Un hombre de treinta y muchos que se ha presentado a sí mismo como Doctor Mark Cauldfield me examina con detenimiento la mordedura de mi brazo. Se ha colocado incluso guantes de látex. Por lo que veo aquí abundan los recursos.
A pesar de que la mujer ha mandado a llamar solo al doctor, Rick también ha venido con él. Está justo detrás de mí y no puedo verle, pero le conozco y sé que seguramente observa la mordedura de mi brazo con el ceño fruncido y sin mover un músculo.
-Mark, ¿es cierto que la mordieron hace trece días?- le pregunta Deanna
El hombre tampoco aparta los ojos de las marcas de dientes, como todos los de la habitación. En realidad los entiendo, porque yo tampoco daría crédito.
-Te puedo garantizar que esto tiene el tiempo suficiente como para que ella ya haya hubiera manifestado la infección. Son marcas de dientes que llevan tiempo cicatrizando. ¿De verdad que te lo hizo un infectado?
Me han hecho ya la misma pregunta al menos cinco veces en los últimos quince minutos.
-Les juro que no miento. ¿De qué me serviría?
El Doctor suspiró mientras sonreía levemente de medio lado.
-Vaya, una entre un millón.
-¿A qué se refiere, Doctor?- preguntó esta vez Maggie
-Que estamos ante uno de esos extraños casos en el que una persona expuesta a un virus no se infecta.
Vale, el Doctor Caulfield y yo coincidimos, eso me alivia. Tenía mis dudas pero yo también empecé a pensar eso cuando la herida cumplió cuatro días. En la Universidad vi prácticamente todas las enfermedades infecciosas de las que se tenía conocimiento y todas ellas eran diferentes entre sí aunque tuvieran patrones de infección parecidos (incubación, condiciones de transmisión. huesped susceptible...). Yo soy uno de esos casos raros que muestran algún tipo de inmunidad a la cepa infecciosa, como Mark dice.
-Wow...- dice Maggie levantando las cejas
-Pero, ¿nos podría contagiar ella a nosotros aunque no manifieste la enfermedad en sí?- pregunta esta vez Rick
-No creo. He leído muchos artículos de investigación sobre enfermedades infecciosas, aunque no sea mi especialidad, y os sorprendería la cantidad que hablan de casos parecidos al de la señorita Clarke, personas que habían estado expuestas a un virus o a cualquier otro patógeno letal y de todas formas no habían enfermado. En esos artículos se investigaba toda la cadena de infección y lo acababan achacando al material genético del paciente, porque no se le encontraba otra explicación. Lo más probable es que este sea un caso parecido. El organismo de Emma detectó el virus como extraño, su sistema inmune le atacó y sus células ni siquiera se abrieron a él. Su sangre filtraría el patógeno en los ganglios y el virus se eliminó sin más. En resumidas cuentas, ella no puede infectarnos a nosotros.
Y es entonces, cuando el doctor acaba de dar su opinión médica, cuando todos los presentes relajan la postura, el ambiente se destensa al momento. Esa desconfianza que las cuatro personas presentes en la sala han mostrado me hace pensar en el resto de habitantes del pueblo de Alexandría. No quiero ser la protagonista de silencios incómodos ni de miradas de desconfianza por tener una marca de dientes en el brazo.
-¿Puedo pediros un favor?
-Sí, cómo no. Adelante Emma. -me responde Deanna con una sonrisa
-¿Podríamos ser discretos en cuanto a esto? Quiero decir, mientras me quede aquí. No me gustaría que la gente se incomodara sabiendo que he sido mordida.
La mujer mira al Doctor, a Maggie y luego a Rick. Los tres le asienten. Deanna se acerca a mí, se inclina para ponerse a mi altura y empieza a frotarme la mejilla con su dedo pulgar, como limpiando las marcas de tierra que seguramente marcaban en estos momentos mi cara. Estoy hecha un asco. En todos los sentidos.
-Salgamos de aquí. Necesitas comer, una ducha y ropa limpia. Has pasado demasiado tiempo sola en el infierno de ahí fuera.
Lo que pasa después de esto es muy rápido. Me sacan de la casa de Deanna y me hacen dejar las armas en una especie de almacén, como Deanna me había dicho que tenía que hacer. La encargada de las armas las anota a mi nombre en el registro y me dice que solo podré disponer de ellas cuando vaya a salir fuera y además tenga el debido permiso para ello. Después me dicen que me instalaré en la misma casa en la que vive Michonne, porque tenía una cama libre desde hacía un tiempo y ella había sugerido que yo la ocupara. Que se haya quedado una cama libre implica que alguien ha muerto, alguien cercano que dejó a Michonne viviendo sola en una casa enorme. Espero que mi presencia también la ayude a ella.
Todo eso ocurre a cámara rápida hasta que me encuentro con Michonne en la que a partir de ahora será nuestra casa, enseñándome las habitaciones y repartiéndonos tareas. Me dice que me pegue una ducha y alucino. Que queréis que os diga, volver a ver salir agua caliente de un grifo es lo mas parecido a un milagro que podré volver a ver en mi vida. Así que aquí estoy, en el baño, quitándome piezas de ropa que podrían tener vida propia. Me desvisto de espaldas al espejo, ya que si me miro en él seguramente vea algo que no me agrade, porque es que en este tiempo me he convertido en un esqueleto andante, de hecho me apuesto lo que sea a que podría contarme las costillas una a una sin esfuerzo si me mirara al espejo. No le quiero dar muchas vueltas más, aquí tendré la oportunidad de ganar peso y tener un aspecto más saludable. Abro la llave de paso y me quedo embobada mirando el agua caer al mismo tiempo que me deshago la trenza que mantenía mi pelo recogido.
Mientras por el desagüe desaparece la tierra que tenía pegada a la piel me planteo si quedarme aquí será buena idea; encerrada en cuatro muros, sin poder salir cuando quiera es una sensación que me agobia, por no hablar de lo tensa que me pongo cuando Rick está a mi alrededor. Es una sensación extraña, que se respiraba ya por parte de ambos si nos remontamos a cuando estábamos aún en la prisión. Ahora creo que esa sensación solo la tengo yo, porque él ha rehecho su vida con otra mujer.
¿Que si iba a interponerme entre ambos? Por supuesto que no. Claro que sigo sintiendo algo muy fuerte por Rick, pero ¿quién soy yo para ponerme en medio de una pareja? Nunca había sido así de rastrera y no iba a empezar ahora. Tal vez me doliera y mucho ver a Rick con otra mujer pero lo único que podía hacer era tratar de que no me afectara. Iba a ser algo muy muy difícil pero más me valía conseguirlo si quería seguir con mi maltrecha vida y encontrar un nuevo objetivo que me empujara a seguir adelante.
En resumidas cuentas, y aunque yo realmente no quería que así fuera, tenía que alejarme de Rick.
