Summary: El compartir la habitación con otra persona puede ser un poco problemático... Sobre todo si es del género opuesto, tiene un humor de los mil demonios y ama a los conejos.
Disclaimer: Los personajes de Bleach son enteramente propiedad de Tite Kubo. Yo soy tan sólo una fanática loca que intenta emparejar por todos los medios a Ichigo y Rukia para su satisfacción.
Notas de la autora: No tenía la menor idea de cómo ponerle al título y por eso le puse el primero (?). Este es el capítulo más largo que he escrito en mi vida, así que creo que merezco una galletita :3
Pequeña dosis de lime.
-Compañeros de piso-
Capítulo XVII:
Líneas paralelas II
«No tocarse nunca, les duele lo mismo, que no poderse separar»
Llegó a esa taberna —sí es que se le podría llamar así, a un lugar de mala muerte como ese— y el aire viciado le hizo retroceder. Una maraña de humo le dificultaba ver más allá de cuatro palmos. Aún estaba a tiempo de arrepentirse y salir huyendo. Su cabeza le decía que era muy peligroso para una mujer estar ahí, pero al resto de su cuerpo le importó un carajo la advertencia. Su buen juicio se negaba a funcionar correctamente. Dio un último respiro y finalmente entró. El lugar estaba repleto. La noche de dos por uno podía ser una razón válida. O mejor dicho, la razón. Se acomodó en la mesa más apartada y posteriormente apareció su mesera. Era una chica de coletas altas y cabello rosado, con buenas tetas y demás rollo. Se veía a leguas que sabía lo que tenía y que lo utilizaba para su provecho. No parecía muy feliz ante la idea de atender a otra mujer. No podría coquetear y en consecuencia, no obtendría buena propina. Pidió una simple cerveza. No deseaba embriagarse hasta perder la conciencia, solo matar tiempo. Se limitó a observar durante una hora, bebiendo a pequeños sorbos: corpulentos hombres reían a carcajadas, algunos jugaban billar y otros flirteaban con féminas, que usaban maquillaje en exceso y vestían ropa que dejaban muy poco a la imaginación.
Nadie parecía reparar en aquella pequeña chica de ojos azules.
—¿Te diviertes? —inquirió una voz desconocida, por detrás.
—No tienes una idea.
—Daisuke —habló de nuevo. Su voz estaba llena de confianza. De esa clase pedante, que agrada a cualquiera. Cuando Rukia volteó hacia su origen, encontró una sonrisa apacible. Unos ojos claros (quizás azules o verdes, no distinguía bien por la escasa iluminación) le observaban divertidos.
Silencio.
—Rukia… —susurró de mala gana.
—Encantado de conocerte, Rukia —expresó maravillado de su belleza, muy notable aún en la oscuridad. Luego de su burda presentación, ella le quitó la mirada de encima y la fijó en otro punto. Él esperaba pacientemente, de pie— No sé si lo sepas, pero por cortesía, deberías ofrecerme un lugar junto a ti —le reclamó divertido.
La ojiazul esbozó una sonrisa torcida.
—¡Oh, qué torpe he sido! —Exclamó burlonamente— No te preocupes, que en este preciso momento te regalo toda la mesa —Rukia se incorporó. No sentía muchos ánimos para soportar a Don Juanes de cuarta categoría. Dio el último trago de su cerveza y tomó su bolso para marcharse.
Él se interpuso en su camino.
Rukia debió enfrentarse por segunda a los ojos de ese hombre. La posición en que se encontraban, le ayudó a descubrir que eran verdes. Observó que además de ser tranquilos, también sonreían, aún y cuando su boca dejara de hacerlo. Su piel era ligeramente morena, su cabello se veía algo revuelto y una barba oscura de pocos días llamó su atención. Veintipocos años, apostaba. Llevaba su camisa remangada hasta los codos, tenía brazos fuertes. Era increíble la velocidad con la cual una mujer puede examinar a un hombre. En resumen, casi guapo. Aunque pensándolo mejor, quitaba el "casi"
—Quédate.
Sin siquiera buscarlo, llegó el segundo hombre de Rukia Kuchiki.
Era diferente, comprobó. Menos imaginativo y divertido que Kaien. No hubo bromas, risas u osadías de por medio. En realidad, apenas hubo palabras. Se movió con lentitud, minucioso. La luz que se filtraba por las rendijas de las persianas, hacía brillar tenuemente las minúsculas gotas de sudor que cubría su piel y sus destellos verdes parecían aclararse más. Fijo y alerta, como el resto de su cuerpo delgado y fuerte, no le apresó impaciente, como ella se había imaginado en un principio. Se adentraba firme, seguro y sin prisas. Cuando todo terminó, recolectó su ropa y se marchó al amanecer. No se despidió. Rukia odiaba las despedidas. Lo dejó enredado en las sábanas de su habitación y regresó a la suya. Era muy poco probable que se volvieran a encontrar, así que le agradeció internamente por su compañía.
Salió de la regadera y se vistió con un sencillo vestido de color verde limón de tirantes. Ese sería su último día en aquel sitio y aún no sabía que sería de ella. Joder, debía empezar a buscar otro piso. Desenmarañó su cabello, tomó su bolso y se dirigió hacia la cafetería que estaba en la primera planta. Abrió perezosamente el diario y buscó la sección del clasificado. Sentía flojera de leer cada uno de los anuncios, así que intentó usar palabras claves. La mayoría estaban enfocados en estudiantes y a las zonas aledañas de las universidades. Con lo bien que le fue la última vez, buscaría algún lugar donde solo aceptaran mujeres. Así sería seguro para sí misma; no terminaría enamorándose de alguna compañera, pues de lesbiana no tenía ni un solo pelo —o al menos eso creía—.
Cuando terminó su desayuno, fue a recepción y pagó el monto correspondiente por la noche anterior. Oficialmente, no tenía un techo donde dormir. Acomodó todas sus pertenencias como pudo y tomó un autobús para dirigirse al primer sitio que había marcado en el periódico. No había punto de comparación con su antiguo barrio, lleno de tiendas, áreas verdes y edificios nuevos; éste, tenía paredes llenas de pintas, edificios más viejos que la ciudad en sí y callejuelas malolientes y oscuras. Sintió temor, pero siguió avanzando. Abrazó con fuerzas a su bolso, por si alguien intentaba llevárselo de repente. No tenía mucho dinero encima, pero sería la diferencia entre dormir en el parque aquella noche o no.
Necesitó pedir instrucciones al tendero de un pequeño local de frutas. Tras dar unas cuantas vueltas en la misma dirección, por fin pudo encontrarlo. Lo había visto desde el primer momento, pero simplemente no creyó que ese edificio estuviera habitado… Era… ¿Cómo decirlo, sin sonar ofensivo? Jodidamente feo: la pintura, originalmente blanca, ahora estaba teñida de un gris mugriento, las paredes llenas de grietas, las ventanas con vidrios totalmente quebrados… Por dios, se resistía a entrar a un lugar así.
Tocó la puerta con delicadeza.
De esta forma nadie le abriría y podría huir sin resentimientos… Un ladrido se escuchó a lo lejos. La luz se encendió por dentro y pasos le anunciaron que alguien no tardaría mucho en salir. Finalmente, apareció una chica. Tenía más o menos su estatura, ojos marrones y al igual que ella, su cabello era negro. Lo llevaba recogido meticulosamente en un moño, sujeto por una especie de tela azul, dejando únicamente dos mechones sueltos a los costados de su rostro y un ligero flequillo.
—Buenas noches —le deseó cándidamente— ¿En qué puedo ayudar?
—Soy… Mi nombre es Rukia y vengo por el anuncio de…
—¡Claro! —Exclamó emocionada, interrumpiéndole— Por favor, entra —el espacio era sumamente reducido, pero parecía que aquella joven se había esforzado mucho por hacerlo más habitable. Todo se encontraba muy aseado. La invitó a tomar asiento en el suelo, en la pequeña zona destinada a la cocina. En el centro se encontraba una mesita de madera— Justo iba a tomar té —comentó apenada, sosteniendo una sencilla tetera con agua caliente— ¿Deseas tomar té conmigo?
Rukia asintió.
—Sí, gracias.
La pelinegra tomó otra taza de la alacena y la sirvió con rapidez.
—Me llamo Momo —se presentó, acomodándose a su lado— Vivo aquí desde hace dos años. Es un buen sitio, aunque no lo parezca —soltó una pequeña risita— Los vecinos son agradables y la casera es… especial.
—¿Qué sucedió con tu anterior compañera? —preguntó con genuina curiosidad, luego de dar un pequeño sorbo a su té.
—Ella venía del campo —empezó a explicar Momo— Su madre enfermó y tuvo que regresar para ayudar a su familia con las tareas domésticas.
—Lo siento mucho… —murmuró Rukia incómoda, sin saber que decir.
—¡Oh, está bien! —Dijo Momo, haciendo un ademán para restarle importancia— Ese fue el pretexto que ella necesitaba para irse —sonrió y Rukia correspondió al gesto— Desde un inicio ella extrañaba a su familia y creo que ahora debe sentirse más feliz, al estar otra vez a su lado.
Momo le inspiraba confianza, así que llegó a la conclusión de que no estaría mal probar un tiempo con ella. Además, el alquiler estaba prácticamente regalado (nadie pagaría más por aquel vejestorio) y no tenía otra opción más que quedarse, con su actual presupuesto. Era parte del mundo del desempleo, no debía olvidarlo. Aunque no le agradara, tarde o temprano terminaría acostumbrándose a vivir en aquel edificio, con cada uno de sus defectos. Se esforzaría por reunir más dinero. Después, se mudaría de ciudad, país, continente… lo que fuera necesario, para poner tierra de por medio entre Ichigo y ella.
—¿Entonces crees que podamos ser compañeras? —preguntó la morena, ya sin darle vueltas al asunto.
—En absoluto —afirmó Momo con una cálida sonrisa— Mi intuición dice que seremos muy buenas amigas.
Ichigo escuchó que alguien llamaba a la puerta, se incorporó de un solo brinco de su cama y no quedó un solo rastro de somnolencia en él. Ya había pasado casi un mes y medio desde la partida de Rukia, sin saber nada respecto a ella y sabía que la posibilidad de que regresara era muy remota, pero igual él continuaba esperando. Era medianoche y nadie le visitaba, ¿quién más podría ser, que no fuera ella? Intentó parecer relajado y no desesperado. Caminó lentamente hacia la puerta y no se molestó en observar por la mirilla.
—¿Rukia?
—No —respondió una voz masculina— justo vengo a buscarla.
Abrió los ojos como platos. Reconoció a Hisagi inmediatamente, pero no a lo que llevaba en sus brazos. Eso no era un ser vivo. No, no podía serlo. Sin decir palabra, se lo arrebató y lo meció con ternura.
—Dónde… —murmuró con un nudo en la garganta— ¿Dónde… lo has hallado?
Hisagi Shūhei ya no sabía que más hacer con aquel cachorro.
Lo había intentado todo: llevarlo con el veterinario, mimarlo, usar la disciplina (sin llegar a la violencia), comprar la mejor comida para perros (inclusive carne), pero él seguía negándose a comer. Lo que en su inicio fuese una bola de pelos de color mostaza, ahora era un simple saco de huesos. Ya ni siquiera jugueteaba en su patio trasero. Solo se quedaba tumbado sobre la hierba todo el día, sin emitir sonido alguno, como si estuviera muerto.
—Rukia-chan me lo obsequió.
El ojimiel se sintió sumamente ofendido.
Llevaba más de un mes y medio buscando a Kon, pegando anuncios y visitando constantemente perreras de la ciudad, preocupado de que él estuviera herido o a punto de ser sacrificado. Sin importar lo cansado que se sintiera, salía a las calles a diario a seguir jodiendo a las personas, con la esperanza de que alguien pudiera darle alguna pista de su paradero. Todos sus ratos libres en ese tiempo los había invertido en él y ahora resultaba que la hija de puta de Rukia lo había regalado, sin decírselo al menos… ¿Qué derecho tenía ella de preocuparlo de esa forma?
Kon pareció alegrarse con el reencuentro y agitó débilmente su cola.
—Yo también te extrañé… —expresó Ichigo conmovido— Rukia ya no vive aquí —explicó amargamente—, pero puedes hablar conmigo… ¿Vas a entrar? —preguntó a Hisagi, éste negó con la cabeza.
—No, gracias. Esto es rápido, supongo —respondió, apoyándose en el marco de la puerta— Llevo días tratando de comunicarme con ella, pero no atiende a su móvil. En fin —guardó una pausa, resignado— Kon no quiere comer. Hice hasta lo imposible, pero nada logró funcionar. Hablé con un par de veterinarios y me dijeron que lo mejor sería que lo devolviera a sus anteriores dueños… pero Rukia no está aquí —se encogió de hombros— y por lo que sé, a ti no te gustan los perros…
—Está bien, déjalo.
—¿De verdad? —inquirió el pelinegro sorprendido.
—Sí —afirmó con decisión— yo haré que coma, aunque tenga que meterle la comida por el culo.
Hisagi rió un poco.
—Suerte con ello —le deseó sin sarcasmo— Me pasaré después para ver como sigue. Siento la hora, pero no pude librarme del trabajo antes y mi descanso es hasta el jueves. Hasta luego. Adiós, Kon —se despidió, acariciando su cabecita.
—Sé que ambos la extrañamos —comentó Ichigo, luego de cerrar la puerta con llave— pero no podemos seguir así. La vida debe continuar, saco de pulgas —Kon mordisqueó sus dedos como de antaño y de cierta manera, dejó de sentirse tan solo.
Aquella tarde en que se enteró que sería padre, luego de la discusión con Nelliel, el ambiente estuvo muy tenso. Él se encontraba semidesnudo, cubierto únicamente con una frazada y golpeando como desquiciado la puerta de Nelliel. Alguien terminó llamando a la seguridad del edificio y por muy poco, casi lo llevaron a la policía. Si no fuera porque ella salió en el momento indicado para aclarar todo, hubiera pasado varias horas tras las rejas. Tras entrar otra vez a su departamento para vestirse, notó sus ojos llorosos. Se sintió muy culpable. Él tenía su mente puesta en Rukia y el bebé, que jamás se había puesto a pensar un solo instante en Nelliel en sí.
Nelliel debería estarla pasando peor que él.
—Lo siento —susurró entonces— he sido muy egoísta. Y quizás sea todavía más egoísta al pedirte que conservemos el bebé, cuando tú eres la que lo llevará todos estos meses y le dolerá, pero de verdad lo quiero —ella le observó con frialdad— los quiero a los dos —se corrigió a sí mismo—, aunque respetaré la decisión que tú tomes. Hoy ha sido un día complicado, así que será mejor que ambos descansemos y hablemos después —y se dirigió lentamente hacia la salida.
Ella le abrazó por detrás e Ichigo sintió la humedad de sus lágrimas en la espalda.
—Yo… yo también lo siento, Ichigo —musitó Nell, entrecortada por sus sollozos— Es que tengo tanto miedo…
—Todo va a estar bien —le aseguró, girándose hacia ella y rodeándole con sus brazos. Pudo sentir la incipiente redondez de su vientre y una curiosa emoción apareció dentro de él. Sin apenas conocerlo, comenzaba a amar a su hijo. Ella adivinó sus pensamientos— ¿Puedo… tocar? —preguntó apenado y Nelliel asintió con una pequeña sonrisa. Descubrió su piel e Ichigo colocó suavemente su mano sobre ella, como si temiera dañarla. Ambos sabían que lo que se encontraba al interior aún distaba mucho de ser un bebé, pero el simple hecho de saber que alguien estaba ahí y que era una parte de ellos, era grandioso. Era una sensación extraña, pero extrañamente linda.
Al día siguiente, fueron a su primer chequeo médico. El embarazo marchaba aproximadamente por la doceava semana. Por protocolo, debían realizar una ecografía para analizar la morfología del feto, determinar las principales anomalías posibles y establecer si era único o embarazo múltiple y su desarrollo, en relación a su edad gestacional. Los resultados fueron normales, aunque no pudieron distinguir el sexo del bebé.
Lo más difícil había pasado, pero no por ello no debían ser cuidadosos.
Para abril, el vientre de Nelliel estaba más que abultado. Sus vaqueros, faldas y algunos vestidos, ya no le pasaban de las caderas. Esa mañana se encargaría de la tarea que había postergado durante tanto tiempo, compraría ropa de maternidad. La agencia había quedado en un segundo plano y rara vez salía de su departamento. Su barriga ya era imposible de disimular y tomaba muchas precauciones para que nadie indeseable se enterara de su embarazo. La hinchazón en sus pies y sus jodidas ganas de mear a cada rato eran insoportables. Oh, cierto, las palabrotas. Ichigo insistía en que el bebé ya era capaz escuchar y reconocer sus voces, así que evitarían decir cosas feas. Aunque ninguno de los dos lo hacía, pero solían conversar con él. O ella. Ella aseguraba que sería niño e Ichigo decía que estaría bien lo que fuera. Preparó un par de huevos con jamón y zumo de naranja. Justo en el momento en que dio el primer bocado, alguien llamó a la puerta. Se sintió sumamente feliz. Solo una podría ser una persona.
Ahora, Ichigo le visitaba diariamente.
—Traje esto —expresó como saludo, señalando a la bolsa de papel que llevaba en su mano. Por lo general se pasaba más tarde con Nell, pero deseó sorprenderla, llevándole los panecillos de su tienda favorita.
—¿Ya desayunaste?
—Sí, comí algo más temprano.
—Bueno, al menos deberías probarlos —le sugirió, mientras mordisqueaba una galleta— ¡Están deliciosos! Gracias, Ichigo —entonces depositó un suave beso sobre su mejilla. Como siempre, el peli-naranja observó apenado hacia el suelo.
Nelliel soltó una risita: era increíble que él fuera el mismo hombre que la dejó preñada.
—¿Qué harás hoy? —preguntó el ojimiel casualmente. Obedeció a la peli-verde y escogió una galleta con chispas de chocolate. Luego se acomodó en el sillón que se componía de un solo espacio de la sala.
—Pues no mucho —se encogió de hombros. Sabía que Ichigo solo iba hasta su casa por el bebé. No deseaba hostigarlo u obligarlo a estar con ella de ninguna manera— Iré al centro comercial.
—Yo igual, podemos ir juntos.
Nelliel se sintió como una colegiala, implícitamente, tendrían una cita… O algo así. Si por "cita" se puede considerar comprar ropa de maternidad, con el chico con el que se acostó varias veces y que terminó embarazándola, entonces tendría una cita.
Ella asintió y se apresuró a terminar su desayuno.
—¡Me veo tan gorda! —exclamó Nelliel sumamente desesperada, con ojos acuosos. Jamás había tenido problemas con la ropa. Cualquier cosa que se medía siempre le quedaba bien. Ahora, todo era distinto para ella. Le resultaba muy difícil aceptar su nuevo cuerpo— ¿Qué les pasa? ¡Solo tienen ropa para anoréxicas!
La dependienta le observó incómoda.
—¡No se preocupe! —Se apuró a decir— Puedo buscar otros modelos o tallas más grandes del que lleva puesto —Su acompañante le dedicó una mirada inquisitiva. Entonces reparó en ese hombre de cabellos naranjas, que se mostraba muy paciente ante los arranques bipolares de su esposa o a saber qué… ¡Sí que era guapo, con su actitud de tío malo y esa camiseta negra ajustada! A ella le ponían los chicos así. Era una verdadera lástima que ya estuviera comprometido— Muy pocas mujeres son tan valientes como usted —La clienta volteó intrigada— No todas estamos dispuestas a arriesgar la figura por un hijo, sabiendo que ya no será igual después del parto y que nuestros hombres podrán fijarse en chicas más guapas… —entonces lo observó, tratando de coquetear con él.
Nelliel no lo soportó más y se echó a llorar.
—Para mí, ella está más hermosa que nunca —intervino él por primera vez, con dureza. Su voz retumbó por todo el lugar. La mujer de cabellos verdes cesó sus lágrimas y le miró sorprendida— Anda, ponte tu ropa y vayamos a otro sitio con menos mierda… Con ropa tan fea, es imposible que alguien se vea bien —La chica esbozó una amplia sonrisa. Cuando por fin salió del vestidor, le tomó por la mano y salieron juntos de la tienda, ante los ojos curiosos.
—Ichigo, ¿crees que deberíamos empezar a comprar cosas? —inquirió Nelliel mientras veía la sección de bebés, de un reconocido establecimiento. Ya habían adquirido un número de prendas considerables y se sentía más relajada. Esperó durante un buen rato, sin recibir respuesta. Entonces se percató de que Ichigo estaba muy concentrado, observando a un conejo de peluche que sostenía en sus manos. No comprendía que tenía de especial, pero parecía estar a varios años luz de ella.
—Lo siento, pero creo que es hora de irnos —sentenció Ichigo, luego de salir de sus cavilaciones. Nelliel encontró cierta frialdad en sus palabras— Iré a pagar esto, nos vemos en la salida —y desapareció rápidamente, sin dar más explicación.
No cerró la puerta hasta que lo perdió de vista en el ascensor y una sonrisa traviesa se posó sobre sus labios. Quizás había sido una imprudencia de su parte salir cuando era más vulnerable a escándalos, pero no se arrepentía. La había pasado muy bien junto a Ichigo —a pesar de su extraña actitud mientras regresaban al departamento—. En resumen, había sido un buen día para su relación. Ya no aspiraba a que ésta llegase a algún término amoroso, pero sí a que tuvieran algo parecido a la amistad. Era lo menos que podían hacer por el bebé. Aunque, siendo sincera consigo misma, sabía que lo amaba como a nadie y le dolía que este sentimiento no fuera correspondido.
No se había equivocado. Vivir con Hinamori había sido una de las mejores decisiones de su vida. En todo ese lapso de tiempo que llevaban de convivencia, Rukia no tenía ni una sola queja de su parte. Ella era la compañera de habitación ideal: responsable, aseada, amigable… en fin, esas y muchas otras más cualidades. Momo era tan distinta a Ichigo... No podía evitar pensar en él, de vez en cuando. Comparar el estilo de vida que llevaba con él, al que ahora tenía con Momo. Afortunadamente, había encontrado un empleo rápidamente. O mejor dicho, dos. Por las mañanas, era cajera en un minisúper y por las tardes, era la asistente de una dentista. Solo llegaba a casa a dormir, sí es que no tomaba también el turno nocturno en el minisúper. Buscaba a toda costa, no tener tiempo libre.
Era una especie de robot mecanizado.
Al tener un espacio tan reducido, Rukia y Momo debían compartir el mismo futón (1). El ventilador se había averiado y hacía un calor de los mil diablos en aquella noche de verano. El sudor escurría a chorros por sus cuerpos, a pesar de que llevaran ropa muy ligera. Abrieron las ventanas, pero lo único que entraba del exterior era el aire seco. En tales condiciones, sería un milagro si lograban conciliar el sueño.
—Momo —le llamó Rukia, resignada a no dormir— ¿En dónde trabajas?
—En la Corporación Kuchiki —musitó medio adormilada. De la nada, su nueva compañera de ojos violáceos empezó a removerse y a toser incómoda— ¿Estás bien, Rukia-chan? —se incorporó asustada y encendió velozmente la luz de la habitación.
—Sí —afirmó con una sonrisa fingida— no pasa nada. Solo fue un poco de tos —explicó para tranquilizarle. Momo pareció convencida y no hizo más preguntas. El gusanito de la curiosidad hizo una presa fácil de Rukia— ¿Y qué tal está el ambiente ahí?
—Pues… —la dulce joven dudó un instante— es… complicado —lanzó un pequeño suspiro. Rukia entendía, era difícil explicarlo— ¡Pero el sueldo es bueno! —insistió con entusiasmo. Hinamori Momo era una experta en sacarle el lado amable a la situación— Aunque últimamente las cosas no andan tan bien.
—¿Sí? —inquirió Rukia, resuelta a averiguar todo lo que pudiera de la ingenua Momo.
—Sí —afirmó con una expresión triste en su rostro— Nuestro presidente está ausente desde hace días y todas las divisiones están de cabeza sin él. Muchos dicen que está muy enfermo y nuestra vicepresidenta hace lo que puede para mantener el control.
¿Y sí su hermano estaba al borde de la muerte?
Sin pensarlo dos veces, Rukia se incorporó como pudo y salió corriendo. Momo se quedó completamente confundida, pues no comprendía la urgencia de su compañera. Tras unos segundos, la ojiazul regresó a la habitación y sin decir palabra, tomó su bolso y una chaqueta. Salir a altas horas de la noche, vestida con un sencillo camisón y sin dinero no era una buena idea; al menos debía tener la pasta suficiente para transportarse por la ciudad y algo con que cubrirse.
—¡Muñequita! —exclamó algún tío guarro mientras cruzaba la calle.
Se detuvo por unos segundos.
Lo mejor sería ignorarlo y seguir con su camino. No valía la pena perder el tiempo con personas de esa naturaleza, le aconsejaba su parte racional. Sin embargo, si algo molestaba a Rukia Kuchiki, eran los sujetos que se creían con el derecho divino de ver a las mujeres como pedazos de carne ambulantes.
—¡Tu puta madre!
Oh, sí.
Rukia Kuchiki era muy educada.
Al ponerse su chaqueta de mezclilla, su camisón podría pasar inadvertido, casi como si fuera un vestido común y corriente. Tomó el primer taxi que se encontró en su camino (ahora tenía tanta plata, que ya era capaz de darse ese lujo) y le indicó la dirección a seguir. Por su cabeza pasaban muchas cosas. No sabía que le diría a su hermano o la manera en que debería comportarse ante él. El trayecto le quedó corto. Concentrada en su propio mundo, el chofer le informó que ya habían llegado a su destino y debía bajarse del automóvil. Le pagó con un billete y no esperó a que le entregara el cambio.
Entraría por la puerta trasera, así, sí Byakuya Kuchiki terminaba asesinándola, le facilitaría las cosas para deshacerse de su cadáver y no tener testigos.
—Onii-sama… —murmuró afligida.
Su hermano parecía claramente sorprendido.
Era la primera vez que se veían luego de seis años. Rukia no podía creer lo cambiado que estaba. Su rostro tenía numerosas arrugas y su expresión reflejaba mucho cansancio. Aparentaba fácilmente diez años más, de los que tenía biológicamente. Llevaba puesto el pijama de seda con el cual le recordaba de siempre. Bueno, quizás ese sería el tercer o cuarto juego. Le agradaba comprar el mismo modelo y lo tenía por montones en su armario.
—Rukia —le llamó neutralmente, terminado el prolongado silencio— ¿Qué haces aquí?
Ella permaneció unos minutos clavada en el suelo, como si temiera a su reacción. No sabía que esperar de su hermano. Cuando por fin se infundió un poco de valor, empezó a avanzar a través de la habitación. Su cuerpo temblaba finamente, pero estaba mentalmente preparada para todo, desde recibir una bofetada o algo peor. A final de cuentas, se merecía eso y mucho más. Se detuvo al llegar a los pies de la cama. Entonces se arrodilló con humildad e hizo una profunda reverencia:
—Lo siento.
De la nada, Byakuya Kuchiki se incorporó, se arrodilló a su lado y le rodeó con sus brazos sin decir palabra alguna. Tibias lágrimas bajaron por las mejillas de Rukia. Su corazón estaba tan vacío que ya no soportaría una ausencia más.
Finalmente, no abandonó la agencia. En pocos meses, cumpliría ya su primer año trabajando ahí. Ahora ganaba cinco veces más, que lo que recibía en el principio. Y no era por caridad, había que decirlo. Se partía el culo ejercitándose, no comiendo mierdas y soportando a Szayel Aporro varios días a la semana. Desde esa primera sesión de fotos, Szayel había quedado muy complacido con Ichigo y llevaba un proyecto diferente a la agencia cada semana, contemplado especialmente para él y nada más que él. Según sus palabras "estaba perdidamente enamorado de su cuerpo, de la manera en que un hombre no homosexual, puede amar a otro". Aunque Ichigo estaba obligado a tolerar su personalidad terriblemente perfeccionista, que cuidaba de hasta el detalle más mínimo para cumplir sus propósitos, tenía que aceptar que hacían un buen equipo y los resultados eran magníficos. Ni el mismo podría creer que él fuera esa persona que veía en las fotografías. Desconocía el destino de su trabajo, pero le daba igual mientras recibiera un sueldo. Y Szayel dejaba mucha pasta, había que decirlo. Pesche insistía en que casi podría considerarse famoso y que debería pensar si no deseaba intentar algo más serio con el modelaje. Ichigo siempre cambiaba el tema.
Vivía escuetamente y fácilmente podría solventarse un lugar casi tan bueno como en el que vivía Nelliel, pero no deseaba cambiarse del departamento.
Los recuerdos era lo único que le quedaba.
Kon comenzaba a engordar de nuevo y había crecido varios centímetros. Aunque no era su mejor amigo, llevaban una relación aceptable. Excepto cuando él mordía los caros zapatos que ahora compraba Ichigo, éste se enfurecía y se los lanzaba en el hocico (aunque nunca acertaban a su blanco). Esa noche había salido a correr durante un rato. Llegó completamente empapado de sudor, se deshizo de su playera y se echó en el sofá, como de costumbre. Kon se lanzó encima de él, pero lo quitó de un manotazo. Después buscó el control remoto entre los compartimientos del sofá y encendió el televisor.
—Spirits are always with you! —rugió Don Kanonji.
—La misma mierda de siempre… —murmuró irritado, al observar que estaba el programa que más le jodía. Su padre jamás se perdía ni un solo episodio. No comprendía cómo demonios un cuarto de la población de Japón (2) podía verlo. En definitiva, el país iba de mal a peor. No soportó semejante tortura ni un segundo más y cambió de canal.
Uno tras otro, fue descartando canales, hasta que uno llamó en particular su atención.
—Pasamos a los espectáculos —informó el conductor principal del noticiero. Ichigo lo veía de vez en cuando. Una mujer pelirroja muy atractiva lo relevó en la pantalla. No recordaba haberla visto anteriormente.
Saludó a los televidentes y el ojimiel perdió el interés.
—… y en exclusiva, traemos a ustedes las primeras imágenes de Nelliel Tu embarazada… —el peli-naranja necesitó frotar bruscamente sus ojos para saber que éstos no le engañaban. En efecto, Nelliel y él estaban en cadena nacional, tomados de la mano, en el centro comercial— La identidad del hombre no había sido revelada, hasta hace unas cuantas horas…
Suficiente.
¿Quién demonios era esa mujer, que se hacía llamar Nelliel?
Levantó su playera del suelo y salió dando un portazo. Se dirigió al departamento de Hanatarō.
—Ichigo-san, qué milagro —expresó con amabilidad, cuando abrió la puerta— ¿Puedo ayudarte en algo?
—Tu laptop, la necesito urgentemente.
El pelinegro dudó durante un momento, pero le invitó a pasar:
—Sí, claro. Encima de mi escritorio.
Ichigo tomó impacientemente el computador portátil. Los segundos que transcurrieron mientras se cargaba la configuración le resultaron terribles. Por fin abrió la ventana del buscador e ingresó el nombre de Nelliel Tu.
—Ichigo-san… —le llamó indeciso Hanatarō— ¿Pasó algo malo? —el peli-naranja hizo un ademán con la mano para que se callara. Los resultados que arrogaron la búsqueda le dejaron totalmente congelado. Nelliel era muy conocida en el mundo. Ella… era... Ella era una…— ¿A ti también te gusta Nelliel Tu? —Inquirió el muchacho emocionado, viendo la pantalla detrás de su hombro— ¡Ella es mi modelo favorita de todo el mundo! Es tan linda y generosa.
—¿L-la conoces?
—¡Por supuesto! —Exclamó felizmente— Tengo varias revistas donde ella sale en la portada, cuando quieras puedo prestártelas… —finalizó en un hilo de voz. La expresión que tenía el rostro de Ichigo le atemorizaba bastante.
—Dámelas.
Fuertes golpes en la puerta le despertaron de pronto. Era muy tarde para que fuera Ichigo. Prefirió ignorarlos, pero llegó a un punto desesperante. Se colocó su bata sumamente molesta, por el estúpido que había interrumpir su sagrado sueño y tomó un bate de beisbol que tenía de emergencia, por si la cosa se ponía fea y era necesario utilizarlo.
—¡Ya voy! ¡Ya voy! ¡No jodan más! —observó por la mirilla y se encontró en ella a Ichigo. Se veía muy extraño— ¿Qué haces aquí? —inquirió confundida.
—¿Cómo pudiste ocultarme algo así? —le reclamó Ichigo molesto, lanzando a sus pies unas revistas. No entendía el motivo de su enojo, hasta que se fijo en la portada. Era ella, más joven, pero al fin y al cabo ella.
—Ichigo… yo… ¿dónde las encontraste? —balbuceó Nelliel, buscando algún argumento válido en su cabeza.
—¿Acaso crees que soy un idiota, al que le puedes ver la cara las veces que quieras?
—Pensé… que huirías si te lo contaba —explicó sin convicción.
—¡Felicidades! —Exclamó con sarcasmo— Lo has conseguido… —susurró secamente y se dio la media vuelta para marcharse.
—¡No te vayas así, Ichigo! —le gritó Nelliel desesperada, al borde del llanto, pero él se limitó a darle la espalda.
Todo había sucedido demasiado pronto.
Sí que era una noche tranquila. El cielo despejado y el aire dulzón de la primavera parecían inundar a todo el ambiente. Masaki adoraba observar el cielo nocturno, seguro que estaría feliz... Dio un último sorbito a su té helado y abandonó a su confortable asiento. La residencia Kurosaki estaba completamente vacía, a excepción suya. La Clínica no había atendido a ningún paciente desde las seis de la tarde, así que aprovechó para salir al patio trasero, su rincón favorito. Yuzu debería estar cenando con su marido y Karin con su novio. Ichigo… pues Ichigo era un cabrón desagradecido. Lo que hiciera o dejara de hacer le venía importando una reverenda mierda.
Encendió las luces de la cocina y fue entonces cuando notó un bulto sospechoso, encima del sofá.
—¿Ichigo? —Abrió sus ojos— ¿Qué haces aquí? —Expresó más en tono de reclamo, que de pregunta— Aún no es navidad… ¡Deberías estar en casa con Rukia-chan!
—Jódete.
—Anda —empezó a sacudirlo infantilmente— ¡Vete! No te he dejado entrar.
—Es mi casa.
—No lo es. Mientras tu viejo siga vivo, debes mover tu culo de aquí.
—¿Y Karin? —inquirió irritado, irguiéndose de una vez.
—Ella sí contribuye y no me da dolores de cabeza como tú —explicó Isshin. Le propinó un fuerte puñetazo en la cabeza a su vástago, al advertir todo su equipaje en la puerta— ¿Qué te has creído, como para volver a Karakura? ¿Qué eres un cangrejo? ¡Idiota!
Oh, era el momento de la verdad.
—Y-Yo… —balbuceó el ojimiel— debo decirte algo…
El vigoroso cuerpo de Isshin Kurosaki tembló de la emoción. La turbación de su hijo, su delgadez acentuada y su mirada perdida le gritaban una sola cosa (incluso le recordaba a sí mismo) ¡Quería preservar ese instante! ¡Lo había anhelado desde el primer momento que cargó a Ichigo! Se imaginó a Masaki, radiante y a su lado, preparada para esas palabras.
—¿Seré abuelo? —dejó la pregunta al vacío. Ichigo asintió— ¡Dios, soy tan feliz! —exclamó fuera de sí. Las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas— ¡Oh, Masaki! ¡Oh, Masaki! —Vociferó como letanía— Por mucho tiempo pensé que esto no sería posible… ¡Pero tú lo guiaste por el buen camino! —entonces estrechó a su primogénito entre sus brazos fuertes— ¡Y pensar que te creía un estúpido bueno para nada! ¿Cómo sucedió? —Inquirió impaciente, separándose de él por un segundo— Oh, espera, no es necesario… aunque lo imagino —agregó con un toque de picardía. Ichigo no pudo evitar sonrojarse— ¿Por qué no vino Rukia-chan? No debe apenarse, el amor entre dos jóvenes es completamente natural y su fruto es una bendición.
—Respecto a eso…
—¡Ya sé! —Interrumpió a Ichigo— ¿Qué tal si se mudan a Karakura? ¡Sería fantástico hacer el seguimiento del embarazo desde casa!
—Esto…
—¡Mierda! —Prosiguió con su apasionado monólogo, cortando toda posible intervención— ¿Cómo está ella? ¿No ha sufrido mareos o náuseas? El primer trimestre siempre es el más complicado. Seguro debe estar hecha un lío de hormonas, no seas muy severo con ella y…
—¡Déjame hablar de una puta vez! —Gritó Ichigo realmente cabreado— Rukia no está embarazada.
—¡Ya decía yo que era demasiado bueno para ser verdad! —lloriqueó Isshin, lanzándole un gancho directo al hígado. El golpe del lunático de su viejo le aturdió inmediatamente. Necesitó recargarse durante unos segundos en la pared, para regresar a la lona. Atrajo aire a sus pulmones con fuerza y se preparó para el ataque final:
—Embaracé a una supermodelo.
La expresión en el rostro de Isshin Kurosaki que puso después, mereció un millón de dólares. Ninguna persona era capaz de reír así —al menos no de manera natural—, que Ichigo pensó que su padre podría morir asfixiado. Rió hasta quedar exhausto, cuando su estómago y sus quijadas le torturaban por el esfuerzo.
—Hijo mío —sentenció con gravedad— dime… por favor… ¡Qué no has ingerido nada ilegal! —y regresaron las carcajadas por su parte. Tantos años en soledad ya le habían afectado al mayor de los retoños Kurosaki. Ichigo le observaba con la mueca que él mismo había bautizado como «Estoy enojado porque huelo mierda».
—Vale, vale —murmuró molesto— Muy gracioso todo, pero… ¿Me vas a creer de una puñetera vez?
—Entonces… —empezó a divagar el hombre con la barba de tres días— ¿Estás hablando en serio?
Me gustaría decir que no.
Asintió.
Inesperadamente, el rostro de su padre comenzó a colorearse rojo escarlata.
—¡Eres un cerdo! —Vociferó Isshin— Mira, que jugar con una pobre chica y romper el corazón de Rukia-chan… Estoy sumamente decepcionado de ti, Ichigo.
—Pensé que estarías feliz —respondió confundido— tú siempre insistías en que… —no encontraba la palabra correcta— en que engendrara y ahora que lo he hecho, me vienes a joder… ¡No entiendo nada!
—Ichigo, dime una cosa… ¿Amas a esa mujer?
La pregunta lo tomó completamente desprevenido.
—Eso —contestó como si fuera la cosa más obvia del mundo—: ¿La amas?
—No.
—Entonces realmente he fracasado como padre.
—¿Por qué?
—Porque pensé que te había dejado en claro, que para estar una mujer, solo debías estar con ella por amor. Solo eso. Cuando ves a tus hijos, debes de recordar que cada uno es un tributo al amor que sientes por una determinada mujer. Si tú no amas a esa chica, ¿realmente amarás a esa criatura que viene en camino? —Ichigo no logró articular palabra alguna. Se veía claramente perturbado por las palabras de su padre— Sabes que siempre estaré contigo, pero esta vez lo has jodido todo. Y que quede claro que no lo digo por el bebé. La has arruinado porque has perdido a una maravillosa chica, que quizás te amaba y le has cambiado la vida a otra, simplemente por jugar con fuego. Te has quemado y tienes la obligación de empezar a curar a la herida. Yo amaré a mi nieta o nieto de todas formas. Así que, haz las cosas bien de una buena vez y tráela. Quiero conocerla y hacer que se sienta de la familia, ¿entendido?
Luego de la inesperada reconciliación con su hermano, Rukia lo visitaba continuamente y le llevaba algún detalle. Aquel día, naranjas. Ella no dudaba en que su hermano tuviera frutas por montón en su nevera y que pudiera comprar una tonelada, si acaso se le pegaba la regalada gana, pero no eran sus naranjas. Sus naranjas eran especiales. Las había comprado en el puesto ambulante de siempre. O mejor dicho, en el puesto del Sr. Kato. Él le apartaba todos los días las mejores frutas y se las dejaba a un precio especial. De no ser por su terquedad, estaba segura que el Sr. Kato se las obsequiaría. Ella insistía en pagar el precio normal, como un mínimo por su amabilidad, pero él negaba a recibirlo.
—Onii-sama, ¿quieres otro gajo? —le ofreció amablemente, mientras observaban el jardín.
Él no estaba tan enfermo, como ella creía.
En absoluto.
Solo había sido víctima de un resfriado común, que combinado con la presión y su raquítico descanso, se había ensañado con su debilitado cuerpo. Nada que un poco de reposo, muchos líquidos y algunos medicamentos (para las molestias secundarias), no arreglara. Sin embargo, no se molestó en aclarar el malentendido. No mentía, solo estaba distorsionado un poco la información para su conveniencia. Hacía días que estaba completamente recuperado, pero quería pasar más tiempo con Rukia.
Asintió con la cabeza y ella se lo entregó cariñosamente.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó escandalizado, al percatarse de que ella iba a limpiar el resto de las cáscaras, tiradas en el suelo.
—Limpio.
—Tú no eres una sirvienta.
—Es la única forma en la que puedo contribuir en algo —insistió Rukia firmemente.
—Sí de verdad quieres ser útil, mañana acompáñame a la oficina… —susurró Byakuya, incorporándose. No le dio tiempo a Rukia de replicar y se encerró rápidamente en su habitación. Ella se quedó perpleja, estática.
¿Acaso había escuchado bien?
El edificio de la corporación Kuchiki ya no le parecía tan imponente, como cuando era niña. Quizás quedaban muy pocos vestigios del pasado que le atemorizaban. Solo la flor de cerezo de bronce continuaba en su estado original (seguro que si buscaba al reverso, todavía estaría la goma de mascar que pegó cuando tenía siete años). O también, al ser una mujer hecha y derecha, ya nada podía intimidarle.
Casi nada, mejor dicho.
Miró de reojo a su hermano y creyó ver en él una tenue sonrisa. Se le antojó pensar que él estaría feliz por su presencia. Y sin poder evitarlo, ella también se sintió feliz. No le agradaba en absoluto la vida de oficina, pero sí de esa manera era capaz de remendar una mínima parte de sus errores, se esforzaría al máximo. Aunque de igual forma, el miedo de decepcionar a su hermano era abrumador para Rukia.
Recorrieron el vestíbulo en silencio, mientras los empleados giraban sus cabezas incrédulos. La ojiazul reconoció algunos rostros, muy escasos en comparación del resto del personal. De seis —o siete— años para atrás, ella ignoraba toda actividad de la corporación. Los "viejos" eran los más sorprendidos, porque ellos eran conscientes de su identidad. Seguro que ver a "la hermana desaparecida del jefe tirano" sería un chisme delicioso para todas las divisiones y rápidamente divulgado.
Abordaron el ascensor entre miradas indiscretas.
La nueva oficina de su hermano estaba totalmente fuera de su gusto. Seguro era obra de algún diseñador de cuarta, que se daba aires de grandeza. El ambiente era sombrío y sobrecargado. Demasiado ostentoso, en su opinión. Todos sabían que Byakuya Kuchiki era rico, pero no por ello debían ponerle oro en cada centímetro cuadrado a su alrededor. Las únicas cosas rescatables eran los hermosos jarrones de porcelana y el elaborado escritorio de caoba, que pertenecían al clan desde generaciones.
Él se acomodó en su silla y ella también tomó asiento, expectante:
¿Qué haría con ella?
Realmente era un asco para los negocios. Las matemáticas le entraban por un oído y le salían por el otro (3). No era demasiado lista como para llevar las riendas de una empresa de ese calibre. Ni tampoco carismática, para conseguir jugosos contratos. Ni siquiera había puesto un pie en la universidad.
¿De verdad podría contribuir en algo? ¿Ser productiva?
—Serás intérprete y traductora.
La morena soltó un suspiro de alivio.
Mierda. Había pasado tanto tiempo sin usarlo, que olvidó su único talento. Realmente debía ser idiota. Es decir, ¿cómo podía no recordar que su cabeza sí sabía hacer una cosa? Aprender idiomas. Era capaz de hablar fluidamente varios, además del japonés. Desde pequeña había mostrado gran habilidad para captar y repetir las palabras. Su hermano Byakuya no había dudado en sobreexplotarla:
A los siete años, el inglés era pan comido para la pequeña Rukia Kuchiki; aunque solamente le utilizó para hablar con su institutriz británica. Byakuya jamás permitió que se fuera de intercambio, llegados sus doce. En la época en que tenía ocho, su hermano tenía mucho trato con Corea del Sur. Entonces él decidió contratar a alguien profesional para que le enseñara coreano y así, ella pudiera comunicarse con los demás, cuando la llevara a sus viajes. Rukia recordaba con verdadera repulsión aquellas clases; el profesor tenía una extraña verruga en el mentón, que le hacía muy incómodo verle a los ojos y solía escupir al conversar. A los trece, estudiaba simultáneamente alemán, francés y chino mandarín. Pasaba gran parte del día repasando. No tenía muchas amistades y estudiar le ayudaba a canalizar su sentimiento de abandono. Cuando entró al Instituto, le agradaba leer obras clásicas en latín; éste lo aprendió de forma autodidacta. En la biblioteca tenían muchos libros, pero también comenzó su pasión desmedida por los mangas. Dejó por un tiempo todas las lecciones que implicaran otro idioma. Tenía muy malas notas y debía subirlas, sin importar nada. Cuando conoció a Kaien, empezó con el español. Jamás terminó el curso, pero podía entenderlo. Luego de tantos años, quizás toda esa información había sido eliminada. El francés no, ya que lo había practicado lo suficiente al mudarse a Francia con Kaien. Gracias a él, habrían logrado sobrevivir y adaptarse a un sitio tan lejano a casa.
—Me retiro, Aizen-san —hizo una respetuosa reverencia y salió por la puerta.
La estudió minuciosamente, mientras se marchaba. Físicamente, no era nada despreciable. Sabía la enorme influencia que ejercía sobre Momo Hinamori y estaba seguro que algún día le sería útil. Realmente no le importaba que fuera unos quince años o veinte años mayor que ella.
El sonido de su móvil le sacó de sus cavilaciones.
—¿Adivina quién ha reaparecido?
—No tengo tiempo para adivinanzas estúpidas.
—¿Por qué nunca puedes mostrar un poco de entusiasmo, cuando te llamo? —Se lamentó Gin— En fin. Esta noticia te alegrará: Rukia —hizo una pausa, para agregar suspenso— Rukia Kuchiki ha vuelto.
Aizen empezó a reír.
—¡Vaya! —Vociferó emocionado— Tenías razón, es una excelente noticia.
—Lo sé —convino satisfecho por su reacción— ¿Aún deseas ser el cuñado de Byakuya?
—Hoy más que nunca.
Renunció a sus dos empleos, para dedicarse de completo a la corporación. A Momo casi le dio un infarto cuando le explicó que ella era la hermana de Byakuya Kuchiki. A pesar del ofrecimiento de su hermano de que se mudara con él de nuevo, lo rechazó. Estaría con él, pero siguiendo con su autonomía. A finales de mayo decidieron cambiar de piso juntas. Apenas llevaban una semana en su nuevo hogar. El edificio era bonito y estaba mucho más cercano a sus empleos. El piso estaba casi vacío, pero tenían los muebles básicos para sobrevivir. Poco a poco irán decorándolo a su gusto. La oficina no era tan mala, cuando uno se acostumbraba. Tenía un buen sueldo, prestaciones y convivía mucho tiempo con Momo. Ella era su única amiga. Aunque, por casualidades de la vida, Nanao Ise trabajaba ahí y era también amiga de Hinamori. Era incómodo verla, porque temía que algún día quisiera hablar de Ichigo o que le dijera a él donde se encontraba.
El CPU de su computadora se había estropeado de la nada. El técnico, que mandaron del departamento de mantenimiento, le informó que no estaría arreglada hasta pasada la hora de la comida. Aún quedaban dos horas y media para ello. No podía más que hojear los documentos en que trabajaría aquel día y lo más difícil, esperar. Se pasó a la sala de empleados, cuando estar quieta se le hizo insoportable, preparó la cafetera y se bebió tres tazas seguidas. Con tanto líquido en su vejiga, ya tenía el pretexto ideal para levantarse de su escritorio e ir al baño. Finalmente, tuvo que regresar a su sitio.
Dejó de tamborilear sus dedos sobre el escritorio, en el momento que Nanao apareció plantada en su cubículo.
—Rukia-san, tengo malas noticias —le anunció con seriedad— El Sr. Tanaka…
—¿Tanaka? —Repitió confundida, interrumpiéndola— Yo no conozco a ningún Sr. Tanaka.
—Sí lo conoces —insistió Nanao firmemente—, pero no de esa manera —hizo una breve pausa, para acomodarse las gafas— Ese es el apellido del portero, donde vivimos… —la mirada llena de turbación de la joven Kuchiki le confirmó que no estaba equivocada. Ella sí era la chica que vivió en el número quince de su edificio, un par de meses atrás. No era producto de su imaginación. Aclaró su garganta, para proseguir— donde vivo…
—Sí, ¿qué pasa con él? —preguntó bruscamente.
Estimaba a Nanao Ise, pero no le agradaba, en absoluto, su actitud y afán de querer recordarle su pasado. Sí Rukia jamás lo había sacado a relucir en sus anteriores conversaciones, entonces ella, por lo menos, tenía la obligación de deducir que simplemente no deseaba hablar de él y respetar su decisión. No por amistad, ya que no eran amigas íntimas, sino por mera solidaridad y el hecho de que "hoy por ti, mañana por mí", algún día podría necesitar su ayuda.
Silencio.
—Él tuvo un infarto…
—¿E-Está bien? —inquirió la pelinegra con voz cortada.
Nanao negó con la cabeza.
Notas:
(1) Cama tradicional japonesa consistente en un colchón y una funda unidas y suficientemente plegables como para poder ser almacenado durante el día y permitir otros usos en la habitación, además de como dormitorio.
(2) Kanonji tiene un programa de televisión que se llama Cazador de Espíritus que, en el momento de su introducción, es observada por un asombroso 25% de la población de japon, donde transmite su programa.
(3) En una entrevista, Tite llegó a decir que salvo en japonés, Rukia no aprobó ninguna asignatura, estando la 302 de 322, pero que después aprobó todas sin grandes notas.
Bya-kun no es tan malote, ¿verdad? Por eso quise darle un lado más humano y "tierno". Yo lo amo. Me encanta con sus galletas en forma de pepino extraño. Si no fuera por Tite, no dudaría en que fueran hermanos de verdad. Ya saben, Rukia y su obsesión con los conejos (Chappy) y él con el pepino raro (HAHAHA, no recuerdo el nombre del personaje. Luego lo busco). Mi mente desquiciada quiere ponerle más flow a la historia, así que les adelanto que es posible algo más de drama. Si soy sincera, Momo no me agrada mucho, pero no tenía a nadie más para ponerle de BFF a Rukia. ¿Qué tramara Aizen? *chan chan chan* Prometo que ya no veré más telenovelas tontas, me atrofian mi mente y al rato escribiré cosas igual de tontas. No tengo la menor idea de cómo ponerle a la criatura de Ichigo, ¿alguna idea? Masaki como que ya está muy usado. Aunque igual, no descarto la posibilidad.
Soy libreeeeeeeeeeee. I'm as free as a bird now, and this bird you cannot change. Lord knows, I can't change. Si alguien sabe cual canción es, le doy una galletita (no se vale usar Google). Salí de vacaciones hace dos semanas, exactamente. Soy una chica guapa de 5to semestre, oficialmente. Es curioso, en todo este tiempo, obligué a mi trasero a sentarse y a escribir unas diez o quince veces y hasta apenas hace tres días, fui capaz de escribir más de mil palabras seguidas.
Como comercial y fuera del tema, ¿alguien sabe algún remedio casero para el cabello con puntas abiertas y secas? Tengo puntas en las puntas de las puntas. Me lo quiero cortar (yo siempre me lo quiero cortar), pero en mi graduación quiero lucir una melena hasta los tobillos, tipo Rapunzel. Aunque no soy Rubia. Ni estoy encerrada en una torre. Ni tengo ningún príncipe apuesto que me quiera rescatar; u ojos azules.
(Ustedes: Ya entendimos, Pew. No eres Rapunzel ni lo serás)
Prefiero a Mulán (L) Ella siempre fue mi princesa Disney favorita (P.D. Y si no es princesa, púdrete Disney). En fin, los extrañéeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee. Yo siempre los extraño, condenadotes ¿Ustedes me extrañaron a mí?
Mañana es el día de los padres (al menos en México sí) y espero que le den un fuerte abrazo a sus papás. Mi relación con el mío es muy distante, tenemos diferencias irreconciliables y hace un par de años que no hablamos, pero lo respeto por el simple hecho de serlo y quizás le hable para felicitarlo. Lo quiero muchísimo, a pesar de todo, pero quiero más a mi abuelo materno. Para mí, él es el puto amo. Peleamos mucho y renegamos mutuamente, pero así nos queremos HAHAHA Siempre he aspirado a ser como él. De verdad, cualquier cosa que le preguntes, la contesta (la mayoría del tiempo bien, o si no, se la inventa HAHA). Gracias a él, me gusta la historia mexicana (historia antes era mi materia favorita) y todas las películas de Cantinflas, Pedro Infante... películas mexicanotas, con sombreros, tacos y tequila. También felicitaré a mi amá, que ella también tiene su parte como padre. Tengo planeado hacer una pequeña viñeta para Isshin.
Ahora sí, reviews time (L). Hace mucho que no veo a Iana Walker, espero que esté bien. Sé que debo tenerlos cansados, pero yo jamás me cansaré de agradecerles el tiempo que me dedican leyéndome. Si creen que este capítulo merece un review, déjenlo. Y si no, también o dejo de actualizar MAUAHAJAHAHGAHA No es cierto, son libres de dejarlos cuando quieran.
Start Kurosaki: Awwwwwwwww, qué lindo eres. Tengo amigos súper psicópatas cuando se ponen a jugar y no importa si la casa se está quemando o su madre está agonizando, ellos se quedan inmóviles hasta terminar la partida HAHA Gracias por el detalle, de verdad.
Andyantopia: Me encanta la relación entre Byakuya y Rukia. Los dos son tan torpes para demostrarse su cariño, pero de que se quieren, se quieren.
Videl Kurosaki: ¡Hola, Videl! Sí, si no me falla la memoria, ya te había visto por aquí. Me alegra que regresaras y si no puedes comentar, no hay ningún problema. Me conformo con que la leas y te agrade la historia.
Soul Neko-Natsu: Soul, algo atrasada, pero espero que te haya ido excelente en tu exposición. ¿Yo, troll? HAHAHAHAHAHA Vale, un poco *todos le avientan piedras* Está bien, soy hipermegaarchirecontra troll. Y respecto al bebé, tengo un as bajo la manga. Pronto lo verán.
Kotsuki Kurosaki: Te comprendo (L) Yo me las doy de muy machota, pero a la hora de la verdad soy una Magdalena. Viendo películas acompañada no paso de un nudo en la garganta, pero a solas soy una fuente de lágrimas. Con decirte que hace poco pasaron Nacho Libre (una película de comedia) y lloré cuando al protagonista le estaban dando una paliza en la pelea, en eso llega la chica que le gusta (una monja), saca fuerzas y vence al malo HAHA Se lo conté a una amiga y se rió de mí durante media hora.
Otonashi Saya: Oh, staph it you. Luego me la creeré. No sé cómo, pero siempre le das al blanco y tengo que esforzarme al doble para que no lo adivines. Aún tengo varias cartas sin jugar, eh. Soy mala perdedora. Y sí, me agrada ver la perspectiva completa de los personajes. No me gusta quedarme solo con el "él es malo" o "él es bueno". Si él es "bueno" o "malo", ¿por qué lo es? ¿Quiénes intervinieron en ello? ¿Cuáles son sus puntos débiles o sus defectos? Yo soy fiel creyente que el pasado marca el presente y el futuro y es difícil borrarlo. Pero en fin, el día que dejes de comentar, me daré un tiro o algo así HAHA Me gusta leer tu opinión, es interesante y me da qué pensar.
Foreveryour: Yo también soy masoquista HAHAHAY no prometo nada, pero es 95% probable que en el próximo capítulo haya un reencuentro. Tengo demasiado tiempo libre ahora y parece que hay condiciones favorables para escribir, así que quiero creer que no tardaré tanto, al menos en estos meses.
Liebesspiel Moon: Creo que ya te lo he dicho varias veces, pero aún no tengo ni puta idea de cómo terminará todo esto HAAHAH Me esforzaré, porque quiero que sigamos hablando *llora* Tu regalo sigue pendiente 1313 HAHA Está a medias y el maldito no se deja terminar. Tengo muchísimas ganas de leer algo tuyo y tú nada más no te dignas a mover tu trasero y a escribir *sigue llorando* ¿Me creerás que no he pensado como será la dichosa criatura?
io-36: Respondiendo a tus preguntas:
1) Sr. Tanaka (casi me dio miedo cuando leí tu review, porque nadie había notado que no lo había nombrado HAHA justo apenas ahora lo iba a revelar)
2) Jamás la había escuchado, pero me parece interesante el fragmento que publicaste. Creo que le copié al autor sin querer. O él me copió a mí (?)
3) Creo que no HAHAHA Siempre pongo lime cuando escribo algo subido de "tono" para prevenir algún tipo de situación desagradable a alguien que no le guste ese tipo de lectura. Aunque hasta ahora, no he conocido a ni una sola persona que no le agrade y que pida más recato AHAHAHAH.
ALEXZHA: Lo siento, sé que soy algo maldita con ellos, pero te juro que amo al Ichiruki como a nada en el mundo. Dudé mucho, pero al final decidí que sí estuviera embarazada. Tiene su porqué, ya lo sabrán después.
Thebluecharm: ¿Se nota que me gusta el Grimmjow x Nelliel? JAJA No sé, Grimmjow me parece tan sexy y maldito, que asdf, me hace imaginar muchas cosas *risa malvada* y Nelliel me agrada, aunque no tanto. Pero mi pareja favorita es el Ichiruki y por eso tengo que esperarme para bombardearlos con romance.
Zamtik y Girzzeta: Todos los ánimos y cariños son bien recibidos ¡Muchísimas gracias! Este tipo de review me sube infinitamente mi autoestima como escritora —o mejor dicho, intento de escritora, todavía me falta muchísimo para considerarme como tal—. Espero no decepcionarlos nunca y si es así, que me lo digan con toda la franqueza del mundo. Con el favor de todas las entidades divinas, podré decir lo mismo en un año. Sí, dentro un año haré el examen para la facultad de Medicina y espero dar el ancho ¿Has visto el vídeo de "Querido yo a los 17"? A mí me conmovió tanto, que admito haber derramado un par de lagrimillas. Me quitó todas las dudas que tenía. Ojalá este capítulo supere sus expectativas ¡Saludos!
Dan Yagami: No te preocupes, sigue siendo muy sexy Awwwwwww, ¡ahora todos hicieron un complot para hacerme casi llorar de la emoción! ¡Por fin tengo mi 10! (L) No me gustan los plátanos *carita triste*
ferthebest-ia: ¡Gracias, linda! Siento la tardanza, pero aquí está.
Psycho-Anto: Conmigo llorarán lágrimas de sangre MUAHAHAJAJAJAJA O.K., no. No es para tanto. Está bien, yo entiendo que merezco las maldiciones haha No hay problema de mi parte. Solo no me hagan vudú.
Maria: Nunca abandonaré a mi bebé *llora* Quizás lo ignoré un poco HAHA pero abandonarlo, no. No sé porque, pero siempre que veo tu Nick recuerdo una canción que canta Blondie que se llama así, ¿la has escuchado?
Hoy me pasé de parlanchina. Lo siento, tenía muchas ganas de escribir porque los amo.
Nos vemos en el próximo capítulo
