Los personajes de Inuyasha pertenecen a la gran Rumiko, yo solo los tomó prestados para poder dar forma a la trama la cual si me pertenece. Todo sin lucro y solo con el afán de entretener.


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7. Saotome Rinne.

Inuyasha miraba por la ventanilla de aquel jet, observaba los campos y montañas nevadas iluminadas apenas por los primeros rayos de sol. Cerró los ojos intentando dormir, pero no podía, en medio de esa oscuridad veía a Kagome que le suplicaba en silencio que no se fuera, pero por más que quisiera, eso era algo que no podía ser. Lo que le quedaba por hacer, era terminar con todo aquello lo antes posible. Miró su reloj y apenas llevaban quince minutos de vuelo, el tiempo se había vuelto muy lento. Ling y Tao dormían profundamente, dichosos ellos que podían conciliar su sueño. Miroku se acercó y se sentó junto a su amigo.

―Llegaremos en unas dos horas y tienes que cambiar de nuevo.― dijo al mostrarle una bolsa con tintes.

―Creí que jamás volvería a hacerlo.

―¿Quieres ayuda?

―No, yo puedo.― tomó la bolsa y se fue al baño.

El espejo reflejaba la imagen de un hombre cansado, ojeroso, sin alma. Se lavó la cara y preparó la mezcla del decolorante, estaba por volver a ser Saotome Rinne.

Hora y media después, Miroku hojeaba los archivos que le fueron dados, ver todas esas muertes era como regresar al pasado, uno que se propuso enterrar. Dejó la carpeta en el asiento a su derecha y vio salir a su amigo del baño con el cabello totalmente rojo.

―Sobre aquel asiento esta tu traje y zapatos.― Inuyasha asintió y regresó al baño para salir minutos después, topándose con Miroku.― Olvide darte esto.― dijo al mostrarle un estuche de lentes de contacto.

Inuyasha lo tomó y se sentó en el lugar de antes, observó a su amigo quien ahora también lucía un poco diferente. Se había puesto un traje negro de tres piezas, camisa blanca, en lugar de corbata llevaba un collar budista, su cabello ya no lo llevaba amarrado en una mini coleta y sus ojos antes azul oscuro, ahora eran marrones.

―¿Quieres que te ayude a atar la corbata?― tal vez, después de tantos años, ya no sabía cómo anudarla.

―No, aún recuerdo... Si ahora me viese Kagome, no me reconocería y no creería que llevó un traje.

―No importa como luzcas, estoy seguro que te reconocería.

―Miroku, gracias por mentirle.― sabía que su amigo no estaría con él en todo momento, seguramente después de dejarlo en la agencia no tendrían más contacto.

―Mientras pueda, cuidaré tu espalda.

"Iniciaremos el descenso, favor de sentarse y abrocharse el cinturón de seguridad".― indicó el piloto, Miroku se levantó a despertar a sus otros dos acompañantes e Inuyasha se dispuso a poner las lentillas grises.

...

Alrededor de las ocho de la mañana llegaron a un poblado en Oita. Oficiales locales tenían resguardado un puente, la seguridad podría parecer exagerada, pero nadie quería que la escena se contaminara y perdiesen evidencias valiosas.

―Buenas tardes ¿El oficial a cargo?― preguntó Miroku a un hombre que estaba bebiendo café fuera de una patrulla.

―Soy yo, detective Ikari.― se presentó.― Ustedes deben ser los agentes de los que me habló mi capitán.

―Tatewaki y Saotome, los que se quedaron atrás son Ling y Tao.― indicó Miroku al ver a los otros dos hablando por celular, seguramente reportando que ya estaban en la escena.― ¿Dónde estaban los cuerpos?

―Síganme, espero tengan estomago de acero.― decía Ikari al conducirlos bajo el puente.― Procuramos no mover mucho, pero el forense debió llevarse los cuerpos por las ratas, les adelanto que les corto la garganta.

Conforme se acercaban al lugar, el olor a putrefacción llegó a sus fosas nasales. Debieron contener la respiración para no vomitar.

―¿Cuánto tiempo llevaban aquí?― preguntó Miroku, ese olor no era de un día.

―El examen preliminar del forense indica que tres días, un automovilista al que se le pinchó un neumático reportó el olor, de no ser por él, quien sabe hasta cuándo los hubiéramos visto.

―¡Kami! Es asque...― Tao no terminó de hablar ya que la comida se le subió y Ling como pudo, le ayudó a volver.

―Son novatos ¿Verdad?― preguntó Ikari.

―Ni se les nota ¿Cierto?― contestó con burla Miroku.

―Su otro compañero me sorprende, ya se adentró bajo el puente, allí el olor es más penetrante, el forense y algunos ayudantes debieron entrar con máscaras.

―Le sorprendería lo que soporta, si gusta puede regresar, cuando terminemos le buscamos para que nos lleve a la morgue.

―Tenga esta mascarilla, mitigara un poco el olor.

Miroku le agradeció y una vez que se la puso, alcanzó a Inuyasha quien examinaba la escena.

―¿Y bien?

―Las dejó aquí a propósito, quería que las ratas se las comieran y se pudrieran lo más rápido posible por la humedad generada de las alcantarillas... Pero las mató en otro lugar.

―Hay sangre por todas partes, fue aquí.― señaló las paredes y el suelo teñido con la sangre.

―Créeme, fue en otro lado, aquí no tendría la comodidad de disfrutar de su trabajo, la sangre extra fue para atraer a los animales.

―Si tú lo dices, vamos a la morgue, no creo aguantar más este lugar.

...

Ya en la morgue, Miroku no permitió que Tao y Ling entraran, no quería que hicieran una escena como la del puente. Además, para él e Inuyasha les era más cómodo sin ellos. El forense les fue mostrando los tres cadáveres, estaban irreconocibles, las ratas y otros animales habían hecho el trabajo de llevarse buena parte de evidencia.

―He revisado solo dos cadáveres, en uno de ellos las ratas ya se estaban comiendo los intestinos y en el otro, perros salvajes casi la desmiembran.― Miroku estaba seguro que no dormiría en días.― En mis largos años de carrera es la primera vez que me topo con algo tan perturbador.

―Igual nosotros, ¿Qué más ha encontrado?

―Hasta ahora, las dos primeras muestran las mismas heridas, fueron violadas en repetidas ocasiones y las desangraron lentamente. Dudo que el puente fuese la escena principal. La tercera víctima, estoy seguro que mostrara los mismos traumas.

―¿Cuánto llevaban muertas?― preguntó Inuyasha, quien hasta ahora se había mantenido en silencio.

―Una de ellas, casi dos días; las otras dos, cinco días, las mantuvo congeladas.

―¿Ya las identificaron?

―Estamos en eso, pero va a tomar tiempo, una de ellas puede que sea extranjera, no lo sabremos hasta analizar el ADN, su rostro esta irreconocible.

―Denos las huellas, ADN, placas dentales y nos encargaremos de acelerar la búsqueda, alguien debe estar buscándolas.― ofreció Miroku.

―Se los haré llegar en cuanto tenga todo.

―Muchas gracias, nos retiramos, cualquier cosa el detective Ikari nos lo hará llegar.― dijo en despedida Miroku.― Tenías razón, las mató en otro lado.― admitió a Inuyasha mientras se dirigían al estacionamiento.

―Se volvió más violento y osado, ahora disfruta alargarles su sufrimiento y aún después de muertas las quiere destrozar más.

―Tantos años de encierro hicieron que evolucionara, no es nuestra culpa, es la de ellos por dejarlo con vida, no lo olvides.

Miroku sabía muy bien que Inuyasha se estaba culpando por todo, él había tenido la oportunidad de matarlo pero al estar tan débil no pudo terminar con su cometido y cuando Naraku quedo en custodia de la agencia, ya no se le pudo acercar.

Un helicóptero aterrizó frente a una modesta casa ubicada estratégicamente a las afueras de Tokio. Desde allí, se apreciaba toda la ciudad que por la hora, parecía árbol de navidad por todas las luces. Los copos de nieve caían con mayor intensidad y el viento ya calaba los huesos. Entraron a la propiedad y bajaron al sótano, donde entraron a un elevador que los condujo varios pisos abajo.

En cuanto las puertas volvieron a abrirse, dos personas ya los esperaban, un hombre alto que rondaba los 50 años y una mujer pelirroja en sus cuarentas, ambos occidentales.

―Bienvenidos.― saludo de manera formal el hombre, por su acento debía ser Inglés.― Finalmente conozco al gran Saotome Rinne, soy el director Adam Baker, espero trabajemos bien juntos, cualquier recurso que necesites, mi asistente Marion Dubois se encargará.― dijo al presentarle a la mujer de origen francés.

―¿Dónde están los archivos, los videos o lo que sea que tengan hasta ahora de él?― preguntó Inuyasha sin más preámbulos, no quería estar perdiendo más tiempo.

―¡Ese es el ánimo!― dijo alegremente Baker al momento que le daba una palmada en el hombro a Inuyasha.― Tatewaki, vayan a la sala de juntas, los alcanzamos en unos minutos.― pidió al irse con su asistente.

Relax.― susurró Miroku al ver al pelirrojo tensar la mandíbula.

―¿Es quién me mandó traer?

―Sí, cuando se dio la fuga quitaron al sucesor de Mioga y mandaron a Baker, quería a "Lo mejor de lo mejor", investigó a todos los que han formado parte de la agencia y cuando dio con nosotros, ordenó traernos. Vamos a la sala de juntas, seguro tendrán café y algo de comer, muero de hambre.

Inuyasha asintió y siguió a Miroku, no perdiendo detalle del lugar, en todos esos años había cambiado, todo sufrió una remodelación extrema, se rodeaban de la mejor tecnología hasta el momento. El personal se había diversificado, antes la mayoría eran japoneses por ser la sede en Tokio, pero ahora apenas la mitad lo era.

Al entrar a la sala de juntas, se encontraron con un hombre moreno que estaba reclinado en una silla y lanzaba dardos a una pintura abstracta que estaba en la pared -aunque tuviese el blanco justo enfrente-.

―No es buena idea que destruyas propiedad ajena, puede ser un original muy costoso.― dijo Miroku.

―Miren lo que trajo la tormenta.― contestó con burla sin voltear a la puerta y haciendo referencia a la fuerte nevada que caía afuera.― Ya me estaba aburriendo, no hay nada bueno en la tv y me estaba quedando sin partes rojas a las que atinarle.― dijo al señalar la pintura.― Un gusto verlos de nuevo.

―No esperaba verte "lobo".― saludó Inuyasha, Kouga, su otro compañero. Piel bronceada, cabello negro y ojos verde-avellana. Si no recordaba mal, él debía ser castaño de ojos celestes.

―Creo que ninguno de nosotros espero volver, el único que tuvo más suerte fue "Tsubasa".― dijo el moreno refiriéndose al nombre falso de Miroku.― A él no lo obligaran volver por completo, ¿Qué clase de trató hiciste?

―Ninguno, no me quieren aquí por "blando".

―Se nota que no te conocen.

―Saotome, Jumonji.― interrumpió Dubois.― La reunión se atrasara, el director está en una reunión privada con los mandatarios, los llevare a su habitación. Y, Tatewaki.― volteó a ver a Miroku.― Ya te puedes ir, un helicóptero te llevará, si te necesitamos te llamamos.

Miroku estaba por decir algo pero Inuyasha no le dejo, seguramente pediría quedarse.

―Vete, deben extrañarte.― ambos amigos se miraron por lo que pareció un largo rato, pero solo fueron unos segundos, Inuyasha no se perdonaría el separar a una familia.

―Volveré y te traeré noticias.― prometió Miroku al seguir a otro agente que le acompañaría al helicóptero.

...

Inuyasha terminaba de darse una ducha, ya la necesitaba desde que estuvieron bajo aquel puente. Podía sentir el olor a muerte impregnado en él. Se vistió con un conjunto deportivo gris y al salir, vio a Kouga que estaba recostado en la cama que le correspondía.

―¿Qué has hecho en todo este tiempo?― preguntó Kouga al ver que Inuyasha tomaba asiento en uno de los sillones.

―Intentando rehacer mi vida.― contestó al dejar la toalla sobre los hombros.

―¿Funcionó?

―Todo iba bien hasta que se les escapó.

―En verdad creí que jamás tendría que volver a usar este nombre "Jumonji Ryoga".― dijo Kouga al ver su credencial.

―¿Tienes pesadillas?

―Rara vez... Viajar me ha ayudado, pero por tu cara deduzco que las tuyas son frecuentes.

―Ya no lo eran, pero con su regreso, volvieron.

―Debes extrañarla.

―¿Qué dijiste?― preguntó alarmado, ¿Kouga sabía de Kagome?

―Que debes extrañarla, ya pasó tiempo pero aquella escena del baño, hasta a mí me perturbó.

―Ah eso… Sí, yo…― estaba aliviado, por un momento creyó lo peor y estuvo por delatarse, debía mantener la calma.― Hace mucho que no me afecta como antes.

―Que bueno que ya no te culpes.

―No dije eso, sigo creyendo que no debió morir de esa manera, debí poder protegerla, es solo que...

―No es tu culpa, ella formaba parte de esto, conocía los riesgos, jamás quiso seguridad y prefirió vivir afuera que aquí.

―¿Tienes mucho de haber vuelto?― cambió de tema, no quería seguir recordando malos momentos.

―No, llegué hace tres horas.

―El director es algo efusivo, creí que los ingleses eran muy "formales".― comentó al recordar aquel golpecito en el hombro.

―También lo noté, pero dicen que era un estupendo líder en el MI6... Deberíamos dormir, ya no vinieron por nosotros.― dijo al ver la hora.― Repongamos energía para atrapar a Naraku.

Inuyasha asintió, dejó colgada su toalla en una silla y se fue a su cama, esa sería la primera de tantas noches que dormiría fuera de su hogar. En ese momento lo único que deseaba era que Kagome y su bebé estuvieran con bien, que no estuvieran solos, que nada malo les hubiese pasado.

Ya había perdido la cuenta de las veces que recorrió todos los canales y no encontró nada que ver. Su esposo llevaba una semana ausente, no había tenido noticias suyas y en su mente ya se imaginaba el peor de los escenarios. El sonido en la entrada la alertó, apagó el televisor y aguardó.

―¡Miroku!― gritó al verlo y corrió a abrazarlo.

―Hola, ¿Cómo han estado? ¿Ya se durmieron mis tesoros?

―Todo bien, las niñas han preguntado por ti, se durmieron hace media hora, ¿Para qué te querían?

―Sentémonos.― pidió el chico al caminar al sofá.

―¿Todo bien? Tienes una cara de preocupación que nunca te había visto.

―Me pidieron llevarles a Inuyasha.

―¡Oh kami! ¿Qué hiso cuando se enteró? ¿Cómo se lo tomó? Espero que no pelearan, tú no tienes la culpa, solo seguías ordenes ¿Y su novia? ¿Cómo está? Dijiste que está embarazada.

―Sango, cálmate.― pidió a su esposa al tomarla de las manos.― Se alteró al enterarse, algo normal, pero yo no fui quien recibió su furia.― esbozó una sonrisa al recordar el golpe a Tao y Ling.― Espero que Kagome esté bien, cuando nos fuimos era un mar de lágrimas y nervios... Le prometí cuidar a Inuyasha cuando no puedo hacerlo, yo no estoy en el caso. Le mentí para que soltará a Inuyasha.

―Hiciste lo correcto, ahora tiene la confianza de que Inuyasha está con un amigo y no solo confiando en personas extrañas para ella.

―Cuando lo vi después de mucho tiempo, todo él había cambiado, estaba radiante por tener a Kagome, sonreía al fijar su mirada en el vientre de ella, estaba tan ansioso de ser padre, me dijo que ya comenzaría la adaptación del cuarto de su bebé... Pero ahora, es como si su alma hubiese abandonado su cuerpo, se mueve por inercia.

―¿Cómo estarías tú?

―Espero que el bastardo no muera porque no podré ver a la cara a Kagome y a su hijo.

―Vivirá.― dijo con total seguridad la castaña.

―Espero que tengas razón, ya quisiera tener tu seguridad.

Sango se recargó en el hombro de Miroku, para darle apoyo. Pensó en Kagome, no la conocía pero ya sentía empatía con ella. Solo podía darse una idea por la angustia que estaría pasando, ella misma en esos días sin noticias de Miroku se estaba volviendo loca, ahora, imaginar esa situación por lo que serían meses, la sumía en una terrible depresión.


En la sala de juntas ocho personas -sin contar a Kouga e Inuyasha- estaban reunidas a la espera del informe sobre Naraku. El director estaba en el extremo principal, solo veía un documento y su asistente tecleaba en su celular.

―¿Nos van a decir cómo escapó o solo nos trajeron para perder el tiempo?― preguntó Inuyasha al ver que nadie hablaba.― ¿Acaso sienten tanta vergüenza por dejar que un peligroso asesino escapara de la que se supone es la más segura y eficaz agencia?

Kouga suspiro por la falta de tacto de su compañero, el director Baker cerró la carpeta, tomó un control, las luces se apagaron y la gran pantalla en la sala se encendió, mostrando las imagines que se tenían de Naraku en la prisión, las cuales eran de él en su celda.

―Hackearon nuestro sistema, mandaron una orden para traer a Naraku aquí desde nuestra prisión, asignaron a los agentes más novatos, el traslado se realizaría justo cuando llegaban nuevos presos y por ello nadie notó que lo transportaban con mínima seguridad. Los agentes fueron emboscados en carretera, los mataron y Naraku escapó.

―El hackeo debió ser interno ¿Ya investigaron a todos?― preguntó Kouga.

―A la mayoría, pero no se ha podido rastrear desde que servidor fue introducido el virus, no tenemos el día, ni hora. Pudo haber estado desde hace meses en nuestro sistema. Esos son los videos de seguridad de ese día, en ninguno aparece Naraku siendo trasladado, los modificaron.

―¿Cómo sabremos en quienes confiar? Cualquiera aquí puede ser un espía de Naraku.― habló Inuyasha al ver a cada uno con desconfianza.

―Quiero que todos salgan, menos Saotome y Jumonji.― ordenó Baker.― Tú también debes salir Dubois.― dijo al ver que la mujer no se levantaba.― Ya que estamos solos...― dejó un aparato similar a un MP3 sobre la mesa y cerró la puerta con seguro.― Sirve para que nadie escuche lo que se habla en esta sala, de haber micrófonos los desactiva. Respondiendo a tu pregunta Saotome, precisamente por eso los mande traer, yo tampoco confio en los agentes, estoy poniendo toda mi confianza en ustedes, elijan con quienes trabajar y respetaré su decisión, pero... Deben reportarme lo que crean relevante.

―Si quería desde un principio hablar a solas ¿Por qué trajo a todas esas personas?― preguntó Kouga.

―Son de los que desconfío principalmente, quería que los vieran.

―Bien, revisaremos todo esto, con suerte veremos algo que ustedes no.― dijo Inuyasha.

―Los dejo, quédense con el aparato, les puede servir.― Baker salió y Kouga reprodujo el primer video de los tantos interrogatorios que le hicieron a Naraku.

Lo bueno es que tenían una gran dotación de café, estaban por tener unas largas horas en aquella sala.


Estaba por cumplirse una semana desde su regreso a la agencia, Kouga e Inuyasha ya estaban seleccionando a las personas de confianza, por ahora eran solo tres que conocían desde hace años. El médico principal Ono Jinenji, el armero Sakabato Totosai y la hacker conocida como Kanna.

La hora de la comida ya había pasado, todos estaban en sus propios asuntos cuando una llamada movilizó a todos. Naraku los había contactado y demandó hablar con Saotome. A Inuyasha se le fue el alma, lo primero en lo que pensó fue que Naraku ya tenía a Kagome.

―Soy Saotome ¿Qué quieres?― habló sin miedo, aunque por dentro su corazón palpitara como loco.

―Es bueno tenerte de vuelta entre los vivos, Saotome... Ahora ya no me siento tan mal por no haber ido a tu funeral.

―Yo no faltaré al tuyo.― contestó entre dientes.

―¿Eso crees?

―Ya te atrape una vez.

―Y casi mueres.― le recordó.― Yo a diferencia tuya que te mantuviste en un largo retiro, he mejorado, gracias a todos esos archivos y videos que me mostraron vi donde estaban mis fallas.― Kouga e Inuyasha quisieron golpear a sus jefes, ¿Cómo dejaron que Naraku les manipulara?― Te será más difícil encontrarme, puede que nos tome Años.― recalcó la última palabra e Inuyasha apretó sus puños, no le tomaría años, lo encontraría en máximo cuatro meses, tenía una promesa que cumplir.

―En tus sueños.

Se escuchó un fuerte grito desgarrador de mujer, risas de hombres y el relinchar de caballos.

―¿Escucharon? Hay una hermosa señorita que se muere por ustedes y no es literal.

―Déjala ir, esto entre tú y nosotros.― dijo Baker.

―Se equivocan, es entre Saotome y yo...― un nuevo gritó se escuchó y todos guardaron silencio, no podían rastrear la llamada.― Granja Matsumoto, a las afueras de Kansai.― fue lo último que dijo Naraku antes de colgar.

―Alisten el helicóptero, avisen a las autoridades locales y llamen para que tengan listo el jet.― ordenó del director.

...

El sol ya se había ocultado cuando llegaron a la granja, el lugar era iluminado por reflectores que mandaron colocar. Kouga e Inuyasha bajaron de la camioneta en la que iban, sus pulcros zapatos se llenaron del lodo originado por la nieve que se había derretido por el paso de los vehículos. Caminaron hacía un oficial que vigilaba el perímetro mientras fumaba un cigarrillo.

―Buenas noches, agentes Jumonji y Saotome, buscamos al capitán Kim.― dijo Kouga al mostrar su credencial.

―Síganme, esta con los cerdos.― el oficial tiró su cigarrillo al suelo y lo apagó.

―¿Cerdos?― preguntó confundido Kouga, ellos escucharon caballos en la llamada.

―Echó a la chica a los cerdos, fue horrible...

―Wong, ya me encargo.― interrumpió el capitán, un hombre ya mayor que seguramente estaba por retirarse.

―Debe ser el capitán Kim, somos los agentes Jumonji y Saotome.

―Me alegra que llegarán, venimos en cuanto recibimos su llamada, pero era tarde, uno de nuestros forenses ya se llevó a la chica a la morgue.

―¿Nadie notó que la víctima no estaba?― preguntó extrañado Kouga, en una granja siempre había gente ¿No?

―Estaba aquí con su prometido, solos por el fin de semana, la familia salió a una convención sobre pesticidas orgánicos y la casa al estar lejos de la ciudad nadie notó nada.

―Su oficial dijo que la hecho a los cerdos.

―El veterinario dice que los pobres animales no comían desde hace tres días y como la cubrió con su alimento, le arrancaron pedazos de carne y dedos.

―¿Ya contactaron a la familia?

―No hemos podido localizarlos, ya habían dejado el hotel y seguramente vienen en el avión, mandé a unos detectives a esperarlos.

―Dijo que estaba con el prometido ¿Qué pasó con él?― preguntó Inuyasha, era raro que volviese a matar hombres.

―No lo encontramos, debe estar muerto, en la casa hay signos de lucha y sangre por todos lados.

―Vamos a ver.

Los tres fueron a la casa, la sala estaba destrozada y llena de sangre, en la cocina los cajones estaban vaciados, los cuchillos no estaban. Subieron a la planta alta, todo arriba estaba intacto.

―¿Qué creen que hiciera con el muchacho?

―Si tuvo suerte, no estaba en casa, se pelearon y se fue. Si no, lo mató.― contestó Inuyasha al capitán.

―El nombre de la chica era Asakura Jun, tenía 24 años, su prometido Nanase Yamato de 32 años, era profesor en la primaria local. Muy buenos chicos, no se merecían todo esto.― dijo decaído el capitán Kim.― En cuatro meses me retiraba, lo adelantaré, no creo poder con esto.

―Vaya a tomar algo, nosotros le avisaremos si entramos algo.― alentó Kouga y el hombre se fue.― Tenemos que encontrar a joven, con suerte al no ser su prioridad, encontremos algo que nos diga como las escoge o su siguiente blanco.

Kouga se acercó a Inuyasha que se había quedado viendo por la ventana, observó también intentando ver lo que veía pero nada le alertaba, solo había un campo en completa oscuridad y a duras penas se distinguían dos espantapájaros. Tal vez Inuyasha se había quedado perdido en sus pensamientos.

―¿Qué miras?

―El espantapájaros.

―¿Cuál de los dos?

―El que da la espalda a la casa, en esta foto solo hay uno, el que mira al establo.― indicó al mostrarle la foto que estaba sobre el escritorio.

―¿Es él?― Inuyasha asintió y Kouga fue donde el capitán a darle sus sospechas.

Inmediatamente varios hombres se apresuraron a llegar y bajaron el cuerpo. ¿Cómo es que a nadie se le ocurrió que el cuerpo de Nanase fuese uno de los espantapájaros?

―Murió al ser degollado y gracias a la nevada no se lo comieron los animales.― explicó uno de los forense que seguía en la escena.― Tiene algo en la garganta.― introdujo sus dedos y sacó un collar, lo puso en una bolsa de evidencias y se lo pasó a los agentes.

―¿Un collar? ¿Qué significa?― por más que pensará en una explicación nada venía a su mente ¿Qué les quería dar a decir? ¿La esmeralda tenía un significado en particular?

Inuyasha lo examinó y lo reconoció de inmediato, era una reliquia familiar que le fue entregada a Kikyou por su abuela al terminar la preparatoria, la mujer la había usado en una de sus citas.

―¿Sabes qué significa?

―Es de Kikyou, tiene sus joyas.― sabía que el día que asesino a la chica también se llevó joyas y ropa, creyó que eran sus recuerdos ¿Por qué se deshacía de ellos?

―Lo atraparemos, solo quiere perturbarte, no dejes que gane.― alentó Kouga, pero Inuyasha solo podía pensar en un día en particular.

"Algo viejo que usaras en tu boda y para que me recuerdes" Es lo que dijo la abuela, la extrañó tanto.― decía la chica al salir de aquel restaurante y abrazar con mayor fuerza el brazo de su novio.

Kikyou le dio la indirecta de que quería casarse, pero él no se sentía listo, el matrimonio era una cosa que no iba con él y optó por fingir que no captó nada.

Matrimonio, pensó al soltar un bufido. "Ahora te parece una tontería porque no conoces a la indicada, pero cuando lo hagas no pensarás igual", eso se lo dijo su madre una de las últimas veces que la vio. Ahora mismo en donde quiera que estuviese, debía tener una gran sonrisa y le decía "Te lo dije". En Shikon una azabache le esperaba para ser su esposa y un bebé por nacer esperaba a su padre.

―Capitán, necesito hablar con su forense que tiene a la mujer.― inmediatamente Inuyasha fue comunicado.― Necesito saber si la chica estaba embarazada.

A Kouga le extrañó la pregunta ¿Eso era relevante? ¿Naraku estaría matando mujeres embarazadas que se parecieran a Kikyou? No era posible, las otras víctimas no lo estaban.

―Muchas gracias.― Inuyasha colgó y su mente apenas procesaba la respuesta "Los archivos médicos indican que tenía seis semanas".

Las víctimas estaban por casarse y serían padres ¿Era una indirecta de Naraku? No era posible, su familia estaba a salvo en Shikon.

Kagome... Kami no dejes que nada malo les pase.


Después de lo que han sido semanas, meses, de larga ausencia, terminé el capítulo.

Tuve muchos problemas personales que me hicieron deprimirme y no quería afectar la trama a como la quiero, ahora estoy un poco mejor, he podido controlar tantas cosas que siento.

Bueno, deseo que fuese de su agrado, miles de gracias por sus mensajes, los aprecio mucho.

Nos estamos leyendo.

03/07/2016