Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, del resto la historia es completamente mía.
Advierto que los personajes van a ser un poco diferentes que los que aparecen en el libro.
Capítulo 30: Historiae Alternis
Y no la asesinó…
Luego mis visiones de Isabella volvieron a desaparecer, pero aún así sentía aquella sed y dolor de Isabella. No podía soportarlo más…
Me levanté del suelo, puse el ataúd en su lugar y me encaminé a la salida de aquella guarida.
—¡Stefan! ¡STEFAN! —escuché la voz de Alec llamándome. —¿A dónde vas? Estás loco si vas a salir a la luz del sol. —hablándome alterado.
—Es Isabella, está en este año…
—Ella está en la bóveda Stefan…
—¡Se teletransportó! —le hablé alterado. Alec me miró asustado ante mi reacción. Respiré hondo y expulsé el aire antes de hablar. —Isabella se teletransportó desde el futuro hasta este año, ella está en peligro.
—Déjame resolverlo yo Stefan. —cuando iba a empezar a protestar, Alec no me dejó. —Recuerda que no puedes salir bajo el sol, necesito que me digas la última visión que tuviste de ella.
Alec me hizo entrar en razón. De que vale rescatarla bajo el sol, si voy a morir yo también, lo que haría es retrasar.
En el momento en que le iba a decir, una imagen vino a mi cabeza…
Isabella había llegado a una casa con Edouard… la casa era bastante familiar… era ¿París?
Era la casa de Edouard cuando era adolescente…
—¿Stefan…?—escuché llamarme Alec.
—Ve a París, a la antigua casa de Edouard, ella está en ese lugar. —el me miró como si estuviera loco. —¡Solo hazlo! —asintió.
—Stefan, trata de dormir y comer mientras voy para allá. —me aconsejó el Dhampyr. —Te llamaré apenas oscurezca. —asentí.
Vi como Alec se fue de aquel lugar a paso acelerado. Dejando mis esperanzas de rescatar a mi primogénita en sus manos…
…—Stefan, antes de que te alteres y vengas aquí necesito que me escuches. —requirió.
Eran las 7 de la noche, yo era el único que se había despertado temprano. Apenas había podido lograr dormir.
—¿Dónde está Isabella?
—Cuando llegué, ella había desaparecido y me encontré aquí con Edouard que no sabe que sucedió. —explicó. —Dice que la última vez que vio Isabella fue al meterla en una habitación para protegerla del sol. —finalizó.
—Pásame al humano. —pedí. Escuché movimientos, hasta que escuché la voz del humano atendiendo. —Hola Edouard, necesito que me digas con detalle la última vez que viste a Isabella. —le ordené. El humano empezó a relatarme lo sucedido, desde que salieron de su casa en Nueva York, hasta su llegada a Paris, su casa de la infancia.
—…justo cuando había tapado por completo el sol en la habitación, ella iba a morderme, la hice entrar en razón al llamarle la atención y ella me pidió que me fuera. Corrí para salir de la habitación y la dejé allí. —finalizó.
—¿No percibiste nada extraño Edouard? —pregunté curioso.
—No. De hecho me enteré que había desaparecido, cuando Alec llegó aquí. —agregó. —Había salido a buscar bolsas de sangre para Isabella para cuando despertara. Soy doctor. —esta acción de él me extraño.
—¿Porqué harías eso?
—Porque ella es mi compañera, no puedo dejar que muera. —había dicho con convicción en su voz. Él suspiró y volvió hablar.—Mira Stefan, sé que soy un cazador y no debo ayudar a los vampiros, pero esta vez necesito su ayuda. Isabella mató al cazador Bach y le arrancó su corazón —esto me sorprendió. —, por lo tanto deben de estar buscando a las ultimas personas que estuvieron con ellas, me buscarán a mí y a Isabella. Yo al estar de cómplice con ella, estoy en peligro de muerte. —explicó. —Así que necesito su ayuda para que me protejan y a cambio te respondo todas las preguntas que necesitas saber, incluyendo la logística para asesinar a los cazadores del Vaticano. Ya no confió más en ellos y yo sé que ustedes tienen las respuestas que necesito. —confesó en tono de desconfianza. —Ya no puedo separarme más de Isabella, estoy sufriendo con su desaparición que no entiendo. —su voz se transformó a desesperación.
—Pásame a Alec. —escuché otra vez el movimiento.
—¿Si Stefan?
—Necesito que resguardes a Edouard, tengo que hacer una reunión con Alice antes de traer al humano hasta aquí.
—De acuerdo.
—…luego de aquella llamada, tuve que hacer una reunión de urgencia con Alice para dejar entrar a Edward a este lugar. —explicó Stefan. —Alice había aceptado, pero el resto del linaje estaba reticente a la idea. Al traerlo, tuvimos que escoltarlo de todos los vampiros del lugar, pero una vez que Edward mostró el corazón que le arrancaste al cazador Marcus, todos confiaron en él. Hasta tu humano se ofreció para que vieran sus memorias y demostrar que no era mentira. —finalizó.
—¿Dónde está él ahora? —pregunté.
—Está con Alec y Jane fuera de aquí, para protegerlo de ti. —lo miré molesta. —Recuerda que acabas de despertar del Letargo. —después vi como sonrió. —Él está ansioso por verte, ha esperado cinco años por ti. —lo miré asombrada. —Los hechos que sucedieron mientras dormías sucedieron de igual forma, solo que de en vez de venir Edward a asesinarte, el venía con alguna flor distinta a dejártela en tu ataúd —explicó. —, te las cambiaba cada dos semanas. —su anécdota me parecía de lo más tierna.
—¿Cuándo podré verlo? —pregunté.
—Luego de que te recuperes, acabas de despertar y estás inestable. —él se levantó de la cama y me ofreció su mano. —Vamos a cazar.
Con cuidado me levanté de allí, sentía mis piernas algo entumecidas haciendo que caminara algo torpe. El lugar ya lo conocía, así que no tuve tanta perdida; cuando llegamos al cuadro de Artemis, ella miró fijamente a Stefan.
— Athenedora, déjame salir. Vamos a cazar. —habló Stefan en griego. Luego Athenedora posó sus ojos en mí. —Ella es mi primogénita.
—Debería saberlo Aro ¿no crees? —respondió Athenedora. Miré a mi creador y tenía el ceño fruncido.
—Él no debería saber nada. —respondió molesto.
—Le entristece que su primogénito no le hable
—No quiero saber nada de él. Creo que él estaría más que satisfecho que de en vez en cuando vaya a la Isla de Chronos. No quiero seguir hablando más de esto. —en eso recordé cuando mi aquelarre fue a salvarme de Zafrina. Lo que dijo Stefan…
"¡¿CREES QUE ME VAS A DOMINAR A MÍ?! ¡¿AL HIJO DE UN DIOS?!"
¿Hijo de un Dios?
—Stefan ¿Porqué le dijiste a Zafrina que eras hijo de un Dios? ¿Qué quisiste decir con eso? —le pregunté confundida.
—Creo que lo sabes Izabella. —respondió Athenedora, para luego desaparecer la pared, dejando al descubierto las escaleras de piedra hacia la salida.
Stefan siguió caminando sin responder a mi pregunta; cuando ya estábamos a mitad de camino hacia la salida de la cueva ahí me di cuenta lo que había dicho Athenedora.
Él era hijo de Aro…
Él era el primogénito de la aquella historia de los Temporis…
Stefan había creado el nombre de nuestra raza y el guardián de la Isla de Chronos…
La historia era real…
Justo antes de salir de la cueva, mis piernas me fallaron… no… ellas se arrodillaron en contra de mi voluntad, como si fuera una fuerza invisible, tomé una posición como si lo estuviera venerando. Vi como mi creador se detuvo de caminar y se giró hasta donde estaba yo.
—Eres hijo del Dios del Tiempo. —Stefan me miraba impasible. —Eres el segundo al mando de los Temporis.
—Levántate hija mía. —habló en latín. Mi cuerpo automáticamente se levantó y pude tener nuevamente movilidad.
—¿Por qué no me dijiste eso? —le pregunté molesta. Stefan suspiró y habló.
—Porque no estoy orgulloso de lo que soy y quién me convirtió. He vivido aquí por más de dos mil años y he visto la perdida de quienes amo, sean vampiros o humanos, y por eso soy como soy. —admitió. —Tenía más de 500 años que no sabía que era estar en un aquelarre, cuando te vi era como si me llamaras a que yo te convirtiera. En un principio, pensaba que era la sensación de ver a su pareja, pero no lo era, simplemente era aquella misma sensación cuando mi hija nació.
—¿Tuviste una hija? —pregunté asombrada.
—Dos hijos, una hembra y un varón. —dijo en tono triste. —Unos… vampiros asesinaron a mi familia, los mataron como si fueran ganado. —lo miré horrorizada. — Entre ellos estaba Aro, el creador de este…—su rostro se había contraído, como si al recordar a ese hombre le daba molestia. —Él vino y me convirtió sin ni siquiera preguntarme. Al despertar, recordé todo lo sucedido y en mi muñeca se encontraba un pergamino, diciéndome como tenía que sobrevivir. Cuando encontré a mi creador mi aprendizaje, como lo que era, estaba bastante avanzado y estaba decidido a asesinarlo, pero debido al vínculo que teníamos de creador-vástago no podía hacerlo. Así que me conformé hacer lo que mi padre no quería hacer debido a que estaba dominado por sus poderes nuevos. Le hice un nombre a lo que somos, le puse el nombre a nuestro hogar y prácticamente soy el líder de los Tempus.
—Pero… si eres el líder de los Temporis… ¿Qué haces aquí? —le pregunté confundida.
—Estoy con mi aquelarre. —respondió. —De en vez en cuando voy a la Isla de Chronos a ver como está todo. Normalmente todo está bien, ese lugar está muy resguardado como viste hace años. Cuando alguien decide tomar el mando de la isla, no es tan fácil, todo debido a que Aro sabe todo lo que pasa allí, por lo tanto él se encarga. —explicó. —La única forma de infiltrarse es secreto, los únicos que saben son Aro y yo. Si alguien quiere información de mi para entrar a ese lugar tendrían que matarme, inclusive los lectores de pensamientos. —aclaró. —¿Ahora podemos ir a cazar? Me preocupa tu estado. —habló algo exasperado, dando a entender que era un tema muerto y que no volvería hablar. Yo lo que hice fue asentir.
Al llegar a salida de la cueva, ambos saltamos y caminamos entre las rocas, cuidando de no mojarnos la ropa, para luego caer en la arena y correr, hasta que encontramos la civilización.
Las reglas de cacería no han cambiado, pero si supe que la gran mayoría de los lugares santos o lugares protegido por cazadores, me andan buscando y a Edouard. Por lo tanto mis cacerías tenían que ser presas cazadas por Stefan y yo lo que tenía era que comer. Al terminar decidimos regresar a la cueva de los Magói; durante el trayecto volví a pensar en Edouard.
—No puedes verlo todavía, estás inestable y no sé como vayas a reaccionar cuando lo veas. —respondió Stefan.
—Quiero verlo Stefan. —le exigí.
Ambos paramos nuestro trayecto y él se giró a mi dirección.
—Acabas de despertar de un Letargo, estás como un recién nacido debido a la gran cantidad de tiempo que estuviste sin probar una gota de sangre. —explicó. —Edward es tu cantante y es lo mejor que tengas un buen autocontrol de tu sed porque sino lo matarás.
—No lo mataré al olerlo. —le afirmé con seguridad.
—No tientes a tu suerte Isabella. —advirtió.
—Deseo verlo. —exigí. Stefan suspiró de frustración.
—…Está bien. Pero a la mínima sensación de hambre que sienta de ti, te alejaré de él. Así tenga que golpearte hasta dejarte inconsciente. —asentí.
Stefan cogió mi mano y dejé que el nos teletransportara. La teletransportación de él era muy distinta a la mía; en un principio cuando yo hacía aquella acción era como si todo se desvaneciera, con el pasar de los años se transformaba a un borrón y ahí quedó; en cambio con Stefan era muy distinto, en un segundo ya estábamos en el lugar, apenas daba el tiempo suficiente para detallar la acción.
Ambos nos encontrábamos dentro de una oficina llena de cubículos y computadoras, al fondo había un gran ventanal, Stefan caminó hasta allá y lo seguí; al llegar a la ventana, pude ver que estábamos aproximadamente en un piso 30 aproximadamente, se podía ver gran parte de la ciudad de Roma. Stefan tocó mi hombro y me hizo señas en silencio, sus manos me señalaron hacia una iglesia. Pude ver y escuchar que había diez humanos en ese lugar. Luego mi creador volvió hacer señas hacia una de las edificaciones que había cerca de aquella iglesia; empecé a buscar en las edificaciones que tenía a los lados, todos eran edificios un poco más altos que la iglesia, hasta que me llamó la atención la azotea de una de esas edificaciones, una que estaba a la esquina de la iglesia, a cuatro edificios de distancia.
Había un cuerpo acostado boca abajo en el piso con un rifle francotirador; este cuerpo estaba vestido completamente de negro y su cabello broncíneo estaba oscurecido por algún gel, a un lado de él se encontraba un estuche abierto de forma rectangular. Su cuerpo estaba tenso, podía escuchar su lenta respiración, como expulsaba el aire a través de su boca y su acelerado corazón. Sentí como Stefan me observaba, vigilando que no hiciera nada estúpido; si en realidad tuviera sed ya me hubiera lanzado hacia él y no estaba ni de cerca a eso.
Luego de 10 minutos y 22 segundos, escucho a los humanos salir de la iglesia y veo a Edouard posicionarse para disparar. Pasé mí vista a la iglesia y vi al grupo de humanos saliendo de allí, ocho eran cazadores y dos eran sacerdotes; pero uno de ellos había algo especial… uno era un científico, hacía experimentos con las criaturas sobrenaturales.
Justo cuando Edouard presiona el gatillo e impacta sobre aquel científico en su cabeza, vi como mi pareja se levantaba rápidamente junto con su rifle y lo guardaba en el estuche.
—Ve a buscarlo. —me dijo Stefan. Lo miré y asentí.
Una vez que llegué a donde estaba Edouard, lo conseguí que ya había guardado todo; sin darle tiempo a que detallara mi presencia le cogí la mano y ambos aparecimos en alguna playa de Italia. Al girarme donde estaba mi pareja, lo conseguí acostado en la arena con el rifle a su lado.
—No me acostumbraré a tus teletransportaciones. —habló él mientras se levantaba del suelo y se limpiaba la arena de su ropa. No se había dado cuenta de mi presencia todavía.
—Y yo tampoco me acostumbraré a que asesines a otros cazadores. —apenas dije esto, Edouard fijo su vista hacia el origen de mi voz, su rostro se encontraba sorprendido y feliz.
—Regresaste. —dijo casi en susurros.
Vi como poco a poco aparecía una sonrisa en sus labios, para después ver sus ojos vacilando, tratando de verme en la oscuridad. Con cuidado y nerviosismo, cogí su mano y en el momento en que la estaba llevando a mi rostro, Edouard jaló mi mano hacia su dirección y me abrazó con mucha fuerza, que si fuera humana, yo no respiraría correctamente. Yo por supuesto le devolví el abrazo, pero no duró mucho, ya que me separó de él y estampó sus cálidos labios sobre los míos con deseo.
En ese momento no me dio ni una pizca de sed, pero si de alegría de haberlo extrañado y su reacción hacia mí.
¡Hola chicas!
¡Al fin Edward e Isabella después de taaaaantos años! *grita de alegría*
Disculpen por no actualizar el fin de semana, me ocupé esos días de terminar esta historia. Y les quería preguntar si quieren que le saque una tercera parte; ya estoy terminando la historia y creanme que falta muuuuuy poco para terminar, aproximadamente cuatro capítulos es lo que falta. No quiero darles spoilers, pero a partir del capítulo que viene será bastante feo... en el sentido de que tal vez haya una guerra y mueran varios personajes, eso incluye los protagonistas. Casi que va a ser un sorteo *cara triste*, así que necesito opiniones y voy a poner una encuesta en mi perfil si van a querer una tercera parte.
¿Qué les parece la nueva portada? Si no la pueden ver por aquí, pueden ir a mi blog (está en mi perfil de FF el link para ir a la página).
¡Hasta la próxima!
