Notas de autora:

Este es un capitulo producto de mis divertidas clases de Microbiología(?), la culpa la tienen las galletitas de animalitos que estaba comiendo en ese momento xD Al fin, algo de Yullen para disfrutar, creo.

Advertencias: AU, OoC (ahora si, creo), sueños raros y conclusiones más raras aún(?)

Diclaimer: D. Gray-man pertenece a Hoshino Katsura.


Manos unidas por un beso

5. La novia de Kanda.

El pequeño niño en un sueño sumergido está,
entre la luz y grises cenizas de dolor.

Uno, dos, tantos rostros...
Entre todos, solo uno es su verdadero yo.

Aún quedan mil sueños para recorrerlo.
Sueña, sueña siempre.

Esos ojos plateados temblando entre sueños,
creando algo irreal en su propio mundo ideal,
inverso en la ilusión, no puede despertar.

Sigue ahí, ahora yo voy a proteger tu sueño.

Dios Morfeo, dale a este niño tu amor,
mientras le prodigo una bendición.

Dios Morfeo, dale a este niño tu amor,
con un beso el niño despertó.

Escuchó esa dichosa canción, de nuevo.

Al día siguiente del incidente de la lluvia en la abandonada edificación, Kanda trajo en su mochila la camisa limpia y lavada, aunque Allen le había dicho que no era necesario, no era pertenencia suya y que era algo que le debía; él hizo caso omiso a cada una de sus tontas objeciones y replicaciones. Le devolvería la camisa al estúpido brote de habas para no volver nunca más a ese condenado lugar. De esa manera, la bendita canción dejaría de sonar en su mente y su conciencia estaría en paz. Chasqueó la lengua en señal de molestia. Estúpido viejo por haberle metido esas raras manías en su dogma personal.

Cuando el recreo iba a dar comienzo e incluso mucho más antes, las letras de aquella melodía empezaron a entonarse con la molesta voz del chiquillo albino en su subconsciente, distrayéndolo de sus habituales monótonos pensamientos. Tan pronto el timbre de receso sonó, sacó la camisa puesta en una bolsa negra y con paso apresurado se dirigió al lugar de donde provenía la canción.

Cuanto antes fuera y saldara su deuda, más pronto su mente se calmaría.

Ya estaba dentro de la construcción y efectivamente, el mocoso estaba cantando, no entendía cómo era posible que él pudiera escucharlo aun estando a esa enorme distancia. Era ilógico, incomprensible.

Allen paró de cantar y dio un brinco del susto cuando Kanda entró repentinamente al cuarto y le lanzó la camisa en la cara sin dudarlo siquiera. Por supuesto, Allen no se quedó sin hacer nada, fue donde Kanda y lo detuvo, buscando una razón de su reciente acción.

-¡¿Qué te pasa?!

-Ahí lo tienes. Ahora, déjame en paz.

Él mantuvo el agarre firme en la muñeca contraria, no lograba comprender a qué se refería.

-¿Qué es lo que quieres decir con e-?

Kanda no lo dejó terminar con su pregunta, lo estaba mirando directamente. Se encontraba molesto, el cejo fruncido en su cara lo decía. Kanda abrió la boca para reclamarle, pero en ese mismo instante sus palabras murieron en su garganta antes de ser dichas.

La canción... ya no la oía.

Rápidamente liberó su muñeca y bajó las escaleras sin voltear a mirar atrás, dejando a un muy confundido Allen.

Timcanpy voló para posarse en su hombro.

-¿Qué crees que le haya pasado? -preguntó a su pequeño amigo emplumado.

La paloma solo emitió un suave gorjeo en respuesta.


Una semana era ya que la dulce aria sonaba entre sus pensamientos. Cada día tintineaba por su cabeza a la misma hora que la primera vez que escuchó la canción, en el tiempo de receso y ese no era todo el problema.

Por las noches, mientras dormía, entre sus sueños se colaba la voz del estúpido brote de habas cantando como la primera vez que lo vio y oyó cantar la nana, tal como aquel día, frente al ventanal con sus manos entrelazadas entre sí a la altura de su corazón, iluminado por la tenue luz de la luna.

Ahora, no era solo la voz la que estaba presente en sus ensoñaciones nocturnas, también lo podía ver. Ambos, sentados uno al lado del otro en una de las blancas mesas de ese lugar, sin importarles en lo más mínimo lo fría de la superficie, su sola compañía mutua era suficiente para entrar en calor. Él, recostado sobre el regazo del menor, mientras este le proporcionaba dulces y delicadas caricias en su rostro, enredando de vez en cuando sus largos cabellos entre los finos dedos del otro y al mismo tiempo, cantando apaciblemente la afable balada. Él se sentía hechizado, hipnotizado, la melodía relajaba su mente y lo sumergía en una tranquilidad absoluta. El pequeño posó sus manos en la tersa piel de sus mejillas, sujetándolo parejamente, sus palmas, sus gélidas palmas en su piel, bajando poco a poco su semblante para acercarlo a su frente y posteriormente depositar un beso.

Despertó sobresaltado, respirando agitadamente, poniendo una mano en su pecho para normalizar su respiración. El simple hecho de haber tenido un sueño era raro, pero soñar con alguien y siendo más específico, con ese molesto niñato era incluso más que extraño y preocupante.

Lanzó un golpe contra la almohada y en voz baja maldijo.

-¿Qué mierda me has hecho?

De su boca únicamente salían anatemas contra el causante de su tormento. Su paciencia había llegado a su límite y no pensaba seguir soportando esta molesta congoja. Tenía que encontrar una pronta solución.

Levantó su cuerpo hasta sentarse y su espalda quedara apoyada en la cabecera de su cama, recargándose en ella. Y ahí, en medio de la madrugada pensó en una forma de contrarrestar eso. Rememorando todos los hechos ocurridos desde que conoció al estúpido brote de habas y su suplicio comenzara.

El día que fue a devolver la camisa, cuando Allen lo detuvo sujetándolo de la muñeca y le reclamaría, la canción... dejó de sonar... Fue el único día que pudo tener su mente tranquila.

La respuesta llegó sola a su entendimiento.


Conocía a Yuu desde que estaban en educación inicial, a él y a Lenalee. Los tres siempre andaban juntos, aunque Yuu se quejara de lo molestos que eran, sabía que él también disfrutaba de su compañía. Él nunca admitiría eso. Tan típico de Yuu. Actualmente, habían ciertas cosas que había cambiado, una de ellas era el hecho de que los tres ya no estaban en el mismo salón de clases. Lenalee se encontraba en 1-F. Confesaba que le hubiera encantado que los tres siguieran juntos, pero a pesar de eso, ellos seguían siendo tan amigos como antes, aunque sus momentos amicales se vieran reducidos por esto. La vida de preparatoria si que era ajetreada. Aún compartían tiempo en la hora de la entrada, en el recreo y la salida, y claro, también en sus salidas como amigos.

Él se consideraba a sí mismo como una persona muy observadora y detallista, no obstante, a veces su comportamiento rayaba en lo infantil. Ah, pero no se arrepentía de eso, molestar a Yuu llamándolo por su primer nombre o gastándole pequeñas bromas era algo muy divertido y nunca se cansaría de hacerlo. La mejor parte era cuando se enojaba y lo amenazaba con hacer rodar su cuello si no dejaba de hostigarlo. Cuando estaban en secundaria, las muestras de cariño de Yuu con Mugen (su espada de kendo) en su yugular eran más constantes, por lo que él siempre tenía que ver una forma de mantener su pescuezo y rostro a salvo. La adrenalina vivida en esos momentos no tenía precio.

¡Qué años más maravillosos!

Pero, volviendo al tema de su preocupación, últimamente el comportamiento de su querido amigo Yuu estaba siendo bastante inusual de lo normal. Lo conocía de derecha a izquierda y de arriba a abajo, y sabía que había algo que no encajaba en Kanda Yuu. Algo que aún no lograba descubrir.

Comió un poco de la merienda en su charola, masticó con cuidado el bocadillo, deleitándose con el sabor, era hora de recreo y merienda, la cafetería estaba llena, pero él estaba guardando una mesa para sus amigos, los cuales aún no llegaban. Siguió divagando entre sus pensamientos, el chirrido de la silla frente a él lo hizo salir de ellos.

La persona que ahora se sentaba en ese asiento llevaba una charola igual a la suya, se veía que había venido apurada.

-Hola, Lavi. Siento la tardanza -saludó, disculpándose al mismo tiempo.

-¡Hola, Lenalee! -contestó efusivamente con una sonrisa- Creí que no vendrías -dijo, fingiendo estar enojado y haciendo un gracioso puchero.

-¡Nunca me olvidaría!

-Oh, eso lo sé. Tú no eres así. Tranquila, Lenalee -movió sus manos en un gesto de calma.

-He estado muy ocupada últimamente -ella soltó un suave suspiro cansado.

-¿Eh? ¿Por qué? -cuestionó, tomando otro bocado.

-El próximo mes habrá una fecha especial y mi salón es el encargado de realizar la organización de esta actividad.

-Cierto. Tú eres delegada de tu salón, debes estar aún más ocupada.

-Sí, no pensé que fuera complicado. Es más difícil de lo que aparenta.

Ambos hicieron una pausa en su conversación para comer. Lenalee terminó su sándwich y decidió continuar con la plática, sin embargo, Lavi se adelantó.

-¿Qué pasa? Te veo preocupada por algo más.

Ella sonrió- Eres muy buen observador, Lavi. Tienes razón. Me preocupa uno de mis compañeros, está exonerado de un curso, viene a clases, pero no está presente en la mayoría de ellas. Si sigue así, deberé llamar a sus padres.

-Espero que puedas resolverlo pronto. Vaya, ser delegado es más difícil de lo que parece -dijo, apoyando una de sus manos en su brazo flexionado -Y, hablando de desaparecidos... ¿Has visto a Yuu?

La chica de cabellos verdosos levantó la mirada.

-Con todo esto de las actividades lo había olvidado. Hoy tampoco ha venido a comer con nosotros.

-Sí, desde hace cerca de un mes que no lo hace. He estado tratando de ver a dónde va en los recesos, pero Yuu siempre logra escaparse de mí.

Lavi estaba de brazos cruzados, Lenalee soltó una pequeña risita.

-Tal vez Kanda esté ocupado en otras cosas.

La reciente declaración de la muchacha despertó la curiosidad del chico de ojos verdosos.

-¿Otras cosas? ¿Cómo cuáles? Oh, vamos. Lenalee, ¿tú sabes que hace Yuu en los recesos?

Se paró de su asiento, dejando su charola en su asiento, para sentarse al lado de Lenalee.

-Tú lo sabes, ¿verdad? Dime- rogó, poniendo una mirada suplicante que solo causó que la chica riera.

-Tú deberías sospecharlo al menos, eres bueno observando.

-Pero tú tienes ese sexto sentido como mujer, estoy en desventaja. He observado a Yuu desde que empezaron las clases, el único día que se asiste en la mañana y no noté algo fuera de lo común en su amargado carácter de siempre.

-Tal vez no viste bien -ella sorbió un poco de su jugo.

-¿Qué insinúas, Lenalee?

-¿Yo? -se señaló a sí misma -Nada -agitó las manos despreocupadamente, tratando de restar importancia al asunto.

-Lenalee~

Él canturreó su nombre como siempre lo hacía cada vez que quería que le dijera algo que solo ella sabía.

Ella también estuvo pensando en Kanda y sus desapariciones en la hora de recreo. Incluso una vez lo vio caminando por los pasillos de los salones de cursos mayores, llevando un paquete entre manos, quiso seguirlo para que fueran juntos a comer, pero cuando trató de alcanzarlo, Kanda se había perdido de su rango de visión.

Oh, recordó algo que definitivamente no podía pasar desapercibido para ella. Fue hace algunos días atrás, cuando estaba tratando de encontrar a su compañero exonerado que se andaba saltando las clases, el timbre de recreo ya había sonado anunciando el término de este, pero aún no había rastro alguno de su compañero. Entonces, Kanda apareció con su rostro enojado -el de siempre- y de un momento a otro, una pequeña, casi diminuta, muy desapercibida sonrisa surcó el semblante serio de su amigo, para luego desaparecer tal como había aparecido, mientras lo escuchaba decir unas cuantas maldiciones.

¡Kanda había sonreído!

No era un milagro, no obstante, era raro verse en él. Aquí había gato encerrado y de eso estaba segura.

-Puede ser que Kanda esté saliendo con alguien -habló finalmente.

Lo que dijo tenía el cincuenta por ciento de probabilidades de ser cierto y otro cincuenta de ser falso. Tal vez la organización de las actividades estaban haciendo que su cerebro sacara conclusiones apresuradas. Si, solo eso. Sin embargo, su pelirrojo amigo se lo había tomado muy en serio.

-¡Imposible! -exclamó, poniéndose de pie repentinamente con las manos sobre la mesa.

-¿Por qué? No sería imposible, estamos en una etapa donde algo así no sería nada fuera de lo común.

-¡Estamos hablando de Yuu! La idea de verlo con alguien en plan de romance suena descabellado de por sí.

-No exageres, no es para tanto -dijo, aunque en parte compartía la misma opinión.

-Oh, bueno -finalmente decidió sentarse -De ser así, solo falta una cosa más por saber.

-¿Cuál? -preguntó curiosa.

-La novia de Yuu.

Ahora, esta sería la duda que estaría carcomiendo sus mentes, buscando a la afortunada o desdichada muchacha dueña del afecto de Kanda Yuu.


N/A:

Y este es mi intento fallido de comedia y romance(?) Pensar en cómo pensaría Kanda es estresante, a veces creo que de tanto pensar en él me volveré como él xD

Agradecimientos a mi querida Misaki ;) Sin ella no soy nada.

Y contestando a los reviews:

M-MG25: Gracias, hacer que no parezcan OoC es complicado para mi. Aqui te dejo el capitulo. Disfruta :)

Nikona: Timcanpy es una paloma porque YOLO, gracias por leer y espero te diviertas con este capitulo.

Pays de manzanas para ustedes! Hasta el próximo sábado!