Los personajes de Inuyasha pertenecen a la gran Rumiko, yo solo los tomó prestados para poder dar forma a la trama la cual si me pertenece. Todo sin lucro y solo con el afán de entretener.


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Muchas gracias por sus mensajes, en verdad se los agradezco mucho. Deseo disfruten este capítulo.


15. Dándolo Todo.

Kagome negó con la cabeza, Inuyasha debía estar mintiendo, le conocía, jamás se rebajaría a ser como Naraku. Pero también era consciente que haría lo que fuera por ponerla a salvo.

―Serías una buena carnada, debo admitir que las chicas irían a ti como perras en celo... Sellaríamos el trato si no supiera que a la mínima oportunidad me traicionarías. Me sorprende que por esta mujer olvidas tu honor.― observó a la chica, definitivamente le hubiese gustado verla en la calle y pasar un rato con ella.― No has dicho nada ¿Me tienes miedo?― dijo a Kagome.

―No.― contestó con firmeza sin apartarle la mirada.

―¿Temes por la vida de tu hijo?― Naraku pasó por el vientre de la joven el filo de una navaja y vio lo que quería, el miedo en los ojos de la mujer.

Inuyasha luchó por contenerse, un movimiento en falso y Naraku apuñalaría a Kagome.

―¡Eso es lo que quiero! ¿Qué sientes al saber que tu amado Rinne...? ¡Lo olvidaba! Para ti es Inuyasha ¿Verdad? ¿O es ambos? No importa ¿Qué sientes al saber que no pudo protegerles?

―No vas a ganar, sigo confiando en él.― dijo con firmeza.

―Muchacha tonta, le tengo a mi merced.

―Sé que es mejor que tú, tu eres quien le teme, por eso buscaste una ventaja, sabes que en una situación normal él te gana.― estaba enojada, tal vez con eso se estaría echando la soga al cuello, pero Naraku le fastidiaba.

―¡Basta! Yo soy quien acabará con su vida.― dijo Naraku al tomar a la chica del mentón y verla a los ojos.― Ahora veo porque le gustas, cuando te enfadas pones una mirada fría y calculadora, igual que Kikyou, ambas confiando tan ciegamente en un hombre.― Kagome le dio una mirada de enfado a pesar de que su corazón dolía, no quería escuchar más sobre Kikyou.

―No es verdad.― soltó Inuyasha, desde que Naraku mencionó que Kikyou no estaba muerta le odio más, no quería que Kagome se enterase de esa manera.

―¿Me dices que no la vez en ella?

―Son diferentes, muy diferentes.

―Explícate.― exigió, pero al ver que Inuyasha no hablaba, puso el filo de la navaja sobre la mejilla izquierda de la chica.― Explícate o le cortó la cara.

―¡Déjala! Lo haré.

―Sin mentiras.― advirtió.

―Kikyou siempre fue calmada, meticulosa, calculadora, callada, astuta, fuerte y sabia, sus ojos son pequeños, es más alta y su cabello lacio; Kagome, ella...― deseaba que su novia no tomase nada a mal.― Ella es chillona, gritona, terca, distraída, imprudente, impulsiva, tiene los ojos más grandes y su cabello es ondulado.

En el pecho de Kagome se había formado un nudo, Inuyasha al hablar de Kikyou pareció describir cualidades, pero al hablar de ella, solo describió defectos. No iba a llorar, no iba a ser débil, se repetía eso cuando sintió que sus piernas se mojaban.

―Mira nada más, alguien quiere nacer.― se burló Naraku al ver el líquido que acababa de escurrir por las piernas de la joven.

Eso no podía estar pasando, no pudo haber roto fuente.

A Inuyasha las manos le temblaron, no podía perder más tiempo, Kagome debía ir al hospital cuanto antes, de reojo logró ver como Kouga seguía vivo, tomaba un arma con precaución y le hacía una señal, él mataría a Maten. Solo tenía una fracción de segundo para reaccionar y alejar a Naraku, Kagome debía captar y correr al ático para esconderse.

Kagome seguía asimilando que su hijo nacería pronto, cuando se escuchó un disparo y todo paso rápido, en su letargo escuchó a Inuyasha gritar un "¡Corre!", fue cuando se dio cuenta que estaba libre de aquel hombre, sin perder tiempo subió lo más rápido que pudo las escaleras, dejando a Inuyasha que luchaba contra Naraku. Intentó abrir la puerta al ático y no pudo alcanzar la soga, su peso le impedía saltar. Se maldecía por no ser unos cinco centímetros más alta.

Cuando Inuyasha logró derribar a Naraku, corrió tras Kagome, tres hombres de Naraku acababan de entrar a la casa y no le quedaban muchas municiones. Al ir subiendo las escaleras, recibió un disparo en su pierna derecha.

―Kagome.― le llamó esperando que estuviese bien, la encontró intentando abrir la portezuela, pero no alcanzaba ¡Olvidó que recortó la soga para que ella no subiese allí estando embarazada!

―No alcanzo.― Inuyasha ya tenía la cuerda en sus manos cuando les dispararon.

―Mierda.― dijo al sentir que eran atacados, como pudo entró a la puerta más cercana, en su hombro izquierdo recibió una bala.

―Perdón yo…― decía Kagome al ser sentada detrás del pequeño muro de la ducha.

―No es tu culpa ¿Qué pasa?― preguntó al verla exclamar con miedo.

―Es sangre.― por sus piernas escurría sangre, su vestido se teñía de rojo.― Nuestro bebé, Inuyasha el bebé...― estaba desesperada, no podía perderlo.

―Mírame, todo está bien, es normal.― mintió, no sabía si era normal, pero tenía que calmarla.

―Me duele.― no quería que su niño muriera, ya estaba a nada de nacer ¿Por qué pasaba eso? Él no tenía la culpa de nada.

―Quítate esto.― dijo al ayudarla a sacarse el chaleco.― Relájate, él está bien, van a estar bien.― decía al acariciar con una mano el vientre de Kagome y con la otra le limpiaba las lágrimas.

―¡No me digas que haces tiempo para los refuerzos, te viniste sin decirle a alguien porque no confías en ellos!― hablaba Naraku desde afuera, le daría unos minutos a Inuyasha para recuperarse, si no salía, él entraría.

―No le escuches.― se sentó en el suelo junto a Kagome y la abrazó.

Kagome dejó caer su cabeza en el pecho de Inuyasha, podía sentir su respiración agitada y estaba tenso, alzó la mirada y él tenía los ojos cerrados, parecía que se estaba concentrando en algo, volvió a acomodarse y fue cuando notó que Inuyasha, apretaba sus manos, él tenía algo. Gracias a la poca luz que entraba por la venta y a que sus ojos se acostumbraron a la oscuridad, pudo ver que en el suelo, bajo su pierna derecha, había sangre.

―Tu estas herido.― dijo con miedo.

―No es nada.― intentó restarle importancia, la verdad era que le dolía y se estaba sintiendo débil.

―Inu, el piso está lleno de sangre.― el chico miró su pierna, debía sacar la bala y detener el sangrado.

―¿Bajo el lavabo está el botiquín?

―Sigue allí.

Kagome le vio ir hasta el lavabo, al regresar llevaba el botiquín y también tampones.

―No mires, he hecho esto varias veces, voy a estar bien.― la azabache asintió y cuando se aseguró que no le miraba, tomó unas pinzas e intentó sacar la bala, pero no podía cogerla.― Kagome.― ojalá no tuviese que pedirle eso.

―¿Qué pasa?

―Necesito que saques la bala, no puedo tomarla, es una posición incómoda.

―No puedo, perdón, yo...

―Puedes hacerlo, voy a estar bien, después de que la saques me pones esto.― dijo al pasarle un tampón.― Debes hacerlo, la bala puede moverse y ser peligroso.

Kagome tomó aire, se mentalizó para hacerlo, podía hacerlo, fingiría que era como cuando rellenaba la pierna de navidad. Tomó las pinzas y las metió en la herida, sintió la bala y necesitó cinco intentos para cogerla, la dejó en el suelo y tapó la herida.

―Listo.― sus manos temblaban.

―Gracias.

Inuyasha se quitó la playera y vio que la bala del hombro fue entrada por salida. Pero tenía algunas cortadas en brazos y una en su abdomen. De su cinturón sacó unos sobres con sales, Kagome le miró interrogante.

―¿Qué es?

―Sales para detener la sangre, estas heridas son superficiales con esto bastará.

―¿Estas seguro?

―Claro, ¿Cómo te sientes?― preguntó al ir cubriendo sus heridas.

―No se ha movido.

Inuyasha la invitó a ponerse de nuevo en su pecho y acarició el vientre de ella.

―¿En qué piensas?

―Te amo, perdóname por ponerlos en peligro, debí ser cauteloso, me deje llevar y cometí un terrible error.

―Yo debí darte un poco más de tiempo, ya lo tenías.

―No es tu culpa, Naraku conoce todas mis tácticas, por eso me ha costado luchar contra de él... Yo tenía razón, eres fuerte y valiente, le enfrentaste.

Como ella, pensó Kagome.

―Todo lo que dije es verdad, pero por eso me gustas, me agrada que me reten, que me lleves la contraria, logras hacer que haga tu voluntad, cuando digo que eres fuerte y valiente es a tu manera. Perdón si te hice sentir mal.

―Entonces está viva.― dijo en automático.

―Nada ha pasado entre ella y yo, Kagome.― la miró a los ojos.― No te engañaría, jamás.

―Te creo, es solo que... Ella te debe seguir viendo como antes ¿Verdad?

―A pasado por mucho, la tuvieron secuestrada por... ¿Qué tienes?― preguntó al verla ahogar un grito.

―Siento como piquetes en la columna.

―Inhala, exhala...― repetía mientras le frotaba la espalda.― Eso es.

―Kaede dijo que un parto podía durar horas y más en primerizas.

―Yo leí algo así, aún tenemos tiempo.― eso esperaba y deseaba.

Conforme los minutos pasaban, podía sentir como Kagome se aferraba más a él, probablemente su hijo no tardaría en nacer. Puso su mano sobre el vientre de la chica y su hijo se movió, seguía vivo, luchaba por vivir.

Los balazos sobre la puerta les alertó, a Naraku se le había acabado la paciencia, había estado mandando a sus hombres a retrasar la llegada de la agencia, al parecer, un amigo de Inuyasha les dio la alerta.

―¡¿Vas a salir o deberé entrar?! ¡Dudo mucho que decidieras suicidarte con ella!

Inuyasha revisó sus municiones, tendría que usarlas sabiamente, consigo llevaba un cuchillo y tenía su chaleco.

―Kagome, les amo.

―¿Qué vas hacer?

―No dejar que les toque, si lo mató, todo acaba, sus secuaces se irán.

―Pero tú también puedes morir.― la sola idea le aterraba, finalmente volvía a verlo y no quería perderlo.

―Les voy a proteger, no importa lo que tenga que hacer.

―Inuyasha, no.― imploró.

―Van a estar bien, tal vez alguien ya vino a buscarte o escuchó los disparos y llamó a la policía.

―Sango, ella estaba conmigo en la tienda pero fue a dejar a la señora Takayama a su casa.

―Entonces Miroku no ha de tardar.― en verdad que pedía porque así fuese.

―Si no va a tardar no salgas.

―Si no lo hago, va a entrar, aquí no tienes donde esconderte.

―¡Tal parece que quieres que entre por ti!― gritó Naraku al querer poner presión.

―¡Que sea entre tú y yo!

―Te prometo que no disparare hasta que salgas.

Inuyasha le hecho una última mirada a Kagome, salió al pasillo y vio a Naraku acompañado por dos hombres casi idénticos, pasarían por mellizos, pero uno sin duda era más grande que el otro. El más joven sostenía un "martillo dragón" y el mayor, cargaba dos "kama".

―Te presento a Juuroumaru y Kageromaru, dos de mis mejores asesinos.

―Creí que tú eras quien quería acabar conmigo.

―Y lo haré, ellos solo te detendrán, te quiero con vida, quiero verte perder lo que más amas.

Inuyasha avanzó hacía Naraku y fue bloqueado por uno de los extremos del martillo. Sí para llegar a Naraku debía aniquilar primero a los hermanos, que así fuese.

En más de una ocasión se vio capturado por las cadenas y se había librado del filo de los kama casi por completo. Intentaba analizar las expresiones de los hermanos, pero era como si no tuviesen alma y solo viviesen para matar. Se limpió la sangre de su labio, esos malditos sujetos manejaban sus armas con gran maestría, no podía acercárseles demasiado. Si lograba desarmar a alguno de los dos, tendría ventaja.

Le había costado trabajo, pero ya se había aprendido algunos movimientos de Juuroumaru, que era el más lento, y decidió intentar con él. En cuanto fue atacado, logró tomar el extremo de la cadena, la jaló y rodeó el cuello del menor con la misma, ¡Ya lo tenía!, lo que no se esperaba fue que Kageromaru atravesara a su hermano por la espalda, se apartó de Juuroumaru quien cayó al suelo.

Inuyasha también había sido herido en el abdomen, cubría la herida con ambas manos para parar la sangre, aquello le hizo bajar la guardia y cayó de rodillas al sentir que era apuñalado por la espalda.

...

Cerraba sus ojos y tapaba sus oídos, sentía pánico, era como en sus pesadillas, la persona que entrara sería el vencedor. De nuevo un fuerte dolor en su columna le hizo encogerse de dolor, no estaba segura de cuanto podía soportar. Escuchó pasos y no alzó la mirada, quería que todo fuese una pesadilla.

―En el baño, que ironía.― dijo Naraku al ver el cuarto y Kagome no pudo evitar sollozar más fuerte, si Naraku estaba allí, quería decir que Inuyasha perdió, y si perdió podía estar muerto.― La diferencia es que ella si morirá.― el hombre obligó a la azabache a mirarlo, los ojos de ella estaban rojos e hinchados por el llanto, pero lo que más le gusto, fue que le miraban con terror.― Ahora si me tienes miedo, eso me gusta.― Con ayuda de Kageromaru la levantó del suelo y la llevó frente a la puerta.― ¡Míralo! Ya no puede más, he ganado.

―¡Inuyasha!― gritó Kagome al verlo en el suelo y tener una mano en el abdomen, el suelo bajo él estaba rojo.

―No vendrá, ya no lo quedan fuerzas.

Kagome sintió ser encadenada al tubo de las toallas, ¿Qué tenía pensado hacer con ella?

―Mírala ¡Mírala!― Naraku le jaló de los cabellos a Inuyasha para que alzara la mirada.― Tu pequeño está por nacer.

―Déjala...― le costaba moverse y respirar, intentó enfocar a su novia pero solo veía una mancha, las heridas en su abdomen y espalda le estaban desangrando.

―No, la verás morir y vivirás. Ve como la sangre le escurre por sus piernas, ¿Será una señal de que tu hijo murió? En esa posición tu hijo caerá al suelo si es que logra salir.

―¡Déjalos!― gritó con las fuerzas que le quedaban, se maldecía mil veces.

No debió enamorarse de Kagome, no debió dejar que ella derribara el muro que había puesto en su corazón, debió alejarla de él, el día que ella cayó en la madriguera debió seguir de largo y mandar a alguien más a ayudarla, de haber hecho todo eso, ahora ella no estaría en peligro.

―¡No le toques!― gritó furioso al ver que Naraku pasaba sus dedos por el rostro de Kagome.

―Me agradaría tanto poder tenerte para mí, moldearte a mi gusto, si pude crear la duda y traición en la mente de Kikyou, contigo también podré. Es una lástima que deban morir, pero Inuyasha debe verlo ¿Ya sientes cómo se desliza por tus piernas?― preguntó al hacer presión sobre el vientre de la chica, haciendo que gimiera de dolor.

―No pujes...― susurraba con dolor Inuyasha.

Kagome intentaba no hacer esfuerzo, pero no podía. En un acto desesperado y tonto cerró sus piernas, imploraba a su hijo por no salir, que le diera a su padre unos minutos más, seguía confiando en que él les sacaría de esa pesadilla.

―Sientes como se mueve para salir ¿Cierto?― Kagome negaba, pero Naraku percibía muy bien los movimientos.

Un nuevo grito de Kagome le hizo a Inuyasha mantenerse en ese mundo y recordar que le quedaba un truco. Como pudo, tomó de su cinturón una ampolleta, eran tan estúpido lo que iba a hacer, al hacerlo se condenaba a una muerte segura, pero eso le daría una oportunidad de reponerse, Naraku no se lo esperaba.

―Eres patético, si tu hijo quiere nacer, que nazca.― dijo Naraku al darle un pisotón en la espalda.

Aprovechando que tenía al alcancé un arma, analizó muy bien la situación, primero era derribar a Naraku y al mismo tiempo matar a Kageromaru para que no dañara a Kagome. Al sentir que Naraku le pisoteaba de nuevo, se giró, le sujetó una pierna para que no escapara y disparó a Kageromaru justo en la frente. Naraku estaba sorprendido, se suponía que a Inuyasha no le quedaban fuerzas, cogía un arma de su ropa cuando se vio envuelto en una lucha donde Inuyasha le llevaba a las escaleras. Los dos hombres cayeron por las escaleras, deteniéndose al final, al inicio del comedor.

Ninguno se daba tregua, las armas quedaron de lado, solo era un cuerpo a cuerpo.

―¡Creíste que iba a dejar que mataras a otro hijo mío!― gritó con coraje Inuyasha al estrellar a Naraku contra la alacena.

―¿Otro hijo tuyo?― preguntó confundido Naraku.

―Kikyou ya me lo dijo, estaba embarazada y tú...

―¡¿Eso te dijo?!― interrumpió indignado y furioso.― La muy perra no soportó el embarazo, ¡Era mío! Dijo que su cuerpo jamás daría vida a un monstruo.

―Mientes.― intentó golpear a Naraku con un atizador pero este le bloqueo con una laptop.

―No lo hago, por eso mataba a las embarazadas, las odio, fue una coincidencia que tu linda mujer lo estuviera. Eres patético, bajas la guardia y te haces débil por una mujer.

―Te equivocas, ella me hace fuerte.― esta vez logró golpearle y mandarlo sobre la mesa.

―Te diré otro secreto.― dijo Naraku riendo y reincorporándose.―Kikyou está dañada, en su mente es como si hubiesen dos de ellas, la que te ama y me odia, la que te odia y siente empatía por mí. ¿Cómo reaccionará al saber de tu familia? Te aconsejo que mantengas distancia.

―Eres un enfermo.

―Tal vez, pero no más que ella.

En una fracción de segundo, un hombre de larga trenza y otro de rasgos afeminados entraron atacando con ametralladoras, Inuyasha recibió un balazo en su costado izquierdo justo antes de ponerse tras un muro.

―¡Señor! ¡El tiempo se agotó!― dijo Jakotsu.

―Goza tu suerte Inuyasha, pronto nos veremos de nuevo.

El otro hombre miró el cuerpo de Manten, ¡Habían matado a su hermano! Debía vengarlo.

―¡Hiten!― le detuvo Naraku.― Tendrás tu venganza luego, ahora vámonos.

...

Miroku corría como alma que lleva el diablo, cuando recibió la llamada de Sango diciendo que habían aterrizado helicópteros en la isla y en la casa de Kagome había disparos, contactó inmediatamente al director y en tiempo record organizaron un equipo de rescate.

Los hombres de Naraku les esperaban, pero él estaba dispuesto a salvar a su amigo y con ayuda de otros agentes se abrió pasó. Vio como un helicóptero se iba del lugar, debía ser Naraku, alertó a los demás y él entró a la casa. Esperaba llegar a tiempo.

Al entrar vio a Kouga tirado junto a un sofá, le tomó los signos vitales, apenas respiraba, Ling y Tao ya venían con los paramédicos, les gritó para que se apurasen y fue cuando escuchó el grito de Kagome.

―Termina de revisar aquí abajo, yo voy con ellos a ver a Kagome.― dijo Sango al entrar.

―Ten cuidado.

Caminaba a la cocina cuando vio a su amigo que luchaba por su vida, con sus brazos y manos hacía presión para no desangrarse.

―¡Inuyasha!

―Miroku.― se alegraba tanto de verlo.― Naraku, él…

―Ya lo fueron a seguir, tú necesitas atención estás muy herido.― le sorprendía que siguiese con vida.

―¡No! Vayan con Kagome.― él no importaba, Kagome y su bebé eran prioridad.― Mi hijo... Está por nacer.

―Sango esta con ella, deja que te atiendan.

Kagome escuchó más alboroto, más gente había entrado a la casa, esperaba que no fuesen los hombres de Naraku, se sintió aliviada al ver a Sango con otras tres personas, dos de ellas tenían en su ropa una cruz roja y la tercera, ropa negra como la de Inuyasha.

―Kagome ¡Libérenla!― fue directo a su amiga y mientras un agente rompía las cadenas, Sango rogaba porque la sangre que cubría las piernas de Kagome no fuese un mal presagio.

―¿Dónde está Inuyasha?

―Abajo, está bien.― dijo para calmarla.

―Mi bebé, ya quería nacer.

―Tranquila, ya te revisan.

El paramédico puso luces de emergencia y el médico comenzó a revisar a Kagome.

―Llegamos a tiempo, tienes que pujar.

Llevaban a Inuyasha, aparentemente inconsciente en una camilla, cuando se escuchó otro grito de Kagome, el chico abrió los ojos e hizo el intento de bajarse.

―Llévame con ellos.― pidió a Miroku.

―Van a estar bien, tienes que ir a una ambulancia, te estas desangrando.

―Miroku, por favor… Puede que muera camino al hospital, me inyecte el suero de Totosai.

―¡Por Buda! ¡No creí que fueses tan tonto!― le reclamó.

―Debía salvarles… Deja que lo conozca, deja que sepa que van a estar bien… Deja que les vea por última vez.

No tenía idea que un parto doliese tanto, sentía que sus huesos se quebraban y se estaba mareando. Podía escuchar que le pedían que pujase, pero ya no tenía fuerzas.

―Duele mucho, no siento que se mueva.― estaba desesperada, por más esfuerzo que hiciera, su hijo no nacía.

―Tienes que pujar, le tienes que ayudar, ya no es tiempo para una cesaría.― dijo el médico que la atendía.

―No puedo.

―Sí que puedes.― dijo Inuyasha al hincarse junto a Kagome y tomarla de la mano.

Sango se apartó y miró a Miroku con preocupación, Inuyasha no se veía nada bien, le habían puesto una chaqueta para que Kagome no le viese herido. Por su lado, Miroku rogaba por no haber tomado una mala decisión, al ayudar a Inuyasha a estar allí en lugar de un hospital.

―Ya estoy aquí, todo va a estar bien.― decía Inuyasha, Kagome le sonrió aliviada, por un momento creyó que él estaba muerto.

―Que puje.― ordenó el médico.

―Ya escuchaste, puedes hacerlo.

―Duele mucho.― dijo la azabache al hacer esfuerzo.

―Lo sé, pero tienes que ayudarle a nuestro hijo... Un poco más.

―Ya no lo hagas.― pidió el médico.

―¿Qué pasa?― preguntó Kagome ¿Por qué le pedían que no siguiera?

―Es más grande de lo pensado... Esto va a doler.― dijo el hombre al haber hecho una episiotomía.― Ya puede pujar.

―Lo estás haciendo bien, una vez más.― animaba Inuyasha mientras intentaba no desmayarse por la pérdida de sangre.

―Eso es, tengo su cabeza.

―Un último intento, tu puedes.― besó a su novia en la frente y cuando la sintió relajarse miró como apartaban a su hijo de su vista, lo ponían sobre una manta y le hacían no sé qué cosa.

―¿Por qué no llora? ¿Qué tiene?― preguntaba angustiada Kagome.

―Está bien, ya lo vi moverse.― mintió Inuyasha.

Sentía los ojos llorosos, su pulso acerado y su cuerpo temblaba, ojala no hubiese actuado demasiado tarde, su hijo no podía morir. Imploraba por una señal de que él estaba bien, le pedía a su pequeño que viviera, él no podía dejar también a Kagome, la chica le iba a necesitar, iba a ser la parte de él que debía conservar.

―¿Qué le hacen?

―Lo revisan, tranquila.― dijo lo más calmó posible.

¡Maldita sea no puedes morir! Quiso gritar en voz alta. ¿Cómo le iba a decir a Kagome que su hijo murió?

―Kagome, yo…― un llanto fuerte resonó en el baño y fue lo más hermoso que escucharon alguna vez.

―Aquí tienen.― el médico les entrego a su hijo en una manta gris.

―Estas bien, me diste un susto.― Kagome besó a su bebé y lo sostuvo con fuerza.

―Es perfecto.― dijo Inuyasha al acariciar con delicadeza la carita de su hijo, como le gustaría verlo crecer.

―¿Qué tienes?― preguntó Kagome al verle cerrar los ojos, por un instante le pareció que se desmayaría.

―Nada, tienen que ir al hospital, deben revisarlos como se debe.

Pusieron a Kagome en una camilla y la sacaron de la casa, la familia de ella esperaba impaciente afuera, junto a una ambulancia.

―Vamos a que te atiendan, no te vez nada bien.― susurró Miroku a Inuyasha.

―¿No vienes?― preguntó Kagome al ver que Miroku detenía a Inuyasha.

―Tengo que atender algo, tu madre y Sango van contigo.

―¿Seguro estás bien?― preguntó Nodoka a Inuyasha.

―Claro que sí, perdón por todo, nunca quise que esto pasara.

―Nadie lo quería, no es tu culpa.― la mujer le miraba preocupada, su yerno no estaba bien.― Deberías ir a atenderte.

Inuyasha se alejó de su suegra, para ir hacía su familia, besó en la cabeza a su hijo, luego tomó a Kagome de una mano y la beso en los labios.

―Los amo.

―¿Debes quedarte?― preguntó la azabache, tenía miedo de no volver a ver a Inuyasha.

―No te preocupes, me encargaré de que este bien.― dijo Miroku para calmarla.

Inuyasha dio una señal para que subiesen a Kagome a la ambulancia, una vez arrancó, Miroku jaló a su amigo.

―Suficiente, vamos a que te atiendan y lleven a un hospital.

―Promete que los cuidaran, tendrán la mejor protección y...

―Está estable.― interrumpió.― Ahora preocúpate por recuperarte, ¡Jinenji, aquí!― gritó Miroku a la vez que subía a Inuyasha a una ambulancia y lo recostaba en la camilla.

―Naraku los va a buscar.

―Por ahora no corren peligro.

Jinenji cortó la ropa de Inuyasha y al toparse con las heridas, no podía creer que aún siguiese vivo.

―¿Por qué no se había atendido? Sus heridas son profundas ¿Cómo caminaba?

―Por ser un terco idiota y por el suero de Totosai.

―Vamos de inmediato a un hospital.― eso explicaba mucho.― Que tengan todo listo para cuando lleguemos.― ordenaba Jinenji al atender al joven con lo que tenía, pero antes de que arrancaran, Inuyasha entró en paro.

―¡Maldita sea! ¡Bastardo tienes que volver!― gritaba Miroku al ver que las descargas no reanimaban a su amigo.― Le dije a Kagome que estarías bien... Jinenji, dale otra descarga.― pidió al ver que había parado.

―De nada serviría.― no le gustaba admitirlo, pero ya no había nada más que hacer.

―¡Tienes una familia que te espera, más te vale respirar!― gritaba Miroku al zarandear el cuerpo de Inuyasha.

―¡Tsubasa, Basta!― gritó el director Baker.


23/11/2016

Se puso intensa la cosa. Espero haber hecho un buen trabajo, me ha costado mucho, pero terminé.

A partir de aquí muere el InuKag y surgirá mi primer Sesshome.

¡No se la crean! ... Pero se vienen nuevas cosas que solo espero no les decepcionen.

Nuevos personajes se revelaran.

Algunos morirán.

Aparecerán otros nuevos.

Y, quiero terminar antes de fin de año, espero lograrlo.

Nos estamos leyendo y les recuerdo que en FB tengo Fanpage, me encuentran como "Rinnu" (link en mi perfil).


*Kama: Son como pequeñas hoz.

*Martillo Dragón: Dos bolas (o pesos) unidos por una cadena.