Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, del resto la historia es completamente mía.

Advierto que los personajes van a ser un poco diferentes que los que aparecen en el libro.


¡Gracias a las chicas que agregaron en Alerta/Favoritos la historia! Me ayuda mucho a continuar con esta larga historia. Sin más preambulos les dejo leer el capítulo.


Capítulo 19: Tensiones

Luego de dejar a Edouard en su casa, este me miró de forma extraña antes de entrar a su casa, no supe identificar su mirada. Al llegar a mi casa llamé a mis hermanos, Alec y Jane para contarles lo sucedido; les conté solamente desde que apareció Benjamin hasta que se fue y lo que le tuve que hacer a Edouard. Cuando terminé de contar esto empecé a llorar, me sentía mal por haber usado la dominación para borrarle la memoria a mi pareja, pero lo había hecho por su propio bien.

–Bella, no podía saber nuestro secreto. –habló Alec. Luego hubo un silencio, no supe que había hecho porque estaba sentada en el piso con mis piernas recogidas hacia mi cuerpo, mis brazos sobre mis rodillas y mi frente apoyada sobre los antebrazos, tratando de calmarme. –¿Lo querías transformar ahora? –preguntó Alec.

–Solo quería que estuviera conmigo. –respondí. –Pero al saber que Zafrina está viva, tengo que matarla antes de que llegue a Edouard.

–Tienes que buscarla y alejarte de Edouard durante un tiempo. –escuché a Jasper decir. Levanté la mirada y respondí.

–Eso es lo que no quiero hacer.

–Pero tienes que hacerlo, si no quieres que Edouard salga herido, aléjate de él. –respondió Alec. –Si lo conviertes ahora, vas a tener que lidiar con el problema de cuidar a un neófito mientras cazas a Zafrina y eso solo te retrasaría en su búsqueda. –en eso recordé las palabras de mi creador. Controlar mis emociones.

–Tienes razón. –me limpie las mejillas como pude y me levanté del suelo. –Dos tienen que quedarse a cuidar de mi pareja y dos vienen conmigo a Irak. –les dije a los cuatro vampiros. Pensé en los posibles que podían venir conmigo. –Alec y Jane se quedan aquí cuidando a Edouard. –les hablé a esos vampiros y estos asintieron. Luego me giré hacia mis hermanos. –Ustedes dos vienen conmigo, les advierto que los terrenos de Mesopotamia no son nada pacíficos. –comencé advertirles. –Si alguno cambia de opinión…–en eso fui interrumpida por Jasper.

–Iremos contigo, pero tienes que prepararnos para esos terrenos.

–Lo haré.


19 de Enero del 2000. París, Francia.

Había pasado una semana y cinco días sin ver Edouard, hoy lo vería para hablar con él por última vez. No quería dejarlo de ver, ni de sentirlo… ni dejar de escuchar sus latidos… pero tenía que hacerlo para poder estar tranquilamente con él.

Durante ese tiempo yo no vi a Edouard, de hecho para evitar todo contacto con él, me fui al apartamento de mis hermanos que quedaba a unas cuadras más lejos de donde vivo yo; esto lo hice para que Alec y Jane pudieran analizar mejor su rutina sin estar yo rondando a su alrededor para vernos y poder vigilarlo mejor; a ellos se les ha hecho difícil ya que Edouard, al no comunicarme con él por tres días iba a mi casa los días siguientes, hasta que el viernes de la semana pasada dejó de insistir, a pesar de estar deprimido y molesto ha intentado conseguir una rutina propia.

Por parte de mis hermanos y yo, fuimos a la casa de Benjamin en Reims, allí me explicó todo acerca de los poderes de Zafrina, su origen y su antiguo clan, donde Benjamin pertenece actualmente. Según Benjamin, lo último que supo de ella es que estaba en Irán, protegiéndose de mí y que estaba planeando algo, como pude vi su destino y en los huecos que pude encontrar encajó con las visiones que tuve de ella hace unos años atrás; ella sabía que tenía una pareja humana y como forma de controlarme lo transformaría… esto quería decir que Zafrina lo andaba buscando, por lo tanto venía en camino a Francia o ya estaba aquí; esto hizo que hubiera un cambio de planes. Ya no iríamos a Mesopotamia sino nos quedaríamos aquí, vigilando a Edouard, pero sin yo tener algún contacto con él, todo por prevención.

Hoy me encontraba aquí en la misma cafetería donde frecuentábamos siempre, tenía la excusa para que no me buscara hasta que se calmara todo. Me comuniqué con él a través de Alec; mi amigo Dhampyr lo buscó en la salida del colegio cuando todavía había sol y le dijo que se encontrara conmigo mañana (hoy) a las siete de la noche en la cafetería de siempre, que si tenía algún problema para salir de su casa, Alec pasaría por él.

Había llegado a las seis y cuarenta minutos, por lo tanto no tardaría en llegar Edouard a la cafetería. Pedí de una vez una taza de chocolate caliente para mi pareja. Me dolía despedirme de él, pero tenía que hacerlo… TENÍA. QUE. HACERLO.

Estaba tan sumida en mis pensamientos que no me di cuenta que alguien se había puesto al frente de mí, reaccioné cuando escuché mi nombre.

–Bella. –escuché la voz de Edouard. Me giré hacia él y había preocupación en su rostro.

–Hola. –le dediqué una pequeña sonrisa. Edouard no quitaba sus ojos preocupados de mí, él se sentó y cogió una de mis manos. –Te compré chocolate caliente. Está haciendo mucho frio. –pero él no le prestó atención a la taza, sino a mí.

–¿Qué sucede Bella? –respiré hondo, haciendo que tuviera grabado en fuego su olor, la bestia dentro de mí ya no deseaba tanto su sangre como antes, sino más bien proteger al dueño de ese olor. Finalmente suspiré y dije mi excusa.

–Edouard… por cuestiones de trabajo tengo que irme del país y no sé cuando regrese. –le conté tristemente, tenía que hacerlo para que no le sucediera algo malo por mi culpa. Edouard se veía molesto y a la vez afligido por la noticia, me daba dolor verlo así.

– ¿Porqué siempre tienes que poner tu vida personal después del trabajo? –me preguntó molesto.

–Edouard… es difícil de explicar porque lo hago. –le dije, pero este no se convenció.

–Trata de decirlo. –exigió.

–No puedo decirte, tiene que ver con un trabajo que tengo que hacer y mis seres queridos no pueden estar cerca para que no corran peligro. Para eso no puedo tener ningún contacto con ninguno de ellos por seguridad. – en este momento Edouard me iba a refutar pero lo detuve al levantar mi dedo índice indicando que me dejara terminar. –pero eso no quiere decir que los olvide.

– ¿No me puedes llevar contigo? –me preguntó triste.

–No puedo Edouard, lamentablemente no. Entiende no puedo tener contacto con ningún conocido. –le respondí con el mismo animo. –Además, eres un menor de edad todavía y pueden buscarte. Sería mucho peor si estás cerca de mí. –por un momento no parecía muy convencido, pero luego en su rostro interpreté que finalmente me creyó.

– Quiero salir de casa pronto, ya no aguanto a mi familia. –bajó su cabeza tratando de evitarme la mirada.

–Hey… –le agarré su mano y le incité que me mirara. – Cuando cumplas los 18 podrás mandar a la mierda tu familia y como puedas, tratar de ser independiente. Alec y yo te podríamos ayudar en eso.

–No creo que sea tan sencillo Bella. –me miró con sus grandes pozos azules cristalinos.

–En un principio no lo va a ser por supuesto, pero hazlo cuando te sientas preparado para volar tu solo, pero eso sí, no te tomes mucho tiempo que la vida es muy corta. –le dediqué una sonrisa y vi un pequeño brillo en los ojos de Edouard. –Además, podemos mantenernos en contacto, yo me comunicaré contigo cuando sea el momento.

– ¿Lo prometes?

–Lo prometo. – le bese su mano que se encontraba muy fría. –Ahora tomate el chocolate antes de que se termine de enfriar.

Edouard miró la taza de chocolate y envolvió sus manos en la taza, para luego beber de ella. Mientras estábamos ahí disfrutábamos nuestro cómodo silencio y compañía, tuve mis sentidos alerta ante todo, hasta que sentí un escalofrió que corría por toda mi columna y aquella sensación etérea que conocía muy bien.

Stefan despertó…

–¿Tienes frio? –escuché a Edouard preguntar.

–¿Ah…?–no había entendido su pregunta hasta un segundo después. –Si, me dio un pequeño escalofrió, eso es todo.

–¿Segura? –preguntó y sin esperar mi respuesta me dio lo que le quedaba de chocolate caliente. –Toma, para el frio.

–No Edouard, no puedo tomarlo, es tuyo. –giró los ojos y puso la taza más cerca de mi.

–Deja de ser tan buena conmigo y tomate lo que queda de chocolate. –me regañó.

Tuve que agarrar la taza de chocolate, haciendo un gran esfuerzo en bébeme aquel liquido que me sabía a tierra, rogando no intoxicarme. Por suerte solo quedaban aproximadamente dos dedos de mi mano en medida.

Una vez terminado de beber la taza de chocolate, fui al baño del lugar a vomitar el chocolate. Luego ambos nos fuimos del lugar, llevándolo a su casa. Cuando ya estábamos cerca de su casa, Edouard detuvo sus pasos, haciéndome detenerme también.

–¿Qué pasa Edouard? –pregunté curiosa.

Sin esperar alguna respuesta verbal de su parte continué caminando, pero él agarró mi muñeca y me acercó a él, dándome un beso en plena calle. Respondí ante aquel acto sin importarme si veían o no; Edouard colocó una mano en mi nuca y otra en la parte baja de mi espalda, para acercarme más a él y profundizar más el beso. El beso fue intensificando, a tal punto que Edouard inconscientemente me estaba manoseando de más, sentía su piel calentándose y transpiración… estaba empezando a ponerse excitado y yo de la misma manera. Edouard se separó, lo que supongo es para coger aire.

–Vamos a tu casa. –tardé en comprender lo que estaba diciendo ya que me había dejado muy… tonta y muda. Edouard sonrió ante mi estado y dejé que él me guiara hacia mi apartamento.

Una vez en mi apartamento, Edouard cerró la puerta y continuamos besándonos de la misma manera que hace unos momentos. Ambos caminamos hasta el mueble, yo estaba acostada boca arriba y él se colocó encima de mí posicionándose entre mis piernas; metí mis manos debajo de su camisa, sintiendo su caliente piel en mis manos haciendo que Edouard tuviera un pequeño escalofrió por mi piel fría; mi pareja por su parte pasaba su mano desde un costado de mi cuerpo, al nivel de mis costillas, hasta mis muslos y viceversa, repitiendo el proceso, tratando de conseguir algo más de contacto encima de mi ropa, a la vez que él movía sus caderas hacia mí, rozando su entrepierna entra las mías, buscando contacto de igual forma. Quería intentar tomar las riendas, pero simplemente no podía, mi cuerpo estaba tan sumido en sus caricias que se dejaba dominar por aquel humano; como mi fuerza de voluntad me permitía me levanté del mueble e hice que Edouard se sentara y yo me pusiera a horcajadas encima de él; mi pareja se relamió los labios y no dejaba de acariciar mi trasero y muslos, en cambio yo continué besándolo. El se separó momentáneamente de mí para quitarse la chaqueta para el frio y yo repetí su acción, ya sin chaquetas continuamos; en eso sentí sus manos debajo de mi camisa, subiéndolas poco a poco, cuando llegó al broche de mi sostén, se detuvo y se alejó un poco de mí. Sus ojos mostraban miedo.

–¿Qué pasa? –le pregunté. Vi que le costaba tragar. Miré hacia abajo, hacia su entrepierna y un musculo sobresaliente. Estaba excitado. Luego miré hacia su rostro y él miraba hacia otro lugar apenado, a la vez que estaba sonrojado. –Edouard, es normal que estés excitado y más por lo que estamos haciendo. –el negó con la cabeza y habló.

–No es eso…–evitaba a toda costa mi mirada. –Bueno… En realidad si…. Pero…

–¿Pero qué? –le insistí. Él estaba silencioso, hasta que pude comprender su punto de vista.

Edouard era virgen…

Por la forma en que él fue criado, tenía que permanecer virgen hasta el matrimonio y él lo estaba violando, según sus creencias. Se sentía avergonzado por ese impulso sexual que tenía conmigo, pero por lo que me decía su cuerpo, le encantaba ir más allá.

Estaba tan habituada a tener sexo, que se me había olvidado este detalle.

–Edouard, no te quiero obligar hacer esto. –Le admití. –Si te sientes muy incomodo…–pero fui interrumpida por él.

–Quiero hacerlo. –dijo con firmeza. –Me importa un rábano mi religión y lo que digan los demás. Tú me importas. –y con esto él me besó de forma apasionada, como una forma de cerrar el trato de lo que íbamos hacer ahora.