Los personajes de Inuyasha pertenecen a la gran Rumiko, yo solo los tomó prestados para poder dar forma a la trama la cual si me pertenece. Todo sin lucro y solo con el afán de entretener.


"Esta historia está exclusivamente publicada en "fanfiction . net " , si estás leyéndolo en otra página es porque ha sido plagiado"


Nuevamente estuve la tentación de dividir el capítulo, pero de últimas lo dejé tal cual, ya han esperado mucho por esto.

Por último:

ESTE CAPITULO TIENE ADVERTENCIA, LEER BAJO SU RESPONSABILIDAD, CONTENDIO EROTICO.


6. Quiero Ver Tu Sonrisa.

Inuyasha veía a Kagome sujetar con fuerza la identificación y observarle con temor, seguramente miles de cosas erróneas ya se formaban en la mente de ella, lo mejor era aclararle las cosas antes de que colapsara.

― Es decir, mi nombre falso.

― ¿Nombre falso? ¿Para qué quieres un nombre falso?― preguntó con miedo.

― Hace unos años, pertenecí a una agencia internacional que se encarga de atrapar criminales de alto riesgo.

― ¿La INTERPOL?

― No, de hecho "no existe".

― ¿Los hombres de negro?― ¿Ahora Inuyasha le iba a decir que los alienígenas existían?

― Podría decirse, pero sin alienígenas, ahora quiero que me escuches y no me interrumpas hasta que termine.― Kagome asintió e Inuyasha se dispuso a contarle todo.― Hace unos 20 años surgió un asesino serial, al principio mataba unas cinco personas por año y pasó desapercibido, pero después de 10 años, evolucionó. En un año mató a más de 100 mujeres, nadie había podido localizarlo, mataba a los agentes más experimentados. Se desplazaba por varios países y no tenía un tipo de mujer, solo sabían que había sido él por su firma, una viuda negra que dejaba en la boca de sus víctimas.― Kagome al escuchar eso, debió contener las ganas de vomitar.― Sabes que estuve en la universidad, te dije que no la terminé y que mi servicio lo hice en la naval.― la azabache asintió.― Pero no fue así, me gradúe y entré a la armada juntó a Miroku, una vez dentro, debíamos tomar entrenamiento obligatorio y un día, llegaron tres hombres, uno de ellos era Mioga, un viejo amigo de mi padre, me reclutaron y me trasladaron.

― Espera, sí ese amigo de tu padre pertenecía a esa agencia ¿Tu padre también?

― No, mi papá lo conoció en su servicio militar y en ese entonces Mioga no era parte de eso, fue una coincidencia que me eligieran.

― ¿Por qué te eligieron? No eras un "agente" o como sea que les digan.

― Extrañamente era mejor que sus propios hombres, dijeron que notaron mi capacidad de rastreo, además era bueno luchando y excelente francotirador, necesitaban gente nueva.

― ¿A Miroku por qué lo reclutaron? No lo veo siendo un hombre de combate.― si no recordaba mal y no le mintieron, Miroku dijo que era lingüista.

― Las apariencias engañan, tiene sus propios métodos, un poco raros pero eficiente, pero entró principalmente para ser mi compañero, era el único que se acoplaba a mi carácter.― Kagome soltó una pequeña risilla e Inuyasha sonrió, ella ya se iba relajando.― Como sea, de inmediato me asignaron al caso y en poco tiempo logré acercarme lo suficiente, más que cualquier otro, sabía que pronto lo atraparíamos. Cuando se dio cuenta que estaba muy cerca de atraparlo cambio su modo y la mató... Mató a Kikyou, así se llamaba. Dos meses después logré detenerlo.

― ¿Qué pasó con él?

― Lo arrestaron, pero no lo ejecutaron, querían aprender más sobre cómo funciona la mente de un asesino.

― Espera un segundo.― le estaba costando asimilar todo aquello.― ¿Que tienen que ver las mujeres que han estado asesinando con todo esto?

― Él lo hizo.

― No, dijiste que está preso y todas las víctimas se parecen, no les deja arañas.

― Al matar a Kikyou cambio su modus, las elegía igual a ella y el pétalo es porque, las rosas blancas eran sus favoritas. Kagome, él escapó.― le tomó a ella de las manos para darle seguridad.

― ¿Cómo que escapó? ¿Él va a venir por ti?― ya sentía su corazón palpitar aceleradamente y sus manos sudaban.

― No me han dado los detalles de su fuga, pero no sabe dónde estoy, tranquila.

― ¡¿Cómo no va a saber?! Toda la gente que ha venido lo sabe, Yasha él... Él...― comenzó a hiperventilar e Inuyasha no perdió tiempo para abrazarla por la espalda en un intento por calmarla.

― Tranquila, no te alteres, recuerda al bebé... Inhala, exhala, sigue mi respiración.― Kagome le obedeció y logró que su respiración volviese a la normalidad.

― Es imposible, lo que dices es imposible ¿Por qué nunca me lo dijiste?

― Porque no podía, fue parte del acuerdo para tener mi libertad, pero ahora que la perdí puedo decírtelo, además necesitas saberlo.

― ¿Cómo estás seguro que no sabe de ti?

― Mi apariencia era diferente, ahora te muestro.― se levantó y de la caja, sacó una foto que le dio a Kagome, ella la miró fijamente, era como la que le mostraron los agentes.― El día que nos enfrentamos, luchamos a muerte, me apuñalo.― dijo al llevarse inconscientemente una mano a su cicatriz en el pecho.

― Entonces no es una cicatriz por un ataque de un gato, cuando eras niño.― dijo al recordar que esa fue su excusa cuando la vio por primera vez.

― No, me dieron por muerto, Saotome Rinne murió aquella noche. Me permitieron volver a tener mi verdadero nombre, pero no podía recuperar por completo mi vida y volví aquí. Tenía planeado vivir lejos de todo, morir solo, pero llegaste tú.― confesó al acunar el rostro de ella entre sus manos.― En el momento que llamaste mi atención, intenté alejarte, te trate mal para que me odiaras y no volvieras a la tienda, todo iba bien, tú me detestabas y huías de mí. Pero caíste en ese agujero, no soporte verte llorando y en problemas. En ese momento todo se fue al carajo, viste algo que no quería que vieses, me viste a mí y también me condené, terminé enamorándome por completo de ti, lo único que quería era no ponerte en peligro, pero no pude. Ahora ellos están aquí...

― No es tu culpa, ellos debían asegurarse de mantenerlo en prisión.― no le parecía justo que ahora Inuyasha debiera arreglar sus problemas.

― El día dijiste que seríamos padres yo fui feliz, en ese momento en verdad creí que podía dejar todo mi pasado en el olvido. Me propuse a no pensar que había un psicópata asesino en la cárcel, pero llegó Miroku con aquella noticia y todo regresó.

Kagome ahora comprendía la verdadera razón, por la que la llegada de Miroku le alteró tanto a Inuyasha.

― El ataque a la escuela ¿Fue mentira?

― No, eso lo provocó él para escapar.

― ¿Cómo se llama? Inuyasha ¿Cuál es su nombre?

― Naraku, te mostraré una foto suya, si llegas a verlo quiero que te alejes.

Kagome tomó la nueva foto y vio el rostro del hombre que era responsable de tantas muertes, vio los ojos del hombre que le arrebataría a Inuyasha.

― Te quieren para que los ayudes a buscarlo, puedes negarte ¿Verdad?

― Tengo que ir, me dieron esto.― le tendió la carta y Kagome la desdobló.― Es una orden, sí no la cumplo me arrestaran y él conocerá donde estas.

― No es justo.

― Prometo ser cauteloso, volveré con ustedes.

― Nace en cuatro meses ¿Volverás para cuando nazca?― preguntó con lágrimas en los ojos.

― Nada me impediría estar aquí.

Se quedaron viendo viejos álbumes que Inuyasha había sacado y les había abrigado con una antigua manta de sus días en los que iba con su padre a acampar. Por esas siguientes horas se olvidaron de todos los problemas.

― Este de aquí es tu hermano.― dijo Kagome al ver a un adolecente, su semblante era serio y miraba a la cámara como queriendo matar a quien estuviese tomando la foto.

― Sesshoumaru, esa foto es de cuando terminó su segundo año de secundaria.

― ¿Dónde está ahora?

― No lo sé, dejo de venir al cumplir quince, desde que mi padre y la madre de él se separaron venía aquí a pasar los veranos, y uno que otro invierno. Siempre que llegaba se encerraba en su cuarto, solo coincidíamos en las comidas.

― ¿Por qué jamás se llevaron bien?

― Supongo que me odió porque mi padre vivía conmigo o simplemente porque era el hijo de la mujer que le quitó a su padre, aun así, siempre fue respetuoso con mi madre.

― Tus padres fueron muy felices juntos.― dijo al llegar a una foto donde estaban con un Inuyasha de cinco años.

― Sí, papá no soportó perder a mi madre y murió siete meses después.

― Me hubiera gustado que conociera a su nieto.

― Igual a mi… Antes que lo olvide, tengo algo para ti, tenía planeado dártelo en otro momento, que fuera especial, pero no me iré sin que la tengas.― se estiró al baúl junto a él y sacó un objetó que estaba envuelto en un trozo de tela.

Con cuidado Kagome lo desenvolvió y pudo ver una hermosa caja de música, era circular, color azul marino, blanco y rojo, con adornos en plata, simulando el diseño a una armadura samurái.

― Es preciosa.

― Mi padre se la dio a mi madre, solo esto puede abrirla.― explicó al mostrarle una llave con un muy elaborado diseño.― La insertas aquí para abrirla y para escuchar la melodía giras la figura.― explicaba mientras iba mostrándoselo.

― ¡Waaa!― exclamó fascinada Kagome, el interior y melodía también eran hermosos.

La figurita de una antigua princesa japonesa armonizaba con la pintura de la luna llena en el interior de la tapa.

― Kagome, cuando regrese quiero que nos casemos.

― Inuyasha... Sabes que eso no me importa, con saber que me nos amas estoy feliz.

― Pero es el sueño de tu madre verte con un kimono nupcial, es lo menos que debemos hacer ahora que les voy a causar muchos problemas. Y no quiero que nuestro hijo piense que solo estamos juntos por él. Prometo que ya solo seré Takahashi Inuyasha ¿Qué dices?

― ¡Claro que sí!

Inuyasha tenía a Kagome sobre él, se besaban sin poner límites a su pasión, fue cuestión de un segundo cuando Inuyasha coló sus manos bajo el vestido de la chica haciendo gemir, estaba dispuesto a hacerle el amor allí, no le importaba estar en medio de un desorden, lo malo era que no le podría quitar toda la ropa, el ático no era un lugar precisamente cálido en invierno. Pero en ese momento fue lo que menos le importó, harían el amor de esa manera y luego la llevaría a la recamara. Se estaba abriendo el pantalón cuando unos fuertes golpes en la puerta los alertaron.

Inuyasha se levantó y fue a asomarse por el rosetón que daba a la calle, estacionada frente a la casa estaba la camioneta negra.

― Son ellos, no bajes, te puedes caer.

― InuYasha.

― Ya regreso.

...

Miroku apartó bruscamente a Ling de la puerta antes de que la derribara con tanto golpe. Entendía que los jefes los presionaban y de no llevar a Inuyasha a la agencia, sus cabezas rodarían, pero debían tener tacto.

― Miroku ¿Qué pasa?― preguntó Inuyasha una vez abrió.

― Llamó el director, quiere saber si irás.

― Que pregunta más tonta, no tengo de otra.― dijo molesto, ¿Acaso se burlaban de él?

― Nos vamos a las 0500 horas, antes de que se congestione la carretera.― informó Tao quien se mantenía a una distancia prudente.

― No dejes que se acerquen, estaré listo.

― Recuerda que no puedes llevar nada...

― Nada personal, lo sé.― dijo antes de cerrar la puerta.

― Caballeros, volvamos a la posada.― ordenó Miroku al caminar a la camioneta.

― Puede escapar.― dijo Ling refiriéndose a Inuyasha.

― No va a escapar.― aseguró Miroku.

― No quiere hacerse cargo de la investigación, puede hacerlo.

― Escapa ¿Y luego qué? Por si no lo notaron será padre, no huirá dejando a su novia sola y mucho menos se la llevará, no es una vida que quiera para su familia. Al menos, si viene sabe que estarán a salvo, que tiene la posibilidad de volver.― dijo molestó Miroku, esos tipos eran unos idiotas.

― Aun así, debe estar planeando...

― Dije que volvemos a la posada.― la mirada de Miroku se ensombreció, tomó a ambos del cuello y los jaló a la camioneta.

...

Inuyasha subía nuevamente al segundo piso cuando vio a Kagome de pie en el pasillo. Ella había bajado del ático sin ayuda ¿Qué no entendía que podía resbalar?

― Te vas mañana.― soltó Kagome quien había alcanzado a escuchar parte de la conversación.

― Dije que no bajaras, las escaleras al ático son estrechas, pudiste...

― Te vas mañana.― repitió.

― No pienses en eso.― pidió Inuyasha rompiendo la distancia entre ambos.

― No quiero que te ma...― no podía decir esa palabra, ni quería pensar en ella.

― Estaré bien, lo prometo.― dijo el chico limpiando las lágrimas que mojaban el rostro de su novia.

― ¡Ya una vez te hirió!― gritó enojada, él podía no correr con la misma suerte.

― En ese momento no tenía por qué luchar, mis padres habían muerto y estaba solo, ahora ya no lo estoy.― estrechó a Kagome entre sus brazos, sentía con claridad el cuerpo de ella estremecerse por el llanto y sus delgadas manos aferrarse con fuerza a él.

― ¿Cómo voy a saber que estas bien?

― Hallaré la manera de hacértelo saber.― dijo al besarla en el cuello.

― Quisiera haber aceptado vivir contigo la primera vez que me lo pediste.― de haber aceptado tal vez ahora ya tendrían a su bebé, pero no, ella lo rechazó tres veces antes de darse cuenta que técnicamente ya vivían juntos.

― Tenías que hacerte la difícil, eso me encantó e hizo las cosas más interesantes.

― Pero sí... Yasha...― jadeó cuando su novio bajaba el cierre de su vestido y rosaba al mismo tiempo su espalda.― Espera...― pidió al sentir su brasier ser desabrochado

― No, esta es la única manera en la que no pensarás en eso.― antes de que ella repelara la besó, le bajo su vestido para que cayese al suelo, llevó al dormitorio y en el trayecto terminó de quitarle el brasier.

Inuyasha sentó a la chica en la cama y le repartió besos desde su boca hasta sus senos, mientras se sostenía con una mano y con la otra se encargaba de ir directo a la entrepierna de Kagome, introdujo su mano entre las pantis y con grato placer la sintió mojada. Con circulares movimientos torturó el botón que mandaba corrientes de placer por todo el cuerpo de su mujer. Kagome se abrazó al cuello de Inuyasha en un intento por no caer de espaldas, y abrió más sus piernas, quería que él fuese más allá de ese punto.

Una sonrisa de satisfacción se formó en el rostro de Inuyasha al sentir a su novia pedir más, se dispuso a quitarle a Kagome aquellas estorbosas medias, pero apenas si logró bajarlas.

― ¿Por qué usas esto que es tan difícil de quitar?― preguntó con molestia.

― Porque hace frío, y créeme que también en difícil de poner.

Inuyasha se levantó y jaló las medias, logrando quitarlas junto con las pantis de Kagome. Se apresuró a desvestirse y a acomodar las almohadas en una pila para recostar a la chica sobre ellas, con cuidado de no aplastarle el abultado vientre, se posó sobre Kagome, la besó de nuevo y fue penetrándola con los dedos. Los gemidos de la azabache solo lograban incrementar el lívido en su pareja.

Al cabo de unos minutos el miembro de Inuyasha estaba más que erecto y se enterraba en la entrepierna de Kagome, pareciera que por sí solo buscara el lugar en el que quería estar hundido. Para cuando la azabache se recuperaba de su primer orgasmo, Inuyasha ya la penetraba y se movía rítmicamente. Amaba hacer el amor con ella y después de tantas veces no se cansaba.

― Inuyasha no puedo...― dijo con dificultad, su espalda comenzaba a dolerle, a sus cinco meses, su bebé parecía de seis.

― ¿Qué pasa?― preguntó al verla luchando por mantener su respiración.

― Me pesa.

― Entonces tu arriba.― salió de ella y en un hábil movimiento la puso sobre su abdomen.― A mí no me pesas.

― Es que así...― ella no quería quedar tan expuesta a la mirada de Inuyasha.

Se sentía cohibida por el tamaño que ya había adquirido su cuerpo y las marcas de estrías que le estaban apareciendo, no quería parecer menos atractiva a los ojos de Inuyasha. ¿Qué haría si no lograba mantenerlo excitado o no lo satisfacía como antes? Mientras Kagome estaba perdida en sus pensamientos, Inuyasha no podía quitarle la mirada de encima, que le llamaran pervertido pero su novia embarazada le parecía la mujer más sensual del mundo.

― ¿Ya te dije que me excita mucho tu embarazo?― preguntó sin pensarlo y le acarició sin descaro sus senos.

― Idiota.― fue lo único que atinó a decir totalmente avergonzada.― ¡Inuyasha!― gritó al ser invadida de una estocada por el duro miembro del chico.

― Sigue tu ritmo.― la incitó a moverse con un movimiento de su pelvis.

No podía estar más que fascinado con la vista que tenía, su Kagome cabalgándolo y suspirando cada que sus caderas se encontraban, la tomó por su ancha cintura y le ayudó a mantener el ritmo, pero pronto se sintió llamado por esos senos que estaban más grandes, se alzó lo suficiente para poder capturarlos con su boca y la chica gritó de gozo. En ese punto de su embarazo, sus pechos se habían vuelto un punto muy sensible y detónate de placer.

― Inu… No los toques así.― pidió al sentirse embriagada por esa nueva sensación.

― ¿Te lastimo?

― No, pero…― ahogo un gemido cuando uno de sus senos fue lamido por el chico.― Me gusta lo que haces, pero… ¡Diablos!― gritó al tener un orgasmo.

Inuyasha sonrió satisfecho, se volvió a acostar y le marcó a la chica el nuevo compás. Ella cerraba los ojos y aguantaba la respiración mientras era embestida, a medida que el ritmo iba en aumento buscó apoyo en el pecho de Inuyasha y le clavaba sus uñas cuando sentía los golpes en su intimidad. A Inuyasha no le molestaba el dolor en su pecho cada que se adentraba de nuevo en su novia, porque un orgullo le llenaba al verla tan entregada a sus caricias.

― ¿Cómo te sientes?― preguntó al verla encogerse sobre su pecho y no moverse.― ¿Te duele algo?― temía haber hecho algo que la lastimará a ella y/o al bebé.

― Tengo frío.― respondió, sentía el gélido viendo tocar su espalda.

― Hagamos que ya no tengas y entres en calor.― dijo al salir de ella y levantarse, dejando a una desconcertada chica.

Se apresuró a destender la cama, ayudó a Kagome a acostarse y la arropó. Ella le observaba sin decir nada, hasta allí había llegado su noche de pasión ¿Por qué su cuerpo tuvo que sentir frío? Cerró los ojos e intentó con todas sus fuerzas no llorar. Fue hasta que sintió el cuerpo de Inuyasha a su espalda, que reaccionó.

― Espero que esa pequeña interrupción no te quitara las ganas de seguir, perdón por no percatarme que el frío había aumentado.― le dio un beso en la mejilla y notó que su novia estaba llorando.― ¿Por qué lloras?

― Por las estúpidas hormonas, creí que ya no íbamos a seguir.

― Te dije que haríamos que entraras en calor.

Inuyasha colocó una almohada bajo en vientre de Kagome y usando gran parte de su fuerza la acomodó de tal manera que ella quedase apoyada sobre él, para ayudarla con el peso extra.

― Kagome, necesito que me ayudes a penetrarte.― pidió al no conseguirlo.

― No creo que te sea muy cómodo, deberíamos probar con…

― Así está bien, lo disfrutaras.

La azabache asintió y con una mano, tomó el miembro de Inuyasha y lo puso en la entrada a su vagina, gimió al ser empalada, no hasta el fondo por la posición, pero Inuyasha se lo recompensó al llevar una mano a su entrepierna y excitarla como solo él sabía. Los gemidos de ambos se intensificaron, Kagome ahora ya no sentía su cuerpo frío, por el contrario, tenía mucho calor y quería quitarse las cobijas.

Inuyasha al sentir las paredes internas de Kagome apretarlo apresuró el ritmo, no estaba seguro de cómo iba a pasar tanto tiempo sin ella. Cuando la sintió llegar a su clímax, no tardó en eyacular. Ambos se quedaron quietos, intentando recuperar el control de su respiración.

― Te amo.― susurró Inuyasha al oído de la chica, ella sonrió y entrelazó una de sus manos con la de Inuyasha, no tenía fuerzas para contestarle.

Minutos después Kagome dormía tranquilamente e Inuyasha sintió su trasero congelarse, a causa de tanto movimiento las cobijas se habían deslizado hacía el lado de Kagome, las jaló con cuidado de no destapar a su novia y se dispuso a solo quedarse acostado junto a ella. No dormiría todavía, tenía que dejar una carta a la madre de Kagome donde explicara la situación. Eran las 8:26pm, tenía tiempo y podía permitirse el lujo de tener entre sus brazos el cuerpo desnudo de su novia, unos minutos más.

...

Kagome disfrutaba del tacto de Inuyasha sobre su vientre, era tan relajante y más si recibía besos que iban de su hombro hasta su cuello. Inuyasha por su parte, pensaba en el cuándo su bebé se movería, quería sentir a esa pequeña criaturita dando sus primeras patadas, pero eso ya no sería posible, lo único que le reconfortaba era confiar en que le vería dar sus primeros pasos, su primer sonrisa, compartir su primer baño, decir su primer palabra o la primer vez que le diera limón. Sin duda se aseguraría de poder ver eso, de estar junto a su pequeño en su crecimiento, su niño, él debía crecer sin temor a que un asesino le buscase.

― ¿Cómo le pondremos?― preguntó de pronto Inuyasha, a pesar de ya saber que sería niño no habían tocado el tema de los nombres.

― No preguntes eso.

― ¿Por qué no?― la giró un poco y le miró interrogante.

― Si lo haces es como si planearas no volver.― dijo con voz entrecortada.

― No es por eso, no quiero que nos agarren las prisas y terminemos poniéndole uno feo que haga que nos odie.

― Entonces no me importa llamarle bebé, pequeño, bodoque o cachorro por un mes más después de que nazca, pero quiero ponérselo cuando regreses.

― De acuerdo, será como digas.― aceptó al alzarle la pierna izquierda y en un movimiento de cadera, penetrarla.

― ¿Más?― preguntó en un gemido.

― Serán largos días y me volveré loco.― dijo al iniciar un suave movimiento que los llevaría al placer.

...

Se estiró en la cama y sacó un pie de las cobijas, no pasó mucho para que lo metiera de nuevo, estaba helando. Se acurrucó más al cuerpo junto a ella y consiguió el calor que buscaba. Y cuando estaba por dormirse de nuevo, escuchó unos fuertes golpes.

― Yasha...― habló para despertarlo ¿Cómo no los escuchaba?

― Aquí estoy.― la abrazó más al creer que tenía frío.

― ¿Qué son esos golpes?

Inuyasha prestó más atención y se percató de la intensidad. ¿Por qué alguien los buscaría a las –miró el reloj– 3:11 am?

― Vuelve a dormir.― pidió al abrazarla, pero los sonidos solo se intensificaron, hicieron falta un par de segundo más para que reaccionara.

― ¡Mierda!― se levantó molestó y se vistió rápidamente.

― ¿Ya llegaron?― preguntó Kagome al sentarse en el colchón y recibir como respuesta un leve "Si".― Dijeron que a las 5 ¿Por qué antes?

― No lo sé, ya regreso, quédate aquí y abrígate, hace frío y tú estás caliente.― le dio un beso en los labios y bajó a la entrada.

Antes de abrir vio por la mirilla y reconoció a Miroku, los otros dos estaban en la oscuridad. Quitó todos los seguros y al abrir los observó con enojo.

― ¿Qué quieren? Son dos horas antes.

Miroku retrocedió al sentir su vida en peligro, ya se había preparado para verlo hecho un demonio, pero en esa ocasión su aura era más intimidante.

― Debemos adelantar la salida, mató a tres y las dejó en el mismo sitio, debes de ver el lugar antes de que se contamine la escena.― explicó Tao intentado mantener la calma, estaba seguro que ahora sí morirían.

― Los intenté convencer pero... Son ordenes de arriba.― dijo Miroku para que Inuyasha no matará a los mensajeros.

― Ya vengo.― cerró la puerta bruscamente y se encaminó de regreso dormitorio, al cual no alcanzó a llegar porque Kagome estaba de pie a mitad de las escaleras.― Kagome.― susurró, ella ya llevaba su pijama y se había puesto la chamarra roja de él.

― Ya te vas.

― Volveré pronto, no es lo más apropiado, pero escribí una carta a tu madre explicándole las cosas, la deje en la mesa de centro de la sala.

― ¡No!― gritó al abrazarlo, no quería que se fuera, no quería estar sin él.

― Me tengo que ir.― le correspondió al abrazó y enterró su rostro en el cuello de ella.

― ¡Que alguien más lo haga, tú ya no tienes esa obligación, es su culpa que escapara no la tuya!

Los tres hombres afuera escuchaban todo gracias al silencio de la madrugada. A Tao y Ling les invadió la culpa, pero ellos solo seguían órdenes, le dieron a su jefe la respuesta de Inuyasha la primera vez que lo vieron y aun así, los altos mandos les mandaron con una orden. Miroku por su parte se lamentó no haber logrado que ejecutaran a Naraku en su momento, lo intentó por todos los medios posibles junto a Kouga, pero ignoraron sus advertencias.

― Él me odia, sí se entera que sigo con vida no dudará en dañarte a ti y al bebé.

― Vámonos, a otro país si quieres, pero no te vayas de mí.

― No quiero que vivamos huyendo y sí no voy, pondrán una orden internacional para atraparme, mi cara estaría en todos lados…― Kagome pareció comprender, se quedó callada e Inuyasha provecho para darle indicaciones.― Por ningún motivo quiero que cargues cosas pesadas, no subas al ático, te cubres bien; ten mucho cuidado al caminar, a causa de las heladas se pone resbaloso el suelo, lo mejor es que te quedes con tu madre y sobre todo, no quiero que vayas a la ciudad, aquí estarán a salvo. Prométemelo, Kagome.― pidió al tomarla del rostro y obligarle a verle.― Prométemelo.― repitió cuando ella no contestó.

― No iré a la ciudad, haré lo que dices, pero tú promete que regresaras pronto, sano y salvo.

― Cuando menos lo esperes ya me tendrás de vuelta.

― Lamento interrumpir pero ya llamarón para saber si vamos en camino.― dijo Miroku al intentar no llorar, no sabía si él tendría las fuerzas para separarse de su familia, claro que ahora los había dejado, pero a diferencia de Inuyasha, él podía volver con ellos cuando quisiera y su amigo ni una llamada podía.

― Miroku ¿Tú vas a estar con Inuyasha?― preguntó Kagome al ver al amigo de su novio.

― No te preocupes, lo voy a cuidar.― dijo con una sonrisa, no estaba seguro sí le iban a asignar volver a campo o lo mandarían a casa una vez entregara a Inuyasha, pero por la situación lo mejor era mentir.

Kagome asintió más tranquila, y no pudo evitar pensar en que Miroku también estaba dejando a su familia, si mal no recordaba, estaba casado y tenía tres hijos.

― Cuando salga, vas a cerrar perfectamente.― indicó Inuyasha a la chica y ella asintió.

― ¿No llevas maleta?― preguntó Miroku.

― Allá me darán ropa, no le veo el caso.― decía al caminar a la puerta.

― Inu...― le detuvo de la manga.

― ¿Qué pasa?― preguntó preocupado al verla sostener su vientre.

― Se movió.― llevaba rato sintiendo "mariposas" en el estómago y por su preocupación las ignoró, pero cuando se intensificaron una sola idea se pasó por su mente "su niño estaba moviéndose".

― ¿Qué?― parpadeó confundido, no estaba seguro de haber entendido.

― Se movió.― repitió al cogerle una mano y llevarla a su vientre, justo en el lugar donde sentía el movimiento.

― Está pateando, finalmente...― llevaban tanto tiempo queriendo sentir sus primeras patadas y justo ahora lo hacía, era como si intentará decir algo, hacerle saber que él también le esperaría.― No le des mucha guerra a tu madre.― dijo contra el vientre de Kagome, sabía que ahora que se movía, su novia la pasaría más difícil.

― Ya es hora.― dijo Miroku al tomarle del hombro, lamentaba tanto romper con ese maravilloso acontecimiento.

― Debes soltarme.― pidió Inuyasha a la chica quien se aferraba con mayor fuerza a sus manos.

― Más te vale que vuelvas, no quiero tener que explicarle porque no lo hiciste.

― No llores, sabes que no me gusta, ¡Hey! Dame una de tus sonrisas, no hagas que lo último que vea antes de irme sea una cara triste.― le pidió limpiándole el rostro.

Kagome con dificultad sonrió y soltó a Inuyasha, caminó a paso lento detrás de él hasta la puerta, lo vio subir a la camioneta negra y cerró la puerta echando todos los seguros. Cuando escuchó el sonido del motor pegó su frente a la fría madera y se deslizó al suelo al no escucharlo más, ya se habían ido. Las lágrimas empaparon su rostro, cubrió su rostro con los brazos y respiró el aroma de Inuyasha que había quedado impregnado en la chamarra. Se aferró con fuerza a la tela en un desesperado intentó por sentir al chico que amaba junto a ella.

Horas después la casa estaba sumida en un completo y sepulcral silencio, hasta que fue roto por la alarma de un reloj en el dormitorio que marcaba las 6 am, hora en la que Inuyasha se levantaba a correr, pero ese día y por muchos más, no lo haría. Mientras tanto, totalmente ajena a ese sonido, Kagome dormía recargada en la puerta, había llorado hasta que las fuerzas la abandonaron.


¿Y bien? ¿Qué les pareció? ¿Mucho drama para sus corazones?

Nuevamente muchas gracias por sus mensajes, aprecio cada uno de ellos. Nos estamos leyendo ;D.

08/05/2016