Los personajes de Inuyasha pertenecen a la gran Rumiko, yo solo los tomó prestados para poder dar forma a la trama la cual si me pertenece. Todo sin lucro y solo con el afán de entretener.


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14. Acorralados

Los últimos días habían sido agotadores y un tanto estresantes para Kagome; primero, por recibir la noticia de que Inuyasha aún no podría volver, Naraku seguía suelto y no había rastro nuevo de él; segundo, en la semana fue tres veces donde Kaede por falsas contracciones, sus nervios de madre primeriza la estaban volviendo loca, una patada y se imaginaba que ya era hora; y tercero, ¡Moría de sueño! Apenas si lograba dormir.

Vio a Sango cobrarle a la señora Takayama y esta apenas podía con sus víveres. Cuando Inuyasha estaba, él le llevaba la compra. Era una mujer muy agradable pero, se reusaba a comprender que ya no estaba para cargar cosas pesadas.

―Yo la ayudo a llevar las bolsas.― se ofreció Sango.

―Muchas gracias, no pensé que pesaran tanto, disculpen por la molestia.― se disculpó claramente apenada.

―Regresó y cerramos.― dijo la castaña.

―Vayan con cuidado.

Kagome se dispuso a dejar las hojas de los pedidos en orden, cuando recordó algo que era muy importante y por nada del mundo podía perderlo.

―Pequeño, ¿Dónde dejé el ultrasonido? Espero no haberlo perdido, tu padre va a querer ver todos. ¿Qué fue lo que hicimos ese día? Salimos de donde Kaede, pasamos por pescado y nos venimos directo acá, pero no está... Espera, fuimos a la casa a guardar el pescado y mamá se vino a ayudar a Souta, debí dejarlo en el escritorio.― suspiró esperanzada.― Vamos en lo que Sango regresa.― salió de la tienda sin molestarse en cerrar, sería algo rápido, al estar por cruzar la calle, escuchó un ruido, agudizo su vista y nada, ahora el crujir venía a su espalda.― ¿Sango?― nadie contestó.

...

Inuyasha y Kouga corrían por las desoladas calles de Shikon. Habían dejado el helicóptero en un descampado, sí Naraku cumplía su palabra ―cosa que dudaban― tenían una hora de sobra. Kouga vio detenerse a Inuyasha y ver entre una tienda y una casa, ambos lugares tenían la luz encendida, el primero la luz interior y el segundo, la luz de la entrada.

―¿Dónde es? ¿Nos separamos?

―No, a la tienda.― no estaba encendida luz interior de la casa.― Kagome, ¡Kagome!― gritó al entrar, pero nadie contesto.

―Vacío.― dijo Kouga una vez revisó el baño y la bodega.

Inuyasha se quedó viendo a todos lados, tal vez Kagome estaba en casa de su madre ¿Pero quién dejó abierta la tienda? ¿Y si Naraku no esperó y se la llevó? Intentó calmarse, lo mejor era ir a casa de su suegra. Salió de la tienda y vio la luz de la sala encenderse, ella estaba en la casa. Sin avisarle a Kouga, atravesó corriendo la calle.

...

No podía creer que se asustase con aquella ardilla, que bueno que Inuyasha no la había visto o se reiría de ella como lo hacía cuando su relación mejoró. Suspiró con nostalgia y buscó en su escritorio el ultrasonido, sonrió al verlo junto a la laptop, no lo había perdido. Antes de salir, fue a tomar agua, al pasar por la sala dejo el sobre en la mesa. Mientras se estaba sirviendo su bebida, escuchó que abrían con brusquedad la puerta y gritaban su nombre, ¡Era Inuyasha! Había vuelto. Entró a la sala y lo vio parado de espaldas. Seguía con su cabello rojo y usaba ropa de combate, pero no le tomó mucha importancia, tal vez después de atrapar a Naraku no regresó a cambiarse, fue directo a verla.

―¡Inuyasha! Volviste, Miroku dijo que...

―¿Están bien?― no le dejó terminar, la abrazó y la miró de arriba a abajo, aparentemente estaba bien, su vientre estaba enorme, cuando se fue tal vez era la mitad de eso, pero ella estaba hermosa con ese vestido amarillo.

―Todo bien ¿Algo va mal?― preguntó preocupada, la pose tensa y a la defensiva del chico la alarmó, al ver que tenían compañía de otro joven le hizo pensar que estaban en peligro.

―Tengo que sacarte de aquí.― la rodeo con un brazo, en la amo del brazo libre, sostenía su arma, ya lista para cualquier cosa.

―Inu ¿Qué...

―¡Abajo!― gritó de pronto Inuyasha.

Apenas vio un punto rojo en la pared que se movía a ellos, cubrió lo más que pudo con su cuerpo a Kagome y les hizo caer al suelo, no había sido lo correcto al estar ella embaraza, pero era eso o recibir toda una descarga de municiones y quedar como queso gruyer.

Kagome se aferraba al pecho de Inuyasha, estaba boca arriba con el cuerpo del chico sobre ella, cubriéndola y protegiéndola de las balas que se estrellaban por toda la sala. Algunas luces se extinguieron al ser alcanzadas por las balas, la sala apenas y se iluminaba por una lámpara de mesa que cayó al suelo.

En cuanto se detuvo la lluvia de balas, Inuyasha la ayudó a ir a gatas al pasillo del baño, volcó un librero para resguardarse. Ya decía él que Naraku no cumpliría su palabra. Examinó a Kagome para verificar que no había resultado herida y casi le da un ataque al verle sangre en su pecho.

―¡Kagome!

―No es mía, es tuya.― dijo ver que quién había sido herido fue Inuyasha, sangraba de una mano, la transferencia de sangre debió ser cuando la ayudó a ponerse a gatas.

―Menos mal.― mejor él a Kagome.― Lobo.― llamó a Kouga.

―Estoy vivo, solo un rose en la pierna ¿Cómo saldremos?

No lo sabía, Kagome no estaba en condiciones de correr y un fallo podía ser fatal. Se escucharon pasos aproximarse, Kouga e Inuyasha alistaron sus armas.

―¿Siguen vivos?― preguntó Naraku, esperaba que si lo estuvieran, no quería que su diversión acabase tan pronto.― Te diré un secreto, tengo algunos espías entre ustedes, te analizaron y observaron de lejos. Cuando me di cuenta que tenías una familia, la busqué, pero ni rastro o pista de donde pudiese estar, entonces se me ocurrió una brillante idea: Tú me traerías directo aquí. Jamás la hubiera encontrado, gracias.

Inuyasha gruñó molesto, Kouga tenía razón, debió actuar con calma, esa situación era su culpa, Kagome y su bebé estaban en peligro por él. Ahora que lo analizaba mejor, Naraku en su llamada no describió a Kagome a profundidad, ni dio referencias del lugar. ¡Él fue quien dio todo por hecho!

―¡Déjala fuera de esto, es entre tú y yo!― demandó Inuyasha.

―Te pedí que te retiraras, no hiciste caso. Te devolví a tu querida Kikyou y seguiste, ahora entiendo la razón.

Kagome miró a Inuyasha al escuchar el nombre de Kikyou, se suponía estaba muerta ¿No? Todos le dijeron eso ¿Le habían mentido?

Naraku caminaba por la sala, mirando toda la decoración rural, jamás imaginó que su rival viviera una vida tan monótona. Se acercó a la chimenea y tomó una foto, en ella estaba un hombre pelinegro y una chica azabache, ambos sonreían.

―Que bonita foto, te volviste pelinegro y tu novia es hermosa o ¿Es tu esposa?― preguntó con falso interés.― ¿Qué es esto?― en la mesa de centro estaba un sobre.― Ultrasonido, Higurashi Kagome, Noveno mes.― leyó al sacar la imagen.―.¡Es de hace unos días! ¡Felicidades! Es una lástima que no nazca.― su venganza no podía ser mejor.

A Inuyasha la sangre le hirvió, Naraku no debía estar viendo la ecografía de su bebé, no debía enterarse del nombre de Kagome. No le dejaría tocar a su familia, si era necesario daría su vida por ellos, pero Kagome y su bebé debían vivir.

―Inu...― llamó Kagome, de nuevo tenía contracciones, algo le decía que esta vez no eran falsas.

―¿Qué pasa?― preguntó preocupado, no quería pensar que ella si había resultado lastimada.

―Me duele.― explicó al poner sus manos sobre su vientre.

―Tienes que calmarte, ¿Cuánto falta para que nazca?― intervino Kouga, en ese momento él era quien tenía la mente más tranquila.

―Está en su última semana.

Inuyasha le miró preocupado, no había que ser sabio para darse cuenta, su hijo había escogido un mal momento para querer nacer.

―Kouga, sácala de aquí.― pidió Inuyasha.

―¿Cómo?

―Les daré tiempo, llévatela por la puerta trasera de la cocina. Ponte esto.― se quitó su chaleco y se lo puso a Kagome, no le cubría mucho pero algo era mejor a nada.

―No.― negó de inmediato la chica.

―Voy a estar bien.― sabía bien que ella se preocupaba que ahora no tuviese protección, pero ya se las apañaría.― A mi señal, te la llevas.

Inuyasha cargo sus armas y se mentalizó en lo que haría, atacaría a Naraku y lo llevaría al lado opuesto, le distraería de Kouga y Kagome. A la cuenta de tres salió y disparó, Naraku ya le esperaba y le contestó el ataque.

Kouga se asomó para ver la escena, tomó a Kagome y la llevó a la cocina una vez Inuyasha tuvo de espaldas a Naraku, llegaron a la cocina y al abrir la puerta se toparon con un hombre gigantesco.

Inuyasha tenía una herida de bala en su brazo izquierdo, pero estaba logrando retener a Naraku. Cuando una nueva carga de balas se dio, apenas pudo esconderse tras del muro de la tv. ¡Ese maldito de Naraku llevaba gran artillería! Se alertó al escuchar alboroto en la cocina, esperaba que fuera porque se tropezaron.

―¿Creíste que no sabía lo que planeabas? Quisiste hacer tiempo para que escapasen, pero los tengo rodeados, todas las salidas están cubiertas.

Sin preocuparse por cubrirse, Inuyasha corrió a la cocina, Kouga luchaba contra una gran mole humana, Kagome estaba cubriéndose a un costado de la barra. Tomó uno de sus cuchillos de guerra y se lo clavó en el cuello al hombre que cayó al suelo.

―¿Están bien?

―Todo bien.― contestó Kouga, ese tipo le había tomado por sorpresa.

―Kagome, ¿Qué tienes?― se acercó a ella que solo le miraba sin decir palabra, temía que ahora ella le viese como un asesino por verle matar a alguien o peor, que algo fuese mal con su bebé.

―Tienes sangre, por tu brazo escurre sangre.

―Tranquila, se ve peor de lo que es.― estaba aliviado, ella solo estaba preocupada, la abrazó y pensó en otra salida, definitivamente afuera no.

¿Qué lugar podía servirles cómo trinchera?

―Lobo, vayan al ático, hay una caja de metal con municiones, la contraseña es mi matrícula, cuídalos con tu vida.― Kouga asintió e Inuyasha sintió a Kagome aferrarse más fuerte, no le gustaba ese plan.― Mírame, puedes hacerlo, solo es ir al segundo piso, yo los cubriré.

―Eso es lo que me da miedo, no tienes tu chaleco, ya te hirió y tiene más ayudantes que...

―Voy a estar bien, confía en mí, en el pasado me enfrente a cosas peores.― sabía que mentía pero debía darle confianza.― Saldremos de esta.― le dio un pequeño beso en los labios y la dejó con Kouga.

En la sala, Naraku estaba sentado tranquilamente en una silla, pareciera que esperaba la hora del té, pero ambos hombres se apuntaban con un arma, aguardaban a ver quién hacía el primer movimiento.

―¿Mataste a Kyokotsu? Claro que sí, ese estúpido no era rival para ti.

―Acabemos con esto, solo tú y yo, un mano a mano, sin armas.― ofertó, si Naraku aceptaba iba a ser más fácil para Kouga y Kagome ir al ático, menos peligro.

―Me sorprende tu desesperación por poner a salvo a tu mujer e hijo, si querías mantenerlos a salvo no debiste regresar a buscarme.

―¿Y crees que quería?

―Te obligaron ¿Verdad? Bueno, atente a las consecuencias.

Kouga y Kagome escuchaban todo, esperaban a que Inuyasha se enfrentase a Naraku y poder cruzar sin ser vistos. En el momento que se dio el primer disparo, Kouga hecho un vistazo, Naraku no se dejaba poner de espaldas, sabía lo que planeaban. Tomó fuerte la mano de Kagome, tal vez solo iban a tener una oportunidad. Inuyasha tacleó a Naraku y lo derribó, esa era su oportunidad. Una bala pasó frente a Kouga, Naraku ya tenía su arma.

Por su parte, Inuyasha intentaba ganarle a Naraku, pero el infeliz parecía conocer sus movimientos, ¡Claro que los conocía! Tenía en su poder la información de sus entrenamientos. En el momento que Inuyasha acorraló a Naraku y ganó ventaja al ponerle una navaja en el cuello, se acucharon balazos provenientes del pasillo a la escalera y el grito de Kagome retumbó en su alma. Desvío la mirada de Naraku sin bajar la guardia, vio a Kouga ser despachado contra el escritorio y enseguida, apareció un hombre corpulento, calvo y de dientes afilados como tiburón, tenía a Kagome presa entre sus brazos, ella luchaba por liberarse, pero era inútil.

―Te dije que estaban rodeados ¿No aprendes?― dijo triunfante Naraku.

―Dile que la suelte o te mato.― amenazó Inuyasha, pero Naraku se jactó.

―Mátame y de todas maneras ella morirá... Aparta esa navaja o Manten la romperá en dos.

―Primero que la deje ir.― exigió el joven pelirrojo, pero aquel hombre de nombre Manten, apretó el cuello de Kagome para asfixiarla.

Derrotado, Inuyasha se apartó de Naraku y le vio caminar hasta Kagome. La chica recuperaba el aliento, al tipo que la aprisionaba no le importaba su embarazo, observó como Inuyasha se quedaba quieto al haber soltado a Naraku, estaba molesto, ya tenía a Naraku y por ella que se dejó atrapar todo se fue a la basura, debió ser más rápida, solo debió haberle dado unos segundos más a Inuyasha. Buscó con la mirada a Kouga estaba preocupada, le vio tirado boca abajo, no se movía ¿Estaría muerto? Lo más probable, vio como recibía varias balas en su pecho.

―Buen muchacho, me gusta que seas obediente.

―¿Qué quieres?― preguntó golpeadamente Inuyasha.

―Matar, entre más inocente mayor el placer y ¿Quién es más inocente que tu hijo?

Kagome le miró con terror, sabía que el hombre que la tenía presa no dudaría en estrujarla si Naraku le daba la orden, y Naraku no dudaría en dañar al bebé.

Inuyasha no le contestó, intentaba pensar en un plan que sacase por lo menos a su familia con vida. Observó a Kouga que yacía en el suelo, probablemente estaba muerto, era él contra todos, lo malo, no sabía cuántos hombres llevó Naraku.

―¿No piensas decir algo?

―Te ha de satisfacer tener corrompida a la agencia.

―Es más que obvio, haz de querer saber quiénes trabajan para mí, pero no te lo diré, lo que sí, es lo que me han informado. Primero se me informó que cuando recibiste una de mis llamadas te tensaste al escuchar que estaba cerca del océano y mencioné a las futuras madres, luego me pasaron los archivos de tus terapias... Por otro lado, me era muy extraño que no volvieses a los brazos de Kikyou, eso me hizo pensar que ocultabas algo, hackee su sistema pero no hubo éxito, debiste aliviarte cuando no logré obtener la información de tu verdadera identidad... Y ¿Cómo olvidar tu patético intento por tejer un atrapasueños? Me pregunté ¿Por qué Saotome hacia uno? ¿Quién le enseñó? ¿Tendría algún significado? ¡Y vaya que acerté!― exclamó con felicidad.― Lo mejor de todo fue cuando me dijeron los artículos que leíste y la imagen que observabas en las revistas. En ese momento todo tuvo sentido y supe cómo usar la información a mi favor, tú en tu paranoia me traerías hasta ellos.― dijo al acariciar una mejilla de la azabache y acercarse peligrosamente a ella.

Kagome sintió la respiración de Naraku en su cuello, las manos del hombre acariciaron su vientre, se movió no queriendo que siguiera.

―¡No la toques!― gritó Inuyasha al avanzar, al verle, Naraku apuntó con un arma al vientre de Kagome.

―Quieto, retrocede.

Inuyasha obedeció a regañadientes, miró a Kagome a los ojos, estaba aterrada, igual o más que él. Intentó transmitirle seguridad con sus ojos, recordarle que no le mostrara miedo, pero ¿Cómo podía hacer eso cuando él sentía más miedo del que alguna vez recordaba?

―Finalmente tengo a mi más grande oponente siguiendo mis órdenes ¿Trabajarías para mí si prometo que nada les pasará? Contéstame ¿Lo harías? ¿Matarías para mí?

―Si.― contestó sin dudar, la sola idea de ser como Naraku le asqueaba, pero en ese momento lo único que le importaba era tener a su familia sana y salva.


18/11/2016

Bueno, por hoy les dejo esto, es corto lo sé, pero decidí dar señales de vida.

Deseo lo disfrutaran, mil gracias por sus mensajes, procurare tener el próximo en poco tiempo.