Notas de autora:
Un capitulo para relajarse antes de que venga todo lo malo(?) De vez en cuando es bueno salir con los amigos :)
Advertencias: AU, OoC (según yo), algo de Yullen, juegos peligrosos.
Diclaimer: -man pertenece a Hoshino Katsura
Manos unidas por un beso
9. El corso de la Amistad y el Festival de Primavera
La unión entre ellos se deshizo, dándole la oportunidad de tomar algo de aire, las manos del menor se posaron en el pecho del mayor, aquellos ojos plateados estaban decorados por un brillo sin igual, lo tentaban a continuar. Colocó su mano en la barbilla contraria, elevándola un poco más, resopló con suavidad cuando se encontró a una corta distancia del otro rostro. Finalmente, volvió a repetir el acto que hasta hace un momento ambos estaban compartiendo.
Por enésima vez ese recuerdo rondó entre sus monótonos pensamientos, esto era incluso más tortuoso que cuando la canción comenzó a sonar en su mente.
En el momento que él lo escuchó tocar el piano y cantar al mismo tiempo, en él se presentó un extraño sentimiento que le fue completamente desconocido. Se sintió hechizado por la dulce melodía entonada, sumergido en una cálida y agradable sensación de la cual no deseó salir. Su cuerpo entero se relajó, sintiendo algo parecido a una suave caricia en lo más profundo de su ser, su alma. Salió de aquel letargo en el que inconscientemente había estado por la canción, cuando esta acabó. Caminó silenciosamente hasta quedar parado al lado del chiquillo, tenía la mirada perdida en el teclado. Escuchó cuando le preguntó su opinión sobre la canción, él no respondió, solo se quedó en silencio, viendo como una lágrima se deslizaba por la pálida mejilla. Entonces, el menor al no obtener respuesta suya, lo buscó, encontrándolo. Él no sabía que estaba haciendo, su cuerpo se inclinó hasta que su rostro estuvo a la misma altura que el contrario, lo observó por un momento, uniendo finalmente sus labios. Lo estaba besando, a él, al estúpido brote de habas, pero él mismo no era consciente de sus actos. Era como si hubiese sido manipulado a hacerlo. Sin embargo, cuando se separaron por primera vez, el encanto se rompió y él volvió a la realidad. No obstante, al ver esa mirada, lo volvió a besar, pero esta vez fue por decisión propia, porque él lo quiso así y no se arrepintió de hacerlo.
Cuando el timbre sonó, ambos se separaron, nuevamente. Esperando a que todos pasaran a sus salones, y así, en silencio, sin decir palabra alguna sobre lo ocurrido, salieron tranquilamente del salón de música.
Él solo estaba esperando a que Lenalee estuviera lista para que ambos fueran juntos al corso. Su mente al encontrarse sin un tema interesante en qué pensar, no tuvo mejor idea que recordar aquel momento, trayendo consigo las desconocidas sensaciones que sintió en ese instante. Se estaba volviendo molesto porque no era la primera vez que su conciencia le hacía eso, no, esta era una de las muchas veces que lo hacía. Necesitaba pensar, distraerse en cualquier cosa, o simplemente no pensar en aquello, pronto. Fue entonces que recordó la invitación del molesto conejo. Sonaba bien. Al menos así tendría su mente ocupada, aunque ir al corso le trajera otra clase de recuerdos.
Escuchó pasos bajando por la escalera de madera, era Lenalee que ya estaba completamente cambiada, lista para salir.
-Podemos irnos, Kanda.
Él se levantó del sillón, caminó hasta llegar a la entrada de la casa, mientras ella le seguía el paso. Estaban por salir, cuando alguien vino corriendo desde el interior de la casa. Era el hermano mayor de Lenalee, Komui, quien ahora se encontraba aferrado a las piernas de ella. Le pedía que se cuidara, que no hiciera caso a los extraños, que tuviera cuidado con los pulpos de ahí y un sinfín de cosas que sonaban realmente estúpidas. Él observaba en silencio la tan común escena familiar.
La pobre chica tuvo que hacer su mejor esfuerzo para lograr separar a su hermano.
A veces dudaba que aquel extraño sujeto con complejo de hermana fuera el director académico de la preparatoria donde estudiaba.
Una vez que Lenalee logró quitarse completamente a su hermano, se dispusieron a salir.
Tuvieron que tomar un taxi. Si iban en el transporte público, no llegarían a tiempo. Komui les había hecho retrasarse bastante. Llegaron faltando pocos minutos para el comienzo del corso, todos los carros alegóricos estaban listos, solo faltaba que el Alcalde de la ciudad diera la orden para empezar con el Corso de la Amistad.
Las personas que estaban ahí eran bastantes, todos emocionados y esperando ansiosamente dentro del especio permitido para lis espectadores.
-Apúrate, Yuu. ¡Ya va a comenzar!
Hicieron camino a través de la amontonada multitud, pisando uno que otro pie, recibiendo codazos, pisadas y llamaba de atención donde les pedían que caminaran con cuidado y vieran por dónde lo hacían, que para eso tenían los ojos. Luego de todo el vía crucis que tuvieron que recorrer, llegaron al lugar donde se ubicaba la banda de Black Order.
Buscaron y buscaron, pero no lo encontraron. Preguntaron a los demás integrantes de la banda, pero nadie sabía nada, es más, ni siquiera sabían si había venido.
¿Dónde demonios se había metido ese conejo idiota?
Él había dicho que se encontraba completamente recuperado, que por nada del mundo perdería esta oportunidad de cumplir su sueño y que ellos debían estar ahí para verlo, tenían prohibido faltar.
Sin embargo, no había ni el más mínimo rastro suyo.
-¿Crees que haya enfermado de nuevo? Tal vez deberíamos ir a verlo a su casa.
-Che. Lo dudo. Hierba mala nunca muere.
-¡Kanda! ¡Esto es algo serio! -lo regañó. -Estoy preocupada por Lavi.
Lenalee comenzó a sobar suavemente el lóbulo de su oreja derecha, signo de que estaba nerviosa.
Ah. Qué molesto.
-¿A dónde vas, Kanda? -preguntó ella al ver que había comenzado a caminar.
-A la casa del conejo - respondió de forma simple, continuando su andar.
Lenalee había puesto su mano en su hombro, deteniéndolo. -Voy contigo.
Así, ambos volvieron a adentrase entre aquella aglomeración de personas, buscando una forma de salir de ahí. Iban a tomar nuevamente un taxi, cuando una sombra se proyectó detrás de él seguidamente, sintieron como algo se abalanzaba sobre ellos hasta hacerlos perder el equilibrio y caer al suelo.
Lo único que sabía era que se encontraba en la áspera superficie de la pista, que su cabeza le dolía a horrores por el golpe de la estrepitosa caída y que había algo encima de él que le impedía moverse con libertad como quería. Al abrir los ojos, encontró el rostro de Lenalee demasiado cerca al suyo, ella había colocado los brazos a cada lado de su cabeza, apoyándose en ellos para evitar caer completamente sobre él, estaba con los ojos fuertemente cerrados y aguantando la respiración.
Le rompería el cuello al miserable que le había hecho aquello. Lo bueno fue que no tuvo que buscar mucho.
-¡Yuu! ¡Lenalee! ¿Qué hacen ahí? -preguntó el culpable de todo al verlos.
La chica de ojos violetas por fin se había atrevido a abrir los ojos, encontrándose directamente con los oscuros orbes. Levantó la mirada, viendo que algunas personas que pasaban por ahí los estaban mirando de manera extraña, mientras que algunos murmuraban entre sí, logrando escuchar un comentario que la hizo volver en sí.
«Los jóvenes de ahora deberían aprender algo llamado "vergüenza"»
Rápidamente, como pudo se paró, cuidando de no hacer daño a Kanda en lo absoluto. Se acercó a Lavi y lo golpeó con su cartera.
-¡Eso duele, Lenalee! -chilló, limpiándose las falsas lagrimillas que salían de sus ojos.
-Es para que no vuelvas a hacer algo así. Pudiste hacerle daño a Kanda o a mí.
-Lo siento -se disculpó al ser regañado.
Lenalee se veía molesta, pero su expresión cambió.
-Estaba preocupada por ti. ¡Creí que habías vuelto a enfermar!
Él vio claramente la preocupación en ella. Lenalee era la persona que más se preocupaba por sus amigos y familia, eran su mundo y no soportaría que algo malo le sucediera a alguno de ellos, era como si una parte de su mundo se desmoronara poco a poco.
-Lamento eso, también -se disculpó de forma sincera, poniendo su mano sobre los verdes cabellos. -Ya estoy bien.
Su sonrisa sincera le transmitió paz, ahora podía estar tranquila.
Él se sintió sobrando en ese lugar, estaba haciendo mal tercio. Sus amigos se encontraban en un universo donde solo existían ellos y nadie más. Era bastante obvio lo que esos dos sentían, solo que ellos se negaban a verlo. Fingió fatalmente tener un repentino ataque de tos, él no era bueno para esas cosas pero era necesario para hacerlo porque estaban anunciando el comienzo del corso. Al final, lograron salir de su burbuja.
-¡El corso! ¡El corso! -el conejo gritó alterado.
-¡Cierto! ¡El corso! -de alguna manera, Lenalee había sido contagiada de su estupidez.
-Siento mi tardanza. Estuve ayudando a traer los últimos instrumentos del salón de música -Lavi explicó.
Caminaron, volviendo a estar dentro del límite permitido para observar. Lavi se despidió de ellos, Black Order era una de las primeras en pasar.
-Por cierto. ¿Qué opinan del uniforme de la banda? Me queda bien, ¿verdad?
-¡Vete de una vez! -se había hartado y terminó explotando.
-Cálmate, Yuu. Le hace mal a tu hígado renegar tanto -inmediatamente recibió una mirada asesina. -Ok. Ya me voy, ya me voy.
-¡Te he dicho que no me llames así!
El molesto conejo había hecho bien en irse rápido, porque estaba seguro que no se hubiera hecho responsable de lo que hubiera pasado si se hubiese quedado más tiempo.
El fuerte sonido del bombo dio el inicio al tan esperado Corso de la Amistad. Pronto, los vitoreos, las exclamaciones de felicidad y la alegre música envolvieron todo el ambiente.
Los carros alegóricos fueron pasando uno a uno, cada uno decorado de una forma diferente y creativa. De esta manera, llegó el turno de la banda de Black Order, Lavi iba en la sección de instrumentos de viento, estaba muy concentrado en lo que hacía, pero al pasar cerca de Kanda y Lenalee, no pudo evitar no saludarlos. El tan anhelado sueño de Lavi estaba cumpliéndose ahora mismo y sus queridos amigos estaban ahí para verlo. ¡Era el día más feliz en la vida de Lavi!
Frente al sitio donde encontraba, el carro alegórico más bonito y grande se detuvo, los niños corrieron emocionados hasta el gran vehículo decorado, la señorita que iba en la parte más alta se acercó hasta uno de los bordes, sacando una canastilla repleta de dulces. Pronto, el carro alegórico se vio rodeado de personas de toda edad, desde niños hasta adultos. Era sorprendente el efecto que los dulces tenían sobre las personas, todos ansiosos por recibir los deliciosos manjares.
-Yuu, ¿tú crees que regalen tarros de mayonesa?
-No seas tonto, solo regalan dulces.
No pudo evitarlo, fue la similitud de las escenas que trajo a su memoria aquel recuerdo del pasado.
Ese día no solo se realizaba el Corso de la Amistad, también había un festival en conmemoración al último día de primavera, porque a partir de mañana se daría inicio a la estación del invierno, dentro de poco todo la ciudad estaría cubierta por la blanca nieve.
Al terminar el corso, ellos fueron al Festival de Primavera, siendo alcanzados por Lavi, quien venía corriendo apresuradamente, ya no vestía el uniforme de la banda, ahora llevaba ropa casual.
-¿A dónde van? ¿Pensaban abandonarme?
-Esa era la idea.
-¡Yuu! -se quejó- No habrás querido llevarte a Lenalee a otro lado, ¿verdad? Recuerda que tienes novia -lo regaño como una madre lo haría con su pequeño hijo.
-¡Lavi!
-Tsk.
-Cierto. Yuu, ¿tu novia no viene contigo? -preguntó curioso al ver que su amigo no tenía más compañía que la de Lenalee.
... De todas maneras, tengo que rechazarte.
-No tiene tiempo -dijo.
Volvió a caminar, sin darle oportunidad al otro de volver a interrogarlo. A lo lejos escuchó los llamados de sus amigos, ellos ya estaban por alcanzarlo.
Juntos dieron un paseo por todo el festival, viendo todo. Había muchas cosas bonitas e interesantes, pero fue cuando llegaron a la parte de los juegos que se quedaron con la boca abierta.
¡Eran los juegos mecánicos de FISA!
Rara vez venían a su ciudad. Por suerte, ellos habíantraído dinero extra, siempre era bueno llevar algo de sencillo, no se sabía cuándo podrían necesitarlo. Los tres subieron a todos los juegos que su dinero les permitió subir. Kanda también fue arrastrado a ello pero no se quejó, porque valía la pena oír como el conejo idiota gritaba como nena pidiendo que pararan el juego y que lo bajasen, ni Lenalee gritaba tanto.
Fue cuando al buscar entre sus bolsillos, se dieron cuenta que solo tenían dinero para un juego más y para su pasaje de regreso. Ahora, debían elegir sabiamente a cual juego subir.
El brillante letrero llamó su atención, en él decía: "SpideLoo". Era el juego más temido por todos, incluso tenían un pequeño cartel en la entrada que prohibía el ingreso de personas que tuvieran problemas cardiacos, borrachos y que sufrieran de hipertensión. Pocos fueron los que subieron al tan temido juego.
-¿Qué te parece si subimos a ese juego, Yuu? -preguntó en un tono retador. No había escuchado ni un solo grito de Yuu cuando estuvieron en los juegos, ahora esa era su meta a cumplir.
-Como quieras -respondió.
-Chicos, tengan cuidado -advirtió Lenalee.
-No te preocupes. Te aseguro que escucharán gritar a Yuu -prometió de forma divertida.
Fueron a la boletería para comprar los boletos del juego, Lenalee fue a comprar comida y algunas pastillas, por si acaso. Luego, hicieron fila para ingresar al juego, entregaron sus boletos al encargado y se acomodaron en sus asientos, colocándose los cinturones de seguridad.
-De esta no te salvas, Yuu.
-Ya quisieras. Serás tú quien terminará gritando, como siempre.
Lavi no pudo responder porque el encargado anunció que dentro de unos minutos el juego comenzaría. Ellos ajustaron los cinturones y Lavi se aferró a su asiento, ya comenzaba a arrepentirse, pero no había vuelta atrás. El juego comenzó, la cabina donde estaban comenzó a agitarse de manera lenta, poco a poco iba aumentando de velocidad. Los gritos de los otros pasajeros llegaron a sus oídos, parecían gritos de lamento, algunos de ellos iban acompañados de maldiciones hacia el chico encargado, muchos pedían que los bajaran en este momento. La fuerza aumentó y pudo comprender porque era tan temido ese juego.
Joder, podía sentir como sus órganos internos se revolvían dentro suyo. Era como estar en una licuadora. Luego de varios minutos de tortura, el juego se detuvo, creyeron que había terminado. Qué equivocados estaban. Esto era solo el comienzo. A penas e iban en la mitad, el juego retrocedió y todo lo vivido anteriormente volvió a repetirse.
Salieron todos mareados, algunos llorando por la intensidad del juego. Ellos estaban mareados y afónicos, al final, ambos terminaron gritando.
-¿Están bien? -preguntó Lenalee preocupada.
-No te preocupes –respondió alegremente, con el pulgar en alto. Se acercó a ella, poniéndose a la altura de su oído. - Gané la apuesta –le susurró, aunque tal vez no fue tan discreto como pensó.
-¿Cuál apuesta?
-Na-nada. No es nada, Kanda. – dijo repentinamente ella, moviendo nerviosamente las manos para quitarle importancia al tema. – Tomen, les traje esto –les entregó un paquete de galletas a cada uno. –Si se sienten mal, tengo pastillas.
-Estoy bien.
Debía admitirlo, se había divertido más de lo que creyó, al igual que la primera vez que Alma y él salieron juntos.
N/A:
Este es un capitulo corto, disfrútenlo porque puede ser que ya no haya momentos así en la historia que sigue. Ahora comienza lo bueno(?)
Me he divertido escribiendo esto, imaginármelos en los juegos mecánicos, en realidad, fue basado en experiencias reales. Yo salí así de mareada y afónica ;w;
Ahora la historia entra a su parte final(?), es que pronto saldrá todo a la luz y como dije en un principio, esto seria corto. No me maten, tengo una esposa y trescientos hijos que mantener(?)
Ah, lo que puse al principio, es el punto de vista de Kanda con respecto a lo que pasó en el salón de música.
Gracias a los que comentan.
Gracias por leer :D
