Los personajes de Inuyasha pertenecen a la gran Rumiko, yo solo los tomó prestados para poder dar forma a la trama la cual si me pertenece. Todo sin lucro y solo con el afán de entretener.
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4. Recuerdos Buenos y Malos.
Kagome no había tenido un buen día, primero, tropezaron con ella y se tiró el café en la ropa; segundo, para tapar la mancha debió llevar su suéter, no se quejaría de eso, sí el clima no estuviera como loco y en vez de frío, hacía calor; tercero, olvido su almuerzo y no llevaba suficiente dinero para comprar algo de comer. Y al llegar a casa, su hermano estaba enfermo de una fuerte tos, su madre la mando a la tienda por miel y té, intentó hacer que ella fuese pero la obligó a ir. En ese momento lo que menos quería la azabache, era ver al tipo de la tienda.
― Kagome, el joven Inuyasha no muerde.
― Como a ustedes les trata bien.― reprochó.
― Ya no te quejes tanto y ve antes que llueva.― le dio un paraguas y la obligó a salir de la casa.
Derrotada se apresuró, iba corriendo para ganarle a la lluvia y no se percató que el charco que iba a pasar, en realidad era una madriguera inundada por la lluvia de más temprano. Su pie se hundió en el lodo, enojada por su mala suerte lucho por sacarlo, pero le dolió, tal vez se había roto un hueso.
Gritó furiosa, era increíble que estuviera teniendo el peor día de su vida, ya nada podía empeorarlo ¿Cierto?. Estaba tan equivocada, las gotas de agua comenzaron a caer, en un par de minutos, una tormenta caía sobre la azabache, empapándola toda. Lo único bueno, era que por la lluvia, sus lágrimas no se notaban.
― ¿Qué haces?― preguntó una voz masculina y Kagome maldijo, de todas las personas precisamente quien la encontró fue su persona menos favorita.
― Lárgate.― pidió enojada.
― Solo tú quedas atrapada en una madriguera.― dijo en tono burlón.
― ¡Vete! ¡A ti es a la última persona que deseo ver!
― Como quieras.― resoplo y siguió caminando, pero a unos metros más adelante, se detuvo, volteó y vio a la azabache llorar.
¿Por qué tenía que llorar? Gruñó molesto con él y regresó. Soltó su paraguas y sujetó a la azabache por la cintura.
― ¿Qué haces?― preguntó alterada, no se dio cuenta del momento que el chico volvió, solo hasta sentirse "abrazada" y por instinto buscó liberarse.
― ¿Ayudarte?― era lo más obvio, ahora la sujetó por debajo de los brazos y jaló con fuerza.― Ya estas libre.― dijo al ponerla de pie.
― Gracias.― intentó apoyarse también con su pie que quedó atrapado y le dolió, iba a tardar mucho en llegar a casa.
― Sube.― pidió Inuyasha al hincarse frente a la chica y ofrecerse su espalda.― Subes por voluntad o te cargo como un costal.― amenazó al ver que solo se quedó de pie.
Kagome suspiró y se montó en la espalda, sabía que hablaba enserio y tenía más fuerza que ella, todo estaba en su contra. Inuyasha recogió el paraguas y los cubrió, ya estaban todos mojados pero no tendría más agua callándoles y nublando su vista.
― Mi casa queda del otro lado.― dijo Kagome al notar que iban dirección contraria.
― La tienda está más cerca.
No tardaron mucho en llegar, pero para sorpresa de Kagome, no entraron a la tienda, Inuyasha la llevó a la casa de él.
― Creí iríamos a la tienda.― dijo al estar en la pequeña sala.
― En la tienda no hay toallas, siéntate aquí.― pidió al pasarle una silla de madera y subió a la planta alta.
Kagome observó el lugar, en la sala solo había un sillón frente al televisor, una mesa de centro, la chimenea y un librero con seis únicos libros, sintió mucha curiosidad por saber los títulos, pero desde su lugar no alcanzaba a distinguirlos. Se estiró un poco y vio un refrigerador, esa debía ser la cocina. Miró a las paredes y le extraño que no hubiese ni un cuatro o foto, lo que le hizo preguntarse, ¿En algún momento veía televisión o solo era un adorno? Escuchó pasos y se acomodó, no quería que la atrapara chismoseando.
― Sécate.― dijo Inuyasha al darle una toalla, él ya estaba seco, había aprovechado para cambiarse.
― Muchas gracias.
― Tengo que ir a la tienda, ponte esto.― le dejó lo que parecía ser ropa y Kagome le miró confundida.― Ahora vuelvo.― dijo al tomar su paraguas y atravesar la calle.
Una vez sola, la azabache tomó la primer prenda, era un suéter rojo, se cercioró de que Inuyasha no estuviera volviendo, se apresuró a quitarse su suéter y playera, analizó su sostén, estaba completamente mojado, también se lo quitó y espero que no se notara que se lo quitó. La segunda prenda era un pantalón de franela, seguramente de una pijama, pero no podía ponérsela, sus bragas estaban mojadas y no se las quitaría. Un sonido en la puerta llamó su atención, Inuyasha volvía con una bolsa.
― No te cambiaste el pantalón.
― Es que... No puedo, me duele el pie y no pude quitármelo.― mintió, ni lo intentó, pero era probable que no pudiera.
― Déjame verlo.― pidió hincándose delante de la chica.
Kagome se levantó el dobladillo del pantalón, quitó su tenis y calceta del pie lastimado. De inmediato se espantó, su tobillo estaba rojo e inflamado. Inuyasha lo sujetó con ambas manos y la chica intentó quitárselo, no porque no quisiera la ayuda, fue por el dolor que sintió.
― Tranquila, seguro no es tan feo como se ve.― Kagome asintió e intentó no mover su pie.― No está roto, solo torcido, pero no deberás apoyarte sobre el, voy por una venda.― dijo al ir a un estante donde estaba lo que necesitaba.
― ¿Cómo sabes eso?― preguntó Kagome una vez que Inuyasha regresó.
― Tomé un curso de primeros auxilios, ¿A dónde ibas o de dónde venías?
― Venía aquí, por miel y té, Souta está enfermo.
― No me hubieras encontrado.
― Me di cuenta, perdón por las molestias, te voy a pagar lo que has usado.― dijo cuándo su pie estaba vendado por completo.
― La tormenta va para largo, voy a la cocina, intenta cambiarte el pantalón.
― No es necesario.
― Está lleno de lodo, es necesario.
― Lo sé, es solo que... No lo entenderías.― dijo sonrojada.
Inuyasha se percató de la vergüenza por la cual pasaba la azabache, ¿Cuál podía ser la razón por la que no quería quitárselo? ¿Algo de mujeres? ¡Por kami! ¡Eso era!.
― Necesitas que te traiga... Ya sabes... Lo que solo ustedes usan.― ofreció sonrojado, ¿Por qué le era difícil? Él vendía esas "cosas".
Kagome le miró a los ojos, buscando una respuesta a lo que le decía ¿Lo que solo ustedes usan? ¡Kyaaa! Inuyasha pensaba que tenía su periodo.
― ¡No es eso! Es que... Mi ropa interior esta mojada y no me siento comida sin ella.
― Perdón, yo creí... Olvídalo.― ¡Era un idiota! ¿Por qué no pensó en eso? Era tan obvio.― No puedo darte de la mía.
― ¡Claro que no! Sería "raro".
― Pero si no te cambias enfermaras. ¿Aceptarías ponerte un short bajo el pantalón? Esta nuevo, es chico, me equivoqué de talla al pedirlo, se supone es para nadar.
― Creo que si.― eso era aceptable ¿Cierto?
Inuyasha volvió a la planta alta y volvió casi tan pronto como se fue, le dio aquel short playero a Kagome y se volteó en dirección a la cocina.
― Prometo que no veré, apagaré la luz si con eso estas más cómoda, voy a la cocina.
Kagome se apresuró a quitarse la ropa mojada, fue difícil y algo doloroso, pero lo logró. Ya estaba seca y su cuerpo recobraba el calor.
― ¿Puedo pasar?― preguntó Inuyasha desde la cocina.
― ¡Sí, ya termine!
― Hice té, no lo he endulzado, traje miel, pero si prefieres azúcar la traigo.― dijo al dejar dos tazas y un tarro de miel en la mesa de centro.
― Está bien, me gusta con miel.
― Siéntate en el sofá, deja te ayudo.― sujetó a Kagome de la cintura y la sentó con cuidado en los cojines.
― Muchas gracias por todo.― cogió su taza de té y se quedó viéndola, luego veía a Inuyasha y pensaba en lo mal que lo había juzgado, detrás de esa muralla de indiferencia estaba un chico amable y respetuoso, se sentía tan culpable por haber formado una mala imagen de él.
― Espero te guste... No le puse veneno ni droga.― agregó Inuyasha al verla ver su taza fijamente.
― No es eso.― ni por su segundo se le ocurrió esa posibilidad.
― ¿Entonces?
― Me equivoqué contigo, en realidad eres una buena persona.
― Bebe tu té.― dijo bebiendo el suyo en un intento por cubrir su rostro, estaba sonrojado.
...
Una semana después, Kagome ya estaba bien de su pie e iba a la tienda de Inuyasha, quería agradecerle nuevamente en persona y pagarle. Al entrar, la tienda estaba sola, el chico no estaba en ningún lado, pero al escuchar un sonido en la parte trasera, salió. Y allí estaba, subido en una escalera quitando las hojas de la canaleta del agua.
― Inuyasha, vengo a pagarte lo del otro día.
― ¿Acaso te lo cobre?― preguntó desde arriba de la escalera.
― No, pero...
― Entonces no tienes que hacerlo.
― También traigo tu ropa.― dijo al mostrársela e Inuyasha finalmente bajo.
― Tu pie ya está mejor.― comentó al verla sin muleta.
― Sí, gracias a ti, tu ropa.― Inuyasha la tomó y entró a la tienda.
― ¿Necesitas algo más?
― No... Pero en verdad, ten el dinero.
― No lo quiero.― ¿Acaso no le había entendido?
― Tómalo, no me siento cómoda debiéndotelo, no era tu obligación ayudarme y curarme.
― Ya te dije que no es nada, quédate satisfecha.― dijo ¿Dolido?, no entendía porque ella le hacía sentir así, ¿Tanto le molestaba su ayuda?
― Pero, no me parece justo que...
― ¡Ya te dije que...!― se cayó y respiró hondo.― Si quieres quedar a mano, me deberás un favor.
― Mientras no sea nada extraño.
― ¿Por quién me tomas? No soy un pervertido.
Inuyasha literalmente se atascaba de pudín mientras Kagome terminaba de contar la historia, obviamente con sus omisiones, pero no dejaba de ser vergonzoso para él, no es que sintiese vergüenza por Kagome, jamás lo sentiría, pero no quería que Miroku conociese facetas de él que solo tenía con Kagome.
― Y, eso fue todo, desde entonces ya no me apuró en las compras, me saludaba y en ocasiones pasábamos horas platicando.
― Siempre ha tenido un instinto protector.
― Me he dado cuenta.
― ¿Y qué favor pidió?
― Aún no lo hace.
― ¿Pero no se conocían de antes? Digo, el pueblo es pequeño.― esa era la parte que no había comprendido del todo.
― Yo no nací aquí, soy de Tokio. Pero hace dos años nos mudamos, mi madre necesitaba dejar la ciudad por salud, la primera vez que vi a Inuyasha fue cuando buscamos a Buyo, teníamos tres días aquí.
― ¿A qué te dedicas?
― Soy educadora, trabajo en la ciudad en un jardín de niños público.
― Entonces ya tienes más que experiencia con niños, podrás enseñarle a Inuyasha, él me preocupa.
― Lo haré bien, es mi bebé.― se defendió el ojidorado al poner una de sus manos en el vientre de Kagome.
― Esa es la actitud que se requiere.― dijo Miroku ganándose una mirada de advertencia por parte de su amigo.― Lo digo de corazón, yo también tenía miedo con las gemelas, pero todo marcha bien.
― Y yo confió en ti, además, tenemos a mi familia que nos aconsejará.― Inuyasha le sonrió a Kagome, ella tenía razón, no estaban solos.
― Entonces Kagome, te viniste con tu madre, hermano y ¿Padre?.― interrumpió Miroku, era muy curioso, nada se podía hacer.
― Mi papá vive en Kyoto, pero ya se retira este año, mi abuelo también vino.
― Interesante, ¿Cómo los convenciste para que te dejaran vivir con ella?― preguntó a Inuyasha, no cualquiera deja a su hija vivir con un hombre sin estar casada y más ahora que tendrían un bebé.
― Mi papá e Inuyasha se llevan bien, también mi madre.― contestó Kagome.― A mí fue a la única que Inuyasha no soportaba.― reprochó.
― ¡No es verdad!
― ¡Lo es y no puedes negarlo!
― Me ponías incomodo, por...
― ¡Allí esta!― interrumpió al escuchar una palabra clave.― No me querías junto a ti.
― No lo entenderías.― desvió su mirada para que Kagome no viese su sonrojo.
― Decías que no me soportabas, que mi presencia te enfermaba.
― Mal interpretaste las cosas.― ¿Por qué simplemente no podía decirle que ya le gustaba y por eso hacía todo eso?
― ¡No lo hice!
― Pregúntale a tu familia.
― Ellos te quieren más a ti.
― Eres una terca. ¿Y tú qué?― preguntó Inuyasha al escuchar una risa por parte de Miroku.
― Lo siento, pero me di cuenta del porqué los dejaron juntos, son idéales, tal para cual. Señorita, si me lo permite, creo que, lo que Inuyasha no puede decir, es que sentía pena al verte.― intervino Miroku al ver que su amigo no admitiría la verdad.
― ¿Es verdad?― preguntó una perpleja Kagome.
― Dejaron que vivamos juntos porque saben que soy el indicado para ti.― dijo Inuyasha al esquivar la pregunta, odiaba cuando Miroku tenía razón.
Kagome sonrió, estaba feliz por saber finalmente la verdad y eso le hizo preguntarse ¿Cuándo fue que Inuyasha le comenzó a atraer? ¿Cuál fue el momento en que se enamoró de él?
― Inuyasha ¿Cómo le pediste que fueran novios y que vivieran juntos?
― Ya es suficiente.― dijo Inuyasha, no permitiría que esa historia se diese a conocer.
― Pero quiero saber.
― No te lo diré y Kagome no dirás nada.― le advirtió a su novia al ver en su mirada maliciosa.
― En otra ocasión.― dijo Kagome, por ese día había sido suficiente para Inuyasha.
...
Entrada la noche Kagome e Inuyasha estaban ya acostados en su cama, dispuestos a dormir después de ese largo y sorpresivo día.
― Tu amigo me agrada.― dijo Kagome acurrucada en el pecho de Inuyasha.
― Ya duérmete.
― ¿Estás molesto?― preguntó ella por ese tono cortante.
― Claro que no, es solo que... Olvídalo, duerme que mañana debes ir al trabajo.― besó la frente de Kagome y cerró los ojos esperando que Kagome ya no siguiera hablando.
― Tengo planeado trabajar en el kínder de aquí.― decidió dar esa noticia que se había guardado, era un buen momento para animar a Inuyasha.
― ¿En verdad?― preguntó sorprendido, esa era la mejor noticia que pudo recibir aquel día.
― Ya le pregunte a Ayumi y dice que me aceptan.
― Esa es una excelente noticia.
― ¿Me dirás lo que te molestó?― soltó sin querer, su intención no era seguir con ese asunto, pero su inconsciente la traicionó.
― Miroku me hizo recordar cosas, que... Bueno solo eso.
Kagome no podía creerlo, por un segundo creyó que Inuyasha se abriría y le compartiría su vida, ¡Pero no! Se había quedado callado. Se levantó y le miró molesta.
― No me mires de esa forma, no es para tanto.
― Es que nunca me dices nada... Vamos a tener un bebé, he aceptado por año y medio que no me cuentes de tu vida antes de volver al pueblo, pero eso debe cambiar. ¿No confías en mí?― preguntó dolida.
― Claro que lo hago.― podría su vida en sus manos de ser necesario, pero su vida no era tan fácil.― Es solo que, es complicado, ya te dije que no es muy bonito y no quiero que tengas esa carga, menos ahora con el bebé.― puso sus manos en el lugar donde su bebé crecía y esperó con eso calmarla.
― ¿Mataste a alguien? ¿Estuviste en la cárcel?― preguntaba ya alterada, miles de cosas pasaban por su cabeza ¿Estaría acusado de violación?
― Kag, cálmate por favor.― pidió al verla ansiosa.― Que esto quede entre nosotros dos.― suspiró y puso en orden lo que iba a decir, iba a revelarle una parte de su vida, no la que en realidad Kagome debía conocer, pero era algo.― Estuve un tiempo en la naval.
― ¿En tu servicio militar?
― Sí... Me entrenaron para combate, era muy bueno, surgió una misión peligrosa, debíamos detener a un grupo homicida, querían hacer explotar una escuela, tenían a los maestros y niños de rehenes, siguiendo órdenes los aniquile y un niño casi muere.
― No debes atormentarte por eso, él está bien y los otros eran personas malas.― intentó reconfortarlo.
― Lo sé, es solo que Miroku trajo a mí muchas cosas, él estuvo conmigo, pero las cosas más malas yo las viví.
― Gracias, gracias por contarme eso.― le abrazó y besó en recompensa por contarle eso.
Inuyasha terminaba su desayuno mientras miraba las noticias en la televisión y esperaba que Kagome se alistará para su primer día de trabajo en el jardín de niños local, dos semanas ya habían pasado desde la visita de Miroku y ya se había hecho a la idea de que nadie le iría a buscar.
"Se encontraron otros dos cadáveres de mujeres bajo un puente, en este mes ya suman ocho y catorce en los últimos mes. La policía no tiene respuestas o mejor dicho, no quieren darlas. Es muy sospechoso que todas ellas sean de ojos marrones; cabello negro, lacio y largo, siempre las encuentran con un pétalo de rosa blanca. Lo que nos hace recordar a..."
Inuyasha al escuchar pasos apagó de inmediato el aparato, no quería saber más del asunto, suficiente tuvo en los últimos días al saber que Kagome iba sola a la ciudad, solo kami sabía lo angustiado que estuvo.
― ¿Qué pasa?― preguntó Kagome al entrar y verlo incómodo.
― Nada, ¿Lista?.
― Creo que sí, me parece que no olvido nada.
― ¿Nerviosa por tu primer día de escuela?― quería desviar la atención de ella de él.
― Algo, ¿Qué tal si los niños no me quieren?― admitió preocupada.
― Todo saldrá bien, te amaran.
...
A la hora del almuerzo Kagome estaba rodeada de sus alumnos, aquellos pequeños sentían mucha curiosidad por su nueva profesora.
― Sensei, ¿El hombre que la acompañó en la mañana es su esposo?― preguntó un niño.
― Así es.― en realidad no lo era, pero no se pondría a explicar cosas complicadas a pequeños niños.
― Es muy atractivo.― dijo una niña que portaba un moño rosa en el cabello, ese comentario le causó gracia a Kagome, Inuyasha flechaba hasta niñas de cinco años.
― Yo ya lo había visto, reparó la cerca de la casa.― presumió una pequeña de cabello corto.
― Yo también, en la tienda del lago.― dijo el niño más pequeño, no quería quedar excluido.
― Le voy a decir a mi mamá que vayamos a esa.― se escuchó el comentario de otra niña.
― ¿El bebé que espera es de él?― preguntó una niña que visitaba la tienda con frecuencia y escuchó sobre su embarazo.
― ¡Claro que lo es Mijo-chan!― reprendió un niño que comía un chocolate.
― Puede que no, el papá de Len no es mi papá, pero tenemos la misma mamá.
― Pero ese no es mi caso.― intervino Kagome antes de que se creara un alboroto.
Otra noticia de una mujer asesinada en Osaka, desde su fuga, Naraku ya acumulaba 17 mujeres. Lo que le mantenía tranquilo era el hecho de que las muertes no llegaban al norte, pero en el momento que extendiera su zona, no perdería de vista a Kagome. Se contuvo de estrujar el periódico, Kagome estaba frente a él, tomando su desayuno.
― Llevas mucho viendo esa página.― dijo la chica al notarle tenso y no tocar su comida.
― Me perdí pensando en otra cosa, no me di cuenta.― dobló el periódico y terminó rápidamente su comida.― Voy al baño y nos vamos.
Aprovechando que Inuyasha se había ido y dejando el periódico, Kagome lo tomó y vio la página que veía Inuyasha, era la noticia de los asesinatos de mujeres. ¿Por qué la estaba viendo? Seguramente un sinfín de escenarios le pasaban por la cabeza y se alegraba de que ella ya no fuera a la ciudad.
En cuanto Inuyasha volvió, fueron al jardín de niños, en el camino no dijeron palabra alguna y eso ponía triste a Kagome. Sentía que un muro se estaba formando entre los dos y le daba miedo, no quería perder a Inuyasha.
― Iré a casa de la señora Haruka, tengo que reparar una ventana, puede que no pase por ti, si no estoy puntual, regresas a casa y... ¿Qué pasa?― preguntó al ver que Kagome tenía los ojos llorosos.
― Nada, debe ser el embarazo.
― Kagome ¿Que tienes?― se puso frente a ella y le miró a los ojos.
― Siento que te apartas de mí, te notó distante.― confesó intentando no llorar.
― Tranquila, no llores, no hay de qué preocuparse, perdón si te hice sentir así, vendré por ti e iremos a pasar una tarde al lago.― no se había percatado de lo mal que Kagome se la estaba pasando por su culpa.
― Termina con tu trabajo, iremos otro día, además está la tienda.
― Iremos hoy, nos distraeremos y en la noche te mostraré lo mucho que te amo. Por la tienda no te preocupes, tu hermano se puede hacer cargo de ella.
Kagome sonrió al recibir un beso en la mejilla y abrazó a Inuyasha, desecharía todas sus ideas locas y esperaría con ansias su tarde con Inuyasha.
Cuatro meses y medio, su embarazo ya se notaba más, estaba tan feliz al igual que Inuyasha, él no perdía ninguna oportunidad en acostarse en sus piernas y quedar a la altura del bebé, cada que hacia eso le parecía lo más tierno del mundo. Sacó del refrigerador la tarta de queso y zarzamora que había hecho, cortó dos rebanadas, una para ella y otra para Inuyasha, solo faltaba un licuado de chocolate, pero no encontraba la leche ¿Inuyasha ya se la habría terminado?
Fue al cuarto de trabajo de Inuyasha donde el chico debía estar reparando una mecedora, pero al entrar, lo vio rompiendo varios periódicos. En ese momento todo en lo que no quería pensar volvió a su mente, sus miedos y paranoias resurgieron y su pecho se oprimió.
― Yasha, ¿Qué haces?
― Nada ¿Qué necesitas?― preguntó al dejar lo que hacía.
― ¿Por qué rompías el periódico?
― Iba a usarlo para... Es para... El reciclaje.― dijo finalmente, Kagome lo tomó por sorpresa y más al arrebatarle uno que no había roto.
― Los asesinatos ¿Qué es lo que pasa contigo?― quiso creer que se imaginaba cosas, pero Inuyasha solo le confirmaba que no estaba actuando paranoica.
― Ya te dije que nada.
― Actúas muy raro, todos los días buscas alguna noticia de esas muertes y si viene algo, quitas la página y la rompes.
― Todo está bien ¿Para qué me buscabas?
― ¡Basta! No quiero más mentiras.― ya se había enojado, no soportaría más farsas.
― ¿Quieres calmarte?
― ¡No! ¡Me vas a decir qué sucede o me voy a casa de mi madre!
― Estas exagerando, ya te dije que... ¡Kagome!― llamó al verla irse.
― Ya no puedo con esto, el día que decidas contarme la verdad, sabes dónde encontrarme.― dijo al salir de la casa sin voltear a verlo.
...
Inuyasha se pasó el resto del día rompiendo los periódicos, pensando en lo que había pasado y llamando a Kagome, pero ella no le respondía. ¿En verdad ella no volvería? ¿Él estaría dispuesto a perder a Kagome a causa de su pasado? ¿Quería volver a estar solo en una casa sin su azabache? ¿Qué era más importante Kagome o mantener ocultó su pasado? Quiso golpearse por solo pensar en eso ¡Por supuesto Kagome era más importante!
Quería ir por Kagome pero cada que se disponía a cruzar la puerta, se acobardaba ¿Qué iba a decirle para que volviera? ¿Toda la verdad? Solo hasta ya muy entrada la noche reunió todo su coraje y fue a casa de la madre de Kagome, no iba a perder a su novia y bebé solo por tener miedo, si dejaba que le dominase, ese tipo estaría ganando, de alguna manera, le estaría quitando lo que más amaba.
― Buenas tardes.
― Pasa, está en su recamara.― dijo la madre de Kagome.
― Yo... Lo siento, no quise hacerla enojar.― se disculpó apenado, jamás pensó verse en esa situación.
― Lo que importa es que estas aquí para arreglar las cosas.
― Gracias.
...
Kagome desde la tablet de su hermano, buscaba en internet noticias sobre los asesinatos y del presunto culpable que mencionaban algunos periodistas. Quería entender la razón de tanto interés por parte de Inuyasha, pero no veía la razón. Acarició su vientre y cerró los ojos, no quería estresarse más, su bebé no tenía que recibir cosas malas. Mejor buscaba ropa de bebé o consejos para los próximos meses.
― Mamá, ya te dije que...― dijo al escuchar la puerta abrirse, pero al voltear vio a Inuyasha.― ¿Qué quieres?
― Perdí a alguien y no pude hacer nada por evitarlo, esas muertes me traen esos recuerdos, por eso no me gusta ver las notas, es lo único que diré.― explicó rápidamente, si no lo hacía de esa manera se arrepentiría o diría alguna idiotez.
― ¿La amabas?
― No he dicho que era una "ella".― estaba seguro que no lo dijo.
― No hace falta.― dijo desviando su mirada, estaba sonriendo muchos celos, era tonto.
― Mírame.― se sentó en la cama junto a ella y le obligó a mirarle.― Fue importante para mí, pero ya pasó.
― Si eso fuera, no te pondrías tan alterado al recordarlo.
― Es porque tengo miedo de perderte, toda la gente que se cruza en mi camino no termina bien y no quiero perderles.― puso una mano en el vientre de ella y con la otra le cogió una mano.― Te amo, lo que llegué a sentir por ella es nada comparado contigo. Créeme, es la verdad.― dijo en suplica, no quería que ahora Kagome no quisiera volver por culpa de un antiguo amor.― ¿Por qué lloras?
― No lo sé... No quiero sentirme opacada por alguien más, no quiero que otra ocupe tu mente.
― Tonta, si me preocupe no fue por ella, fue por ti, me alegra que ya no tengas que ir a la ciudad, puedo jurarte que a cada momento pienso en ti y en esté bebé, ya quiero poder tenerlo entre mis brazos.
― Igual yo.
― Volvamos a casa.
― Mañana, ya tengo sueño.
― Le diré a tu madre que nos quedaremos hoy.
Inuyasha besó a Kagome lentamente, se prometía no volver a dejar que algo pusiera en tela de juicio su relación con su linda novia.
Kagome intentaba tejer una manta para su bebé, su madre le había estado enseñando, pero se le dificultaba mucho. Deshizo una buena parte y volvió a tejer, se supone que con eso se debía calmarse. La campana de la puerta sonó anunciando un visitante, miró a la puerta para dar la bienvenida, pero se asombró al ver a dos tipos de traje negro, uno más alto que el otro.
― Buenas tardes.― saludó el más bajo.― Somos los detectives Ling y Tao, venimos de Tokio.― se presentó al mostrar sus identificaciones.
― Buscamos a este hombre.― dijo Tao al poner en el mostrador una foto de Inuyasha.
Kagome le miró por lo que le pareció un largo rato, estaba segura que era Inuyasha, sus ojos y cabello eran diferentes, pero estaba segura que era su novio.
― ¿Para qué le buscan?― preguntó al saber que no podía mentirles.
― Es urgente hablar con él.
― Fue a podar un árbol, no sé cuánto...― la campana de la puerta se escuchó, un Inuyasha mugroso y sudoroso, venía entrando.
― ¿Podemos hablar?― pidió Tao.
― Kagome, ven aquí.― sin oponerse la chica obedeció, en unos segundos ya estaba al lado de Inuyasha.― Necesito que vayas con tu madre.
― Yasha ¿Qué pasa?― preguntó en un susurro.
― Tranquila, confía en mí, todo va a estar bien, pero necesito que te vayas, cuando termine de atenderlos iré por ti.
― Pero...― algo en esos hombres le inquietaba, su intuición le decía que a causa de esa visita su vida cambiaría y no para bien.
― Voy a estar bien, pero necesito que te vayas y cierres la cerca.
Kagome a regañadientes salió y al estar al otro lado de la cerca, miró a la tienda, de inmediato notó a Inuyasha furioso.
¡Perdonar el gran atrasó! Pero no me gustaba como había quedado y repetí algunas partes, al final quedo un capitulo más largo de lo planeado.
Espero les gustase y muchas gracias por sus mensajes, siempre es un place y gusto leerles.
03/04/2016
