Notas de autora:

Declaro oficialmente como nuevo dia de actualización los domingos(?)

¿Se acuerdan que les mencioné en capítulos anteriores que se venia lo bueno? Pues... A este capitulo me refería. No me maten :)

No tengo más que decir, así que disfruten.

Advertencias: AU, OoC, cartulinas molestas y libros polvorientos.

Diclaimer: -man pertenece a Hoshino Katsura


Manos unidas por un beso

12. El anuario de Black Order

Desde una temprana edad, el trayecto de su vida siempre estuvo lleno de tropiezos y caídas que eran seguidos de reproches y sermones por parte de las personas a su alrededor. Fracaso tras fracaso, la llevaron a considerarse alguien a quien las cosas nunca le saldrían bien. Una inútil.

A pesar de todo aquello, seguía buscando el motivo por el que se encontraba en esta vida, la razón para darle sentido a su patética existencia.

De esta manera, terminó encontrándose frente a la gran puerta principal de la preparatoria nocturna Black Order, su antigua casa de estudios.

Era sábado, en una fría tarde de invierno a finales de noviembre. No había sido buena idea en venir en un día como ese. Sábado era un día no laborable para instituciones públicas o del Estado, no había atención al público. Sin embargo, la cuestión por la que llegó ahí era realmente importante.

Después de haber sido despedida de un centenar de trabajos consecutivamente por ineficacia laboral debido a su torpeza, por fin había logrado encontrar el que sería el trabajo perfecto, incluso se podría decir que fue hecho para ella. No obstante, había un pequeño inconveniente que la hizo terminar en Black Order. Un pequeño detalle que había pasado desapercibido por ella y que era un requisito sumamente necesario para que pudiera solicitar el tan anhelado puesto de trabajo. Su certificado de estudios en preparatoria. Dicho documento se le había sido entregado cuando ella había culminado la ejerción de sus estudios. El problema era que aquel documento se encontraba actualmente extraviado.

Buscó y rebuscó pero no lo halló.

¿Qué lugar de su casa no había sido revisado minuciosamente?

Exacto. Ninguno.

Todo, absolutamente todo. Cada minúsculo rincón de su casa había sido revisado con sumo cuidado, con la esperanza de encontrarlo. A pesar de todo su esfuerzo, no lo encontró.

Recordó cuando estuvo sentada en su cama sin saber que hacer exactamente. Sino presentaba el portafolio con los documentos que se le solicitaban hasta fin de este mes, perdería tan valiosa oportunidad y una oportunidad como esa no se repetía dos veces en la vida.

Estaba escrito que su vida fuera un fracaso.

Todo era culpa de su extrema torpeza, se dijo. Lo más probable era que lo haya botado a la basura pensando que era un viejo papel. Sintió sus esperanzas desaparecer como si fueran pompas de jabón.

En un intento por deshacerse un poco de su congoja, se desahogó contándole todo lo sucedido al señor que le alquilaba la casa, lo sorprendente de todo eso fue que encontró la solución a su tormentoso problema.

La preparatoria, en serio, se veía desierta, lo único que podía oír era al viento soplar. Tal vez debió venir el lunes, pero no pudo, nunca en su vida se había sentido tan emocionada y motivada con respecto a algo que no pudo esperar un día más.

Aunque por su mente cruzó la idea de retirarse, intentó tocar una vez más y esperar unos cuantos minutos adicionales. El sonido de huecas pisadas acercándose la alertaron que pronto su llamado seria atendido. La pequeña ventanilla superior de la puerta se abrió, mostrando al vigilante. Lo saludó dándole las buenas tardes y le informó sobre el motivo de su visita. El hombre la miró como queriéndose asegurar que lo que había dicho fuera cierto y que no fuera una persona sospechosa. Luego, le pidió su documento de identificación, lo revisó, dándole el visto bueno y permitiéndole pasar.

Fue una dicha enorme el saber que el Director Académico se encontraba en la preparatoria. Se disculpó con el guardia por las molestias causadas y le agradeció, para finalmente entrar.

Sintió que estaba en un desconocido lugar, todo lucia tan... diferente a como recordaba que era. Por eso, aquel fue el motivo por el que terminó perdiéndose mientras trataba de buscar la oficina del director.

Caminando por entre los diferentes pasillos y aulas, rememoró en su conciencia la primera vez que estuvo aquí, su primer día de clases en la preparatoria hace diez años, cuando apenas tenía dieciséis. Se detuvo frente al que alguna vez había sido su salón de clases, la nostalgia de sus días de preparatoria vividos ahí apareció. Pasó por cada una de las carpetas, viendo mentalmente a cada uno de sus compañeros sentados ahí. Su caminar cesó al llegar a una carpeta en especial, la que quedaba frente al escritorio del profesor.

Le habría gustado que todos estuvieran juntos hasta el último día de clases de preparatoria.

La posición de las agujas del reloj del salón de clases le indicó que realmente había pasado bastante tiempo distrayéndose en sus propios pensamientos y que aún no iba al lugar que debía ir. Tomó su bolso y se dirigió a la entrada del aula. Un gran susto fue el que se llevó al ver aparecer repentinamente al hombre encargado de la limpieza, no lo había visto llegar. Se disculpó innumerables veces por las molestias ocasionadas y que no había sido su intención interrumpir en su labor.

Terminó de disculparse cuando el hombre le preguntó la razón de que se encontrara aquí, con algo de vergüenza dijo que se había perdido tratando de encontrar la oficina académica.

Oh. Aquel encargado de limpieza había resultado ser una persona muy amable al indicarle el curso que debía seguir para llegar a su destino. Con precaución de no perderse nuevamente, siguió todas las indicaciones al pie de la letra, logrando su objetivo desde que entró al recinto educativo.

Dirección Académica.


Lo único que en este preciso momento quería era estar en casa, descansando en su acogedor sillón frente a la cálida chimenea, tomando un delicioso chocolate caliente preparado por su querida Lenalee.

Definitivamente, eso era lo que quería y debía estar haciendo.

No estar en su oficina, llenando registros en un sábado.

Se suponía que su horario de trabajo era de lunes a viernes, no sábados. Pero ahí se encontraba él. Sentado en su escritorio, frente al computador, llenando registros de notas, los cuales parecían interminables, aquellos que debieron ser entregados el mes pasado, lo que era responsabilidad de Secretaria Académica. Pero que al final de cuenta, todo el personal administrativo de Black Order terminó involucrado en esto.

Él había planeado que el día de hoy lo pasaría en tiempo de caridad con su adorada Lenalee. Tomaría un delicioso desayuno preparado por su hermana; luego, irían a aquel nuevo centro de atracciones que había sido inaugurado recientemente el mes pasado, estaba seguro que a Lenalee le encantaría. Finalmente, irían de compras navideñas, después de todo, faltaban unos cuantos días más para que llegara el mes de Diciembre y se empezara a sentir el festivo ambiente navideño. Y ellos habían acordado que este año, sin lugar a dudas, realizarían todas las tradiciones que se había por Navidad. Incluso se había levantado tarareando villancicos navideños.

Oh. Sin duda alguna, hoy iba a ser un espléndido día.

Iba a serlo…

Si no hubiera sido porque en medio de su tiempo de desayunar, Reever, el secretario académico, lo había llamado para infórmarle sobre el altercado que tenían y que su presencia en la oficina académica era urgente. Lenalee no necesitó preguntar quién era la persona que había llamado, ella ya lo sabía, bastaba con ver la expresión que ponía cuando recibió la inesperada noticia. Su hermanita no le dio tiempo para replicaciones, diciéndoles que lo importante era que cumpliera con su trabajo.

Fue así como el plan sobre un perfecto día pasó a ser solo parte de sus recuerdos.

Miró la hora en la pantalla de la computadora, teniendo que sujetarse de algo para no caer de espaldas. ¡Era tardísimo! Él había estado aquí desde muy temprano y aun no terminaba con su trabajo. Todo era culpa de hacer las cosas a última hora, eso fue lo que estuvo a punto de reclamar cuando recordó que él fue el causante de este caos de último momento. Si tan solo hubiera asistido a la reunión del mes pasado convocada por la UGEL (Unidad de Gestión Educativa Local), habría estado en su conocimiento este cambio de fechas de entrega sobre los registros de calificaciones.

Lamentablemente, los hubiera no existían, para su mala suerte.

Nada ganaba lamentándose, tenía que terminar lo más antes posible para así poder estar para la cena. Suspiró, tomando un poco de café, continuando con su ardua labor.

El teléfono timbró, contestó. Era Reever quien le comunicaba que había una mujer que solicitaba verlo, su nombre era Miranda Lotto.

Se sorprendió bastante de saber que alguien había venido, siendo este un día no laborable. Si había venido en un día como este, era porque el asunto o el motivo que la había traído aquí eran importante. Colgó llamada cuando esta finalizó, tal vez no podría llegar a casa como pensó.

Suaves golpecitos sonaron contra la puerta de madera, debía ser la persona de la que le habló Reever. Él le otorgó el permiso para ingresar a su oficina, la puerta se abrió mostrando a una joven mujer de aspecto reservado. Ella lo saludó y se presentó as i misma, él le pidió que tomara asiento para hablar más cómodamente, ella accedió, contándole la razón de su inusual visita. Miranda Lotto le solicitaba una duplicación de su certificado de estudios.

No era la primera vez que algo así se le pedía, así que conocía el procedimiento para cumplir con la solicitud pedida. Solo necesitaba saber cuál había sido su código estudiantil; luego, con ayuda del sistema encontraría su expediente como estudiante, donde se encontraban las calificaciones obtenidas durante todos los trimestres que estuvo estudiando en preparatoria. Finalmente, posaría el archivo a Secretaria Académica y ellos se encargarían del resto del trámite. Eso sería todo lo que tendría que hacer.

Sin embargo, Miranda no sabía cuál había sido su código estudiantil, no lo recordaba con exactitud, porque este se encontraba impreso en la parte superior de su certificado estudios, el cual se encontraba actualmente perdido. El código estudiantil o de estudiante era un código único para cada estudiante que el Ministerio de Educación otorgaba, era casi igual a un número de identificación. Sin ese importante dato, él no podría buscar su expediente y sin eso, él no podía hacer nada para ayudarla.

O… tal vez sí.

Todavía quedaba una última cosa por hacer. Inmediatamente cogió el teléfono, tenía que hacer una llamada muy importante.


Maldijo la hora en que al profesor de Historia se le había ocurrido dejar como trabajo en parejas hacer un parque temático sobre el tema de la Guerra Fría y el hecho de tener al molesto conejo como compañero de trabajo.

Había estado toda la tarde en casa del conejo idiota, haciendo el bendito trabajo que parecía no querer acabar nunca, porque ya iban utilizando más de diez cartulina y aun parecía no ser el suficiente espacio para toda la información que tenían. Se preguntaba como demonios es que llevarían todo eso a clases, era enorme, en el autobús no cabría.

Ahora, él era el único que se encontraba en la habitación de Lavi, tratando de extender completamente aquello que era su trabajo. La mesa no era lo suficientemente grande como para que la gigantesca unión de cartulinas cupiera, o tuvo más opción que extenderla en el suelo, al menos ahí sí tendría el espacio necesario. Pero cada vez que intentaba estirar uno de los lados o esquinas, las otras se volvían a enrollar, haciendo que su tarea pareciera imposible de realizar. Su paciencia se estaba agotando.

Menos mal que el conejo idiota había salido un momento para atender el teléfono de la sala, porque estaba seguro que ya habría terminado explotando.

Los minutos pasaron y pasaron, parecía que se convertirían en horas y el estúpido conejo aun no regresaba. ¿Qué tanto hacia que no volvía para ayudarlo?

Ya harto de tratar de que la gigantesca cartulina blanca se mantuviera firme, la dejó a un lado, haciendo que inmediatamente esta se enrollara por completo. A la mierda la cartulina. Tenía que encontrar al desgraciado de Lavi y terminar de una buena vez con el dichoso trabajo de Historia.

Bajó por las escaleras al primer piso, todo estaba muy silencioso como para ser la casa de alguien como Lavi. Solo estaban ellos dos en la vivienda, el abuelo de Lavi había salido, así que no habría problema alguno si comenzaba a buscar a su querido amigo por toda la morada hasta encontrarlo.

No estaba por ningún lado, había buscado en la cocina, en la sala, en el jardín, en el comedor, en el garaje, y no había ni rastro del estúpido conejo. ¿Dónde se había metido? ¿Acaso se había largado a la calle? Sentía que su paciencia pronto llegaría a su límite.

Ese maldito…

Un ruido proveniente de alguna parte de la casa interrumpió su sarta de maldiciones hacia cierto molesto pelirrojo parlanchín. El origen del sonido venia de la segunda planta de la casa. Caminó siendo guiado por pequeño bullicio. La biblioteca personal del abuelo del conejo era el sitio de donde venía el ruido de cosas siendo removidas. No se le había ocurrido la genial idea de buscar ahí, simplemente creyó imposible que alguien como el molesto conejo pudiera estar en un lugar como ese, tan silencioso que contrastaba terriblemente con la escandalosa personalidad de Lavi.

El chico de ojos color esmeralda estaba parado frente a uno de los estantes llenos de libros, buscando.

-Yuu, ¿podrías ayudarme?

Le preguntó sin siquiera voltear a verlo, tal parecía que lo que sea que estuviera buscando era importante.

-Che. Te he dicho que no me llames así –se quejó como siempre.

Obviamente su queja fue ignorada. Lavi era de esa forma.

-¿Puedes buscar en el otro estante, un libro llamado "Anuario de Black Order"?

-¿Qué? ¡Terminemos de hacer el trabajo, idiota!

-El director ha llamado preguntando por el viejo panda, pero como no se encuentra en casa, me ha pedido que busque ese libro y lo lleve a la preparatoria, a su oficina. Le he preguntado al viejo donde guarda ese libro y me ha dicho que en la biblioteca.

De nuevo, no le hizo ni el más mínimo caso. Discutir con Lavi era inútil, ya lo sabía. No tenía caso continuar.

-¿Para qué quiere el Anuario de Black Order?

-No lo sé –contestó, encogiéndose de hombros. –Solo pidió eso y ya. Ven y ayúdame que mientras más rápido lo encontremos, más pronto podremos continuar con el trabajo.

No le quedó otra que buscar el susodicho anuario entre el montón de libros viejos.

El anuario de Black Order era un libro en el que se encontraban las fotografías de todas las Promociones de alumnos que había estudiado en ella. Había dos fotos por cada salón o Promoción, una era tomada el primer día de clases en la preparatoria y la otra era del último día de clases que pasaban ahí. Esto había sido confiado al abuelo de Lavi, el bibliotecario jubilado de la preparatoria y que alguna vez fue uno de los fundadores de la misma, siendo también el primer director de dicha institución pública. Bookman, como se le conocía, había pedido el anuario como un regalo de despedida a sus servicios de la educación, por eso es que este se encontraba en bajo su poder.

-¡Lo encontré! –Gritó Lavi- ¡Ayúdame, Yuu!

Él chasqueó la lengua al escuchar como era llamado por su primer nombre, ese conejo idiota nunca aprendería.

El libro que Lavi apenas sostenía era grueso y grande, cubierto de polvo. Se notaba la antigüedad del ejemplar por las amarillentas hojas que llevaba. Con cuidado de no dañarlo, lo dejaron sobre la mesa, Lavi limpió la cubierta, mostrando las doradas y brillantes letras del título del libro.

-Bien. Ahora, debemos llevarlo a la preparatoria –anunció sonriendo.

-Espera, ¿qué?

-Llevarlo a la preparatoria. ¿No escuchas? O ¿Estas sordo?-le preguntó. –Deberías lavarte bien las orejas, Yuu –lo regaño sutilmente.

-Bastardo…

-Vamos, apúrate. No tenemos mucho tiempo, ¿sabes?

-No tengo motivo alguno para ir contigo.

-Bueno, podrías quedarte e ir avanzando el trabajo, mientras yo voy a dejar el anuario a la preparatoria. Seria de mucha ayuda.

Oh, no. Otra vez con esa jodida cartulina, no.

-Vaya, que fácil eres de convencer, Yuu –dijo al ver como levantaba el anuario para salir de la habitación.


La luna ya estaba presente en ya oscurecido cielo nocturno, a pesar de eso, él podía ver claramente como desde lo alto iban cayendo finos copos blancos de nieve. Pronto la ciudad y las calles enteras estarían cubiertas de un gran manto blanco.

Se colocó la casaca, el viento helado comenzaba a sentirse cada vez con más intensidad y si no se abrigaba corría con el riesgo de enfermarse. Él iba cargando el pesado libro, a lo que Lavi caminaba libre de carga alguna. Ese desgraciado se estaba aprovechando de su repentina gentileza, dejándolo a él solo con el anuario cuando era responsabilidad del conejo y no suya.

Pronto llegaron a la oficina del director académico, el extraño sujeto con complejo de hermano los recibió de manera cordial, agradeciéndoles el hecho de darse la molestia de traer el anuario hasta aquí.

Posteriormente, les presentó a la mujer que también se encontraba en la oficina, a Miranda Lotto, quien les explicó la razón por la que s eles había solicitado que trajeran el libro. Ellos estaban por irse, cuando Komui les pidió un último favorcito, sería el último, juró. Les pidió que junto a Miranda fueran a la biblioteca principal de la preparatoria, para que pudieran buscar tranquilamente lo que la señorita necesitaba. Él se iba negar rotundamente, suficiente tenía con tener que haber venido para traer el libro hasta acá como para perder su tiempo ayudando a una desconocida, pero Lavi fue el encargado de arruinar todos sus planes cuando acepto por los dos.

El director agradeció enormemente su ayuda desinteresada, solo Kanda sabía la verdadera razón por la que Lavi había aceptado. Para ganarse la confianza del hermano de Lenalee.

Llegaron a la biblioteca principal ubicada en el pabellón central, se sentaron en una de las mesas vacías del lugar, poniendo el grueso libro sobre el tablero de la mesa.

-¿Para que necesitas el anuario si lo que quieres es un duplicado de tu certificado de estudios? –interrogó curioso Lavi.

-B-bueno. En el anuario no solo se encuentran las fotos de las promociones, también está la lista de los alumnos pertenecientes a ese salón, y al costado de cada nombre está el código estudiantil e cada uno.

-Wow… ya veo –respondió, entendiendo por donde iba el asunto- Entonces, al saber tu código de estudiante, el director podrá encontrar fácilmente tu expediente escolar y así obtener tus calificaciones para realizar el duplicado de tu certificado, ¿no?

-S-si. Así es.

Levantaron la tapa del libro, comenzaron a buscar página por página al salón que había sido el de Miranda. Viendo en el trayecto las numerosas promociones de alumnados que habían estudiado en Black Order. No obstante, esto parecía interminable, hoja tras hoja y aún no daban con ello. Lavi tuvo una idea para hacer la tarea mucho más fácil y rápida.

-Señorita Miranda, ¿Cuál era la sección en la que estaba?

-En la sección "F" –respondió sin dudar.

Ágilmente, Lavi fue al índice del anuario para encontrar más fácilmente el salón de Miranda.

-¡Aquí esta! –Gritó- ¡Lo encontré!

Si hubieran estado en un día de clases normal, la vieja encargada de la biblioteca le habría llamado la atención inmediatamente para que guardara silencio.

El chico de rojo cabello colocó el libro abierto justo en la página que mostraba a la promoción de la sección "F" que había estudiado en Black Order hace diez años atrás y que tres años después había culminado graduándose.

-Mira Yuu, ellos llevan el mismo lazo rojo que Lenalee, ellos también seguían la tradición de la sección "F".

-D-de hecho, nosotros iniciamos esa tradición -acotó Miranda.

Miranda se buscó a sí misma en aquella fotografía grupal de compañeros. Yuu solo estaba mirando la hora en que debía irse. Y él notó cierto detalle en ambas fotos. Le parecía raro, por eso decidió preguntar a la señorita Miranda sobre su duda.

-Miranda, este alumno… ¿qué pasó con él?

Ella estaba apuntando el número del código en una libreta, al escuchar su pregunta dejo de escribir, prestándole atención.

-¿Quién?

-Él –indicó con su dedo a la persona que se refería.- Aparece en la primera foto pero no en la segunda, ¿Qué pasó con él? ¿Se cambió de colegio? ¿Se fue a otra ciudad?

-Pues…

Kanda había dejado de mirar la puerta para ver a Lavi, de alguna manera, lo que había dicho le llamaba la atención de sobremanera.

-¿Qué pasó con Allen Walker?


N/A:

¿Ven? Les dije :)

Teorías locas en 3... 2... 1(?) okno Estar en el fandom de Yuri on Ice afecta(?) xD

Ya. La historia acaba de llegar a su clímax, por así decirlo. A partir de este capitulo comienza la cuenta regresiva para el final.

Gracias a todos sus reviews, me alegran el dia

Gracias por leer