Disclaimer: El universo de Hellsing, así como sus respectivos personajes son propiedad intelectual del gran mangaka Kōta Hirano y son empleados sin fines de lucro.
In the Dark
Corrió hasta que sus patas dolieron, llegó al puerto de Londres y se arrojó a las aguas del río Támesis. Antes de poder cuestionarse ya se encontraba en su forma homínida, dejando que su propio peso lo hundiese de forma lenta, agonizante para sus sentidos. Jamás en su vida actúo de forma tan errática, nunca dejó que sus instintos doblegasen su cordura y ahora que era incapaz de controlarlos se sentía asustado de sí mismo. Hans siempre se sintió orgulloso del temple que poseía, el que lo hacía tan diferente de otros hombres lobo, sus hermanos de manada que siempre lo marginaron por su conducta solitaria. Su temple lo forjó con acero, recubriendo cada una de sus fibras sensibles, haciendo de él un soldado perfecto para Millenium. ¿Por qué se enlistó en las tropas del mayor, involucrándose en una guerra que no concernía a su especie? El odio que sentía por los humanos fue una de las razones, la otra llevaba un nombre maldito que se mantenía oculto bajo archivos confiscados. Él era de los pocos elegidos que había estado en su presencia, fue el único escogido por su mano, un privilegio que ni el propio mayor tuvo.
Al principio creyó que su encuentro solo fue una coincidencia, dos almas solitarias e incomprendidas que se toparon en un claro iluminado por la luz de la luna. Frotó su garganta mientras rememoraba aquel encuentro, él con su propia voz le dijo que se uniría a la causa por la que luchaba y destruiría a su enemigo, ya que también representaba una amenaza para su especie. ¿De dónde venía el odio por los vampiros? Jamás había visto uno hasta que se enfrentó con Alucard por primera vez. Los rumores de las tierras nórdicas decían que ellos acabaron con la mayoría de clanes, separaron manadas y los obligaron a esconderse como ratas. Hans nunca se sintió parte de su manada, pero ni siquiera él con todo el desdén que sentía por sus hermanos podría desear un fin así para los hijos de la luna. La última vez que aulló en conjunto a su manada fue antes de dejar los bosques alemanes, listo para seguir la ilusión de una mejor vida a lado de alguien que si era capaz de comprenderlo.
Las coincidencias no existen, lo aprendió de mala forma, cuando fue obligado a mantener el secreto de Millenium, sacrificando aquella voz que tantas veces maldijo a los suyos y sus primitivas acciones. No se necesitaba de mucho intelecto para saber que fue usado y el encuentro que creyó bendito no fue más que una trampa, pero no le importó en su momento, se sentía a gusto e incluso llegó a valorar esa vacía existencia, aunque no fuese más que un objeto en manos de sus superiores. Podría haber pasado siglos de esa forma, hasta que la longeva vida del hombre lobo llegara a su fin y el nombre de Hans Günsche quedara en el olvido, junto al resto de las leyendas que solían contarle de niño. Estaba resignado a esa vida, hasta que lo enviaron a Inglaterra y la conoció, volviéndose el primer humano que captaba su interés y al que no pudo odiar por más que lo intentó. Seras Victoria causó mil y un estragos en él, dejando expuesta a la bestia que contuvo por tanto tiempo, rozando su propia naturaleza y mostrándole la vulnerabilidad de su propio ser; ella con su ingenua sonrisa y enormes ojos azules le dieron lo que no pudo quemar con indiferencia, dejó de vivir sin el sol ni la luna, se sintió más vivo que nunca, tan frágil, tan terrenal.
Si las coincidencias no existen, ¿fue el destino quien los unió? No, fue su propio corazón quien la buscó, pues solo ella podía ver las cicatrices que tenía, usar la magia que emanaba de su ser y hechizarlo de esa forma. Ahora nada importaba, se volvió un vampiro y por más que se aferrase al anhelo de tenerla consigo nada cambiaría, lo mejor que podía hacer era morir en ese momento y desearle buena suerte cuando luchase por su propia supervivencia.
"Podríamos compartir el sol y la luna, si quisieras"
De nuevo traicionándose a si mismo con esos efímeros pensamientos, sufriendo el placer de verse con ella, abriéndose a él de mil y un formas, destruyendo la barrera que los separaba por ser de distinta especie. Por un momento se permitió volver a ser el ingenuo soñador que creía en la magia de la luna invernal, fantaseó con el calor de sus cuerpos mientras le robaba un silencioso beso antes de hacerla suya. En su agonía pudo sentir esa tersa piel y escuchar su respiración, saborear sus labios y manteniéndola cerca de él, aunque estaba inmerso en la oscuridad.
"Quédate conmigo de alguna manera"
Si fuesen otras las circunstancias podrían compartir algo más que la vida misma, él le daría el sol y las estrellas si ella lo pidiese, haría de su mutua compañía el arte más fino, manteniéndola a su lado bajo la luz de una luna rota de medianoche. De nada servía engañarse, jamás podría dejar ese anhelo, nunca dejaría de soñar con ella, ni siquiera era capaz de terminar con su propia vida, porque hacerlo significaría renunciar a Seras. Dejó de resistirse y aceptó aquellos sentimientos que tana incertidumbre la causaron al inicio, envolviéndolo como la luz de un cálido día de verano. Abrió los ojos y nadó en dirección a la superficie, siendo consciente al fin de la falta del oxígeno. El cuerpo le pesaba y sentía que el pecho iba a explotarle, pero se aferró a sus fantasías con la rubia como un salvavidas hasta que salió del agua e inhaló aire con desesperación, boqueando como un pez que ha sido atrapado. Le tomó unos segundos recuperarse y desplazarse a la orilla, con un solo pensamiento rondando en su cabeza:
"No puedes dejarme ahora"
Tenía que pensar en algo para sacar a Seras de Hellsing antes de que fuese demasiado tarde. Rip ya estaba en movimiento y era cuestión de tiempo para que mandaran a Alucard, dejándola sola y vulnerable. No dudaba de su fortaleza de neófito, pero era imposible que ella y los mercenarios derrotaran a Zorin sin ayuda, también era imposible que él ingresara sin que fuera tomado como un atacante.
...
Seras suspiró aliviada al escuchar la puerta cerrada a sus espaldas. Agradeció no encontrarse a nadie en su camino, al parecer los chicos regresaron temprano de su escapada nocturna, ya que pudo escucharlos roncando en sus habitaciones durante el presuroso andar a su propio cuarto. La sangre en sus heridas regeneró las huellas de las garras del lobo plateado, dejando únicamente su ropa totalmente rasgada como evidencia de su enfrentamiento. Por más que trató de contener el llanto no pudo evitar que sus lágrimas manchasen los almohadones de la cama; quiso ser indiferente a esos extraños sentimientos que ni ella podía identificar, pero solo logró dañarse más de lo que Hans había hecho. Siempre fantaseó con el primer amor, creyó que encontraría un buen hombre que la protegería y procuraría, ayudándola a superar los traumas de su pasado. Ahora se sentía como una estúpida por creer que semejante cosa podía sucederle a ella.
— ¡Seras, eres una tonta, tonta, tonta!
Mordió la almohada para acallar sus gritos, no quería importunar a los demás y que alguien fuese a verla, no quería ver ni estar con nadie en ese momento. Perdió la noción del tiempo y aunque el pequeño reloj de pared le indicaba que ya había amanecido, lo último que deseaba era recluirse en la oscuridad de su ataúd. Escuchó cuando Walter encendió el auto, los pasos de Integra salir presurosa y dejó de sentir la presencia de su maestro. Algo iba a ocurrir y era mejor que estuviese lo mejor preparada, ya que sin Walter y Alucard en la mansión, la seguridad de la misma dependía de ella y los gansos.
...
— Tomaremos estos actos hechos por vampiros y actuaremos bajo nuestras condiciones. Señor Penwood, yo me encargaré de esto.
— De acuerdo, Integra. Le daremos libertad total a Hellsing.
La sir se limitó a sonreír y salió del recinto, dejando a las fuerzas de la marina sin palabras. Walter caminó tras ella, tan fiel como siempre.
— ¿Qué piensas?
— Es un buen lugar para ser un señuelo. Entre más tiempo pase, es mejor para ellos
— Pero no podemos dejarlo así, es muy peligroso para ser un barco fantasma.
— Ellos no atacarán, no importa cuánto los ignoremos. Si nos acercamos ellos tomaran la ofensiva, esta guerra solo es una ceremonia de la demostración de su poder. Además, no hay nada con lo que nos podamos acercar.
— Pero ellos tampoco pueden escapar, el océano es como el fondo del infierno para los vampiros. ¿Cómo entrarán Alucard y Seras? ¿Un buque de guerra extra largo?
— No. Eso tomaría mucho tiempo y no hay manera de saber cuándo ellos comiencen a moverse. Quizá, un pequeño y rápido bote.
— No. Tiene cañones de largo alcance y no podrán lidiar con eso. Además, no servirá contra una lluvia de balas. Un avión del que desciendan…
— No. Ellos podrían usar los misiles anti aéreos, no podrán ni acercarse. Usar una gran cantidad de señuelos, junto con un avión.
— No. Con eso puedes librarte de los misiles, pero no de las balas mágicas.
Integra y Walter se giraron al notar la imponente silueta de Alucard caminar hacia ellos, con una gran sonrisa esbozada en el rostro.
— En conclusión, lo que necesitamos es una manera de ponerme en la cubierta del porta aviones sin que los misiles ni las balas mágicas nos intercepten.
— Así es. Algo totalmente imposible.
— No. Hay una manera, un fuselaje que puede cumplir nuestro deseo.
— ¿Será suficiente para Seras y para ti?
— No. El plan solo funcionará si va uno de nosotros y dudo que quiera arriesgar el éxito de la misión mandando al novato, ama. Además, alguien debe resguardar la integridad de tu organización mientras yo no estoy, Integra.
Algo dentro de ella le decía que era una locura encomendar a Seras semejante misión, pero no le quedaba de otra más que confiar en ella. Después de todo era el vástago de Alucard, el único vampiro que podría sobrevivir en el océano.
...
— Caballeros, la noche ha caído. Invencibles y crueles caballeros, viejos y nuevos reclutas. La noche hará que se vuelva realidad nuestro más preciado deseo. ¡Bienvenidos a la noche de la guerra! Alucard y Hellsing son nuestros objetivos, ténganlo presente.
Todos vitorearon su discurso de muerte. El mayor dio indicaciones a sus hombres, distribuyó el arsenal que poseía, vislumbró la victoria que traería el amanecer, aunque apenas había anochecido. Despidió a sus tropas y se deshizo del Doc, nadie era merecedor de estar en presencia de su más valiosa arma. Llamó a una enorme puerta de metal y esperó que se autorizara su entrada para ingresar a la oscura habitación.
— Se te ve feliz, Max Montana.
— El ataque a Londres ha comenzado. En solo unas horas esta ciudad no será más que un vil despojo de su encanto y al fin tendremos el control de Hellsing.
— La organización no me importa, puedas hacer lo que quieras con Integra y sus subordinados, pero Alucard es mío.
...
— ¡Deprisa, señoritas! Todos esos innecesarios entrenamientos los prepararon para este día, así que ya saben que hacer.
— ¡Si, capitán!
Sus hombres iban de un lado a otro, distribuyendo armas y demás material en los puntos que escogieron para instalarse. Cada uno de ellos estaba listo para luchar y morir, era parte del ciclo de un mercenario, todos iban resignados a un futuro incierto, él mismo incluido, pero de entre todos los miembros de los gansos salvajes había uno que le preocupaba más que los demás.
— ¡Seras!
— ¿Sí, capitán?
— Acompáñame.
Pip se dirigió al centro de mando con la draculina pisándole los talones. Era una locura lo que planeaba, sabía el riesgo y estaba dispuesto a correrlo si con eso lograba reavivar el ánimo de la chica. Las ojeras resaltaban en su rostro más que el azul de esos ojos que tanto le gustaban y sus carnosos labios lucían pálidos, ella misma se veía tan marchita como una flor que no ha sido regada jamás. Se detuvo frente a la entrada, rígido e impasible.
— ¿Capitán, que hace?
Seras observó con horror como se quitó uno de los guantes y sacó de su bolsillo una pequeña navaja con la que se hizo un corte en el pulgar izquierdo, dejando que su sangre fluyera libremente.
— No quiero que tengas excusa alguna para perder esta noche, mignonette.
Guardó la navaja y acarició la mejilla de la rubia mientras acercaba su sangrante pulgar a esos labios que tanto deseaba. Quiso retroceder, pero él no se lo permitió, dejó su mejilla y posó su mano en la nuca de la chica, acercándola a él, forzándola a verlo fijamente. El azul de sus ojos cedió ante un intenso color que le erizó la piel, tuvo que recordarse el enorme miedo que tenía de perderla para posar su dedo en la punta de la rosada lengua y dejar que ella limpiase la herida. Un enorme placer sustituyó la incertidumbre y dejó que ella tomara su sangre, hasta que la saliva vampírica terminó de cerrar la pequeña herida. Pasaron varios minutos en silencio y evitando mirarse el uno al otro, antes de que él la abrazara con fuerza, besando su frente y ocultando el rostro entre sus desordenados cabellos.
— Tienes que mantenerte viva, pase lo que pase.
— Usted también, señor Bernadotte.
...
— ¿Qué pasa, Walter?
— Señora Integra, regrese en el auto inmediatamente. Cambie de ruta, encuentre otra vía de escape. Vaya tan rápido como pueda. No vuelva por nada, no importa lo que pase, usted siga a toda velocidad.
Walter salió del auto y observó de reojo la huida de Integra. Ella era una excelente guerrera, estaba seguro de que podría escapar pese a la enorme cantidad de ghouls que llenaban las calles londinenses, y aunque ya no debía ser de su interés, rezaba para que pudiera encontrarse segura. Dejó que la neblina se disipara lo suficiente antes de acercarse a la imponente figura que permanecía de pie ante él, tan enigmática como la recordaba.
— Han pasado muchos años, viejo amigo.
Nota de la autora:
Se que pasó bastante tiempo desde la ultima actualización (teniendo en cuanta que solía actualizar cada tres semanas, pues...), pido una disculpa por eso. Desgraciadamente no puedo controlar mi imaginación y es muy fácil que genere ideas que acaparan mi atención, además tuve la fortuna de obtener el juego Overwatch a un precio muy accesible y me envicié un rato
¿Quien será el personaje misterioso de Millenium? Trataré de no demorar con la siguiente parte, admito que la escena entre Pip y Seras me inspiró para lo que viene (que puedo decir, mi inspiración gira alrededor de esos dos).
El titulo, como ya se imaginarán, es de una canción de Sonata Arctica que, como ya se imaginarán, les recomiendo ampliamente, ya que fue inspiración para este capitulo, de hecho, todos los pensamientos encomillados de Hans son parte de la letra.
¡Mil gracias a todos los que leen y me dejan su valiosa opinión!
