Me giré a él molesta, pero Edouard no le asustó mi mirada.
–Ca-lla-te. –le dije por silabas a Edouard. –No sabes lo que estás haciendo.
–Niño, fue un farsante. –aclaró Benjamin. –Hubieron muchos como él en esos años, quien se encargó de su existencia y fueras criado de esa manera fue Pedro.
–Edouard, no hables por favor. –le dije a Edouard, luego me giré hacia Benjamin.
–Prosigo con lo que estábamos hablando. Te puedo ayudar a buscarla y asesinarla, el aquelarre la quiere muerta. –este hecho me sorprendió. Benjamin vio mi expresión y soltó una pequeña sonrisa. –No te sorprendas, ella nos hizo daño, especialmente su creador. Lo hizo por ansias de poder, tener todo bajo su control y manejar todo a su antojo.
–A ella no la he visto. No puedo verla, algo tiene o hace que esté ciega ante ella. –le admití. –Pienso que ella está muerta.
–Ella no está muerta, Zafrina dominó a una del clan que tiene poderes de telekinesis, haciendo que ella te bloquee y ella lo sabe. –explicó Benjamin. –Nos enteramos a través de Zafrina que tú la estabas cazando, debido a que ella pidió refugio en nuestro aquelarre. En un principio aceptamos, pero al pasar del tiempo vimos sus intenciones y estuvimos a punto de asesinarla, pero sin éxito. Hasta los momentos eres la única que conozco que puede detenerla, tienes la capacidad de detenerla.
–No es tan sencillo Benjamin, ella domina a las victimas que se le antoja–en eso me interrumpe él.
–Si, pero ella tiene un punto débil y es no dejarse dominar. ¿Vas a cazarla otra vez? –preguntó finalmente.
–Si, pero en estos momentos no puedo. –Benjamin miró a mi humano y yo lo que hice fue apretar una de sus manos, de una forma que no la quebrara.
Estaba tan enfrascada en la conversación que me había olvidado de él. Tenía que explicarle ya, lo que era o borrarle la memoria por su propio bien.
–No te preocupes, no voy a herir a tu humano. Para saber cuando quieres empezar aquí te dejaré mi tarjeta– se agachó y la dejó en el piso. –Otra forma de contactarte conmigo es que vayas a una dirección aquí en Francia, con tus habilidades podrás encontrarme, voy a estar aquí una semana, después de eso tienes que venir a Mesopotamia nuevamente, a Mosul en Irak, específicamente. –se dio la vuelta para irse, pero se detuvo y se giró hacia mí. –Por cierto tienes buen gusto. –y después siguió su camino por las calles de París.
Me giré y vi a Edouard.
–Bella…–lo interrumpí porque sabía que iba a bombardearme de preguntas, se le veía en el rostro.
–No te lo puedo decir Edouard. –bajé mi cabeza avergonzada porque supo en parte lo que era yo.
–¿Qué fue lo que le hiciste a ese hombre unos momentos atrás? –me preguntó. –¿Qué eres? Te prometo no decir nada Bella. –prometió finalmente.
–Tú no me puedes asegurar eso. –después que dije esto levanté mi cabeza para mirarlo a los ojos y con mucho dolor dominarlo. –Todo lo que viste y escuchaste nunca pasó, solo recuerda que nos reunimos hoy, después que nos fuimos del café y te lleve a tu casa, como todos los días que nos hemos reunido ¿de acuerdo?
–Si Isabella. –respondió sin emoción alguna. Dentro de mí estaba quebrándome.
–Mañana nos veremos y hablaremos, como si fuera un día cualquiera ¿de acuerdo?
–Sí. Nunca pasó esto… –en eso lo corté.
–Solo la salida que tuvimos, como hacemos siempre.
–Nunca pasó esto, a excepción de nuestra charla en el café, como todos los días que nos vemos. –repitió.
–Eres mi pareja Edouard, pero es por tu bien. Solo hasta que estés lo suficientemente maduro, sabrás todo. –después que dije esto corté la dominación. Edouard parpadeó, me miró a mí y después el lugar donde nos encontrábamos.
–Este no es el camino en que me acompañas siempre. –miró extrañado el lugar donde se encontraba.
–Lo sé, pero quiero que caminemos un rato más. –le dediqué una sonrisa y este resignado empezó a caminar conmigo al metro. Por dentro me sentía fatal por lo que le había hecho a este niño, pero era por su bien y el mío.
¿Qué tal les pareció chicas?
Comenten, digan opiniones.
¡Nos vemos el próximo fin de semana!
