Summary: El compartir la habitación con otra persona puede ser un poco problemático... Sobre todo si es del género opuesto, tiene un humor de los mil demonios y ama a los conejos.
Disclaimer: Los personajes de Bleach son enteramente propiedad de Tite Kubo. Yo soy tan sólo una fanática loca que intenta emparejar por todos los medios a Ichigo y Rukia para su satisfacción.
Notas de la autora: El título del capítulo viene del segundo tomo de Bleach. Chicos, espero que comprendan este capítulo y no terminen hechos una turba furiosa con antorchas fuera de mi casa.
-Compañeros de piso-
Capítulo XV:
Hasta luego, periquito
Los tratamientos ya no obtenían respuesta. Luego de un breve periodo de remisión, su estado general se encontraba en un punto crítico. Los médicos eran muy claros con el diagnóstico: la medicina moderna había llegado a su límite. Ya no había nada humanamente posible que hacer, más que esperar a lo inevitable. Todos los recursos estaban agotados, su cuerpo ya no resistiría más. Aunque sonara tan terrible, ella les agradecía su sinceridad. Prefería que no le ocultaran nada y fueran directos, puesto que lo sentía dentro de sí. Sabía perfectamente que el tiempo se le terminaba, minuto tras minuto. El dolor parecía no disminuir nunca, solo aumentar. Ante su situación, le permitieron elegir entre continuar con su tratamiento en el hospital, sufriendo los numerosos efectos secundarios que éste desencadenaban en su organismo y esperar a una milagrosa recuperación; o simplemente marcharse a su casa y descansar. Ella se decidió por la segunda opción. Solo deseaba hacerle las cosas más sencillas a su pequeña Rukia y ayudarla a comprender su próxima transición. Anhelaba dormir en su propia cama, lejos de ese tedioso y feo hospital, que tanto espantaba a su hija. Jugar con ella y mimarla todo el tiempo que pudiera. Aunque su hermano no estuvo de acuerdo y se negó inmediatamente. Como toda su enfermedad. Él no aceptaba que tarde o temprano moriría. Insistía en seguir buscando otros médicos, viajar por el mundo en busca de alguna cura, pero ella ya no sentía las fuerzas necesarias para luchar. Respetó su elección, hasta que los médicos le explicaron que daba lo mismo si ella se quedaba o no, nada podría empeorar su condición.
—Byakuya-sama —le nombró con respeto— Byakuya-sama… Moriré.
Y con esas simples palabras, el joven Byakuya Kuchiki sintió el miedo paralizante por primera vez en su vida.
—No digas eso… Es solo otra crisis —explicó entrecortado— Podrás superarla, como todas las demás. No te rindas. Por favor… —le suplicó apenas audible, ocultando el rostro entre su regazo. Deseaba tanto poder decir algo más, transmitirle lo mucho le necesitaba, que no se resignara, pero el nudo en su garganta no quiso cooperar.
Él no podía dejarle ir.
Ella acarició tiernamente sus cabellos.
—Pensé que tendría un poco más de tiempo, pero ha llegado mi hora —expresó con melancolía— Cuida de Rukia, por favor —susurró débil— y jamás le cuentes la verdad… pues no merezco ese honor —dejó caer una lágrima— Adóptala como hermana y ámala como me amaste a mí… A tu lado, mi vida se convirtió en un sueño maravilloso —esbozó una triste sonrisa— Lo siento, Byakuya-sama. Siempre estaré arrepentida por no ser capaz de amarte en la misma medida en que tú lo hiciste…
Cuando él intentó replicar y hacerla entrar en razón, Hisana ya había partido.
—Papi —no sabía cuánto tiempo llevaría Rukia ahí. Sostenía de la mano al conejo que Hisana le había regalado por su cumpleaños— ¿Por qué mamá está dormida? ¡Prometió que jugaríamos!
—Recuerdas… —un sollozo amenazaba en salir de su boca, pero logró guardar la compostura. Se lo debía a Hisana— ¿Recuerdas… el momento del que tanto hablamos?
Ella asintió.
—¿Mami se ha ido al cielo?
—Sí —respondió, poniéndose de pie— ella ha muerto —Rukia tenía los mismos ojos violáceos de Hisana. De un momento a otro, su mirada pareció envejecer muchos años. Se sintió realmente abrumado. Su reacción era muy distinta a la que tendría una niña normal, de apenas tres años. Byakuya por fin pudo asegurar sus sospechas de que Rukia había heredado su carácter y se lamentó de veras. Hubiera sido mejor que Rukia poseyera la misma personalidad cálida y amable de su madre. Aunque al ser iguales, Rukia le facilitaba la tarea. Solo así sería capaz de llevar a cabo la última voluntad de Hisana, pues Rukia podría resistirlo— Y de ahora en adelante, no me volverás a llamar Papá.
—¿Ya no me quieres, papi? —Inquirió muy triste, abrazando su pierna derecha. Incluso para ella, era demasiado— ¿Me he portado mal? —Esperó que le respondiera, pero él continuó con su máscara de frialdad— ¡Prometo que seré la mejor niña del mundo, si me vuelves a querer!
De un instante a otro, el mundo como lo había concebido, se había esfumado. Era una carga demasiado dura para él. Su voluntad comenzaba a flaquear. No podía hacerle eso a Rukia… ¿La dejaría huérfana por segunda vez? ¡La dañaría de por vida! Sin embargo, después recordó que era una criatura inocente, que no merecía pagar por los pecados de otras personas... Debía alejarse de ella. La mantendría lejos de toda culpa y le dejaría vivir libre, a su llegado momento. La protegería de cualquier peligro o mal, sin importar absolutamente nada. Le quería tanto, que estaba dispuesto a renunciar a ella. A dejar que le odiara, por todas las cosas horribles que estaba por hacer.
—¡Vete! —Vociferó el hombre de cabellos negros— ¡No vuelvas a tocarme!
Rukia obedeció sin rechistar y se marchó a su habitación, como un gatito herido.
Tener su apoyo era aterradoramente tranquilizador. Ni por un segundo, se le cruzó por la mente que Ichigo no le abandonaría. Es decir, si todos huían de ella ¿Qué tendría de diferente esa ocasión? ¿Por qué él no lo haría? Sin embargo, sus suposiciones fueron erradas y se sentía realmente bien de ello. Durante la breve conversación que sostuvieron en la agencia, él no le echó la culpa ni le reprochó su descuido. Simplemente tomó la parte que le correspondía. No buscó causas, solo soluciones.
Esa noche se abstuvo de fumar o probar una sola gota de alcohol. Quizás su vientre no estaba tan seco del todo… y debería ser más cuidadosa consigo misma. Se limitó a introducir su cuerpo en la tibia agua de su bañera y durar horas sumergida en ella. Aquella terapia no era tan efectiva como sus habituales remedios, pero logró alejar de su cabeza a los malos pensamientos. Se metió desnuda entre las sábanas de su amplia cama y concilió rápidamente el sueño.
Esa era la primera noche completa que dormía en semanas.
Por mutuo acuerdo, decidieron ir a un laboratorio. Aquella mañana era fría y el cielo se encontraba completamente cerrado. A pesar de que gran parte de su vida la había pasado metido en una clínica, Ichigo se sintió muy incómodo en aquel lugar. Empezó a hojear distraídamente una revista del montón. Todos los artículos estaban relacionados con temas de la salud y descuentos en de los diferentes hospitales de la ciudad.
Las paredes grisáceas de la sala de espera no ayudaban mucho a su ánimo.
En cuanto le pidieron a Nelliel que entrara al cubículo de toma de muestras, sintió como se le formaba un grueso nudo en el estómago. La fuerza abandonó sus piernas, ¡ni siquiera podía avanzar! Ichigo la miraba atónito, pero le importó una mierda. Las agujas le ponían nerviosa ¿Y qué? Podría parecer estúpido, pero les temía de una manera irracional. Cuando la recepcionista le apremió con la mirada, obligó a sus piernas a reaccionar y se condujo lentamente por el pasillo.
—Buenos días —le saludó un hombre, que rondaba los sesenta años. Vestía una bata de inmaculado blanco, que contrastaba con la parte visible de una camisa negra. Dirigió su atención a una hoja— ¿Nelliel Tu Odels…? —dejó la frase inconclusa, consciente de que no sería capaz de pronunciarlo correctamente. Ella asintió resignada— Tome asiento y descubra su brazo izquierdo.
Su espalda se cubrió de una fina capa de sudor.
—Hágalo rápido… por favor —le suplicó acongojada. El hombre le dedicó una leve sonrisa e hizo su trabajo. Ella no despegó su mirada ni por un solo segundo del techo. De no ser por la cálida voz de su torturador, que aseguraba que todo estaría bien y que solo sería cuestión de segundos, quizás se hubiera desmayado. Cuando menos se lo esperó, sus hábiles manos ya habían terminado con la venopunción.
—Sus resultados estarán listos al mediodía.
Ichigo tomó el metro de regreso al departamento. El cielo nublado parecía el preludio de la catástrofe. Moralmente, estaba más que jodido. Nunca se había sentido tan mal en su vida. Bueno, quizás cuando falleció su madre, pero había sucedido hacía tanto tiempo y siendo apenas un niño, que ni siquiera lo recordaba. Cuando pensaba en la muerte de su madre, solía describirla como una sucesión de imágenes sin sentido, como en una mala pesadilla. Acomodada de tal forma, que realmente creía que jamás ocurrió. Parecía como si hubiera pasado en otra vida, muy lejana a la actual.
Ahora solo era capaz de pensar en las palabras de Rukia, dichas la noche anterior y todas las anteriores a esa.
Cada una de ellas se clavaba en su mente, en su corazón y le herían como afiladas navajas. Aunque no se sentía molesto con Rukia. En absoluto. Se sentía verdaderamente cabreado consigo mismo. Por permitir que la situación diera semejante giro. Porque si tan solo se hubiera amarrado los cojones desde un principio y le hubiera dicho "Me gustas", quizás hubieran tenido un verdadero futuro: ¿Quién dice que no estarían saliendo? ¿Qué su mirada no se iluminaría cada vez que lo viera? ¿Qué ella le permitiría darle un beso en la mejilla y tomarla de la mano cuando pasearan? ¿Qué comerían palomitas, viendo recostados una película? ¿Quién jodidos dice que no podrían haber terminado casándose y teniendo hijos?
Veamos hasta donde llegamos este año, Ichigo.
Pues gracias a él, no llegarían a ningún lado.
El portazo que dio Rukia le regresó a la realidad. El tiempo se le terminaba y debía tomar una decisión: ¿Iría tras ella o le dejaría en paz? Los segundos se escurrían de sus manos como el agua y su mente se negaba a razonar correctamente. Solo era capaz de concentrarse en la fuerte lluvia que caía tras su ventana... ¿De verdad le permitiría a Rukia irse tan fácil de su vida? No, no podía. Entonces salió disparado hacia las escaleras. Estuvo a punto de caer un par de veces, pero recuperó el equilibrio. Esquivó a duras penas a varios vecinos que le impedían el paso, pero finalmente, llegó al vestíbulo. Y justo a tiempo, pues el coche seguía ahí. Lo único que le separaba de ella era la puerta principal del edificio. Pero no la cruzó. No tenía ningún argumento a favor. Se dio cuenta de ello en cuanto posó su mano sobre la perilla: ¿Sería tan egoísta? ¿Qué demonios podría decirle? ¿Qué se arrepentía? ¿Qué la amaba?
Por más que la quisiese, no era suficiente.
El taxista terminó de subir el equipaje de Rukia a la cajuela. Ella se acomodó en el asiento trasero. Él permaneció oculto, consciente de que sería la última vez que la vería en su vida. La atención de Rukia estaba localizada en un par de automóviles que pasaban por la calle. De pronto, dirigió bruscamente la mirada hacia la puerta del edificio. Por un momento, creyó ser descubierto, hasta que ella perdió el interés y fijó su mirada en el último piso. El piso donde se encontraba el departamento número quince. Por fin el auto empezó su andar y él se quedó en el vestíbulo hasta que la perdió de vista.
Subió derrotado por las escaleras.
El departamento parecía más vacío que nunca.
En la sala no encontró ningún suéter de Rukia. Al llegar del trabajo, ella siempre lanzaba su suéter en turno al sofá más cercano. Cada día arrojaba uno diferente. Para el viernes, el sillón más pequeño era una verdadera montaña de ropa. Hasta el sábado ella se dignaba a doblar todas sus prendas y acomodarlas en su sitio correcto (nunca comprendió esa maña suya… Podría habérsela evitado).
En la mesita de centro no quedaba ni un solo manga. Extrañamente, Rukia adoraba leer mangas. De todo género, había que resaltar. Desde las típicas comedias románticas, hasta ciencia ficción. Siempre le observó con genuina curiosidad (él ni siquiera había terminado de leer Dragon Ball y ella se devoraba cualquier Shōnen (1) que llegara a sus manos). Además de su colección de Chappy El Conejo, la cantidad de mangas que ella atesoraba podría comparársele como la de cualquier crío friki del centro de Akihabara (2). La mesita se veía extraña, sin estar totalmente ocupada por los tomos que la morena leía vorazmente, después de cenar.
La nevera parecía desnuda sin todos los imanes que Rukia había colgado con el paso del tiempo: el que tenía el número de la cafetería que acostumbraban visitar, el del restaurante donde ella trabajaba, el del supermercado y la lavandería de la esquina, los estúpidos conejos con sonrisas felices, las florecillas de colores, mariposas con elaborados diseños y los extraños pepinillos con sombrero. Todos ellos se había ido, junto con su dueña.
Un momento… ¡Aún quedaba algo!
Restregó sus ojos, para ver si no era una mala pasada de su imaginación. Entonces supo que no. Prendida a un sencillo imán, había un pedazo de papel ¿Así que le había dejado una última Rukia-nota? Sí. Aquella hoja rosada y decorada con conejos solamente podía ser suya.
Cuando por fin terminó de leer, ya no pudo contenerse más… y lloró.
Idiota:
Si nos llegamos a encontrar de nuevo, por favor, no me hables. Si vamos caminando por la misma acera, ni se te ocurra mirarme. Elimina mi número telefónico de tu lista. Si alguien te pregunta por mí, jamás nos hemos conocido. Elimina todo el tiempo que pasamos juntos de tu memoria, yo también lo haré. Sé buen chico... Seguro Isshin-san estará muy feliz. No lo arruines con tu jodido humor, déjalo ser. Más te vale no estar tan loco como tu padre, pero ojalá seas tan bueno como él. Con tan sólo mirarte, me doy cuenta lo mucho que él te ama y también a tus hermanas. ¡Cómprale un Chappy a tu bebé en cuanto nazca! Estoy segura que serás un gran padre.
Te deseo la mejor de las suertes.
P.S. Sonríe más seguido, no te ves tan mal.
Atentamente:
Rukia K.
Cuando el conductor le preguntó su destino, se limitó a decir "lejos". El hombre le observó desconcertado por el retrovisor, pero no volvió hablar. Si pensó que estaba loca, se lo reservó para si mismo. Giró la llave y el automóvil empezó a moverse. El taxi se enfiló por diferentes avenidas. El chofer doblaba calles a diestra y siniestra, en espera a que ella por fin se decidiera por algún sitio real a donde llegar. Ni por los sollozos más fuertes él se dejó inmutar. Incluso el cabrón le subía más a la radio, para ignorar el ruido que la ojiazul emitía. Seguro que para él era muy común ver a chicas llorando desconsoladamente en el asiento trasero, pensó Rukia con sarcasmo. Sin embargo, perdió el pudor y no le importó que él presenciara su ridícula escena de amante dolida. Total, jamás se lo volvería a encontrar en su miserable vida.
Se dejó caer sobre la cama. Sonidos que anunciaban el placer de otros inquilinos atravesaban las paredes. No se refugió en la casa de Orihime, como hubiera hecho de antaño. Prefirió quedarse en un Hotel del Amor (3) de poca monta y desvencijado, que conocía de tiempo atrás. Pagó por adelantado cuatro noches. Ya en la habitación, se río durante un buen rato… ¡Se suponía que uno iba a esa clase de sitios con compañía, a tener sexo desenfrenado! ¡Y ella que planeaba alojarse ahí por varios días, sola como un perro y deprimida hasta el carajo! Probablemente, ya estaba perdiendo la razón. Sí, eso debía ser. Tanta decepción amorosa ya estaba a punto de terminar con la poca cordura que le quedaba.
Luego de un rato lleno de lamentaciones, por fin notó la ausencia de Kon. No lo había visto desde… bueno, ya saben, cuando… ¡Mierda! ¡Ni siquiera lo recordaba! ¿Y si el saco de pulgas andaba por ahí, perdido entre las calles mojadas? No lo pensó dos veces. Salió sin ninguna clase de protección contra la lluvia y recorrió las manzanas aledañas al edificio. Preguntó a las escasas personas que se atrevieron a caminar por las aceras hechas un verdadero río, pero ninguna supo darle razón de Kon. Su búsqueda fue infructuosa. Pensó en volver a examinar por los callejones, pero descubrió que tenía un montón de llamadas perdidas. Estaba tan empecinado en encontrar al estúpido de Kon, que ni siquiera había escuchado al timbre de su móvil. Todas las llamadas eran de Nell. Había olvidado que los resultados de la prueba de embarazo estarían listos al mediodía. Ya eran pasadas las cuatro. El frío comenzaba a calarle hasta los huesos, pero decidió que era hora de saber la verdad.
Se sentía realmente molesta. Esperó en el laboratorio por horas e Ichigo jamás llegó… ¡Odiaba que la gente le dejara plantada! Observó la hora en su reloj de pulsera y vio que las manecillas marcaban las seis con quince minutos ¡Al carajo Ichigo Kurosaki! Ella abriría los resultados. Rebuscó en su bolso, hasta que dio con él. Justo en el momento que rompería la orilla del sobre, sonó el timbre. Pensó en no abrir y castigar a Ichigo… pero no tuvo el corazón para hacerlo.
—Lo siento —murmuró el ojimiel, mojado de pies a cabeza— Tuve unos inconvenientes.
—No hay problema —respondió más tranquila— ¡Pero mira cómo estás! Entra y quítate esa ropa, que terminarás enfermándote —Ambos permanecieron en total silencio. Ichigo se resistió durante unos minutos, pero finalmente obedeció y se desvistió. Quizás ya era tarde para sentir vergüenza, por todo lo que habían vivido, pero los dos se comportaron muy tímidamente. Tanto, que Nelliel lo dejó a solas y le entregó una frazada. Después tomó su ropa y la metió en la secadora. Parecía que deseaban postergar a la verdad— Ve tú primero —le ordenó finalmente. Su rostro había perdido todo el color. Le entregó el pequeño sobre que sostenía sobre sus manos. Ese pedazo de papel que cambiaría el resto de sus vidas. Intentó tranquilizarse, pero fue en vano. Las manos le temblaban suavemente, sin poder remediarlo.
Ichigo tragó saliva.
—Creo… que deberías abrirlo tú —musitó lentamente, fingiendo calma, aunque por dentro era un torbellino de emociones, inquietudes y temores. La peli- verde esbozó una tenue sonrisa. Sin darse cuenta, las piernas del ojimiel habían cobrado vida.
—¿Nervioso? —inquirió burlonamente.
—¡Claro que no! —exclamó Ichigo, cruzándose de brazos. La tensión pareció esfumarse un poco: él fue capaz de sonreír y ella de emitir una risita— Es hora. Hagámoslo los dos —expresó con franca seguridad.
Incluso en un momento como ese, se sentía atraída por él hasta los tuétanos.
Quizás había jurado y perjurado que jamás tendría hijos, pero una pequeña partecita, muy profunda de su ser, deseaba con todas sus fuerzas que Ichigo Kurosaki fuera padre. Porque sí él era padre, por consiguiente, ella sería la mujer que le regalaría la máxima prueba de amor desde sus entrañas. Nelliel no se veía como un ama de casa; al contrario, era un alma errante, con miles de historias pendientes por escribir. En sus veintiséis años, nada le había detenido. Ni siquiera Grimmjow Jaegerjaquez. Sin embargo, Ichigo era especial. Él le hacía considerar que el mundo no estaba tan lleno de mierda y que era un buen sitio. Un buen sitio para criar y cuidar niños. No todo era sufrimiento e hipocresía. Aún existía la bondad.
Tal vez estaba a tiempo de cambiar su estilo de vida, antes de que la fama y el dinero le llevaran a la perdición y a la soledad.
Nell se concentró en la lectura:
—Positivo.
Aunque a ninguno de los dos le sorprendió con el resultado.
El ojimiel se atrevió a terminar con el mutismo; era la primera vez que hablaba, sabiendo a ciencia cierta que sería padre.
—Intentémoslo.
—¿Qué? —preguntó confundida.
—Hay que intentarlo.
—¿Intentar qué?
—Nosotros… deberíamos casarnos.
El corazón de Nelliel latió con fuerza.
Acaso… ¿Ichigo por fin sentiría algo por ella?
—¿Estás hablando en serio?
—Sí, totalmente —respondió grave— Ya sabes, nuestro hijo —guardó una pausa. Luego esbozó una pequeña sonrisa, inconscientemente— o hija necesita una familia. Yo quiero que el bebé crezca en un ambiente saludable, como en el que crecí.
—Ah…
Quizás hubiera resultado más benigno para la dignidad de Nelliel, que Ichigo le dijera que era una especie de incubadora humana, a que solo deseaba casarse con ella porque deseaba que la dichosa criatura no tuviera traumas infantiles. Últimamente, se sentía muy extraña. Lo que antes le hubiera resultado inofensivo, ahora le lastimaba a muerte. Debía controlarse o terminaría hecha un mar de lágrimas. Solo tenía que esperar un par de minutos, para que Ichigo se marchara.
Se sentía tan infeliz, que solo anhelaba desaparecer rápidamente sobre la faz de la tierra.
—¿Qué pasa? —Preguntó Ichigo desconcertado— ¿No estás de acuerdo?
¡Sí que había sido estúpida!
Ichigo no la amaba, ni la amaría jamás.
—Estás precipitándote demasiado —comentó ofendida— Aunque yo esté embarazada, no significa que lo quiera estar… Es mi cuerpo y es completamente válido que decida continuar o detenerme…
—¡No puedes decir eso! —Exclamó el ojimiel enérgicamente, comprendiendo el mensaje implícito de sus palabras— ¡Es egoísta! Es tu cuerpo, pero una parte de ti es mía… Yo también tengo derecho a decidir el futuro de mi hijo.
—¡Entonces cambiemos! —Vociferó fuera de sí, empujándolo— ¡Tú pasas por todo esto y yo solo me rascaré los cojones! —Abrió la puerta y lo sacó, con una fuerza inexplicable. Luego dio un portazo y puso la cerradura para que él no pudiera entrar.
—¡Nell! —Le nombró Ichigo desde el exterior, pateando la puerta— ¡Hablemos!
Se dejó caer en un rincón y se abrazó a sí misma. La conexión entre la peli-verde y el mundo se perdió en ese instante. De pronto, los gritos de Ichigo enmudecieron y sus propios sollozos terminaron. Viejos recuerdos comenzaron a fluir por su mente. Recuerdos de la época más dolorosa de su vida…
Ese no era su primer embarazo.
Conoció a Grimmjow Jaegerjaquez uno o dos meses después de su entrada a la academia de modelaje. Él estudiaba actuación en su mismo edificio, pero en el último piso. Como no tenía ni una sola amistad en todo el grupo o en los demás, Nelliel siempre se escondía en los descansos en la azotea. Nadie le molestaba ahí y era libre de hacer lo que quisiera, como fumar, por ejemplo. Sus clases —y su vida en general— transcurrían en una serie monótona. El único hecho destacable era su próximo cumpleaños, que conmemoraría a sus primeras quince primaveras.
Hasta ese día, que se lo encontró.
Llamó su atención desde el primer segundo. Era chico muy guapo, de esos que es imposible que pasen inadvertidos. Simplemente, no podía despegar su mirada de él. Sin embargo, él ni se inmutó por su presencia. Y no lo culpaba. Ella era muy poca cosa, comparada con las demás. No intentó acercarse, porque no le vio ninguna razón válida. Él solo le observó de reojo, por curiosidad, mientras se marchaba y continuó fumando. Así pasaron muchos descansos. Nell en una esquina, él en otra y ambos observando el cielo. De vez en cuando, se miraban a hurtadillas. Cada día, se encontraban puntualmente sin ninguna clase de acuerdo verbal. Y hubieran continuado de esta manera, de no ser por la iniciativa del muchacho.
Pasó, casi un año después de su primer encuentro:
—¿Me regalas un cigarrillo? —le pidió el muchacho de ojos azules. Ella permaneció en silencio y rebuscó en su bolso. En su cajetilla aún quedaban seis. Le entregó uno y él lo encendió rápidamente. Dio una profunda calada— Gracias —murmuró con una sonrisa felina, luego de soltar el humo— Te lo agradezco, porque estaba a punto de volverme loco. Aunque eres demasiado joven para estas mierdas… —Nell continuó sin hablar— Vamos, ¿el gato se comió tu lengua? —Comenzó a reír burlonamente— Ahora veo porque no tienes amigas y tienes que subir aquí.
—¡A ti que te importa! —Vociferó Nell con el rostro enrojecido— ¡Lo dice el señor que también viene aquí todos los días!
El chico soltó una punzante carcajada.
—Bien, vamos progresando. Ahora sé que sí hablas, linda.
Ella se sentía cada vez más molesta.
—¡Yo prefería cuando tú no lo hacías!
—Vale, vale —repitió en tono conciliador— Era una pequeña bromita. Vengo en son de paz —ella relajó su expresión facial— Y respecto a lo que dijiste, no subo aquí porque no tenga con quien hablar. Lo hago para que nadie me acose. Todo era perfecto, hasta que tú llegaste.
—¿Entonces quieres que me vaya?
Él negó con la cabeza y se acomodó a su lado en el suelo.
—No, está bien. No me molestas. Incluso, hablaré contigo. Así haré mi obra de caridad del día.
—¿Y quién carajo dijo que te escucharía?
—No deberías hablarle así a tus hermanos mayores —desordenó sus cabellos, haciéndola enojar todavía más— ¿Y cómo se llama mi nueva hermana menor?
Lejos de lo que creían, ambos tenían muchas cosas en común. Sus personalidades, hasta cierto punto, eran muy parecidas. Su amistad era un constante vaivén, pero se divertían bastante. Nelliel se ganó más enemistades con las chicas de su academia. Cada vez estaba más guapa y la envidia les corroía por dentro. Además, todas creían que salía con Grimmjow… Aunque no pasó mucho tiempo para que fuera cierto. A su singular modo, iniciaron una relación amorosa. Compartían un vínculo muy fuerte, un grado de intimidad muy alto. Grimmjow le contaba sus problemas y aspiraciones, cosas que jamás les decía a los demás. Igual, Nelliel no le guardaba ningún secreto. Juntos, se burlaban de todo, su familia, las personas que le rodeaban, sus temores y se refugiaban de la cruel realidad.
Sus inocentes jugueteos comenzaron a subir de tono. Ella estaba dispuesta a pasar a otro nivel, él no tanto. Ya saben, era mayor de edad. Pero también existía otro motivo oculto: sentía mucho miedo de que Nelliel lo rechazara. Su personalidad no era cierta del todo. Muy en el fondo, seguía siendo un pequeño niño desprotegido y deseoso de amor. Grimmjow provenía de una familia problemática: su padre era alcohólico y golpeaba a su madre cada vez que se le antojaba, al igual que él. Su infancia fue muy dura. Y para el colmo de los males, cuando él tenía siete, su madre terminó por cansarse de los maltratos y los abandonó. No le interesaba que dejara a su padre, pero ¿Y él? ¿Cómo fue capaz de dormir por las noches, sabiendo que su hijo se quedaba con una bestia? Eso le marcó para siempre. Gracias a ella, las mujeres pasaron a ser la peor escoria del mundo. Ya no sentiría respeto hacia ninguna, ni siquiera a la que le trajo al mundo. Jugaría con ellas y no sentiría ningún remordimiento. Pensaba hacer eso con todas, hasta que conoció a Nelliel. Ella era distinta. Nell le proporcionaba algo muy parecido a la felicidad. Por ello, no deseaba perderla o lastimarla.
Notas:
(1) Es la categoría del manga y anime dirigida especialmente a los varones jóvenes aproximadamente de catorce a dieciocho años. Los animes y mangas shōnen típicamente se caracteriza por ser series con grandes dosis de acción, a menudo situaciones humorísticas con protagonistas masculinos.
(2) Es una zona famosa por ser la meca para la cultura otaku de Japón.
(3) Es un tipo de hotel típico de Japón que ofrece privacidad y discreción para una pareja que desee tener relaciones sexuales.
Señoritos, si repruebo, será por su culpa AAAJAJAJAJAJAJAJAJAJA Broma (aunque si tengo bastantes cosas que hacer, pero heme aquí). Por fin la inspiración regresa a cuentagotas. Estoy en las dos semanas más pesadas —finales— de mi semestre. Salgo de vacaciones el primero de junio y tendré mucho tiempo libre. Aunque tengo que buscar empleo. Mándeme dinero a una cuenta y prometo actualizar pronto (?) He dejado muchas solicitudes, pero a nadie le interesa una estudiante sin ninguna experiencia laboral. Tendré que prostituirme (?) Ok, no tanto así. Mi mamá dice que debo dejar de ser tan exagerada.
Por fin pude hacer mi parte favorita —llora de la emoción— El próximo capítulo está escrito en un cincuenta por cierto. ¿Les gustarían actualizaciones rápidas y cortas cada dos semanas? ¿O largas cada tres o cuatro? (Y ustedes así de, mentirosa, siempre actualizas un mes y medio o dos después). Bueno, mejor los sorprenderé.
¡Ya cumplimos el primer añito!
Yo ni siquiera me había dado cuenta. Los amo, los amo, los amo ¿Quién los ama, pequeñines? ¡Pues yo! Gracias por todos sus reviews tan sexys que me alegran el día. Ustedes son mi inspiración. No me odien por cada tontería que escribo. Ruki e Ichi son mi pareja favorita en el universo. Pero sería aburrido dejarlos juntos rápido y así como si nada.
Cualquier sugerencia, mentada de madre, felicitación, amenaza de muerte, no duden en decirlo.
Dark-Kuchiki17: ¿En serio los leíste todos juntos? Espero que no te aburrieran infernalmente. Algo tarde, pero sin sueño (bueno, creo que así iba el refrán jaja No lo recuerdo exactamente). Quisiera tener una inspiración infinita para poder escribir y actualizar rápido.
asami989: No es falta de voluntad, es falta de inspiración y tiempo —llora—. Tampoco es que tenga una vida súper ocupada, pero soy algo ociosa y no sé como acomodar mis horarios (en especial con tareas) que siempre acabo con todo acumulado. O luego tengo tiempo y la inspiración no da para mucho.
AS Carabajal: ¿Verdad que tengo ideas muy fumadas? JAJA Esto de fumar pasto no me traerá nada bueno (?). Ojalá este capítulo te traiga más piezas del rompecabezas. Luego a mí me sucede que justo cuando tengo las respuestas de cierta pregunta, después me cambian esa pregunta y me quedo peor que en el inicio.
Dan Yagami: Hum —cara de berrinche— si no me dejas reviews sexys, ya no serás sexy. Vale, es broma. Todos los Ichirukistas somos sexys por naturaleza. Desprendemos pura candela (?) JAJA
ALEXZHA: ¿Verdad que a veces Ichigo es un reverendo estúpido? ¡Ahí es cuando debió aplicarse! Aish, no. Estos muchachos de hoy en día. Prometo que soy Ichirukista. No me golpees —se hace bolita— ya vendrán tiempos mejores… quizá. Soy mala MUAHAHA
Liebesspiel Moon: Mi querida Vic, no llores. Ya sabes como es mi retorcida manera de romance JAHAHA
Kotsuki Kurosaki: ¡Hola, chica! ¿Cómo estás? No sé si sea mi imaginación, pero hace mucho que no te veía. Me siento abandonada (?) —llora— La verdad siempre sale a la luz tarde o temprano. Yo no perdono la promiscuidad a nadie MUAJAJAJA Ichigo tenía que pagar las que debía. Aunque también sin los celos que sintió Rukia, este par de pelmazos no hubieran progresado mucho. Es complicado, creo.
kena02: Sería feliz como pariente de Kubo ¡Podría encontrar sus archivos secretos llenos de Ichiruki hentai!
Psycho-Anto: Yo no deseo que nadie se corte las venas —cara triste— Ustedes son masoquistas por leerme (?) Suele suceder, yo también sigo varios fics y me pongo toda enferma si no los leo. ¡Muchas gracias, linda! Espero haber tomado la decisión correcta y no dañar más a las personas que curarlas. Creo que te enojarás más conmigo por éste.
ediof606: Tengo una maldición con los capítulos largos. Por más que quiera, siempre termino recortándolos porque no acabé la sección media. Sí, espero hacer un par de capítulos más. Ya superé mi estimación inicial y verdaderamente no sé cuantos utilice.
Soul Neko-Natsu: Tengo la ligera sospecha que mi concepción de Ichigo lo hace ver muy pendejo jaja Pero ya se reivindicará. Tardará, pero bueno. Así pasa.
Otonashi Saya: Inicialmente, hasta ahí se iba a quedar. No, no. Tú siempre me adivinas todo. ¡No es justo! Tendré que esforzarme más para reburujarte las cosas. Y sí, intenté basarme en la despedida. Muchas gracias por tus buenos deseos. Como ya dije más arriba, espero ser útil y no terminar por dañar más.
kya-chan: Mi Ichirukista me odia por dejar a Nell embarazada, pero es para meterle más emoción (?)
AlejandraSegovia: Nunca me he ido, solo me desaparezco por ratos (?) Yo aún no sé como vendrá terminando todo este asunto. Espero que la inspiración me diga un buen final, sin decepcionarlas o que sea demasiado azucarado o amargo.
Start Kurosaki: ¿No te aburriste en leerlos todos? Yo no he leído el manga por falta de tiempo, pero en lo que me quedé estaba buenísimo. Amo a Isshin. Sí, Ichigo es todo un loquillo jaja Y pues el perro había muchísimos nombres, pero Kon me gustó más porque era acorde a la personalidad que necesitaba.
Maria: Yo debo conseguir empleo, pero si con la escuela apenas puedo —llora— Espero que esta actualización no esté tan corta. Ay, Ichigo. Ya ni sé cómo hacerte entrar en razón… jaja Muchísimas gracias, espero que andes muy bien.
Metitus: Pues la verdad no lo sé. Depende mucho de tu situación, del chico, etcétera. Si a mí me sucediera, creo que batallaría bastante en aceptarlo, sin importar lo mucho que me gustara. Aunque si él no tiene nada que ver con la chica, es responsable con su hijo y me quiere, pues tendría que pensarlo mucho. Espero que no te sea tan difícil decidir y que todo salga bien —carita sonriente— (hasta yo me la creí jajaja no me hagas caso, mi vida amorosa es la cosa más aburrida del mundo, pero espero que te sirva mi consejo, si es que lo es)
shiso eien haku: Lo siento mucho, créeme que sí terminarán juntos. Tardarán, pero valdrá la pena. Solo que soy algo troll.
Fernando: I'm back.
