Los siguientes dos días tras mi partida de Alexandría camino a Washington pasan como a cámara lenta y casi sin sonido. Iba a ser algo que me iba a cambiar la vida, de un manera u otra. Tal vez, siendo muy positivos y muy optimistas, podría ayudar al mundo entero con mi caso. Si mis expectativas se cumplían, en DC habrían decenas de científicos expertos en el campo que podrían estudiar mi caso y podría ayudarles muchísimo para buscar una cura a esta locura de pandemia.
Un día y medio después de partir de Alexandría y parando solo en el camino para dormir y descansar unas horas, estábamos a pocos kilómetros de DC. El corazón me iba a mil conforme nuestro destino se acercaba. Al principio, conforme nos adentrábamos poco a poco por una de las carreteras principales de la ciudad y no veíamos nada que indicara que este lugar significaba salvación y protección del apocalipsis, nos asustamos un poco. Luego empezamos a ver el oscuro muro.
No sé si es porque he visto demasiadas películas o qué, pero me esperaba algo más espectacular. En lugar de encontrarnos con varios niveles de murallas y de avanzada protección, nos encontramos con trampas sencillas y muy básicas para caminantes. Primero, a ambos lados de la carretera, lo que había era un foso bastante profundo donde todo caminante que cayera se rompería sus dos piernas ya podridas y no podría salir. Ese foso estaba irregularmente repartido e igualmente me parece incluso demasiado vacío, por lo que supongo que lo limpiarán cada pocos días.
En cuanto a protección contra zombies no hay mucho más. Un par más de trampas igual de simples.
Luego, aunque lo tengamos lejos, comenzamos a ver el muro. Es gigante, su ve muy estable, es de un color oscuro y se ve súper seguro. Es también robusto, grueso y fuerte. No se pude ver lo que hay al otro lado, en eso me recuerda a Alexandría. No sabría decir de qué material está hecho, porque supongo que será una mezcla de todo, pero está claro que ni incluso la manada más grande de zombies lograría echarlo abajo.
Tardo poco en caer en la cuenta que todo el esfuerzo que no han invertido en seguridad contra zombies lo han invertido en seguridad contra humanos. En la parte más alta del muro se ven a varios hombres armados protegiendo esa especie de "frontera". Además por todo el muro, a cada pocos metros, está pintada con spray blanco la frase "Extranjeros dirigirse a la entrada principal".
Íbamos bien, porque la puerta o la parte de la muralla principal, la considerada de entrada, quedaba justo al acabar la carretera por la que íbamos. Intentar entrar a Washinton era como intentar entrar a un país extranjero. En la puerta habían por lo menos cuatro guardias armados hasta los dientes, que seguramente no nos habrían quitado el ojo de encima desde hacía por lo menos medio kilómetro. Tenían el dedo en el gatillo y estaban preparados para disparar. Nos hacen parar a pocos metros de la primera ventanilla y en el caso de Aaron y Daryl, que van por delante de nuestra caravana con su coche, se conforman con echarle un vistazo al coche desde fuera y abrir el maletero, pero en nuestro caso, con la caravana, uno de los guardias nos hace abrir la puerta y entra dentro, echando un vistazo rápido a todo y volviendo a salir.
Después nos hacen seguir avanzando y en la primera ventanilla, que me recuerda mucho a la de un peaje, un hombre rechoncho, vestido de uniforme y con bigote nos da la bienvenida con una sonrisa de oreja a oreja:
-Sean ustedes bienvenidos a Washington.
Nos coge los datos, no demasiados, solo nuestros nombres, apellidos, edad, lugar de procedencia... Algunas cosas básicas. Luego el hombre de la ventanilla, que se nos presenta como John, nos informa que lo que tenemos que hacer más adelante es dejar la caravana, entregar las armas si las llevamos y continuar el resto del proceso a pie, del cual nos irían informando.
Nos hacen entrar a todos en una sala donde hay cuatro guardias, uno de los cuales nos hace sacar todas las armas que tengamos y dejarlas encima de una mesa. Cuando hacemos todo lo John nos dice que debíamos hacer, Deanna toma el mando. Se acerca al agente que más autoridad parecía tener de todos los que estaban allí registrando cada milímetro de nuestro equipaje y le dice:
-Señor agente, necesito hablar con quien quiera que esté al mando aquí. Mi nombre es Deanna Monroe y fui congresista en Ohio. Traigo algo que puede ser la salvación de la humanidad -me mira justo cuando está diciendo esa frase y el agente hace lo mismo-, así que creo que lo mejor será no perder mucho más tiempo.
El agente, que es un chico que rondará mi edad, asiente y sale de la habitación sin decir ni una palabra. El que no haya hecho más preguntas me hace pensar que haya reconocido a Deanna.
Quince minutos después, los seis estamos reunidos con la persona que dirige todo el cotarro aquí y no es otro que el principal consejero del que fue el último presidente de América, Thomas Jackson, que viene a recibirnos él mismo en persona. A Deanna le da un abrazo amigable y habla con ella durante un corto instante de tiempo, por lo que todos los que estamos en la aséptica habitación de registro consideramos que se conocen.
Es Deanna la que hace los honores de presentarnos uno a uno al Señor Jackson. A mí me deja para el final:
-Y esta es Emma, la joya de la corona.
-Es un placer conocerla, señorita.
-Lo mismo digo, Señor.
Deanna le pide algo de privacidad a Thomas Jackson para hablar con él, ya que tiene que contarle algo muy importante. Ambos salen al pasillo y los que nos quedamos en la habitación permanecemos en silencio, mirándonos los unos a los otros sin decir una palabra. Unos cinco minutos después, ambos vuelven a entrar, el hombre me mira con cara de escepticismo y se acerca a mí pidiéndome permiso para examinarme el brazo. Cuando ve la cicatriz de los dientes se queda blanco.
-Vaya, vaya. Pues sí que vas a resultar ser la joya de la corona. Y también la salvación de la humanidad.
Y yo lo único que puedo hacer es suspirar y dibujar una sonrisa triste en mi rostro.
[Daryl's POV]
Cae la noche cuando conseguimos salir de DC. Los mandamás pretendían hacernos pasar la noche allí pero me he negado en rotundo.
Después de que los "mejores médicos y científicos de Washington" se llevaran a Emma para hacerle un chequeo antes de empezar con no se qué pruebas, nos han tenido horas acribillados preguntas. Como si fuésemos terroristas. Para cuando han acabado nos han ofrecido un apartamento, en los que la gente que vive allí está instalada, para que pudiéramos descansar antes de volver a partir. Yo lo único que he pedido en ese momento ha sido ver a Emma para poder despedirme de ella y desearle suerte, pero no me han dejado.
Eso es lo que más de mala leche me ha puesto. Se la han llevado y ni siquiera nos han dejado decirle adiós.
Deanna, Spencer y Michonne sí que se han quedado para descansar. Yo le de dicho a Aaron que me quería marchar de allí echando leches a la de ya, y que me llevaría el coche, por lo que tendría que irse en la caravana con los demás. Aaron me ha contestado que vendría conmigo pero que él dormiría en el coche mientras yo conducía.
Mientras nuestro coche avanza alejándose de los muros de Washington, adentrándose en la oscuridad de la carretera, intento averiguar qué es lo que me ha dado tan mala espina de ese lugar. Obviamente está bien protegido de caminantes y los que viven dentro se sienten seguros y a salvo, pero hay algo que no me ha acabado de gustar y que me ha hecho salir por patas de allí.
Para cuando me quiero dar cuanta ya está empezando a amanecer. El cielo hasta hace unos minutos estaba teñido de negro, pero poco a poco ha comenzado a convertirse en un azul muy muy oscuro. El azul oscuro se está aclarando poco a poco en el cielo y a mí os párpados me están comenzando a pesar. La luz es ya notable cuando Aaron se despierta. Comenta algo de que tiene hambre pero, en los días en los que vivimos, eso no es una gran novedad.
La cabeza me pesa y los ojos me pican. Aaron me pregunta que si cambiamos y así conduce él mientras yo intento dormir, pero me niego. Conduciendo de noche he adelantado mucho el trayecto, nos queda al menos medio día de camino para llegar a Alexandría y prefiero una cama a un asiento de coche.
Mi mente empieza a vagar de un pensamiento a otro, ninguno con demasiado sentido, como lo que ocurre cuando te estás quedando dormido, pero como sigo con los ojos abiertos ni se me pasa por la cabeza que esté a punto de entrar en la primera fase del sueño.
Luego es cuando empiezo a oír gritar a Aaron.
-¡LE VAS A ATROPELLAR! ¡Daryl, frena!
Por puro reflejo, le pego un buen pisotón al pedal del freno. No es lo más aconsejable. Las ruedas del coche podrían patinar, el coche dar una vuelta de campana y nosotros acabar dentro de un coche que está cabeza abajo, pero adivinad. El coche patina pero lo único que hace es girar noventa grados. Lo bueno es que no hemos acabado del revés, lo único que le ha pasado a nuestro coche es que ha quedado atravesado en mitad de la carretera en horizontal. El motor no ha dejado de rodar, así que, quitando el susto estamos bien.
-Mierda. -gruño yo
-Tendrías que haberme dejado conducir a mí cuando he despertado.
-Ya...
-Casi atropellas a ese chico.
Y señala al arcén de la carretera, por donde un chico de como mucho unos veinticinco se viene acercando a nuestro coche. Cuando Aaron me ha gritado diciendo que iba a tropellar algo me pensaba que sería un caminante o un animal. No sé por qué no me esperaba a un chico que no está infectado.
-¡Ey! Tíos, ¿estáis bien? ¿Necesitáis ayuda?
