Los personajes de Inuyasha pertenecen a la gran Rumiko, yo solo los tomó prestados para poder dar forma a la trama la cual si me pertenece. Todo sin lucro y solo con el afán de entretener.


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19. Fugitivos.

¡Ese era el día! Obtendría una cita con Kuno, no aceptaría una negativa. En un principio se contuvo en dar el primer paso por Sakura, su amiga le dijo que el chico no estaba preparado y cuando lo estuviese, ella le diría, pero ¡En verdad le gustaba! Y como dice el dicho "El que no arriesga no gana", por ello, estaba en la puerta principal esperando a que le abrieran, ojalá fuese el chico.

—Ayame, mi hermana se está bañando, puedes esperarla en...

—Quiero hablar contigo.— interrumpió.— Aquí afuera está bien.

—Te escucho.— cerró la puerta, tal vez la chica no quería ser escuchada por su amiga.

—Quiero tener una cita contigo.— directo al punto.

—Creí que Sakura te dijo que...

—Me lo dijo, que terminaste una relación y no quieres saber de otra por el momento, no te pido que sea serio, solo una comida.

—Escucha, mi deber ahora es cuidar de Tadashi y mi hermana, no me voy a distraer en otras cosas.

—¡Ellos están bien! Nada malo les va a pasar, este pueblo es tranquilo, sin delincuencia. Solo te pido una tarde.

—No va a pasar.— en un pequeño descuido Naraku les podía encontrar, ya era arriesgado cuando les dejaba para ir a reunirse con Ginta y Hakaku.

—Tienes miedo que te hieran de nuevo pero no te pido algo formal, solo conocernos.

—Ve a casa.

—Vendré todos los días a pedirte una cita hasta que aceptes.

Kouga la observó, esa muchacha tenía mucha determinación, medito la situación, sí Ayame comenzaba hacer locuras para llamar su atención, alguien con un celular podría subir un video a internet y Naraku les encontraría. Tal vez, pudiera aceptar y en la comida hacerle ver que él no era buena opción.

—Comer aquí, no más.

—Podríamos ir al pueblo y...

—Entonces olvídalo.— dio media vuelta para entrar de nuevo.

—¡Bien! Mañana vengo a las cinco, no cocinen ustedes, yo traigo la comida.


Ayame estaba decepcionada, creía que después de un rato de estar solos, su acompañante se relajaría, pero no. En lo que llevaban de comida, solo ella hablaba, pues eso cambiaría, le interrogaría con cualquier tontería. De esa manera buscaría conocerlo mejor.

—Entonces ¿Cómo era tu vida en Tokio? ¿A qué te dedicabas?

—Era profesor de deportes, siempre trabajo y casa.

—¿Qué tal era eso de enseñar?

—Supongo que bien, los chicos no me daban problemas, yo a ellos sí.

—Eras estricto, no me extraña... ¿Y tú ex novia?

—¿Qué cosa con ella?— preguntó antes de morder un pan al vapor.

—¿Cómo era? ¿Dónde se conocieron?

—Por un amigo, ella tiene el cabello negro y corto.

—¿Solo eso? Tanto tiempo juntos ¿Y nada más que decir?— ¿La odiaba a esa chica o era muy cerrado en cuanto a su vida? Respuesta más probable: la última.

—¿Qué me dices tú y tus otras relaciones?

—Novio formal uno, era un buen tipo, pero su trabajo era más importante que cualquier otra cosa, siempre pegado al teléfono. Los otros dos, bueno... Solo salimos dos veces, uno era un idiota, a la fecha no sabe qué hacer con su vida; el segundo fue el típico chico malo y rebelde, tenía una moto y le gustaba ir a bares; ¿Qué hacían ustedes?

—Salir por allí, al cine.

—Que divertido.— dijo con ironía.— ¿Y su personalidad? Si no quieres contestar eso, dime cómo te gustan.

—Ella...— no sabía que inventar, debía ser algo creíble ¿Pero qué?

—¿Ella qué? No estas por inventar que decir ¿Cierto?

—Eso no, solo acomodo mis ideas, te diré como es.— que le perdonaran pero no veía otra salida, usaría las palabras de Inuyasha.— Ella es terca, distraída, chillona, imprudente, cuando se enfada su voz sube mucho de nivel, da miedo; determinada, siempre da lo mejor de sí, no se rinde, intenta las cosas una y otra vez, es sorprendentemente valiente y su sonrisa es reconfortante, te hace sentir mejor solo de verla.

Ayame le escuchaba atenta, había algo en su respuesta que le extrañó, al principio fue como si Kouga repitiese las palabras de alguien más, pero luego, describía con total ensoñación a la chica en cuestión, tenía esa mirada de alguien que ya estaba enamorado, no de su ex, a él le gustaba alguien en ese momento.

—A ti, te gusta alguien.

—¿Disculpa?— estaba confundido ¿Qué le hizo pensar eso?

—No me describes a una ex, me estas describiendo a la chica que te gusta ahora.

—Imaginas cosas.— Ayame imaginaba cosas, pero tal vez era lo que necesitaba para liberarse de ella.

—No lo sabes, no eres consciente de eso.

—No me gusta nadie... Puede que... No, definitivamente sigo enamorado de mi ex.

—Mientes.— aseguró.— Minako o Ritsuko, son las otras de nuestra edad, pero no concuerdan con tu descripción, solo que te gusten las mayores, que tampoco ninguna coincide, o tu hermana.

—Dices tonterías, comamos el postre.— sugirió al tomar la tarta de moras.

—Voy hacer que le olvides, no importa quién sea.— dijo al mirarlo a los ojos, conseguiría su meta.

...

Veía a Kagome sentada en el sofá arrullando a Tadashi, el pequeño a sus 15 meses cada vez tardaba más en dormir. Le gustaba estar jugando y correr —aunque torpemente— por la casa. Tadashi le recordaba su infancia, más exactamente, a su hermano menor.

Tenía ocho años cuando Shaoran nació, quería a su hermanito, pero cuando su padre se ausentaba, su madre no le dejaba salir al patio a jugar con el perro, le encargaba el cuidado del bebé, era en ese momento que se molestaba y hacía las cosas de mala gana. Ahora comprendía del porque lo hacía, no era por fastidiarle el juego, era porque ella tenía su trabajo como enfermera y le consumía tiempo, más del que desease.

Pero una de las cosas que más añoraba —dejando de lado el incesante llanto de Shaoran— era cuando su madre cantaba, su voz era hermosa. Observó a Kagome, era una buena madre, amaba a su niño y era una novia comprensiva, otra ya hubiese botado a Inuyasha para estar a salvo, no ella, le esperaba y confiaba en él.

—¡Kouga!

—¿Qué pasó?— preguntó alarmado.

—Te quedaste perdido.— le había visto cerrar los ojos y cuando creyó que se dormía sobre el tatami, abrió los ojos, viéndola fijamente.

—Lo siento.

—¿Cómo fue tu comida con Ayame?— como prometió, no espió "la cita".

—Espero se rinda.

—Es muy persistente. ¿Cómo vas con el coche?

Hace días, Kouga había regresado con un vocho amarillo, Ginta y Hakaku se lo consiguieron, para cualquier emergencia, solo debía ser limpiado y arreglado de adentro.

—Ya quedó limpio, en estos días me ocuparé de hacerlo seguro para Tadashi.— bostezo y se estiró, la comida con Ayame le había agotado.

—Te ves cansado, nosotros nos vamos al dormitorio para que descanses.

—Estoy bien, espera que se duerma bien.

—Ya lo hace.— era verdad, su niño ya dormía profundamente.— Que descanses, hasta mañana.

—Igual.

Vio a la chica entrar a su habitación y no pudo evitar preguntarse ¿Ayame tendría razón? ¿A él le gustaba Kagome?


Tenía mucha ropa que lavar, Tadashi no duraba limpio el día completo, se escabullía e iba a la tierra, saltaba sobre las hojas secas. Miró el cielo, no estaba nublado, quería aprovechar el sol de otoño o pasaría lo de la última vez, la ropa se olió a humedad. Detuvo a su hijo justo cuando se subía al sofá, le gustaba saltar como si de un trampolín se tratase.

—No hagas eso, te vas a lastimar.— le tomó en brazos y lo llevó al dormitorio.— Juega aquí con tus bloques, mamá debe lavar tu ropa.— le puso en el tatami y dio su caja de bloques.

—¡Maaa!— le jaló el pantalón.

—No me tardo, voy a mandar a tu tío a jugar contigo.

—¡Papá!

—No, a tu tío.— corrigió.

—¡No! ¡Papá!— corrió por su libro de cuentos y se lo llevó a su mamá.

—¿Quieres que te lea?— estaba confundida.

—Papá.— dijo de nuevo al pasar torpemente las páginas, su madre le miraba atenta y cuando encontró lo que quería, vio a su madre.

—¿Querías la foto?— usaba esa imagen como separador.

—Papá.

—¿Quieres jugar con papá?— su hijo sonrió emocionado y Kagome le abrazó llorando.

Hace días, Tadashi vio en la tienda local a una familia, los niños eran más grandes que él, tres y cinco años, corrían por todos lados y jalaban a su padre para que les cargase. Desde entonces, Tadashi no paraba de nombrar a su padre.

—Tadashi.— se limpió las lágrimas.— Tu papá no puede venir ahora.— el niño le miró sin comprender.— Él no está aquí, pero juega con tu tío.

—Kagome, ya termine de quitar la maleza ¿Quieres que vigile a Tadashi? ¿Qué pasa?— preguntó al verla triste.

—Nada, voy a lavar su ropa.— se levantó y camino afuera.

—Puedes decírmelo.— la tomó del brazo, ella había estado llorando.

—Quiere a su papá, ¿Cómo le voy a explicar las cosas? Son complicadas para un bebé.— habló con desesperación y llorando de nuevo.

—Todo se solucionará.

—Tadashi esta a dos meses de cumplir año y medio, no veo que esto acabe pronto, extraño a mi familia, lo extraño a él.

—No llores.— la abrazó y dejo que ella llorase en su pecho, verla triste también le ponía mal.


Desde la pequeña crisis de Kagome, había estado pensando en cómo ayudarla, pero nada que fuese de real ayuda. No podía investigar sobre Naraku porque era ponerse en evidencia, no podía permitirle reunirse con Inuyasha porque pondrían en peligro a la chica y el bebé, tal vez si Inuyasha le mandaba un video ella se alegraría, hablaría de ello con Ginta y Hakaku en el siguiente encuentro. Escuchó a Tadashi reír y le vio esconderse bajo una manta, al pequeño le gustaba jugar al escondite.

—Tadashi desapareció, ¿Estará bajo el sofá? No esta.— dijo al mirar debajo.— ¿Estará en las cortinas? Nada.— de nuevo su risa.— Es una lástima que se fuese, le iba a llevar a jugar afuera con la pelota.

—Oga ¡Oga!— llamó al correr a él.

—Aquí estas.

—¡Yaaa!— le jaló en dirección al patio.

—Le gusta estar al aire libre como su padre.— dijo Kagome al estarlos viendo.

—Hay algo en lo que no se le parece, tiene tu sonrisa, debe haber otras cosas, pero eso es lo más sobresaliente.— Kagome sonrió con ternura.

—¡Oga!— le jaló de nuevo, quería salir.

—Tal vez, no deberíamos decirnos nuestros nombres frente a él, en cualquier momento hablara más y los dirá sin medir consecuencias. Puede que si me diga mamá, ¿Pero si un día dice mi nombre o él tuyo? Debe nombrarte de alguna manera.

—¿Algún apodo?— ella tenía razón.

—¿Cuál?

—Pensaremos en uno, mientras... No los digamos frente a él y salgamos a jugar.

—Vamos a recoger hojas Tada...— el sonido de alguien llamando a la puerta le interrumpió.— ¿Quién será?

—Esperen aquí.

Kouga tomo un arma que escondía sobre un librero y fue a atender, mientras tanto, Kagome cargo a su bebé, alerta a lo que pasase, nunca estaba de más ser precavidos, sabían que no era Ayame porque ella siempre gritaba y tenía una forma muy peculiar de tocar.

—Señor Hibiki, su pizza.— dijo un joven pelirrojo que llevaba el uniforme de una pizzería.

—No ordenamos nada.— Kouga le examinó con desconfianza.

—Usted no, se la mandan por su cumpleaños, pagaron extra por este servicio y su tarjeta, que la disfrute.

—Debes confundirte, no es aquí.

—Estoy muy seguro que es el lugar, la pongo aquí.— dejó la caja sobre una silla que dejaba afuera.— Hasta luego.

Kouga entró a la casa cuando vio que ese chico se marchó en su moto.

—¿Quién era?— preguntó Kagome.

—Un joven muy raro, trajo una pizza por mi cumpleaños, pero no lo es.

—Tal vez es de Ayame ¿Qué es eso?— preguntó al ver que Kouga tomaba un aparato que parecía walkietalkie.

—Dejo la caja afuera, voy a ver si tiene bomba.— pasó el aparato alrededor de la caja, ninguna lectura alarmante, tomó la caja y entró a la casa.— La pizzería más cercana es a media hora, está toda fría.— dijo al abrirla.— Es de espárragos y la tarjeta que dejo tiene un perezoso.

—Kouga, tenemos que irnos.— dijo con miedo Kagome, y sujetando más fuerte a su hijo.

—¿Por qué?— no entendía ese cambio de actitud.

—Es un mensaje de su papá.— miró a Tadashi.— La primera vez que se fue, me dijo que si estábamos en grave peligro y debía irme, me mandaría un mensaje, sería con algo a lo que soy alérgica y una tarjeta con un perezoso.

—¿Estas segura?

—Soy alérgica a los espárragos, luego te explico lo del perezoso, es algo nuestro.

—Ve por tus maletas, voy a sacar el coche.

Sin perder el tiempo Kagome fue a su dormitorio a guardar todo, Tadashi le miraba fijamente, tal vez porque intuía que algo malo estaba pasando, se quedó quietecito, cosa que la chica agradeció, no podía perder el tiempo en estarlo persiguiendo.

En menos de una hora las maletas estaban en el vocho, Kagome aseguraba a Tadashi en el asiento trasero y ponía alimento a la mano, cuando la voz de Ayame le sorprendió.

—¿A dónde van?— le daba mala espina que guardasen todo, como si no fuesen a volver.

—Nuestra abuela se puso mala, le dio el mal de Jusenkyo.— mintió Kagome.

—¿Cómo?— jamás había escuchado de ese mal.

—Fue a unas pozas y ahora cree que el espíritu de un panda le habla, le llevaron a un hospital.

—Espero se recupere.— tal vez ese padecimiento era como "el mal de montaña" del que luego le hablaba su abuelo, aquel donde sí se perdían en las montañas, te volvías loco.

—Sakura, vámonos.— dijo Kouga al subir al coche.

—Nos vemos, cuídense mucho.— Kagome abrazó a Ayame, le daba mucha pena irse de aquella manera.

—Buen viaje, espero vernos pronto de nuevo.— les vio partir con tristeza, el pueblo ya no sería el mismo sin ellos.

—¿El mal de Jusenkyo?— preguntó Kouga una vez salieron del pueblo.

—Mi abuelo es bueno inventando enfermedades.

—Me alegro por eso.


Tres semanas de viajar sin descanso, había días que dormían en el coche. Cuando dormían en algún motel era más que nada para bañarse. Pero sin duda quien peor la pasaba era Tadashi, se aburría de pasar la mayor parte del tiempo en carretera, solo le habían estado alimentando con papillas comerciales y ya no las quería, sin olvidar que comenzaba a darle gripa.

Kagome deseaba que su viaje acábese pronto, y ese podía ser el día. Según Kouga, había acordado con Miroku que si llegaban a tener que escapar, en tres semanas se reunirían en una zona industrial abandonada en Chubu.

Kouga estacionó el coche en la zona más oscura, ahora les quedaba esperar a la señal de Miroku. Media hora más tarde, vieron el parpadear de una luz morada.

—Ya llegó.— dijo Kouga al abrir la puerta, tomar su arma y su lámpara de luz roja.

—¿Seguro es él?

—Primero iré yo, pásate a mi asiento, si vez algo mal te vas.— ya habían acordado que si él no daba la señal de "todo en orden", debía irse de inmediato.

—Pero...

—Debes irte si es una trampa, me dejaran atrás y se esconderán, la seguridad de ustedes es primero.— Kagome asintió y vio a Kouga caminar en dirección de la luz morada.

Esperaba ansiosa con la mano en las llaves, por el retrovisor vio a Tadashi que dormía abrazando su borrego. ¿Cuánto más debía esperar? ¿Ya debía irse? Su alma descanso al ver que Kouga hacia la señal. Bajo del coche cuando vio las dos siluetas llegar al coche.

—Me alegra tanto que estén bien.— abrazó Miroku a la chica.

—No tienes idea de cuánto me alegra verte. Tienes un golpe en la cara.

—Es superficial, estoy intacto.

—¿Qué fue lo que pasó? Creí que tenían todo controlado.— habló Kouga.

—Entremos al coche, comienza a llover.

Kagome subió atrás junto a su bebé, Kouga en el lugar del piloto y Miroku del copiloto.

—Ha crecido mucho.— dijo Miroku al ver a hijo de sus amigos.

—No quiero sonar grosero, pero quiero explicaciones.

—Cierto, les explicaré las últimas semanas.— Miroku narró el encuentro de Inuyasha con Suikotsu.— Fue entonces que a Sango se le ocurrió una idea, además de Inuyasha, yo también sería la carnada, me tope varias veces a los hombres de Naraku.— eso explicaba el golpe.— Nada que no pudiese manejar, no se acercaban mucho para que les guiase a ustedes. Mientras estaba en eso, Sango fue a Shikon a pedir ayuda a tu familia. Inuyasha me había dicho del mensaje que debía mandarte, yo sabía dónde estaban Ginta y Hakaku, y ellos, donde estaban ustedes.

Ya les había explicado lo que debía hacer, su idea fue que Souta fuese a donde estaba Kagome. Se disfrazaría para entregar una pizza con espárragos y la tarjeta. En cuanto dijo su plan Souta se mostró entusiasmado, era un joven muy valiente, pero sus padres se opusieron.

Puedo hacerlo, seré muy cuidadoso.

No te vamos a perder a tú también.— dijo su madre.

Yo puedo ayudar, los malos no me conocen tanto y puedo usar de fachada la excursión de la escuela.

Debe haber otra manera.

Puedo ir con él.— dijo Shippo que había escuchado todo.

En los últimos meses, aquel joven trabaja en la tienda a medio tiempo para ayudarse en los estudios, ahora era estudiante universitario y quería apoyar a sus padres. Además, por alguna razón, de alguna manera, los Higurashi se habían convertido en una segunda familia para él, Souta era su mejor amigo y a Kagome la consideraba una confidente desde hace tiempo.

Es arriesgado.

Soy bueno con los disfraces.— era verdad, le gustaba el 'performance', los trucos e ilusiones.— Souta cuidara mi espalda.

Si veo algo sospechoso nos vamos, se los prometo, dejen que haga esto.— imploró el castaño.

Sigan los consejos que les den.— dijo Kenzo.— Si ven algo peligroso se regresan.

Lo prometemos.

Kagome no se lo podía creer, tuvo a su hermano cerca, puedo haberlo visto.

—Que Naraku no conociese a Shippo ayudó mucho. Viajó con Souta a encontrarse con Ginta y Hakaku, ellos les dieron la dirección y entregaron el mensaje.

—Mi hermano estaba en la villa ¿Por qué no fue a vernos?— le hubiese gustado ver a su hermanito, incluso a Shippou.

—De hacerlo se distraerían en otras cosas, charlando, teniendo su momento emotivo, por eso mantuvo la distancia.

—¿La agencia seguirá ayudando?— preguntó Kouga.

—Están por su cuenta, pero descuiden, les conseguí nuevos pasaportes, credenciales y tarjetas fantasmas, siempre y cuando no excedan el máximo al mes.

—A buscar donde ir.

—Una sugerencia.— le pasó una tarjeta a Kouga.

—¿En verdad? ¿Lo aprobó?— conocía el lugar.

—No lo sabe, es mi idea.

Kagome les miraba sin comprender ¿A dónde los mandaba Miroku? ¿Qué debía aprobar Inuyasha? Porque estaba segura que hablan de él.

—Saltaremos por algunos lugares antes de ir.

—Ahora que viajaran por todos lados, alguien debe tener los ojos del mismo color que mi sobrino.— les dio una caja con lentillas.— Me voy, cuídense.

—¡Miroku espera!— gritó Kagome, al verle abrir la puerta.— Dale esto a Inuyasha.— le pasó una memoria, por poco lo olvidaba.

—Lo haré, con cuidado.


Llevaba días sin dormir bien, las pesadillas le atormentaban incluso despierto. Miroku no había vuelto desde hace un mes. Pero confiaba en que estuviese vivo, que su familia se encontrase en un lugar seguro. Porque si Naraku ya les hubiese encontrado, ya le habría llamado para restregárselo en la cara.

Salió de la piscina y miró la hora, tres horas nadando sin descanso ¡Odiaba no agotarse! ¡Quería poder dormir profundamente! Aunque aquello significase que las pesadillas durasen más.

Entró a la habitación de aquel motel, los muebles estaban deshechos, las paredes llenas de balas, los vidrios rotos y el suelo cubierto de sangre, un gran charco; pero no había cadáveres. Junto a la cama y en medio de todo, estaba su hijo, su bebé lloraba con desesperación, corrió a tomarlo en brazos.

Tranquilo, papá está aquí.— le cubrió con una manta y le meció para calmarlo.— No llores, estas a salvo.

Saotome.— llamó un compañero.

¿Los encontraron?

Nada.

Quería pensar que eso era bueno, que Kouga y su Kagome podían seguir con vida, esta vez no daría las cosas por hecho.

Deben revisar al niño, una ambulancia espera, yo me encargó de la escena.— dijo Baker.

Ya lo llevó, gracias.— fue hasta la ambulancia y el pequeño no quería separarse de sus brazos.

¡Papá!

Aquí estoy, me reconoces ¿Verdad?— preguntó al verlo y limpiarle la sangre de su carita.— Esa mujer solo quiere ver que estés bien.

Horas más tarde, ya en la agencia, observaba a su hijo dormir, no se había separado ni un segundo de él. Ojalá su encuentro se hubiese dado en otras condiciones. La puerta se abrió y el director entró con otros agentes, algo no andaba bien, Baker tenía la vista gacha.

No puede estar contigo.— dijo uno de los hombres.

¿Cómo?— les bloqueó el paso a la cama.

Tu hijo no puede permanecer en la agencia.— explicó Baker.— Lo siento, esa orden supera mi rango, pero le conseguí un buen hogar.— fue cuando Inuyasha se percató de la figura en el pasillo, hace años que no le veía, pero era él.

Desde hoy será hijo de tu hermano, nunca jamás podrás tener contacto con ellos.— dijo otro sujeto.

¿Están locos?— fue retenido por cinco agentes, luchaba para liberarse pero era imposible.— ¡No pueden hacerlo!— gritó al ver que tomaban a su hijo, despertándolo y entregándolo a los brazos de su hermano.

Es por su bien, de esa manera vivirá sin peligros.— intentó hacerle razonar Baker.

Un llanto y el grito de "Papá" se escuchó, el coraje y adrenalina le ayudaron, se liberó. Corrió al elevador y su hermano ya subía con su pequeño.

¡Sesshoumaru!— gritó para detenerle, el hombre no se inmutó, pero el niño se agitó y clamó por él.— ¡Sesshoumaru!— gritó de nuevo.

Las puertas del elevador se cerraron, tomaría las escaleras. Su pasó se bloqueó, le tenían rodeado.

Agitó la cabeza, ese sueño fue el más vivido que alguna vez hubiese tenido. No entendía porque soñó con Sesshoumaru, hace años que no le veía, ni sabía algo de él. ¿Por qué su subconsciente se lo recordaba de esa manera?

—Te vas hacer pasa por tantas horas en el agua.

—Aquí estas.— dijo aliviado al escuchar a Miroku.

—Todo en orden.— le mostró una sonrisa e Inuyasha suspiro aliviado.

—Ya no voy a recibir sus videos.

—El último, por ahora.— le entregó la memoria.

—¿Les viste en persona?

—Dormía pero es igual a ti. Y te extrañan.

Inuyasha bajo la mirada a la memoria que tenía en las manos, se levantó para ir a su dormitorio y ver su contenido, necesitaba con desesperación verlos, escucharlos.


Esa noche descansarían en una posada, recargarían energía, revisarían las provisiones y planearían la ruta de su nuevo viaje. Kagome daba de comer a Tadashi, mientras Kouga miraba las identificaciones y tarjetas que les dio Miroku. Al parecer, habían pensado en lo mismo, les dio identidad de una familia, esposos e hijo.

—Sé que no te agrada la idea de que piensen que somos pareja, pero… Por ahora es mejor que lo crean, no perdamos tiempo en dar explicaciones.

—Supongo tienes razón.— concordó Kagome.

—¡Mamá más!— pidió Tadashi al querer tomar su plato.

—Toma la cuchara e intenta comer tu solo.— el pequeño cogió con torpeza el cubierto y lo hundió en la comida.

—Tus identificaciones.

Kagome leyó su nuevo nombre, "Mamiya Ranko".

—¿Cuál es el tuyo?

—"Mamiya Masato", ese Miroku es malo para los nombres.

—A mí me gustan.

—Otro asunto, ¿Quién los usará?— preguntó Kouga al mostrar las lentillas, no lo decidiría por su cuenta, en ese momento lo último que deseaba es que Kagome pensase que quería ocupar el lugar de Inuyasha.

—Tú póntelos, creo que has de estar más acostumbrado a usarlos, yo jamás he usado.

—De acuerdo.

—¿Nos iremos del país?— preguntó la chica al ver los pasaportes.

—Me temo que sí.— la respuesta decepcionó a Kagome.

—¿Cuántos idiomas hablas? No creo que sea fácil viajar solo con el japonés, yo se algo de inglés.— la barrera del idioma, todo un problema.

—Fluido, inglés y alemán, sé un poco de varios, solo lo suficiente para darme a entender; el monje sabe tres, inglés, francés y chino, pero el perro nos gana.

—¿Cómo que les gana?

—¿No lo sabes? Bueno, habla unos seis idiomas.— agregó al ver que no contestó.

—¡¿Qué?!— ¿Escuchó mal?

—Ya sabes, viajar tanto y no querer un traductor porque le hacían perder el tiempo, siempre quiso hacer todo él.

—¿Cuáles habla?

—Chino, inglés, español, alemán, coreano y ruso.

—Jamás me lo dijo, nunca me di cuenta.

Cuando le viese le golpearía. Entendía que no le dijese de la agencia, le comprendía un poco en cuanto a su carrera, pero que le ocultase que era poliglota era el colmo, no le veía nada de malo en eso.

—Supongo que por formar también parte de su pasado lo ocultó.

—¿Qué más sabe? ¿En qué más es bueno?

—En combate, pero eso ya lo has de suponer. De allí en fuera, no sé qué más decir. ¿Sabes que es ingeniero en aeronáutica?

—Sango me dijo.

—¿También que pilotea varios tipos de naves?

—¿Varios? ¿Qué naves?

—Naves aéreas, desde helicópteros hasta aviones. Sabe navegar en altamar, pero casi no lo ha hecho.

—¿En qué carajos se entrenaba?

—La obsesión le hizo ir a esos extremos, el trabajo no lo exige, tiene expertos en todo.

Respiró profundo, no quería volver a pensar que no conocía a su novio, no quería sentir que Inuyasha era dos personas distintas. Por un lado estaba el chico sencillo que tenía una tienda y sabía carpintería, pesca, reparación... Y por el otro, estaba el joven que era una versión del 007 entrenado en distintos artes de combate.

—Mamá.— le jaló su niño, trayéndola a la realidad.— Ota.— ya tenía toda la ropa sucia.

—¿Quieres más sopa?

—Jam jam.— era el sonido de cuando seguía con hambre.

—Vamos a darte más.


Eran las ocho de la noche cuando llegaron a un hotel en un pequeño pueblo de Italia, después de dos meses de huir, finalmente podrían pasar más tiempo en un sitio. Kagome agradecida eso, quería relajarse y tener una cómoda cama donde dormir, escuchó sin entender nada a Kouga y la señora. Cuando les dieron la llave, subieron a su habitación.

—Hay un diván, tuve suerte.— Kouga estaba aliviado, no quería dormir en el suelo.

—Es una cama muy cómoda ¿Verdad Tadashi?— dijo al tumbarse en el colchón junto a su niño.— ¿De qué tanto hablaban la señora y tú? Tardaron un rato.

—Le preguntaba por algún restaurante, dice que el de la esquina es muy bueno, le encargue algo para comer.

—¡Mamá! Aua.— desde que bajaron del avión, no había bebido nada.

—¿Quieres jugo?

—Yo se lo doy.— Kouga le dio su mamila a Tadashi con jugo de manzana.

—Kouga, gracias por cuidar de nosotros.

El chico desvío su mirada, con cada día que pasaba, le ponía más nervioso las sonrisas de ella.

—¿Quieres bañarte primero?

—Entren ustedes primero, debo revisar el cuarto y en cualquier momento vendrán con la comida.

—No nos tardamos.

...

Kagome se despertó al escuchar el golpe en la madera, era Kouga que no podía acomodarse, giraba en aquel diván. Miró la hora, era la una de la mañana y se acostaron a las diez.

—No puedes dormir, es muy pequeño.

—Estoy bien.— contestó al quedar boca arriba y tapar sus ojos con un brazo.

—Duerme aquí.

—Ya me acomode.

—Ven, también necesitas un mullido colchón que ayude a reposar tus músculos y huesos.— Kouga se giró a verla, dormir en la misma cama, aunque separados por Tadashi, no era buena idea.— No me hagas sentir mal, por nuestra culpa no descansas adecuadamente, además, si estás cansado y tus sentidos no están al cien, no podrías protegernos como se debe.

—De acuerdo.— terminó por aceptar, ella había dicho un buen punto.— Pero si les falta espacio, me dicen.

—Trato.

Estaba jodido, tantas misiones, tantas chicas que cuidó y jamás se enamoró de alguna ¿Por qué debía pasarle con Kagome? La chica no tenía ojos para él, estaba completamente enamorada de Inuyasha, y a él le veía como un amigo llegando a hermano.

Le gustase o no, debía seguir siendo profesional y mantener distancia, algo le decía que la misión no estaba por terminar pronto.


Kagome, gimió el nombre de su novia. El día que finalmente pudo conciliar el sueño, estaba teniendo uno de los mejores sueños protagonizados por su azabache.

Seguían en Shikon, acababan de dormir a su hijo y ahora disfrutaban de un momento para ellos. Se maravillaba con la vista de su novia sobre él, ella usaba una de sus camisas sin abotonar, su cabello alborotado le daba un toque salvaje mientras se movía sobre su cadera. Sin poder esperar más tiempo, le sujetó la cintura y le hizo bajar más, le vio morder su labio y con sus ojos suplicar por ser penetrada, cuando sus sexos chocaron, ambos gimieron al sentirse unidos, se movían en sincronía y cuando estaban en la mejor parte, Kagome se inclinaba dándole un chupetón en el abdomen.

Fue que se despertó de golpe, su Kagome jamás le daba chupetones, le mordía pero no lo otro. Al abrir los ojos, vio a Kikyou a la altura de su abdomen y ya le desabrochaba el cinturón.

—¡¿Qué crees que haces?!— se levantó rápidamente y se acomodó el cinturón.

—Demostrándote que sigues sintiendo algo por mí.— se levantó y caminó hasta el chico.

—No vuelvas a hacerlo de nuevo y no te acerques más.

—Tienes miedo de comprobar lo que te dije, ¿Cuánto ha pasado desde la última vez que tuviste sexo?— haciendo caso omiso a la petición del joven, intentó quitarle de nuevo el cinturón.

—Quita tus manos de allí.— le tomó las manos y guardó distancia.

—Por los viejos tiempos, me lo debes.

—Detente, sigues confundida, te llevó a tu habitación.

Para sorpresa de Inuyasha, Kikyou le siguió sin protestar. Tal vez estaba bajo los efectos de algún medicamento y por eso actuaba de esa manera. Una vez en su cuarto, estaría vigilada. Cuando llegaron al dormitorio, una enfermera acomodaba la cama de Kikyou.

—Saotome ¿En qué puedo ayudarle?

—Vigílela mejor.— dijo al hacer entrar a Kikyou.

—Lo siento mucho, dijo que quería caminar y le permití salir.

—A la próxima vaya con ella.

—¿Podría permanecer aquí mientras voy por Jinenji? Ya le toca su medicamento.

—No tarde.

—Nos quedamos solos.— dijo Kikyou cuando la chica se fue.

—Siéntate.— Inuyasha le hizo tomar asiento en la cama, debía ser paciente con la mujer.

—Ven.— ofreció al ir abriendo su blusa, botón por botón.

—Kikyou, basta.— detuvo lo que hacía y le cerró de nuevo la blusa.— Eso que quieres no pasará.

—Te necesito, todo el día me tienen aquí.— pidió con desesperación.

—Es por tu bien, cuando estés mejor comeremos juntos.

—Ella no se enterará, seguro también tiene sus necesidades y ya tuvo su encuentro con Jumonji. O no le digas nada, yo no diré nada.

—Escúchame, no voy a engañar a la madre de mi hijo.

—Saotome, podrías ayudarla dándole lo que quiere.— Inuyasha se volteó y vio a Asuka acompañada de Kosho.

—¿Qué hacen aquí?

—Su mente necesita estabilidad, tu podrías dársela.— continuo hablando Asuka ignorando la pregunta de Inuyasha.

—¿Se les olvida que tengo prometida?

—Prometiste ayudar a Kikyou.— fue ahora turno de Kosho.

—La voy a ayudar, pero no acostándome con ella.— esperó obtener alguna respuesta, pero esas chicas solo le miraban fijamente, estaba llegando a pensar que era robots.— Ya que están aquí, me voy.

—¿Inuyasha dónde vas?— preguntó Kikyou al detener al chico.

—Soy Rinne, luego vengo a verte, ellas se quedaran contigo.

—Eres Inuyasha, quiero llamarte así.

—Kikyou, aquí mi nombre es Rinne.

—Deberías dejar que te llame Inuyasha.—intervino Kosho.

—Desde lo de Suikotsu no ha podido tener paz, acepta lo que quiere.— pidió Asuka.

—No se metan.— advirtió Inuyasha, comenzaba a perder la paciencia.

—Dejar que te nombre Inuyasha le haría bien, crearían una conex...

—¡Saotome!— interrumpió a Asuka.— ¡Para ustedes y toda la gente de este maldito sitio soy Saotome Rinne! ¡¿Me escucharon?!

—Inuyasha cálmate.— pidió Kikyou.

—¡Aquí mi nombre es Saotome Rinne! ¡Entiéndelo!

—¿Todo bien? ¿Por qué el escandalo?— preguntaron unos agentes que iba de paso.

Inuyasha se dio la vuelta y supo que estaba en problemas.

...

Se quitó el saco y arremangó la camisa, no se había quitado el traje del trabajo, la agencia le había llamado con urgencia a causa de su amigo, el director no estaba y la persona más cercana a Inuyasha era él. Después de una rápida explicación de los hechos ocurridos hace unas horas y de negociaciones, le dieron acceso al cuarto donde tenían a su amigo. Se frotó el puente de la nariz y entró.

Inuyasha estaba esposado a una mesa metálica, las muñecas las tenía rojas seguramente por intentar liberarse. Se sentó frente a él a la espera de que su amigo le mirase y nada.

—¿Me vas a explicar qué hiciste?

—Ya lo sabes, no preguntes.— dijo de mala gana.— ¿Me vas a soltar?— preguntó al mostrar las esposas.

—Quiero saber tu versión.

—Kikyou fue a mi dormitorio intento que durmiese con ella, me negué, la lleve a su habitación, llegaron Asuka y Kosho intentaron convencerme de dormir con Kikyou y dejar que me nombre por mi nombre real, me negué, insistieron e insistieron, perdí la paciencia, grité furioso, pasaron otros agentes, llamaron por apoyo y me encerraron aquí.

—¿No agrediste físicamente a nadie?

—Solo cuando me traían aquí.— Miroku suspiró, lo único que le habían omitido fue la visita y "acoso" de las muchachas.— ¿Me sueltas?

—Antes te diré algo, te quieren sacar del caso.

—¡¿Qué mierda dices?!

—Dicen que estás muy violento, no piensas con claridad, eres un peligro para los que te rodean y ya lo hiciste personal.

—¿Qué ya lo hice personal?— se levantó de golpe, haciendo que su silla cayera.— ¡Hijos de perra! ¡Siempre fue personal y se volvió más en el momento que me obligaron a volver!— reclamaba al espejo frente a él, sabía que le veían.

—Estoy de tu lado, he estado la última hora convenciéndolos de que puedes seguir.

—¡Claro que puedo seguir! No me hubiera alterado de no ser por esas amigas de Kikyou y por ella misma. Se suponía que le ayudarían en las terapias y al parecer no funcionan.

—Siéntate.— ofreció al levantar la silla.— Tienes que controlarte o de lo contrario te asignaran a otro caso y…

—Así que ahora quieren asignarme a otro lugar, quiero ver que lo intenten.— retó.

—¿Qué te dije de calmarte?

—¿Cómo quieres que me calme? ¡Primero no aceptan una negativa y me traen a la fuerza, luego hacen que ponga en peligro a mi familia, que deba dejarlos ya dos veces y no sepa en qué jodido lugar están!— diecisiete meses habían pasado desde que les había tenido en entre sus brazos, su niño en cuatro meses más cumpliría dos años.— ¡Ahora me quieren dejar fuera del caso porque estoy perdiendo el control! ¡Eso debieron pensarlo antes de traerme! ¡Quiero hablar con Baker!

—No ha regresado, otros están al mando.

Golpes en el vidrio llamaron la atención de los dos amigos, esa era una señal para Miroku, querían hablar con él.

—Voy a ver que quieren, intenta calmarte.

Al salir, los hombres que fueron por él le esperaban en el pasillo, tenían mala cara.

—No estas ayudando.

—Si me permite agente superior Renkotsu.— dijo Miroku con enfado, ese hombre calvo le ponía mal, desde que le vio le dio un mal presentimiento.— El hombre tiene razón, todo esto es por su culpa, él ya no tenía nada que ver con este lugar.

—Pone en riesgo a los otros agentes, lo mandaremos a aislamiento hasta que entre en razón.

—No pueden sin una orden del director.

—¿Lo vez aquí? No está, en su ausencia el siguiente al mando soy yo, para cuando Baker regrese ya tendré la orden de arriba.

—Déjenme intentar algo más, y antes de que hagan algo precipitado, deben darme 48 horas para vigilarlo y registrar su progreso.

—Eso solo es para los agentes que tienen problemas por shock.

—Los tiene.— interrumpió Jinenji, Miroku quiso abrazarlo, llegó justo a tiempo.— Como saben, usó un suero en prueba y su mente se adapta a los efectos secundarios.

—Eso ya quedó resuelto, ya fue dado de alta.

—No he dado mi diagnostico por terminado, sigue abierto.— con esas palabras Renkotsu les dirigió una mirada de desprecio.

—38 horas, no más.

—Deben ser 48.— dijo Miroku.

—Está en esa habitación desde hace 10 horas, les advierto que a la mínima muestra de furia, le suspendemos.

Miroku terminó aceptando, tomó las llaves de las esposas y entró nuevamente por Inuyasha.

—¿Qué querían?

—Escúchame con atención.— dijo al ponerlo de cara contra la mesa, debía poner mano dura con el chico.— Quienes están a cargo te quieren suspendido, te conseguí 38 horas a prueba, pero a la minina alteración el trato acaba y te encerraran. Te vas a calmar y controlaras ese maldito genio que te cargas o de lo contrario, pasarás un tiempo en aislamiento indefinidamente y no podrás seguir buscando a Naraku ¿Entendiste?

—Entendí.— contestó con dificultad, ese Miroku apenas le dejaba respirar.

—Ya comprendió, no les causara más problemas.— habló Miroku al aire para que los del otro lado le escuchasen.

Ojalá Baker llegase a tiempo y mandara a esos tipos de regreso por donde vinieron.


Las gotas de lluvia golpeaban en el parabrisas del automóvil y Kouga continuaba conduciendo en busca de una dirección, hasta ahora no le había dicho a Kagome donde iban. Primero quería encontrar el lugar.

Después de Italia, Alemania y Portugal, viajaron a Inglaterra, todo eso en tres meses. Kagome ya comenzaba a desesperarse, no sabía de Inuyasha y a ese paso que iban, terminarían recorriendo todo el globo y tal vez Naraku seguiría suelto.

—¿Qué buscas? Tadashi no tarda en despertar y querer comer.

—No te preocupes hemos llegado.

—¿Qué es este lugar?— preguntó al ver aquella casa a dos aguas, de ladrillo café, grandes ventanas blancas y matorral como barda.

—Es la casa del medio hermano de Inuyasha.

—Espera ¿Qué?

—¿No sabías que tenía uno?

—¡Claro que sí! Pero no que siguiesen en contacto.

—No lo hacen.

—¿Entonces a qué venimos?

—Es militar, tiene un alto rango y está aquí por una asignación. Miroku cree que nos puede ayudar.

—¿Y piensas llegar a decirle: "Hola, no nos conoces pero somos familia de tu hermano, hermano que no ves hace muchos años. Un asesino serial nos persigue ¿Nos das asilo?, no tenemos donde más ir"? Según sé, no tenían una buena relación ¿Por qué nos va a querer ayudar?

—Miroku debió tener una buena razón para sugerirlo, y dadas las circunstancias, era esto o seguir viajando sin descanso, también pensé en irnos a algún poblado en Escocia o Alaska.

—¿Alaska? ¿Quieres vivir en la nieve?

—Estamos solos, debemos alejarnos de las grandes ciudades.

—Intentémoslo.

—Mira, dejó de llover, bajemos.

Kagome tomó a su bebé y cruzó la calle con Kouga, subieron las escaleras y tocaron el timbre, lo hicieron tres veces, nadie atendió.

—Tal vez salió o no ha llegado.

—O ya no vive aquí.— dijo Kagome.

—Busquemos un Hotel y volvamos más tarde.

—Hello, Can I help you?— preguntó una mujer castaña que llevaba de la mano a un niño de tres años y una niña de cinco, ambos pequeños usaban sombrero para la lluvia.

—Hi, We are looking for General Takahashi Sesshoumaru.

—Son japoneses.— dijo la chica al reconocer el acento, no había necesidad del inglés.

—Así es.

—Mi esposo no está, ¿Para qué le buscan?

—Necesitamos su ayuda.

—Mami.— habló la pequeña.

—¿Qué pasa?

—El niño, tiene los ojos como nosotros.— señaló al pequeño que cargaba la otra mujer.

Cuando los otros niños levantaron la cara, Kagome se fijo que tenían los ojos miel, luego miró a Tadashi que ya estaba despierto y observaba curioso a los niños. Su recién descubierta cuñada observó a los tres infantes, se parecían mucho.

—¿Quiénes son?— preguntó con algo de desconfianza, ¡Que no le dijesen que ese niño era hijo de su esposo! Porque de ser así ¡Castraba a Sesshoumaru!

—Soy Kagome y el hermano de su esposo, es mi esposo, este pequeño es...

—¡Mi sobrino!— gritó emocionada, se acercó al pequeño para verlo mejor y este se aferró a su madre.

—¿A qué hora podemos encontrar al General?— preguntó Kouga.

—Pasen, les invitaré algo de comer, por cierto, mi nombre es Rin.


05/04/2017

¡Hola! Perdonar la demora, pero primero mis errores de continuidad que debí corregir y luego me entretuve viendo series XD.

Espero les gustase, intentaré no tardar tanto para los próximos.


Vocho: Beetle.

Ranko: Por el nombre que se pone Ranma al ser mujer y estar frente a su madre.

Masato: Por el demonio enemigo de Rinne.