Los personajes de Inuyasha pertenecen a la gran Rumiko, yo solo los tomó prestados para poder dar forma a la trama la cual si me pertenece. Todo sin lucro y solo con el afán de entretener.


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5. Sin Vuelta Atrás.

Inuyasha se había apresurado a terminar su trabajo para regresar lo más pronto posible con Kagome, estaban a mitad de diciembre y antes de que llegase la primer nevada, quería llevar a la chica a comprar el shimekazari que colocarían en la puerta de entra de su casa. Entró a la tienda sin prestar mucha atención por ir sumido en sus pensamientos, lo que provocó que al entrar y ver a esos hombres trajeados se quedara congelado por un momento, un temor que jamás había sentido se apoderó de él, quiso tomar a su novia y llevársela lejos, pero no podía hacerlo y saliendo de su shock le habló a Kagome, lo mejor era que ella se fuera.

Y ahora estaba empleando todo su autocontrol para no comenzar a gritarles a esos dos hombres, debía esperarse a que Kagome ya no estuviese cerca. Sentía que una gran irá enorme lo controlaba, apretó los puños para no golpear al primero que osa hablar.

―No lo haré, me dirán cómo me encontraron y se largaran.― dijo de golpe, no quería más explicaciones que esa.

―Revisamos algunas cosas de Mioga y dimos con una foto.― explicó Tao al sacarla del bolsillo interno de su saco.― En ella hay un hombre parecido a ti, ambos parados en ese lugar.― dijo al señalar el lago.

―Quemen todas esas fotos y jamás vuelvan a Shikon.― ordenó con enfado, saber de la existencia de esa foto, le hizo pensar en que si ellos pudieron dar con su ubicación tan fácilmente, ese sujeto también lo haría.― ¡¿No me escucharon?!― gritó al ver que ninguno de los dos se movía.― ¡Quiero que se larguen, olviden que me vieron y destruyan totas las fotos!― solo quería que se fueran y le dejaran seguir con su vida que con trabajos le había costado rehacer.

―Sabemos que no quieres involucrarte de nuevo pero ya son 45 las mujeres asesinadas y...

―Tienen grabaciones, mis reportes, horas y horas de interrogatorio, eso les debe bastar.― interrumpió Inuyasha a Ling.

―Nos manipulo, no sirve de nada.― confesó apenado Tao.

―Se los advertí, pero no escucharon, ahora quiero que dejen este lugar y no vuelvan.― Inuyasha se giró y les dejo libre el camino, en una clara invitación para que salieran.

―Entendemos que tienes una familia que proteger, pero...

―¡Qué se larguen! ¡No quiero volver a verlos!― gritó furioso y tomó a Tao de las solapas antes de que terminara de hablar.― No olviden que puedo encargarme de ustedes dos fácilmente.― agregó en amenaza.

―Entendimos, suéltalo y nos iremos.― dijo Ling al saber de la reputación de la cual era dueño ese joven.

―Sí vuelven no tendrán tanta suerte.― amenazó Inuyasha al dejar caer a Tao.

...

Kagome llegó a casa de su madre, no había nadie, seguramente fueron al partido de practica de Souta. Fue a la sala a intentar ver televisión pero nada lograba que dejase de pensar en los hombres que llegaron. Se levantó para comer algo y al primer bocado, inmediatamente sintió asco, fue corriendo al baño y vómito todo lo que comió en el día. Ya una hora e Inuyasha no iba, se levantó del sillón decidida a ir a la tienda, pero volvió a sentarse al estar consiente que su novio le dijo que él iría por ella. Para calmarse intentó pensar que era como en la visita de Miroku, Inuyasha pasó largo rato con su amigo, pero esos sujetos no parecían sus amigos ¿Y si le hicieron algo malo? ¿Que tenía que hacer? ¿Llamar a la policía?

Tocaron a la puerta y se apresuró a abrirla, Inuyasha estaba frente a ella, completo y aparentemente sin daño alguno.

―¡Estas bien!― gritó de alivió saltándole al cuello.

―Claro que lo estoy, ¿Tu madre sabe?― preguntó al entrar a la casa e intentar escuchar algún ruido que le indicase que algún miembro de la familia estuviera cerca.

―No hay nadie.

―Mejor así, no los preocupamos por nada.― dijo con alivio.

―¿Quiénes eran?

―Policías, querían saber sobre los asesinatos de hace años.― respondió mientras tomaban asiento en el sofá.

―¿Por qué te buscaron?― preguntó Kagome intentando mantener la calma, pero una vez que vio a Inuyasha cerrar los ojos y tensar la mandíbula, ató algunos cabos.― "Ella" fue una de las... Él la...― no podía decirlo.

―Sí, la mató.― confirmó Inuyasha.― Están buscando toda pista que les pueda ser útil, perdón por preocuparte.― la tomó de la mano y le dio un beso en la mejilla.― Pero créeme que cuando te digo que hay detalles que es mejor no sepas, es verdad.

―Creo que así es mejor, ¿Qué te paso?― preguntó al percatarse que Inuyasha ocultaba bajo su guante una gasa.

―No sé porque creí que no te darías cuenta.― se quitó el guante y dejó ver la lesión.― Perdí el control por un momento, ya estoy bien.

Después de que se fueron los agentes, se fue a su casa, tenía que bañarse para calmarse e ir por Kagome, pero al entrar y ver su reflejo en el espejo del recibidor, lo rompió de un puñetazo. En su mano solo quedaron incrustados algunos cristales, nada grave, pero tenía que limpiar su herida y recoger el desastre que hizo. Por ello había tardado más en ir por su novia.

―Tú... Tú lo has visto ¿Verdad?― esa idea le estuvo rondando en su mente desde hace mucho.― Sabes como es, por eso vinieron.― Inuyasha asintió y Kagome ahogó un grito.

―No voy a dejar que los pongan en peligro.― acarició el lugar donde crecía su bebé.― ¿Te apetece ir a comer miso?

―Muero de hambre, por los nervios vomi...― se maldijo al haber dicho aquello, ahora Inuyasha estaría más preocupado.― ¡No es nada grave! Estamos bien, fueron los nervios.

―Perdóname por preocuparte, vamos antes de que sea más tarde y el frío se intensifique ¿Te viniste sin abrigó?― preguntó al recordar que solo la había visto salir con su suéter y gorro.

―Por las prisas lo deje en la tienda, en mi cuarto creo que tengo una chamarra, pero dudo que me cierre.― dijo apenada al estar consciente del tamaño que ya tenía su bebé.

―Ponte la mía y sin "peros".― le puso su chaqueta verde y le colocó la capucha.


Las fiestas decembrinas llegaron, ni Kagome e Inuyasha volvieron a hablar de sus visitantes y de las muertes. Con la estadía del padre de Kagome en Shikon, la chica se mantuvo abrumada por dos hombres completamente sobreprotectores. No podía salir a caminar sin que alguno fuese con ella, decían que podía resbalar o quedar atrapada en una madriguera, sin olvidar que a cada hora le preguntaban si tenía hambre o simplemente le llevaban algún snak. Estaba bien que estuviese embarazada, pero no por ello tenía hambre a cada rato.

Y dos días antes de la llegada de Kenzo, Kaede les había dicho el sexo del bebé, Inuyasha y Kagome serían padres de un niño que crecía muy bien. La noticia provocó algunas discusiones entre Inuyasha y su suegro, el primero decía que su hijo entrenaría Kendo como toda su familia y el segundo decía que su nieto sería un gran beisbolista, que lo llevaba en la sangre y que la prueba más reciente era Souta. Pero sí le hubieran preguntado a Kagome, ella hubiese dicho que su hijo sería un ser agua, amaría nadar y no lo sacarían del lago tan fácilmente.

Eran mediados de enero cuando Inuyasha estaba en su taller arreglando su vieja cuna y la mecedora de su madre. Quería tener todo listo para su pequeño, una vez que terminara con la mecedora, revisaría cada rincón de la casa para hacerla un lugar seguro, colocaría rejas en las escaleras y en la entrada de la cocina, no quería algún accidente.

Su reloj de pulsera sonó y dejo de lijar, en media hora Kagome salia del jardín de niños y él tenía que ducharse para quitarse el polvo y el olor a barniz. Una vez listo, cogió sus llaves y salió, pero al ver que estaba nevando ligeramente, se regresó por el paraguas y se guardado en su chamarra una bufanda, un gorro y guantes para Kagome. Volvió a salir de la casa y al ver en su entrada a los agentes, soltó el paraguas, golpeó al que tenía más cerca y cuando el otro quiso ayudar a su compañero, también recibió un golpe. Ahora Ling y Tao estaban en el suelo, escupiendo la sangre sobre la nieve.

―De nuevo ustedes, ¡Ya les dije que...

―Inuyasha.― interrumpió un tercer hombre que iba con ropa más casual.

―¿Miroku?― apretó los puños, si su amigo estaba allí no era para nada bueno.

―Tienes que leer esto.― le entregó un sobre con sello oficial e inmediatamente Inuyasha lo abrió.― Lo siento, no tienes otra opción, si lo rechazas te arrestaran.― dijo al ver a su amigo arrugar la hoja de papel y temblar por el coraje.

―No pueden, me dieron por muerto, esto no es parte del trato.

―Si pueden, perdóname por traerte malas noticias, pero al enterarme decidi venir para darte apoyo.

―Dijiste que venías porque tu sabías controlarlo, que te escucharía y evitarías que nos matara.― reclamó Tao al estar ayudando a su compañero a levantarse.

―Mentí, pude evitar ese golpe pero se lo merecen, solo quería venir como apoyo para él.

―¿Qué va a pasar con Kagome?― preguntó Inuyasha con miedo.

―Prometen que pondrán vigilancia en la carretera y los puertos que conectan aquí, para que no entre a la isla.

Inuyasha no dijo nada, se guardó la carta, recogió el paraguas y se marchó.

―¿A dónde va?― preguntó Tao dispuesto a seguirlo, pero Miroku los detuvo.

―Déjenlo, necesita tiempo... O puedes seguirlo.― dijo al soltarlo.― Pero no creo que quieras otro golpe.

...

Vio a Kagome salir de la escuela rodeada de todos esos niños, ella sonreía y de solo pensar que esa sonrisa desaparecería cuando le diera la noticia le hacía sentirse miserable, como la peor escoria del mundo. ¿Qué pasaba si al enterarse tenía un colapso nervioso y dañaba a su bebé? No podía decirle, pero ella necesitaba saber la verdad por si no regresaba vivo a ella.

Kagome se despidió de sus alumnos y caminó hasta donde Inuyasha le esperaba, su corazón palpitaba como loco cada que le veía, al quedar frente al chico lo notó perdido, le llamó dos veces y no le contestaba, solo se limitaba a verla.

―¡Inuyasha!― gritó para traerlo a tierra.― ¿En qué pensabas? Estabas ido.

―En lo hermosa que te ves.― contestó una vez que regresó a la realidad.― Ponte tu bufanda y guantes para irnos.― pidió al verla sin ellos.

―Ammm, yo... Los olvide.― dijo apenada, era consiente que en su estado un resfriado podía ser peligroso

―¿Qué voy hacer contigo?

―Mañana ya no los olvido.― prometió al juntar sus manos y de pronto su cuello se vio envuelto por una larga tira.

―Dame tus manos, Kagome están heladas.― dijo Inuyasha al llevarlas a su boca y calentarlas un poco antes de ponerles los guantes.

―Sensei.― interrumpió una pequeña.

―¿Qué pasa, Kimi-chan?

―Su invitación, espero puedan ir a mi cumpleaños.― dijo la pequeña al entregarle una tarjeta con la imagen de una bailarina.

―Allí estaremos.― prometió Kagome y la pequeña regresó contenta con su madre.

Inuyasha solo se tenso al pensar que él no iba a ir con su novia a aquella fiesta.

...

Llevaba rato preocupada por Inuyasha, lo notaba nervioso, iba y venía de la tienda, veía el exterior constantemente, no dejaba de besarla y acariciar su vientre cada que podía, no se quejaba por eso, le encantaba ser apapachada, pero su intuición le decía que pasaba algo y no precisamente bueno.

―¡Hey! No has tocado tu comida.― dijo la chica al ver que su novio solo revolvía el caldo.― ¿Qué pasa? No me digas que se me saló, con estos cambios de gusto es...

―La comida está bien.― se acercó más a ella y la tomó de las manos.― Es solo que... Necesito irme un tiempo.― lo había dicho, ya no había vuelta a atrás.

―¿Es por la gente que vino? Pero no han vuelto, no tienes que…

―Están de regreso.

―¿Cuándo vinieron?― preguntó con un nudo en la garganta.

―Hoy, no quiero irme pero debo hacerlo, termino ese asunto y regreso, prometo hacerlo antes de que nuestro bebé nazca.

―¿Qué es lo que está pasando? Quiero la verdad.― demandó.

―Lo sé, ven conmigo.― dijo al ayudarla a levantarse y llevarla al ático.

Inuyasha hizo sentar a Kagome en el suelo mientras él arrastraba un baúl metálico que había estado cubierto por una lona. Lo abrió y comenzó a sacar cosas, entre ellas uniformes, cajas de madera y metal, también una caja con la bandera de Japón. Pero la que más llamó la atención de Kagome, fue una que se abría con combinación. Inuyasha sacó algunos papeles y le tendió a la chica una identificación.

―¿Qué es esto? ¿Quién es Saotome Rinne?― preguntó Kagome al leer la credencial y extrañarle que la foto estuviese raspada.

―Soy yo.― contestó con dificultad y su novia le observó incrédula.


¿Qué puedo decir? Las cosas se van a volver muy dramáticas desde este punto. Desde hace mucho lo ando queriendo publicar, pero mi musa encontraba nuevas cosas que ponerle a cada revisión que daba y se volvió súper lago, por eso, lo he cortado y en la semana subo el próximo.

Muchas gracias por sus mensajes, favoritos y follows, me motivan a seguir escribiendo. Nos estamos leyendo.

02/05/2016

Shimekazari: es un adorno tradicional japonés que protege de los malos espíritus para empezar el año nuevo con buen pie.