-En DC no eres dueño de tí mismo. Si les vales de algo se las arreglarán para utilizarte, te exprimirán sin que tú ni siquiera te des cuenta de ello.

Ese era el resumen que Harvey nos había dado de su mala experiencia en Washington. Igualmente, el chico defendía también algunas partes buenas del sistema que tenían allí dentro, pero como siempre pasa, la gente se acuerda más de lo malo que de lo bueno.

-Entonces, ¿cuál es el plan?

Daryl me hace la pregunta del millón cuando estamos a pocos kilómetros de Washington. Está anocheciendo. Tengo un plan no muy bien formado en mi cabeza, algo poco común el mi.

-Harvey, nos enseñarás el conducto por el que escapaste de DC. Dejaremos el coche allí y lo ocultaremos si hace falta. Entraremos los tres cuando la noche esté bien entrada, que es cuando la vigilancia se reduce, como nos has dicho, Harvey. Yo iré al hospital a por Emma y vosotros os las arreglareis para conseguir un coche o cualquier vehículo que nos lleve a toda prisa de vuelta al túnel. Me esperareis en el aparcamiento subterráneo del hospital. Entraremos y saldremos intentando hacer el menor ruido posible.

Los dos aceptan el plan, aunque noto que no muy seguros. No les puedo culpar, he ido construyéndolo sobre la marcha. Lo único que tiene que añadir Harvey es que tendrán que quitarle un coche a los guardias.

-En los descansos entre turnos los dejan con las llaves puestas. Además, con un poco de suerte habrán coches en el parking del hospital, donde dices que te esperemos.

-Preferiría no arriesgarme, pero lo dejo en vuestras manos.

-Haríamos mucho menos ruido así. Mira, os llevaré a los dos al hospital, Daryl y yo bajaremos y tu te quedarás arriba buscando a vuestra colega. Si vemos que allí no hay coches, saldremos a buscar en otro lado, ¿qué os parece?


Es de noche cuando los tres nos colamos en el hospital. La luz es escasa y vigilancia nula a estas horas, no hay nadie vigilando en la puerta. La gente de aquí, además de ser una aprovechada, también es demasiado confiada.

Ellos bajan por las escaleras de camino al aparcamiento y yo me dirijo a la antigua recepción del hospital, donde en teoría llevan los registros de todo. Me preparo para dejar insconsciente a alguien para así buscar el expediente de Emma sin que se dé la voz de alarma, pero para mi sorpresa me encuentro el lugar vacío. Si estuviéramos en otra situación en la que yo fuera responsable, esto me avergonzaría, pero la verdad es que me favorece. Me siento en la silla del mostrador y me pongo a buscar. Todo está desordenado y casi sin ningún tipo de clasificación. No sé si es porque el responsable de esto es un auténtico desastre o porque Washington en sí es un auténtico desastre, como estoy pudiendo comprobar. Tardo unos cinco minutos en encontrar lo que busco, un registro del caso de Emma.

Aquí no hay quejas sobre la desorganización, en la carpeta está todo, fechas, pruebas, nombres de científicos y médicos... Llegó hace dos días, se le hizo una entrevista con varios biólogos y médicos de todas las ramas. Entre ese mismo día y hasta hoy la han sometido a pruebas que aparecen etiquetadas en los informes de forma misteriosa, sin especificar. Una de ellas me pone los pelos de punta:

"#013: Exposición a mordisco

Se expone a la paciente a la mordida de un enfermo para poner a prueba su condición.

16:30 12/04 - Reexposición al virus.

21:00 12/04 - La herida no muestra la infección que debería pasado este tiempo.

08:00 13/04 - Paciente consciente y sin fiebre. No presenta síntomas.

16:30 13/04 - Paciente estable, sin apetito. Pide salir de la habitación.

00:00 14/04 - Gritos de la paciente en su habitación. Pesadilla.

12:00 14/04 - La paciente continúa sin apetito. Por lo demás, sigue sin presentar síntomas.

16:00 14/04 - Paciente consciente y alerta. Reunión de especialistas antes de que se cumplan las 48h.

16:30 14/04 - Se cumplen las 48h de la reinfección de la paciente. No muestra respuesta a la reexposición al virus.

21:00 14/04 - Se declara a la paciente oficialmente como "Inmune" al virus."

Sigue viva. Respiro hondo por primera vez en horas. ¡Oh, Dios, sí! ¡Sigue viva! Cuando Harvey nos dijo que seguramente tendrían que matar a Emma, no las tenía todas conmigo. Podría haber hecho todo el viaje y no haber servido para nada. Pero afortunadamente aún no la han tocado.

Lo que ahora me revuelve por dentro es que han echo que un infectado la muerda. Este sitio cada vez me provoca más escalofríos. La tienen aquí como si fuera una rata de laboratorio, haciendo toda clase de experimentos con ella. Por lo que he leído, en estos casi tres días no la han dejado salir de su habitación. Es de locos.

Vuelvo atrás en el informe, a la primera hoja, donde están detallados sus datos de ingreso y donde seguramente estará también especificada la habitación en la que está. "Habitación: 278 (Planta 3)". Me leva'to de un salto de la silla y salgo de la recepción, sin molestarme en ordenar los papeles que he dejado en el mostrador. Toda esa mesa ya era un desastre de por sí, así que para qué perder más tiempo.

Me dirijo a la zona de los ascensores, pero decido en el último momento no subir en ellos. Las escaleras son más rápidas y seguramente tendrán menos vigilancia. Por precaución saco mi revólver de la mochila y lo cojo con las dos manos apuntando el cañón hacia el suelo. Subo los escalones de dos en dos y para cuando me doy cuenta, tengo tres plantas bajo mis pies. Sigo las indicaciones necesarias para llegar a la habitación 278 en el laberinto de pasillos que es la tercera planta. Por el camino, veo desorden y tecnología a partes iguales.

Avanzo por el pasillo mirando las puertas de las habitaciones, en las que hay pequeñas placas de metal que indican los números de las habitaciones. 275, 276,277 y... 278. Se me acelera el corazón. Los oídos me pitan. Tengo que sacarla de aquí. Ya. Cuando me paro a mirar la puerta más detenidamente, me doy cuenta de que tiene varios pestillos echados a este lado. Como sospechaba, la tienen aquí encerrada y se han asegurado de que no pueda salir.

Quito los pestillos intentado hacer el menor ruido posible y abro la puerta. La habitación está totalmente a oscuras, donde deberían haber ventanas hay tablones de madera clavados a la pared. La escasa luz proveniente del pasillo es lo único que ilumina el interior. Veo una mesa sobre la que hay una bandeja con comida que está sin tocar, goteros y una cama deshecha y sin ocupar. En la parte izquieda, en la esquina que está menos iluminada de toda la habitación, veo una figura humana, hecha un ovillo. Emma.

Su cuerpo tembloroso se gira hacia la puerta cubriéndose los ojos con la mano. La poca luz que entra ahora en la habitación le daña la vista. Le veo el rostro lo suficiente como para notar las dos sombras negras que tiene debajo de los ojos. Me cuesta volver a tomar el control de mi cuerpo, dar un paso y entrar en el interior de la habitación.

-Emma. Voy a sacarte de aquí.

Un par de pasos se me acercan por la espalda tan rápido que no soy capaz de reaccionar. Lo siguiente que noto es un fuerte golpe en la cabeza que hace que se me nuble la vista y que pierda el conocimiento.


Abro los ojos de repente respirando con dificultad, como si hubiera tenido una fuerte pesadilla que no soy capaz de recordar. Sigo en el hospital, boca arriba en la cama de una habitación. Por la ventana que tengo a mi derecha veo que sigue siendo de noche, pero que cada vez falta menos para que comience a amanecer.

Oigo levemente la respiración de alguien más a mi izquierda. Me incorporo tan rápido mirando a esa dirección que me da un fuerte latigazo de dolor en el cuello y en la cabeza, donde me deben de haber dado el golpe que me ha dejado inconsciente.

Al lado de la cama, hay un hombre vestido de traje y corbata que me mira fijamente sin sonreír. Tardo en reconocerle, tal vez por todo el tiempo que llevo sin verle en televisión, junto al que fue el presidente de América. Es nada más y nada menos que Thomas Jackson, y a sus espaldas tiene a un hombre vestido de uniforme, un guardia.

Thomas Jackson se pone entonces de pie y, alzando levemente los brazos, me dice:

-¡Bienvenido a Washington!