Summary: El compartir la habitación con otra persona puede ser un poco problemático... Sobre todo si es del género opuesto, tiene un humor de los mil demonios y ama a los conejos.

Disclaimer: Los personajes de Bleach son enteramente propiedad de Tite Kubo. Yo soy tan sólo una fanática loca que intenta emparejar por todos los medios a Ichigo y Rukia para su satisfacción.

Notas de la autora: Sin nada que agregar.


-Compañeros de piso-

Capítulo XV:

Allí donde solíamos gritar

Como regla universal, toda persona siempre conservará cierta esperanza de reconciliación en los primeros meses post-rompimiento. Rukia prolongó ese lapso de uno a quince meses. Ella sentía que algún día regresarían. El cómo o cuándo lo desconocía, pero confiaba en ello. Cierto día, Kaien aparecería ante su puerta y diría: "Fui un idiota. Por favor, vuelve". Por supuesto, ella se negaría en el instante. No podría aceptarlo así como sí. Su dignidad —y ego— no se lo permitirían. Sin embargo, él no se rendiría tan fácilmente. Sí algo caracterizaba a Kaien Shiba, era su gran determinación. Cada día, él le juraría la pureza de sus sentimientos y lo miserable que podría ser su vida sin la luz de sus ojos. Después de cierto tiempo, sería capaz de perdonarle y luego procedería a lanzarse en sus brazos. Ah, y lo más importante: Kaien le propondría matrimonio… ¡Por fin serían una pareja normal!

¿Pecó de inocente? ¿Se engañó a sí misma para aferrarse a su recuerdo? Por conocidos en común, escuchó desde el inicio ciertos rumores… pero los ignoró, ocupada en sus propias fantasías. Lo cierto es que, luego de esos quince y oscuros meses, una bofetada de realidad sucumbió a todo su mundo. Esa noche de sábado, mientras ella se embrutecía con alcohol barato, él unió su vida a otra mujer, ante la ley de Dios y los humanos. Ese nueve de julio era inolvidable para su hígado y su corazón.

Cada vez que se duchaba, recordaba ese momento:

La muchacha pelinegra ingresó con paso decidido, seguida por un apuesto chico. Cualquiera que le viera la expresión al acompañante, podría jurar que estaba siendo obligado a estar en ese sitio. Ella llevaba un uniforme escolar, él ropa civil (muy sosa, para alguien de su edad). Las paredes del establecimiento se hallaban atestadas por fotografías, con diseños muy variados. Un hombre con numerosas modificaciones corporales acudió al encuentro.

¿En qué puedo servirte? —preguntó con educación, dirigiéndose a Kaien. Si no le fallaba la memoria, él ya había utilizado sus servicios en al menos una ocasión y si no, tenía un parecido de puta madre a alguno de sus clientes.

Quiero un tatuaje —respondió Rukia, apenas visible por el mostrador.

El hombre encargado necesitó estirar su cuello para observar de donde provenía aquella voz femenina. Cuando por fin la localizó, casi se echó a reír en sus narices ¡Era una cría de Instituto! Ni siquiera sabía si era legal que ella estuviera en su local.

Lo siento, linda, pero eres muy pequeña para estas cosas —expresó infantilmente, como si hablara con un bebé o un retrasado mental— Discúlpate con tu hermano mayor y regresa a clases.

¿Ves, Rukia? —le musitó Kaien tímidamente al oído— Él tiene razón.

¡Una mierda! —Exclamó molesta— Es mi cuerpo y yo hago con él lo que quiera. Y usted —señaló al encargado— tiene como oficio tatuar a las personas, no darles cátedras de Ética. Tengo dinero y quiero uno.

Kaien miró incrédulo a su novia, mientras el encargado soltaba una carcajada.

¿A qué tiene carácter? —le preguntó al hombre de cabellos azabaches— Tienes razón, querida. Solo espero que dentro de unos días no venga un padre furioso a reclamar por mi trabajo o que dentro de unos años te arrepientas de él.

Para nada —respondió satisfecha.

¿Estás consiente que la tinta durará hasta el final de tus días? —Insistió, intentando hacerle cambiar de parecer a esa chiquilla obstinada que tenía frente de sí— Una vez hecho, no habrá vuelta atrás —hizo una pausa. Quería que ella lo reflexionara, pero la expresión de su rostro le indicó que la suerte ya estaba echada desde un principio. La chica, muy segura de su decisión, asintió con fuerza— Entonces pasemos al estudio.

Ahora, solamente tres hombres conocían el resultado: el tatuador, Kaien e Ichigo.

Los días posteriores al cumpleaños de Rukia —y antes de que Ichigo fuera consiente de la gran sorpresa que le aguardaba el destino— sus pensamientos se centraron en aquella grácil y misteriosa mariposa, escondida en el vientre de su compañera de piso. Le intrigaba la razón de su existencia y de su diseño. Es decir, si tanto deseaba rayar su cuerpo y sabiendo su adicción al jocoso conejo de mierda (Chappy) y a los colores brillantes, ¿por qué eligió una figura tan lúgubre como una mariposa negra?

Tomó conciencia de su estado, hasta que se encontró frente a la puerta grabada con el número quince. Su pecho subía y bajaba con brusquedad. Parecía asmática en plena crisis. Dejó una nota mental: Hacer ejercicio. Bueno, al menos lo intentaría. A sus veintisiete años ya estaba hecha mierda. Tras unos minutos y sintiéndose mejor, decidió ingresar al departamento. Kon la recibió como siempre. Rascó su cabeza amorosamente y encendió las luces.

Ichigo aún no llegaba… o al menos eso creyó.

Se dirigió a su habitación para retocarse el maquillaje. Ninguna mujer, en sus cuatro sentidos, declararía sus sentimientos con la facha que ella se cargaba. Su cabello desordenado y su cuerpo cubierto en sudor eran pruebas visibles de su maratón improvisada. Lo menos que podía hacer para sentirse más segura en ese momento, era verse aseada. Mientras seguía pensando en cual labial debería usar, no se percató de que Ichigo se hallaba sentado en su cama. Estuvo a punto de gritar cuando lo vio. Su corazón empezó a latir salvajemente —fuese por los nervios o por la simple impresión de verle ahí—, sus manos cobraron vida propia y perdió todo control dentro de sí. De haber podido, se hubiera echado a correr… otra vez. Sin embargo, ya le quedaba muy poca energía.

—¡Mierda, Ichigo! —Gritó espantada— Casi me ha dado un infarto… ¿Qué coño haces con las luces apagadas? —Él permaneció inmutable— ¿Hola, hay alguien ahí?

—Rukia… —se limitó a decir.

Un balde de agua fría cayó sobre la cabeza de la morena. Su intuición le decía que algo no marchaba bien. O mejor dicho, nada andaba bien. Lo sentía en el ambiente y en su corazón. Todavía estaba a tiempo de arrepentirse.

—¿Sí? —inquirió temerosa.

—Debo decirte algo muy importante.

—Yo también.

La hora de la verdad había llegado.

—¿Comienzas tú o comienzo yo?

—Yo —se aventuró a decir Rukia, con el mismo ánimo de quien se juega la vida en la ruleta rusa. Ichigo se puso de pie para encender las luces— Espera —le interrumpió— así déjalas —él le obedeció, sin cuestionarle el porqué—: me gustas —soltó apenas audible, con el rostro completamente rojo. Se sintió muy agradecida por el amparo que le ofrecía la oscuridad— Si no lo escuchaste, lo siento mucho… ¡No pienso repetirlo! —Ichigo se quedó congelado, incapaz de emitir palabra. Por supuesto que la había escuchado— Fue muy complicado para mí, ¿sabes? Pero me siento tranquila. Luego de darle tantas vueltas al asunto, por fin me di cuenta que no tengo nada que perder. Independientemente de sí sientes o no lo mismo, no me importa. Tenía que decirlo y ya.

La moral del peli-naranja se derrumbó todavía más.

Él solo se había jodido… y también a ella.

Rukia permaneció callada y hasta cierto punto, sosegada. Ichigo podría ser recíproco a sus sentimientos o no serlo. Nada más. No se moriría o el mundo se detendría completamente. Solo era cuestión de que él le dijera un sí o un no. No debía armar todo un drama o escándalo en torno a ello… ¿Entonces por qué se sentía como si estuviera en plena caída libre, esperando a que el paracaídas se abriera finalmente? Tal vez porque el resultado era el mismo: sí a Ichigo simplemente no se le antojaba corresponderle —siendo el paracaídas— ella terminaría impactándose contra el duro suelo. La ojiazul no supo a ciencia cierta cuanto tiempo pasó para que él abriera la boca; bien pudo ser un segundo, un minuto o una eternidad. Finalmente comprendía el concepto de relatividad.

—Rukia —por fin se decidió a hablar— tú también me… me gustas… pero debes saber que probablemente tendré un hijo.

Ella soltó una carcajada.

—¡Qué buena broma! —Exclamó riendo, al borde del llanto— Casi me la creo.

—Es cierto —aseguró grave— Conocí a una chica hace un par de meses… conseguí mi empleo gracias a ella. Estuvimos juntos un par de veces y… sucedió —Rukia se llevó una mano a la boca. Todas esas noches, esperándolo con el alma en un hilo, por fin tenían su explicación— Jamás le dejé entrever que ella me interesaba de otra manera. No teníamos ningún compromiso, sí es que eso puede valer algo para ti.

—Está bien.

—¿De verdad? —preguntó esperanzado.

—Sí —confirmó— De todas formas, no creo que hubiéramos durado mucho.

—¿Dé que estás hablando?

—Tú sabes de que hablo —él le miró confundido— Ambos sabemos que no hay un futuro entre nosotros. Convivimos mucho tiempo y solo sentimos cariño el uno por el otro. Es todo —explicó fríamente— Ichigo, esto va más allá de ti o de mí. En otras circunstancias, tal vez nuestra relación hubiera prosperado. No lo sé, no soy adivina, pero en este momento es imposible. Igual, supongamos que lo acepto. Duraríamos un par de meses, a lo sumo. Solo nos estamos ahorrando ese tiempo.

—¿Por… qué es imposible?

—Sonará trillado, pero tú… ahora tienes una gran responsabilidad. Carajo, ¡serás padre! No sé si sea capaz de tolerarlo… No serás exclusivamente mío… tus prioridades, tu corazón, tu tiempo, esas cosas, estarán saturadas por esa nueva persona ¿Qué mujer en su sano juicio preferiría a un hombre con compromisos, existiendo tantos otros libres, que estarán completamente dedicados a ella? Tu vida dará una vuelta de ciento ochenta grados. Y si no sucede de esa manera —guardó una pausa— me decepcionaré de ti. Ya no somos niños, Ichigo. Es hora de crecer —finalizó, saliendo de la habitación. Regresó tras unos segundos— Por cierto, mañana me mudaré. Ya no tiene sentido que sigamos viviendo juntos y tú necesitarás el departamento.

Ichigo golpeó la pared lleno de impotencia.

Kon le dirigió una lastimera mirada, como si fuera consiente de la situación. Rukia sintió pena por él. Quizás Kon era el más afectado de todos, porque no sabía cuál sería su destino. Ella ya no tenía empleo ni casa, así que no podía llevárselo y probar suerte. Ya no podría ofrecerle la vida que merecía. Ichigo lo odiaba desde el principio, así que no debería contar con él. Sabía de alguien que buscaba mascota y por más que le doliera, se lo entregaría.

El ojimiel pensó que Rukia se había marchado de la casa, pero la encontró en la cocina, cenando, como si nada hubiera pasado. Él sentía como si lo hubiese arrollado un tren y ella ni siquiera había perdido el apetito.

Quizás no le quería tanto.

—¿Ya comiste algo? —expresó naturalmente, en medio de un mordisco a su sándwich.

—No.

—¿Y qué esperas a hacerlo?

—No tengo hambre.

—Bien.

Ella tampoco sentía apetito. En realidad, le hubiera agradado más echarse en su cama y llorar hasta quedarse sin lágrimas, pero eso hubiera sido el camino fácil. Debía tener el temple necesario para afrontar la situación. Cuando un león resulta herido, es común y casi seguro que ataque a cualquiera que intente acercársele. Eso le sucedía a Rukia Kuchiki. Por dentro se sentía tan lastimada, que trataba a toda costa fingir que no le afectaba en absoluto.

Esa última noche, Ichigo le miró con tristeza y no le sostuvo la mirada directamente.

A la mañana siguiente, el cielo se hallaba completamente cerrado, sorprendiendo e invalidando a todos los pronósticos que aseguraban que sería un hermoso día para salir. Se parecía mucho al día en que pisaron por primera vez aquel edificio. Ichigo se marchó temprano, sabrá Dios a que sitio. Ella se despertó tarde, pues no logró conciliar el sueño hasta muy entrada la madrugada. Intentó memorizar cada detalle de la habitación, en vista de que esa era su última noche ahí. Recordó la historia de la Última Cena y se sintió identificada con Jesús, pues ya sabía que Judas lo traicionaría y aún así, compartió la mesa con él. Rukia sabía de la traición de Ichigo y de igual forma, compartió la pieza. Justo cuando desocupó todas sus pertenencias del baño, empezaron a caer las primeras gotas de lluvia. Era irónico, la lluvia le había arrastrado hasta ese lugar y de la misma manera, se la llevaba.

Esa estúpida lluvia que amaba quitarle todo lo que creía suyo.

En verdad, extrañaría ese nido de ratas. Ese feo edificio que durante ocho meses fue su hogar. Echaría de menos al casero, Hanatarō, Ukitake-san y el resto de personas que durante ese tiempo fueron sus vecinos; porque dicen que un hogar es aquel donde te sientes protegido y extrañamente, cada pared le inspiraba ese sentimiento. No debía sentirse triste. Solo restaban cuatro meses del contrato. Tarde o temprano tendría que haberse ido. Para ella fue temprano. Se rendía, le dejaba la vía libre a Ichigo. Él había ganado. Era sabio retirarse en el momento indicado.

Decidió que debía despedirse del casero personalmente y de aquellos vecinos que encontrara. También tomó a Kon para llevarlo a su nueva familia y a todas sus pertenencias. Kon pensó que sería un paseo normal y correteó con singular alegría. Al llegar a la casa de Hisagi, el cachorro empezó a rebelarse. Los ojitos llorosos de Kon le dolían y mucho, pero era lo mejor para ambos. En cuanto salió del inmueble, escuchó sus ladridos desesperados y sus patitas rascando incesantemente la puerta para poder escaparse. Necesitó tomarse un momento en el parque, para poder proseguir con su mudanza. Kon había sido un maravilloso perro, en verdad le echaría de menos. A nadie dijo la verdadera causa de su partida. La esposa del portero le regaló de esas galletas que tanto amaba y le hizo prometer que les visitaría de vez en cuando. Ukitake-san se encontraba en el hospital, así que le dejó una pequeña nota agradeciéndole por su amabilidad.

En realidad no tenía tantas cosas. En cuanto volvió al departamento, en menos de una hora todo estaba casi listo y afortunadamente, Ichigo no estaría ahí para despedirla. Si lo veía, no podría soportarlo. Se desgarraría a pedazos su armadura de papel. Como el mito de Orfeo y Eurídice, sí lo veía, el hechizo se terminaba. Aunque en su caso, a ella le convenía que desapareciera ante sus ojos. Recorrió cada rincón del departamento en busca de algún objeto olvidado, pero no encontró ninguno. Regresó a la habitación para finalizar con las últimas prendas que quedaban en el armario.

—¿En serio te vas? —inquirió una ronca voz, sobresaltándola.

La morena le dirigió un escueto vistazo y siguió quitando los ganchos de su ropa.

—Eso parece, ¿no?

Él se acercó con lentitud.

—Esto —comenzó el peli-naranja, rascándose la nuca— Rukia… yo te aseguro que…

—No tienes que darme ninguna explicación, Ichigo —le interrumpió tajante, pero carente de emociones.

Lamentablemente, no.

—Lo sé… pero sigues siendo mi amiga… ¡No quiero que haya malentendidos entre nosotros!

Rukia se esforzó por mantener la calma.

—No hay ningún malentendido —insistió con una sonrisa— Todo está bien, no debes preocuparte.

¿Por qué tenía que irse, justo apenas que encontró su lugar en el color de sus ojos?

—Rukia —le nombró con creciente incredulidad— ¿Estás llorando?

—Algo… se metió en mi ojo —entonces limpió bruscamente su rostro.

—Déjame ver —le ordenó Ichigo, tomándole por la barbilla. Sus ojos violáceos eran hermosos. Lo eran, sin importar que estuvieran inundados en lágrimas. Ella permaneció en silencio y él fue incapaz de moverse un solo centímetro. Fijó su atención en sus pequeños y rosados labios. Esos labios que recibieron su primer y casto beso. Porque de todas las mujeres posibles, se sentía orgulloso que ella hubiera sido la primera. Paulatinamente, la distancia fue acortándose… debía besarla una última vez… pero ella se alejó bruscamente.

—El taxi me espera —expresó verdaderamente enojada, tomando el resto de sus prendas para meterlas bruscamente a su maleta.

Y él se quedó ahí, sin hacer nada.

Rukia salió del departamento, esperando irónicamente que él la detuviera, pero no sucedió nada. Incluso cuando abrió la puerta del taxi, le quedaba un pequeño destello de esperanza. Sin embargo, murió en cuanto el taxista arrancó la marcha y la puerta del edificio continuó sola. El resto del camino se limitó a derramar un par de lágrimas más.

Y la lluvia fue el fondo perfecto para su tristeza.

Otro ciclo se cerraba para Rukia. Jamás regresaría a ese lugar donde solían gritar.


Y se preguntarán ¿Hemos esperado durante tanto tiempo para esta microscópica actualización? Pues sí, tienen razón. Es demasiado pequeña. Lo siento, mi inspiración realmente me ha abandonado. Hay días en los que realmente creo que jamás volveré a escribir… pero ¿Saben? ¡No dejaré que eso suceda! Escribir en mi terapia, mi pasatiempo y la manera en que aporto un pequeño granito de arena a este fandom tan maravilloso —lleno de escritores tan buenos, que a veces me siento intimidada—. Todos atravesamos pequeñas crisis, pero la cuestión aquí es superarlas.

Me disculpo de antemano sí les he decepcionado.

Miss Pew debe estar deprimida o en su periodo.

No, pero soy una adolescente y… ¿Sí la vida es justa, por qué las rosas tienen espinas? —llora.

HAJAJAHA ¿Alguna vez han visto el vídeo de Elmo versión emo? A mí me causa mucha gracia, aún y cuando ya es muy viejo.

Esta tarde he leído todos los capítulos de Compañeros de piso y realmente no sé cómo los escribí. Me gustan mucho, pero no sé de donde salieron ¿No les ha pasado? Escribes algo y tiempo después tienes la oportunidad de verlo de nuevo y te preguntas: "¿En serio yo escribí eso?". Pensé que ya estábamos en la recta final de capítulos, pero este es apenas el comienzo (?) —incluso lo dije en muchas ocasiones atrás— pero aún hay muchas cosas que contar. Soy tan tirana, que nuestros protagonistas no quedarán juntos hasta el milésimo capítulo. Estoy bromeando, solo serán 999.

Como ahora no escribí un mega capítulo, no me daré el lujo de hacer mi parte favorita: responder reviews. No es justo para ustedes que escriba más en respuestas, que en la actualización en sí. Pero igual, saben que tienen mi corazón (con todo y sus ventrículos, aurículas, válvulas, surcos y demás). Qué les cuento que ya decidí que hacer con mi futuro, deseo ser médico. En este semestre he aprendido bastantes cosas útiles para cuando vaya a la facultad, el próximo año.

Gracias por todo (L) y por sus sexys reviews: Otonashi Saya, Clan Yuki, Arturo, Liebesspiel Moon, Riuzetsu, Soul Neko-Natsu, Dan Yagami, AlejandraSegovia, Kotsuki Kurosaki, Psycho-Anto, kena02, ediof6, Ferthebest-ia, ALEXZHA, CELESTE kaomy, andyantopia y maria

Solo quería hacer un paréntesis con Celeste, ¡muchísimas gracias! Yo amé Amigos con derechos desde el primer capítulo que leí y jamás pensé que pudiera llegar a adaptarla. Por ello le agradezco demasiado a su autora original. Aprecio en verdad el detalle. Espero que en el futuro te sigan gustando mis historias y si no, dímelo con toda la franqueza del mundo. Gracias por la oportunidad c:

Y maria necesité usar el traductor de google para comprender tus palabras, pero aún así creo que las barreras del idioma no importan. ¿Sabes? Me sentí muy halagada. Te lo agradezco enormemente, me esforzaré por mejorar.

Nos vemos para la próxima, que espero sea rápido y mejor.