Capítulo 3.
No tenia otra alternativa más que obedecer, era uno contra dos.
Levante mis manos y baje lentamente para dejar el arma en el suelo.
—Ya esta chicos, dejen ir a la dama. —manifesté.
—Mmm creo que no. —declaro la mujer que sujetaba a la joven.
—¡Alto ahí! —gritaron.
Volteé hacia donde hablaron y resultó ser mi compañero, Roy. El hombre que se encontraba detras mío comenzó a disparar-le, haciendo que Mcfly cayera al suela y regresará el disparo, por suerte Roy contaba con un buen chaleco anti balas; tras varios golpes efectuados por mi compañero, el hombre también cayó al suelo.
—¡NO! —vocifero la compañera del hombre, al mismo tiempo que arremetia contra nosotros.
Tome mi arma y huí de la linea de fuego lo más rápido que pude, logrando llegar hasta un sofá, pero Mcfly no tuvo la misma suerte. Al querer ponerse de pie, recibió más disparos, cayendo de nuevo, pero esta ves era diferente, con la luz de mi linterna observe que tras el ultimo golpe, salio sangre de su cuerpo.
—¡ROY! —grite estremecido.
Al no escuchar mas disparos por parte de la mujer, salí del escondite apuntando hacia el escritorio. Justo en ese momento observe como su silueta salía por una de las ventanas, rompiendo-la; corrí hacia ella, pero al ver hacia a bajó, ya no se encontraba, no habia rastro alguno.
—¿Estas bien? —pregunté a la joven.
La dama, quien me advirtió en un inicio, se encontraba de pie frente al escritorio, con su vista fija en mi compañero. Me acerqué a el lo mas rápido que pude; al revisarlo, note que las balas habían perforado varias veces su chaleco, permitiendo que una de ellas lo traspasará.
—Roy, tranquilo —comenté afligido— todo estara bien.
Tome la cabeza de Mcfly y la coloque sobre mis piernas. En eso, mi compañero levantó su mano y la colocó sobre mi brazo.
—L-leon... protege-la. —balbuceo.
Luego bajo su mano; sus ojos se iban cerrando poco a poco, de su boca salía sangre; el disparo perforó uno de sus pulmones, por lo que no duraría mucho.
Y finalmente falleció.
«¿Cómo mierda deje que sucediera esto? ¿por qué no hice nada? no es justo que mi compañero tenga que sufrir esto, ni siquiera tendría que suceder o al menos no a el, no tan joven».
—Lo siento.
Mencionó la joven, quien se agachó y se posiciono junto a mi; después colocó una de sus manos en mi hombro.
Igual ya no importaba, lo hecho, hecho estaba. Al menos podría cumplir el ultimo deseó de Roy. Tome a la joven del brazo e hice que ambos nos pusiéramos de pie.
—Tengo que poner-te a salvo —manifesté—. Vamos.
Comenzamos a caminar, con pasó apresurado, para salir de ese infierno lo mas rápido posible.
—Leon, ¿cierto? —preguntó la dama.
—¿Qué?.
—Tú nombre, ¿Leon?.
—Oh, si —comenté—. Oficial Leon Kennedy.
—Un gustó, soy Ada —Se presenta—. Gracias por salvarme.
[ Frente al Edificio ].
Una ves fuera y a salvo, me dirigí al vehículo; subí a Ada y después solicité apoyó.
—Fue el —referí—. Yo no te salve, fue mi compañero —«Y así fue, Roy combatió contra esos secuestradores, aun sin saber a que o por qué se enfrentaba; lo hizo por el, y por la vida de esta mujer» reflexioné—. Ada, ¿qué sucedió? ¿por qué te tenían secuestrada? —interrogue— algo querían de ti como para tratarte de esa manera.
Señale los golpes y arañazos que tenia sobre su rostro y cuerpo. En segundos, la lluvia se dejo caer, sin pronóstico alguno; Ada y yo observábamos a través de las ventanas, con la vista fija en la gran corporación.
—Yo... no es algo que pueda decir, simplemente lo hicieron.
—Ya, pero sabes que puede volver a suceder, ¿verdad? —cuestioné— sólo, ten más precaución, no deberías estar sola tan noche.
Minutos después llego la unidad S.W.A.T. junto a una ambulancia y un vehículo policial. El jefe en turno descendió del automóvil, después yo y me encaminé hacia el.
—Kennedy, ¿qué rayos sucedió aquí? —interrogo el jefe, con su mano sobre su rostro, cubriendo-se de la lluvia.
—Es Roy, señor —formule—. E-esta muerto.
—¿Está seguro, oficial?
—Si, se encuentra en el sexto piso.
El equipo S.W.A.T. comenzó a desplegarse e ingresaron al lugar. Yo me dirigí por Ada y la lleve hasta la ambulancia para curar las heridas en su rostro y partes de su cuerpo.
La joven rondaba por mi edad, quizá un poco mayor, pero eso no le impedía ser hermosa; tenia puesto un traje de negocios negro, un conjunto de chaleco y falda, con tacones.
—¿Quién es la señorita? —cuestiona Raymond.
—Su nombre es Ada —replique—. Ella era rehén en el último piso.
—Bien, lleva a la dama a la estación, hay que hacer-le unas preguntas. —ordena el jefe.
Asentí y aborde mi unidad; conduci hasta la estación en completo silencio, «realmente debo tener mala suerte como para perder de esa forma a mi primer compañero, en mi primer día como oficial» pensé.
[ Estación de Policía ].
En un pestañear llegue a la comandancia; baje del vehículo y ayude a la joven a ingresar al edificio. Una ves dentro, pedí un formulario a la secretaria en la recepción, llevaría a Ada a una sala de interrogatorios, esperando que resuelva las dudas sobre este caso.
