Después de las bienvenidas por parte de mis amigos y compañeros de la prisión y del episodio algo incómodo con Jessie, Deanna llama mi atención y me pide que la acompañe. Me lleva, junto con Maggie, a lo que me presenta como su casa. Es enorme, Dios mío, cada mueble que viste a la casa tanto por dentro como por fuera está impoluto y las estanterías que acompañan a las pareces están repletas de libros. Es súper acogedora. Me habla pero yo sigo embobada mirando a mi alrededor. Me lleva al salón, donde veo algo apartada y encima de un trípode a una cámara de vídeo digital que no puedo ignorar. ¿Qué hace eso aquí? Pensaba que nunca volvería a ver una de éstas
-Siéntate ahí, querida.
Deanna señala un sillón que está al otro lado de una mesa baja de café, hacia donde empieza a dirigir el enfoque de la cámara. Manipula la cámara hasta que aparece una luz led roja que indica que ha comenzado a grabar.
Me siento en el sillón que me ha indicado y sigo mirando a mi alrededor, no había visto algo tan impoluto desde hacía bastante tiempo.
-Bueno... Empecemos. Por favor, antes que nada, mira a cámara y di tu nombre.
Hice lo propio, sintiéndome extraña.
-Emma Clarke.
-¿Cuantos años tienes?
Jah, buena pregunta
-Buff... Si supiera el día en el que vivo...
-Nosotros calculamos que a día de hoy estaríamos a 17 de Febrero.
-¿Y hace unos dos años que todo empezó?
-Exactamente dos, sí.
Conocer el día en el que vives es una sensación extraña. Es como si de repente sintiera que vuelvo a pertenecer al mundo, algo que me estabiliza, como si hubiera estado perdida todo este tiempo.
-Pues entonces hace 16 días que cumplí 27 años.
-Vaya... Felicidades con retraso entonces.
Sonrío por ser educada. Sé que esta mujer solo trata de ser amable, pero mi cumpleaños es una de las cosas que menos me preocupan desde hace ya tiempo.
-Cuéntame, tengo entendido que conoces a un par de personas que están con nosotros en Alexandría.
-Sí...
-¿Por qué os separasteis?
-El día que todos nos separamos fue cuando atacaron la prisión en la que convivíamos todos. Echaron las vallas abajo y solo nos quedaba huir de allí, porque en cuanto a armamento eran mejores que nosotros. Yo... Recuerdo que iba buscando algo... Un arma creo, y entonces alguien vino por detrás y me agarró. En el forcejeo me pegó en la cabeza con la culata de una escopeta que llevaba y perdí el conocimiento. Creo que me dio por muerta porque me dejó allí sangrando por la cabeza. Para cuando desperté estaba totalmente sola, anocheciendo y por suerte ningún caminante había dado conmigo y me había mordido.
Fue tal cual, la sensación de abandono más grande que había tenido. Cuando desperté fui a buscar mis cosas y mientras lo hacía, esquivando caminantes, ví cuerpos sin vida tirados por el suelo, algunos de mi grupo pero ninguno de los más "cercanos", lo que me había hecho pensar que todos se habían ido de allí sin preocuparse por mí.
-¿Has estado sola desde entonces?
-Sí
-No has estado en ningún otro grupo, entonces.
-No. Me he encontrado a mucha gente por el camino, pero... La verdad es que tardo en confiar en la gente.
-Bien. ¿Cual era tu profesión u oficio antes de todo? ¿A qué te dedicabas?
-Antes de todo, me quedaba menos de un mes para graduarme en Medicina.
-Vaya, con que eras médico.
-No oficialmente, no llegué a graduarme.
-Ya, pero acabaste la carrera y tienes los conocimientos necesarios.
-Sí, pero lo que le trato de decir que no tengo experiencia.
-No seas modesta, nos vendrías muy bien aquí aunque no hayas llegado a ejercer.
Yo considero que cuando acabas una carrera ocurre lo mismo o parecido que cuando apruebas el examen de conducir, tienes la base teórica, lo que se debe o no se debe hacer, pero realmente aprendes de qué va la cosa cuando te ves sólo y te las tienes que apañar. Deanna me sigue haciendo preguntas sin mucho sentido, cuáles fueron mis hobbies y cosas así. Después de un rato la conversación ya me agota y Deanna y Maggie lo notan, más que nada porque mis respuestas a preguntas algo complejas son con monosílabos.
-De acuerdo, hemos acabado. Ahora saldremos y nos darás todas las armas con las que has llegado. Es por precaución, a todos los que vienen aquí les pedimos lo mismo y podrás disponer de ellas a su debido tiempo. Te quedarás sólo con tus objetos personales y te asignaremos una casa para que te instales y descanses. En unos días hablaremos de cuál será tu ocupación aquí y...
-Disculpe, siento cortarla, pero no creo que me quede mucho tiempo.
-Vaya. -eso la ha sorprendido, qué ser humano en su sano juicio no desearía quedarse aquí, a salvo de lo que hay ahí fuera- ¿Y puedo preguntarte por qué?
-No creo que mi presencia sea buena para... Los que viven aquí y están sanos.
La cara de confusión de la mujer iba a más.
-¿Estas enferma?
-En realidad no lo sé.
-Explícanos que te ocurre entonces.
¿Quería contarlo? ¿Arriesgarme a que no me creyeran y me intentaran matar? No lo pensé dos veces más, no quería poner a nadie en peligro. Miro a la Deanna y luego a Maggie, que estaba de pie detrás de ella con los brazos cruzados. Las rodillas me empiezan a temblar y yo lo intento ignorar. Me dispongo a levantarme la manga del jersey del bazo derecho mientras noto como las otras dos se miran con cara de circunstancia, no se esperaban nada bueno. Cuando dejo al descubierto la piel de mi antebrazo las dos tragan saliva. Yo, mientras tanto, sigo intentado controlar mis temblores, que alcanzaban ya cada músculo de mi cuerpo.
-¿Hace cuando tiempo de eso, Emma?- me pregunta Deanna, Maggie no articula palabra
-Trece días.
Sí, trece, el número de la buena suerte.
Hace trece días, cuando ya llevaba dos sin dormir y ni hablemos de comer, me encontré una casa de campo enorme prácticamente en medio de la nada, escondida en el bosque. Se me abrió el cielo. Pensé que podría encerrarme allí para poder descansar durante un día o dos, porque llevaba demasiado tiempo al límite de mis fuerzas. Si dentro también encontraba comida, mejor que mejor, un plus. Registré la casa por encima y no me encontré con ningún zombie. Tampoco oí ningún ruido extraño durante los dos días que pasé allí. Mi error fue no mirar cada rincón de la casa a fondo, porque cuando ya me iba y empecé a buscar en las habitaciones ropa limpia que me sirviera, en uno de los armarios había una pequeña sorpresa agazapada que me saltó encima y me mordió.
-Pero no puede ser...-logró decir Maggie
-Maggie, por favor, dile al Doctor Cauldfield que venga, que es urgente.
Y tan urgente, habían metido en "Villa Sanos" a una chica con un bocado de zombie en el brazo.
