Hoy me han hecho una fiesta de bienvenida en la que todo el pueblo se ha reunido para cenar. Michonne me ha hecho peinarme, ponerme un vestido, unos zapatos que no tuvieran cordones e ir a casa de Deanna a cenar con un montón de gente que no conocía. Me he agobiado a los diez minutos de estar allí por ver a toda esa gente a mi alrededor diciéndome su nombre, hablándome y haciéndome preguntas. Nunca me ha gustado ser el centro de atención. En las dos horas que he aguantado dentro de esa casa he visto suficiente como para decidir que Alexandría no es un sitio para mí y que lo mejor es salir de aquí por patas.

Aquí dentro viven ajenos a lo que pasa fuera. Yo nunca he sido muy partidaria del típico "ojos que no ven...". Está bien que en Alexandría intenten que llevemos una vida normal como la de antes, pero es que hay gente que no sabe ni como te ataca un zombie y mucho menos cómo defenderse ante ellos, porque la gran mayoría lleva dentro de los muros de Alexandría desde que todo empezó. Si un día esas murallas, por muy fuertes que sean se vienen abajo, ¿qué pasará?. He intentado hablar de ello con Rick, le he sugerido que enseñemos a esta gente cómo enfrentarse a ellos pero pasa de mí, solo me dice que aquí dentro estamos bien, a salvo y que nada más hace falta.

Talleres de jardinería, de tejer, merendolas los domingos cuando cae el sol... No, mi sitio no está aquí dentro.

Es por eso por lo que bien entrada la noche he decidido ir al almacén, donde tienen todas las armas, he cogido mis cosas y he trepado el muro.

Estoy ya fuera de Alexandría y camino a paso rápido pero sin correr, porque no quiero gastar fuerzas con la de camino que me queda por delante, y voy pensando también en donde pasar la noche y cómo llegar a Washington.

¿Que por qué Washington? Me han dicho que allí buscan la cura. Y quien sabe, a lo mejor allí sí que sirvo de algo.

Otros de los momentazos de la noche ha sido cuando Jessie se me ha acercado con la hija de Rick en brazos y ha tratado de entablar una conversación un tanto extraña conmigo:

-Con que eras del grupo de Rick, ¿eh?

Yo estaba echándome zumo en un vaso, y Jessie me ha pillado tan de sorpresa que he pegado un salto. Estaba ella sola porque Rick no había venido a la fiesta, tenía turno de noche.

-Sí, no estuve desde el principio pero sí que he estado con ellos desde la prisión.

-¿Y te llevabas bien con todos?

A ver, tengo la suficiente inteligencia como para saber que en ese momento solo estaba interesada en saber la clase de relación que teníamos Rick y yo. Jessie tiene pinta de ser una chica tímida, no se acercaría a mí a intentar sonsacarme algo así si no fuera porque la duda la corroe por dentro, lo que quiere decir también a su vez que no se fía de lo que sea que Rick le ha contado.

-Sí, la verdad es que sí. De hecho para mí han sido como la familia que nunca tuve.

-¿Y cómo era Rick como líder?

Vale, ya estábamos más cerca de a donde ella quería llegar, pero los nervios le estaban jugando una mala pasada. Para cuando llegara al meollo de la cuestión ya se nos habría hecho de día. Es por eso por lo que he decidido atajar.

-Jessie, si me dices qué quieres saber realmente acabaremos antes.

Y se ha sonrojado y apartado sus ojos de los míos. La había pillado.

-Rick, en cuanto a vosotros dos, solo me ha contado que fuisteis muy cercanos, pero hay algo en él que me dice que hubo algo más.

Vaya, la definición de pareja de Rick resulta que es "muy cercanos". Vale que no llegamos a consumar, pero fuimos lo que comúnmente se considera una pareja. Algo me decía que este tema le estaba quitando el sueño a Jessie, así que he sido lo más sincera y clara posible:

-Jessie... Yo no sé cómo lo ve él, pero desde luego fuimos pareja durante un tiempo. Luego atacaron la prisión y nos separamos. No sé si después de tanto tiempo me dio por muerta o algo porque no he hablado con él desde que llegué, pero es obvio que él a mí me ha olvidado porque ahora está contigo. Y en cuanto a mis intenciones, si es que te lo preguntas, no voy a hacer nada. No me voy a interponer entre vosotros. Él ha pasado página, está contigo y se os ve felices, no voy a llegar yo ahora a estropearlo. Por mi parte puedes estar tranquila.

Cuando le he dicho eso, ha respirado hondo y me ha dado las gracias. Gracias porque gracias a esa conversación podrá volver a conciliar el sueño por las noches.

Llevo ya un buen trecho andado por la carretera recta que sale desde los muros de Alexandría, y voy tan sumida en mis pensamientos que no oigo como alguien se me acerca por detrás corriendo. Me doy cuenta cuando ya es demasiado tarde, cuando sus pasos son ya muy sonoros y a mí no me da tiempo a reaccionar. Ese desconocido me agarra haciendo que mis pies dejen de tocar el suelo y me tapa la boca para que no grite. Genial.

Nos tiramos un rato así, forcejeando. Ese alguien chista para que no haga ruido pero yo no dejo de intentar gritar. No tengo opciones y no puedo respirar, así que decido hacer uso de mi pequeña navaja, la saco del bolsillo de atrás de mi pantalón y le intento dar a ciegas.

-¡Soy yo! -exclama en susurros, agarrándome la mano donde llevo la navaja- Soy yo.

¿Rick? ¿En serio? Dejo de hacer fuerza y entonces me suelta. Me pongo de cara a él y antes de que pueda hablar, se me adelanta:

-¿Dónde demonios ibas?

-Washington.

-¿¡Qué!?

-Me han dicho que allí están investigando para buscar una cura. A lo mejor allí sirvo de algo.

Ha sido... durante la dichosa fiesta de bienvenida que me han organizado. Ha habido un momento en el que he tenido que salir al jardín para poder respirar y descansar de todo el barullo de gente que había dentro de la casa. Fuera, en el jardín, había un chico que se me ha presentado como Eugene, era el único que parecía tan perdido y tan fuera de lugar como yo, así que me he acercado a él, me he presentado yo también y he tratado de entablar conversación. Me ha contado muy apático y sin mirarme a los ojos que él también había pertenecido al grupo de Rick, cuando aún estaban fuera. Es una persona un tanto extraña y a los demás seguramente les incomode su forma de actuar, pero para mí sólo es alguien diferente. Durante la conversación me ha hablado de Washington, me ha contado que su destino realmente era ese, porque está completamente seguro que es allí donde se está investigando la forma de acabar con esta "plaga", como él la llama. Cuando de los labios de Eugene ha salido la palabra "Washington" inmediatamente he sabido que es allí a donde debía ir.

-No... Tú no te vas a ninguna parte.

Es por esto por lo que no le de dicho a nadie que me iba. Bueno, a Michonne le he dejado una nota encima de mi almohada, muy cutre lo reconozco, pero es que si ahí dentro hay que pedir permiso para todo ni hablemos de que te dejen salir o irte...

-¿No podríamos haber hablado de ello por la mañana?- me pregunta Rick irritado

-En cuanto llegué dije que no me quedaría mucho tiempo.

-No llevas aquí ni dos días y ya te quieres marchar. Además es de noche, cuando los caminantes están más activos. Salir ahora ha sido una real estupidez por tu parte. ¿Eres idiota?

Oh, vaya, ¿ahora se lleva lo de ofender sin venir a cuento o qué?

-Rick, yo no me infecto.

-Eres inmune, no inmortal. Puede que no te infectes si te vuelven a morder pero una manada de caminantes te puede hacer pedazos igualmente. Vamos dentro.

-No.

Rick me está empezando a poner de mala leche. Con esto de que él ahora es la ley aquí, cree que puede ordenar a todo el mundo que haga lo que él quiera y cuando él quiera, como un dictador.

-Emma, he dicho que volvemos dentro.

-Y yo te estoy diciendo que no. No quiero volver.

Me mira fijamente a los ojos apretando la mandíbula. Cuando empiezo a pensar que en este silencio está sopesando la posibilidad de dejarme ir, todo da un giro drástico:

-No me dejas otra opción.

Y en un movimiento tan rápido que no me da tiempo a reaccionar, me atrapa la muñeca con una de las esposas que él, hasta hacía segundos, llevaba enganchadas a la parte de atrás del pantalón, luego se pone detrás de mí y me pone la otra.

-¿Qué cojones haces Rick?

-Si tú no quieres volver por tu propio pie, seré yo el que te lleve dentro. -giro la cabeza y le miro incrédula, él por su parte me da un empujón en el hombro y me dice:- Camina.

Joder, esto es serio. Rick dirige mis pasos por la carretera de vuelta hasta atravesar el portón que da entrada a Alexandría, el cual cierran los chicos que hacían guardia también esta noche en los muros, y luego me lleva hasta la comisaría. No dice ni una palabra en todo el camino. Luego me mete en una habitación donde hay un escritorio y al fondo unos barrotes negros que van de pared a pared y hacen las veces de celda. Rick me mete dentro después de quitarme las esposas y hacerme darle la mochila y la navaja que llevaba en el bolsillo del pantalón. Tras eso, cierra la puerta de la celda sin muchos miramientos y me deja allí dentro.

Yo trato de salir de mi trance y analizar la situación: sólo quería irme, no he molestado a nadie ni roto nada. ¿Por qué estoy ahora en un calabozo? ¿Y por qué me da la sensación de que a la situación aún le queda por empeorar? A saber la cola que trae esto...