Era como la quinta vez que recorría el lugar y cada vez que veía la dirección se daba cuenta que había muchas casas enormes con patios o jardines, clásico de gente con mucho dinero. Alzo la mirada hacia el camino. Continúo su recorrido hasta que cierta voz chillona llamó su atención.
- ¡Mimiii!
Se detuvo en seco para mirar a ambos lados dándose cuenta que el sitio estaba vació y solo ella era la única en el lugar. Miro hacia su bolsillo colocando su mano derecha adentro para sacar de ello un pequeño aparato en el que provenía la voz chillona e infantil.
- ¿Dorumon? ¿Qué ocurre? –pregunto la joven de largos cabellos castaños ondulado que parpadeo un par de veces con la vista clavada en el aparato. Imaginándose al frente suyo a la criatura que estaba dentro de este.
- es que tengo hambre.
Juraría que se iba de espaldas por el comentario inesperado del digimon. Le había preocupado saber que su amigo estaba percibiendo la presencia de un digimon cerca. Pero no esperaba algo como que tuviese apetito. Sonrío agradecida que al menos no se trataba de un digimon que estaba invadiendo su mundo. Suspiro aliviada
- Te prometo que cuando lleguemos a casa de Annie, le pediré algo de alimento para ti–pronuncio la joven segura de sus palabras empezando a caminar por aquel camino silencioso. Volvió su mirada hacia la calle que se encontraba vacia. Noto que estaba en una barriada, pero esa barriada parecía ser extensas al ver casas de dos pisos o grandes mansiones. Dio un pataleo. Alzo la ceja y cruzo sus brazos. Odiaba perderse y no tener la orientación exacta. Sin poder ubicar la casa de su amiga. Apostaba que no era ni el lugar indicado que su mejor amiga le había dado.
- ¿aún falta mucho?
Es que ni ella misma lo sabía. Desde que había llegado a Estados Unidos. Annie como Michael, había sido los primeros amigos que había hecho con el tiempo. Pero a diferencia de Michael que había sido el primero en llevarla a su hogar y conocer a los padres del rubio. Annie era un poco más aislada a su vida personal, pero aun así la pelinegra le contaba acerca de la relación que tenía con sus padres, pero nunca había tenido el privilegio de ir al hogar de su amiga hasta en ese momento. Miro su móvil por unos momentos apretó un botón y lo coloco en su oreja con dos repiques escucho la voz de su amiga.
- Mimi.
Le daba algo de pena es más estaba moviendo su pie derecho en el suelo en forma de vergüenza como si su amiga estuviese al frente suyo. Realmente si la elegían como guía turística no dudaba que se perdieran estando ella a la cabeza.
- Annie… verás… creo que… ¡estoy perdida! –Exclamo dramáticamente la castaña con ojos cristalinos- no tengo la menor idea de donde estamos –apunto de ponerse a llorar e imaginarse que alguien malo pudiese atacarla o secuestrarla. Negó con la cabeza quitándose esas ideas locas de su mente.
- no te preocupes, enseguida mandaré a mi chofer a buscarte
Ese comentario. Era como un tipo de esperanza para la castaña que hace que los ojos mieles de la joven le brillen intensamente.
- ¿Dónde estás?
- heh… pues verás –volteo a mirar el lugar- veo unos barrotes negros y un extenso lugar parecido a un bosque o algo así -informo la joven castaña- creo que estoy al frente de un parque, en realidad, no lo sé –sincero la castaña empezando a caminar- es que esa barriada es muy grande y solo veo enormes casas o mansiones
- mimi…
- ¿sí?
- puedes caminar un poco más
La castaña no dijo nada solo obedeció para caminar viendo lo que parecía ser la entrada de aquel sitio. Alzo la vista para detallar una caseta pequeña donde se veía un señor de cabellos negros y ojos azules saliendo de ella.
- ¿señorita mimi?
La chica dio un respingo para mirar al hombre.
- esa soy yo –respondió la joven algo temida de que ese hombre supiese su nombre o peor aún fuera un acosador.
- la señorita Annie. Me ha pedido guiarla –dijo el hombre amablemente frente a la joven.
- él es Joseph. El portero de mi casa.
- sígame por favor –pidió cortésmente para abrir las enormes rejas oscuras frente a la joven castaña que solo asintió monótonamente con la cabeza. Viendo como las enormes rejas se abría y ver al fondo una enorme mansión sorprendiéndola de sobremanera. Jamás se esperaba ese tipo de sorpresa por parte de su amiga, Annie.
Capítulo 10
El Nuevo Compañero
Parpadeo un par de veces al sentirse demasiado incomoda. Observo a una mujer de unos cuarenta años hacer una reverencia formal inmediato respondió de la misma manera algo avergonzada. Realmente no estaba acostumbrada a la forma de vivir de sus amigos. Aunque no era de familia multimillonaria, ni nada por el estilo. Ella estaba orgullosa porque su padre ganaba bien y le daba lo mejor tanto a ella como a su madre, pero principalmente a ella, porque siempre la encaprichaba en casi todo lo que quería, pero con el tiempo había aprendido que lo mejor era ganarse las cosas a propia voluntad, estando en un país diferente.
- mimi.
Vio detrás de la mujer a una aparecida joven de cabellos oscuros y ojos azulados que bajo las escaleras tranquilamente con una sonrisa en los labios.
- ¡Annie!
La nombrada solo sonrío para dirigir unos momentos su mirada en la mujer de mayor pidiendo algo de té y galletas para ellas.
- iremos a mi alcoba Sarah –dijo la jovencita amablemente- si mamá llega, dile que estoy con Mimi, estoy seguro que le placera conocer a Mimi –comento está para tomar la mano de la castaña y jalarla escaleras arriba.
- entendido, señorita.
La castaña solo se dejó llevar viendo el hogar de su amiga que le mostraba alegremente cada rincón de su hogar, seguido fueron a la habitación de la pelinegra. Maravillada la castaña vio una habitación enorme con pintura rosas y pasteles, enormes estantes donde podía verse libros de diferentes autores y materiales, un gran armario, una puerta donde estaba el baño privado de la joven, un plasma de último modelo sobre la pared, una enorme cama teniendo en ella muchos peluches de diferentes colores y tamaños, un sinfín de posters de artistas o grupos musicales que estaba de moda. Era increíble ver ese tipo de habitación es como si estuviese en un paraíso
- increíble! Dorumon quedara maravillado de una habitación enorme, donde podría incluso correr, jugar a las escondidas o poder caminar abiertamente –comento la joven observando todo la habitación.
- creo que exageras –dijo la joven de cabellos azabache riendo- creo que la habitación de mis padres es más grande que está
La castaña, sonrío. No quería imaginarse la habitación de los padres de ella, seguro era el doble o triple de enorme.
- por cierto ¿y tú hermanito? –pregunto curiosa la castaña al darse cuenta que no había señas del menor.
- Max, él se encuentra en un paseo de su escuela –recordó a su hermanito y sonrío- al menos no tendremos problemas de que Dorumon se esté escondiendo de él
- tienes razón puedo pedirte un favor, sino es mucha molestia –pidió la castaña con semblante serio. Vio la afirmación de su amiga como respuesta- puedo… pedirte algo de alimento para Dorumon! –Pidió la castaña avergonzada uniendo sus dos manos en forma de petición- te prometo pagártelo, Annie. Es que salimos muy temprano y olvide sinceramente darle algo de alimento a Dorumon –dijo con sinceridad la castaña rascándose la nuca a modo olvidadizo.
La azabache solo sonrío para tomar la mano de su amiga.
- somos amigas ¿no es así? –Cuestiono la joven para recibir una afirmación por parte de la castaña- entonces las amigas siempre se piden lo que sea, no es necesario que me pagues nada, Mimi. Además es tu primera vez que vienes a mi casa y sabes estoy alegre de saber que estés aquí.
- oh, Annie –dijo la joven castaña abrazando a su amiga agradecida de no estar sola- eres una de mis mejores amigas y te debo mucho tanto a Michael como a ti. Ya que ambos me apoyan con lo de Dorumon y los digimons.
- y nos tendrás siempre contigo Mimi –aseguro la pelinegra confiada en seguir apoyando a la joven japonesa. Sonrío de manera que hizo que la joven Tachikawa agradeciera una vez más
- ¡quiero comer!
Un aparecido Dorumon hace presencia en el centro de ambas chicas, interrumpiendo por completo la escena logrando que las jóvenes rían.
Sostuvo el celular en su oído escuchando a la persona del otro lado de la línea. Seguido colgó para tomar asiento en su cama, dejo escapar un suspiro resignado. Aquel día no iba poder acompañar ni a Mimi, ni a Annie, en casa de la última. Debido a que su padre quería que lo acompañase aún rodaje de película en Pennsylvannia, por tanto tenía que suspender las actividades de aquel día con las dos chicas.
- joven la limosina está lista.
- enseguida bajo –respondió el chico de ojos celeste que se levantó para tomar de su escritorio su laptop oscuro y meterlo en su mochila. Cualquier caso llevaría la laptop, por si algún tipo de altercado podría ocurrir y su amiga necesitara alguna ayuda.
Ambas chicas observaban al hambriento digimon devorar los alimentos sin contemplación y pedir más de lo que se esperaba. Mimi solo se apeno ante la acitutd del digimon. Dorumon le recordaba mucho al compañero de su amigo Taichi, Agumon. Sonrío de medio lado al recordar a su amigo castaño y a Agumon.
- ¿mimi?
Abrió los ojos para enfocarlos en su amiga pelinegra que la mira curiosa como queriendo saber que tanto pensaba.
- lo siento… me decías.
- ¿estás bien? –pregunta la de ojos azulados mirando a su amiga.
- claro –afirmo la castaña sonriente volviendo su mirada hacia el digimon- solo recordé aun amigo y a su compañero digimon –soltó con sinceridad la joven - es que no he tenido comunicación con los chicos –agrego ella sinceramente.
- ha sido el mes desde que Dorumon ha llegado ¿no es así? –Dedujo la joven de ojos azulados mirando a su amiga que afirmo con la cabeza- y porque no les escribes
No culpaba a Dorumon. En lo absoluto solo que ahora había dejado a un lado la comunicación con sus amigos de Japón ante el hecho de tener consigo aun digimon, que incluso desconocía su propio objetivo al llegar a su ciudad y más ahora que los Digimons traspasaban el digimundo para venir hasta su ciudad. Por tanto su mente estaba más entretenida en la obligación de defender la ciudad y no exponer la existencia de los Digimons al mundo.
- Michael se ha encargado de escribirles por mí –confirmo la castaña con la vista clavada en el digimon- todos se encuentran bien, y me siento feliz de ello.
- no crees que sería correcto decirles a ellos lo que está pasando en nuestra ciudad –sugirió la pelinegra mirando a su amiga.
- lo he pensado mucho Annie –admitió la de ojos mieles con una sonrisa triste- pero creo que lo mejor es evitarles más preocupaciones a su vida, además ya tuvieron mucho el año pasado –fijo su vista hacia su amiga de ojos azules que la miraba, ella estaba consciente de los sucesos - además tengo un gran equipo conmigo –coloco sus dos manos sobre su pecho- tengo a Dorumon, a Michael y a ti, no espero más, porque los cuatro somos un gran equipo –sonrío con aquel semblante lleno de dulzura hacia su amiga.
- ¡por supuesto que sí! –exclamo la pelinegra contagiándose con una sonrisa- además…-se levantó inmediatamente para rebuscar entre su armario una caja para ponerla en el centro de ambas y abrirla- los compre porque sentía que era muy importante –mostro en sus manos un celular frente a su amiga.
- ¿heh?
- Michael estuvo de acuerdo –dijo Annie- estos celulares serán especiales, ya que con ellos podremos comunicarnos ante cualquier situación que aparezca un digimon en nuestra ciudad. Así no tendrás problema con tu antiguo celular, tendrías dos celulares, solo que el segundo es especial. Viene especialmente de tú país, Mimi, Japón.
- es muy cool –hablo Dorumon que había terminado de alimentarse tomando asiento al lado de la castaña observando los aparatos.
- ya terminaste de comer Doru –noto la castaña volviendo la mirada en el digimon.
-la comida de Annie es súper deliciosamente cool –comprobó el digimon con una voz alegre moviendo su cola.
- en realidad. No fui yo quien hizo esa comida –respondió la de ojos azulados- todo el crédito hay que dárselo a Sarah. Te aseguro que te cocinare algún día, ya lo verás –guiño uno de sus ojos y señalo con el dedo índice a la Tachikawa que probaba de su bebida- por cierto, no sabías que mimi es una gran cocinera Dorumon.
-¡heh! ¡¿Mimi cocina?! –exclamo sorprendido el digimon curioso ante tal revelación de la pelinegra desviando su atención hacia la castaña, parpadeo un par de veces, no pensaba que la joven con la que vivía también supiese cocinar
- por supuesto. Sus platillos son riquísimos, Michael te lo puede asegurar –recomendó la joven, recordando al rubio- lo olvide. Michael no podrá venir hoy.
- ¡mimi! –exclamo el digimon tirándose encima de la castaña que por casi, cae de espalda, tomando entre sus brazos al digimon- yo quiero que cocines algo delicioso para mí –pidio el digimon con ojos brillosos.
- claro, Dorumon –respondió algo avergonzada la chica, volvió a reincorporarse y mirar a la chica- ¿ocurrió algo con Michael?
- no es nada. Tuvo que acompañar a su padre aun rodaje –se encogió de hombros, era normal aquel tipo de excusas del rubio. Debido a que sabía que el padre de su amigo, era un reconocido, actor de película- también pidió que cualquier cosa que pueda llegar a suceder se los informemos –mostro el celular con una gran sonrisa orgullosa de su idea.
La Tachikawa afirmo con la cabeza bajando su mirada hacia su nuevo celular.
- bueno a lo que estamos –dijo la pelinegra llamando una vez más la atención de ellos. Se levantó para hacer una seña a que la siguiesen. Camino hacia otra puerta escondida detrás de su librero junto con sus acompañantes.
- no veo nada –se quejó el digimon entre la oscuridad de la habitación seguido se da un golpe directo en la cara contra una pared- esooo dueleee! –ambas garras van directo a su rostro para sentir un poco de luz alumbrar la habitación.
- ¿estás bien Dorumon? –pregunta la elegida de la pureza acercándose al digimon que parecía ser afectado por el golpe.
- si… –dice entre lloriqueos el digimon.
- lo siento.
Se disculpó la pelinegra que había escuchado el quejido del Digimon, seguido encontró el botón de la luz para alumbrar levemente el lugar en el que se encontraba. La castaña observo la habitación para notar que había una enorme pantalla así como varios ordenadores en diferentes puntos de la habitación.
- ¿Qué…?
- esta habitación será como un cuartel secreto del equipo: cazadores de Digimons. Bueno en realidad es solo mandarlos a su mundo. En mi opinión personal suena muy cool, cazadores de Digimons ¿no lo crees Dorumon?
- claro, seremos. Los cazadores de Digimons! –exclamo el digimon muy entusiasmado y dejando en el olvido el golpe contra la pared. Corrió para ver los diversos aparatos que estaban dentro de la habitación, asombrado de ver muchas cosas nunca antes vistas en su vida como digimon.
- olvidaste que les dije que tenía un ordenador enorme –le recordó la ojiazul con una sonrisa para colocar su mano sobre el hombro de su amiga.
La sorpresa en la castaña no se hacía esperar ya que sus dos amigos habían tomado la decisión de ayudarla con todo lo referente a los Digimons e incluso ayudar a Dorumon en recordar sobre su pasado o de dónde provenía. Pero no se esperaba que fueran tan rápidos en tomar cartas en el asunto.
- está pantalla nos indicará el lugar donde se encuentra un digimon –informo la pelinegra tomando asiento en una silla- por otra parte, Michael pudo hacer una conexión fácil para abrir la puerta del otro mundo desde mi enorme ordenador. En pocas palabras no habrá ningún inconveniente. Si no se puede usar las computadoras del salón de informática, podemos venir acá, para que viajes al digimundo, sin ningún problema.
- ¡wuao! –Exclamo el digimon moviendo la cola- eso es muy cool –miro a la castaña- ¿no lo crees mimi?
- sí.
- ¿ocurre algo mimi? –pregunto la pelinegra notando lo silenciosa que estaba su amiga para voltear y mirarla.
- no es nada annie –aseguro la castaña con una pequeña sonrisa en los labios bajando la mirada- me sorprendió saber que Michael y tú se han estado esmerando en ayudarme con respecto a Dorumon y los digimons que entran a nuestro mundo. Por eso no tengo palabras siento que agradecerles es poco –alzo su mirada para ver a su amiga con ojos aguados y en un intento de no querer romper en llanto, una traicionara lagrimas se le cae de su ojo derecho- no quería llorar –sincero la castaña intento restregar sus ojos ante las lágrimas que caían de ellos- lo siento.
Dorumon observo la situación en silencio por alguna razón no quería ver triste a Mimi y aunque sabía que esas lagrimas no eran motivo de tristeza, el ver una sonrisa en la chica lo hacía sentirse mejor. Sabía que los amigos de ella intentaban en ayudar en todo lo que podían por eso él también se esforzaría para convertirse en un digimon fuerte, el más fuerte de todos para protegerla.
Observo hacia la ventana mientras tenía la laptop prendida. Aburrido pensó que de seguro Mimi y Annie a estas horas se alistaban hacia la fiesta que se iba dar en la casa de Katherine, incluso él había sido invitado por parte del hermano de su compañera. Pero debido al llamado de su padre tuvo que posponerlo. Se recargo y cerró los ojos intentando descansar lo necesario. Cierto sonido peculiar le hizo abrir los ojos enfocándolos en su ordenador. Un correo fue lo que llamo su atención.
Se miró en diversos ángulos frente al espejo y sonrío complacida de que el vestido que usaba era sin duda demasiado esplendido, su amiga Annie era buena para escoger ropa y aquel que usaba le encantaba en lo absoluto. Se dispuso a tomar asiento frente al tocador.
- Te queda de maravilla –hablo la pelinegra que ya estaba vestida para acercarse a su amiga- es seguro que el joven Hamilton quedará impresionado –comento la ojiazul que logro confundir a su amiga al nombrar al pelirrojo- je-je algún día lo sabrás, pero ahora lo importante será retocarte un poco y no quiero un no por respuesta.
Dorumon parpadeo un par de veces curioso de lo que sus ojos veían decidió copiar lo mismo que la pelinegra hacia lo primero que hizo fue tomar el polvo y de la misma manera que la ojiazul lo hizo con Mimi. Se puso en su rostro una gran cantidad de polvo que logro incluso hacerlo estornudar; lo segundo había sido la sombra quién miro por unos instantes los colores, no lo pensó dos veces y se empezó a poner sobre su frente y rostro; lo tercera era el lipstick que curioso le fue difícil abrirlo pero sin tener misericordia se lo embarro en el rostro. A los minutos la pelinegra había terminado su objetivo.
- Gracias Annie –agradeció la joven hacia su amiga
- no fue nada, ha sido todo un placer –respondió la aludida para sonreír y dirigir su mirada hacia su habitación en busca del callado digimon. Sus ojos se abrieron y coloco ambas manos sobre su boca.
- oye, Dorumon –llamo a su compañero y lo que vio. la hizo echar su cabeza y cuerpo hacia atrás al ver al digimon acercársele cara a cara- pero que…
Dorumon se quejaba graciosamente al tener una opinión en contra de los cosméticos. Mimi se mantuvo en silencioso quitando el maquilla en el rostro del digimon, sabía que Dorumon era demasiado curioso y en este caso lo había sido maquillándose. Y haciendo todo un desastre con su rostro.
- despreocúpate Dorumon te ves como siempre –hablo la Tachikawa quitando los últimos colores en el rostro del digimon- además… sabes los maquillaje son más para las mujeres que para los hombres –comento está buscando las palabras correctos- esto clara que los digimons no tienen sexo, pero para mí yo creo que tú eres macho ¿o me equivoco?
- ¡por supuesto que sí! –Exclamo el digimon- yo me considero macho, muy macho –se golpeo su pecho con su garra. Mimi sonrío satisfecha con la respuesta acabando con lo último que quedaba del maquillaje.
Parpadeo un par de veces mirando a su amiga Katherine llorar a cantaros, no se esperaba que la ausencia de Michael afectaría a su amiga, miro a la pelinegra que solo reía y a Jean que simplemente regañaba a la pelirroja. Probó un poco de su jugo y volvió a mirar a su amiga sintiéndose un poco mal el verla de esa forma.
- ya deja de dramatizar Katherine –regaño Jean de manera molesta y le dio un golpe en la cabeza a la pelirroja- Ya Michel dio sus razones nada se puede hacer ¿entendiste? Y no por él ahora te vas a poner de esa manera. Entonces fue una pérdida de tiempo que nosotras hayamos venido a acompañarte.
- creo que Jean tiene razón –hablo Annie con una sonrisa- además lo mejor es que nos divertimos en la fiesta de tu hermano.
- Kat nosotras también extrañamos a Michael, él se encontraba entusiasmado de venir a esta fiesta y la verdad no le gustaría verte así –intento animar a su amiga que le miro con ojos llorosos y la abrazo.
- al menos tu si me entiendes mimi –dijo la pelirroja agradecida de tener una amiga como la castaña que la comprendía en toda situación
- sinceramente –Jean dejo escapar un suspiro y miro a la castaña- estoy segura que Mimi no tiene el mismo pensamiento igual que la tuya Katherine, es más diría que está lejos incluso de pensar que tienes interés por Michael –señalo a la pelirroja- ni se te ocurra meterla en tus rollos.
La castaña parpadeo un par de veces sin comprender la situación de sus amigas, miro a su amiga Annie que solo se encogió de hombros restándole importancia. Y antes de que pudiese decir algo sintió alguien colocarse al frente suyo reconoció aquel joven de cabellos rojizos. Se acordó algo y rebusco en su mochila cierto obsequio que le entrego al muchacho.
- quería desearle un feliz cumpleaños Hamilton-sempai –felicito ella entregando al frente el regalo al joven- espero le agrade.
- ábrelo hermano –interrumpió Katherine inquieta al saber que le había regalado su amiga a su hermano.
- no seas imprudente Katherine –hablo Jean de brazos cruzados observando la situación y dejo escapar un suspiro- en verdad que sabes arruinar un momento donde no te llaman.
- muchas gracias Tachikawa –agradeció el joven que alzo el brazo e intento que su hermana menor, no le quitase su regalo- sin duda el mejor regalo que he podido recibir esta noche es tu presencia y claro este obsequio –dijo este con un rubor en sus mejillas y vio como la castaña le sonreía a forma de agradecimiento. Esa joven lucia diferente al resto de las demás chica había algo en ella que a él desde su encuentro le había llamado su atención y no solo por ser compañera de clase de su hermanita o ser unos años menor que él. Sino que Mimi irradiaba una atracción indescifrable para el.
Camino por esos pasillos tumulto de estudiantes su expresión serio y de poco sociabilidad llamaba la atención a más de una mirada femenina que al verlo se sonrojaban o simplemente murmuraban entre grupos. Ignoro todo lo que lo rodeaba y siguió su camino hasta colocarse frente a una puerta. Suspiro y abrió la puerta y sin pensarlo dio pasos siendo la mirada curioso de sus compañeros y tomo asiento ignorando los murmuro alrededor suyo.
- Para la próxima haremos una pijamada en mi casa –propuso la pelirrojo hacia todas- principalmente tu mimi tendrás que venir, no puedes faltar.
La castaña parpadeo un par de veces algo confundida. Sin saber porque ella tenía que ser la que no podía faltar, simplemente sonrío y acepto. La mirada llorosa que tenía su amiga le producía un escalofrío y no tuvo más que aceptar. A su lado su amiga Annie reía y al lado izquierdo estaba Jean que regañaba a Katherine.
- por cierto Mimi –llamo la atención de su amiga que la miro- este fin de semana Dorumon no ha sentido la presencia de otros digimons, ni mucho menos las computadoras nos han dado comunicación de alguno de ellos –dijo la jovencita- no es buena señal, el saber que ningún digimon deambule por ahí.
- tienes razón, Annie, pero…–afirmo la castaña y miro hacia las ventanas mientras caminaban por los pasillos del instituto- no podemos bajar la guardia, ante ese hecho. Además aún no sabemos la existencia de Dorumon en nuestro mundo, creo que aún nos falta por resolver muchas cosas que nos dejan con muchas preguntas.
- Michael y tú hacen muy buen trabajo –admiro la pelinegra de ojos azules- y yo creo que esas respuesta prontamente serán resueltas –sonrío a modo de apoyo hacia su amiga.
- muchísimas gracias, Annie –agradeció la castaña sonriendo para adentrarse a su salón de clase junto con sus amigas.
En ese momento que había entrado a su salón de clase. Jean y Katherine habían quedado sorprendidas por la presencia de alguien nuevo el salón de clase, mientras que Annie seguía conversando con la castaña que estaba entretenida en la conversación. La pelinegra miro por unos instantes a cierta banca e hizo un gesto de saludo con la cabeza.
- Por eso creo que…-dijo Mimi muy entretenida, miro a la última banca y vio que alguien conocido ocupaba aquel puesto que antes estaba vacío- muy buenos días Ishida-sempai –saludo la castaña alegremente que coloco su mochila en su banca de adelante.
- buenos días Mimi.
- como te decía, Annie - dijo la castaña pero su mirada de nuevo fue a la banca que estaba detrás suyo- ¿eh? –miro al muchacho y este le miro- ¿heh? –Siguió mirándolo y este simplemente la miraba curioso- ¿EH? ISHIDA-SEMPAI!
¿Y que tal? ¿como están? yo aqui retomando mis fics, sea como sea tengo que terminarlos me dije y he empezado uno a uno a retomarlos :D
bueno espero que le haya agradado este nuevo capitulo.
