Los personajes de Inuyasha pertenecen a la gran Rumiko, yo solo los tomó prestados para poder dar forma a la trama la cual si me pertenece. Todo sin lucro y solo con el afán de entretener.


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2. Efímera felicidad.

Souta que seguía observando el autobús se percató que la chofer iba a uno de los asientos y hablaba con alguien, se acercó para ver mejor y se sorprendió ¡Era su hermana!. Escuchó el motor de la moto y se apresuró a detener a su cuñado.

― ¡Inuyasha, espera! ¡Mi hermana llegó!

Kagome iba bajando del autobús muy somnolienta, de no ser por la chofer que la despertó no se hubiese dado cuenta que ya había llegado.

Inuyasha corrió de inmediato a su encuentro, el verla fue como si su alma regresara.

― ¿Dónde estabas? ¿Por qué tardaste?― interrogó alterado, estaba aliviado pero también tenso.

Kagome terminó de despertar al ver a Inuyasha, en él se notaba la tensión, frustración, miedo, desesperación y alivio, no pudo evitar sentirse culpable por ponerlo en ese estado, pero cuando le explicara olvidaría todo.

― Perdón por demorar yo...

― ¿Por qué no llamaste o contestabas? ¿Tienes idea de lo preocupados que estábamos?.― interrumpió.

― Me imagino, perdón pero...

― ¡Kuso Kagome! Ni siquiera sabía por donde comenzar a buscarte.

― Escúchame.― pidió desesperada al ser ignorada.

― No quiero que vuelva a pasar ¿Entendiste?.

― Ya dije que lo siento, me quede más tiempo porque debí hacer algo...

― ¡No!, tú sales de trabajar y te regresas, no tienes porque irte a otro lado.

― ¿Quieres calmarte un momento?― trataba de mantener la compostura, entendía que se pusiera de histérico, pero no escuchaba sus razones.

― ¿Qué hubiéramos hecho si algo malo te pasaba?

― ¡Nada malo me paso!― alzó un poco la voz.

― ¡Pudo haberte pasado!

― ¡Me quede más tiempo porque fui a comprar algunas cosas!

― ¿Y no te pudiste esperar a ir el fin de semana con tu madre?― no podía creer que fuese tan imprudente.

― ¡Las necesitaba para darte una sorpresa!

― No me interesan las sorpresas, solo quiero que regreses con bien.

― ¡Pero esta es importante! ¡Muy importante!

― Nada puede ser más importante que tu seguridad.

― ¡Pero hay algo que compite con eso!

― ¡Nada puede competir con eso!

― ¡Ya me fastidiaste!― todo tenía su límite e Inuyasha lo había rebasado, fue entonces que decidió pasarle de largo, se quedaría con su familia ese día.

― ¡¿Adónde vas?!― gritó Inuyasha sin poder detenerla.

― Mamá, Souta, los veo en casa.― dijo tranquila al pasar junto a ellos y dejarlos pasmados.

Inuyasha siguió a Kagome por un trecho de la calle y cuando la vio tomar el camino a la casa de su familia apresuró el paso.

― ¡Kagome, detente! ¡Kagome!― al verla detenerse se acercó a ella.

― ¡Fui a comprar esto!― gritó al lanzarle una bolsa, Inuyasha la abrió y sacó un álbum prenatal.― Hoy me confirmaron que estoy embarazada ¡Yo quería decirte la noticia de manera especial! Ni siquiera sé si te alegraría, pero yo estaba feliz, no llame o conteste porque me quede sin batería.― explicaba en medio de lágrimas.

― Kagome...― la mitad de su cerebro estaba en shock, se encontraba feliz porque sería padre, pero incrédulo y espantado por la noticia.

― Y ya lo jodiste todo.― se limpió las lágrimas y continuó caminando.

― ¡Kagome!― reaccionó después de unos segundo, apresuró su andar y abrazó a Kagome por la espalda.

― ¡Suéltame idiota! ¡Eres un tonto! ¡Un imbécil! ¡Un...!― ya no sabía que más decirle, estaba dolida y solo quería llegar a esconderse bajo las sabanas de su cama.

― Perdóname, te amo y por eso reaccione de esa forma.

― Arruinaste la sorpresa.

― Perdóname.― la giró y le limpió las lágrimas.

― Estás feliz y lo quieres ¿Verdad?.

― Yo voy a querer todo lo que venga de ti.

― Estúpido.

― ¿Qué te parece si vamos por tu madre y Souta, les acompañamos a su casa y les damos la gran noticia? Después, tú y yo vamos a casa para que te pueda pedir disculpas.

― ¿Y celebramos por el bebé?― preguntó ya calmada.

― Claro que sí.― por supuesto que celebrarían por su bebé, toda la noche.


Ahora más que nunca se preocupaba por Kagome, el tiempo se le pasaba muy lento. De ser por él, ella no volvería a la ciudad, la tendría a la vista todo el tiempo, pero no sería justo para ninguno, Kagome tenía su carrera y no quería que dejará de hacer algo que le encantaba.

Intentaba distraerse planeando la remodelación que sufriría su casa, debía poner rejas de seguridad en las escaleras y en la entrada a la cocina, revisar toda la instalación eléctrica, adaptar un cuarto para su bebé... Su bebé, sería padre y eso le llenaba de júbilo, esa era señal de que todo iba a estar bien ¿Verdad?.

Miró el reloj sobre la chimenea y vio la fotos de sus padres, entonces recordó algo que le dejó su madre antes de morir. Subió al ático y buscó el baúl de su madre, al abrirlo vio algunas de las cosas de ella, alhajeros, diarios, broches, cajas de música, pero su objetivo era otro, una caja de madera que ella le pidió abrir cuando encontrara a la persona indicada. Con manos temblorosas la abrió y había dos cartas, en una ponía "Inuyasha" y en la otra "Ella". Leyó su carta y no pudo evitar llorar, extrañaba a su madre, hubiera querido que ella siguiera viva, y su padre también. Pero la muerte se los había llevado hace tiempo. Al escuchar la alarma de su reloj se secó las lágrimas, ya era hora de ir por su novia, guardo ambas cartas y acomodó todo. Llegado el momento le daría su carta a Kagome, por ahora disfrutaría de la felicidad que le invadía al saber que en aproximadamente 7 meses, tendría una parte de él y de su linda novia.

...

Por la noche Inuyasha y Kagome miraban una película, ella acostada en las piernas de su novio y él, no apartaba su mano del vientre de ella. Cuando la película terminó, Kagome aprovechó para abordar un tema que la traía nerviosa.

― Mañana vamos a ir a la ciudad a ver a papá, solo estará de paso unas horas y no tendrá tiempo de venir hasta acá.

― Salúdamelo.― fue lo único que dijo, sabía que no podía negarle ir a ver a su padre.

― Podrías venir y le decimos juntos que será abuelo.

― Kagome...― le llamó en advertencia, no quería tener esa discusión de nuevo.

― Por esta ocasión podrías hacer una excepción, por favor, solo esta vez.― suplicó al hincarse y juntar sus manos.

― Hay trabajo por hacer, la temperatura bajara pronto y...― estaba poniendo varías excusas cuando su novia le golpeo con un cojín.

― Solo te pido que por una vez vengas, es una noticia que le debemos dar los dos.

― Podemos esperar a que venga en vacaciones.

― Cuando eso sea voy a estar por el cuarto meses... El mundo no se va a acabar por que vayas a la ciudad.

― Quisiera ir, pero no puedo.― como quisiera poder decirle todo, pero no podía, entre menos conociera era mejor.

― ¿Tienes una orden que te impida pasar el puente?

― No, pero... Es complicado.

― Siempre es complicado, creo que confió demasiado en ti y tú nada en mí... Una persona con tantos secretos no puede ser buena.

Ante aquellas palabras Inuyasha temió lo peor, Kagome no le dejaría ¿Verdad? Tendrían un bebé y ella no se lo quitaría ¿Cierto?.

― Kagome, jamás te lastimaría, es complicado y no quiero que tú también vivas con miedo.― intentó explicarse lo mejor que pudo, no podía permitirse perderla.

― Ya es tarde, tengo miedo por ti, me preocupas.

― Estoy bien.

― ¿Qué pasa si estando en la ciudad el bebé nace? ¿Pasarías el puente?

― Yo... Yo iba a cruzar el puente el otro día solo para buscarte... Además, no nacerá en la ciudad.

― ¿Cómo lo sabes?

― Confió en que será así.

― Voy a acomodar mis cosas para mañana.― dijo derrotada, se levantó y fue a la computadora para imprimir su lista de actividades del mes.

Inuyasha se quedó viendo a Kagome desde el sofá, se detestaba por ponerla triste, pero ella tenía razón, solo era un día. Podía con ello, tendría que ser muy cauteloso, no llamar la atención, pero sabía que lo lograría. Se levantó y se acercó a su novia.

― ¿Ahora qué?― preguntó al recibir un beso en su cabeza.

― Solo esta vez, y en un lugar cerca de la estación.

― No tienes que ir, papá comprenderá.

― Iré, tu familia confió en mí, me dio el beneficio de la duda, no solo ellos, tú también lo hiciste y debo devolverles el favor.― giró la silla donde ella estaba sentada y ponerla de frente a él.― Además, si Kenzo quiere matarme por embarazarte no se lo negaré.― esperaba que con eso, Kagome le perdonara.

― ¡Gracias!― gritó finalmente, le saltó encima y lo besó.


Para Inuyasha, el viaje a Sendai no había sido tan difícil, hasta ahora lo había podido manejar muy bien, pero tenía un largo día por delante. Y llegando a la estación, el padre de Kagome ya los esperaba.

― Hola a todos, lo he extrañado mucho.― saludó a su familia, pero al ver a Inuyasha se sorprendió.― Muchacho, vaya sorpresa, creí no te vería.

― Es una ocasión especial.― dijo Kagome con una gran y misteriosa sonrisa.

― ¿Por qué?― preguntó Kenzo.

― Eso más tarde, vamos a comer.― Nodoka sujetó a su esposo del brazo.― Recuerda cariño que no tienes mucho tiempo.

Fueron a comer a un restaurante donde tenían un fabuloso buffet, hablaban de trivialidades y reían al recordar cosas de la infancia de Kagome y Souta. Por ejemplo, la vez que Souta pintó las paredes, el recital donde a Kagome al momento de decir su parte le dio un ataque de hipo o cuando su hermana se encontró a un amigo en el parque y Souta de cinco años, fingió tener vomito para ahuyentar a un chico, porque no lo quería cerca de su hermana.

Kagome aprovechando que sus padres y Souta estaban eligiendo el postre, para hablar con su novio, le estaba preocupando que estuviera en silencio y observando a cada persona que entraba al lugar.

― ¿Todo bien?― preguntó al tomarle de la mano.

― Sí.

― Cuando vuelvan le decimos.― dijo ella al posar con discreción una mano sobre su vientre.

― Mejor en un lugar más privado.― sugirió al ver que el lugar ya se había llenado más.

― Ni que se fuera a parar y hacer una escena.― bromeó Kagome para aligerar la tensión en Inuyasha.

― ¿Y si lo hace? ¿Y si lo graban y suben a internet?― sus caras quedarían en la web y lo podían rastrear con mayor facilidad.

― Estas paranoico.

― Cruzando hay un parque, no hay mucha gente, que sea algo entre nosotros.― ya no se le ocurría qué más decir para que Kagome aceptara.

― ¿Y me van a decir la ocasión especial?― preguntó Kenzo al llegar.

― Terminemos el postre y vamos al parque.― dijo Kagome al aceptar la petición de su novio.

― Ya sé, finalmente le propusiste matrimonio.― Kenzo miró a Inuyasha y luego a Kagome, ambos se habían puesto rojos.

Inuyasha se puso nervioso, obviamente que quería casarse con Kagome y más ahora con la llegada de su hijo, pero no sabía cómo pedírselo y tenía miedo que ella pensara que se lo pedía por el bebé. Por su parte, Kagome casi estaba en las mismas, no quería que Inuyasha se sintiese presionado por una boda, solo porque tendrían un hijo.

― Kenzo, no presiones.― regañó Nodoka al percatarse del ambiente tenso que se formó.

― La sorpresa es que finalmente soy número uno en el cuadro de honor.― intervino astutamente Souta.

― ¡Ese es mi muchacho!

― Inuyasha, vamos por nuestro postre.― Kagome se llevó a Inuyasha aprovechando los elogios de su padre para con Souta.

...

Ya en el parque caminaban observando el paisaje otoñal que les brindaban los árboles y admiraban los peces que había en el rio que fluía en el perímetro del lugar. La hora de marcharse de todos se acercaba e iba siendo hora de dar la gran noticia.

― Papá, te tenemos un regalo.― dijo Kagome al sacar una pequeña caja.

― Me conviene tardar en verlos, me dan obsequios.― bromeó al quitar la tapa, en cuanto la abrió, vio una billetera.― Gracias, la mía ya está muy desgastada.

― Entonces deberías estrenarla ahora.― sugirió Nodoka.

Kenzo la abrió y se quedó mudo, en la parte donde se ponía poner una foto, había una ecografía, tardó unos segundos más en poder hablar ya que le costaba creer lo que veía.

― ¿En verdad?

― Serás abuelo.― confirmó Kagome.

― ¡Mi niña! ¡Felicidades! No veo la hora de retirarme y disfrutar de mi nieto, ¿Cuánto tienes?

― 10 semanas.

― Me lo hubieran dicho antes y hubiésemos ido por un regalo, para ti y mi nieto.

― Aún queda mucho tiempo.

― Ven aquí, gracias.― dijo Kenzo a Inuyasha para abrazarlo.― Cuídalos bien, se que lo haces pero nunca está de más.

― No se preocupe por eso.

― ¿Y cuándo se casan?

― Papá.― reprendió Kagome.

― Es broma, miren la hora, debo irme y ustedes también, cualquier cosa me llaman.

― Lo haremos.

Se despedían cuando un estruendo parecido al de una metralla se escuchó muy cerca, de inmediato Inuyasha abrazó a Kagome, intentando cubrirla lo mejor posible, miró a su alrededor y se dio cuenta que solo había sido un coche viejo.

― ¿Estás bien?― preguntó tranquilamente Kagome.

― Lo siento, no quise...― estaba tan apenado.

― Solo fue el motor de un coche.

― Perdón, lo siento mucho.― suspiró para calmarse, su paranoia lo había puesto en esa vergonzosa situación.

― Todo está bien, relájate muchacho.― dijo Kenzo, él intuía que Inuyasha había estado en la guerra o algo parecido, pero no se lo había preguntado.

...

Ya de regreso en Shikon, después de un largo día, Kagome e Inuyasha estaban listos para dormir, la azabache se acurrucó más al cuerpo del chico y a cambio, él la besó en la frente.

― Gracias por ir, sé que fue muy difícil para ti.

― Lo hice porque te amo.

― Y yo a ti, buenas noches.


Inuyasha se terminaba de vestir después de su ducha y Kagome observaba desde la ventana de la recamara el paisaje, las hojas ya se habían tornado marrones y naranjas, el viento ahora era frío porque estaban a mitad del otoño, acarició su vientre ligeramente plano y sonrió con felicidad.

― Cuando todo este cubierto de nieve lo amara.― comentó con ensueño.

― Antes que se congele, vamos a dar un paseo en bote.― sugirió Inuyasha, sabiendo que a ella le encantaba ir al lago.

― Prepararé unos emparedados y unas bebidas.

Minutos más tarde, la pareja disfrutaba de su compañía a la mitad de aquella masa de agua, se habían recostado en el bote y observaban el cielo.

― Me gusta este lugar para criarlo.

― ¿No preferirías la ciudad?

― No, este lugar es perfecto, la ciudad para fin de semana.― se giró un poco y se acostó sobre el pecho de Inuyasha.

― ¿Cuándo tienes que ir de nuevo al médico?― preguntó al abrazarla y jalando la manta para cubrirla de nuevo.

― El miércoles, no te preocupes, mamá irá conmigo.

― No, yo voy.― lo había pensado muy largamente y no quería perderse de los momentos importantes del embarazo.

― Yasha, en verdad está bien.― no quería hostigarlo, suficiente había hecho cuando fueron a ver su padre.

― Debo estar allí.

― Solo iré por mi archivo, para que Kaede lleve el embarazo.

― Voy contigo.

― No es que no quiera, pero ¿Recuerdas que ese día tienes que recibir mercancía?

― Lo había olvidado.― gruñó frustrado.

― Pero podrías hacer algo más, quiero un pay de calabaza.

― ¿Tan rápido con antojos?― dijo con malicia y en un ágil movimiento la dejó bajo él.

― No, solo quiero comer esa delicia que heredaste de tu madre.― como le hubiese gustado a esa mujer.― ¿Crees que yo le hubiese agradado?

― Te amaría, eso es seguro.― se inclinó y la besó con lentitud.


Otro típico fin de semana de trabajo, Inuyasha estaba en el patio fabricando unas repisas que le encargaron y Kagome en la tienda acomodando la mercancía en las repisas hasta que recibió una llamada, era Kaede, una agradable señora que era curandera y partera local. Llamaba para ver si Inuyasha podía reparar su techo, al parecer unas ardillas habían hecho un desastre.

― Inuyasha, Kaede-obachan llamó, dice que si puedes ir a reparar su techo.― dijo Kagome al asomarse por la ventana.

― Ya terminé de barnizar esto, te encargo la tienda, me llamas si necesitas algo.

― Estaré bien, Souta vendrá en un rato.

Inuyasha pasó la mayor parte de la mañana reparando el techo, esa anciana lo había dejado para el último momento y fue una agotadora tarea, está cansando y tenía hambre, lo que ya quería era llegar y pasar el resto del día descansando con su novia. Al estar llegando a la tienda, vio a Kagome salir corriendo.

― ¡Yasha! Que bueno que llegas.― hablaba mientras iba al encuentro de su novio.

― ¿Por qué tan entusiasta?― preguntó al dejar la caja de herramientas en el suelo y corresponder al abrazo.― ¿Quieres que cerremos temprano?― preguntó con una maliciosa sonrisa y la pegó más a su cuerpo. Había escuchado que a las embarazadas les subía el lívido.

― Idiota.― dijo con un sonrojo.― Un amigo te busca.

― ¿Un amigo?― preguntó sorprendido y un escalofrío lo recorrió.

― ¿Por qué no me hablaste de él? Te está esperando en la tienda.

Inuyasha estaba por preguntar si ese "amigo" le había dado un nombre, cuando un joven como de su misma edad, ojos azules y cabello negro, salía de la tienda.

Miroku...


Perdonar la demora, muchas gracias por sus mensajes, espero que el capítulo fuese de su agrado.

04/03/2016