Diclaimer: D. Gray-man pertenece a Hoshino Katsura
Este capítulo va dedicado a: Lero1000, Go men123, Sabrii, Fujimy, Bakanda99, SheikBlurillaz, furanshisuka *inserte corazón*
Manos unidas por un beso
14. Lazos que nos unen.
Una juguetona risa infantil junto a unos bulliciosos ladridos resonaban por todo el patio trasero, Mana y Neah podían escucharlos fácilmente, aún si ellos se encontraban en el interior del recinto y los ruidosos sonidos provinieran de afuera. Desde la cocina, gracias a la ventana que daba a la parte posterior de la casa, les resultaba práctico poder ver como el pequeño Allen se divertía jugando con los perros encargados del cuidado de la casa. Para ambos hombres les resultó imposible no reír enternecidos ante el efecto que causaba aquella adorable escena que se desarrollaba frente a ellos.
El niño de cabellera castaña reía con soltura, sin muestra alguna de preocupación presente en su aniñado rostro, tan libremente, que era inadmisible el pensar que tan siquiera el dueño de aquella cantarina risa tuviera algún recuerdo incómodo sobre un pasado tormentoso que de vez en cuando se encargaba de perturbar su pequeña cabecita. El simple hecho de verlo así era más que suficiente para que un agradable cosquilleo recorriera sus cuerpos, haciéndolos sentir infinitamente dichosos, quizás ésta era una señal de que las acciones y decisiones que tomarían en un futuro próximo serían las correctas.
Si Allen era feliz, ellos también lo eran.
Recargado sobre el respaldo de la silla y con una taza de porcelana en mano, Mana tomaba los últimos sorbos de su humeante bebida, trataba de desaparecer el amargo sabor que la medicina había dejado en su paladar y que aún seguía presente negándose a desvanecerse. El hombre de larga cabellera tenía el entrecejo ligeramente fruncido y una expresión inusual en su (siempre) sereno rostro que no era a causa del desagradable gusto provocado por las pastillas. Al terminar, dejó la taza sobre la mesa, fijándose en el panorama de afuera y rápidamente dio un vistazo al gran reloj que colgaba en medio del cuarto de la cocina, faltaba poco para que el sol terminara de ocultarse totalmente y la fría brisa del anochecer hiciera acto de presencia.
Ya era tiempo.
—Se nos hará tarde, Neah.
Neah, por su parte, estaba colocando una pequeña insignia con un extraño símbolo impreso en ella sobre la solapa de su abrigo, procurando que estuviera en una zona visible para cualquiera que con tan sólo pasar fijara su vista en ese punto en concreto. Cuando su hermano habló, el relajado ambiente se disipó dando lugar a una ligera tensión, casi nula, pero que estaba presente ahí. Neah detuvo sus acciones y con paso lento se acercó a su gemelo hasta situarse a sólo un paso de él, aquel rostro tan parecido al suyo no tenía la expresión despreocupada que tanto lo caracterizaba, eso lo preocupó aún más.
Mana tenía la mirada fija en el sobre de carta que sus manos tan vehementemente sostenían, la razón de su reciente dolor de cabeza; en éste, un peculiar emblema junto a una distinguida caligrafía eran los que elementos que más resaltaban en la superficie del pulcro papel, siendo el singular símbolo el mismo que se encontraba en la insignia que portaba en su abrigo. Su atención estaba centrada en las palabras escritas de la misiva recibida, cuando se sobresaltó por un instante al sentir cómo unas manos ajenas a la suyas se posaban sobre sus rígidos hombros, mas se relajó en el momento que reconoció la familiaridad del agradable tacto que a través de suaves movimientos desapareció todo rastro de tensión en él.
Al percibir como su hermano se relajaba bajo su tacto, los labios de Neah se curvaron en una diminuta sonrisa, su propósito se había cumplido.
—Tienes razón. Llamaré a Allen para que entre.
Y dicho esto, Neah procedió a cumplir con sus palabras, desapareciendo de la vista de Mana tras cruzar el umbral de la puerta, quedando el mayor de los dos solo en aquella habitación.
Realmente no pasó mucho desde que Neah salió de la cocina para llamar a Allen, cuando ambos llegaron, el mayor de los dos con el cabello totalmente desordenado y el pequeño Allen de brazos cruzados mientras soltaba un bufido, empero, al momento en que el poseedor de las orbes plateadas se percató de la presencia de Mana, la expresión en el rostro del menor dio un cambio radical, quién con una enorme sonrisa en sus labios corrió directamente hacia los brazos del hombre que enseguida se levantó de su asiento y lo cargó en un acto reflejo, el mismo hombre que le dio un hogar y una familia.
—¡Mana!
Para el nombrado le resultó imposible el no sonreír divertido ante la efusiva actitud de Allen, no necesitaba ser un adivino para tener una idea sobre lo que había pasado afuera, sólo le bastaba observar por un momento las expresiones faciales de sus allegados para saberlo; después de todo, Allen se encontraba en esa etapa en donde los niños de su edad tenían una fuente de energía inagotable.
Un silencioso suspiro escapó de los labios del hermano de cabellos cortos y desordenados, la vista que tenía enfrente se veía cálida y acogedora, tan hogareña, que tuvo la duda por un instante de si debía o no decirle a su hermano que iban retrasados, no deseaba ganarse una mirada malhumorada de la personita que Mana sostenía entre sus brazos. Al final, su sentido de responsabilidad fue el ganador de su debate mental. Ellos eran personas muy disciplinadas con respecto a la puntualidad, sobre todo él.
—Mana, es tarde. Debemos irnos.
La mirada que Neah le dirigió a Mana antes de darse la vuelta y cruzar la puerta que conectaba al pasillo le advirtió claramente que en serio iban tarde, debían apurarse o estarían en muy serios problemas, en más de los que ya estaban. Con cuidado de no incomodar al niño que se aferraba a su abrigo en el afán de no separarse de él, Mana descendió con suma lentitud hasta que los pequeños pies pudieron sentir la dureza del suelo bajo ellos, a causa de ello, recibió una mirada que recriminó levemente sus acciones.
—¿Mana?
Las orbes color plata reflejaban confusión, el dueño de ellos deshizo su agarre y se alejó sólo un poco, alzando la mirada para buscar los ojos en el rostro adulto, Allen quería entender lo que pasaba. Mana se arrodilló para quedar a su misma altura, colocó una mano sobre sus largos cabellos castaños amarrados en una coleta alta e inició con una suave caricia encima de estos, sonriendo de una forma apacible intentó sosegar de alguna manera cualquier duda que Allen tuviera.
—Neah y yo saldremos, tenemos una reunión.
— ¿Tardarán mucho?
Mana se cuestionó internamente, en realidad, él tampoco lo sabía pero deseaba fervientemente que aquella reunión tuviera una culminación pronta.
—No lo sé —sonrió apenado —, pero si demoramos, puedes ir cenando sin nosotros.
Aquello fue un grave, grave error, pues ni bien Mana terminó de hablar, Allen retiró de golpe la mano que estaba sobre su cabeza y lo miró con claro reproche.
— ¡No cenaré sin ustedes!
Y cruzándose de brazos, el pequeño ladeó su rostro hacia la izquierda, buscando un punto indefinido entre aquellas paredes pintadas de un suave color crema para evitar cualquier tipo de contacto visual con el hombre que ahora era el que mostraba confusión.
Un cálido aliento provino de los labios de Mana, los cuales se curvaron al darse cuenta que Allen estaba siendo protagonista de una pequeña rabieta infantil. Durante el tiempo que Allen estuvo viviendo junto a ellos se había convertido en un niño bastante apegado tanto a Neah, como a él, incluso había aceptado la larga lista de condiciones que implicaba el hecho de ser parte de la familia D. Campbell, sin refutar absolutamente nada. No obstante, ello no significó que el miembro más joven de la familia dejara de lado esa descomedida parte de su personalidad.
—Entonces...
El prolongado silencio que se extendió luego de que Mana digiera sólo eso provocó que después ninguno de los presentes se atreviera a decir algo, cada quien con sus propias razones.
Motivado por su característica curiosidad, Allen decidió declinar un poco en su postura de total desacuerdo con las palabras de Mana dichas con anterioridad. Buscó sigilosamente el motivo del ambiente tan aparentemente calmado hasta que sus pupilas se toparon con unos dorados ojos que lo observaban con diversión, inmediatamente Allen regresó su vista a donde se encontraba hace unos minutos.
— ¿Entonce, qué?
Con la supuesta molestia presente en lo dicho, Allen quería simular disgusto absoluto en un intento fallido de que el hecho de haber sido descubierto en pleno acto quedara en el olvido, era tan vergonzoso.
Mana sonrió para sí mismo.
—Entonces, podría pedir permiso para poder retirarnos antes y as-
La solución que Mana había estado pensando no pudo ser comunicado en su totalidad, puesto que, ahora se encontraba siendo aprisionado por un brazos más pequeños a comparación de los suyos y a punto de caer de bruces al suelo si no mantenía el equilibrio en su cuerpo por el tan repentino abrazo.
— ¡¿En serio?! ¡¿Harías eso, Mana?!
Una hermosa mueca llena de felicidad se vislumbró en el alegre rostro de Allen.
—Claro.
La delicada y sutil caricia que Mana realizó en una de las blancas mejillas del niño ocasionó que estas se tornaran de un cálido color bermellón brillante. Lo que Neah y él más amaban de Allen era que a pesar de todas las malas y buenas experiencias que la vida había puesto en su camino a su corta edad, él seguía manteniendo esa esencia tan pura e inocente que tanto lo caracterizaba, aquella que lo convertía en el ángel de sus corazones.
— ¡Mana, apúrate! ¡La limosina ya llegó!
El grito de llamado de Neah se escuchó por todas las habitaciones de la casa y claro, la cocina no fue una excepción. Adulto y niño rieron cómplices como si estuvieran a punto de realizar una nueva travesura.
—Ya voy, mamá.
Con algo de pereza en sus acciones pero siendo consciente del retraso que llevaba, Mana se encaminó a paso veloz hacia la puerta de la entrada principal, Allen iba detrás, ambos con expresiones animadas en sus caras. Molestar al querido tío Neah era uno de sus pasatiempos favoritos compartidos.
Neah estaba parado frente al espejo de marco de madera que se hallaba un poco antes de llegar a la puerta principal, con un peine de bolsillo pretendía arreglar su desordenado cabello corto en un peinado que fuera el adecuado para lo que ameritaba la situación, siendo capaz de domar su rebelde cabellera, la presentación personal era un aspecto muy importante a considerar. Cuando vio que su hermano salía del cuarto de cocina, terminó con su pequeño trabajo y se acercó presuroso a él para regañarlo por su obvia demora.
—Lo importante es que ya estoy aquí, Neah.
La simpleza que Mana usó sorprendió al nombrado, que sólo suspiró de manera cansina, su hermano era todo un caso perdido sin remedio alguno.
Luego, ambos hombres adultos procedieron a encaminarse a la salida y una vez ya con los dos pies fuera de la residencia, se despidieron de la persona que los miraba con ojos expectantes a su pronto regreso a casa, siendo el mayor de los gemelos el primero en hacerlo.
—No hagas travesuras en nuestra ausencia, ¿sí?
Retirando los cabellos castaños de la frente del niño, Mana depositó un rápido beso en ella como último acto antes de dirigirse al distinguido vehículo que esperaba afuera.
—Cuida la casa y no abras la puerta a extraños.
Ahora fue Neah que en medio de una escueta risa recordó su peculiar primer encuentro pero antes de irse despeinó sus cabellos en una caricia. Allen respondió a todo moviendo la cabeza en forma afirmativa.
Finalmente, la puerta de roble se cerró y el auto que llevaba a Mana y Neah desapareció de la vista.
Allen tuvo un mal presentimiento.
Sobre el infinito manto oscuro que representaba el cielo nocturno, la luna llena era el mayor punto de atracción en medio de aquel mar repleto de brillantes estrellas, sin duda, la vista que se obtenía era excepcional, digna de ser retratada en un lienzo. Sin embargo, pese al maravilloso y deleitante panorama que el firmamento ofrecía esa noche, la situación que se vivía en la parte terrenal del paisaje era totalmente opuesta a ello, sobre todo en las zonas ubicadas fuera de la ciudad.
Faltaban escasos minutos para la media noche, el viento soplaba con fuerza desmesurada, provocando una inmensurable ventisca que dio origen a una inusual melodía casi celestial, los árboles se sometían a la voluntad del viento mientras sus ramas colisionaban violentamente y sin descanso contra las desgastadas ventanas pertenecientes a las casas cercanas y los inestables techos amenazaban con desprenderse en cualquier momento de las precarias viviendas.
En medio de la oscuridad de su pequeño cuarto y el gélido viento que se colaba por la diminuta abertura de la ventana a causa del incesante golpeteo contra el vidrio, removiéndose inquieto y envuelto entre las delgadas sábanas que poco o nada podían proporcionarle el calor que su cuerpo necesitaba en esa fría noche, Allen intentaba conciliar el sueño en un vano esfuerzo tras despertar repentinamente al escuchar un fuerte estruendo proveniente del exterior.
No importaba cuántas veces cerraba los ojos tratando de contar ovejas imaginarias que iban saltando una cerca o la cantidad de posiciones para dormir que había adoptado conforme se sentía más y más incómodo con la anterior, simplemente, no podía entregarse totalmente a los brazos de Morfeo como deseaba, ¡era imposible! Además, estaba comenzando a sentir como su pecho se iba agitando y su respiración se aceleraba en busca de oxígeno para cumplir con una de las funciones más vitales para el ser humano, su visión se tornó borrosa y pronto sintió unas inevitables ganas de toser, sentía cómo el poco oxigeno que sus pulmones habían logrado recolectar era extraído sin dificultad alguna, sentía que se ahogaba.
No tuvo más opción que levantarse, sentarse en el borde del mullido colchón y retirar las viejas sábanas de su cuerpo, puesto que el simple roce producía en él un insoportable calor. Al tocar su frente con el dorso de su mano, confirmó su teoría de padecer fiebre. No lo entendía, él estaba acostumbrado a los vientos fríos que traía consigo los bruscos cambios de temperatura, su cuerpo se había adaptado al constante clima cambiante, llevaba más de un año viviendo ahí y en todo ese tiempo jamás se enfrentó a dolencia alguna a causa de ello, ¿cómo era posible aquello?
Luego de suspirar en signo de frustración y recuperar algo de su ritmo normal de respiración sin sentir que se sofocaba, Allen decidió que lo mejor era ir cuanto antes con sus tutores, ellos sabrían que hacer con su nada conveniente malestar nocturno. Sus ojos estaban llorosos, apenas pudo conseguir visualizar sus zapatos, se los colocó de inmediato, tratando de no hacer mucho alboroto, tampoco deseaba interrumpir de forma abrupta el sueño de Mana y Neah que se encontraban en la planta baja de la casa.
Con el sigilo propio de un gato, salió de su cuarto y caminó por el corto pasillo hacia las escaleras de madera que conducían al primer piso de la morada. Procuraba no hacer rechinar las viejas tablas de los escalones con sus pasos, deteniéndose cada cierto tramo para asegurarse que no hubiera hecho demasiado ruido.
Cuando sus pies estuvieron próximos a situarse en el último escalón, Allen vislumbró en medio de toda la oscuridad un pequeño y casi invisible dejo de luz a la distancia, y dado que las cortinas de la ventana estaban cerradas completamente, supuso que aquello no era producto de la luz lunar filtrada a través de los cristales, más bien, conforme más se acercaba al lugar de origen del diminuto atisbo de luz, más se parecía al efecto que una lámpara de aceite proyectaba. Fue así que, terminó dando a parar frente a la entreabierta puerta de la habitación que Mana y Neah compartían.
Al ver que la luz presente en aquella sección de la casa, Allen dedujo que los que encontraban en el interior del cuarto debían seguir despiertos aún, aunque se extrañó por lo tarde que era. Haciendo uso de la discreción que alguna vez aprendió durante sus clases de comportamiento, detuvo su caminar a tan sólo unos centímetros de su objetivo, elevó su mano formada en un puño con la intención de dar unos suaves golpes sobre la áspera superficie de madera y así llamar la atención de los que ocupaban la habitación, pero antes de que pudiera dar el primer toque, algo suspendió sus acciones.
Suaves sonidos parecidos a murmullos pasaron mediante el pequeño espacio que dejaba la puerta semi-abierta, no era mucho lo que alcanza a escuchar, pero con lo poco que podía le era lo suficientemente audible, gracias a ello logró distinguir que aquello no era lo que pensó en un principio. Era una dulce y delicada melodía, tan parecida a una canción de cuna, como una frágil caricia en lo más profundo de su alma. Allen por un momento olvidó la finalidad de estar ahí y se dejó envolver por la calidez que la aria transmitía.
El niño que poco le faltaba para dejar la etapa de la niñez por completo dejó de sentir la terrible incomodidad y opresión formada en su pecho que le impedía respirar con normalidad, hasta el horrible martilleo en su cabeza cesó y la insoportable sensación de estar en una caldera hirviendo desapareció, su cuerpo entero se relajó. Allen sintió una enorme curiosidad por saber que era exactamente lo que provocaba que se sintiera como en una nube, que por alguna extraña razón se le hacía conocida de alguna parte, no lo sabía con exactitud pero podía jurar que él ya la había escuchado antes y quizás fuera la causante de su bienestar corporal. Tan pronto como, fue sometido por su insaciable deseo de saber más, se aproximó lo más que pudo a la puerta, topándose con el diminuto espacio que daba una pequeña vista hacia el interior ofrecido por el agujero que servía para colocar la llave.
Allen sabía que estaba mal espiar a las personas que consideraba como unos padres, él lo sabía, pero por esta vez se permitiría desobedecer lo que su consciencia le dictaba, él realmente quería saber que era aquello y la razón de porque tan repentinamente cualquier padecimiento suyo había desaparecido como por obra de algún hechizo. Una vez que encontró una posición cómoda para ver por medio de la cerradura, se enfocó plenamente en lo que estaba a punto de presenciar. La escena que consiguió ver lo sorprendió y más el hecho de poder reconocer al fin el misterio detrás de la dulce y suave de la voz que canta, era la misma que escuchó durante el tiempo que permaneció inconsciente cuando Mana lo encontró en esa fría noche de Navidad hace años atrás; sin embargo, ésta sonaba diferente.
Sentado sobre la cama con la espalda apoyada en la cabecera, Neah entonaba de forma pausada y placentera una armoniosa canción, que una vez tuvo la dicha de oír, mientras repartía suaves y delicadas caricias sobre el apacible semblante de Mana y jugaba enredando los largos cabellos de este entre sus delgados dedos. Mana, quién yacía sobre el regazo de su hermano menor, cubierto por las sabanas, reflejaba paz absoluta en su rostro. Lo que Allen observaba era la personificación de un amor incondicional, la mirada que Neah le dirigía a Mana iba cargada de ello y no solamente ahora, Allen lo había antes cuando era testigo de aquellos momentos íntimos entre ellos.
Los hechos que acontecieron durante los últimos meses otorgaron un giro bastante drástico sobre los estilos de vida que Mana, Neah y él habían adoptado en los últimos años. Tal vez, siendo uno de los más importantes acontecimientos el ya no ser los inquilinos de una de las residencias más ostentosas ubicada en el centro de la ciudad y aunque le pareció un cambio muy repentino el desalojo sin razón lógica aparente (salvo un par de cosas que Mana le mencionó) que vivieron al día siguiente de que sus apoderados fueran a aquella reunión, ahora habitaban en una casa que si bien no cumplía con todos los lujos que antes tuvieron, si tenía esa agradable y cálida sensación de un hogar, un factor que nunca sintieron en su antigua morada. Y es que, el hecho de que ellos permanecieran juntos a pesar de todos los inconvenientes que se presentaron hicieron que su relación como familia se fortaleciera y junto a ello el sentirse cómodos donde fuera que estuvieran, porque, mientras ellos se mantuvieran unidos el lugar era lo de menos.
—Dios Morfeo, dale a este niño tu amor, mientras le prodigo una bendición.
Neah entonaba la canción, a la vez que continuaba repartiendo delicados toques a la persona que se encontraba sobre su regazo. No importaba las penurias que tuvieron que pasar, los sentimientos que ambos hermanos albergaban entre si seguían estando intactos manteniendo la misma esencia, como siempre recordó.
Allen tuvo un extraño sentir en su pecho que no pudo atribuir a sus síntomas de resfrío o malestar general, los cuales habían desaparecido misteriosamente. Entonces, ¿qué era?
—Dios Morfeo, dale a este niño tu amor, con un beso el niño...
De repente, las melódicas palabras que Neah pronunciaba fueron cambiadas por otras que expresaban desesperación.
— ¡Mana! ¡Mana! ¡Mana!
El hombre que llamaba preocupado a quién ahora le daba la espalda, observaba inquieto como la persona que hace unos momentos descansaba tranquilo bajo sus manos ahora estaba teniendo un repentino ataque de tos a la vez que intentaba detener las arcadas de su cuerpo que la molesta sensación de picazón en la garganta producía en él sin ningún signo de logro. Allen quería moverse y entrar a la habitación, deseaba socorrer a su querido padre pero poco pudo hacer porque sin explicación alguna su cuerpo se negó a obedecer las órdenes que su cerebro demandaba cumplir. No lo entendía, ¿por qué? Simplemente no había justificación para algo así, sin poder evitarlo su cuerpo fue descendiendo hasta hacer contacto con el frio piso, él apenas pudo sostenerse de la manija de la puerta y quedar arrodillado frente a esta. Quiso gritar o decir algo pero le fue imposible, no tuvo más remedio que ser un simple espectador.
Esta no era la primera vez que Mana padecía estos inesperados síntomas, además de que tampoco lo era el presenciar una escena similar bajo el desconocimientos de los protagonistas de ésta. De hecho, a pesar de que consideraba a Mana y Neah como sus padres y valoraba todo lo que los ex-hermanos D. Campbell habían hecho por él, poco conocía sobre ellos, lo que sabía era lo que ellos en alguna ocasión le habían comentado o lo que él había visto con sus propios ojos, pero fuera de eso, no tenía conocimiento de nada. Allen sospechaba que los gemelos de ojos dorados le ocultaban un par de secretos, siendo el estado de salud de Mana uno de ellos, quizás con la intención de no preocuparlo y aunque sabía que no lo hacían de mala fé, no podía evitar no darle importancia. Ellos eran sus padres, sus personas más queridas y especiales en el mundo entero, aquellas que lo aceptaron en su familia como si siempre ese hubiera sido su lugar, su bienestar era una prioridad suya también.
— ¿Ya te encuentras mejor, Mana? ¿Deseas que traiga las pastillas?
La voz de Neah se escuchaba sumamente exaltada en un principio, pero hacia el intento de serenarse y suavizar su tono de voz para ofrecerle tranquilidad a Mana.
—No te preocupes. Ya pasó.
— ¿Seguro? ¿De verdad no necesitas las pastillas?
—En serio, Neah. Ya me encuentro mejor.
Mana intentaba convencer a Neah que sus palabras eran verdad, pero, pese a que él no podía ver lo que pasaba exactamente, le bastaba con ser sólo un oyente de la situación para tener conocimiento que lo que el hermano mayor decía no eran del todo cierto. Él ya había escuchado esas mismas palabras con anterioridad y la forma en que cayó en cuenta de la sutil mentira que se escondía detrás de esas despreocupadas palabras no era la más agradable de recordar y porque cada vez que traía a su mente esos recuerdos no podía evitar sentir un nudo formándose en su garganta y esa extraña sensación que se anidaba en su pecho, la cual sólo le provocaba una terrible impotencia y un desconocido sentimiento.
—Será mejor descansar, Allen tiene clases mañana. Debemos levantarnos temprano, Neah.
El susodicho suspiró, era imposible contradecir a Mana.
—Está bien.
Dio por finalizada la conversión ajena al escuchar el crujir de la cama y como la oscuridad envolvió por completo a la pieza, Mana y Neah ya se habían acostado para dormir. Allen intentó levantarse para retirarse a su cuarto, ya no tenía nada que hacer ahí, puesto que su prioridad principal ya estaba solucionada. Se sostuvo de la manija de la puerta como punto de apoyo para ponerse de pie pero debido a la inestabilidad que presentó al pararse por haber estado en esa incómoda posición por un largo tiempo, la puerta se cerró por completo en un movimiento brusco y él terminó por desvanecerse en el suelo. No esperó mucho para que uno de los ocupantes de la habitación saliera a ver lo que había pasado.
— ¡Allen!
Oh, estaba en serios problemas.
Neah lo sostuvo entre sus brazos tan rápido como pudo y sin pedir explicaciones al respecto procedió a cargarlo para llevarlo hacia el interior del cuarto y luego depositarlo con cuidado en la cama. Ambos hermanos lo observaban sumamente preocupados y se odió por eso, lo que menos deseaba era ser la causa de su preocupación. Mana posó la palma de su mano sobre su frente y rostro mostró alarma.
— ¡Está ardiendo!
¿Qué?
— Tiene una fiebre muy alta.
Corroboró Neah en cuanto sujetó su mano y tomó su pulso para confirmar lo antes dicho, pero el examinado no lo entendió, lo que aquel hombre decía no era cierto, porque él estaba seguro que no sentía nada de lo que ellos habían mencionado.
Allen quería saber qué estaba pasando, que alguien se lo explicara, mas su cuerpo no ayudaba a lo que su subconsciente deseaba. Se sentía extrañamente relajado, los toques que Neah proporcionaba sobre su muñeca y su frente mientras intentaba obtener una suscripción más adecuada sobre su estado hacia que de repente tuviera unas incontrolables ganas de sumergirse en el mundo de los sueños.
—Mana...
A penas fue un murmullo silencioso pero fue suficiente para que el nombrado lo escuchara y dirigiera toda su atención en él y rápidamente pasó a acariciar su rostro, verificando que la situación de la persona recostada no presentara más inconvenientes de último momento.
—No te preocupes, Allen. Todo estará bien.
Lo último que vio fue la amable sonrisa del hombre que lo miraba con ternura.
Con la mano que no sostenía la manija de la maleta de viaje ejecutó el malabaristico intento de realizar un moño a base del listón rojo que colgaba libremente alrededor del cuello de su camisa, quería poner en práctica lo que Neah le había enseñado durante el largo transcurso del recorrido, pero no importaba cuantos tirones o vueltas diera, no estaba obteniendo los resultados esperados y eso solamente provocaba que su paciencia menguara a paso acelerado con cada fallido movimiento que hacía. A pesar de los años y de la gran influencia de sus padres sobre él, aún seguía conservando esa parte explosiva de su personalidad, aquella que perdía fácilmente los estribos cuando las cosas no salían como quería.
Cuando por fin se cansó de batallar con una sola mano, dejó caer su equipaje y se encargó del asunto con ambos manos y para sorpresa suya, logró su cometido en menos de lo que hubiera esperado. Satisfecho de cumplir con su meta, recogió lo que dejó caer y enseguida se encaminó para seguir el paso de las dos personas que lo guiaban en aquel inmenso y desconocido lugar, sólo que, había un pequeñísimo inconveniente, al mirar a su alrededores se dio cuenta que las personas a quienes buscaba ya no estaban donde recordaba, en su lugar había una pareja conversando muy amenamente.
Aunque esta no era su primera vez en la estación de trenes de la ciudad, seguía sin poder ubicarse con facilidad. La abrumadora cantidad de personas le recordaba a las principales calles el centro de la ciudad en pleno apogeo de las fiestas por Navidad, todas como sardinas en lata y eso no facilitaba para nada su situación, estaba extraviado y... tenía hambre, su estómago emitió un sonido que anunciaba descaradamente lo hambriento que se encontraba, apenas pudo comer todo lo que se hallaba en el carrito de comida que una señorita muy amablemente les había traído como uno de los servicios de la empresa de transportes, eso no fue suficiente para saciarlo.
Escuchó un par de voces que le resultaron extrañamente familiares cuando se disponía a pregunta a aquella pareja sobre alguna recomendación que lo pudiera ayudar a salir del problema en el que se había metido, no tuvo tiempo para agudizar su sentido del oído ni de fijarse a quienes pertenecían porque sin siquiera preverlo fue tomado sorpresivamente de la cintura por dos grandes brazos y alzado en el aire mientras otro par de manos le taparon los ojos. Una alarma se encendió en su interior y sus instintos de supervivencia le demandaron actuar de inmediato, en menos de un minuto estaba dando patadas al aire y moviendo su equipaje desenfrenadamente con tal de librarse del fuerte agarre en su cuerpo.
Tal parecía que los rumores de que un secuestrador de niños andaba libre hace años atrás eran ciertos y aun seguían vigentes. Finalmente consiguió lo que buscaba, cayendo de una manera muy brusca al suelo con su maleta todavía en mano. Se paró tan rápido como pudo, dispuesto a enfrentar a sus agresores sin ser consciente de las consecuencias de sus acciones de auto-defensa hasta que vio el par de rostros idénticos pero diferentes al mismo tiempo, ambos tenían muecas de dolor en ellos y eso sólo hizo que se abochornara automáticamente por lo que había hecho. La mayoría de personas que transitaban por allí miraban curiosos la escena que la pareja de hombres y un adolescente protagonizaban en plena estación de tren.
¿A quién se le ocurrió hacer una broma como esa?
— ¡Allen!
Pese a todo lo que pasó, ellos se dirigieron a él para abrazarlo y suspirar aliviados, a lo que Allen aguantaba sus ganas de regañarlos por el espectáculo público que habían brindado pero lo dejó de lado al saber que ya no estaba perdido y ahora se encontraba entre los brazos de sus progenitores, sólo por esta vez lo dejaría pasar, no podían andar por ahí causando sustos de muerte, no era bueno para nadie. A veces sus padres solían comportarse como personas no adultas, siendo él el que ocupaba el papel de adulto responsable de los tres.
Luego del abrazo grupal, se separaron y los hermanos pidieron disculpas por lo ocurrido, Allen repartió miradas de reproche entre ambos gemelos de manera alternativa pero no pudo seguir por mucho tiempo con ello, esas sonrisas tontas derrumbaron cualquier indicio de enojo en él. El plan original había sido sorprenderlo y tal vez asustarlo un poquito, que tuviera el desenlace que tuvo nunca fue premeditado. Al terminar de aclarar todo, continuaron con su camino, aún no habían registrado su llegada; no obstante, ni bien avanzaron un tramo entre toda esa multitud de personas aglomeradas, vieron la enorme fila que se estaba formando afuera de la oficina de registros. Esta vez fue el turno de Allen para disculparse, Mana y Neah habían perdido su puesto en la gigantesca cola gracias a su pequeño caso de desaparición, a lo que estos solamente negaron con la cabeza y se encogieron de hombros, eso no era de importancia.
—Tú eres más importante —Mana colocó un dedo sobre el centro de su pecho, dio un toquecito y sonrió —. Además, no podíamos registrarnos como la familia Walker si no estamos todos.
Allen asintió, esta era de esas veces donde se sentía indigno de ser quien recibiera ese tipo de atenciones.
Ellos habían sido desterrados definitivamente de la familia Noah, rompiendo cualquier vínculo que pudiese haber entre ellos y eso incluía el ser desalojados de su hogar y pertenencias, despojados de sus apellidos, pasando a ser sólo Mana, Neah y Allen, sólo eso, considerados nadie por la sociedad en la que Vivian, un aspecto mal visto. Por mucho tiempo deambularon por distintas ciudades trabajando como cómicos ambulantes en el día y músicos en bares por las noches, él tuvo que dejar sus estudios debido a la inestabilidad económica en la que se encontraban y por ser nómades al no tener un lugar estable en el cual vivir, eran caminantes que recorrían el mundo en busca de una vida mejor.
Eventualmente, gracias a su duro esfuerzo, alcanzaron sus metas y aunque contaban con un hogar y fuente de ingresos estables, seguían ofreciendo algunos shows. Ahora estaban volviendo de una de las ciudades donde los habían solicitado, el viaje fue algo pesado, tuvieron que regresar lo más antes posible, sus vacaciones escolares de medio año habían terminado y era su deber como estudiante regresar a clases. Únicamente deseaba llegar a casa y dormir pero antes...
—Vaya —Un comentario sorprendido se escuchó —, ¿aún tienes hambre?
Se había sumergido tanto entre sus pensamientos que no prestó atención cuando llegó su turno en la fila para ser atendidos, su estómago lo delató sin vergüenza alguna ante todos los presentes en la oficina de registros. Con la mirada escondida firmó los papeles correspondientes y salió de la habitación lo más rápido que pudo, de seguro su rostro mostraba claramente su situación. Allen esperaba que los dos hermanos fueran tras él, pero sólo Neah lo hizo, tocando su hombro para hacer notar su presencia.
— ¿Mana?
No lo veía por ningún lado y el hombre que lo acompañaba no decía nada. Ambos no se detuvieron y continuaron caminando hacia la salida de la estación. Neah mantenía una sonrisa desde que llegó donde él, Allen no podía adivinar lo que este pensaba si mantenía un semblante así, se sentía extraño.
—Quita esa cara, parece que hubieras visto un fantasma.
Consecuente a eso, el gemelo menor rió.
—Estás sonriendo más de lo normal, es tan raro verte asi.
Aquello fue como un flechazo directo, Neah hizo un gesto de sentirse ofendido.
— ¿Insinúas que soy un amargado?
—...
— ¿Eso es un sí?
Allen se encogió de hombros.
—Sólo digo que no es muy común verte de esa manera.
Neah soltó unas cuantas carcajadas para luego retomó a su actitud normal de siempre. Parecía que el pequeño Allen no había tomado muy bien su comentario.
—Mana ha ido a comprar la cena.
— ¿La cena?
Miraron hacia los costados para cerciorarse que ningún vehículo viniera hacia ellos, cuando vieron que era así, cruzaron la autopista, ya no estaba en la estación de trenes, ahora se dirigían hacia algún paradero para tomar un taxi. Allen dio un veloz vistazo a su entorno, Mana aún no aparecía.
—Oh, sí. Una gran cena.
Generalmente, solían darse esa clase de gustos como un merecido premio por lo bien que les había ido en una presentación. Hace mucho que no habían vuelto a tocar los ropajes bombachos llenos de colores, las pinturas para el rostro y las pelucas que necesitaban, pese a eso, su toque de magia y carisma seguía intacto, incluso se podía decir que había una gran mejora.
— ¿Cuánto va a demorar?
—Mana sugirió que lo esperáramos en casa.
Internamente, Allen deseó que la gran cena fuera un gigantesco banquete sin fin, de sólo imaginarlo le daba ganas de llegar a casa lo más antes posible.
—Mira, un auto viene hacia acá.
Él miró a donde Neah se refería, era un auto negro muy elegante, tal vez demasiado refinado como para que fuera un taxi, era más parecido a los que Mana y Neah usaban cuando eran parte de la familia Noah, como una limosina pero más pequeña. La velocidad del automóvil disminuyó cuando pasó frente a ellos, de improviso la oscura ventana bajó, mostrando a uno de los ocupantes. Lo siguiente que sucedió fue como si estuviera en cámara lenta, escuchó un fuerte sonido ensordecedor muy cerca de él. Tenía la sensación de que no estaba en este mundo, sino, más bien en alguna clase de mundo paralelo mirando desde un lugar alejado lo que acontecía ahí, para de pronto volver a donde realmente se encontraba, el ruido tosco de un auto acelerando a toda velocidad lo hizo salir de su ensimismamiento, ya no había nada,
Volteó para ver al hombre que lo acompañaba, le pareció oír que algo pesado se golpeaba duramente contra la acera.
— ¿Ne... ah?
Su voz dijo su nombre en un susurro que el viento se llevó consigo. Su cuerpo se paralizó, su maleta cayó al suelo pero a él poco le importó. Su mente estaba en blanco, no había ningún pensamiento, no tenía nada que pensar. Sintió su garganta hecha un nudo, le ardía, le quemaba fuertemente, era como si tuviera una soga apretándole el cuello fuertemente. Todo se volvió borroso y las lágrimas no tardaron en aparecer, formando caminos mojados sobre sus pálidas mejillas, cayendo sobre su ropa. Quiso hablar, mover los labios para decir algo, mas lo único que consiguió fue emitir un gimoteo de dolor, dolía, dolía tanto.
¿Qué era esto? ¿Una pesadilla?
Y como si hubiera alguien malvado escuchando sus pensamientos más íntimos, apareció la persona que menos deseaba ver en ese momento.
— ¡Allen!
Giró un poco, Mana venia cargando enormes bolsas en ambas manos y a eso sumado su maleta, si otra hubiese sido la situación, se hubiera reído por la graciosa imagen que proyectaba el adulto. Desde donde estaba podía distinguir claramente el delicioso olor a comida, tenía una bonita sonrisa, algo curiosa, quizás preguntándose porqué seguían ahí si les había dicho que no lo esperaran. Mana no tuvo que pedir explicaciones porque él solo ató los cabos en su cabeza, en menos de un par de segundos su rostro pasó de mostrar alegría a preocupación y luego miedo, mucho miedo. Como pudo, corrió hasta llegar a ellos, Mana pasó de él ni lo miró, sólo se detuvo cuando estuvo a un paso de Neah, soltó todo lo que llevaba encima y se arrodilló, sujetó entre sus brazos el inerte cuerpo de su adorado hermano menor, como si se tratara del más frágil cristal del mundo, tal y como este hacía con él por las noches antes de dormir, sus manos y ropa se mancharon del rojizo liquido de la vida que se escapaba sin ninguna retención.
El silencio fue roto por un llanto que le desgarró el alma, él lo acompañó en su melancólica aria de dolor.
¿Qué era este asfixiante sentimiento que se anidaba en su pecho?
N.A:
Realmente no tengo justificación que valga para disculpar mi enorme tardanza, por eso pido disculpas a aquellos que leen esta historia.
La idea era actualizar este fic en cuanto pudiera ir a una PC e ir escribiendo mientras estuviera en vacaciones pero las cosas nos salieron como pensé. Llegaron mis clases y no tenía nada, salvo una cara de mi cuaderno, la cual rompí, no estaba en mis planes continuar. Sin embargo, hubo personitas queridas, cosas de mi vida y una promesa que me hicieron cambiar de opinión y luego de más de medio año de no escribir nada de MUPUB, decidí retomarlo y aquí me ven.
Ahora, volviendo a lo del fic, aún falta una parte más de los recuerdos de Allen y volvemos al presente. Desde ahora aviso que demoraré porque lo que se viene es algo complicado para mí, será todo un reto escribirlo, pero lo continuaré, tardaré pero lo terminaré, mi meta es terminar esta historia ante de fin de año para sí cerrar este ciclo :D
En fin, espero que la espera haya valido la pena, este capítulo superó al anterior en palabras :')
