Notas de autora:

Bueno... Me disculpas a ustedes, se supone que publico los capitulos los sábados, no los domingos. Esta semana fue de lo más imprevista para mi, sinceramente, no pensaba publicar esta semana, pero hubo un cambio de palenes a última hora y me animé a hacerlo. Este es el capitulo más largo hasta ahora. Espero que lo disfruten

Advertencias: AU, OoC (según yo), Yullen (si, si, ¡por fin!).

Diclaimer: -man pertenece a Hoshino Katsura


Manos unidas por un beso

8. Un piano, una canción, un beso.

Miraba el calendario, contando los días faltantes para el gran Corso de la Amistad, cada vez que lo hacía, no podía evitar emocionarse ante la idea de saber que el día tan esperado pronto llegaría.

Las prácticas con la banda se habían intensificado debido a esto, teniendo que realizarlas a veces en la hora de receso. Debido a su eficiente desempeño, él había sido asignado como el encargado de guardar la llave del salón de música.

Vio que el autobús se acercaba al paradero donde él siempre lo esperaba, cerró la puerta de un fuerte golpe. Sabía que no debía hacer eso porque el viejo panda siempre le gritaba que uno de estos días malograría la puerta, pero él era bastante terco para entenderlo, además, esta vez tenía una buena justificación. El vehículo de transporte público se detuvo, él subió, buscando algún asiento libre para sentarse, al encontrarlo, fue hacia él y procedió a sentarse. Era un asiento junto a la ventana, por ella observó el despejado cielo azul, en donde se podía apreciar al brillante sol, aún. Estaban casi al final de la época de primavera, aun así, el clima no había cambiado ni un poco. El día del gran Corso de la Amistad seria espectacular, con un bello sol en el cielo, él participando en la banda, las personas disfrutando del pasacalle, los niños riendo y jugando, y las hermosas chicas que estarían en los carros alegóricos.

Ah~, sí. Sin duda alguna, nada podría ser más perfecto que ese día.

Esperen.

Había una cosa que olvidó por tanta emoción, algo de suma importancia.

¡Sus amigos!

Sus queridos amigos, Lenalee y Yuu, ellos no podían faltar. No, señor. Ellos tenían que estar ahí para ver su magnífica participación y realización de su adorado sueño. Porque era gracias a ellos que él pudo conseguirlo. ¿Cómo era posible que lo haya olvidado?

El cobrador anunció la pronta llegada a la preparatoria, dejó de pensar, levantándose de su asiento, avanzando hasta la puerta de salida, pagó su pasaje y bajó del autobús.

En cuanto los viera, les diría sobre la genial idea que acababa de tener.

Bueno, tal vez su deseo de verlos se cumplió más pronto de lo que esperaba. Ahí estaban los dos, sentados en una de las pérgolas que se encontraba frente a su salón, estaban conversando. Decidió observarlos por un momento, escondiéndose detrás de uno de los muros, quería ver algo y confirmar las sospechas que había comenzado a tener hace algún tiempo. Lenalee hablaba alegremente, tratando de tener una conversación con Yuu, el cual solo respondía con simples monosílabos faltos de emoción alguna, lo habitual en cualquier día del año que no fuese en este mes. Porque era precisamente en este mes que Yuu mostraba una actitud más distante de lo normal con cualquier persona, incluso con Lenalee y él; pero verlo con la chica de ojos violetas, con la misma mueca de fastidio de siempre, le hacía ver que este año sería diferente. Realmente, él no sabía exactamente qué era aquello que hizo que Yuu tuviera ese tipo comportamiento en estas fechas, daría lo que fuera por saberlo y poder comprenderlo. Aunque, al parecer, eso ya no era necesario. A pesar de que podía visualizar la cotidiana molestia y fastidio en sus ojos, también había una pizca de tranquilidad en ellos. Yuu había podido ver un poco de la luz en aquel pozo oscuro en el que estaba sumergido.

Podía estar seguro de la causa de ese cambio en su querido amigo. Quería darle las gracias por ser capaz de llegar a aquel lugar en el corazón de Yuu al que Lenalee y él no pudieron. Porque estaba seguro de que ella era un factor principal de aquella tranquilidad vista en esos oscuros ojos.

¡Debía conocerla! Definitivamente, debía conocer la identidad de la misteriosa chica.

Guardó sus emociones para sí mismo y trató de no hacer tanto ruido o terminaría siendo descubierto, y por ahora, eso era algo que no deseaba. Sabía cómo se ponía Yuu cuando descubría que lo estaban espiando. Sinceramente, él quería mantenerse vivo por un tiempo más, al menos, hasta que tuviera novia.

Yuu había dejado de prestar atención a Lenalee, comenzando a mirar disimuladamente a su alrededor, buscaba algo. Él siguió permaneciendo escondido tras el muro, también quería saber que era ese algo que Yuu buscaba. ¿Sería su novia? Tal vez había llegado y la vio pasar. De pronto, sintió una pesada mirada sobre él. Obsidianas y esmeraldas se cruzaron.

-Sal de una vez, conejo idiota.

Pudo escucharlo decir.

¡Yuu lo había descubierto! ¿Acaso había sido muy obvio escondiéndose?

Lenalee también miraba hacia donde él estaba.

-¿Lavi?

No tenía otra opción más que salir de su escondite y enfrentar las consecuencias de sus actos, quizás hoy seria ese conejo asado que tanto deseaba Yuu, no obstante, ante la situación en la que pronto se encontraría, una brillante luz, como un cometa, cruzó por su mente. Una idea surgió entre sus pensamientos, una muy buena idea. Aunque tenía el 50% de probabilidades que funcionara y 50% de que no fuera así. Si funcionaba, mataría dos pájaros de un solo tiro. Su rostro cambió a una sonrisa sabionda.

Salió de lugar donde permaneció escondido, corriendo alegremente con dirección a sus dos amigos.

-¡Yuu~! ¡Lenalee~!

A ambos los saludó con un beso en la mejilla, evidentemente, el aura asesina que rodeaba a Yuu había aumentado considerablemente, pero fue Lenalee, su heroína, quien impidió que hubiese una posible escena de crimen. Yuu no podía hacer nada contra la palabra de Lenalee, estaba a salvo.

-Lavi, estás más feliz de lo normal -dijo Lenalee.

-Y más imbécil, también -oyó decir a Yuu, que aún trataba de controlar las ganas de abalanzarse sobre su preciado cuello.

-¿Paso algo hoy? -preguntó curiosa.

Él movió efusivamente la cabeza en señal de confirmación.

-¡Quiero que ustedes dos vallan a verme en el corso! -dijo sin más. Era lo que deseaba.

-¡Claro! -dijo Lenalee sin dudar o siquiera pensarlo. -No me lo perdería por nada del mundo. Cuenta conmigo.

Por su parte, Yuu no había dicho nada. Decidió dar uso a la carta que tenía guardada bajo la manga.

-Yuu, podrías traer a tu novia -dijo en un tono casual, esperando que Yuu no lo matase.

Su mirada estaba centrada en él, como siempre, Yuu siempre lograba sorprenderlo.

-Como quieras.

Se levantó de su asiento, entrando al salón. Dejándolos a Lenalee y a él solos.

¿Eso significaba que si?

Pues, en el idioma de Kanda Yuu, sí.

¡Lo había logrado!


Su padre había salido a comprar al mercado, no sin antes decirle que cuidara bien la casa y que si alguien tocaba la puerta, no abriera por nada del mundo, podría ser un ladrón. Lo bueno de todo eso era que por fin podía estar solo. Fue a su habitación, tendió una pequeña manta en el suelo, sentándose sobre ella, para luego comenzar a adoptar una pose de meditación. No había nadie, así que nada podría interrumpir su reciente tranquilidad, pero justo en el momento que estaba comenzando a concentrase para su meditación, su celular sonó, lo estaban llamando. Como era de esperarse, ignoró el móvil sonante, seguro se cansaría de intentar llamarlo, se aburriría al no recibir respuesta suya y cortaría, dejándolo de molestar. Sin embargo, no fue así. El celular seguía y seguía sonando, parecía que la persona que llamaba solo buscaba joderle la paciencia, además, no recordaba haberle dado a alguien su número telefónico. Con notable fastidio se levantó del suelo y cogió el móvil que se encontraba sobre uno de los muebles, miró la pantalla de la llamada entrante y vio el indeseable nombre del conejo idiota. Ahora todo tenía sentido. Apretó el botón verde para contestar.

-¿Qué quieres? -contestó de muy mala gana.

-Yuu, necesito que me hagas un favor.

Cuando la llamada finalizó, él cortó inmediatamente, sin dar oportunidad a Lavi de mostrar su gratitud hacia él.

Miró la hora en la pantalla del celular, faltaba poco para que fueran 2:30 pm, tenía que empezar a alistarse si quería llegar temprano a clases.

Alistó sus cuadernos y libros en su mochila, se aseguró de no olvidarse nada. Al terminar, salió de su cuarto, cerrando la puerta. Fue al baño, primero tenía que bañarse. Se quitó completamente la ropa, dejándola en el pequeño cesto de ropa sucia, soltando su larga cabellera, que cayó libremente por su ancha espalda. Retiró la cortina de baño a un lado y entró a la ducha. Abrió el grifo de agua, dejando que el frio líquido lo mojara completamente. Mientras se bañaba, recordó lo que Lavi le había dicho ayer, sobre invitar a su novia al corso, obviamente, él sabía que lo único que quería Lavi era conocer a la chica con la que salía. En ese momento cayó en cuenta que había aceptado hacerlo. Les presentaría al estúpido brote de habas y así, de una vez, dejarían de molestarlo. Pero había una parte de él que no se mostraba conforme con su decisión, una parte que no quería que sus amigos conocieran a la persona con la que pasaba el tiempo de receso. Una persona que de alguna manera, con el pasar de los meses y los momentos juntos, se había convertido en una persona importante para él, aunque él aun no lo reconociera.

Por otro lado, también estaba latiente el recuerdo de él, a él también le gustaban los corsos. ¡Le fascinaban! Casi tanto o más que al conejo idiota, aquella vez que fueron –la única para él- fue uno de sus mejores días, nunca se había divertido de esa manera. En poco tiempo, él se convirtió en un apersona importante, alguien a quien podía considerar amigo.

Terminó de enjuagar su cabello y su cuerpo, quitando todo rastro de jabón de él, cerró la llave de agua. Agarró la toalla que estaba colgada en el perchero de la pared y secó su cuerpo, amarrando su cabello en un moño alto, al terminar de secarse, amarró la toalla a su cintura. Regresó a su cuarto, donde se cambiaría. Del ropero sacó su uniforme que estaba colgado en uno de los ganchos para ropa, retiró la toalla y comenzó a vestirse.

Ya se encontraba listo, su cabello estaba amarrado en su típica coleta alta de siempre y tenía su mochila colgada en su hombro.

Cuando iba a abrir la puerta principal para salir, esta se abrió de golpe, provocando que él cayera bruscamente sentado al suelo, mostrando al causante de todo.

-¡Ya llegué, Yuu! –anunció su padre. –Oh, ¿qué haces en el suelo, Yuu? –preguntó al verlo. -¿Ya te vas? –interrogó al ver que llevaba puesto el uniforme de la preparatoria y su mochila, más se alarmó al observar su nariz. -¡Estas sangrando! ¿Qué pasó?

Su padre dejó las bolsas de mercado en el suelo, no sin antes cerrar la puerta, luego se acercó a él , ayudándolo a levantarse, sacando un pañuelo de su bolsillo y dándoselo para que pudiera detener el sangrado nasal que estaba teniendo.

Miró la hora en su reloj de muñeca.

-Es muy temprano. ¿Irás a algún lado?

Kanda seguía apretando el pañuelo en su nariz, para evitar que siguiera sangrando.

-Voy a la casa del conejo –dijo sin más.

-¿De Lavi? ¿Qué sucedió?

-Enfermó. Quiere que le haga un favor.

El hombre mayor s e sorprendió, Lavi era de las personas que rara vez enfermaba.

-Oh, Yuu~. Tú siempre preocupándote por los demás –abrazando imprevistamente a su hijo.

Él solo quería que lo soltara, no estaba acostumbrado a las muestras de cariño directas, a pesar de tener un padre tan amoroso. Si no lo hacía, el pañuelo se movería de su lugar y volvería a sangrar. Finalmente, su padre pareció darse cuenta y terminó deshaciendo el abrazo.

-Debes estar apurado –mencionó, buscando algo dentro de las bolsas que había traído, al encontrarlo, se lo dio. –Toma, llévaselo a Lavi y dile que espero que se recupere pronto.

Guardó en su mochila lo que su padre le había dado. Salió de su casa para dirigirse a la de Lavi.

Al llegar, fue recibido por el abuelo de Lavi, el bibliotecario jubilado de la preparatoria, le indicó que Lavi lo esperaba en su habitación. Entró al cuarto del chico de rojo cabello, el cual se encontraba acostado en su cama, tapado completamente por las sábanas, a excepción de su cabeza, tenía una caja de pañuelos desechables a un costado y un pequeño trozo de tela húmedo en su frente. Lavi, al ver que Kanda había llegado, quiso saludarlo pero lo único que salió nade su boca fueron estornudos y más estornudos. Realmente se veía muy mal, fatal.

-Gracias por venir, Yuu –dijo entre estornudo y estornudo, con un poco de tos, por esta vez no le diría nada sobre no llamarlo por su nombre de pila. –Espero no haberte causado molestias –parecía que la fiebre tenía un extraño efecto en él.

Una vez que dijo aquello, se acomodó en la cama, de tal manera que quedó sentado, abriendo uno de los cajones de la mesita de noche que tenía al costado de su cama y sacó una llave, se la entregó a él.

-He hablado con el profesor de música, debes entregarle la llave en la hora de salida.

Él vio la pequeña pieza de metal en su mano, era la llave del salón de música.

-¿Es todo?

-Si. Puedes irte, Yuu.

Iba a retirarse, cuando recordó lo que su padre le había dado, abrió el cierre de su mochila, sacando una pequeña bolsa de ella, se la dio a su amigo, este lo miró extrañado.

-Son del viejo, dice que te recuperes pronto.

Lavi dio un vistazo al interior de la bolsa entregada, la felicidad s e instauró en su rostro.

-¡Son mis favoritas! –exclamó animado y contento. –Dale las gracias a tu padre de mi parte y gracias a ti también, Yuu.

-Che. Adiós.

A veces, Kanda Yuu era así, un ser bastante difícil de entender.


Fue al punto de encuentro con el enano, aun sin siquiera haber escuchado la canción. No importaba, porque él sabía que el estúpido brote de habas estaría ahí, esperándolo. Tampoco le importó que en estos momentos hubiera una charla informativa organizada por la municipalidad en el auditorio de la preparatoria y que el director académico había dicho que TODOS los alumnos estaban obligados asistir. Esto era algo que estaba fuera de su entendimiento y conocimiento, porque era hora que deseaba pasar más tiempo con aquel chiquillo canoso. Era la canción la causante de su insano deseo y de su extraño comportamiento. Soltó unas cuantas maldiciones dirigidas al cantante de la dichosa canción. De alguna manera, la propuesta del molesto conejo seguía rondando entre sus pensamientos. Abrió la puerta, solo para encontrar al pequeño albino mirando vagamente por la ventana, mientras la endemoniada bola emplumada reposaba en su hombro.

Por todo el ruido causado, Allen notó su presencia.

-¿Kanda? – pregunto extrañado de verlo ahí y más por el hecho de que no había comenzado a cantar, todavía. -¿Qué haces aquí?

Kanda únicamente dijo aquello que su mente había empezado a clamar últimamente sin cesar y que de por sí, se estaba volviendo una molestia.

-Tú –lo señaló a él. –Yo –a sí mismo. –Corso.

Bien. Tal vez la manera que tenia de anunciar lo que deseaba era bastante primitiva. Eso había sonado más a una orden que una invitación en sí. Allen y Timcanpy los miraban como si le hubiesen salido dos cabezas de más. ¿Tan raro era oírlo decir aquello? Estaba a punto de largarse y no volver ahí por un buen tiempo, pero la voz del estúpido brote de habas lo hizo desistir por un momento de su decisión.

-¿Quieres que vayamos juntos al corso? ¿Me estas pidiendo una cita?

Ahora sí. Cerró estrepitosamente la puerta de un golpe, produciendo que el estruendoso ruido resonara por todo el lugar.

Allen no se quedó ahí, fue tras Kanda. Quizás de alguna manera había herido el orgullo de Kanda al decirlo eso. ¡No fue su intención hacerlo! Así que, lo alcanzó cuando este iba a salir de la abandonada construcción.

-¡Espera, Kanda! –agarrándolo del brazo.

-Suéltame –exigió él.

-¡He dicho que esperes, Kanda idiota! –finalmente explotó, a lo cual el otro chico respondió gustoso.

-Realmente estas pidiendo una buena paliza, estúpido brote de habas –escupió mordazmente las palabras.

-¡Es Allen, retardado! ¿Hasta cuándo tu pequeño cerebro lo va a entender?

Soltó el brazo de Kanda, liberándolo de su agarre. Ambos e miraban de manera intensa, en cualquier momento saldrían chispas de sus miradas, pero esta vez, fue Allen quien se calmó primero al ver que no llegarían a nada si seguían actuando así. Tomó un poco de aire y suspiró lentamente.

-¿Tanto te molesta que no haya respondido inmediatamente a tu propuesta? – preguntó tranquilo.

-No es eso.

-Puedo comprender tu molestia, de todas maneras, tengo que rechazarte.

-Que no es eso.

Allen lo ignoró, para seguir hablando. –Pero para que sea una cita no es necesario que salgamos algún sitio, basta con que estemos juntos.

-¡Te he dicho que no es eso!

Sus reclamos fueron ignorados olímpicamente por el estúpido brote de habas, quien luego de decir todo aquello sobre una cita, lo agarró de la mano y lo llevó consigo. Timcanpy ya no estaba con el mocoso, se había quedado dentro del abandonado lugar.

Los dos chicos seguían agarrados de la mano, era Allen quien lo guiaba hacia los pabellones principales de la preparatoria, apenas podía seguirle el paso, el mocoso era condenablemente rápido, se estaba empezando a cansar, sin contar que tenía que ser muy cuidadoso con lo que pisaba porque estaban en plena intemperie en la noche, parecía que el enano flotaba en el aire porque caminaba como si lo hiciera por una superficie llana. Al llegar a una de los pasillos, se soltaron.

-Hace tiempo que no daba un paseo por aquí –dijo emocionado.

-Estudias acá –mencionó en modo de hacer ver que lo que decía no tenía sentido.

-Pero no suelo estar en otros lugares que no sean el salón de clases y la construcción.

-Eres raro.

Caminaron uno al lado del otro, sin decir nada, solo escuchando el sonido de sus propios pasos. Kanda rompió con todo aquel silencio y preguntó que había sembrado la semilla de la duda en él.

-¿Dónde estabas aquel día que no te encontré?

Allen frenó su caminar, cuando oyó pisadas y voces que provenían del otro pasillo, de pronto, sintió que ahora era él quien era jalado hacia algún lado y también una mano que cubría su boca, impidiéndole hablar y hacer algún tipo de sonido.

-Shhh…

Kanda le pidió que guardara completo silencio. Él forcejeó un poco en el agarre del otro chico, le estaba apretando un poco fuerte. Ambos estaban tratando de ocultarse entre la propia oscuridad del pasillo, pegándose a la pared y tratando de hacer el menor sonido posible. Podía sentir los latidos del corazón de Kanda, eran muy fuertes. ¿Estaba asustado? Percibió que Kanda se había detenido, chocando contra la perilla de una puerta. Vio que sacaba una llave de uno de sus bolsillos con la mano que tenía libre, la puso en la cerradura de la puerta y esta se abrió, inmediatamente, él también fue arrastrado al interior de aquel misterioso salón. Ya no sentía la mano de Kanda sobre su boca, dejándolo libre. Apenas fue soltado, preguntó.

-¿Qué fue eso?

-Son los inspectores de la preparatoria.

-¿Qué hacen aquí?

-Al parecer, revisaban los salones y pasillos para ver que ningún estudiante estuviera por ahí.

-¿Por qué lo hacían? Estamos en receso.

-Porque hay una maldita charla informativa hecha por la municipalidad en el auditorio.

Kanda estaba harto de todas esas tontas preguntas por parte del estúpido brote de habas, ¿era o se hacía? Se suponía que él también era un estudiante aquí, ¿Cómo era posible que no se enterada de nada? Repentinamente sintió ganas de golpearlo si seguía haciéndole preguntas sin sentido.

Las luces del salón fueron encendidas, el chiquillo lo había hecho. Él miraba sorprendido todo lo que estaba ahí.

-¡Es el salón de música!

Claro que era el salón de música, él lo sabía perfectamente, era por eso que había decidido esconderse ahí, agradeciendo conscientemente que el molesto conejo le haya dejado encargado de la llave por hoy día, había sido su salvación, si los hubieran encontrado, era seguro que los habrían llevado a la oficina del director académico por desobedecer las órdenes de este. Lo que no entendía era cómo era posible que haya olvidado ese importante detalle tan rápido.

-No hagas ruido –le regañó.

-No te preocupes. El salón de música fue hecho especialmente para evitar que ningún ruido salga de esta habitación. De no ser así, los estudiantes se estarían quejando de lo ruidoso que es este salón –dijo divertido.

Él también observó lo que había en ese salón. Todo clase de instrumentos eran los que estaban ese lugar, pero le llamó la atención uno de los rincones del salón. Algo realmente grande estaba cubierto con una gran tela blanca. Quería acercarse para ver que era, sin embargo, Allen se adelantó, quitando rápidamente la tela que cubría al gran objeto.

-¿Un piano? –preguntó. Para él era inusual ver uno.

-¡Sabia que estaría aquí!

El chiquillo miraba emocionado el instrumento musical. Cierto, Lavi había mencionado algo parecido en una de sus tantas conversaciones, como siempre, él había hecho de oídos sordos.

Allen revisó cada parte del piano, probando el sonido de cada tecla para ver que estuviera bien. Cuando comprobó todo, se sentó en el banquito que estaba destinado al músico que tocaría el piano.

-¿Qué haces?

-Yo te dije que para una cita no era necesario salir a algún lado, era suficiente con nuestra mutua compañía. Pero nuestro pequeño paseo se vio interrumpido y terminamos acá. ¡Hay que verle el lado bueno a la situación! -dijo positivamente. -Puedo tocar algo para ti. Hace tiempo que no toco un piano, espero no haberme atrofiado -comentó, soltando una suave risita. -¿Qué deseas que toque?

-...

-¿Kanda?

Extrañado de no tener una respuesta, volteó a ver al chico mencionado, sorpresivamente, el otro chico parecía estar pensando en su pregunta, él creyó que lo mandaría volar por todo lo que estaba diciendo, pero no fue así.

-¿Quieres que toque la canción que canto allá? -preguntó, esperanzado de que funcionara.

-Che. Has lo que quieras -respondió, restando importancia al asunto.

Allen rio ante su respuesta. De nuevo, volvió a tocar cada tecla del piano, tratando de familiarizarse con los sonidos provenientes de estas, y así poder saber de dónde comenzar. Era tanto el tiempo que no había tenido la oportunidad de tocar el piano, que tuvo el temor de equivocarse, o peor aún, no recordar cómo tocar un piano; pero todos esos pensamientos pesimistas se esfumaron. Se dispuso a empezar, no obstante, recordó un detalle, por una extraña razón decidió decírselo a su acompañante.

-¿Sabes? Esta canción es la favorita de Mana -mencionó con nostalgia.

-¿Mana?

-Si. Mi padre.

Seguidamente, dio comienzo a la pieza musical, escuchando la armónica melodía producida por las teclas que tocaba. Se concentró, dejando que la música fluyera por él, quería que Kanda también la disfrutara y sintiera como él. Así, encontró el momento preciso para empezar a cantar. Y al son de la dulce melodía, cantó.

El pequeño niño en un sueño sumergido está,
entre la luz y grises cenizas de dolor.

Uno, dos, tantos rostros...
Entre todos, solo uno es su verdadero yo.

Aún quedan mil sueños para recorrerlo.
Sueña, sueña siempre.

Esos ojos plateados temblando entre sueños,
creando algo irreal en su propio mundo ideal,

inverso en la ilusión, no puede despertar.

Sigue ahí, ahora yo voy a proteger tu sueño.

Dios Morfeo, dale a este niño tu amor,
mientras le prodigo una bendición.

Dios Morfeo, dale a este niño tu amor,
con un beso el niño despertó.

Continuó tocando, a pesar de haber terminado de cantar. Era la nostalgia lo que estaba comenzando a invadirlo, el recuerdo de su querido padre se presentó en su mente. No podía permitirse llorar, no ahora, porque estaba tocando para Kanda.

Fue así, que la melodía cesó cuando la última tecla tocada dejó de sonar. Trató de disimular la temblorosa voz que amenazaba con salir, mirando fijamente el teclado.

-¿Qué te pareció? - preguntó queriendo saber la opinión del otro.

No pudo evitarlo, una traicionera lágrima había escapado de su ojo izquierdo, deslizándose por su mejilla.

El salón estaba en completo silencio, su pregunta no había recibido respuesta. ¿Kanda se aburrió y se habría ido?

Mas su dudas y temores fueron dejadas en el olvido al sentir una pausada respiración cerca suyo. Con su mirada trató de buscarlo, encontrándolo parado a su derecha. ¿En qué momento había llegado hasta ahí? Levantó la vista, dándose cuenta por primera vez que Kanda era realmente más alto que él, aunque sin exagerar. La mirada de Kanda estaba en algún punto desconocido de aquella habitación, de pronto, sus plateados ojos estaban en contacto con las oscuras obsidianas, él le sonrió minúsculamente. Ahora, el rostro de Kanda estaba a la altura del suyo, esos oscuros ojos tenían un toque especial, un pequeño brillo en ellos que era dirigido a él. Instintivamente, se fueron acercando hasta que la distancia dejó de existir entre ambos. Sus fríos labios se amoldaron a los cálidos de él, sus ojos se cerraron, queriendo disfrutar del suave contacto.

Esto era una sensación tan confortante y cálida que su frío ser pudo sentirlo claramente, después de tantos años, podía sentir algo de aquello que tanto había estado anhelando.


N/A:

Espero que les haya gustado. En realidad, yo no pensaba poner esta última escena, pero gracias a un review, me dije: "¿Por qué no?". También decirles que fue una tortura escribir este capitulo, tuve un horrible bloqueo por varios días a pesar de tener el resumen del capitulo y saber de que trataría, fue horrible porque solo había avanzado media hoja y no pasaba de ahí por más que lo intentaba, pero al ver que no avanzaba nada a ese paso, simplemente arranqué la hoja y comencé de nuevo.

Esta semana fue tan ocupada, y a pesar de tener tiempo libre, no podía escribir nada (muy aparte de mi bloqueo) porque debía descansar obligatoriamente. Fue el viernes que recién comencé a escribir realmente, el sábado no me alcanzó el tiempo para pasarlo a Word y hoy recién lo terminé.

Me siento bien. Fue un capitulo algo pesado xD

Esta vez mi querida Misaki no me ha podido ayudar, asi que es normal si ven algún error por ahi.

Gracias por leer :D