-Sea usted bienvenido.

La expresión de confusión no desaparece de mi cara. Me han dejado inconsciente de un golpe en la nuca y ahora resulta que soy bienvenido.

-Siento lo del golpe. Estos chicos saben defender lo que es suyo. -dice Thomas Jackson, señalando con la cabeza a el guardia que está a sus espaldas, el cual ni se inmuta. Sólo se limita a recolocarse el arma que tiene agarrada con las dos manos- ¿Me puede decir cuál es su nombre?

-Rick.

-Bien, ahora le explicaré lo que pasará ahora, señor Rick. Mis hombres le entregarán las cosas con las que llegó y le acompañarán a la frontera, después de eso no volverá jamás por aquí. Si las circunstancias hubieran sido otras, hubiéramos sopesado la posibilidad de que usted pudiera quedarse en Washigton con nosotros, pero ha entrado en nuestra casa sin permiso, con la clara idea de llevarse una de nuestras posesiones más preciadas y eso no nos gusta. Así que me gustaría en nombre de todo el pueblo de Washington pedirle por favor que se marche sin causar más problemas.

"Una de nuestras posesiones más preciadas". ¿Cómo pueden referirse a Emma como una posesión suya? Eso hace que me hierva la sangre por dentro.

Y ahora lo que quieren es que me vaya sin hacer mucho ruido. No se lo voy a poner tan fácil.

-¿Puedo hacerle una pregunta?

-Ya lo ha hecho. -creo que Jackson hace ese comentario tratando de ser gracioso, pero cuando ve que mi expresión no cambia, la sonrisa desaparece de su cara- Dispare.

-¿Que le van a hacer a Emma?

-Ella nos va a ayudar a salvar la humanidad.

-¿Antes o después de torturarla?

-No la hemos...

-Habéis hecho que la vuelvan a morder, la tenéis en una habitación encerrada y con las ventanas tapiadas. Lleva sin comer casi desde que vino y tiene pesadillas y problemas para dormir.

-Emma no se va a ir de Washington, por mucho que usted lo desee.

-¿Y cómo pretenden hacer una vacuna, o lo que sea para que sirva a ayudar a salvar la humanidad?

-Creo que ya lo sabe, si no no habría intentado sacarla de aquí.

-Quiero oírlo.

Thomas Jackson respira hondo mirando hacia otro lado, en un ademán de buscar en su interior la poca paciencia que le queda. Harvey nos contó al llegar a Alexandría que en Washington habían avanzado mucho en la investigación de esta enfermedad y que lo achacaban todo a un área del cerebro. El chico sonaba muy convencido de lo que decía y además sonaba a algo lógico, pero la verdad es que no me fié al cien por cien de la palabra de un chiquillo.

Para qué negarlo, la verdad es que lo único que quiero es que me digan es que no la tienen que matar para que les sirva de algo.

Después de un corto silencio, Jackson vuelve a mirarme desde el sillón en el que está sentado y comienza a hablar.

-Nuestros expertos llevan meses investigando la enfermedad, tanto en animales como en los propios enfermos que traemos desde fuera en un régimen máximo de aislamiento. Después de mucho tiempo y con la tecnología de la que disponemos, han logrado descubrir una hormona en la sangre de los infectados, una hormona que también poseemos de forma natural los que estamos sanos, pero en el caso de los enfermos, esta hormona está mínimamente modificada y afecta a todos los órganos vitales. Cuando un infectado muerde a alguien que está sano, en la saliva se contagia la sustancia y el organismo empieza a fabricarla modificada. Estudiando el caso de Emma, incluso después de haber sido mordida por una segunda vez, sigue sin manifestar en su sangre la hormona modificada. Nuestros científicos están segurísimos que el responsable es una tercera hormona que hace el efecto contrario y que esa hormona es liberada por el hipotálamo, por eso la necesitamos. Quieren aislar esa hormona, reproducirla y buscar la forma de hacer una cura.

Hormonas. Lo poco que sé de ellas es que son fabricadas en el cerebro y que a partir de ahí se liberan a la sangre. Así que sí, mis peores temores se cumplen.

-Buscaos a otra. -oigo esas palabras salir de mi boca en un tono más agresivo del que me hubiera gustado. Me pongo de pie de la cama de un salto y doy un paso hacia Jackson.

-No es tan sencillo. -dice Tomas Jackson, levantándose también- No hay nadie más.

Es aquí cuando me pongo más violento y frío. Me acerco hacia Thomas apuntándole con el dedo, con la intención de darle una y mil razones por las que no voy a permitir que le hagan eso a Emma y es entonces cuando el guardia se pone en acción, se pone entre Thomas y yo a la velocidad del rayo y me pega con el arma que llevaba en las manos en la parte posterior de la rodilla, provocándome un fuerte dolor y haciéndome caer al suelo sin poder evitarlo. Suelto un quejido de dolor a la vez que Thomas aparta al agente para que no siga.

-Escucha, esto no va conmigo. Ni con ella. Es por la puñetera causa, por la humanidad. No podemos permitir que este mundo deje de ser nuestro. -no soy capaz de contestar, de hecho lo único que soy capaz de hacer desde el suelo es negar con la cabeza con los ojos fuertemente cerrados- Ahora vete, como he dicho te acompañaran a la frontera.

Thomas Jackson nos da la espalda al agente y a mí y se dirige a la puerta de la habitación para salir por ella. Cuando ya ha desaparecido el que habla ahora es el agente:

-Vamos, levanta.

Me pongo de pie sin hacer mucho caso al dolor de mi pierna, el cual no es especialmente intenso, y camino por delante del guardia, que me va apuntando a las espaldas con una pistola. Dirige mis pasos hacia fuera de la habitación y me hace girar a la derecha. Recorremos el pasillo en silencio dejando atrás otras habitaciones del hospital, que seguramente están vacías. Después de unos pasos más llegamos al estar de enfermería y encima del mostrador veo algo que me resulta familiar, algo que me alegro enormemente de ver. Mi mochila, con mis armas y balas dentro. Me paro en seco sin poder evitar sonreír.

-¿Qué demonios haces? ¡Camina! -el guardia me grita dándome órdenes, pero yo no obedezco- ¡He dicho que camines!

Cuando dice esto último noto que me golpea en la espalda con el cañón de la pistola, lo cual me permite calcular mi siguiente movimiento. Le pego un fuerte codazo a las manos del guardia que tenía el arma cogida por las dos manos, me doy la vuelta tan rápido como puedo, le arrebato el arma de las manos y le doy fuertemente con la culata del arma en la nariz y en la cabeza. El hombre se queda descolocado, como a punto de perder el conocimiento por el fuerte golpe en la cabeza. Le apunto directamente a la cabeza antes de preguntarle:

-¿Donde la tienen?

-Han adelantado la cirugía... -me responde pausadamente, como si le costara un esfuerzo enorme hablar

-¿¡Donde!?

-Planta séptima...Izquierda...

Me grabo esas tres palabras a fuego en mi cabeza y, como un rayo, me llevo al guardia a lo que debió de ser el almacén de la planta, lo meto dentro y le ato las manos a la tubería de un pequeño lavabo con las esposas que él llevaba en su cinturón. El hombre no intenta detenerme, de hecho creo que centra todos sus esfuerzos en seguir respirando para no desmayarse.

Lo dejo allí encerrado y vuelo de camino a las escaleras mientras saco mi revólver de la mochila y compruebo que la cámara tiene balas. Debo de subir unos tres pisos para llegar a la séptima planta y avanzo por los escalones de dos en dos con el corazón en la garganta y la cabeza a punto de estallar. Tengo que sacarla de aquí.

Si no llego a tiempo no podré perdonármelo jamás, lo sé. Aunque finalmente todo esto sirviera de verdad para fabricar una vacuna y sea Emma la que salve al mundo, no me importará, porque ella no estará conmigo. Es muy egoísta por mi parte pero, ¿quién no lo sería en algo como esto? Quiero a Emma y haría lo que sea por salvarla.

Llegar a la séptima planta se me hace eterno. Salgo directamente en el hall y veo un cartel que señala el ala izquierda de la planta y reza: "enfermedades infecciosas, neurología y pacientes en aislamiento". Mi mente conecta dos ideas tan rápido que incluso a mí me sorprende. Se van a operar a Emma necesitarán un ambiente muy parecido al de un quirófano, puede que no hayan tenido tiempo para preparar uno de verdad y por eso la han subido aquí, para hacer la operación en una habitación de aislamiento.

Atravieso un pasillo que me lleva a mitad del ala izquierda de la planta y no me hace falta buscar mucho la habitación que es, unos tres guardias se encuentran vigilando la puerta de la última puerta del pasillo, la número uno.

-¡Deténgase! -me grita el primero de ellos que me ve- No se acerque más. ¡Tire el arma o me veré obligado a ...!

Pero no le doy tiempo a continuar hablando. Levanto mi arma, le apunto directamente en la cabeza y disparo. Ni siquiera me da tiempo a pensar cuando disparo a los otros dos.

En diez rápidos pasos llego a la habitación de aislamiento. Este tipo de habitaciones consta de dos puertas y entre la primera y la segunda suele haber un lavabo y material médico. Abro la primera puerta sin dudarlo pero en la segunda de ellas me tiemblan las manos.

La abro y me quedo pasmado más tiempo del que debería. En la sala hay un cirujano y dos enfermeras alrededor de una cama sobre la que está Emma, inconsciente, conectada a la anestesia a través de una mascarilla. Mis ojos se quedan clavados en ella.

-No voy a permitirte que te la lleves.

Oigo decir vagamente al cirujano, mientras alza un bisturí apuntándome directamente con la hoja, pero no me importa, le disparo a él también tras apuntar su cabeza y hago lo mismo a las otras dos enfermeras mientras las oigo gemir algo como "maldito animal". Me acerco con las rodillas temblorosas a la cama en la que yace Emma y le quito la mascarilla de la anestesia con el oxígeno. Luego la muevo antes de levantarla en peso de la camilla y cogerla en brazos para sacarla de aquí.

-Voy a sacarte de aquí, Emma. Nos vamos. Te tengo. -me oigo decir

Salgo de la habitación y en las puertas de salida de emergencia de mi izquierda oigo voces y pasos.

-Han oído disparos. ¡Está en la habitación!

Corro con Emma inconsciente en brazos camino a los ascensores. Tenemos que bajar al aparcamiento y me veo incapaz de hacerlo por las escaleras con ella en brazos.

Esperamos al ascensor lo suficiente como para que los guardias casi nos alcancen por el pasillo. Entro con ella y como puedo le doy a la planta y al botón que hace cerrar las puertas. Mientras bajamos miro a Emma, tiene la parte baja de los ojos tintados de negro y noto con tan solo levantarla que ha bajado de peso y mucho. Sigue inconsciente y sin moverse aunque sí que respira muy levemente. Rezo en mis adentros por que se despierte, se ponga en pie y corramos para salir de aquí, a pesar de que sé que eso no va a pasar.

Tras unos eternos segundos llegamos al aparcamiento y busco en la oscuridad busco el coche en el que supuestamente deben de estar Daryl y Harvey. El color negro que tiñe el aparcamiento se rompe con las luces largas de un coche que se arranca de repente. Lo han conseguido. Lo HEMOS conseguido. Ambos se dirigen en el coche hacia donde yo estoy, Harvey se baja del asiento del copiloto y me abre una de las puertas de atrás para que pueda meter a Emma. Después de esto me meto por la otra puerta trasera y Harvey vuelve al siento del copiloto. Cuando los cuatro estamos dentro, Daryl nos saca del aparcamiento del hospital a la velocidad de la luz, sin nadie persiguiéndonos por el momento.

-¿Emma está bien? ¿Por qué habéis tardado tanto? -me pregunta Daryl

Yo solo puedo respirar hondo por primera vez en horas antes de decir:

-Es una larga historia.