Rick POV

Esto se ha convertido en un juego aunque sea serio.

Todos los días al anochecer se declara el toque de queda, es una medida que decidimos tomar hace tiempo porque creemos que los habitantes de Alexandría se sienten más seguros así. Es una norma más.

La cosa es que como siempre pasa, hay gente que no está muy de acuerdo con las normas.

Emma no respeta el toque de queda. Ella sale por la noche. Aún cuando el Doctor Mark Cauldfield le da medicamentos para que concilie el sueño y que se suponen que la tienen que dejar fuera de juego, sale de casa, la que comparte con Michonne, y deambula por ahí hasta que la encuentro en un rincón escondido, con la mirada perdida y tarareando alguna canción.

Yo y Michonne nos repartimos los turnos, cada semana a uno le toca vigilar por la noche y al otro hacer el turno de día. Emma ha estado haciendo esto toda esta semana en la que la obligamos a quedarse aquí, cuando me toca a mí vigilar por las noches.

El primer día informé a Deanna de que Emma había salido de casa e incumplido el toque de queda como habría hecho con cualquier otro habitante de Alexandría. Además era la segunda vez que lo hacía después de haberse intentado marchar la otra noche. Deanna, por su parte tomó una medida algo drástica: prohibió a Emma salir de su casa durante el resto de la semana e hizo a Mark aumentarle las dosis de tranquilizantes. Que las drogas que le dan la dejen casi sin saber quién es no la ha frenado para seguir saliendo por las noches.

Yo, por mi parte, informé de la primera vez pero no del resto. No lo hago por algo que ocurrió la segunda noche, cuando no esperaba encontrármela de nuevo:

La encontré durante una de las rondas, en el parque. Emma estaba detrás de un árbol, sentada en el suelo con las rodillas encogidas y arrancando la hierba del suelo con la mirada apagada.

-Emma... -la llamé pero no reaccionaba, seguía igual de abducida arrancando hierbajos del suelo- Emma, vamos, te llevo a casa.

-Esa no es mi casa.

-Es de noche y no puedes estar aquí.

-¿Y qué vas a hacer? -dijo, apartando al fin la vista del suelo para mirarme a mí- ¿Decírselo otra vez a Deanna para que me tenga en esa casa encerrada dos semanas en lugar de una y le mande a Mark que me dé más tranquilizantes hasta que no pueda ni abrir los ojos?

-Vamos, Emma.

La agarré de los brazos y la levanté del suelo casi sin esfuerzo, porque en el tiempo que llevaba sin verla se había quedado en los huesos. Ella seguía:

-No... Mira, ¿sabes qué? Puedes hacer algo mejor. Le puedes decir el número de veces que le atravesé a Zack la cara con un machete. Fue lo único que te faltó por decir en el juicio. -no contesté, de hecho me quedé de piedra cuando Emma dijo aquello. Ella aprovechó mi silencio para hacer que la soltara de los brazos dando un tirón- También puedes sugerirle que me encierre por homicidio. En ese bar maté a un montón de personas y en una civilización como Alexandría una asesina como yo debería de estar entre rejas. -yo seguía callado mientras observaba a Emma decirme todo aquello con los ojos llenos de lágrimas, lágrimas de enfado y rabia- ¿No le parece agente?

Me provocaba más y más para que le contestara, pero ni yo mismo me considero un hueso fácil de roer.

-No puedes estar aquí Emma. En tu estado es peligroso.

-Por favor, deja de mentir. Hazlo más por ti que por mí. No te importo una mierda. -tragué saliva. Estaba realmente dolida por todo y yo no era capaz de contestarle. La intenté coger de nuevo del brazo para acompañarla a casa, pero rechazaba totalmente cualquier contacto físico conmigo, hizo que la soltara de otro brusco tirón- Déjame, me sé el camino. Puedo ir yo sola.

Fue ese día cuando realmente me dí cuenta de lo que estaba haciendo. Lo único que quería para Emma era que no volviera ahí fuera y que se volviera a someter al peligro del mundo exterior. Por el camino yo había sacado a relucir todos sus trapos sucios y había hecho que la tuvieran presa en su propia casa. Fue esa segunda noche cuando me di cuenta de todo lo que estaba haciendo mal y de lo injusto que estaba siendo. Sabía que si la dejaba salir y volver fuera, a que ella siguiera el camino que quería, no la volvería a ver jamás. Y por mucho que me cueste reconocerlo, no podría soportarlo.

El día que el gobernador atacó la prisión, cuando lo único que nos quedaba era salir corriendo de allí, la busqué por todos lados, hasta que a lo lejos reconocí su ropa. Ella estaba tirada en el suelo, con los ojos cerrados y sin moverse. En aquel momento los pies se me quedaron pegados al suelo, mirando fijamente hacia donde ella estaba y no podía moverme ni reaccionar. Fue un shock. Creí que estaba muerta. Después recuerdo a Carl diciéndome a gritos que no podría hacer nada y que por favor saliéramos de allí. El mundo se paró para mí aquel día y solo volvió a girar cuando llegué a Alexandría.

En cuanto a las demás noches, han sido todas iguales. Digo que es como un juego porque ella sale y yo sé que lo hará, así que la busco y cuando doy con ella la llevo de vuelta a casa. Es como jugar al escondite todas las noches. Ella, durante esto, no me dirige la palabra, ni me mira, además de que no quiere ni que la toque.

Su rechazo hacia mí es algo que me he buscado yo solo.

Cuando la llevo a casa, intento hacer el menor ruido posible para que Michonne no se despierte. Emma sube las escaleras agarrándose al pasamanos y a la pared, porque no puede casi ni tenerse en pie, y va a su habitación. Yo me quedo en el salón unos quince minutos, luego subo y compruebo que Emma realmente se ha quedado dormida. Después salgo de la casa y continúo la ronda intentando sacarme a Emma de la cabeza sin mucho éxito.

Hoy me está costando encontrarla más de lo normal, quizá hoy sí que se ha quedado dormida y no ha salido.

Decido pasar por su casa, para comprobar que todo está bien, y entonces la veo. Se ha subido a la parte del tejado que da a su jardín trasero y está allí sentada con la mirada fija en el cielo. Esa parte del tejado es totalmente plana y no tendría que suponer mayor peligro, pero igualmente me preocupa que esté ahí arriba, así que no lo pienso dos veces; entro en la casa, subo las escaleras y salgo por una ventana abierta que hay en el piso de arriba, la misma por la que ella ha accedido al tejado. Emma nota mi presencia nada más poner un pie en el tejado y me mira de reojo, sin darme mucha importancia. Ella ya daba por hecho que iba a venir.

-Estoy en casa, así que técnicamente no estoy incumpliendo ninguna norma.

Me ahorro el mismo discurso de todas las noches que la he encontrado fuera incumpliendo el toque de queda y lo que hago ahora es acercarme a ella y sentarme a su lado, imitando su postura, con las rodillas encogidas y rodeándome las piernas con los brazos. Los dos nos quedamos un rato en silencio mirando al cielo. Hoy la luna llena viste el cielo e ilumina tenuemente cada parte del pueblo.

-¿Sabes? Nunca pensé que alguien a quien he querido tanto pudiera hacerme tanto daño sin ni siquiera usar la violencia.

La miro, tragando saliva. Sabía que lo que estaba haciendo no estaba nada bien, pero que ella lo exprese así es más duro todavía para mí.

-Todo lo que hice o dije en el juicio fue por ti, Emma. Pensaba que era lo mejor.

-Impedirme hacer lo que quiero es una curiosa forma de querer lo mejor para mí.

-Hay un largo camino hasta Washington y yo sabes. Te puede pasar cualquier cosa antes de que llegues.

Ella suspira y vuelve a mirar al cielo. Sé lo que quiere. Busca que le diga algo que no tenga que ver con el porqué se tiene que quedar, quiere saber el porqué yo no quiero que se vaya.

-Dentro de dos días se acaba la semana en la que me habéis obligado a quedarme aquí. Mark dice que mi estado mental es bueno, que no muestro ni un ápice de inestabilidad. Curioso, ¿no? -me mira alzando una ceja y con los ojos apagados- ¿Qué harás cuando le diga a Deanna que no quiero quedarme?

El estómago se me encoge y la boca se me seca al momento. La verdad es que no había pensado en ello. Deanna lo dijo tanto en el juicio como en nuestra reunión de deliberación. Yo insistí y mucho en que Emma se quedara durante un tiempo para recuperarse del camino que había recorrido hasta aquí. Me costó mucho que Deanna aceptara que esa temporada fueran solo siete días. Después acordamos que la dejaríamos marchar si el informe de Mark daba el visto bueno al estado de salud física y psicológica de Emma.

Intenté creer que la oferta de Deanna a Emma, en la que le ofrecía quedarse aquí para poder ser médico, le sería más atractiva que volver a estar fuera. Pero ya veo que no.

-Los dos sabemos que si sigo en Alexandría es porque tu así lo has querido, y la verdad es que no entiendo por qué. Ya me diste por muerta en la prisión y ahora estás con Jessie. -Jessie. A ella no la miro igual desde que Emma llegó, y ha comenzado a darse cuenta de lo que pasa. Aparto los ojos de los verdes de Emma y miro al suelo, odiándome a mí mismo- No entiendo que pinto yo aquí viendo día tras día a alguien a quien no he olvidado manteniendo una relación estable y feliz con otra persona. -ella guarda silencio, creo que esperando una contestación por mi parte. Lo único que soy capaz de hacer es morderme los labios mientras niego con la cabeza- Rick, mírame. -le hago caso y vuelvo a buscar sus ojos con los míos. Me mira suplicándome algo que no tardará en materializar en palabras:- Déjame ir.

Aprieto los dientes y me levanto casi de un salto, queriendo salir de allí aunque no sepa ni a dónde. Dentro de dos días Emma se irá y yo no podré hacer nada al respecto. Salgo de la casa casi corriendo, como si estuviera en llamas. Intento tranquilizarme caminando, pensar en otra cosa, pero no puedo. Voy a la comisaría a hacer algo de papeleo e intentar olvidar así todo el asunto, pero tampoco tiene mucho éxito. El resto de la noche pasa muy despacio, eterna, casi como una tortura.

Cuando vuelvo a pasar por su casa a las cinco de la mañana, durante mi última ronda, ella ya no está en el tejado.