Los personajes de Inuyasha pertenecen a la gran Rumiko, yo solo los tomó prestados para poder dar forma a la trama la cual si me pertenece. Todo sin lucro y solo con el afán de entretener.
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11. Cara a Cara.
No se habían equivocado, en aquella casa estaba Naraku, el equipo especial se desplegó siguiendo las órdenes de Inuyasha. Cuando los hombres de Naraku se dieron cuenta de ellos, les atacaron con un gran arsenal de armas. Inuyasha se abrió paso entre la lluvia de balas y explosiones, pronto vio a aquel asesino intentando huir, corrió como jamás lo había hecho, no podía darse el lujo de fallar, era su oportunidad de poner fin a todo, de regresar a casa.
Ni siquiera espero a que Kouga le alcanzara como apoyo, persiguió a Naraku por los pasillos que estaban en penumbras. Una bala impactó en su chaleco, le dolió pero no se detuvo, la adrenalina que sentía le ayudaba a ignorar el dolor, pronto llegaron a una enorme cochera repleta de autos cubiertos por lonas.
―¡Se que estás aquí!― gritó Inuyasha sin dejar de estar alerta, no se podía permitir bajar la guardia.
―En verdad no creí que encontrases este lugar.― por un lado estaba enojado por la ineptitud de sus hombres, su trabajo era bloquearles la entrada y él pudiese huir, pero no, Saotome se abrió paso entre ellos, pero por el otro, se sentía excitado, nuevamente se enfrentaba a su más férreo oponente.― Supongo que la traidora de Kagura te ayudó una vez más.
―¡Da la cara!― se encendieron unas luces negras y el lugar quedo iluminado de colores fluorescentes dificultando la visión.
―Eso no, aún te tengo una linda sorpresa.― era hora de destapar una de sus cartas.
―¡No seas cobarde!
―Hagamos un trato, yo dejo de querer matarte y tú me dejas ir.
―Eso no pasará, haré lo que debí hacer años.― estaría loco si dejaba a un hombre como él en las calles.
―Cuando veas lo que te ofrezco, desearas haber aceptado.
―¡Maldito cobarde!― disparó a una cortina donde vio una silueta y esta se esfumó.
―Donde está la luz naranja hay una caja metálica, ábrela.― Inuyasha logró divisar la caja, la miró con desconfianza.― Vamos, ábrela, te juro que no te arrepentirás.
Con extrema precaución, Inuyasha se acercó, nunca perdiendo de vista las sombras, en cuanto una se moviera correría tras ella o le dispararía.
―Te tardas mucho, el oxígeno dentro no es mucho.
¿El oxígeno? ¿Había alguien en la caja?
―Hay una chica que se muere por verte.
Kagome. Sin perder más tiempo, Inuyasha abrió a caja. Efectivamente, dentro había una mujer, afortunadamente no la que pensaba.
―Te lo vuelvo a ofertar, retírate, vete con ella y no les perseguiré.
―¡Te voy a encontrar y acabaré con tu existencia!― vio la silueta de Naraku moverse, hizo otro disparo al seguirle.
―Creí que quedaríamos a mano.― dijo Naraku al bajar por un ducto que llevaba a unos túneles que pasaban por debajo de la construcción.
Inuyasha apenas toco el suelo del túnel, cuando se dio una explosión, el camino por el que había pasado Naraku, ya no estaba.
―¡Pulgoso!― grito Kouga al asomarse por el ducto.
Se le dificultó seguirlo y cuando lo alcanzó, vio que entraba en el ducto y se daba la explosión, Miroku iba a matarlo por no mantenerlo lejos de los problemas.
―Estoy bien, ¡Ese maldito bastardo hizo volar el acceso y poder huir!― decía con enojo Inuyasha al salir a superficie.
―Lograste herirlo, vi un rastro de sangre ¿O es tuya?
―Debe ser de él, no estoy herido.― se quitó el casco que llevaba para poder respirar mejor.― Dejó un cuerpo, creyó que con eso lograría engañarme.
―Vamos, los paramédicos ya deben estar examinando a la víctima.
Después de ser internada y dada de alta, a Kagome le dieron unos días de descanso y no había tenido que ir a trabajar, por lo que decidió pasar las mañanas acompañando a su madre en la tienda. Pero en esa en especial, uno de sus dolores de cabeza entró a la tienda, una señora que hablaba hasta por los codos, emprendió la graciosa huida cuando le vio, no quería que le interrogase sobre su vida personal.
Y allí estaba, sentada en el muelle a espaldas de la tienda, mojando sus pies en el lago y escuchando el canto matinal de las aves.
―Buenos días.― saludó Sango al acercarse con Komori en brazos, acaba de dejar a sus gemelas en el jardín de niños.
―Hola Sango.
―¿Cómo te sientes?
―Bien.
―¿Cómo vas con las pesadillas?― preguntó al hincarse junto a su amiga.
―Se fueron, Inuyasha tenía razón, enfrentarlo ayudó.― en su último sueño, había escuchado la voz de Inuyasha, le decía que no tuviera miedo y miró directo a los ojos a Naraku, en ese instante la oscuridad se disipó y despertó.
―Me alegra que ya estés más tranquila, ¿Todo bien?― preguntó al verla mover sus pies en círculo dentro del agua.
―Mis pies se me cansan, los tenía hinchados y el agua ayuda a aliviarlos.
―Para mí fue un suplicio el estar varias horas haciendo una autopsia, lo bueno fue que temporalmente me asignaron trabajo de escritorio, a todo esto ¿Cómo te fue ayer en la consulta?
―Kaede-obachan dice que todo va muy bien.― dijo con una sonrisa y mirando su vientre.― Su crecimiento es normal y no ve ninguna complicación. Ayer en la madrugada le dio hipo, le duró un buen rato y cuando paró, no se movió hasta el mediodía, creo que se cansó.
―A Komori no le gusta tenerlo.― dijo al mecer a su hijo para que siguiera dormido.― Llora hasta que se le pasa, las gemelas son diferentes, a ellas les da risa.
―¿Cómo están ellas? En la escuela se portan muy bien y se ríen por todo, pero deben extrañar a su papá.
―Algo, pero la escuela ayuda a que el tiempo se les pase rápido... Tengo curiosidad de algo ¿Cuándo comenzaron a salir Inuyasha y tú? ¿Cómo es que terminaron viviendo juntos? Es que no me imaginó algún escenario en el que Inuyasha te lo pidiera, puede ser tímido y algo bruto.
―A decir verdad, fue algo extraño. Después de mi incidente, Inuyasha ya no me apresuraba para hacer las compras, cuando no había gente en la tienda platicábamos de cosas sin sentido, por ejemplo: Alguna noticia tonta que estuviese en la portada de una revista o periódico. Pero un día, comenzó a tardar en atenderme, me miraba fijamente y al salir de la tienda, sentía su mirada hasta perderme de vista. Eso me empezó a poner nerviosa, procuraba venir cuando sabía tendría clientes. En algunas ocasiones le encontraba cortando leña y sentía mi rostro arder, supongo que porque comenzaba a verlo con otros ojos. Todo cambio un día que llegue tarde porque pasé por unos presentes para mis alumnos, habían sido los eventos deportivos y quise recompensarlos por su esfuerzo.
Hacía malabares para no tirar la caja llena de obsequios, su mochila del trabajo y el material que le encargó Souta. Tan concentrada iba que no se fijó que alguien iba corriendo y se detenía frente a ella.
―¿Qué tanto llevas?― preguntó un chico.
―Yo...― alzo la mirada y se topó con unos hermosos ojos miel, que de inmediato la hicieron sentir nerviosa.― Hola, obsequios para los niños, soy educadora en un jardín de niños ¿Recuerdas?
―Claro que lo recuerdo, ¿Pero por qué tantos regalos?
―Terminaron satisfactoriamente sus pruebas deportivas y voy a premiarlos.
―Dame eso o te caerás en otra madriguera.― intentó quitarle la caja y ella retrocedió.
―Estoy bien, sigue con tu ejercicio.― no entendía por qué Inuyasha le ponía tan nerviosa.
―Ya me pase de los 10 kilómetros, dámelo.― a la fuerza le quitó la caja y la cargó con facilidad.
―¿Corres 10 kilómetros? ¿Todos los días?― estaba sorprendida, no se veía agotado.
―Todas las noches, en las mañanas voy a pescar o atravieso el lago nadando.― explicó al reanudar la caminata en dirección a la casa de la chica.
―Es verdad, tienes un bote, ¿Has remado de noche?
―Cuando no puedo dormir.― que era muy seguido.
―¿Es aterrador de noche? No se ha de ver nada.
―Solo es aterrador para una citadina.― se burló.
―¿Me estás diciendo cobarde?― preguntó indignada.
―Jamás, yo no podría, eso lo dijiste tu solita.
―¡No me da miedo!― gritó al ponerse frente del chico y bloquearle el paso.
―Pruébalo, vamos ahora mismo.― le retó con una divertida sonrisa.
―Te vas a tragar tus palabras.
Minutos más tarde, estaban los dos en el bote en medio del lago. Kagome no dejaba de ver la oscura agua, por su mente pasaba la idea de que algún monstruo saldría de las profundidades y les atacaría, definitivamente prefería ese lugar con luz de día. Pero acumulando todo su valor se mantuvo lo más calma y serena que podía, no le dejaría ver su miedo y nervios a Inuyasha. De vez en cuando volteaba a ver al chico e inmediatamente se obligaba a mirar a otro lado, la vista de sus músculos marcarse a cada remada era demasiado para su corazón.
―¿Miedo?― preguntó burlón Inuyasha, podía notarla tensa y no dejaba de ver el agua.
―No.― contestó con firmeza mirándolo a los ojos.
―¿Quieres nadar?― preguntó al dejar de remar.
―Por si no lo notaste no tengo ropa para cambiarme.
¡Estaba loco si pensaba que ella se metería con esa oscuridad al agua!
―Como quieras, yo necesito refrescarme.― se quitó los tenis y su playera, antes de que Kagome pudiese reaccionar, ya se había clavado al agua.
La azabache se sorprendió por la osadía de Inuyasha, pero decidió ignorarlo, se acomodó en la lancha y espero a que él volviese con alguna burla, al sentir que habían pasado varios minutos, se alarmó, ¡No salía! ¿Ya se lo comería algún cocodrilo o monstruo del lago? Llevó sus manos al bolsillo de su suéter en busca de su celular y al no sentirlo recordó que lo dejó en su mochila, mochila que dejó en la banca atrás de la tienda.
―Tu cara de espanto es graciosa.― dijo Inuyasha al aparecer por una esquina del bote.
La había estado observando oculto en la oscuridad del lago, al principio no pensaba jugarle aquella broma, pero al mirarla nada preocupada por él, decidió hacerlo.
Primero, Kagome se sobresaltó al escuchar la voz del chico y luego, se molestó con él por jugarle esa broma y con ella por preocuparse por un tonto.
―Ya te dije que no estoy...
Su reclamo murió en su labios porque en un parpadear, el bote se había volcado, mejor dicho, Inuyasha lo volcó. Apenas si se atrevió a abrir los ojos, no quería ver toda esa oscuridad, se apresuró a salir a flote y buscar el bote.
―Tranquila, si no sabías nadar me lo hubieses dicho.― dijo Inuyasha al tomarla de la cintura y ayudarla a llegar al bote, al ver la desesperación de la chica se asustó. Por su mente jamás pasó que ella no supiese nadar.
―Si se nadar.
―Tienes miedo.― una sensación de culpabilidad le llenó, por la manera tan fuerte que se sujetaba al bote, la respiración agitada y sus ojos que no dejaban de ver el interior del bote, supo que no era un leve miedo.
―¿Cómo estás seguro que no hay cocodrilos, serpientes acuáticas o sanguijuelas?― preguntaba al borde de un ataque de nervios.
―En la isla no hay cocodrilos, las serpientes no entran en agua fría y las pocas en la isla, no son venenosas y por las sanguijuelas no te preocupes, en cuanto prueben tu sangre citadina te soltaran.― Kagome soltó un chillido ¡Ya se quería salir!― Tampoco hay, relájate y mira arriba.
Kagome suspiró y miró al cielo, de inmediato se olvidó que estaba en un oscuro lago, el manto negro sin luna estaba repleto de estrellas, un espectáculo que deja con la boca abierta a cualquiera.
―Es el cielo más hermoso que he visto.
"Yo también", pensó Inuyasha. Él ya había visto eso en muchas ocasiones, pero ahora era especial, siempre que estaba con Kagome, por alguna extraña razón todo era mejor.
"Cuando te enamores, las cosas cotidianas se volverán más hermosas y mejores". Fueron las palabras de Izayoi.
―De no estar preocupada por monstruos te hubieses dado cuenta. Voy a subir primero a la lancha y luego te ayudo, tu madre se preocupará si ve que no llegas.
Lo que ambos jóvenes no sabían, era que el abuelo Higurashi les había visto juntos y ya toda la familia estaba enterada de su pequeña ¿Cita?, ¿Aquello podía calificar como una cita?
Ya en tierra firme, Kagome exprimía su suéter y se ponía sobre la ropa mojada una chamarra de Inuyasha que amablemente le dio para cubrirla del frío nocturno.
Inuyasha la observaba por el rabillo del ojo, en las últimas semanas no sr había podido sacar de la cabeza a la azabache, solo quería pasar el mayor tiempo posible con ella. Ya estaba decidido, iba hacer algo que creyó jamás haría.
―En dos semanas va haber un festival por el Momiji*.― dijo de pronto Inuyasha.― Seguramente una citadina que no había apreciado las estrellas en una noche sin luna, ni nadado en un lago en la noche, jamás ha visto...
―¿Acaso me invitas a una cita?― se burló en venganza por el apodo que al parecer ya le había puesto "citadina".
―¿Y si lo hago qué? ¿Irás o no?― había reunido todo su valor para invitarla, claro que a su manera, quiso ser más cortes pero siempre, terminaba siendo brusco.
Kagome se quedó helada, no se esperaba aquella contestación, le miró esperando ver una sonrisa burlona, lista para contestarle con alguna otra broma, pero lo que se encontró, fue con un avergonzado Inuyasha que miraba a otro lado. ¿Eso quería decir que no bromeaba?
―Es que... Yo...― la pregunta que se hacía era "¿Quería tener una cita con Inuyasha?".
―Si no quieres solo di "No", no es difícil, no me voy a poner a llorar como chiquilla adole...
―Si quiero, quiero ir contigo.― contestó con el corazón latiéndole como loco, se acababa de dar cuenta que Inuyasha le gustaba.
Meses más tarde, una mañana después de una noche película, Kagome estaba en el baño del dormitorio de Inuyasha intentando quitarle una mancha a su blusa, mientras el chico la miraba desde la puerta.
―Olvidé que la manché de queso y mi cabello no le cubre.― un incidente así no era la primera vez que le pasaba, hace dos semanas se tiró refresco.
―Deja ropa aquí para las emergencias.
―No es tan malo, llego a mi casa en 10 minutos.― le restó importancia y salió del baño.
―Podrías ponerla en ese cajón.― dijo al señalar uno de los cuatro de su cajonera.
―Ya te dije que…
―Ábrelo.― ordenó.
Kagome obedeció solo por curiosidad, al abrirlo se encontró con un llavero con un perro blanco de peluche.
―¿Llaves?― lo sacó y las miró, esas no eran las de su casa.
―De aquí y de la tienda.
―No puedo aceptarlas.― como si quemaran las volvió a dejar en el cajón.
―¿Por qué no? Confío en que no saquearas mi casa o la tienda.
―Es que... Siento que solo las parejas que viven juntos comparten ese tipo de intimidad, supongo que es diferente a cuando se trata de tu mejor amiga u amigo porque es por si se da alguna emergencia, incluso pudiese ser con alguna vecina o vecino, está bien que el pueblo es pequeño, pero no creo que sea para tanto, sabes que si necesitas algo puedes llamar a la casa, tal vez es mejor que se las dejes a mi madre o Souta, ellos pasaban más tiempo aquí, yo estoy en la ciudad y...
―¡Es exactamente lo que quiero! ¡Te estoy pidiendo que vivamos juntos!― dijo al interrumpirla, Kagome hablaba sin parar y le estaba dando muchas vueltas al asunto.― Ya no sé de qué otra manera pedírtelo.
Hasta ahora, Kagome creyó que las anteriores veces habían sido en juego, no les tomó importancia, y el hecho de que Inuyasha después de su negativa le contestara con alguna tontería, hacía que no pensara más en ello, pero ahora, tenía la determinación reflejada en sus ojos, no estaba bromeando ¿Las otras veces no habían sido de broma?
...
Ya habían pasado dos días de la propuesta de Inuyasha y no se habían visto, ninguno de los dos sabía cómo reaccionar. La "Golden Week" llegó y con ella, la visita de Kenzo, quien le pidió a Inuyasha ayuda en la reparación del techo. En la comida, al hombre le llamó la atención que su hija no hubiese ido a ver al joven que estaba en el techo y ofrecerle una bebida o un bocadillo, dudaba que fuera por su presencia, él ya estaba enterado de la relación que mantenía con el joven Takahashi.
―¿Todo bien entre ustedes?
―Claro que si, Souta puede ser un poco...
―No hablo de ti y tu hermano, me refiero a ti e Inuyasha.
―Todo bien ¿Por qué algo estaría mal?― contestó con una falsa sonrisa.
―¿Por qué pelearon?― preguntó Kenzo alzando una ceja, no había conocido a su hija ayer.
―No es nada ¿Cómo te va en…― quiso cambiar de tema pero su hermano debió hablar.
―¡No me digas que rechazaste vivir con Inu onichan!― gritó Souta interrumpiéndola.
―¡¿Qué?!― ¿Por qué su hermano lo sabía?
―Hasta te compró un tonto llavero con un perro, si no te pidió vivir con él dándote las llaves de su casa ¿Entonces para qué fue el llavero?― hace dos semanas había sorprendido a su cuñado en una tienda local eligiendo un llavero e inmediatamente se puso nervioso, hasta había tirado el duplicado de las llaves.
―Cierra la boca.― pidió Kagome entre dientes.
―Kagome.― llamó Kenzo mirando a su hija con una ceja alzada.
―No le hagas caso a Souta, solo está molestando... Papá ¿Dónde vas?― preguntó alarmada al verle ir al patio trasero.
―Señor, terminé de… ¿Qué sucede?― Inuyasha acaba de entrar e interrumpir la "lucha" de las personas de la familia Higurashi.
El chico de ojos miel no sabía por qué al verlo, todos se le quedaron viéndolo extrañó ¿Tendría algo en la cara?
―Por favor cuida de mi hija.― pidió Kenzo con una inclinación, Souta luchaba por no atacarse de la risa y Kagome no sabía dónde esconderse, por su lado, Inuyasha apenas estaba terminando de procesar lo que pasaba.― Es terca, chillona, algo malhumorada, un poco gritona, no hace la mejor comida pero va aprendiendo y llega a ser algo perezosa, pero sé que te quiere y...
―¡Papá!― le interrumpió Kagome para que ya no siguiese hablando, estaba muerta de la vergüenza.
―¿Quieren ayuda con la mudanza?― preguntó Souta y fue en ese momento que Inuyasha comprendió.
―Gracias por la confianza pero eso es algo que Kagome debe aceptar por ella.― dijo finalmente Inuyasha al mirar a su novia.
Kagome al sentir las tres miradas en ella salió corriendo de la casa, no se detuvo al pasar junto a su madre y abuelo quienes le preguntaron qué le sucedía, necesitaba pensar a solas.
…
Era casi hora de cerrar la tienda, cuando Kagome ingresó. Se había ido a pensar al botadero y solo cuando su madre la fue a buscar se percató de lo tarde que era. Llegando a la bifurcación que llevaba a su casa o a la de su novio, se despidió de su madre, diciéndole que tenía algo que hacer, la mujer solo le sonrió y le susurró un "Suerte".
―Hola…― saludó con timidez.
―Está bien que la isla sea segura, pero procura salir de tu casa más temprano ¿Qué necesitas?― se sentía incómodo, de saber que su petición podía llevar al fin de su relación con Kagome le frustraba, ojalá jamás le hubiese pedido vivir juntos.
―Inuyasha, lo siento… Sentí pánico, de pronto las cosas se aceleraron, sé que duermo en tu casa algunos viernes o sábados, de hecho, hasta entre de semana, me dejas tu cama y tu optas por el sofá o un futón, me prestas tu ropa, te hago de comer, podría decirse que "vivimos juntos", pero no es así, vivir realmente juntos cambia muchas cosas, eso me asusta. No se muchas cosas de ti, no me dices por qué no vas a la ciudad, no hablas mucho de tu pasado, solo de antes de irte de aquí y…
―¿Te doy miedo?― ese simple pensamiento hacía que su corazón doliese.
―Tengo miedo, pero no de ti, me da miedo aquello que no quieres contarme, debería alejarme de ti, una persona que tiene tantos secretos no puede ser confiable...
―En verdad quisiera poder decirte todo pero es complicado, son cosas que no se las deseo a nadie y no quiero que tu cargues con ello.
―A pesar de todo eso... Quiero conocerte más.
―Entiendo.― estaba a gusto con la contestación, quería decir que no estaban rompiendo ¿Cierto?, que más quisiera abrirse por completo a ella.― Si no puedes aceptar las llaves ¿Podrías aceptar dejar algo de ropa para emergencias?
―Creo que la única forma de poder conocerte de la manera que quiero es aceptando, quiero vivir contigo Inuyasha.
Apenas terminó de decir esas palabras, cuando Inuyasha había brincado sobre el mostrador y la tenía presa entre sus brazos.
―Te juro que no te vas a arrepentir.― le dio un suave beso y le miró con devoción.― Voy a cerrar y te acompaño a tu casa, ya mañana hablaré bien con tus padres y…
―Ellos saben que estoy bien, Mamá ya debió haberles dicho que vine a verte, desde esta noche quiero estar contigo.
Sango escuchaba atenta cada palabra, le parecía increíble, jamás se hubiese imaginado lo mucho que Inuyasha pudiese cambiar solo por alguien.
―Al siguiente día mi familia ayudó con la mudanza, sentí que me estaban corriendo, pero al final del día, Inuyasha me llevó a mi cuarto y dijo "Les pedí que no se llevaran todo, si en algún momento te quieres regresar puedes hacerlo, no te detendré". Papá y mamá lloraban, no querían que me fuese, dijeron que hicieron todo eso para que me animara y no dejará ir el buen partido que es Inuyasha.
―Y lo es, ¿Qué pasa?― preguntó Sango al verla llevar ambas manos a su estómago.
―Ya me dio hambre.
―No hay de que avergonzarse, es normal y sobre todo con un niño que es hijo de Inuyasha, su apetito debe ser como el de él.― bromeó la castaña.
―Tienes razón.― contestó Kagome con una sonrisa.
―Vamos a preparar algo.― sugirió Sango al levantarse y tenderle la mano que tenía libre.
Eso no le podía estar pasando, era imposible lo que veían sus ojos, hasta ahora se había repetido que era una doble, una jugarreta de su mente. Estaba atento a cada movimiento de todos en aquella habitación, Suikotsu, el psicólogo principal de la agencia, platicaba con el Director Baker; Jinenji, el jefe de médicos, le hacía unas preguntas a la mujer que habían rescatado en el cateo; Kagura estaba es una esquina fingiendo leer una revista y Kouga estaba delante de él. En cuanto el moreno tosió para alertar de su presencia, a la mujer se le ilumino el rostro y se levantó rápidamente.
―¡Rinne!― gritó la mujer al abrazarlo, pero al intentar besarlo fue apartada.― ¿Qué sucede?― preguntó confundida, había esperado tanto por verle, no entendía porque el chico no le había ido a ver.
―Tú moriste.― fue lo único que logró articular Inuyasha.
―No, él me llevó y sus ayudantes me mantuvieron presa en México, hasta hace unos días me mantenían bien, pero luego llegaron tres hombres y me sacaron en un avión privado, me trajeron de regreso, Naraku me mantuvo en esa casa y... No me hagas recordarlo.― pidió al refugiarse en el pecho del chico, esperaba ser abrazada y consolada, pero nada pasó.
―La sangre en la bañera era tuya, la del coche también y ¡La foto del cadáver! ¡Eras tú!― dijo exasperado al apartarla y mirarla a los ojos.
―Todo fue montado... Me drogaron para la foto.
―Es imposible.
―Estoy viva.
―No puedes estar viva.― dijo Inuyasha al girarse y salir de la habitación, no podía con eso.
―¡Lo estoy!― Kikyou intentó seguirlo pero Kouga le impidió el pasó.― Déjame pasar.
―No es un buen momento.― Kouga suspiró, las cosas se estaban complicando.
―Está conmocionado, dale tiempo para que lo asimile.― dijo Suikotsu al tomar del brazo a Kikyou y guiarla a una silla.― Terminemos de hablar y establezcamos tus horarios de terapia.
Kagura observaba incrédula, sí que se había equivocado, Saotome no se alegró de verla, al contrario, se alteró. ¿Era por el shock o era algo más?
La semana había terminado, e Inuyasha se había recluido en su dormitorio. Kouga le llevaba de comer porque se negaba a salir y toparse con Kikyou, cuando la mujer le iba a ver no atendía a la puerta, se podía los audífonos y revisaba los archivos y evidencia hasta que el sueño le vencía.
Pero ese día, se vio obligado a abandonar su dormitorio, Naraku les contactó de nuevo y exigía hablar con él. Al entrar a la sala de comunicaciones, no se esperó tener muchos espectadores, cuando mucho, el director, Kouga y Kanna; sin embargo, además de los tres, estaba Kikyou, Kagura, Suikotsu, la asistente Dubois, Lang, Tao y otros tres agentes de quienes no recordaba su nombre.
―¿Qué quieres?― no estaba de humor.
―Estaba aburrido y solo quería charlar.― después de escapar, se fue a una playa poco visitada por turistas y donde podía alojarse en una casita cerca del océano.
―Eres un enfermo.
―¿Cómo está Kikyou? ¿La tratas bien? ¿La haces feliz?
―Eso no te importa.
―Kikyou, sé que escuchas ¿Tu amado pelirrojo te hace feliz?
La mujer estaba por hablar pero Inuyasha se lo impidió con una señal de su mano y una mirada gélida.
―Díganme algo, me aburro.― dijo Naraku, no era divertido si no obtenía alguna respuesta de Saotome.
―¿Qué le puedo decir a un psicópata sádico homicida? Solo que te atraparé y me encargaré de poner fin a tu patética vida.
―Para que veas que no soy tan mala persona, vuelvo a preguntar ¿Aceptas el trato que te ofrecí?
―No.― contestó de inmediato, no había nada que pensar.
―¿Te he dicho que amo ver el océano?― preguntó al tomar de su coco.― Me encanta, una tarde viendo la gente ir y venir, sin saber que pasan junto a ¿Cómo me llamaste?― fingió meditarlo un momento.― ¡Ya recordé! "Psicópata sádico homicida", es interesante ver a los niños de las escuelas jugar en los parques, las dulces abuelitas alimentando a las aves, jóvenes que creen tener una prometedora carrera en baloncesto, jovencitas muy prometedoras que tal vez no lleguen a su casa, mujeres embarazadas saliendo de su consulta pensando en la personita que llevan dentro u hombres alcohólicos que perdieron el rumbo de su vida.― con cada palabra, la paciencia de Inuyasha se esfumaba, sus puños ya estaban blancos por la fuerza que ejercía al apretarlos, quería tenerle enfrente suyo y descargar toda su furia en él.― Hablamos luego, llegó mi comida.― dijo al ver que uno de sus más fieles hombres llegaba con una bandeja.
―¿Rastrearon la llamada?― preguntó el director.
―No señor, rebotó por todo el mundo.― contestó Kanna, ella no lo diría, pero le enfurecía que en el lado de Naraku hubiese alguien mejor que ella.
―Rinne ¿Qué te ofreció?― preguntó Kikyou.
―Nada relevante.― se apartó y fue directo a la salida, buscaría todos los puertos con las descripciones que había dado Naraku en su llamada.
―¡¿Dónde vas?!
―A seguir con mi trabajo.― contestó como si fuese de lo más obvio.
―Quiero que hablemos, por favor.― suplicó.
―Yo no tengo nada que decir.
Kikyou le observó dolida, de nuevo la rechazaba.
...
Inhaló y exhaló varias veces antes de entrar en aquel dormitorio, que Buda le ayudase con la bestia que seguramente se desataría. Al entrar cerró la puerta con seguro y evitar interrupciones, vio a su amigo que no tenía muy buena pinta, su cabello sin cepillar, demacrado, hasta un poco bajo de peso; rodeado de grandes pilas de documentos y en la pared tenía una verdadera telaraña de colores que unía cada punto de su investigación. Estaba a un paso de volverse loco. Carraspeo para advertir de su presencia.
―Vaya desastre que tienes, me sorprende que le dejes un espacio al lobo.
―Bonzo ¿Qué haces aquí?― no se esperaba verlo.
―¿Todo bien?― preguntó al desocupar una silla y poder sentarse.
―Naraku llamó, pero estoy bien.
―Me enteré que Kikyou volvió y el director me llamó, me pidió vinera a ver como estabas.
―Están exagerando las cosas.
―¿Seguro? Después de todo, ella volvió de entre los muertos, te puede traer sentimientos que creías enterrados y...
―¿Estás loco?― claro que sentía una mezcla de sentimientos que no se lograba controlar, pero no del que todos pensaban.
Ya no era el mismo de hace años, había cambiado, no iba a negar que ver a Kikyou con vida le alivio y un peso se le quitó, tampoco negaría que se sentía culpable por haberse creído su muerte tan fácilmente y la dejo todos esos años en las manos del enemigo. Pero sus sentimientos ya no le pertenecían a ella, eran de dos personas en Shikon.
―¿Y bien? Dime algo.― quería noticias de su familia.
―Que podrías sentirte confundido por su presen…
―Eso no.― dijo al golpearle la cabeza con una carpeta.
―Perdón, ya no ha recaído, las niñas se han adaptado muy bien a su nueva escuela, "el más pequeño".― refiriéndose al hijo de su amigo.― Crece muy saludable, agota a su madre que solo quiere dormir, pero es normal y las pesadillas se fueron.― eso sin duda calmaba más el alma de Inuyasha.― Pasé por una tienda y te traje esto.― de su maletín sacó una bolsa de frituras y se la lanzó a su amigo, en su última visita a Shikon, Kagome le pidió que le entregase eso a Inuyasha.
Tenía una bolsa de gel frío en el hombro, al estar quitando un árbol seco, una rama que ya estaba partida le cayó, y ahora estaba recostado en el sofá, comiendo una bolsa de papitas mientras su novia terminaba la comida.
―¡Deja de comer tantas frituras!
―Son deliciosas.
―¿Cómo te sientes?― preguntó al sentarse junto a él y examinar el golpe.
―Ya no duele, mañana estaré al 100.
―La comida ya está lista.
―Olí carne ¿Hiciste filete?
―Carnívoro.
―¿Quieres saber cuál es mi carne favorita?―preguntó con malicia y la cogió de la cintura.
―Se va a enfriar.
―No me importa.― intentó levantarla para ponerla sobre su abdomen, pero el músculo de su hombro se tensó, mandándole una corriente de dolor.― ¡Kuso!
―Yo no creo que mañana ya estés al 100.
―Lo voy a estar.
―Yo quería pasar todo el día con mi novio, viendo maratón de alguna serie y descansando.
―Creo que puede tengas razón, tal vez necesite todo el fin de semana para reponerme.― le dio la razón a su novia y ella en recompensa le dio un beso.
―Ya ven al comedor, voy por otra bolsa de gel.
Esos momentos de felicidad le parecían tan lejanos, sentía que habían pasado años de aquello, pero solo eran meses.
―Tal vez no pueda estar a tiempo.
―Se positivo, saca provecho que Kikyou puede saber algo.
―Dice que no recuerda mucho.
―Trabajen con Suikotsu para hacerla recordar.
―Todos los días al dormir espero que al despertar esto sea una pesadilla, pero no pasa, despierto y un día más pasó, entonces deseo que ese sea en día en que por fin le encuentre y nada. Hasta hace unos días que tuve mi oportunidad para atraparlo, le tenía acorralado y logró escapar, de no haber fallado ya no estaría aquí.
―Otra oportunidad llegará, aquí lo importante es que vuelvas con vida... ¿A mi me dirás lo que te ofreció Naraku?
―Si le dejo de perseguir, él me da la libertad con Kikyou.
―Alégrate, si te ofreció a Kikyou, quiere decir que todavía no lo sabe.
―Y espero que siga así.
21/09/2016
Voy tomando ritmo, espero seguir así.
¿Qué les pareció?
…
*Enrojecimiento de las hojas de los árboles.
