Hola! me disculpo por atrasarme con la historia y también les agradezco por leerme.
Capitulo 5 – Hallazgos.
Kagome e Inuyasha se dirigieron a la bodega del abuelo Higurashi, el singular anciano tenía una gran colección de escritos antiguos. Algunos pocos hablaban de conjuros realizados por monjes y el resto solo eran historias y mitos antiguos. Inuyasha solo observaba la estancia reticente en encontrar algo que les fuera de ayuda.
-Keh! Este anciano solo sabe guardar basura- exclamo el Pelinegro con desagrado al tomar una pata disecada de algún animal que estaba dentro de una caja con algunas otras cosas, que tenían un aspecto polvoriento y desgastado.
-Inuyasha, no seas tan Grosero- le regaño Kagome mientras extendía algunos pergaminos y revisaba su contenido con detenimiento, después de un rato la chica no evito suspirar derrotada al no haber encontrado alguna respuesta o pista referente a sacerdotisas malas y maldiciones antiguas y desvió la mirada hacia el pelinegro.
Inuyasha estaba cruzado de brazos apoyado contra la pared, donde de vez en cuando gruñía enojado mientras maldecía a la bruja, la chica ya se había acostumbrado a su actitud y no podía recriminarle nada, ya que, para Inuyasha era importante eliminar a Naraku y obtener la perla así que era normal su muy mal humor.
Mientras la chica ordenaba los pergaminos viejos, encontró tras una caja otro pergamino que lucía un más antiguo que los demás, y de inmediato lo desplego, esperanzada de encontrar algo que les fuera de utilidad, pero lo que recibió la chica, fue una nube de polvo que le dio en la cara provocándole una leve tos.
-¡Ay!, ¡el abuelo es un descuidado!- se quejo Kagome mientras se dirigía a la puerta de la Bodega para respirar mejor.
El pelinegro ahora se entretenía haciéndole maldades Al gordo gato Buyo, que estaba comenzando a enojarse, Inuyasha había preferido sentarse afuera de la bodega, ya que odiaba el olor a humedad que había en el lugar.
-¿Que te ocurrió Kagome?- dijo observando a La chica con curiosidad.
-Nada...solo- Kagome de inmediato dejo de hablar al percatarse de unas palabras escritas en el papel con tinta dorada, era una frase. Pero le pareció extraña esa tinta inusual en inscripciones tan antiguas, frunciendo el seño y aun con los ojos llorosos Kagome leyó en voz alta:
"La bondad y el amor que transcenderá en el tiempo nos liberara de nuestras ataduras Terrenales y espirituales. Un corazón puro y desinteresado será capaz de purificar cualquier mal."
-¿Qué diablos significa Eso?- exclamo Inuyasha frunciendo el seño.
-Aun no lo sé, pero estoy segura que en estas palabras esta la respuesta para desvanecer ese hechizo- dijo la miko del futuro con una radiante sonrisa, que a Inuyasha le pareció enigmática.
-¿Y cómo lo sabes?- dijo Inuyasha aun mas confundido.
-No lo sé, pero lo presiento- aclaro la chica, llevando el pergamino a su pecho, mientras observaba las hojas del Goshinboku, siendo agitadas con suavidad por la brisa fresca veraniega.
El pelinegro observo con detenimiento a la chica que dirigía ausentemente su mirada a aquel árbol sagrado donde se habían conocido hace 500 años del otro lado del pozo. A la mente de Inuyasha se agolparon todos los recuerdos y experiencias que había experimentado junto a la miko del futuro, esa joven de mirada sincera le había ayudado a sanar las heridas de su corazón sin darse cuenta; con tan solo su bondad y paciencia.
Kagome desvió la mirada hacia el pelinegro que la observaba con intensidad y ella no evito sonrojarse ante esa mirada azul oscuro que estremeció su corazón, la mirada de el transmitía una mezcla de sentimientos, que la desconcertó y le recordó. A aquella vez donde había preferido huir hacia su casa, antes de escuchar las palabras de Inuyasha; luego de a verlo visto junto a Kikyo.
Kagome solo oculto la mirado bajo su flequillo mientras mordía su labio inferior con nerviosismo, preguntándose ¿qué le ocurría al hanyou?, ahora, humano.
-Kagome...- el dijo su nombre con lentitud y voz ronca -¿qué ocurre?- continuo; el había notado la tristeza en los ojos de la chica por un instante y eso le preocupo.
-Nada, no me pasa nada- mintió ella con una sonrisa mucho mas falsa que sus palabras.
Inuyasha impacientándose se levanto de su lugar, y tomando la mano de la miko la halo hacia a él, estrechándola entre sus brazos con fuerza deleitándose con el aroma de su cabello. El pelinegro reconocía las falsas sonrisas de Kagome, no era necesario que poseyera sus poderes para reconocer la tristeza en el rostro de la chica, que no sabía ocultar y solo provocaba que fuera aun mas obvio y a veces eso le irritaba en ella.
-Inu...yasha- susurro ella con levedad mientras aferraba sus manos a la ancha espalda de el pelinegro, sintiéndose completa y totalmente segura.
Inuyasha se alejo un poco pero aun mantenía su abrazo y sin darle tiempo de reaccionar a la chica unió sus labios con los de ella en un suave roce, que acepto Kagome gustosamente y que poco a poco fue volviéndose profundo y necesitado.
Las manos de el acariciaban la tersa piel bajo la blusa de la chica y ella complacida ante el atrevimiento del muchacho llevo sus manos al cuello de él atrayéndolo aun mas a ella, intensificando mucho mas el beso.
De la boca de la miko se escapo un gemido que éxito mucho mas a Inuyasha, que hizo retroceder a la joven, hasta dejarla acorralada entre la pared de la bodega y el cuerpo de él. Kagome agradeció internamente que la bodega quedara ubicada tras la casa, fuera de la vista de algún visitante del templo.
Las carisias de él se volvían cada vez más intimas, y había elevado una de las torneadas piernas de la chica hasta su cintura para continuar recorriendo sus muslos con más facilidad.
En esa posición la chica sentida la notable erección de Inuyasha, frotarse contra su intimidad que en esos instantes solo era cubierta por sus bragas ya que la mini falda que llevaba, Inuyasha la había elevado hasta su cintura. Durante sus intensas carisias el pelinegro se dedicaba en morder y succionar con levedad el cuello de la joven jadeante y deseosa que ya había internado sus manos bajo el kosode de él para también sentir y acariciar la piel del fornido pecho del pelinegro
El mordió la oreja de ella con sensualidad y Kagome se pregunto donde el había aprendido a tocar a una mujer de esa manera tan pecaminosa.
Inuyasha solo disfrutaba de los jadeos y gemidos de la miko del Futuro que inconscientemente movía sus caderas contra la erección él, haciéndolo jadear ansiando su contacto sin ninguna tela de por medio.
El chico llevo una de sus piernas entre las de ella, separarlas y llevar su mano a la intimidad de La chica que de inmediato soltó un gemido mirándolo con ojos brillantes y apasionados. El disfruto la humedad que traspasaba la delgada tela que cubría el íntimo lugar de la chica. Y sonriendo con malicia hizo a un lado la delgada tela, toco directamente el centro de Kagome, que ardía en necesidad; acción que provoco que ambos gimieran al unisonó, ella con urgencia busco los labios de él jadeante.
-¡Kagomeeeeeee! ¿Estas aquí?.- se escucharon las tres voces a coro de Yuka, Eri y Ayumi, en los terrenos del templo Higurashi.
Continuara...
nos vemos, y no me odien por terminar en la mejor parte ;)
