[Rick's POV]

Salir de Washington por el túnel subterráneo es un paseo comparado con lo que ha sido salir del hospital. Allí he tenido que matar a seis personas para conseguir salir. En el túnel lo único que tenemos que hacer es caminar lo más rápido posible teniendo en cuenta que Daryl y yo nos turnamos para llevar a Emma en brazos, la cual aún no ha despertado de la anestesia que le han metido cuando iban a operarla. Igualmente, y por suerte, los guardias de Washigton solo nos persiguieron hasta el sótano de la tienda en la que estaba la trampilla del túnel. Después de eso no les oímos más, nos perdieron la pista. En cuanto a Emma, después de atravesar todo el túnel, sigue sin despertarse. De vez en cuando gime levemente cuando la movemos de forma brusca pero nada más.

Cuando divisamos el final del túnel ya es completamente de día.

Nos dirigimos al coche y yo, que llevo a Emma, me siento con ella en la parte de atrás, colocándola acostada boca arriba. Daryl conducirá de vuelta a Alexandría y Harvey será su copiloto.

Avanzamos las primeras millas sin que Emma de señales de despertarse pronto y yo, mientras tanto, intento buscar las palabras con las que contarle a Emma todo lo que ha pasado y una respuesta para cuando me pregunte por qué demonios le he hecho esto. Sé, a pesar de todo, que no sabré responderle. No habrá excusa que valga.

Cuando me doy cuenta, se acerca ya el medio día y en el coche vamos sumidos en un profundo silencio. Yo voy con la cabeza pegada al cristal con los ojos a punto de cerrarse cuando la oigo gemir de nuevo, pero esta vez de una forma diferente. Emma se está despertando, la anestesia está a punto de desaparecer por completo de su organismo.

No aparto los ojos de ella mientras acaba de despertarse, Harvey se ha girado en su asiento y Daryl le echa vistazos por el retrovisor.

Al rato comienza a frotarse los ojos antes de abrirlos, se rasca el pelo, frunce el ceño mientras mira a su alrededor y cuando me ve a mí y a los otros dos en la parte de delante se incorpora del asiento todo lo rápido que puede, quedándose sentada en el lado opuesto al mío.

Mira a su alrededor totalmente desorientada. La última vez que estuvo despierta estaba a punto de ser sedada para una operación de la que no despertaría, por lo que ahora está totalmente descolocada, esto no entraba en sus planes.

-¿Qué... qué es esto? -dice con voz frágil, mirándome a mí

-Estamos volviendo a Alexandría. -le contesta Daryl, adelantándoseme

-¿Qué ha pasado?

Vuelve a preguntarme a mí directamente. ¿Qué hago ahora? ¿La egoísta opción de mentirle diciendo que al final ella no servía para hacer un antídoto o contarle la verdad? El pasado ya me ha enseñado que las mentiras nunca ayudan por mucho que tú creas que así será, de hecho lo que hacen es alejarte más de la otra persona. Además me viene un recuerdo a la cabeza, uno de cuando aún estábamos Emma y yo en la prisión y nuestra historia juntos comenzaba. Ella siempre se burlaba de mí diciéndome que no sabía mentir. Aparentemente, siempre que lo intentaba, por pequeña que fuera la mentira, ella siempre lo descubría. Ese recuerdo me hace sentirme pequeño y frágil y pienso que ojalá pudiera volver a estar como entonces con Emma. Es ese recuerdo el que me hace decantarme por contarle la verdad, todo desde el principio.

-Él es Harvey. -digo señalando al chico, que está justo en el asiento de enfrente mío- Él ha estado ya en Washigton y nos ha contado su experiencia. No nos habló del paraíso ni nada por el estilo, de hecho no nos gustó un pelo lo que nos contó. También nos dijo lo que tenían que hacer contigo para conseguir un antídoto. -noto que Emma se tensa y su cuerpo es recorrido de arriba a abajo por un escalofrío- No podíamos dejar que te mataran sin hacer nada.

Espero por su parte gritos, que me diga que yo no soy nadie para decidir por ella y mucho menos para evitar que haga lo que quiera con su vida, tal y como me dijo en Alexandría, pero en lugar de eso se queda en silencio. No dice nada, no reacciona, simplemente se me queda mirando fijamente a los ojos sin decir una palabra. Tras un largo rato respira hondo y gira la cabeza para mirar por la ventanilla. Los otros tres nos intercambiamos miradas cargadas de preguntas en silencio, ¿de verdad no va a decir nada al respecto?

-Daryl, ¿podemos parar en el próximo pueblo por el que pasemos? Me gustaría quitarme esta porquería y buscar ropa que me sirva. -dice ella, apretando con su mano el descolorido camisón azul de hospital que debe de llevar puesto prácticamente desde que llegó a Washigton

-Claro, Emma.


EMMA

Daryl detiene el coche en la calle principal de un viejo pueblo que está desierto. No hay nada, ni vivo ni muerto. Soy la primera en abrir la puerta del coche y bajar de él antes de que los otros tres me imiten. Miro a mi alrededor y me topo con Rick, que mira hacia abajo, hacia mis pies. Hago lo mismo y me doy cuenta de que voy descalza. De hecho lo único que cubre mi cuerpo es el asqueroso camisón de hospital que llevo desde hace días.

Tras caminar unos metros, me fijo en un edificio de ladrillo marrón oscuro. Es un simple edificio de tres plantas, de los típicos que se construyen para que en ellos viva una familia al completo. Yo de hecho crecí en uno parecido. En la planta baja vivían mis abuelos, en la primera vivíamos yo y mi madre y en la última estaban mis tíos y mis dos primos pequeños. Una pequeña sonrisa se dibuja en mi cara de ese simple recuerdo.

-Quiero entrar ahí. -digo en voz alta, para que Daryl, Harvey y Rick me oigan

-Voy a revisarlo. -contesta decidido Rick, cogiendo su pistola de la funda que cuelga de su cinturón

Daryl entra detrás de Rick en el edificio de tres viviendas, por lo que Harvey y yo nos quedamos solos fuera, esperando. El chico y yo nos miramos de soslayo y éste se anima a preguntar:

-Un infierno Washington, ¿eh?

-Y que lo digas.

Ambos suspiramos y nos quedamos en silencio mirado a nuestro alrededor, esperando a que los otros dos salgan de la casa.

-Está limpia. -dice Rick asomándose por el umbral de la puerta- En el primer piso hay un armario con algo de ropa que te puede servir, Emma.

-Gracias Rick.

Que le agradezca la molestia parece sorprenderle. Desde que desperté en el coche lo he notado raro, como si esperara que en cualquier momento pueda saltarle al cuello con un cuchillo o algo parecido.

Me dirijo con mis pies descalzos y algo entumecidos por el frío hacia la casa. Rick no me quita ojo de encima cuando entro y empiezo a subir la escalera. A mitad de camino me encuentro con Daryl, que debe de bajar del último piso. Le saludo con un movimiento rápido de cabeza. Él, no contento con eso, para mis pasos agarrándome del brazo.

-¿Estás bien? -me extraña porque lo dice con tono preocupado, algo inusual en Daryl

-Sí... Sí, solo necesito... Estar sola un momento.

-De acuerdo. Vale, te esperaremos en la planta baja mientras terminas. Tómate tu tiempo.

-Vale. Y Daryl, gracias por preguntar.

Y pone la misma cara de Rick antes.

Subo los últimos escalones que me faltan para alcanzar el primer piso y me meto en la casa. En ella está todo medianamente ordenado, aunque lleno de polvo y humedad. Creo que nadie ha pisado esta casa desde que sus habitantes huyeron por la pandemia. Entro al salón y me pongo a mirar las fotos que hay en una estantería con libros. Por lo que parece, en esta casa vivió una familia formada por un padre, una madre y un niño precioso de pelo oscuro y ojos de un verde intenso. Una familia aparentemente feliz y unida. Ver el tiempo congelado de esa forma en fotos me hace sonreír de nuevo.

Al rato salgo de nuevo al vestíbulo y oigo voces masculinas escaleras abajo. Recorro lentamente el pasillo hasta la habitación del final, la principal, cuyo armario está entreabierto. Como Rick había dicho, dentro del armario hay ropa de mujer, aunque en escasa cantidad. Echo mano de unos vaqueros, un jersey claro y una chaqueta que, por el tamaño, debió de pertenecer al padre de familia. Buscando un poco encuentro unas botas de montaña un par de números más grandes que el mío pero que igualmente me servirán.

Lo cojo todo y me dirijo al baño de la habitación, evitando mi reflejo en el espejo, porque debo de dar grima. Hace días que no me peino, por no hablar de darme un baño. Por probar simplemente, y aunque no tenga mucha esperanza en ello, abro la llave de paso del grifo y, para mi sorpresa, sale agua. Bailo en baile de la victoria por dentro porque hoy podré ducharme.

Descorro las cortinas de la ducha y abro el grifo. El agua sale al principio de un marrón muy turbio pero poco a poco se va aclarando. Me paso por el pelo un cepillo que encuentro en uno de los cajones y me quito el camisón de hospital, lo único que me permitía no ir por ahí desnuda.

Cuando estoy a punto de meterme bajo el chorro helado de agua, que me servirá para acabar de despertarme, me doy cuenta de que llevo aún la vía que me pusieron en el hospital pinchada en el brazo. Me la quito con cuidado, hago un poco de presión para no perder sangre y me meto en la ducha.

A pesar de que el agua este helada y caiga sobre mí como témpanos de hielo, no me puedo quejar, por que al menos me puedo bañar. Froto una pastilla de jabón que parece haber estado aquí desde hace siglos e intento sacarle tanta espuma como puedo para enjabonarme el cuerpo y el pelo.

Minutos después salgo de la ducha y me seco con la primera toalla que encuentro en otro de los cajones. Me visto y, cuando estoy haciendo el lazo del último zapato, llaman a la puerta de la habitación.

-¿Emma? -pregunta Rick, en tono preocupado, desde la puerta- Emma estamos oyendo agua caer por las cañerías, ¿estás bien?

Salgo a paso rápido del baño y recorro la habitación hasta llegar a la puerta y abrirla. Al otro lado de ésta me encuentro a Rick con el ceño fruncido.

-Sí, ya he acabado. -respondo despreocupadamente- He aprovechado y he usado la ducha. Cuando queráis nos vamos.

-S-sí... Claro... Esto... ¿Quieres comer algo antes de irnos? Hemos encontrado un par de cosas...

-No tengo hambre.

Espero una reacción por su parte, que empiece a caminar por delante de mí para irnos ya de aquí, pero en lugar de eso se queda parado donde está mirándome y preguntándome algo en silencio.

-¿Qué pasa?

-Emma, ¿no quieres decirme nada?

-¿Por qué lo dices? -pregunto totalmente perdida

-A ver... He hecho a Daryl y al chico acompañarme desde Alexandría para sacarte de DC a pesar de que me dejaste muy claro que lo único que querías era ir allí para ayudar en la búsqueda de una cura. Te he sacado de allí a sabiendas de que tú no querrías que lo hiciera. Tú no me has preguntado pero siento que debo decírtelo para que igualmente quede claro. Cuando Daryl me trajo a Harvey corriendo para contarme lo que te harían en Washington, lo único que me pedía el cuerpo era ir y sacarte de allí. Ni siquiera me paré a pensar que eso no era lo que tú querías porque por primera vez en mucho tiempo no le hice caso a mi cabeza, le hice caso a lo que siento por ti. No podía quedarme de brazos cruzados mientras ellos te mataban. Lo siento pero es así.

Que hable de ello así me hace sonreír de medio lado. Se siente incluso culpable de haber respondido así al impulso de ir a por mí y "salvarme".

-Gracias por decírmelo. De todas maneras creo que aún estoy asimilando que estoy aquí y no allí.

-Entonces, ¿me gritaras cuando lo asimiles?

-Rick, no voy a gritarte. -le digo, intentado contener la risa- Quiero decir, si quieres lo hago, pero no es lo que más me va a apetecer luego.

-Vale, vale. -dice, sonriendo él también- Pero déjame que te diga que no te comprendo.

-¿Por qué lo dices?

-Ya te lo he dicho, te he sacado de Washington casi a rastras y aún sabiendo que tú no querías eso...

-¿Por qué no me mentiste?

-¿Qué? -pregunta, de nuevo confundido

-Podrías haberme mentido, haberme dicho que al final del todo no podrían hacer una cura conmigo o cualquier otra mentira y que por eso me habíais sacado de Washington.

-Créeme que se me pasó por la cabeza, pero eso no sería lo más justo para ti. Además seguro que habrías acabado descubriendo que no era verdad.

-Eso es cierto.

Sonrío al recordar las múltiples veces, tanto en Alexandría como en la prisión, en la que no ha hecho falta que Rick abriera la boca para saber yo la verdad.

-¿Cómo fue... el hospital? Antes de que te metieran para operarte no te vi... Muy bien que digamos.

-Me pasó lo que normalmente les pasaba a los pacientes ingresados en un hospital. Son tan vulnerables y se sienten tan poco dueños de su propio cuerpo por culpa de médicos, enfermeras y demás que acaban perdiendo su identidad.

-Sí...

Mi estancia en el hospital vuelve a mi mente en pequeños flashbacks. Intento ordenarlos en mi cabeza y reconocer el sentimiento exacto hacia cada uno de ellos antes de materializarlos en voz alta, en palabras.

-Era horrible. No me contaron la intervención que tendrían que hacer para poder fabricar una cura, pero cuando me encerraron en la habitación y me tapiaron las ventanas me empecé a oler algo malo. Creo que lo de las ventanas lo hicieron para que no intentara saltar por ellas o algo parecido. En las largas horas que estuve en esa habitación me dí cuenta de que había dejado de ser yo para convertirme en una posesión de Washington, una muy preciada que les daría el mérito de ser quienes encontraron una cura para esto.

-Entonces, no estabas bien.

-Estaba hecha mierda. Resultaba que algo que hacía por puro altruismo iba a resultar ser algo para un beneficio. Yo no quiero eso. No quiero perderme a mí misma. Mi único miedo, incluso desde antes de saber que no me podía infectar, es dejar que este mundo me cambie, dejar de ser yo para convertirme o en una persona vacía o en un monstruo. -hago una pausa, tragando saliva para intentar que no se me quiebre la voz al decir lo siguiente:- Y siento que no soy yo desde que nos separamos en la prisión.

-Sigues siendo tú, Emma.

Empiezo a negar con la cabeza e intento replicarle, pero Rick no me deja y sigue hablando:

-No me preguntes como, pero lo sé. En DC te trataron como un producto en lugar de cómo un ser humano y puede que lo hayas acabado creyendo, pero ya no estás allí. -hace una pausa que yo aprovecho para limpiarme lo más dignamente que puedo una lágrima que se abría paso por mi mejilla- Estás aquí, conmigo y puedo decirte con solo mirarte a los ojos que sigues siendo tú.

Respiro hondo, profundamente, sintiendo un gran alivio interior y mi única respuesta ante esas palabras que significan tanto para mí, es abalanzarme sobre Rick y abrazarle. Es más un abrazo de agradecimiento, mucho más, es un abrazo que pide a gritos contacto con la otra persona, un contacto que buscaba desde hace tiempo y que va mucho más allá de lo físico. Me aprieto tanto como puedo a Rick y él hace lo mismo, me rodea por completo con sus brazos. No sé el tiempo que nos tiramos así, pero tampoco es que importe lo más mínimo.

Después de un rato me separo de él lo justo para poder mirarle a los ojos, sin perder ambos el contacto el uno con el otro.

-En lo único en lo que podía pensar en el hospital era en ti. -noto que, por primera vez en mucho tiempo, lo que habla no es mi cabeza si no mi corazón- Cuando estábamos en Alexandría... Me dijiste que de una manera o de otra me necesitabas para seguir adelante. Yo en el hospital me dí cuenta de que yo no podría continuar con mi vida aunque hubiera podido porque tu nunca estarías en ella. Te necesito tanto como tú me necesitas a mí. Esa es la única cosa que sé.

Cuando termino de decir eso, una paz interior me recorre, como si un gran secreto que estaba guardado en mi interior hubiera sido por fin desvelado y liberado de la oscuridad. Le sonrío a Rick sin llegar a mostrar los dientes, pero él no me responde de la misma forma. Lo que hace él en lugar de eso es mirarme intensamente a los ojos, como se mira algo a lo que adoras profundamente. Luego posa sus manos a ambos lados de mi cara y apoya su frente contra la mía. Nos quedamos así un rato, con los ojos cerrados, antes de que yo me lance a besarle suavemente. Él me responde al momento y ambos nos estrechamos más el uno contra el otro conforme nuestro beso se intensifica poco a poco.

Al rato, ambos paramos, y noto que sólo me falta una cosa para afianzar este reconstruído vínculo entre Rick y yo. Algo que él me dijo hace días y a lo cual yo no respondí. Sólo me falta por decir:

-Yo también te quiero.


Para cuando nos decidimos a ir escaleras abajo en busca de Daryl y Harvey, ya está a punto de anochecer. Es entonces cuando me doy cuenta de lo rápido que ha ido el día. Nos los encontramos a ambos en la sala de estar de la planta baja, hablando, y cuando nos ven a parecer a Rick y a mí nos dirigen una mirada graciosa con el ceño fruncido, como sabiendo lo que ha pasado arriba.

-¿Todo bien? -pregunta Daryl con sorna

-Perfectamente. -le responde Rick en el mismo tono

Las preguntas sin hacer y que luchan por salir de sus bocas se acumulan en la habitación, pero antes de que sean lanzadas hago yo una para así poder de evitarlas:

-¿Pasaremos la noche aquí?

-Os lo íbamos a sugerir. Podríamos pasar la noche en el pueblo, que sabemos que está limpio de caminantes, descansar y mañana al amanecer continuar lo que queda de camino hasta Alexandría.

Los cuatro parecíamos estar de acuerdo con lo que Harvey nos decía, así que no hace falta decir ni una palabra más para hacer que nos quedemos a pasar la noche en la casa. Nos ponemos de acuerdo también para comer algo antes de descansar. Todos sacan lo poco que tienen de provisiones más lo que Harvey y Daryl han encontrado en la casa y nos damos un pequeño festín. Durante esto, sometemos a Harvey a un pequeño interrogatorio para saber más de él. Yo también comparto vivencias con los demás para que Harvey no se sienta como en una especie de juicio.

La conversación se alarga hasta bien entrada la noche. Cuando Harvey comienza a bostezar como mil veces por minuto, sugiero que nos vayamos ya a descansar. Nos levantamos de alrededor de la mesa y los tres se dirigen hacia el pasillo, hacia las habitaciones. En el último momento, agarro a Rick del brazo para preguntarle algo:

-¿Te quedas conmigo esta noche?

-Por supuesto.

Ambos les damos las buenas noches a los otros dos y nos dirigimos escaleras arriba.

-Déjalos, demasiado han tardado. -oigo decir a Daryl. "Capullo", pienso yo internamente

Aunque la verdad es que tendría que darle la razón a Daryl. Rick y yo tardamos demasiado en reconocer lo que sentíamos el uno por el otro, también tardamos demasiado en luchar el uno por el otro y tardamos demasiado en decirnos "te quiero". Y sería esta noche la primera vez, en toda nuestra historia juntos, en la que daríamos el último paso que nos faltaba para estar unidos en cuerpo y alma.