Los personajes de Inuyasha pertenecen a la gran Rumiko, yo solo los tomó prestados para poder dar forma a la trama la cual si me pertenece. Todo sin lucro y solo con el afán de entretener.
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16. Tiempo.
Kagome miraba el reloj de números rojos que estaba en la pared de enfrente. Era su quinta hora en ese lugar, y desde que la dejaron allí, nadie había vuelto. Sintió a su bebé agitarse y caminó por la habitación para arrullarlo de nuevo, se detuvo a ver las gotas que caían del suero y observó con preocupación al chico que dormía en la cama. Tres meses después de haber sido dada alta del hospital. Llegó el jefe de Inuyasha a su casa, a primera hora de la mañana.
Otro día iniciaba y no había noticias de Inuyasha, después del incidente, Miroku no había vuelo y Sango no sabía nada. Los primeros días la isla fue un caos, la policía colocó cámaras de seguridad por todos lados, interrogaron a todos los habitantes y nadie salía o entraba sin ser inspeccionado. A las dos semanas, el ambiente se tranquilizó un poco, pero ya se sabía que Inuyasha, el chico tranquilo de la tienda, era un agente que buscaba a asesinos seriales. Muchos no podían creerlo, otros decían que se había liado con los Yakusa, algunos otros decían que ahora todo tenía lógica y comprendían su actitud misteriosa.
Kagome bajó a la sala y vio que su padre leía el periódico, mientras el abuelo tomaba té. Después del ataque, al señor Higurashi le otorgaron su retiro y el abuelo, regresó de su viaje en cuanto se enteró.
— ¿Cómo estás?— preguntó Kenzo a su hija.
— Bien, anoche dormimos bien.
— ¿Y este niño ya comió?— Kenzo cargó a su nieto, estaba tan feliz de ser abuelo.
— Bastante.
— ¿Cuándo le pondrás nombre?
— Quiero que Inuyasha esté de acuerdo.
El abuelo y Kenzo se miraron preocupados, de acuerdo con Nodoka y Sango, Inuyasha no estaba bien, había recibido heridas muy graves y la última vez que lo vieron, apenas podía mantenerse de pie. Nadie sabía si seguía con vida y no le habían dicho a Kagome para no preocuparla.
— El desayuno está listo, vengan a comer.— dijo Nodoka.
— ¡Papá! Deja cargarlo.— pidió Souta al ver que Kagome acercaba la mecedora para acostar allí al bebé.
— Ten cuidado.— advirtió Kenzo.
— Siempre.— contestó el muchacho al poner frente a su sobrino una sonaja.
— Ustedes lo miman mucho, lo van a acostumbrar a los brazos.— se quejó la azabache y suspiró al ser ignorada.
A mitad del desayuno el timbre sonó, Kenzo fue a atender y al volver, iba acompañado por un hombre extranjero y trajeado.
— Buenos días, soy Adam Baker, director en jefe de la agencia.— se presentó formalmente a todos, la última vez no tuvo oportunidad.
— ¿Inuyasha está bien? Hace tres meses que no sabes nada de él.— se apresuró a hablar Kagome.
— Estuvo delicado por las heridas, pero se recupera favorablemente.
— ¿A qué ha venido?— preguntó Kenzo, no le daba buena espina la visita.
— Señor, su hija y nieto deben venir con nosotros, es por su seguridad. Los protegeremos, se lo prometo.
— ¿Podré ver a Inuyasha?— interrumpió Kagome.
— Definitivamente.
— Si se los llevan, no les veremos.— dijo Nodoka.
— ¿Por cuánto tiempo?— preguntó Kenzo.
— No lo sé. Naraku está suelto, vendrá por ella y el bebé, con nosotros estará a salvo.
— Naraku le dijo a Inuyasha que tenía espías en la agencia.— dijo Kagome al recordarlo.
— Ya he sido informado, he asignado tres de mis hombres de más confianza, Inuyasha los aprobaría. Uno de ellos es Jumonji Ryoga, tú le conoces como Kouga.
— ¿Está vivo?— estaba sorprendida, honestamente no creyó que siguiese vivo.
— Sobrevivió.
— ¿Mi familia corre peligro?— no quería que Naraku volviese y atentara contra ellos.
— Realmente solo tú y tu hijo lo están, pero no se les quitará la protección, eso no les debe preocupar.
— Mamá, papá...
— No les veremos en mucho tiempo.— dijo Nodaka en medio de lágrimas.
— Papá... Es algo que debo hacer.
— Promete que te vas a cuidar, quiero volver a verlos.— abrazó a su hija, no quería que se fuera, pero ahora lo importante era que estuviesen a salvo.
Al escuchar un quejido, salió de sus recuerdos y se acercó a la cama, Inuyasha estaba despertando, se llevaría una gran sorpresa.
— Buenas tardes, desde temprano hemos esperado que despiertes.
— Kagome.— susurró al enfocarla.
— Mira quien más despertó, saluda a papá.— acomodó a su hijo que ya tenía sus ojos completamente abiertos y mostraba el color miel heredado de su padre.
— Es... Es tan pequeño.— Inuyasha estiró la mano para tocarlo, al hacerlo, sintió una enorme felicidad por poder sentirlo de nuevo. Tener a ambos allí, era como recuperar su alma.
— ¿Pequeño? Debieron abrirme para que saliera y desde que nació ha crecido más y...
Kagome notó que Inuyasha no le hacía caso, estaba embelesado al ver a su hijo jugar con sus dedos.
— Todo bien con él ¿Verdad?— preguntó preocupado, si por culpa de su descuido, Naraku había logrado dañar de alguna manera a su hijo, jamás se lo perdonaría.
— De maravilla.
— ¿Y tú?— sabía que Kagome las había pasado negras.
— Me siento bien.
— Espera... ¿Qué hacen aquí?— apenas se daba cuenta que era la agencia y su familia estaba allí.
— Tu jefe nos trajo, dijo que aquí era más seguro.
— Perdona por ponerlos en peligro.
— Ya pasó, todo estará bien.
— No ha pasado, sigue suelto y ahora sabe de ustedes, sabe mi verdadero nombre, tú nombre.— cerró los ojos para calmarse, no debía alterarse.
— No pienses en eso ahora, lo que importa es que estamos juntos.— le sujetó de la mano para darle apoyó, se estaba inclinando para besarlo cuando la puerta fue abierta y entraba Kouga.
— Perdón, no quise interrumpir.
— ¿Qué pasa?— preguntó de malas Inuyasha.
— El director quiere saber si ya le dijiste.
— Tú sí que eres inoportuno lobo, no me dijeron cuando les iban a traer, y acabo de despertar.
— ¿Qué sucede? ¿Decirme qué?
Le dolía la cabeza, sentía como las sienes le palpitaban y los ojos le ardían. Lo que quería era dormir, pero frente a él, tenía a Baker, Miroku y Kouga, le habían ido a hacer una visita al saber que Jinenji le suspendió el sedante.
— Nos alegra que despertaras ¿Cómo te sientes?— preguntó el director.
— Adolorido, quiero dormir.— esperaba con eso se marchasen.
— Teniendo en cuenta lo que hiciste, me sorprende que sobrevivieras.
— ¿Cómo está mi familia?— si no se iban, lo mínimo que podían hacer, es darle información de Kagome y su hijo.
— En Shikon, con sus padres, hermano y abuelo.
— ¿Y Naraku?— al preguntar por él, sintió la mirada de Miroku, su amigo le observaba con enojo.
— Desapareció. Se ha triplicado la seguridad en la isla, si vuelve lo sabremos de inmediato.
— ¡Muchacho idiota, te dije que estaba en pruebas, y aun así decidiste usarlo y no pensaste en los efectos secundarios!— irrumpió regañando Totosai y con una carpeta que llevaba en mano, golpeo en la cabeza a Inuyasha.
— Ya estoy bien, ¿No ves?— ese golpe retumbo en su cabeza como si le clavasen alfileres.
— ¡Te declararon muerto!— explotó Miroku.— Fue una suerte que Totosai se diese cuenta que le robaste y llegase con otro suero, apenas logramos llegar al hospital antes de que te diera otro ataque, ¡En todas las cirugías tu vida pendía de un hilo!— estaba tan furioso, no por estar lejos de Sango y sus pequeños, sabía que estaban bien y comprendían, estaba furioso por lo idiota que era su amigo.
— ¡Lo hice por ellos, tu hubieses hecho lo mismo por tu familia!— se defendió.
— ¡Yo te hubiese pedido ayuda y no ser tan imprudente!
— ¡Ya sé que me deje engañar, no me lo recuerdes! ¡No tienes idea de lo culpable que me siento!
— ¡Tranquilos los dos! Hay que atender otro asunto.— interrumpió Kouga, le era extraño ser mediador, lo normal era que Miroku interviniera y fuese la voz de la razón.
— ¿Qué es eso?— preguntó Inuyasha al ver que Jinenji le inyectaba un líquido amarillo.
— No sé exactamente, Totosai me lo dio.
— ¡¿Me pones eso sin saber qué hace?!
— Creí que eso no te importaba, ya lo hiciste tu solo.— dijo Miroku con reproche.
— Soy tu médico, no atentaría con tu vida.— Jinenji le intentó transmitir confianza, pero el muchacho no dejaba de verle con inseguridad.
— Es para que termines de sanar, tu cuerpo se está adaptando a los efectos secundarios.— explicó en pocas palabras Totosai.
— ¿Efectos secundarios? ¿Cuáles efectos?
Todos suspiraron cansados, no les extrañaba que Inuyasha apenas prestase atención de las palabras "efectos secundarios".
— No sabemos con certeza, es lo que estaba probando, por eso el suero está en "Prueba".— le recalcó la última palabra.— Por tu imprudencia te has convertido en mi sujeto de análisis.
— Seguimos monitoreándote, hasta ahora sanabas rápido pero al presentarse otras cosas, se ralentizó.— informó Jinenji.
— ¿Qué otras cosas?
— Tu disfunción eréctil y que ya eres infértil, dile adiós a tu noche de bodas.— dijo con burla Miroku.
Inuyasha le miró fijamente en espera que fuese una broma, pero Miroku mostraba total seriedad. ¿En verdad ya no podría...? Miró su entrepierna y tragó ¿Y si Kagome le deja a causa de eso?
— Tu cabello y uñas en tres semanas estuvieron creciendo más rápido, al parecer ya no.— siguió explicando Jinenji.
— Ahora se te cae el cabello, otro efecto es que quedes calvo.— dijo Totosai, y Miroku asintió.
— ¿Me voy a quedar pelón?— su cabello era una de las cosa que Kagome adoraba, cada que tenía oportunidad jugaba con él.
— Todo tiene sus consecuencias muchacho.
— Ya paren con eso.— interrumpió el director, era divertido ver como le castigaban, pero no tenía mucho tiempo, en los últimos días la carga de trabajo había aumentado.— A lo que vinimos, debemos reubicar a tu familia, pero...
— ¡Esperen! Jinenji, hay manera que congelaran algo de mi esperma y...
— No te alteres, ¿Eran necesarias esas bromas?— preguntó Jinenji al mirar a Miroku y Totosai.
— El perro es un ingenuo, se lo merecía.— contestó Miroku sin remordimiento alguno.
— ¿Es mentira?— su mejor amigo había jugado cruelmente con él.
— Jinenji, eres muy amable.— se quejó Kouga.— Me estaba divirtiendo.
— Como les decía.— interrumpió con una tos el director.— Debemos reubicarles, pero antes deben venir aquí.
— ¿Adónde nos mandaran?— eso era lo de menos, solo quería poder ver a Kagome y a su bebé.
— Tú no irás con ellos.
— ¿Cómo que yo no iré?
— No hay nadie mejor que tú para encontrarlo, Naraku te busca y sabes que es más seguro que se vayan, que estén lejos de ti con otra identidad.
— ¿Quién les va a cuidar?
— Me los encargaron a mí, les llevaré a un lugar seguro.— dijo Kouga.
— Sabemos de los espías por eso fingiremos que se quedaran aquí, pero Jumonji se los llevará.— continuó explicando Baker.
— ¿Los van a traer?
— Sí, podrás verlos, hablar con ella y darle la noticia. Olvida que sea parte del protocolo para protegerles, sabes que es lo mejor.— Inuyasha se recostó en la cama, el director tenía razón.
Kagome se estaba impacientando, Inuyasha solo miraba con enojo a Kouga. Y el moreno les miraba con pena y no se atrevía a mirarla a ella.
— ¿Inuyasha?
— Kagome... Tienes que irte con él.
— ¿A dónde?
— Se asegurará de esconderlos, de mantenerlos a salvo.
— No, tú puedes hacerlo, nos quedaremos aquí si es necesario.— ya no quería otra separación, quería criar a su bebé junto a Inuyasha.
— Tienen que irse, la agencia está comprometida y alguien puede matarlos aun estando aquí. Corren más peligro a mi lado.
— ¡No!— aceptó ir a la agencia para poder estar junto a Inuyasha, no para que le dijesen que de nuevo se tenían que separar.
— Los necesito lejos, por su bien.
— Aprenderé a pelear, a disparar un arma, hacer lo que haces, pero no nos apartes de tu lado.— ya no tenía miedo, estaba dispuesta a hacer cualquier cosa que le permitiese permanecer junto a Inuyasha
— Las cosas no son tan fáciles.— acunó en sus manos el rostro de la chica.— No quiero estar más tiempo lejos de ustedes, pero también quiero que esten fuera de peligro y eso, solo podrá ser posible si se van.
— ¿Qué pasa si me niego? ¿Qué pasa si quiero volver a Shikon?
¿Por qué las cosas nunca eran fáciles con ella? No quería usar esa carta, pero no tenía opción, sabía que por orgullo u honor, Kagome debía aceptar.
— ¿Recuerdas el favor que me debes?
— Todo menos eso, no me pidas que te dejemos.
— Se tienen que ir.— le limpió a su novia las lágrimas y con toda su fuerza, reprimió las ganas de llorar.
— No nos iremos.
Inuyasha suspiró, hora de ponerse duros.
— ¡Escúchame!— gritó, logrando que madre e hijo saltasen.— Solo así estarán fuera de peligro, no me puedo permitir que se repita lo de ese día. No quiero perderlos.— Kagome ya no repeló a eso, esta era la primera vez que Inuyasha le gritaba y le miraba con dolor y culpa.
— ¿Cuándo volveremos a verte?
— Pronto. Te aseguró que no le tendrás que explicar porque nunca volví.
— ¿Cuándo nos debemos ir?— rogaba porque no dijese "ahora mismo".
— El director y otros saldrán en una semana, creo que es buen momento, será fácil irnos, menos ojos vigilando.— dijo Kouga, quien ya se sentía que sobraba en ese cuarto.
— Dile al director que preparen todo.
Kouga asintió y se marchó sin hacer ruido, ya no quería seguir importunando. Por primera vez, sentía celos de Inuyasha, pero a la vez, compasión y pena. Sabía lo que era perder a tu familia y quedarse solo, era algo que no le deseaba a nadie.
...
Los dos pares de ojos miel se miraban, los del más joven se comenzaban a cerrar a causa del sueño y los del más grande, se fijaban en cada rasgo del menor para memorizarlo. Estaba más que feliz, era increíble como esa personita le podía hacer tan dichoso, su pequeño, su niño era perfecto. ¿Qué nombre tendría? Quería llamarle por su nombre y que su hijo reconociese su voz, ¿Debía preguntarlo? Sabía que era mejor no saberlo, por la propia seguridad del bebé era mejor no darlo a conocer ¡Demonios! Quería pronunciar el nombre de su hijo.
— Ponle un nombre.— dijo Kagome, quien estaba sentada junto a Inuyasha y acunaba a su bebé.
— ¿Qué?
— A nuestro bebé, ponle un nombre.
— ¿No se lo has puesto?— la vio negar.
— Quedamos en que lo haríamos juntos, que ambos estaríamos de acuerdo, pero quiero que tú lo elijas.
— Soy pésimo en esas cosas, no tengo buen gusto.
— No lo creo, es tu hijo.
— Escógelo tú con calma, el que le pongas me gustará.
— Quiero que lo hagamos juntos.
— Quedamos en qué no aceleraríamos el elegir su nombre.
— Pero lo elegiríamos juntos.
— Es mejor que no lo sepa, por seguridad, sé que le pondrás un buen nombre.— juntó su frente con la de ella y la besó en la nariz.
Ver a Kagome sentada en un sillón, alimentando a su bebé y su hijo abrazando el seno del que se alimentaba, era de lo más hermoso que había visto. Quería levantarse de esa cama y ponerse junto a ellos, pero por instrucciones de Jinenji, debía permanecer en reposo. Bien podía desobedecer, pero el muy astuto dejó claras instrucciones a Kagome y la chica le hacía acatarlas.
— ¿Cómo amaneciste?— como si fuese invocado, Jinenji entró.
— Bien, ¿Ya puedo abandonar este cuarto?
— Revisemos tus heridas y te digo, antes te voy a quitar los medicamentos, ahora serán orales.
— Ya era hora, estos tubos me fastidian.
— No seas descortés, Jinenji solo quiere ayudarte.— regañó Kagome quien daba palmaditas a su bebé.
Los golpes en la puerta llamaron su atención y después de un "Adelante" por parte de Jinenji, entró el director con otros tres hombres.
— Buenos días, lamento la interrupción, necesitamos un momento a solas con Saotome.— pidió Baker a quien se le notaban unas grandes ojeras.
— Vengan conmigo a mi consultorio, hay que darte vitaminas.— dijo Jinenji a Kagome.
La azabache miró a Inuyasha y al verle asentir, se dejó guiar fuera del cuarto.
...
Solo quince minutos más e Inuyasha llevaría una hora con esos hombres que no le inspiraron confianza. Decidió asomarse por las persianas y mirar lo que podía de la agencia, lograba ver otras oficinas y la gente ir y venir con carpetas o hablando por teléfono. La puerta se abrió y Jinenji entró con dos mujeres pelinegras, al verlas mejor, Kagome se dio cuenta que eran gemelas, ambas se le quedaron viendo de arriba abajo, ni se molestaron en disimular, no tardaron en marcharse, lo hicieron cuando Jinenji les entregó unas hojas.
— Lamento la interrupción, les urgía la evaluación de un agente.
— ¿Por qué me miraron así?
— No le tomes importancia.
— ¿Alguna de ellas es Kikyou?— ¡que pregunta tan tonta! Claro que no, ellas eran gemelas y Kikyou no tenía una, al menos eso le habían dicho.
— No.
— ¿Amigas de ella?
— Sienten curiosidad por ver a la esposa de Rokudo y... Son amigas de ella.
Un día en ese lugar y ya era el foco del chismorreo, sentía que a todo el personal femenino — en su mayoría— no le caía bien.
— ¡Jinenji!— dijo una mujer al entrar precipitadamente al consultorio.— Asuka y Kosho me dijeron que aquí esta...— cayó al ver a la azabache, dio dos pasos hacia ella.— Hola, tú debes ser la nueva mujer de Rokudo.
Kagome se quedó sin habla ¡Lo que le faltaba! ¿Por qué tenía que toparse con Kikyou? ¿Por qué debía conocerla de esa manera? ¿Qué tenía que decir? ¿Ella estaría molesta?
— No es pelirrojo.— comentó la mujer al ver al pequeño.— No me extraña, algo me decía que ese no era el color natural de Rokudo.
— Nosotros no sabíamos que estabas viva, te juro que...
— ¡Para! No me confundas, no soy Kikyou, soy Kagura. Me da gusto que Naraku no les matase.
— ¿Eres amiga de Inuyasha?
— No creo me considere una amiga y seguramente no me quiere cerca de ustedes.
A Kagome le extrañó el comentario, y la dejó desconcertada. ¿Esa mujer también fue novia de Inuyasha? ¿Fueron compañeros? ¿Qué relación podía tener con el chico? De nuevo sentía que no conocía a su novio.
— Kagura, ahora no es buen momento.— habló Jinenji para evitar que la mujer hablase de más.
— Entiendo, me voy, que estén bien.— no era tonta, entendía la indirecta, mejor que no supiese su relación con Naraku.
— ¿Por qué dijo eso?
— Entre menos sepas de aquí, es mejor, hay cosas que es mejor no saber.— aconsejó Jinenji.
...
Estaba fastidiado por tantas interrogaciones por parte del "Centro de evaluación y reclutamiento de agentes en campo", ya se sentía acosado y para empeorar las cosas, le desesperaba tener que estar en cama, ya quería volver al trabajo y buscar a Naraku, estando allí, perdía el tiempo. Lo único bueno, era estar con Kagome y su hijo, sin embargo, no estaba del todo tranquilo cuando no les tenía a la vista, la angustia se apoderaba de él, en un descuido los espías de Naraku podían acercárseles lo suficiente y terminar el trabajo.
Notó que Jinenji ponía en una bandeja los materiales necesarios para la curación y Kagome acomodaba en una cuna al bebé ¿Acaso ella tenía planeado ayudar a curarlo? No sabía la gravedad de las heridas, ni si eran aptas para que la chica las viera. Lo que menos quería era que se preocupara y se angustiase.
— ¿Qué?— preguntó Kagome al ver que Inuyasha la miraba con duda.
— No quiero que veas las heridas.
— ¿Tan graves son?— los ojos chocolate miraron las vendas, algunas tenían un poco de sangre, pero fuera de eso, Inuyasha se miraba bien.
— Necesito ayuda.— intervino Jinenji.— ¿Quieres que mande por una enfermera?
Inuyasha gruñó, lo último que quería era que otra mujer le mirase desnudo ¡Y más frente a Kagome!
— Se ven peor de lo que son.— le advirtió a su novia.
— Descuida, puedo soportarlo.— después de haber ayudado a Inuyasha con la bala y tapado la herida, no creía que algo más pudiese perturbarla.
El pitido de un mensaje rompió la tensión del ambiente.
— ¿Puedes encargarte? Ya vuelvo.— pidió Jinenji al recibir un llamado en su localizador.— Solo retira las vendas y limpia con esto.— indicó al mostrarle un balde de agua y una esponja.
Kagome asintió, cortó los vendajes y con delicadeza despegaba las gasas que quedaban adheridas a las suturas, miraba a Inuyasha en busca de alguna señal de dolor, sin embargo, él apenas se inmutaba. Algunos puntos sangraban y cuando llegó la hora de lavar el torso del chico, esté sintió ardor, se preguntaba que carajos tenía esa agua.
— Perdón, te lastime.— se alejó en cuanto le sintió tensarse.
— No es nada, continúa.
— ¿Qué querían?— preguntó al querer que su mente fuese a otro lado y no prestar tanta atención a las suturas en Inuyasha.
— Saber por millonésima vez cómo logró escapar Naraku, lo hacen para corroborar mi historia y que no cambié cosas.
— Tú no eres su cómplice.— dijo con indignación, estaban equivocados sí creían eso.— ¡Lo siento!— por su alteración había tallado con fuerza el abdomen del chico y le saco un quejido de dolor, uno que él intentó ocultar en vano.
— Esa bien que tenga abdomen de lavadero, pero no talles con fuerza.— bromeo para tranquilizar a la chica.
— Tonto... Creo que está infectada.— dijo con preocupación al ver que le salía un líquido amarillento y estaba abultada.
— Sigue con las otras.
Kagome fue bajando la esponja hasta llegar a la entrepierna de Inuyasha, quitó la sábana que le cubría y a pesar de ya haber visto muchas veces el cuerpo desnudo de su novio, no pudo evitar sonrojarse. Tragó saliva y continuo limpiando los muslos.
Inuyasha sentía que su sangre ya se acumulaba en cierta parte de su anatomía que extrañaba la atención de la chica. En un intento por controlarse, miró a su hijo que dormía, le vio agitarse y calmarse de nuevo. Su distracción funcionaba, pero al sentir que la mano de Kagome rozó su miembro, gimió. Vio a la chica, en sus ojos había deseo y estaba seguro que en los de él también. Le acarició el rostro y cuando se inclinaba para besarla, el quejido del bebé le alertó, ambos padres voltearon a ver al niño quien ya estaba despierto.
— Volví ¿Cómo van?— habló Jinenji al entrar.
— Casi termino, pero creo que una está infectada.— aún que se sentía aliviada, los locos latidos de su corazón no paraban, la vergüenza que hubiesen pasado de ser sorprendidos en un beso que no iba a tener nada de inocente.
— No es grave.— sentenció Jinenji al examinarla.— Pero debo quitar unos puntos.
— ¿Necesitas ayuda? Debo cambiarle el pañal, pero luego...
— No preocupes, lo tengo bajo control.— dijo Jinenji al notar que la chica se debatía entre el hijo y el padre.
— Vamos a lavarte.— Kagome cargó a su hijo y entró al baño.
— Lo mejor sería llevarte a otra sala para curarte y ponerte anestesia, si es peor de lo se ve puedes necesitar otra cirugía.
— Sin anestesia y revísame aquí.
— Te va a doler.— le advirtió.
— Si me sacas vas a preocupar a Kagome.
— Voy a cerrar la cortina, ruega porque ella no venga antes.
Que le quitasen algunos puntos fue fácil, pero cuando Jinenji le comenzó a limpiar, sintió que su piel le ardía. No entendía porque le dolía más que una herida de bala, apuñalada o hueso roto. Se retorció y si no fuese porque Jinenji paró, hubiese gritado.
— Muerde esto.— Jinenji le pasó un trozo de tela enrollado.— ¿Listo?
No lo estaba, pero ya quería terminar con eso. La frente se le perló de sudor y solo se relajó cuando fue suturado de nuevo. ¡Él en una ocasión debió coserse una herida y fue menos incomodo! Ahora sentía la aguja perforar y su piel estirarse.
— Terminé, te va a quedar una fea cicatriz pero vivirás.
— Es lo de menos.
— ¿Cómo van?— preguntó Kagome al otro lado, sintió se había tardado mucho, aprovechando que había agua caliente, le dio un baño a su bebé, al terminar, supuso que Jinenji ya había terminado de curar a Inuyasha, pero no, encontró la cortina hechada.
— Puedes apartar las cortinas.— la chica corrió una parte y se acercó a la cama.— ¿Me ayudas a vendarlo? Te enseño.
No estaba segura si lo hacía bien, tal vez no apretaba lo suficiente o tal vez las dejaba flojas, pero Jinenji no decía nada, quería suponer que lo hacía bien.
— Bien hecho, aprendes rápido.— felicitó Jinenji.— Solo faltan sus piernas, una vez que termines pones las sabanas en el carrito de afuera. Voy a ver a mis otros pacientes.
— Son leves, quita esa cara de preocupación.— dijo Inuyasha, ganándose una cara de reproche por parte de Kagome, era imposible no preocuparse por él.— Me van a quedar muchas cicatrices, espero no te incomoden.
— Eres un idiota ¿Cómo puedes pensar eso?
— Ya lo dijiste, soy idiota.
Kagome vendaba el muslo derecho de Inuyasha y por más que intentaba no mirar a la entrepierna del chico, que estaba cubierta por parte de la sábana, era imposible, se notaba que Inuyasha la deseaba tanto como ella a él, pero no podían tener relaciones todavía debido a la episiotomía que le hicieron y por otro lado, estaba el riesgo de que las suturas de Inuyasha se abrieran.
— Quitemos esto.— Inuyasha quien ya no podía más con su excitación, se puso de pie y jaló parte de las sábanas para ocultar su erección, se vestiría y todo quedaría hasta allí. Lo que no planeo fue que Kagome no se levantara y al seguir hincada, quedase más cerca de las circunstancias.
Ambos intercambiaron miradas, estaban rojos y con la respiración acelerada. En otras circunstancias, ya se estarían devorando a besos y amándose sobre el colchón. Ahora, el lado racional de ambos se debatía en dejar salir su lado salvaje o mantener la compostura.
— Inu...
Y antes de que Inuyasha pudiese reaccionar, Kagome le había empujado a la cama y con sus manos le había cogido su miembro.
— Mierda ¿Qué haces?— preguntó totalmente asombrado.
— Puedo hacerlo ¿Cierto?— quería disfrutar de un momento con su novio y lo haría de alguna u otra manera.— Sí te lastimó me dices.— tomaría el silencio como un "Sí".
— No tienes que ¡Argg!— debió ahogar un grito, su novia le lamió su miembro y lo metía a su boca.
Volteo a ver la puerta, no sería nada bueno que les pillaran en esa situación. Un nuevo tirón le obligó a voltear a ver a Kagome. Pocas eran las veces que practicaban ese tipo de acto y no porque no le gustase, es solo que, le gustaba más sentir otra parte de ella rodear su duro miembro. Se mordió el labio y enterró los dedos en el colchón.
La azabache se esmeraba en darle el mayor placer a su novio, con la boca recorría el duro miembro desde la base hasta la punta, se ayudaba con las manos para masajear el tronco cuando ella lamia la punta como si un helado fuese. De a momentos, alzaba la mirada para comprobar que fuese por buen camino. Ver a Inuyasha sudoroso, sonrojado, agitado e intentando contener sus propios gemidos, le daba una gran satisfacción. Cuando sintió que aquella dura virilidad creció más, las venas se marcaron y el cuerpo del chico se tensaba, aceleró el ritmo, intentó cubrir más carne con su boca. En segundos, tenía su cavidad bucal llena de aquel blanquecino y espeso líquido, tragó con dificultad.
Se sobresaltó al ser jalada por Inuyasha, sin embargo, se relajó al sentir los labios del chico contra los suyos, él la reclamaba en aquel ardiente beso. Sonrió satisfecha, le había gustado tanto como a ella.
— Como quiero devolverte el favor.— dijo después del beso, le había fascinado ese momento, meses fantaseando con esa linda chica y sin pedírselo, le había dado lo que su hombría más necesitaba y extrañaba.
— Ya tendrás tiempo para eso.
Tiempo, esa palabra tenía un gran peso, podía decirse que tenían mucho tiempo para compensar los días separados, pero no era verdad. Podía que no se viesen nunca más, que cuando todo terminase ya fuese muy tarde, el tiempo hacía que las cosas y personas cambiaran. ¿Kagome y su hijo soportarían vivir una vida como prófugos? Con Naraku suelto no podían llevar una vida normal. ¿En algún momento su familia le terminaría odiando y exigiendo que se alejara de ellos?
— ¿Ahora por qué pones cara de preocupación?
No le contestó, se limitó a besarla nuevamente.
Esa mañana le permitieron llamar a su familia, no les pudo decir que se iría por algún tiempo, pero por sus consejos, ya debían estar informados. Fue tan emotivo, no quería dejar de ver a sus padres, hermano y abuelo, pero no había más opciones seguras.
No obstante, desde su camino de regreso al cuarto de Inuyasha. Había cosas que no dejaba de pensar, ¿Sería o no sería? Lo más seguro ¿Y si se equivocaba de nuevo? Pero esta vez algo le decía que no, y por su descripción debía ser. Además, le miró con enfado, pero... Había otras que le miraban igual, aun que, no con esa intensidad. Sacudió su cabeza, ya no quería darle vueltas al asunto, se sentía tan tonta.
— ¿Te gusta esto? ¿Te da risa morderme?— Inuyasha se divertida jugando con su hijo, al pequeño le gustaba jalarle el cabello y morderle las mejillas, dejándoselas babeadas.— Si me llenas de baba, mamá ya no va a besarme.— observó a Kagome, la chica estaba pensativa y por como mordía su labio, estaba preocupada.— ¿Qué tienes? ¿Te sientes mal?
— No es nada, toma, esto también le gusta.— dijo al ofrecerle una sonaja, lo mejor fingir que no la vio.
Inuyasha dejó la sonaja de lado y tomándola de la mano, le animó a mirarle. Quería saber si algo le molestaba, si se sentía enferma o alguien le había hecho sentir incomoda.
— Cuando fui a llamarle a mis padres, de regreso... Mejor olvídalo, debe ser nada.
— Kagome.
— Creo que hoy vi a Kikyou.— soltó sin más.
— ¿Te dijo algo?— de todas las cosas, no se esperaba eso.
— ¿No quieres sepa algo que no deba?— preguntó a la defensiva.
— Te estás haciendo ideas equivocadas.
— Tranquilo, estaba acompañada, pero sé que era ella porque iba con Aska y Kojo...
— Asuka y Kosho.— le corrigió, cosa que Kagome ignoró.
— Alta, largo cabello negro y lacio; ojos pequeños, fríos y calculadores, debe ser ella.
— Kagome...
— ¿Tienes hambre? Llevas mucho sin comer.— intentó tomar a su hijo y cambiar el tema, pero Inuyasha no la dejo.
— Confías en mí ¿Cierto? ¿Kagome?
— No me gusta.— Inuyasha le miró interrogante, ¿Ahora de que hablaba?— Jamás había sentido celos de que alguien te mirase, si lo hacían me daba risa, te ponías tan nervioso y pasabas horas diciéndome que ellas no te interesaban.— el chico sonrió, recordaba a esas jovencitas que llegaban a ir a la tienda.— No me gusta saber que en cierta forma debo compartirte con ella, después de todo tienen un pasado y... No me gusta ser celosa, simplemente no quiero perderte.
— Ya me estaba preocupando.— ahora fue Kagome quien le miró confundida.— Creí que solo yo iba a ser celoso en nuestra relación, que no estabas tan enamorada como para celarme.
— Te amo, es solo que... Hasta ahora no había visto una verdadera amenaza que fuese capaz de competir por tu amor.
— Dices tonterías, no debes preocuparte por eso, nada ni nadie va lograr hacer que deje de quererles.
Kagome se recostó junto a Inuyasha, soltó un bostezó y cerró los ojos, dormiría un rato. Sintió que su cabeza era acariciada y un beso era depositado en su frente.
Rodó los ojos con fastidio, Jinenji debió ir a revisarle sus suturas porque pasando un agradable momento con su hijo, alzo al pequeño para ponerlo sobre su rostro y hacerle trompetillas, jamás imaginó que el niño se inquietase tanto que con sus pies le golpeó en el abdomen, no creyó que le hubiese lastimado, pero pronto las vendas se mancharon de sangre.
— Tienes que tener más cuidado, esta es la más grave, tienes suerte de estar vivo.
— Ni se te ocurra decirle eso.— le advirtió, Kagome estaba del otro de la cortina.
— No lo haré, pero mantén reposo.
— Solo cargué a mi hijo, su patada no tiene fuerza.
— Ese niño pesa 7 kilos, si golpeó en el lugar correcto y tú estirándote, pasa lo que pasó.
— He cargado más peso.
— Lo habías hecho sano. No más esfuerzos.— volvió a recordarle al apartar las cortinas.— Terminé, me llamas ante cualquier cosa que necesiten.— recordó Jinenji a Kagome antes de salir.
Inuyasha esperó que Kagome volviese a la cama y en cambio, la muchacha estaba acomodándose en el sillón.
— Descansa dormiremos aquí.— dijo la azabache al acostarse con su bebé.
— Me voy a levantar sí no vienes.
— Ya duérmete.— ese hombre era imposible, solo quería que sanara bien y estuviese cómodo, pero con el bebé clamando por su atención y ambos quitándole espacio, la situación se alentaba.
— ¡Entiende que los quiero junto a mí!
— Y tú entiende que te podemos lastimar, buenas noches.
— No si se quedan de este lado.— señaló el lado opuesto a su herida.— Sabes que me levanto.
— Eres un terco.
— Y tú una necia, ahora ven aquí.
…
Había ganado la discusión con Kagome, ella se negaba pero bien que quería estar a su lado.
Cerró los ojos para dormir y de inmediato los abrió, observó el cuarto, hace días que escuchaba algo similar a un tambor, en ocasiones era más acelerado y otras más calmado, ahora escuchaba dos ritmos ¿La agencia estaría en remodelación? Apoyó la cabeza junto a la de Kagome y fue cuando lo asimiló, no eran tambores, eran latidos, provenían de Kagome y su bebé, ¿Por qué les escuchaba? Eso no era normal. Tampoco era normal que su vista se adaptase a la oscuridad y no necesitara prender la luz, pero el escuchar latidos del corazón era demasiado para asimilar.
— No la enciendas, ellos duermen y puedo verte bien.— dijo sin necesidad de ver quien había entrado, por el aroma y el sonido al caminar, era Jinenji.
— ¿Cómo sigues?
— Creo que estoy loco, creo que puedo escuchar los latidos de Kagome y el bebé.
— Son los efectos secundarios, todo señala que vienen acompañados con tu nueva visión.
— Es tan extraño, Totosai debe estar alegre por su descubrimiento.
— Algo, pero eso también implica que debe seguir más reglas, el director le ha sugerido cancelar todo, quiere evitar que el suero llegue a manos equivocadas… ¿Ha cambiado tu olfato?
— Un poco, siento los aromas con más fuerza, tú hueles a alcanfor y hierbas.
— Prepare un ungüento para los golpes de Jumonji, pero eso ya tiene rato y me bañé.
— ¿Los efectos desaparecerán?
— No lo sabemos, ¿Cómo sientes la herida?
— No duele... Cuando nació no lloró.— dijo al acariciar con delicadeza una mano de su hijo, aún recordaba el nudo en su corazón cuando creyó que había perdido a su bebé.
— Tenía líquido en su nariz, lo checaron y está muy sano.
— ¿Y Kagome? Ella dice que bien.
— Lo está, venía a ver si todo iba bien, intenta dormir.
Respiró profundo antes de entrar a la habitación, de nuevo estaba allí para llevar malas noticias, era una especie de flashback que deseaba olvidar, nuevamente iba a separar a una familia. Lo primero que vio al entrar, fue a su amigo que no apartaba la vista del niño y pasaba con delicadeza sus dedos por la cara del infante.
— ¿Qué no duermes?— eran cerca de las dos de la mañana y esperó encontrar a su amigo dormido.
— Los sonidos no me dejan dormir.— escuchaba los murmullos y los pasos de las personas que pasaban por el pasillo, incluso sabía que en algún lugar, había una bisagra que necesitaba aceite.— ¿Qué te trae por aquí y a esta hora?
— Ya me comentaron de tus nuevas habilidades, que eres una especie de súper soldado "Capitán", ¡Alégrate! Solo te faltan buenos reflejos y fuerza.— la mejor manera de atrasar lo inminente era bromear.
— ¿Ya es hora?— esa era la única causa por la que le traerían.
— Me temo que sí.
— Pásame mi gabardina.— se sentó en la cama y al ponerse de pie, se llevó una mano al abdomen, el dolor seguía pero era menos.
— Tienes que estar en reposo.
— Iré a dejarla al helicóptero.— dijo como ultimátum.
— Los espero afuera.— entregó la gabardina y salió al pasillo a esperarles.
Inuyasha rodeó la cama, se paró junto a Kagome y con delicadeza intentó despertarla, nada, la muchacha estaba muy cansada, el bebé había estado muy despierto todo el día y al él, no poder cargarlo, Kagome era quien lidió con el pequeño hasta que se quedó dormido.
— Kagome, despierta, tienes que levantarte.
— ¿Ya tiene hambre?— moría de sueño, quería seguir durmiendo.
— No, es hora.
— ¿De qué?— preguntó somnolienta ¿Hora de qué?
— Ya se tienen que ir.— en cuanto lo dijo, la voz se le cortó.
— ¿Seguro no lo has pensado mejor?
— Les están esperando.— con esas palabras daba por entendido que no había más opciones.
De nada le serviría discutir, Inuyasha ya había tomado una decisión y conociéndolo, les llevaría a rastras hasta el helicóptero.
...
Mientras le abrochaba bien el cinturón a Kagome, su hijo se estiraba para jalarle los cabellos, quería jugar y él debía ignorarlo, no podía permitirse caer en la tentación de escapar junto a ellos o de permitirles quedarse en la agencia.
— ¿Dónde nos llevaran?
— No lo sé, no puedo saberlo.
— InuYa...
— No lo digas, aún que él ya lo sepa, recuerda que jamás debes decirlo hasta que acabe, ni tu nombre; usarás el que te indique el lobo.
— ¿Cómo sabré qué estás bien?
— Solo lo sabrás, no te olvides de lo que te dije la vez pasada.
— ¿Lo de la comi...— Inuyasha le cubrió los labios con un beso.
— No tengas miedo, me aseguraré que estén a salvo.
— Prométenos que muy pronto estaremos juntos de nuevo, ¡Júralo!
— Se los juro.
Tenía miedo de olvidar el calor de la chica, su aroma, la suavidad de su piel, el sabor de sus labios y su mirada, intentaba guardar en su mente lo más que podía de ella. Miró a su bebé, la próxima vez que le viese ya estaría más grande, ya no sería esa criaturita de tres meses que no sabía del peligro en que estaba, la próxima vez solo le reconocería por ese par de hermosos ojos, pero su hijo no le reconocería a él, sería un perfecto extraño.
— Es hora, no pueden perder más tiempo.— dijo Miroku.
— Los amo.— les besó por última vez y bajó del helicóptero.
— Tranquilo, los cuidaré muy bien.— dijo Kouga una vez le tuvo en frente.
— Si algo malo les pasa, haré que lo lamentes, preferirás estar muerto.— amenazó al tomarlo por el cuello.
— Van a estar bien, suéltalo, deben irse.— pidió Miroku.
Kagome vio subir a Kouga, cerrar la puerta y sentarse junto a ella. El helicóptero se encendió y en poco tiempo se elevaba. Por su ventana veía la figura de Inuyasha que se hacía más pequeña, en cuestión se segundos, no había rastro del despejado que era de la agencia.
— Hola de nuevo.— saludaron los dos agentes que iban pilotando.
— Ustedes, Ling y Tao.— recién les reconocía.
— Sus nombres son Ginta y Hakaku.— presentó Kouga.— Lamentan mucho lo que pasa. Son de confianza. Ahora están a mi servicio.
...
Inútilmente Miroku intentaba que Inuyasha se calmara, después de perder de vista el helicóptero entró a la agencia cual vil demonio. No se dirigió al cuarto médico, fue inmediatamente al cuarto de entrenamientos, apenas entró golpeó el costal que tenía más próximo.
— ¡Deja eso! ¡Tus suturas se pueden abrir!— Miroku se revolvió el cabello con desesperación, en el estado en que se encontraba Inuyasha, no podía hacerle frente, le mandaría al otro lado del cuarto sin dificultad.
Inuyasha no golpeaba el costal pensando en Naraku, se imaginaba que él mismo. Toda la furia, odio y rencor, eran contra él, de ser más paciente, menos impulsivo y no bajar la guardia, probablemente ahora ya estaría en Shikon con su hijo y novia. ¡Estarían planeando su boda! O tal vez, ellos seguirían seguros en ese lugar que Naraku desconocía. ¡Él conocería donde estaba su familia! Ahora no sabía a qué parte se los llevó Kouga. Por su ineptitud, a los Higurashi les quitó a su hija y nieto.
— ¿Ya se fueron?— preguntó Jinenji.
— ¿Eso contesta a tu pregunta?— señaló al joven que no paraba de golpear el costal.
— ¡Ustedes!— llamó Jinenji a dos agentes que pasaban.— Traigan material de sutura y refuerzos.— miró los vendajes, ya estaban llenos de sangre.— Lo atraparán pronto ¿Verdad?
— La determinación, los conocimientos y los medios los tiene, solo hay un problema, Naraku debe matar de nuevo.
— Suena mal, pero lo hará.
— Hay tres opciones más probables, que cambie su modus, que le pida a sus ayudantes imitarlo y rieguen pistas falsas o la peor de todas, que deje de matar. Con las dos primeras hay una posibilidad de atraparlo, pero con la tercera, desaparecería.
— ¿Y eso lo sabe?
— Por supuesto, y no se lo dijo a ella, de todos nosotros, es quien más sacrificios está haciendo, el lobo no tiene familia, yo puedo ver a la mía aunque siga aquí, pero él, probablemente jamás los vuelva a ver.
— Se va a matar si sigue así.— dijo preocupado Jinenji, en el suelo ya había gotas de sangre.
— Dime que tienes sedante.
— Desde que volvió traigo una ampolleta conmigo ¿Por qué?
— Sé que no te gusta usar la fuerza, pero deberás ayudarme a contenerlo.
Algo que muy pocos conocían de Jinenji, era que su tamaño venía acompañado de una gran fuerza, fuerza que no le gustaba usar por ser una persona pacífica.
— Solo por esta ocasión.
Miroku suspiró, era tiempo de calmar a la bestia y salir con el menor daño posible.
29/01/2017
Mucho tiempo ¿Verdad?
Demasiadas cosas han pasado y me dejaron sin ánimo por mucho tiempo, todavía en ocasiones siento que decaigo y es complicado continuar.
Tal vez, quienes me tienen en FB ya lo saben, pero en diciembre perdí a la persona que siempre me apoyó incondicionalmente, que me demostró que no siempre los hijos deben ser más apegados a la madre. Mi papá, se fue dejándome en una posición un tanto difícil en mi familia, y con una carga más grande de la que puedo soportar. Y cuando una cree que ya puedes tener un momento de calma y el dolor es menos, ves que la ropa y gran parte de sus objetos (herramientas de trabajo) ya fueron donadas. El dolor vuelve, recuerdas que no volverá. Tengo miedo de caer en un abismo del cual no pueda salir, quisiera coger el teléfono y llamarle como tantas veces en busca de consejo, pero ya no se puede.
Pero aquí seguiré, esforzándome para terminar tantas historias que quiero, despejando mi mente y encontrar un poco de paz.
Sin más, deseo que les gustase el capítulo.
