Los personajes de Inuyasha pertenecen a la gran Rumiko, yo solo los tomó prestados para poder dar forma a la trama la cual si me pertenece. Todo sin lucro y solo con el afán de entretener.
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17. Tierra de Lobos.
La mujer que llegó, de las que todos hablaban y que había visto solo un momento, le había quitado a la persona que amaba. No solo eso, había tenido un hijo con él. ¡Ella debería ser la madre de ese niño!
Pero ya se habían ido, nadie sabía a dónde, ni se dieron cuenta de cuando fue. Lo que le daba otra oportunidad, había dado su libertad por Rinne, la había dado por Inuyasha, porque si, ahora que sabía su verdadero nombre lo usaría, tenía el mismo derecho de pronunciarlo que la otra mujer.
Caminó hasta los dormitorios, había esperado pacientemente por dos semanas a que Inuyasha saliese y poder hablar con él, pero no salía de su habitación desde que le permitieron abandonar el cuarto médico. Tocó a la puerta y nadie, insistió hasta que se abrió y se decepcionó al ver a Tatewaki.
—Kikyou, buen día.— Miroku ya se preguntaba cuando iría la mujer a ver a su amigo.
—Vengo a ver a Inuyasha, saber cómo sigue.— el hecho que Kikyou pronunciase el nombre real del muchacho le sorprendió.
—No puedes pasar, no desea visitas.
—Me duele saber que está mal, solo quiero hacerle compañía.— sabía que le iba a costar convencer a Tatewaki, pero ella era más persistente.
—No es buen momento.
—Por favor, no dejo de pensar que sí así estuvo por mí, y no tenía a nadie a su lado, me parte el alma, solo quiero ayudarlo.
—No deseo hacerte sentir mal pero seré sincero, esto es mil veces peor. Contigo claro que se enojó y estuvo deprimido, en luto, pero se mantuvo en calma y le dio alcance a Naraku. Ahora tiene una actitud autodestructiva.— dijo con pesar, estaba preocupado por Inuyasha, apenas si le hablaba y no se bañaba en días, por ello, el director le permitió permanecer en la agencia, para vigilar al muchacho.
—Mientes, él decía amarme, me prometió una vida fuera de este lugar. De no ser secuestrada hubiésemos formado una familia ¿Por qué ella es más importante?
—No te puedo responder eso, solo decirte como son las cosas del antes y ahora.
Inuyasha escuchaba todo desde adentro, intentaba ignorar la discusión de Miroku y Kikyou pero no podía. La voz de Kikyou solo hacía que le doliese la cabeza. Desde que Kagome y su hijo se fueron no dormía bien, no tenía hambre y por más que intentase levantarse de esa cama y volver a buscar a Naraku, le era imposible, era como si sus fuerzas se hubiesen ido. Y ahora la culpa que sentía con Kikyou, volvía.
—Déjame pasar, tú eres amigo de esa mujer, vas a intervenir a favor de ella, quiero ver a Inuyasha y que me explique todo.
—Lo hará cuando se encuentre mejor.— debía despacharla, la gente se estaba juntado en el pasillo.
—Kikyou.— habló Inuyasha, estaba harto de ocultarle cosas, la mujer no se lo merecía, debía aclarar las cosas con ella y buscarle ayuda.— Esta bien, tiene razón le debo muchas explicaciones.— dijo al ver la mirada de inconformidad de Miroku.
—Bien, pero me quedo.— no se fiaba de ella, sí Inuyasha bajaba la guardia le manipularía.
—Me equivoqué, no fue hasta que la conocí a ella que supe lo que es desear despertar junto a la persona que te hace perder el aliento solo con una mirada, sonreír al verla con el cabello lleno de hojas o quedarte dormido abrazando su almohada solo para sentir que está contigo.
—Todo este tiempo esperé por ti, no me buscaste, me reemplazaste con una copia.
—No es así, ustedes son tan diferentes.
—Todo el mundo aquí dice que nos parecemos.— dijo con una sonrisa triunfante.
—Es porque no la conocen.— Inuyasha notó a Kikyou furiosa, tal vez fue muy duro con ella, en su defensa, era un imbécil a la hora de hablar de sentimientos.— Por mucho tiempo me sentí mal por no haberte protegido, no dejaba de culparme, de saber que podías seguir viva no hubiese dejando de buscarte, pero todas las pruebas indicaban que moriste.
—¿Le exigiste a Naraku que te dijera donde estaba mi cuerpo?
—No pude, me di de baja, no quería saber más de este lugar.— otro punto en contra de Inuyasha, al menos se hubiese preocupado por darle sepultura.
—Huiste, y ahora pagas las consecuencias. Cuando me dijeron que lo atraparon me alegre, tuve la esperanza de que fueses por mí, pero al decirme que moriste, la pase realmente mal, intente suicidarme más de seis veces.
—Lo siento, no tenía idea de...— intentó acercarse a ella y abrazarla pero Miroku le tomó del brazo, debía evitar el contacto físico con ella.
—Llevaba a tu hijo, Naraku nos lo quitó.— dijo al ya no poder contener las lágrimas.— Prometiste que estaríamos juntos, como antes.
—Me entendiste mal y, no estabas embarazada, no por mí.— le miró con compasión.
—¡Lo estaba! Me odias por perderlo.— ella recordaba su embarazo, sabía que era de Rinne ¿De quién más?
—Kikyou, necesitas ayuda, estas confundiendo las cosas.
—Claro que no, yo estuve confinada en una mansión mientras tú seguías con tu vida como si nada ¿Cuándo fue que ella logró sacarme de tu corazón?
—Por mucho tiempo me propuse no ser feliz, no merecía una felicidad y libertad a cambio de tu muerte, pero un día solo pasó, nunca te olvide y siempre te guarde un gran cariño, pero todo con ella es diferente, sanó mi corazón, ella no tenía idea de tu existencia hasta hace poco, cuando le conté sobre ti le dije que moriste, porque en ese momento creí era verdad.
—¿Me recordabas al tener sexo con ella?
Miroku casi se atraganta por la osadía de las palabras e Inuyasha se sonrojó.
—No, cuando estoy con ella solo es ella.
—Ella, ella, ella ¡Di su nombre! ¡Kagome!
—No lo digas más.— advirtió con enfado Inuyasha.
—No hagas una tontería.— se interpuso Miroku, sabía que su amigo perdía la paciencia en asuntos que involucrasen a la azabache.
—¿Por qué te lo cayas? Naraku ya lo sabe.
—Kikyou, vamos a que te calmes.— pidió Asuka, la plática se había salido de control.
—Tú me perteneces, di mi vida por ti, ahora debes recompensarme.— reclamó a Inuyasha.
—Y lo haré, te voy ayudar a superar lo que Naraku te hizo.
—Él... No me hizo más daño del que me haces tú.
—Kikyou entiende…
De pronto las imágenes de ella en una cama y con el cuerpo de Naraku arriba suyo le invadieron, él se reía y luego le besaba su vientre. Naraku abusó de ella cada vez que Rinne le gana en una jugada, ella llevó en su interior al hijo de un asesino.
—¡Todo es tu culpa!— rompió la distancia y se aferró al torso de Inuyasha, enterrandole sus uñas.
—¡Kikyou!— gritaron Asuka y Kosho.
—¡Por tu culpa estuve en un infierno!
—Sujétenla con cuidado.— ordenó Suikotsu que llegaba con dos agentes.— Tranquila, todo irá bien.— le susurró a Kikyou antes de llévasela.
—¿Por qué la maña de magullarme justo aquí?— preguntó Inuyasha al sujetarse el abdomen.
—Te advertí que estaba loca, lo bueno es que ya no tienes puntos.
—Necesita ayuda, Naraku le hizo algo y debe superarlo.
—No digo que no la ayuden, pero primero reponte por completo, vamos a tu cuarto y has el favor de ducharte.— Inuyasha soltó una risa, Miroku tenía razón.
Llevaban dos semanas de estar viajando por Japón, el calor del verano se sentía en todo el trayecto, lo que lo hacía más pesado para la muchacha y el bebé. Se limitan a usaban el trasporte local; comían, compraban y se hospedaban donde no hubiesen cámaras de vigilancia. Era algo que le parecía complicado a Kagome, pero Kouga lo hacía ver tan fácil por estar acostumbrado a esa vida.
Al final de ese día que por suerte estaba nublado, llegaron a un pueblo en las montañas. Les llevaron en carreta hasta la casa que ocuparían, en el trayecto, Kagome vio un campo de arroz y otros de hortalizas, el pueblo estaba menos poblado que Shikon y por lo que alcanzó a darse cuenta, contaba con menos servicios y la mayoría de la población eran personas adultas.
La casa a la que llegaron estaba algo abandonada, era de una planta, necesitaba algunas reparaciones y la hierba no había sido cortada en un largo tiempo.
—Llegamos, bienvenidos, entra con zapatos, hay polvo por todos lados.
—Es linda.— dijo Kagome al entrar a la que debía ser la sala.
—No tienes que ser tan amable, el lugar es un desastre.
—Tienes razón, lo es, pero tiene su encanto.— habló con sinceridad.
—Pónganse cómodos.— Kouga descubrió un sillón y se lo ofreció a la muchacha.— Voy a ver el baño y esperar que tenga agua, querías refrescarte ¿Verdad?
—Vamos contigo, también queremos conocer la casa.
La primer habitación a la que entraron era el dormitorio, nada ostentoso, un cuarto sin cama y en el armario estaba el futon. Luego dieron con la cocina, conservaba su toque antiguo, secciones del piso eran de madera, el agua debían obtenerla por una bomba manual, la pileta para el agua estaba recubierta por pequeños mosaicos amarillos, en una esquina estaba la estufa de leña y los vidrios de las ventanas eran opacos. A la derecha estaba un refrigerador y la puerta que conducía al jardín trasero, a la izquierda una puerta al baño, lo único más moderno era la taza, la tina de baño era de cemento con mosaicos azules y junto a ella estaba una pileta, ambas se cubrían con una tapa de madera.
—Es toda la casa, se encuentra mejor de lo que creí.— dijo Kouga.— Ustedes se quedaran en el dormitorio, yo dormiré en la sala. La pileta está vacía, deja llenarla.
Kagome asintió, se observó con melancolía en el espejo, su cabello azabache ahora era castaño y lacio. Deseaba que todo terminase pronto.
…
Kouga observaba a la chica cambiar al bebé después del baño, ya habían limpiado el dormitorio para que el polvo no les molestara y preparado sopa instantánea, mañana irían a comprar víveres, asearían adentro y deshierbarían el jardín.
—Se enojará cuando sepa su nombre.— dijo Kouga.
—No lo creo.— contestó la chica.
—No le verá el chiste.
—Aprenderá ¿Verdad Rinne?— dijo con una sonrisa a su hijo.
—Le crearas un conflicto existencial, mejor cámbiale el nombre, se volverá loco con ese y el falso.
—Al final puede tener dos ¿No?
—Tadashi Rinne, Rinne Tadashi.— no le gustaba como sonaban.— ¿Quieres le hagan burla en la escuela?
—Entonces cuando crezca, que decida con cual se queda.— a ella le gustaban los dos.
Al medio día ya habían limpiado todo el interior de la casa, solo restaba deshierbar afuera. Kagome se había mostrado más que dispuesta a ayudar a Kouga después de dormir a Tadashi, pero el moreno se negó, dijo que podía haber mala hierba y lo mejor era evitar alguna reacción alérgica. Entonces, Kagome decidió que ordenaría la cocina y prepararía la comida.
—Hola...— se escuchó la voz de una chica, Kagome dejó de lavar las ollas y se giró a la puerta.— ¿Se puede?— preguntó una muchacha pelirroja de ojos verdes.— Espero no interrumpir nada.
—Hola, adelante.— saludó Kagome.
—Vengo a entregarles esto, es de bienvenida.— dijo al mostrar una cesta con verduras.
—Muchas gracias.— la tomó y la puso en la mesa.— Esta pesada.
—Mi abuelo y yo elegimos las mejores verduras, nosotros las cultivamos, deseamos que a tu esposo y a ti les guste.
—¿Mi esposo?— preguntó confundida Kagome.
—El joven moreno.
—¡No! No es mi esposo.— se apresuró a decir, no quería que la gente pensase esa clase de cosas, lo último que deseaba era tener que fingir esa clase de relación.
—¿Todo bien?— preguntó con cierta desconfianza Kouga, había visto a una joven pelirroja entrar a la cocina por la puerta trasera y fue a cerciorarse que todo fuese bien.
—Kuno, te presento a...
—¡Perdón! No dije mi nombre, soy Wuruhi Ayame.
—Hibiki Sakura y él es mi hermano Kuno.
—No se parecen mucho.— uno tenía el cabello y ojos oscuros, la chica ojos marrones y cabello castaño, sin dejar de lado que uno era de piel más morena.
—Medio hermano.— se apresuró a hablar Kagome, a pesar del pequeño cambio que se había hecho Kouga, seguían sin parecerse.
—Eso lo explica, ¡Hola pequeño!— exclamó al percatarse de la presencia del bebé, quien descansaba en su mecedora.— ¿Cómo se llama?
—Tadashi.
—Eres tan lindo, tus ojos son hermosos.— chilló emocionada.— Bueno, bienvenidos.— hizo una reverencia.— Cualquier cosa que necesiten me llaman, mi abuelo y yo somos sus vecinos más cercanos.
...
Desde que Ayame fue a visitarles, Kagome notaba a Kouga molesto y hasta paranoico, subía al techo e inspeccionaba los alrededores.
—¿Pasa algo malo?— preguntó la chica al comer de su arroz.
—Sus ojos llaman mucho la atención.— dijo viendo a Tadashi, quien se limitaba a morder su peluche.
—No se le pueden poner pupilentes, no tiene la culpa de heredar a su padre.
—Y luego está esa chica, tengo que investigarla.
—No se ve que sea una mala persona.
—Mejor estar seguros, no podemos confiarnos... Además, no me fio de las pelirrojas.
—Confiabas en "Rinne".
—No es pelirrojo natural.
—Pude ver que "no se soportan" pero se llevan bien en el fondo y no solo es por el trabajo, en verdad se agradan.
—Unos días en la agencia y ya estudias también la conducta.— dijo sarcástico.
—No es eso, conozco a Inu y por lo que me dijo me di cuenta.— le contestó cortante, ella no tenía la culpa de su mal humor.
—¿Qué te dijo?
—Es secreto.— no le daría el gusto, primero debía calmarse y luego platicarían tranquilamente.
Un mes, el tiempo pasaba muy rápido, pareciera que fue ayer cuando había visto a Inuyasha por última vez. Tadashi practicaba cada día más sus balbuceos y al estar en su mecedora, la seguía con la mirada, también pateaba más y objeto que estuviese a su alcance lo quería. Escuchó otro hachazo y por la venta vio a Kouga cortando leña, cargó a Tadashi y fue al jardín para que les diera sol.
—Me sorprende tu habilidad con el hacha y sabes de horticultura.— dijo Kagome al sentarse en las escaleras.
—El perro no es el único que se crio en un lugar rural, viví hasta la adolescencia en las montañas.
—Uno en la costa y el otro en las montañas, interesante. ¿Qué te llevó a la ciudad?
—Un asunto familiar… Es complicado.
—¿En qué te ayudo?
—¿Sabes limpiar la espiga de arroz?
—Inuyasha me enseñó.— antes de irse a Shikon, el arroz lo compraban en el supermercado, nunca imaginó que saber limpiarlo le sería de utilidad.
—¿Fue difícil adaptarte a la vida del campo?
—Un poco.— tomó la primera espiga y la desgranó sobre un cesto de mimbre.— Pero no hacía este tipo de cosas hasta que me involucre con Inu, me enseñó a cultivar, ordeñar, destripar un pescado, aunque eso lo hacía él la mayor parte del tiempo.
—¿Tenían vacas?
—No, un anciano del pueblo tiene tres vacas, pero él ya no puede ordeñarlas a causa de su artritis e Inu le ayudaba, un día me llevó a verlas y me enseñó, fue muy difícil, el primer día no puede sacar ni una gota. Me gustaba verle trabajar la madera, se concentraba mucho en lo que hacía, decía que su padre le enseñó.
—Yo debí atender varios nacimientos de animales.
—¿Vivías en una granja?
—Mi padre era veterinario y le ayudaba.— dijo desviando la mirada al cielo.
—¿No te llamó seguir sus pasos?
—Iba hacerlo.
—¿Y luego?— ya estaba más que interesada en la historia.
—Es complicado.
Kagome observó a Kouga, por experiencia, intuida que algo malo le había pasado. No le presionaría, cuando él quisiera abrirse le escucharía.
El verano pasó y el otoño se hacía presente, las hojas de los árboles eran de colores ocre, el viento comenzaba hacerse frío y el cielo se llenaba de nueves de lluvia. Kagome observaba a su hijo girarse para ponerse sobre su panza y arrastrarse un poco, al escuchar a la lejanía a un perro, se puso alerta e intentó imitar sonido, provocando la risa de su madre.
—Entren, no tarda en llover.— dijo Kouga, obteniendo la atención de Tadashi quien ya reconocía su voz y le gustaba pasar tiempo con el hombre.— ¿Qué haces pequeño?
—Practica su gateo.— Kagome cargó a su hijo y lo llevó adentro.— Kouga ¿Cómo supiste de este lugar?
—Cuando deje la agencia pase por aquí en uno de mis viajes. Es una de las montañas donde habitaron los últimos lobos. Me pareció buen lugar para escondernos, las rutas de acceso son complicadas y no debes dar identificación en el transporte. Además, la mayoría de los habitantes son gente adulta.
—¿No pensaste que podrían desconfiar de nosotros?— en una comunidad pequeña donde llegasen tres extraños, les debía extrañar.
—Piensan que venimos por la salud del bebé, aquí les importa mucho el bienestar de los pequeños.— dirigió la mirada a Tadashi que ahora mordía su sonaja.— Y mientras sigamos siendo buenos vecinos, no desconfiaran.
—Voy a calentar la comida, te lo encargo.
—Kagome, pensé que podrías grabar videos y se los hago llegar.— dijo al tenderle una cámara.— Claro que deberé editarlos y solo debes mostrar un fondo, nada del exterior.
—¿Estás seguro?— observó la cámara, aunque la idea le emocionase, no quería hacer algo que no estuviese permitido.
—Hazlo, me pondré en contacto con Miroku para decirle, Ginta y Hakaku ayudaran.
—¿Y ellos cómo están?— después de que abandonaran el helicóptero no supo de ellos.
—Tomaron caminos distintos para crear pistas falsas, luego se establecieron en el primer pueblo de la montaña, cualquier anomalía nos avisaran, velos como nuestra primera línea de defensa.
...
Kagome miraba la cámara, la idea de que Inuyasha les viese le emocionaba, pero le deprimía que ella no podía verle. De una maleta tomó una peluca rubia y se la colocó, acomodó el futon y se sentó con Tadashi, prendió la cámara y la puso en una silla frente a ellos, una vez enfocada y centrada, oprimió "Rec".
—Hola, el lobo dijo que podemos hacerte videos y mandártelos, claro que él tiene que editarlos y ver que no muestre cosas que nos delaten. Donde nos quedamos es pequeño pero ideal para nosotros.— la luz de la cámara llamó la atención de Tadashi, y quiso abandonar los brazos de su madre para ir por aquello que estaba frente a él.— No puedes tomarla, es para mandarle saludos a tu papá, como puedes ver nuestro pequeño ya es muy despierto, le llaman la atención los objetos con luces, ya se sienta solito y repite el ladrido de los perros, es muy tierno, espero algún día poder grabar ese momento.— acercó su cara a la del bebé para darle un beso y este hizo el intento de jalar el falso cabello.— No hagas eso, debo dejármela… Espero que no te moleste si uso pelucas.— dijo ahora a la cámara.— Es para que no veas mi nuevo estilo, me pregunto si te gustaría el cambio… Deseo que tus heridas sanasen por completó, deseamos verte pronto...
Unas horas más tarde, ya a la noche, Kouga recorría la casa y al entrar al dormitorio, Kagome y Tadashi ya dormían, tomó la cámara y antes de salir decidió grabar algo él. Con parte de una manta ocultó el cabello de la chica, esperando que no se despertara.
—Hey pulgoso.— saludó.— Me debes un gran favor por mi estupenda idea, están dormidos, creí que te gustaría verlos. Es curioso su manera de dormir, no suelta la ropa de su mamá.— enfocó a Tadashi que se aferraba a la tela.— Creo que va a tener tu seño, una gran lastima.— agregó al verle fruncir leve la cara, tal vez por algún sueño.
Regresaba de las compras y de verse con Ginta, no le agradaba la idea de dejar sola a Kagome y a al bebé pero era más peligroso llevarles. Le calmaba que todos los habitantes le tenían aprecio a Kagome y le visitan seguido, pero no solo apreciaban a la chica, adoraban a Tadashi, tenía un don natural para ganarse a las personas. Al pasar por la sala vio a Tadashi durmiendo y por la venta distinguió a la chica que tendía los pañales de tela del niño, al estar en un poblado lejano, los pañales desechables eran casi imposibles de conseguir. Estaba por salir al patio y avisar de su llegada, cuando la chica ya entraba por la cocina.
—Hola, no tardaste ¿Qué tal te fue?
—Todo tranquilo, ya entregué la tarjeta de memoria.
—Me alegró, espero se la puedan hacer llegar… Ayame y su abuelo vienen a cenar.
—Se han vuelto amigas.— casi tres veces por semana, la pelirroja les visitaba.
—No me lo prohibiste, además, ya viste que ni ella y su abuelo, son malas personas.— después de tener un informe detallado de la familia, el muchacho se había quedado más tranquilo.— Koga.— llamó al sentarse en el sillón.— ¿Qué pasa si Naraku no vuelve a matar?
—No te preocupes por eso, lo hará.
—Jamás volveré a verlo ¿Cierto?— la idea le aterraba, pero era una posibilidad a la que debía hacerse a la idea.
—Le conoces bien como para saber que nada le detendrá.
—Y eso también implica dar su vida de ser necesario.
—Se positiva, esto es duro pero debes aguantar.
—Quiero pedirte un favor.
—Dime.
—Enséñame a pelear, quiero poder defenderme.— desde que estuvo con Inuyasha la idea le rondaba en la cabeza, pero solo hasta ahora se había atrevido a pedírselo a Kouga.
—Me mataría si te enseño, te estaría arriesgando.
—¡Por favor!— suplicó.— No quiero ser un estorbo, te sería de ayuda en una situación complicada, lo sabes.
—Lo voy a pensar.— para él era muy fácil aceptar, pero Inuyasha le advirtió que la chica podía actuar con imprudencia y tenía una habilidad para meterse en problemas, pero si lo meditaba, estando a su cuidado no se había accidentado ni nada.
19/02/2017
Hasta aquí por hoy, alguien nuevo apareció y faltan cosas por aclarar.
¿Han visto "Mi vecino Totoro"? Me he basado en esa casa para esta locación.
Wuruhi, Lobo en Maorí.
