Summary: El compartir la habitación con otra persona puede ser un poco problemático... Sobre todo si es del género opuesto, tiene un humor de los mil demonios y ama a los conejos.
Disclaimer: Los personajes de Bleach son enteramente propiedad de Tite Kubo. Yo soy tan sólo una fanática loca que intenta emparejar por todos los medios a Ichigo y Rukia para su satisfacción.
*Editado: Jueves, 19 de diciembre, 2013.
-Compañeros de piso-
Capítulo V:
Simulacro de emergencia
Ichigo no tardó mucho en regresar a la habitación. Rukia sonrió al descubrir que había acertado: el traía dos recipientes de sopa instantánea. Al parecer, había gastado todos sus "dotes" culinarios. Con justa razón estaba tan flacucho: comía poco, a deshoras y para acabar de rematar, únicamente chatarra. A partir del día siguiente, comenzaría a preparar comida de verdad para ambos. Por supuesto, como pago a su cortesía y ya. Además de que cocinar siempre le relajaba y le serviría para controlar sus nervios.
—Puedes elegir entre, veamos —leyó la etiqueta del primer recipiente— pollo y —dirigió su vista al segundo— pollo ¿Cuál quieres?
Ambos rieron.
—Tengo que meditarlo, me abruma la variedad —respondió la ojiazul teatralmente, llevándose una mano a la frente.
—Apresúrate —ordenó mientras dejaba un vaso y unos palillos en el buró que le pertenecía a Rukia— o me los comeré.
—Creo que me iré por el pollo.
—Sabia decisión.
Esa era la primera vez que comían en una misma habitación…
Y no se sentía nada mal.
—¿Puedo hacerte una pregunta? —soltó de pronto la ojiazul. Ichigo devoraba un par de fideos y asintió— Hace rato dijiste que "tu viejo sabría qué hacer", ¿él es médico?
—Sí —contestó precariamente. Aunque después de un rato de silencio, añadió: —Tiene pinta de ser muy estúpido, pero es bueno. Tiene una pequeña clínica en Karakura, el lugar donde vengo —explicó orgulloso— No creo que lo conozcas o siquiera lo hallas oído mencionar, es un pueblo pequeño, muy lejano y sin muchas atracciones turísticas.
—Te equivocas, una vez estuve ahí.
—¿Ah, sí? Creo que solo lo dices para tener tema de conversación.
—Es en serio, fui con mi… —buscó la palabra apropiada, pero no encontró ninguna— ex a visitar a unos parientes suyos —lanzó un ligero suspiro— Karakura tiene un canal muy grande, que cruza toda la ciudad ¿cierto?
—Tal parece que sí sabes donde es —expresó con su habitual tono— ¿Cómo se llama tu ex? Quizá lo conozco, el mundo puede llegar a ser muy pequeño.
—Él se llama… —sin embargo no pudo terminar la oración porque su celular empezó a timbrar y la conversación quedó cerrada. La persona que llamaba era Orihime. Dejó su sopa a la mitad en el suelo y se dirigió a la sala para conversar tranquilamente con ella. A Ichigo realmente no le interesaba quien era la ex-pareja de Rukia, por lo que lo olvidó rápidamente.
El resto del día pasó con bastante tranquilidad. Rukia regresó a la cama y durmió durante horas. Cuando Ichigo por fin vio que se sentía mejor, aprovechó para ir a cotillear un rato con Renji. Él vivía al otro lado de la ciudad, por lo que tendría que viajar en el metro por un buen rato. Tomó su vieja chaqueta y se colocó los audífonos de su anticuado reproductor de música. Mientras bajaba por las escaleras, se encontró con el vecino del número trece, que al parecer ya había regresado del hospital.
Lo saludó con una reverencia rápida y salió del edificio.
El idiota de Abarai lo recibió con buen agrado. Pidieron una pizza y jugaron videojuegos hasta bien entrada la noche. El marcador estuvo muy parejo y ninguno de los dos quería dejar las cosas inconclusas. Ichigo se marchó hasta que ganó la partida final. Cuando esperaba en el andén de regreso, vio que faltaban cuarenta minutos para la medianoche. Un poco más y ya no hubiera alcanzado a entrar a la estación, pues la cerraban por aquello de las doce.
Llegó finalmente a casa a las doce cuarenta y cinco, aproximadamente. De nuevo, se encontró a Rukia dormida. No sabía si se acababa de acostar o simplemente llevaba dormida desde su partida. Fue a la cocina a tomar leche directamente del cartón, aprovechando que nadie le observaba —a Rukia le cabreaba de sobremanera que lo hiciera—. Después entró al baño a lavarse los dientes y a ponerse su pijama.
En resumidas cuentas, se durmió a la una de la mañana.
La noche transcurría serena, hasta que el móvil del ojimiel sonó escandalosamente y les despertó a ambos.
Los párpados del peli-naranja pesaban toneladas. Extendió sus manos por toda la cama para poder encontrar el origen del ruido, hasta que sintió la forma de su teléfono a sus pies. Respondió casi al último timbre.
Rukia no supo a qué hora regresó Ichigo, tenía el sueño muy profundo. Lo observaba expectante ¿Quién llamaría a un friki idiota, como él, a las tres de la mañana? Su rostro había abandonado el aire somnoliento que caracterizaba a las personas luego de ser despertadas y todas sus respuestas se podían clasificar en monosílabos. Luego, de un momento a otro, palideció como si hubiera visto a un fantasma.
¿Qué noticia habría recibido para que él reaccionara así?
La llamada no duró más de cinco minutos, pero para la morena había pasado toda una eternidad.
—¿Estás bien? —inquirió pausadamente, mientras se sentaba en su cama.
Ichigo se quedó pasmado durante un rato. Su actitud le alarmaba. Tuvo el impulso de abrazarle, pero se contuvo. Aún no había un grado de confianza tan alto para soportar un contacto tan afectuoso.
El pobre parecía un pollito desamparado.
Afonía.
Tragó saliva.
Eso debía ser un mal sueño. Sí, eso debía ser, un jodido mal sueño. No podía estar pasando eso en verdad, al menos todavía no. Se negaba a aceptar que… Simplemente, era una puta broma, una locura pasajera. Pronto despertaría y cuando lo recordara, se soltaría riendo. La voz grave de su padre le confirmó que era en serio… ¿En qué momento había sucedido todo aquello? Si tan sólo hubiera estado más al pendiente de su familia, nada de eso estaría ocurriendo. Su mente aún no lograba asimilar que…
—Mi hermana menor se casará… —explicó lúgubre. Sus manos se movían inquietas y de pronto escuchó una carcajada de Rukia que le hizo enfadar mucho— ¿Cuál es la puta gracia? —exclamó de repente, saliendo de su estupor. No sabía porque se lo había explicado. Ni siquiera tenía la obligación moral de hacerlo.
—Hombre, pensé que alguien se había muerto —comentó la pelinegra divertida. El rostro de Ichigo cada vez se enrojecía más— Tranquilo, si tu hermana decidió pasar al siguiente nivel es porque ha encontrado a alguien decente —le dedicó una sonrisa maternal que desarmó y desconcertó al ojimiel. Esa era una faceta que jamás había presenciado en Rukia. Por lo general era ruidosa, molesta e insoportable, pero en ese momento parecía tan tranquila, que irradiaba una especie de luz que le hacía sentirse bien, protegido…
Le recordó irremediablemente a su madre.
—Yo… —inició más relajado— es algo extraño. Sigo viendo a mi hermana como una niña. Me cuesta trabajo creer que ya creció, que es una mujer y que formará su propia familia mientras yo me ando por las ramas —bajó la mirada. No entendía porque seguía diciéndole todo eso a ella, sin embargo sentía que debía hacerlo. Era algo inexplicable y ciertamente, aterrador. Por lo general él escuchaba, no al revés.
Ella se puso de pie y salió de la habitación, dejando al peli-naranja confundido por su aparente huida.
Ichigo necesitaba desahogarse con la ayuda del alcohol. Por supuesto, ella desaprobaba a las personas que por cualquier pretexto usaban ese "recurso", pero la situación actual de su compañero de piso lo ameritaba. Después de todo, ya eran amigos ¿No? Abrió la puerta del refrigerador y no encontró nada que le sirviera. Tomó su bolso y un suéter negro, que estaba olvidado en un sofá, para ir por un poco del tónico del olvido.
oOo
Y ahí estaban, sentados en el suelo, ebrios y rodeados de latas por doquier. Sus cuerpos se hallaban separados por unos treinta centímetros, pero era la menor distancia a la cual habían estado jamás. Sus espaldas estaban recargadas en la cama de Ichigo y sus pies extendidos hasta casi llegar a la de Rukia. Al principio él se había negado a beber, sin embargo ahora era el que estaba en peor estado.
—¿Sabes? Mi primer y único amor se casó hace un mes —un ataque de hipo le interrumpió— ¿O ya son dos? —Inquirió para sí y luego soltó una risa frenética— No seas hijo de puta, Ichi ¡Permítele ser feliz a tu hermana! No seas como mi hermano… —toda su felicidad desapareció de sus ojos y adquirió un semblante serio.
—¡Hey, tú! ¿Quién carajos te dio derecho a decirme Ichi, eh? —expresó aparentemente enojado para animar a Rukia. Lanzó su, ahora inservible, lata de cerveza junto al montón y abrió otra— No te quejes. Es menos deprimente que no querer a nadie…. Como diría Neruda, ¿sufre más el que espera o el que nunca esperó?
—¡Y ahora nos ponemos filosóficos! —exclamó Rukia entre carcajadas y abriendo sus brazos. Tardó como cinco minutos para tranquilizarse y pensar seriamente la cuestión— Yo creo que el que espera.
—Estimada compañera, yo difiero de su punto de vista —expresó Ichigo solemnemente.
—Como sea, eso no va a arreglar nuestras vidas jodidas.
—Propongo un brindis por ello —levantó su trago— ¡Por nuestras jodidas vidas!
—¡Por nuestras vidas jodidas!
Chocaron sus cervezas ruidosamente, causando que se vertiera un poco de líquido en el suelo.
—¡Hey! No vale si lo dices al revés —le reclamó el ojimiel.
—Jódete, Kurosaki.
Silencio.
—¿Por qué no me acompañas a la boda? —Soltó a sorpresa de ambos— Me moriré de aburrimiento y mi padre me acosará en toda la ceremonia diciéndome que debí haber sido el primero o cosas estúpidas.
—Por favor, Rukia, dime que no crees en esas tonterías —inquirió con gesto grave.
En ese momento, el alma soñadora y amorosa de la cual estaba enamorada no aparecía dentro de él.
Las lágrimas amenazaban por fluir, pero invirtió todo su orgullo para evitarlo. No podía caer tan bajo como para usar el llanto de escudo. Sabía que Kaien no era devoto del matrimonio, sin embargo creyó que lograría hacerlo cambiar de opinión.
Estaba equivocaba… tan enamorada que jamás logró comprender que una persona no podía cambiar a otra.
—¿Tonterías? —Repitió ofendida— ¿Es una tontería que desee estar junto a ti el resto de mis días?
—Joder, no, no de nuevo… —musitó mientras golpeaba la pared con sus nudillos. Sentía que su cuerpo estallaría en contra de Rukia de un instante a otro, así que necesitaba moderarse antes de cometer una estupidez de la que luego se arrepentiría con creces— ¡No se necesita un papel para estar juntos! —Exclamó de repente, tomándole de los antebrazos— Estamos bien así, Rukia —relajó su tono de voz—: No necesitamos de un papel que nos obligue a querernos, ni de etiquetas para nuestra relación.
—¿Sabes? Al principio me conformaba con solo eso —comenzó, repasando todo aquello que su mente había estado pensando en los últimos días—, pero ya no creo poder seguir así —bajó el rostro y una gota traicionera abandonó sus ojos— Te amo… y te amo como jamás amaré a alguien… pero necesito estabilidad. El saber que de un día a otro no dejaremos de ser hombre y mujer, que tendremos una validez legal; hay personas que pasan toda su vida con alguien y al final resulta que sus jodidos derechos son el de otra simple persona, ¿cuántos años tenemos juntos? —preguntó, sin esperar respuesta— Casi una década —esbozó una triste sonrisa y Kaien asintió— Pensé que lograría aniquilar todos mis sueños respecto al matrimonio, pero no fui capaz. —guardó una pausa— Quiero ser tu orgullosa esposa, presumirle al mundo que tú eres mío y yo soy tuya, pero dime ¿qué dice la gente de mí? Por supuesto que me dan lo mismo los chismes, pero me siento mal al ser solo una "querida" que puede dejarse con facilidad. Todo el mundo critica el divorcio, pero yo lo veo como un consuelo: el lazo que alguna vez unió a la pareja no es tan fácil de romper. Las relaciones abiertas solo benefician a los hombres —su voz se volvió amarga— obtienen derechos que solo el matrimonio otorga y no poseen las obligaciones que conlleva.
Afonía.
De pronto, el aire y esa habitación que tanto había adorado, se volvieron insoportables. Necesitaba correr, alejarse de todo aquello que le hacía daño, sentirse libre de nuevo y comenzar de cero. Recuperar todo lo que había perdido por una relación tan a temprana edad.
No se arrepentía, pero no por eso dejaba de añorar todas las cosas que jamás viviría.
—Tu hermano primero me mataría antes que consentir que yo fuera tu esposo…
—¡Deja de usar esa jodida excusa! —Explotó— ¿Tanto miedo le tienes el acercarte? No sé si lo recuerdes, pero tú me quitaste de su lado ¿Cómo crees que está? Además, si tú hubieras querido hacer las cosas bien, llevarían una relación decente. Soy una idiota… Una estúpida que enamoraste con tus palabras vacías y una cara bonita.
Y sin darse cuenta, ya había tocado el punto débil de Kaien Shiba.
—¿De verdad crees eso? —Inquirió casi sin aliento. Se sentía gravemente herido. La furia que le había acompañado hacía unos segundos estaba apagándose, para dar paso a la decepción— Haces que suene como un monstruo… Si soy la peor persona del mundo, ¿qué esperas para irte? —le retó con el corazón en mil pedazos.
Ella no podía caer en la trampa, ella debía saber que eso era lo último que deseaba realmente.
La pared que controlaba la tristeza de las ventanas de su alma, ya no resistió más. Las lágrimas salieron a borbotones de sus violáceos ojos e inundaron todo lo que encontraron a su paso.
—A mi no me engañas… tú no quieres que me vaya —expresó en medio de sollozos. Luego se aferró a él mediante un melancólico abrazo— Lo dices porque te he ofendido…
—No puedo ofrecerte nada más, mi pequeña Rukia… —respondió Kaien, acariciándole sus largos cabellos. Él también deseaba llorar— Si no lo aceptas, creo que lo único que queda es terminar… Sería lo mejor para ambos… No sabes cuánto lo siento, pero no puedo cambiar.
—Yo lo siento más… —musitó mientras se separaba de él— Hasta aquí nos llegó el amor.
—Eso parece.
—No me gustan las bodas —respondió neutral, sin permitir que su pasado le afectara—, paso.
—Anda, no seas así.
El hecho de negarse a ir a una boda por miedo a sentirse mal, era señal de que todavía no superaba a Kaien. No podía permitirse seguir así… y tomó una decisión: lo acompañaría. Tenía que encarar sus temores y esa era la oportunidad perfecta. Además, Karakura era una ciudad muy pintoresca, que aún y que le rememoraba pasajes de su antiguo amor, le llenaba de paz y tranquilidad.
—¿Cuándo es? —farfulló como una manera implícita de aceptar su proposición.
¿Por qué demonios le había invitado? Casi había vendido su alma al diablo por evitar que Keigo la viera y esparciera el rumor de Karakura de su existencia y ahora él la llevaría directamente ahí. Seguramente el alcohol estaba matando muchas neuronas y por ello decía cosas estúpidas. Sí, eso debía de ser… pero…
¿Y si él realmente deseaba que todos supieran de Rukia?
Su cabeza comenzó a darle vueltas, esa jodida mujer le provocaba actuar de manera inesperada.
Como le había dicho a Renji, ella era una plaga.
—Dentro de dos semanas —murmuró con el ceño fruncido—, pero si no quieres ir, no hay problema.
Una manera elegante de deshacer lo que había hecho.
Punto para él.
—¿Qué demonios?—se preguntó a sí misma y luego negó con la cabeza— Vamos, de todas maneras no tengo nada interesante que hacer.
Mierda.
—Bien, nos iremos un día antes porque tenemos que tomar tren y es tardado —comentó, mientras se levantaba y se acostaba en su propia cama frustrado— Así podremos descansar.
—Como sea… —contestó Rukia en medio de un bostezo— Después nos pondremos de acuerdo… —también se puso de pie para acomodarse en su cama. Ichigo ya estaba tapado con su cobertor, hasta la mitad del cuerpo. Ella se mordió los labios para reprimirse, pero no logró impedirlo —Buenas noches, Ichigo.
Él no le respondió y para disimular su vergüenza, se metió rápidamente entre su cama y se cubrió totalmente con sus sábanas. Era una idiota, no debió decirle eso. Y la estúpida zanahoria teñida, por educación, tenía la obligación de desearle lo mismo.
Bah, perdía el tiempo en él.
Las buenas noches de Rukia lo tomaron por sorpresa. Agradeció el hecho de darle la espalda, porque en su rostro floreció una pequeña sonrisa. Deseaba responderle, pero no tenía el valor. Cuando vivía con Ishida siempre se lo decían, pero con ella era… diferente. Oyó los pasos torpes de Rukia y supo que ella también se había acostado ya. Pasó unos quince minutos dándole vueltas al asunto, cuando en su boca por fin afloraron esas simples, y a la vez complicadas, palabras:
—B-buenas noches… Rukia.
La pelinegra fingió estar dormida, pero lo escuchó.
De una manera inexplicable, sintió una inmensa felicidad.
A su parecer, Ichigo ya se estaba domesticando un poco.
Ella se encargaría de hacerle una persona decente, pensó en medio del camino para llegar a los brazos de Morfeo y el permanecer en la realidad. Luego todo se tornó oscuro y dejó de tener conciencia.
oOo
El día era nublado y fresco. Con justa razón, había permanecido arropada hasta en la mañana. Cuando despertó, descubrió que estaba sola en la casa. Levantó pausadamente su cabeza, pues le dolía espantosamente. No había ni un solo rastro del todo el desastre de la madrugada. El idiota de Ichigo, a cualesquier lugar que fuera, limpió antes de irse o todo había sido un sueño. Y para confirmar la primera opción de lo ocurrido, su estómago se revolvió inesperadamente y corrió al baño para vaciar todo su contenido.
En su mente había varias lagunas respecto a la noche anterior.
Siempre que se sentía desanimado o confundido respecto alguna situación, salía a correr. En ocasiones un par de metros, en otras varios kilómetros. Hasta ese momento, llevaba unos cinco. Su camiseta y sus cabellos rebosaban en sudor, a pesar del clima frío, así que se permitió una pequeña pausa en el parque principal de la cuidad para descansar un poco y quizá volver a casa. Pronto llovería. Era temprano, pero el sitio no estaba tan vacío.
Los últimos metros de su improvisada maratón, sintió que alguien le seguía, sin embargo ignoró quien pudiera ser y tomó otro camino simplemente. Al llegar a los bebederos, se quitó su playera y la escurrió, intentando quitarle un poco de humedad.
En ese momento, sintió que alguien le rodeaba con los brazos por detrás.
—¿Pero qué mierda? —exclamó asustado, soltando el agarre de esos delgados brazos.
Luego encaró a la persona dueña de éstos y se encontró con una mujer, sumamente atractiva. Tenía una figura esbelta. Su cabellera era larga, de color verde lima, sujeta en una coleta alta. Parecía ser de unos veinte y tantos años. Resaltaba por sus grandes pechos e iba vestida con ropa deportiva negra. Sus ojos eran de un gris pardo. Toda una maravilla, que cualquier hombre desearía probar en su cama. Ichigo no formaba de ese grupo… él más bien estaba intimidado.
—Oye, no deberías hablar así en frente de una dama —protestó con cierto aire infantil. Él la observaba de manera distinta, no sabía cómo explicarlo. No se sentía desnuda por la mirada, como otros hombres solían hacer. Cada vez le agradaba más.
—Como sea —sentenció, en un intento de zanjear la conversación. Con pudor se puso de nuevo su camiseta en tono gris y caminó hacia otro lado. Ella le siguió— ¿Qué? —inquirió deteniéndose, al mirar que la misteriosa mujer no abandonaba su intención de perseguirlo.
—Me gustaría que tu ropa estuviera en el suelo de mi departamento —comentó con naturalidad, como quien habla de la lista del supermercado o del tiempo.
Él se sonrojó violentamente e intentó disimularlo, aunque ya era tarde para ello.
—¡Te ves más mono cuando te avergüenzas! —expresó emocionada, tomándole de las mejillas. No batalló mucho para alcanzarlo, ya que era alta (1). Al ver que él no iba a hablar, ella decidió hacerlo: —Te he asustado, ¿cierto? —Luego esbozó una sonrisa— Me disculpo, soy Nelliel Tu Odelschwanck, pero muy poca gente me conoce así, llámame Nel Tu —sacó del bolsillo de su sudadera una tarjeta— Trabajo en una agencia de modelaje, estoy segura que tienes potencial, así que cuando tengas tiempo pasa por ahí.
Si tan sólo Ichigo no fuera tan despegado del mundo actual, sabría qué Nel Tu era una de las súper modelos más conocidas a nivel internacional y que era por mucho, la mejor en Japón. Ella había abandonado la etapa de la alta costura y el modelaje comercial. Ahora era perseguida por diseñadores de modas y marcas de alto prestigio, además de poseer una de las agencias de modelaje de mayor renombre en su país natal.
Era la primera vez que alguien la desconocía.
—Esto… gracias, supongo —agradeció torpemente el ojimiel. Ella lo encontró encantador—, pero creo que ambos perderemos el tiempo, no soy bueno para ese tipo de cosas.
—Podrías serlo —le contradijo rápidamente— con el empuje necesario. No importa el día, únicamente ve cuando te sientas preparado. Y no importa si no vas, mientras me hables a mí, todo está perfecto —enunció usando sus dotes de coquetería y guiñándole el ojo— ¿Cómo te llamas?
—Ichigo Kurosaki.
Sin embargo, desapareció cuando menos se lo esperó. Ese chico tenía algo especial y ella se encargaría de llevarlo a la fama… o a su cama. No estaba bromeando cuando se lo dijo, él le interesaba. Era muy atractivo, a pesar de su facha actual.
—Un placer, Ichigo Kurosaki… —repitió como encantada, reanudando su paso.
La cruda realidad le atacaba.
Ella nunca había sufrido a causa de una resaca, pero ahora parecía vivirlas todas las que debía. Se tomó un par de aspirinas para aminorar el zumbido dentro de su cabeza y encendió la cafetera. Afortunadamente, aún era temprano. La llamada de Orihime del día anterior era para comunicarle que había un puesto libre en el restaurante donde ella trabajaba y que si lo deseaba, podría ir el día siguiente para hablar con el dueño.
La paga no era abundante, pero sí segura.
Se duchó rápidamente y se arregló un poco más de lo normal. El olor a café inundaba a todo el departamento. Mientras esperaba que su bebida se enfriara un poco, hizo el desayuno. En esa ocasión agregó más ingredientes: dos huevos y un par de tiras de tocino. Sacó el tarro de mermelada de fresa del refrigerador y tostó tres rebanadas de pan. Ella se sirvió una porción más pequeña y preparó el otro plato con el resto. No sabía si a él le gustaría, pero sentiría su consciencia más tranquila.
Cuando llegó, el departamento olía a comida. Se dejó caer en un sillón y gritó el nombre de Rukia, pero no obtuvo respuesta. Permaneció acostado un rato, hasta que su estómago se quejó. Con desgano, se levantó a buscar algo comestible y se encontró con una grata sorpresa. En la barra de la cocina localizó un plato con dos huevos estrellados con tocino, otro con un par de rebanadas de pan tostado con mermelada de fresa y una taza de café sin azúcar. Al lado de éstos había una nota rosa y decorada con un conejo que decía:
Idiota:
No me di cuenta, pero hice más comida de la que como. Iba a tirarla, pero recordé que siempre comes pura mierda, así que decidí que era mejor dártela y hacer mi obra de caridad del día. Espero que disfrutes de la primera comida decente de tu vida.
P.S. Si la encuentro en la basura, puedes darte por muerto (al margen derecho de esta frase, había un dibujo de una zanahoria cortada por un cuchillo)
Atentamente:
Rukia
Sonrió.
La tía sí que estaba loca.
Tomó la nota, la arrugó para aventarla al bote de basura, pero por alguna misteriosa razón, la guardó en el bolsillo de su pantalón. No desafió la amenaza de muerte de Rukia, así que se devoró velozmente la comida. No podía negar que estaba bien. Rukia tenía sazón o él tenía mucha hambre. Quizá era ambas. Como acto de buena fe, al terminar lavó los trastes sucios.
El jefe de Orihime era un hombre muy alto y corpulento, que casi le doblaba la altura y fácilmente triplicaba su peso. Su cara era ancha y poco agraciada, con una gran nariz y boca. Iba vestido de manera muy estrafalaria y con joyas por doquier, como intentando demostrarle al mundo que venía de un mundo ostentoso. Además, llevaba un peinado muy raro. Rukia, más tarde, se enteraría que llevaba por nombre Marechiyo Ōmaeda (en versión resumida). Como era típico de las familias ricas, él tenía un nombre muy largo. En realidad, su nombre era Marechiyo Yoshiayamenosuke Nikkōtarōemon Omaeda.
La imagen que ofrecían Ōmaeda y Rukia juntos casi era cómica.
Durante el rato que conversaron, él no paró de hacerle indirectas sexuales, pero ella lo ignoró. No podía imaginarse todo el acoso que sufriría Orihime de un puerco como él, que por tener dinero creía que podía tratar así a las mujeres. Pero su actitud no le desanimó, al contrario, le dio el coraje para quedarse y mejorar la situación del resto de las chicas. Al salir de la pequeña oficina de Ōmaeda, Inoue le esperaba con el uniforme que utilizaría.
Ella le lanzó una mirada de disculpa, pues le había llevado directamente con el lobo, pero Rukia acarició con ternura sus cabellos.
—Todo estará bien a partir de ahora —se limitó a decir la pelinegra. Después se marchó a los baños para cambiarse.
oOo
Su primer día de trabajo fue complicado.
Para empezar, el uniforme le quedaba grande (sin importar que fuera la talla más pequeña). Orihime y ella hicieron una triquiñuela con una pequeña cuerda abandonada en la cocina para sujetarse bien los pantalones. Era urgente visitar a una costurera.
Durante las primeras horas el restaurante estuvo vacío, pero a partir del mediodía no se dieron abasto en manos. Rukia admiró a Orihime por su equilibrio con las charolas de comida. Ella era torpe y en más de dos ocasiones estuvo a punto de tirar todo.
Su cuerpo le torturaba sin piedad, pero no abandonó su labor.
Su mente, recordó lo que ganaría con todo su esfuerzo y se deprimió. Eso era lo que gastaba en una hora cuando vivía con su hermano. Luego llegó Kaien y —para bien o mal— se hizo cargo de ella. Era cierto que sufrieron algunas carencias, pero jamás había tenido que hacer algo para ganar dinero.
Y ahí estaban las consecuencias, era inútil, pero jamás volvería a depender de otra persona.
Notas:
(1) Nell mide 1.76 metros. Ichigo al inicio de la historia 1.75 y en la saga actual 1.81, así que tomé de referencia la actual. Como ven, tan sólo son cinco centímetros de diferencia.
