Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, del resto la historia es completamente mía.

Advierto que los personajes van a ser un poco diferentes que los que aparecen en el libro.


TheYos16: Y solo es el principio de las reacciones de Edward hacia Bella. Me da gusto que te haya gustado el capítulo.

Guest: Me alegro que te haya gustado.


Capítulo 27: Invocatio Historia

Nos hice teletransportar a esa fecha para que viera con sus propios ojos, cada uno de nuestros encuentros. A decir verdad, no me teletransporté como hice ahora para encontrar a Edouard; si, estamos en 1998, pero nuestros cuerpos no están en un plano material, sino que somos invisibles; esto hacía que todo se viera como si fuera un sueño lleno de humo, pero sus imágenes muy nítidas, era algo así como mostrar mis memorias. Esto no duraba mucho, solo podía hacerlo como máximo 30 minutos, lo suficiente para poder enseñarle cada uno de nuestros encuentros.

Empecé por el primer encuentro, él detalló con atención todo lo sucedido… ya para cuando íbamos por la mitad de nuestros encuentros, él estaba asombrado ante lo que veía.

—Si estuvieras dominado Edouard, tendrías los ojos negros perdidos todo ese tiempo. —le comenté mientras veíamos como ambos hablábamos amistosamente en un parque. —Y tus ojos siguen intactos.

—¿Cómo sé…?—me preguntó mientras lo llevaba a un encuentro de ambos.

—Si fuera este momento que estuvieras dominado, tendría que verte fijamente a los ojos y no lo hago, estoy a un lado tuyo. Yo solo doy órdenes, no hago ilusiones.

—¿Qué es esto que me muestras? —preguntaba, mientras miraba fijamente a su "yo" joven riendo conmigo.

—Mis memorias contigo.

Solo me detuve en los momentos que estaba con su familia, veía horrorizado como era tratado por sus padres y como era de protector con sus hermanos. Sabía que estaba finalizando mis encuentros con él, cuando hablamos por última vez en la cafetería que siempre frecuentábamos. Él vio sorprendido, cuando estuvimos a punto de tener sexo y él veía cada vez más que era cierto todo lo que le había dicho. Para cuando, había llegado el momento en que fui dominada, todo se volvió negro con ruidos sin identificar en la lejanía… hasta que apareció a nuestro alrededor imágenes borrosas de aquella masacre.

—No recuerdo casi nada de este momento, por eso no puedo enseñártelo bien. —comenté. —Como te dije, fui dominada en esos momentos y cuando pude regresar a la conciencia, estaba muy débil.

Cuando finalizó aquellas visiones, volvimos al 2008. El tiempo había avanzado en este punto, había durado exactamente treinta minutos. Observé a Edouard y este me miraba de una manera extraña que no supe identificar, pero supe que había contestado a todas sus preguntas.

—¿Ahora me crees? —le pregunté.

En el momento en que mi pareja iba a contestar, un estremecimiento nos sobresaltó. Sin haberlo visto, unos cazadores apuntaban a mi dirección disparando estacas de madera en mi pecho, haciendo que cayera al suelo por el impacto y dejándome inmovilizada.

—¡NO! —escuché el grito de Edouard.

—Bien hecho Edward—escuché la voz de un hombre con acento alemán. —, pudiste capturar a la asesina de tu familia. Y a la vampira que yo andaba buscando. —escuché los pasos de un hombre acercándose hacia mi dirección. Cuando vi su cara lo reconocí, era el famoso cazador "El Alemán". Vi que detalló a mi pareja. —¿Aprendiste primeros auxilios por tu cuenta?

—Ella me salvó. —el cazador lo miró como si estuviera loco, luego rio, burlándose de él.

—Creo que lo dices para no presumir tus nuevas cualidades. —acalló su risa, luego hizo señas con sus manos, indicando hacia algún punto. —Hoy cumpliremos con lo que te prometí, esto me va a encantar. —vi como Edouard lo miraba molesto mientras el cazador se iba a otro lado.

—No lo haré.

—¿Qué dijiste? —preguntó como si pidiera que repitiera.

—¡Que no lo haré! —respondió molesto.

En eso vi como el cazador se abalanzaba hacia él, Edouard se defendió de los golpes que le daba "El Alemán". Los golpes no duraron mucho, vi al experto cazado agarrar por el cuello a Edouard y este con una mano en la herida del costado, noté que se le habían desprendido parte de lo que le había cosido. Intenté moverme, pero sin éxito, solo podía articular sonidos raros. El cazador empujó a Edouard hacia otro lado de la habitación, escuchando como alguien lo sostenía y lo retiraban de la habitación.

—No podrás moverte mientras tengas esa estaca en el pecho. —dirigiéndose a mi. Luego hizo señas con sus manos, dando órdenes. Escuché unos pasos cerca de mí. —traigan la silla. Llévense a Edward para que lo curen y lo… interroguen. —escuché como estos pasos se alejaban.

Utilicé parte de mis sentidos y cada vez más disminuían. Utilicé el sentido del tiempo y ni siquiera podía saber con exactitud que hora era. La estaca me hacía sentir como una verdadera mortal. Mi visión solo observaba el techo de la casa y de en vez en cuando el cazador caminando dentro de mi campo de visión.

No sé cuanto tiempo habrá pasado, pero escuché unos murmullos y luego unos pasos acercándose a mi dirección.

—Colóquenlo aquí. —"El Alemán" señalaba algún punto de la casa.

Escuché pasos cerca de mí y según lo que pude ver dentro de mi campo de visión, cuatro humanos cargando lo que parecía ser una silla de torturas, de esas que había en mis tiempos de humana, solo que esta tenía algo distinto a las sillas de torturas. En esta había símbolos y escrituras que no podía identificar en algunas partes de la madera y no tenía clavos o cuchillas en el asiento, solo había correas para sostener a la persona.

Escuché como dejaban la silla en el suelo y luego pasos hacia mí, me levantaron del suelo y finalmente, colocaron mi cuerpo en aquella silla. Sentí como colocaban mis brazos en los posabrazos de la silla y las amarraban con unas correas de cuero, al igual que mis piernas, fueron amarradas. Mientras me amarraban, vi al cazador de espaldas preparando algo.

—Listo señor Marcus. —escuché a uno de los hombres decirle. Este se giró hacia ellos.

—Pueden irse. —los hombres se fueron, dejándome sola con "El Alemán. Finalmente habló otra vez. —La silla donde estás es encantada, te anula los poderes que tienes y toda la fuerza que tienes, tiene una función similar a la de las estacas, la diferencia es que puedes hablar. —explicó. —Necesito que me respondas ciertas preguntas, si mientes en las respuestas, la silla hará que sientas el dolor más intenso que hayas experimentado en tu vida. —dijo finalmente. Él se acercó y me quitó la estaca de mi pecho, sentí la movilidad de mi cuerpo pero me sentía como una mortal. —Empecemos.

El cazador cogió una silla que estaba cerca de nosotros y la colocó frente a mí.

—Sé que eres vampiresa. —cogió una carpeta amarilla que estaba cerca de él, dentro de ella se veían unos papeles. Abrió la carpeta y empezó a leer en voz alta. —Tu nombre es Isabella Swan ¿cierto?

—Si. —en ese momento sentí como si me estuvieran electrocutando y quemando viva a la vez. Era un dolor indescriptible. —¡NO! ¡NOOOOOOOO! —el dolor disminuyó.

—Entonces ¿Cual es tu nombre verdadero? —preguntó.

Izabella Svon. —respondí. —Me cambié el nombre por comodidad y como aceptación a mi vida maldita.

—¿Como se deletrea tu nombre y apellido?

Izabella I-Z-A-B-E-L-A—vi como escribía en la carpeta. —Svon S-V-O-N—volvió a escribir.

—¿En que año decidiste el cambio de nombre? —preguntó.

—A mediados de 1426. No recuerdo la fecha exacta. —admití. En eso sentí un leve dolor en mi cuerpo, era soportable.

—¿Quién te convirtió? —preguntó.

—Un vampiro llamado Aurelius. —respondí con una semi mentira, esto hizo que levemente aumentara el dolor. Todavía era soportable. Nuevamente vi como anotaba algo en la carpeta.

—Según los registros que tengo aquí, tuviste muchos nombres ¿correcto?

—Si. —el dolor disminuyó.

—¿Por qué lo hiciste?

—Para ocultarme. A veces no puedo permanecer con en el mismo nombre todo el tiempo si no quiero ser descubierta. —el dolor aumentó levemente.

Me di cuenta que esta silla tenía un pequeño fallo. Si decía verdades o mentiras absolutas, aumentaría o disminuiría el dolor; pero si decía una parte de ellas, dando una información que no era del todo absoluta, el dolor cambiaría levemente.

Veo que él remueve los papeles y saca varias fotos de allí. Cada foto que me enseñaba era yo en diferentes vestimentas y looks, solo le decía "si" a cada foto.

—Hay una foto que me llama la atención. —saca otra foto de la carpeta. En el momento en que me enseña la foto, vi que era una donde aparecíamos nosotros dos en la cafetería que siempre concurríamos, nuestros rostros se mostraban felices. —Cómo es que la asesina de la familia de Edward está aquí con él.

—Yo no fui quién asesinó a esa familia. —el dolor disminuyó. —Fue una vampiresa llamada Zafrina. Ella me posesionó mi cuerpo en contra de mi voluntad. —ya no tenía más dolor.

—Mientes. —dijo severamente.

—¡Digo la verdad! —insistí.

—¡Mientes! —gritó.

—No estoy mintiendo… Marcus. —insistí diciendo de mala gana su nombre real. — La explicación de esa foto, comienza que lo encontré en el Pont Neuf en Paris, Francia. Me apiadé de él porque lo conseguí llorando, golpeado y con frio. Fui tan compasiva que lo llevé a una cafetería para que tomara y comiera algo caliente. Ya al final del día lo llevé a su casa donde su padre lo recibió con golpes. Desde ese entonces nos encontrábamos y finalmente nos hicimos amigos. —finalicé. —Esa es la historia, no todos los vampiros son como ustedes nos retratan. —le respondí furiosa.

—Yo no te creo, yo creo que en todo ese tiempo que estuviste con el joven Edward tú lo dominaste. —acusándome.

—En ningún momento lo domine idiota. —respondí furiosa. —Eso fueron ustedes que le lavaron el cerebro.

—¡Mientes! —me gritó.

—Si de verdad miento, ¿porque esta silla no me ha hecho daño? Tú sabes manejarla ¿no? ¿O acaso eres inepto usando estas cosas? —"El Alemán" se levantó de donde estaba y cogió un martillo para herrería. Rápidamente se acercó a mí y con eso me golpeó en el rostro, impactando el golpe en mi mejilla

Escuché un leve crack al mismo tiempo que sentí como se rompía algo de mi rostro. Fue tan duro el golpe que me hizo ver puntos de colores y mi vista estaba nublada.

—A ver si con eso dejas de decir blasfemias. —escuché como Marcus dejaba caer al suelo, aquel objeto. —¡Hasta que por fin llegas! —le escuché decir emocionado.

Una vez que mi vista estuvo completamente bien, pude ver a Edouard con una mezcla de miedo y sorprendido, traía una camisa nueva; a su lado estaba un sonriente psicópata cazador.

—¿Qué le hiciste?

—¿No me digas que te enamoraste de ella? —preguntó sarcástico Marcus. Edouard no respondió. —Llegaste en un buen momento, vas a escuchar lo que ella te ha ocultado detrás de esa belleza infernal que tiene. —giró su rostro para dirigirse a mí. —Sé que vas a contestar con la verdad estas preguntas que te voy hacer. —dedicándome una sonrisa sardónica. —Dime Izabela ¿es verdad que asesinaste a casi pueblos enteros alrededor del 1500 y 1800?

Esto no podía ser…

Esa era la etapa en la que estaba con aquel desquiciado aquelarre…

Si decía que si, todo el esfuerzo que hice para convencer a Edouard se iría a la basura, pero si decía que no, sufriría.

—…Si. —dije con dificultad. Edouard me miró con el seño fruncido.

—Hay registros en varios países donde, de manera extraña, hubieron familias que murieron como si fueran masacrados como animales…—en eso lo interrumpí.

—Recuerde que yo no soy el único vampiro en el mundo. —le resalté pero este hizo caso omiso.

—Y también… tenían signos de haber sido abusados sexualmente. —finalizó. —¿Es cierto que estuviste involucrada en aquellas acciones?

Por mi cabeza, pasaba el "no" pero sentía como el dolor aumentaba a una velocidad vertiginosa.

—¡Si! —grité de dolor, haciendo que Edouard me mirara sorprendido.

—Y la más peculiar de todas. Es cierto que en la mayoría de las veces que cazabas ¿Matabas humanos para conseguir su fortuna y su casa? —negué con la cabeza, pero inmediatamente sentí aquel dolor espantoso.

—¡SI! —grité de dolor.

—¿Sin importar que hubieran personas inocentes y niños…?

—¡SI MALDICIÓN! —volví a gritar de dolor.

Aquella sensación se había ido por completo, bajé mi rostro para evitar la mirada de Edouard que me observaba furioso.

—Ahí tienes a tú salvadora. —nombrándome el cazador de forma despectiva. —A ella la voy a llevar primero al laboratorio porque ella no es una vampiresa común. —le escuché decir "El Alemán". —No me importa tu opinión, la ejecutaras como tenías pensado. Creo que cuando te limpiaron te advirtieron que pasaría si te negabas hacerlo.

En esos momentos empecé a llorar de manera silenciosa y sin espasmos. Sabía que si hacían experimentos conmigo, sería la muerte.