Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, del resto la historia es completamente mía.
Advierto que los personajes van a ser un poco diferentes que los que aparecen en el libro.
missju: Son hermosos y se aman a pesar de las adversidades. Gracias por comentar *sonrie*
Canción recomendada para este capítulo "Lacrimosa - Mozart"
Capítulo 32: Lacrimosa (Preludio)/Nirvana
Me encontraba débil, muy débil…
Me sentía como… si un edificio de grandes toneladas hubiera caído sobre mí…
Sentía como mi sangre drenaba en algunas partes de mi cuerpo… era incapaz de poder regenerarme…
Cuando abrí los ojos, me encontré mirando al suelo y estaba suspendida en el aire. Mis brazos estaban sobre mi cabeza, amarrados con una cadena… lo podía escuchar al mover mis manos.
Cuando subí mi vista y me asusté al ver un cazador frente de mí mirándome con severidad y detrás de él había otros cazadores mirándome fijamente.
—Estoy cansado de todo esto. —habló en voz severa el cazador que tenía al frente de mí. —Si te reúsas a cooperar todo irá mucho peor para ti. Así que ¿Quién más vino aparte de ti? —preguntó y yo no dije nada. —Sé que no viniste sola, ustedes nunca están solos. —dijo esto mientras caminaba alrededor de mí. —Te lo vuelvo a repetir ¿Quién más vino hasta acá? —nuevamente no dije nada. Luego de unos segundos el cazador bufó.—Así que prefieres sufrir…
Vi como levantaba nuevamente el martillo de herrero y volvía a estrellarlo en mi cara. El golpe fue tan duro que me hizo volver a ver todo negro nuevamente…
—Esta misión es muy arriesgada para ti, no quiero que vayas. —exigió nuevamente Edward.
—Lo es para ti también. —respondí molesta.
Edward… ¿Dónde estás?
Mañana a las nueve de la noche sería la misión y todas nuestras pertenencias o lo necesario que fuéramos a llevar estaba listo. Todos sabíamos que esta misión sería un suicidio debido a que íbamos a entrar a una base principal de cazadores católicos, así que pedimos que nos dieran este día libre para disfrutar y descansar antes de la tormenta.
Después de tanto tiempo, Edward y yo estábamos a solas como debería ser… aunque creo que no tanto.
—Esta misión es muy arriesgada para ti, no quiero que vayas. —exigió nuevamente Edward.
—Lo es para ti también. —respondí molesta. —¿Acaso querías que me quedara aquí con los brazos cruzados pensando si algún día te volveré a ver?
—Prefiero que siempre te quedes, estás más segura de todo esto. —respondió molesto.
—Para eso nos quedamos los dos, porque a mi no me gusta que siempre estés de infiltrado con el peligro de que te descubran.—le admití.
Estaba tan molesta con él, que preferí no seguir discutiendo más con Edward. Así que caminé molesta hasta la ventana de la habitación, lista para salir, necesitaba calmarme.
—¿Te vas a ir? —le escuché preguntar en tono preocupado. Me giré a él y vi que su tono de voz concordaba con su rostro.
Me senté en la orilla de la ventana y sentía que se me hacía familiar este escenario.
—Necesito… calmarme. —admití.
Edward se me acercó lentamente y me abrazó, colocando sus brazos por encima de mis hombros y rodeándome la espalda. Toda mi rabia y mis miedos por la misión desaparecieron; me sentía tan bien en sus brazos, casi siempre cuando uno de nosotros estaba molesto el otro lo abrazaba para calmarnos. Lo que teníamos era una conexión inexplicable, ambos sabíamos como actuar o comunicarnos sin decir ni una palabra, solo lo sentíamos en nuestro interior. Esto no era un amor como el que tuve por Demetri o Garrett, esto era más firme y fuerte. Por supuesto, era mi pareja.
—No me gusta cuando estás de esa manera y más por mi culpa. —lo escuché en tono culpable. Como el Edward adolescente que conocí.
—A mi tampoco, pero tampoco quiero descargar mi molestia contigo. —respondí con mi cara oculta en su pecho.
—No me importa. —luego de esto me dio un beso en la frente.
Subí mi mirada hacia él y Edward me miraba con aquellos orbes azules como el mar, con aquella vieja mirada con la que conocí hace años. No pude resistirme y bese sus cálidos labios, de manera suave y profunda, acariciando nuestras lenguas, llevando mis manos hacia su cabello para acentuar más el beso.
Durante estos meses no habíamos podido compartir ni un momento a solas, todo por la culpa de los cazadores. Solo estábamos juntos cuando había alguna misión en común, cuando estábamos libres por unos minutos antes de hacer algún deber o cuando uno de los dos se escapaba a la habitación del otro. En todos esos momentos los aprovechamos para conocernos mejor y besarnos lo más que podíamos, llevando todo poco a poco. Pero esta era nuestra única oportunidad de estar juntos, solo hasta que se tranquilice todo este desastre.
Edward lentamente se separó de mí y acuno mi rostro con sus manos, su mirada expresaba muchas emociones, pero la más notable de todas era amor.
—Te amo Isabella Swan. Nada ni nadie me va a volver a separar de ti. —dijo con vehemencia. Sentí como mi muerto corazón volvía a latir en el sentido figurativo. —Si esta es nuestra ultima noche para estar juntos, que no sea discutiendo, sino expresando nuestro amor y deseos. —su declaración hizo que levemente mi mandíbula cayera y que lo mirara de forma embelesada.
Edward cogió mi nuca y volvió a besarme, yo no tarde mucho en responder. Nuestro beso delicado fue aumentando a uno de hambre y deseo. Con toda la fuerza de voluntad del mundo, nos hicimos caminar hasta la cama; empujé levemente a Edward, quedando él boca arriba y vi por sus ojos que había fuego en ellos, me coloqué encima de él y seguí besándolo.
Sus manos exploraban mi espalda hasta mis muslos, en cambio yo, de sus labios pasé a su cuello donde recibí gemidos de su parte. Me separé de él, sentándome encima de su ya despierto miembro, lo hice sentarse para ayudarle a quitarse la chaqueta y su camisa, hacía esto mientras él me besaba mis labios o mi cuello, distrayéndome de lo que hacía.
—Déjame quitarte la ropa. —dije casi en gemidos.
Su respuesta fue cargarme y acostarme en la cama, se separó de mí y se quitó lo más rápido que podía su ropa. Al llegar al pantalón, lo detuve y empecé a desabotonarlo con rapidez vampírica, finalmente le bajé los pantalones junto con su ropa interior dejando expuesto delante de mí su erección. Tome su hombría y la llevé directamente a mi boca, sin darle oportunidad de que él hiciera algún comentario.
La única respuesta que recibí de su parte fueron sus gemidos y su mano yendo hacia la parte de atrás de mi cabello, cogiendo por instinto un puñado de el. Poco a poco, sentí como su mano en mi cabello se cerraba en puño con fuerza, su miembro cada vez crecía y se tensaba más, al mismo tiempo que sus caderas se movían ligeramente. Edward ya estaba a punto de venirse, así que aumenté el ritmo.
—Estoy llegando… no quiero… —no terminó la frase porque un gemido de su parte se lo impidió.
Al minuto siguiente, su semilla empezó a llenar mi boca, tragué cada gota de él mientras sentía como su cuerpo temblaba por la excitación; apoyó sus manos en mis hombros como una forma de equilibrarse pero sus piernas no aguantaron, terminando por arrodillarse delante de mí.
Una vez que él recuperó el aliento, devoró mis labios y me hizo acostarme. Vi como terminaba de quitarse el pantalón y los zapatos; al terminar se me acercó y mientras me besaba, sus hábiles manos empezaron a despojarme la ropa, no dejándome ayudarlo. Cada caricia y beso me daba respondía con un gemido, a la vez que mi cuerpo entraba en un estado de sumisión y dejaba que Edward me dominara por completo.
Cuando terminó de quitarme la ultima prenda, mis bragas, detalló mi cuerpo. Sus ojos estaban muy dilatados, como los de un cocainómano, pero yo sabía que no era por drogas, sino por la vista que tenía delante de sus ojos.
—Eres muy hermosa. —habló en susurros con la mirada embelesada.
Abrió mis piernas, dejando expuesta mi intimidad. Se acercó para darme un apasionado beso… poco a poco fue bajando hasta mi cuello… cuando llegó a mis pechos, succionó primero el izquierdo mientras masajeaba el derecho e hizo lo mismo con el otro seno… al llegar a mi abdomen le dio pequeños besos, pequeñas lamidas y alguno que otro beso mordelón, haciendo que gimiera con más fuerza de placer… cuando llegó a ese punto, empezó a lamer, besar y succionar, haciendo que tuviera una descarga eléctrica placentera por todo mi cuerpo… poco a poco todo se hacía más intenso y placentero, haciendo que llevara mi mano a su cabello, cuidando de no jalarle el cuero cabelludo y en respuesta a mis reacciones, Edward se separó de mi centro y metió sus dedos dentro de mí, tocando aquel punto de placer. Momentos después, sentí como poco a poco llegaba y en mi garganta ahogaba aquellos gritos de placer por temor de que nos escucharan.
—Grita para mí. —habló Edward de manera posesiva. —Grita. —me ordenó nuevamente.
Mi cuerpo de manera automática hizo lo que me pidió, llenando mis gritos de placer la habitación. Cuando llegué, expulsé un último grito y mi cuerpo empezó a convulsionar debido al orgasmo, llevando mis manos a las sabanas sintiendo y escuchando como las sabanas se rompían ante mi esfuerzo.
Inmediatamente, me incorporé y sin darle tiempo a que Edward reaccionara a mi velocidad vampírica, lo coloqué sobre el colchón y yo me posicioné sobre él, dejando mis piernas a los lados de su cadera. Cogí su miembro ya erecto y lo introduje lentamente dentro de mí, haciendo que nuestros gemidos llenaran la habitación. Una vez él dentro de mí, cogí sus manos y las llevé a mis caderas, dándole a entender que él llevara el ritmo, mientras que yo hacía el vaivén de forma delicada para no lastimar su cuerpo.
Cuando empecé a sentir su miembro tensarse dentro de mí, Edward cambió la posición de nuestros cuerpos; ahora yo estaba sobre la cama y él encima de mí. Esta vez dejé que Edward llevara a un ritmo más rápido y rustico, haciendo que llegara más rápido. En unos cuantos segundos después, escuché como Edward gritaba cerca de mi oído y yo llevaba mi cabeza hacia atrás debido al placer, sintiendo un líquido cálido y viscoso dentro de mí.
Edward se hizo a un lado y yo me giré hacia donde se había ido, mirando como se recuperaba. Una vez que se repuso, me miró algo confundido.
—¿No estás cansada? —negué con la cabeza. —¿Ustedes no se cansan… —tomó un profundo respiro antes de volver hablar. — después de esto?
—Los vampiros nunca nos cansamos, solo nos cansamos cuando usamos nuestros poderes especiales. —expliqué.
—Suertudos. —se quejó débilmente y lo que hice fue reírme ante su reacción. Este volvió a mirarme, sus ojos seguían igual de dilatados.
—Pareces un cocainómano con esos ojos como los tienes. —le detallé.
—Eso es porque acabo de consumir mi droga favorita. Tú. —esto me hizo sonreír, haciendo que él se contagiara. —Tampoco te quedas atrás, tus ojos están completamente dorados y da la impresión como si tuvieras brillantina en ellos.
—Así se me ponen cuando me excito o ejecuto algún poder. —expliqué. —O… así me han dicho. —él asintió.
Vi como su mano subió hasta mi rostro, acariciando con su pulgar mi pómulo.
—Te amo Isabella. —esto hizo que se me aguaran los ojos. Vi como el rostro de Edward cambiaba a uno de dolor, yo lo que hice fue negar con la cabeza.
—Te amo Edward. —con esto nos besamos mientras sentía como las lagrimas de sangre bajaban por mis sienes. Una vez más lo hicimos…
Luego de unas tres sesiones de sexo, sentí que estaba a punto de ser las tres de la mañana y yo necesitaba alimentarme. Me levanté de la cama y empecé a vestirme; mientras hacía esto, vi a Edward dormido y desparramado en la cama, rodeado de trozos de sabanas, plumas y relleno del colchón.
Tengo que pagar por los daños…
Cuando ya estaba vestida completamente, me fui a la ventana y escuché su voz llamándome, me giré y vi aquellos ojos verdes que me tenían conquistada desde que lo conocí.
—¿A dónde vas? —preguntó curioso.
—Voy a comer. —le respondí.
Él asintió en comprensión, luego se levantó de la cama y caminó hasta donde estaba yo. Posó su mano en mi mejilla izquierda, cerré mis ojos ante su tacto.
—Cuídate y no mates a personas inocentes. —pidió. Yo asentí de forma silenciosa. Abrí mis ojos y conseguí aquellos orbes verdes esmeraldas mirándome con intenso amor. Vi como Edward abría nuevamente la boca para volver hablar. —Quiero que me conviertas. —pidió. Yo lo miré sorprendida. —Quiero estar siempre contigo y cuidándote como debe ser.
—No es tan sencillo Edward. —él me miró confundido. Decidí responder a su pregunta mental. —Convertirte en uno como yo, específicamente mi raza es muy complicado y es un tema que no es para discutir aquí, tu sabes muy bien porque. —expliqué y el asintió en comprensión. A Edward le habían explicado lo que era mi raza y le parecía de lo más fascinante, lo único que no le contaron del todo bien es nuestra transformación.
En ese momento, recordé porque este momento me parecía tan familiar. Esta visión la había tenido hace años, cuando esperaba reunirme con Caius para unirme al Fraternitatis Sanguinem. Solo que el escenario había cambiado completamente, pero algunas de las palabras estaban allí.
—Discutiremos esto después, este no es lugar para hablar de eso. —le pedí y él comprendió. —¿Ahora puedo ir a comer? —alejó su mano de mi cara y fue nuevamente a la cama.
—Nada de inocentes. —esta voz era más exigente.
—Tengo siglos que no consumo sangre de inocentes, así que no te preocupes. —le detallé.
Le lancé un beso al aire y por ultimo salté al vacío.
¡Hola chicas!
¿Qué les pareció el capítulo? ¿Que tal el lemmon que le puse? Como les dije, ya va a empezar la parte triste y la canción que les recomendé se la dejaré en mi blog (el link está en mi perfil de FF), Lacrimosa les dará más detalle de lo que viene despues, así que preparen esas toallitas.
No sé si sabrán que en Wattpad también actualizo esta historia, solo que en su versión original. Allí también podrán encontrar el video y en su versión original está un poquito más explicito, debido a que le puse imágenes. El link de mi perfil de Wattpad está en mi perfil de FanFiction o si tienen una cuenta Wattpad busquenme como BellaFantasia.
¡Nos vemos chicas!
