Los personajes de Inuyasha pertenecen a la gran Rumiko, yo solo los tomó prestados para poder dar forma a la trama la cual si me pertenece. Todo sin lucro y solo con el afán de entretener.


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8. Una Nueva Amiga.

Nodoka quitaba con una pala la nieve acumulada en el exterior de más ventanas de su casa, Souta le había ayudado con la de la entrada antes de irse a la escuela, ya solo le faltaba limpiar la última ventana cuando vio en la vereda a una de las amigas y compañeras de trabajo de su hija, la joven de cabello marrón y ondulado, mostraba un semblante preocupado.

―Ayumi, buen día.― saludó al dejar la pala a un lado.

―Disculpe que la moleste tan temprano, pero ¿Kagome está bien?

―Hasta donde yo sé, sí. ¿Por qué?― le extrañó e inquietó la pregunta.

―Tal vez estoy exagerando, pero Kagome no llegó a trabajar, no contesta el celular, aproveche el almuerzo de los niños para ir a su casa, nadie atiende y la tienda está cerrada.― se había debatido mucho en ir a casa de la señora Higurashi, no quería preocuparla por paranoias suyas, al final no pudo más, lo mejor era sacarse las dudas.

―Es muy extraño.― que no fuese a trabajar lo entendía, tal vez había sufrido de mareos o fatiga, pero que su hija o yerno no avisaran era de preocuparse.

―Entiendo que se quedase dormida, las embarazadas duermen mucho ¿Cierto?― Nodoka asintió.― Pero Takahashi está despierto desde temprano y sé por Kagome, que tiene el sueño ligero.

―Tranquila.― pidió la mayor al tomar a Ayumi de los hombros.― Iré a ver, tú regresa a la escuela.

―¿Cree que le pasará algo al bebé?

―¡Kami no lo quiera! Tal vez Inuyasha la llevó a la laguna o a caminar.

―¿Con esté frío?

―Las embarazadas tienen sus caprichos y mi yerno consciente mucho a mi hija.

―Tiene razón, llámeme en cuanto sepa algo de ellos.

Ayumi se fue y Nodoka entró por un abrigo, al salir vio a su hijo que venía de regreso, seguramente olvido algo. Ya que estaba de regreso, aprovecharía para que la acompañara.

―Mamá, olvide mi guante, hoy les vamos a dar manteni... ¿Estás bien?― preguntó al verla preocupada.

―Acompáñame a casa de tu hermana.

―¿Qué pasó?

―Espero que nada malo.

...

Souta y Nodaka tocaban la puerta sin éxito, nadie atendía, pegaron oreja a la madera y ningún ruido. Intentaron ver por las ventanas, pero las cortinas estaban echadas. Rodearon la casa para ver si podían entrar por la puerta trasera y nada, al igual que la de la entrada, había sido reforzada con tres chapas.

―Mi cuñado sí que se preocupa por la seguridad.― dijo en burla Souta para aligerar el ambiente, pero no le funcionó.― ¿Y si rompo un vidrio?

―Hazlo, luego nos encargaremos de reponerlo.

Souta tomó una piedra, la arrojó a una ventana de la cocina y con ayuda de un palo quitó los picos que quedaban en el marco.

―No te vayas a cortar.

―Ya quite todo, ve al frente, ya te abro.― dijo Souta al no saber dónde estarían las llaves de esa puerta, pero las de la entrada principal debían estar en el escritorio, junto a la laptop.

El adolecente a primera vista no vio nada sospechoso en el interior de la vivienda, todo estaba en su lugar. Fue al escritorio y efectivamente, allí estaba el llavero con colgante de un tierno perro blanco. Al girarse, vio a su hermana hecha ovillo en el sofá intentando cubrirse del frio con la chamarra que llevaba puesta, a paso lento se acercó y le toco la cara, estaba respirando pero estaba fría.

―¡Hermana! ¡Kagome despierta!― pedía al moverla.

―Souta...― susurró, sentía todo su cuerpo entumecido y sin energía.

―¿Qué pasó? ¿Y mi cuñado?― era muy raro que no estuviese y más raro que dejase dormir a Kagome en el sofá con esas bajas temperaturas.

―Él... Se fue...

―¿Cómo que se fue?― preguntó sin entender ¿Se pelearon acaso?― Estas helada, cúbrete con esto.― dijo al tomar una manta que estaba en el sillón y ponerla sobre los hombros de su hermana.― Le voy abrir a mamá, está esperando afuera.― sin perder más tiempo corrió a la puerta principal.

―Souta ¿Por qué tardabas?― ya estaba angustiada, su hijo demoró mucho.

―Ven rápido.― jaló a su madre y la llevó a la sala.

En cuanto Nodoka vio a su hija sentada en el sillón se acercó a ella, sintió alivió de verla con bien, pero al obsérvala y ver su palidez acompañada de ojeras, se preocupó.

―Kagome ¿Qué paso cielo?

―Mamá... Inuyasha se fue...― logró apenas decir, el llanto la consumía de nuevo.

―Espera ¿Cómo que se fue? ¿Se pelearon? Kagome dime algo.― pedía sin obtener respuesta, su hija no dejaba de llorar.

―Mamá.― interrumpió Souta.― Tiene tu nombre.― dijo al darle el sobre que recién veía.

Nodoka lo abrió de inmediato y leyó la carta, no podía creerlo, esas cosas solo pasaban en los programas policiacos o películas de acción ¿No?. De forma apresurada, Inuyasha le explicaba su pasado en una agencia secreta internacional, su enfrentamiento con un asesino serial, la reciente fuga de ese asesino, el reencuentro con la agencia y la razón por la que se iba, también le había dado una historia para explicar su ausencia de Shikon, a ojos de los demás, se marchó para atender asuntos legales que su padre dejó inconclusos con su primer esposa. La mujer dejó la carta a un lado y volvió a concentrarse en su hija.

―Vinieron por él... Quiero que vuelva.

―Kagome, tienes que calmarte.― pidió al sentarse junto a su hija y abrazarla.

―¡¿Mi cuñado es un agente secreto?!― gritó Souta por la sorpresa, ya había leído la carta.― Lo siento, mi curiosidad fue más.― se disculpó apenado, no era el momento de emocionarse y admirarlo más.

―Tienes que tranquilizarte, mírame.― pidió Nodoka al alzarle el rostro a su hija.― Tienes que calmarte o afectará al bebé.― le recordó al tomarla de las manos y ponerlas en su vientre.

De inmediato, Kagome sintió el movimiento de su pequeño, su niño seguía con ella, dependía de ella para crecer fuerte y sano. Debía calmarse, por esa personita dentro de ella, que representaba su lazo con Inuyasha.

―Eso es, respira suavemente.― alentaba Nodoka.― Souta, tráele un té y algo de comer.― inmediatamente el joven se fue a la cocina.― Ahora entiendo porque no hablaba de su pasado, en su carta dice que volverá y tienes que creerle.

―¿Y si no? ¡¿Y si muere por detenerlo?!... ¡Jamás lo conoció! ¡Jamás se conocerán!― dijo Kagome refiriéndose a Inuyasha y su bebé.

―Siempre te ha cumplido, también lo hará esta vez.

―Prometió que nos mantendría a salvo, pero... ¿Qué pasa si para eso debe morir?― sabía que Inuyasha no lo dudaría dos veces, de ser necesario, daría su vida.

―No pienses en el peor escenario... Recuerda que también luchará por volver, no se rendirá fácilmente, lo sabes muy bien.

―Hermana.― interrumpió el chico al ofrecerle la taza de té y un pan.

―Quédate con tu hermana, le voy a llamar a Ayumi, la pobre estaba muy angustiada por ti, hasta vino a buscarte.― Nodoka se fue a la entrada y tener privacidad al hacer la llamada.

―No la escuché.

―Ni a nosotros, estabas profundamente dormida.― contestó Souta.

―No recuerdo cuando vine al sofá, lo último que recuerdo es que me quede junto a la puerta.

―Debiste estar medio dormida.

―¿Qué hora es?― a causa de la poca luz que entraba y su desorientación, no podía calcular la hora.

―Las 11:16.

―Deberías estar en la escuela.

―Mi hermana y sobrino son más importantes, come el pan, estás algo pálida.

―Primero voy al baño.

Kagome se levantó con ayuda de su hermano, pero al ponerse de pie, todo le dio vueltas, su vista se nubló y se desplomó sobre el muchacho.

―¡Mamá!― Nodoka entró corriendo y vio que Souta apenas lograba acomodar a Kagome en el sofá.

―¿Qué paso?― preguntó al ayudar a acostar a Kagome.

―Se levantó para ir al baño y se desmayó.

―Voy a llamar a Kaede.

...

Una hora después, las cosas estaban un poco más calmadas, el susto que les dio Kagome fue grande. Si algo malo le hubiese llegado a pasar a ella y el bebé, no tenían manera de infórmale a Inuyasha.

Souta permanecía en la sala junto a una dormida Kagome, mientras Nodoka y Kaede charlaban en la cocina.

―Ya está mejor, pero no se debe alterar de esa manera, podría perder al niño.― advertía la longeva mujer.

―La vigilaremos.

―¿Qué fue exactamente lo que pasó? ¿Y dónde está ese muchacho? Debería estar aquí.― no entendía el comportamiento de Inuyasha, desde el embarazo de Kagome era raro verlo lejos de ella, y ahora que su mujer e hijo estuvieron en peligro, no aparecía.

―Es complicado, Kaede-sama, ¿Recuerda que vinieron algunos hombres?

―Shintaro me comentó que se hospedaron en su posada.― respondió al beber de su té.

―Se llevaron a Inuyasha.

―¡¿Lo secuestraron?! ¡¿Ya llamarón a la policía?!

―No, nada de eso, vinieron por él porque tiene que arreglar unos asuntos que dejó su padre, creo que tiene que ver con la primer esposa.

―¿Eran abogados de la señora Irasue?― jamás creyó que el pasado del señor Takahashi volviera y afectase al hijo menor.

―No sé muy bien.― lo mejor era no dar muchos detalles hasta que toda la familia supiese la misma historia y no dijesen nada diferente.― Kagome no me lo ha explicado por completo, pero al ser algo tan repentino y no saber cuánto les lleve arreglar el asunto, tuvo un colapso.

―Lo que necesiten no duden en buscarme.


Colgó la llamada y se recostó en su silla de cuero; estaba más que satisfecho, de ahora en adelante se divertiría como no lo hacía en mucho tiempo. Debía admitir que fue una gran sorpresa enterarse que su mayor rival estaba vivo, al principio se enfureció y mató al mensajero. Pero luego una gran euforia le invadió, ya se estaba aburriendo de los patéticos intentos de la agencia por encontrarlo, necesitaba sentir la adrenalina en sus venas para disfrutar el momento, y hasta ahora, solo una persona le provocaba eso: Saotome Rinne.

―¿Piensas matarlo?― preguntó un veinteañero de cabello platinado y ojos verdes.

―No, aún no... Todo a su tiempo.

―Sería muy fácil.― él se encargaría de la tarea con mucho gusto.

―Hay algo mejor que la tortura física, la psicológica. Juguemos un poco, hagamos que se desgaste de ambas formas.

―Por su culpa pasaste tres años encerrado.

―No fue tan malo, ese tiempo me sirvió para prepararme y resurgir más fuerte que antes, no olvides que tenemos un "As".

―Eso dijiste la última vez.

―De alguna manera lo fue, no como tenía planeado, pero lo fue.

―La camioneta está llegando.― informó al recibir la noticia por su audífono.

―Hakudoshi, has que nuestros invitados se pongan cómodos, los alcanzó en un momento.

―¿En verdad crees que funcione?

―Funcionará.― afirmó con una perversa mueca.― Saotome se arrepentirá de haber vuelto a la vida.


Cuando Inuyasha le contactó con apenas una semana en la agencia, supo que algo no andaba bien, y no se equivocó. Su amigo le había pedido verificar que Kagome y el bebé estuviesen bien, algo en la últimas muertes le altero. Lo malo era que en ese momento estaba hasta el tope de papeleo en su trabajo, y decidió mandar a su fiel ayudante Hachi, un hombre robusto y de carácter algo nervioso, pero de su entera confianza.

Que mandase a Hachi tenía un lado positivo, él pasaría desapercibido, sería por otro citadino más en busca de un fin de semana lejos del ajetreo y bullicio de la ciudad.

Y la noche en que recibió por email las fotos que confirmando que la familia de Inuyasha estaba a salvo, fue a la agencia. Creyó que el joven se alegraría y se tranquilizaría, pero eso no pasó. Veía a su amigo ir y venir por el dormitorio, ya podía imaginarse la gran zanja que había hecho.

―Ya te dije que todo está bien.― repitió Miroku por millonésima vez.

―No puede ser una coincidencia.― ya le había dado muchas vueltas al asunto y no lograba sacarse de la cabeza que su familia estaba en la mira de Naraku.

―¿Quieres tranquilizarte y pensar con calma?

―Tengo que salir.― se colocó una chamarra y se guardó un arma.― Debo comprobarlo yo mismo.

―No hagas una tontería.― pidió Miroku al bloquearle la puerta.

―Déjame salir.― dijo el pelirrojo con tono de amenaza.

―No lo haré.― negó con firmeza.― Ya te dije que todo está bien, si te vas ahora, en verdad que complicaras todo, te tiene vigilado, no hagas algo de lo que luego te arrepientas.

―Tengo miedo.― susurró, dejando sorprendido a Miroku.― Siento que voy a despertar y habré perdido todo, que volveré a estar solo.

―No lo estarás de nuevo, pero para que eso no pase, tienes que calmarte.― Inuyasha suspiró y volvió a dejar su arma en su lugar.

―¿Todo bien?― preguntó Kouga al entrar y verlos tensos.

―Una de sus crisis, lo normal.― respondió Miroku.

―¡Hey pulgoso! he querido decirte algo pero no encontraba el momento.

―Espero no te le quieras confesar.― bromeó Miroku.

―No es mi tipo, pero tú sí monje.― contraatacó el moreno.

―¡Me lo hubieses dicho antes! Ya estoy casado.

―Corten con eso, par de raritos.― interrumpió con molestia Inuyasha, no estaba de humor para sus jueguitos.― ¿Es algo sobre Naraku?

―No lo creo, tú me dirás... Hace un par de noches, nombraste a alguien.― Inuyasha le terminó de prestar su total atención.― Dijiste el nombre de una mujer, inicia con "Ka".

―No... No... No... ¡No!― era imposible, él no pudo haberlo dicho.― ¡¿Quién más lo sabe?!― preguntó al tomar con furia a Koga por playera y estrellarlo en la pared.

―Solo yo, es la única vez que lo has dicho.― contestó con dificultad por la falta de aire.

―Suéltalo.― pidió Miroku, de provocar una pelea en pocos minutos tendrían espectadores.― Si lo matas te pondrán de compañero a un total extraño ¿Quieres eso?.― Inuyasha suspiró y soltó a Kouga.

―Debe ser muy importante para que reacciones así.― dijo el moreno al acomodarse la ropa y ver que Inuyasha se sentaba en la cama.

―¿No adivinas?― alentó Miroku, ya con lo que sabía, estaba seguro que Kouga uniría los hechos y daría con la respuesta.

Después de pensarlo por unos minutos, Kouga comprendió quien era la mujer y la razón por la cual después de estar en la granja, Inuyasha se había puesto tan alterado.

―Perro suertudo.

―Te advierto que si le dices algo de esto a otros, te mataré.― amenazó Inuyasha.

―¿Quiénes más lo saben? Dudo que solo nosotros.

―Ling, Tao y el director Baker, al menos eso espero.― respondió Miroku, hasta ese punto era lo que le habían informado.

―Entonces ahora también la voy hacer de niñera y vigilarte mientras duermes, eres muy problemático perrito.― dijo en burla Kouga, a lo que Inuyasha le respondió derribándolo al suelo, listo para golpearlo, pero fue detenido nuevamente por Miroku.

―¡Calmados! Parece que trato con niños.― le sorprendía que hasta ahora se llevasen bien.― En dos horas me voy ¿Quieren que les ayude con el caso?

―Toma una carpeta.― dijo Inuyasha al señalar una pila que había en la mesa.


Su vista se posó en el calendario de pared que tenía tachados los días transcurridos. Tres semanas desde que Inuyasha se fue, y ella llevaba una cuenta regresiva, solo le quedaban nueve semanas de embarazo. ¿Sería tiempo suficiente para que Inuyasha atrapase a Naraku? Comió otra fruta seca y siguió revisando los pedidos para la tienda, agradecía enormemente que su madre y Souta, le ayudasen a administrarla, no quería que cuando Inuyasha regresase la encontrara en quiebra. Nodoka tenía el turno de la mañana, mientras que en la tarde, Kagome y Souta la atendían.

―¡Ah! Tienes mucha fuerza.― dijo al acariciar su vientre.― Hoy estas muy inquieto, ya no más cosas dulces.― esa semana sus antojos por lo azucarado aumentó.― Tengo que verificar los pedidos, ahora que tu papá no está nosotros tenemos que encargarnos de la tienda.― soltó un bostezo, ya le estaba dando sueño.

En buena hora se le ocurrió revisar los papeles en casa, todo estaba tan silencioso que el sueño la estaba derrotando. Se hubiese quedado en la tienda con Souta, pero no quiso hacer mal tercio, Hitomi, el amor no tan secreto de su hermanito fue a la tienda para preparar un trabajo que les dejaron en pareja.

Volvió a bostezar y decidió que iría a despejarse, cerró la laptop y guardo las facturas en un cajón del escritorio. Se asomó por una ventana y vio que "la parejita" estaba a lados opuestos del mostrador.

―¿Por qué no la invita a una cita?― dijo en voz alta.― Yo creo que ella es perfecta para Souta ¿No lo crees?― sonrió al sentir otra patadita.― Vamos a ver si necesitan algo, puede que ese niño necesite una ayudadita.― se colocó un abrigo y al abrir la puerta se topó con Miroku que estaba por tocar el timbre.

―Kagome.― dijo pasmado el hombre, no esperaba encontrársela justo cuando él dudaba en tocar o no el timbre, aún no se convencía de lo que iba a decir, no estaba seguro si estaba haciendo bien.

―¡Miroku! ¡¿Ya regresó?!― preguntó esperanzada y viendo a todos lados en busca de Inuyasha.

―Me temo que no ¡Pero se encuentra bien!― se apresuró a decir antes de que la chica pensara que le llevaba malas noticias.― Inuyasha me pidió que personalmente te vigilara, pero al tener que atender mi trabajo y algunos asuntos de la agencia, junto a...

―¡Papá!― gritaron dos niñas de tres años al momento que se aferraban cada una a una pierna de su progenitor.

Kagome observó a las gemelas ¿Qué hacia allí Miroku con sus hijas?, escuchó unos apresurados pasos sobre la nieve y notó a una mujer de largo cabello castaño que caminaba a ellos con un bebé en brazos. Por el parecido de la joven con las niñas, debía ser la esposa de Miroku ¿Cómo era que se llamaba?.

―Niñas, su papá está hablando, perdón, pero al atender a Komori corrieron.― se disculpó la castaña.

―Esperen un momento más con su madre.― pidió Miroku a sus gemelas, pero ellas negaron de manera graciosa.― Niñas por favor, luego las llevo a comprar algo.― intentó sobornarlas pero no funcionó.

―Hola, soy Hoshi Sango, esposa de ese hombre y madre de estás tres linduras.― se presentó ante la azabache.― Miroku me ha hablado tanto de ti, ya quería conocerte, no es fácil entrar al corazón de Inuyasha y…

―¿Conoces a Inuyasha?― eso no se lo habían mencionado, ni Miroku, ni Inuyasha.

―Digamos que conozco a "la otra persona".

―¿Tú estuviste con ellos en la agencia?― justo en ese momento se estaba comenzando a sentir excluida de una parte importante de la vida de su novio, comprendía que mucho era "información clasificada", pero pudieron decirle que los tres ya se conocían, inventarle alguna historia.

―No exactamente, te lo explicaré luego, tendremos mucho tiempo para charlar.

―¿Se van a quedar?

―A lo que venimos.― prosiguió Miroku.― Como me tendrán viajando y no podré venir tanto como quisiera Inuyasha, hemos...

―¡Papá! ¡Un uñeco de neve!― gritaron las niñas señalando la nieve.

―Niñas déjenme hablar.― suplicó, era más fácil tratar con criminales que con niñas de tres años.

―¿Cuánto tiempo tienes? ¿Ya sabes qué es?― siguió interrogado Sango en lo que Miroku intentaba ponerse firme con sus niñas.

―27 semanas, es niño.

―¿Cómo te has sentido? Yo en ese mes ya me sentía muy cansada y los antojos eran terribles, claro que no ayudó mucho que fuesen dos, pero con Komori fue más ligero.

―No me dan muchos antojos, Kaede-obachan dice que está creciendo muy bien y solo me agoto cuando se pone inquieto, hoy ha sido uno de esos días.

―Como ese hombre no parece domar a las gemelas, te lo diré yo... Estuvimos hablando y decidimos que te haremos compañía, estos tres pequeños y yo.

―¿Cómo?― ¿Había escuchado bien?

―Pedí un año de permiso para atender a Komori y a las gemelas, entonces pensé que pasar ese tiempo aquí sería bueno, el clima limpió y todo tan cerca, ya fuimos a ver la escuela y me encantó.

―Espero esto no cause algún problema.― dijo Miroku quien estaba de cuclillas haciendo un pequeño muñeco de nieve.― Sango puede reunirse conmigo y traer noticias de Inuyasha.

―¿Por qué lloras?― preguntó preocupada Sango, tal vez su idea fue pésima, pero ellos solo querían hacerle compañía.

―No lo sé, yo... Estoy muy agradecida.― siguiendo un impulso, abrazó a Sango, estaba muy feliz, tendría una manera de comunicarse con Inuyasha.

...

Más tarde, ese mismo día. Mientras Sango preparaba la comida que amablemente se ofreció a preparar. Kagome aprovechó para conocer a las gemelas que en un principio se mostraban tímidas, pero al poco rato, solo querían sentir cómo se movía el bebé, cada que recibían un golpecito reían enérgicamente.

Y cuando la comida estuvo lista, se sentaron todos juntos.

―¿Ya tienen donde quedarse?― preguntó Kagome, podía ofrecerles vivir en esa casa, junto a ella.

―Miroku rentó un pequeño departamento con la señora Shouga.

―No se hubiesen adelantado, pudieron vivir aquí, es amplio.

―Las órdenes de Inuyasha es que no se quede aquí ¿Cierto?― le recordó Miroku.

―Eso me pidió pero... Lo dijo porque no quería que estuviese sola, con Sango y los niños no lo estaré.

―Es mejor seguir sus recomendaciones.

―¿Aquí es peligroso?― si lo era ¿Por qué nadie se lo dijo? Ella tenía derecho a saber de todos los peligros que la rodeaban.

―Creo que te quiere en casa de tu madre para que no tengas momentos de angustia, aquí muchas cosas te recordaran a él.― explicó Sango.

Kagome se quedó pensando, lo que dijo Sango tenía mucha lógica, cuando llevaba mucho tiempo en la casa o en la tienda, olvidaba que Inuyasha se había ido, al grado de llamarle y buscarlo, para cuando recordaba la situación volvía a angustiarse.

―Sé que eres maestra ¿Vas a tener a las niñas?― preguntó Sango para cambiar de tema.

―No, yo tengo a los de tercero, pero Ayumi es muy buena y les tiene mucha paciencia, puedes confiar en ella. Además no hay muchos alumnos por ser un pueblo pequeño.

―¿Cuántos hay?

―En primero, nueve con las gemelas; en segundo, once y en tercero siete.

―¿Puedo saber cómo se tomó tu familia la noticia?― preguntó Miroku, estaba seguro que era algo que Inuyasha le preguntaría.

―Mamá y Souta fueron los primeros en enterarse, estaban bastante sorprendidos, pero extrañamente reaccionaron con calma y lo comprendieron.

―¿Y su padre y abuelo?

―Souta fue a ver a nuestro padre y le dio la noticia, dice que se alteró e iba a adelantar su retiro, pero logró convencerlo de que todo estaba bien, aun así, dijo que cuando viera a Inuyasha tendrían una larga charla. Y el abuelo desde diciembre a estado viajando, recorriendo los templos y onsen de país, no le hemos podido decir.

―Me alegro que las cosas fuesen bien.― con eso esperaba quitarle un peso de encima a su amigo.


Ya estaba en el séptimo mes y hasta dentro de dos días, Sango se reuniría con Miroku. Ya quería tener noticias de Inuyasha, deseaba poder hablarle y escuchar su voz, quería platicarle sobre su pequeño, decirle que en el último ultrasonido le vio chuparse su pulgar.

Escuchó la campanilla de la puerta y vio a Sango despedir a un cliente. Desde su llegada, la chica le hacía compañía, le ayudaba en la tienda y daba consejos para sobrellevar el embarazo. Las gemelas pasaban parte de la tarde en la guardería, les daban yoga, música y pintura; era un buen estímulo para su desarrollo. Por su parte, Komori era el pequeño ayudante, aunque se la pasara dormido en su mecedora.

A Kagome le resultaba extraño que Sango y ella se hiciesen amigas muy pronto, casi al instante de verse se creó una fuerte complicidad entre ellas. Tal vez era porque la pareja de ambas eran mejores amigos.

―¿Cómo estás?― preguntó Sango al verla sobarse la cintura.

―Bien, es solo que... Me estaba entumiendo.

―No se queda quieto ¿verdad?

―No, mejor me siento.― respondió cansada y se acomodó en una silla con cojines.― Inuyasha no apartaría su mano de mi vientre por sentirlo moverse y no le dejaría de hablar.― dijo con melancolía, deseaba poder compartir esos momentos con él, tal y como pensó que sería cuando intuyó su embarazo.― En ocasiones, hay momentos en los que creo que se mueve porque pide por su papá... Ya estoy diciendo incoherencias.― se disculpó apenada, su hijo no tenía idea de lo que pasaba en el exterior.

―No lo creo, Miroku dice que se hizo notar cuando Inuyasha se fue ¿Cierto?― Kagome asintió.― Seguramente lo hizo en ese momento para hacerle saber que también lo esperaría.

―Dime la verdad ¿Cuál es la probabilidad de que termine su trabajo antes de que nazca? No me importa si no está a tiempo, solo quiero que regrese a salvo.

―Él estará bien, no te preocupes.

―¿Cuánto tardo la última vez? Dímelo, por favor.

―Ten en cuenta que ahora las cosas son diferentes y ya se sabe todos sus trucos, sin olvidar que ustedes son su motivación.― Sango podía sentir la mirada suplicante de su amiga.― Tardó un año ocho meses.

Kagome no sabía qué pensar, eso era mucho tiempo, de tardar lo mismo, regresaría cuando su bebé estuviese por cumplir dos años. Pero era menos de lo que pensó, supuso que fueron tres o cinco años.

Las campanillas anunciando la llegada de alguien sonaron, una mujer y su hija adolescente entraron. Kagome escuchó un "Yo atiendo" de Sango, se limitó a asentir y encendió la tv en busca de algo que la distrajese, nada llamaba su atención hasta que un noticiero lo hizo. El reportero estaba a las afueras de lo que parecían bodegas y había un gran cerco policiaco.

"Así es Daijiro.― respondió el corresponsal a algo que preguntó su compañero en el estudio y que Kagome no alcanzó a escuchar.― Hasta ahora la información que nos han brindado es que se encontraron dos cuerpos en el almacén abandonado que está a mis espaldas, por lo que podemos ver, diversas agencias están trabajando en resolver esta serie de asesinatos que se le atribuyen a un imitador de El Asesino de las Rosas Blancas..."

―Es horrible, vez porque no te dejo ir a la ciudad.― dijo la señora Nimura.

―Mamá.― comenzó diciendo con fastidio, de nuevo discutirían por lo mismo.― Solo mata mujeres de largo cabello negro y piel como de porcelana, el mío lo teñí de rubio y me fui a broncear.― Hanako era una chica que seguía la moda de las ganguro

―¡Que kami me de fuerzas! En buena hora te conseguiste esos amigos vándalos.

―¡No son vándalos!

―Ni una palabra más, no te dejaré ir... Perdonen el alboroto, lo sentimos mucho.― la señora Nimura se inclinó a manera de disculpa.― ¿Qué esperas? Discúlpate.― dijo al ver que su hija no lo hacía.

―Pero tú armaste el escándalo.

―Obedece o tiró todas tus extravagancias.

―Lamento las molestias.

―No se preocupen.― contestó Kagome, le era gracioso verlas discutir.

―Muchas gracias, que tengan buen día.― dijo la mujer mayor al tomar la bolsa con sus víveres y salir de la tienda junto a su hija.

―Igualmente, gracias por su compra.― contestó Sango, esas dos eran muy peculiares.― ¿Siempre son así?

―Recientemente, hace cuatro meses Hanako vestía como lolita.

―Debe ser extraño ver ese tipo de moda por aquí, en Tokio es tan normal que ya no llama la atención.

―Lo sé, es una de las cosas que extraño, pasear por Harajuku era mi delirio.

―¿No me digas que fuiste de una tribu?

Kagome sonrió de forma traviesa, Sango iba a comenzar con su interrogatorio cuando algo en el noticiero llamó la atención de la azabache.

―No te atormentes, mejor cambiemos a algo más tranquilo.― Sango tomó el control para cambiar de canal, pero Kagome no la dejo.

―¡Espera!― se acercó más a la pantalla y miró las imágenes detenidamente.― Yasha.― susurró, ¡Era él! Estaba segurísima.

―¿Dónde?― Sango no lo veía, había tantas personas y las tomas no duraban mucho tiempo.

―Allí.― congeló la imagen y señaló a un hombre pelirrojo que vestía de traje.

―No, no es él.― podía ser él, no estaba segura, bien podría ser cualquier otro.

―Lo es, lo sé.― descongeló la imagen y esperó a que pasaran otra toma, el corresponsal se despedía de su nota, cuando en el último instante antes del corte, el pelirrojo se giró y la cámara lo captó mejor. Kagome apenas logró pulsar el botón de "freeze" justo a tiempo.

―Te lo dije, es él.― a pesar de ya haber visto por foto a Inuyasha de pelirrojo y con traje, le seguía pareciendo extraño.― Me alegró que esté vivo.

―¿Cómo supiste era él?

―Vi un dos fotos de él con esa apariencia, además, la manera en que camina, la forma de pararse y como agita su cabello son gestos tan de él.

―Me sorprendes.

―Sango, no me has hablado de cómo se conocieron.

―Quédate hoy mi casa, responderé todo lo que pueda.

Kagome sonrió satisfecha, estaba ansiosa por saber más del pasado de Inuyasha.


Después de muchas modificaciones ¡Lo terminé! (esté capítulo).

Como siempre, muchas gracias por sus mensajes, me ayudan a saber que hay gente interesada en la historia y me anima a seguir.

Deseo que fuese de su agrado y nos estamos leyendo.

Cuídense :3.

31/07/2016


Onsen: Aguas termales.

Harajuku: El barrió friki de Japón.

Ganguro: Chicas que se broncean, tiñen el cabello de rubio o naranja. Se cuelgan un montón de cosas coloridas y usan uñas estrafalarias.