Summary: El compartir la habitación con otra persona puede ser un poco problemático... Sobre todo si es del género opuesto, tiene un humor de los mil demonios y ama a los conejos.

Disclaimer: Los personajes de Bleach son enteramente propiedad de Tite Kubo. Yo soy tan sólo una fanática loca que intenta emparejar por todos los medios a Ichigo y Rukia para su satisfacción.

Notas de la autora: Yo prometí reencuentro y reencuentro hay. Disfrútenlo… mientras puedan (inserte risa macabra).


Capítulo XVIII

Flor en el precipicio

«Simplemente, practico para decirte adiós»

El edificio estaba de luto. Su piedra angular, personificada en aquel bonachón anciano, se había derrumbado sin previo aviso. Nadie podría creerlo. Es decir, si alguien hubiera preguntado la opinión de sus inquilinos, la mayoría habría asegurado —por más cruel que fuera— que moriría primero el Sr. Ukitake que el Sr. Tanaka. El primero se mostraba enfermizo y decaído durante todo el tiempo (sin contar sus prolongadas estancias en el hospital), mientras que el segundo irradiaba vitalidad a cada paso.

Así de efímera era la vida.

Antes de marcharse al trabajo, Ichigo se dirigió al mostrador del casero. Aquel día le correspondía entregar el pago de su alquiler y el viejo solía dormirse muy temprano. Si no pagaba en ese momento, tendría que esperar hasta la mañana siguiente. Al bajar al vestíbulo, se encontró con su asiento vacío. Buscó fuera del edificio —quizás estaría barriendo—, pero no halló al casero por ninguna parte.

El ojimiel aún tenía tiempo, así que se tomó la molestia de ir hasta su departamento. El lugar donde vivía el Sr. Tanaka y su esposa no era muy distinto al resto. Su departamento se localizaba en el segundo piso y era el primero de la numeración. La figurilla de un perro de porcelana y un anticuado tapete tejido de bienvenida decoraban su exterior. Llamó a la puerta, golpeándola ligeramente con los nudillos, pero no recibió respuesta.

El chico peli-naranja lanzó un pequeño suspiro, ya volvería después.

En el instante en que se disponía a darse la media vuelta, la puerta se entreabrió tentadoramente.

—¿Hay alguien ahí? —inquirió, examinando cada rincón de la sala. De pronto, distinguió un sospechoso montón de ropa que sobresalía de piso. No lo pensó dos veces... Con rapidez, se acercó a él, pero pasó mucho tiempo para que Ichigo comprendiera que ya no había nada más que hacer… El cuerpo frío y rígido de Ichirō Tanaka, despertó en el joven muchacho de ojos de color avellana, recuerdos que su mente se había esforzado en mantener ocultos, por su bienestar mental.

Su madre siempre pasaba por él puntualmente, después de clases. Aquel día, estaba retrasada por una hora. Era casi el último niño que quedaba en toda la escuela. No podía negar que se sentía cada vez más intranquilo, pero se consolaba pensando en las posibles causas que justificaran su tardanza. Quizás sus hermanitas habrían tomado la siesta antes y su madre no desearía despertarlas. O tal vez, andaría de compras. No había nada de qué preocuparse, ella llegaría en cualquier momento. Sin embargo, las manecillas de reloj avanzaban sin piedad y su madre seguía sin aparecer. Para empeorar su situación, tampoco podía llamar a su padre. Él tenía varios días fuera de casa, por un congreso médico.

Finalmente, se decidió para regresar solo.

¡Le demostraría a su madre de lo que era capaz!

Fue complicado cruzar las calles y recordar que camino debía seguir, tenía tan sólo seis años, pero finalmente lo logró.

¡Mamá! —Exclamó el pequeño Ichigo, al entrar por la puerta trasera— ¡Ya estoy…! —vociferó, callando abruptamente—… aquí —finalizó en un susurro. Su madre, la mujer que hacía resplandecer a su mundo, ella, estaba tirada sobre el piso de la cocina… en medio de un charco de un sangre.

Isshin Kurosaki apareció dos días después y frente a sus ojos, vislumbró una dantesca escena: su amada esposa muerta, su hijo mayor totalmente ausente e incapaz de responder a sus desesperadas súplicas y sus dos hijitas, encerradas en su habitación, completamente aterrorizadas.

Grand Fisher volvía a atacar en la ciudad.

Él no había estado en casa para proteger a su familia.

Jamás se lo perdonaría.

Hinamori depositó las compras del día en el comedor. Rukia-chan había salido y ella aprovechó el tiempo para ir rápido al supermercado. Guardó cada objeto en su lugar y pidió pizza por teléfono. Aquel sábado llevarían el sofá que juntas compraron una semana antes. Alguien debía estar en casa para recibirlo. El departamento, que tenía forma de un gran rectángulo, por fin adquiría vida propia.

Cuando se disponía a comer su tercera rebanada, escuchó sonar el timbre.

—¿Hinamori Momo? —preguntó un hombre robusto, sosteniendo una tabla sujetapapeles.

—Sí, soy yo.

—Súbanlo, muchachos —llamó a sus compañeros por radio— Firme por aquí, por favor —le pidió a la menuda chica, señalándole con una cruz roja el sitio donde debía hacerlo y entregándole un bolígrafo.

Ella obedeció.

Cinco minutos más tarde, su flamante (y costoso) sofá estaba felizmente instalado.

—Gracias por todo —les agradeció Momo con una pequeña reverencia, cerrando la puerta. No se resistió más y como una pequeña niña, se lanzó hacia la nueva adquisición— ¡Guau! —Exclamó sorprendida— ¡Sí qué es cómodo! —chilló emocionada, hundiéndose todavía más en él. No había punto de comparación, entre aquel mueble de diseñador y el andrajoso tatami que tenían en el otro edificio. Al principio, dudó cuando Rukia propuso que lo compraran. Era demasiado caro, pero ahora comprendía que valía cada centavo.

¡Podría quedarse ahí por horas!

Por fin se abrió la puerta y Momo dejó de sentirse preocupada por Rukia-chan. Había llovido muy fuerte durante toda la tarde y temía que algo pudiera pasarle. Cuando estiró su cuello para saludarla, como de costumbre, desapareció el alivio. El cabello de su compañera estaba desarreglado. Además, sus ojos se veían muy enrojecidos e hinchados, como si hubiera estado llorado recientemente.

En definitiva, algo no andaba bien con ella.

La mujer de ojos violáceos sollozaba, desconsolada.

—¡Rukia-chan! —Exclamó Hinamori muy asustada— ¿Dónde estabas? ¿Qué sucedió? ¿Estás bien? —empezó el bombardeo de preguntas.

—No… No estoy bien.

—¿Qué pasó?

—Es una historia muy larga de contar… —explicó Rukia en voz baja, encogiéndose de hombros.

Hinamori se aproximó a ella.

—No importa, linda —le animó, abrazándole cariñosamente— Tenemos toda la noche.

Rukia suspiró resignada.

Vaciló durante unos segundos, pero finalmente abrió la boca para comenzar con su relato:

No asistió al funeral. Simplemente, no pudo. Solo mandó con Nanao un pequeño sobre con sus condolencias (1) a la esposa del Señor Tanaka. Quizás no sería mucho dinero, considerando sus gastos (2), pero en algo habría de ayudarle. Eran todos sus ahorros, de haber tenido más, se lo hubiera entregado todo. Aquella tarde lloró por horas en el baño, sin que nadie se diera cuenta. Sin embargo, finalmente se decidió ir al cementerio.

Era lo menos que podía hacer para honrar su recuerdo. Deseaba despedirse de él, de la manera correcta.

Ingresó por la puerta principal, mientras una procesión lúgubre y desconocida salía del cementerio. Seguramente, acompañantes de algún otro desafortunado. Acomodó sus gafas oscuras y empezó a avanzar lentamente por el pasillo central. Como conservaba el número de Hanatarō, fue a él quien preguntó donde se encontraba la tumba del casero, pero al parecer, no había sido de gran ayuda. Estaba completamente perdida. No obstante, una cruel coincidencia, le confirmó que seguía el camino correcto.

Luego de tres meses sin saber —ni ver— a Ichigo, justamente en ese momento, él también estaba ahí y a unos cuantos metros de ella.

Rukia no sabía si:

a) Salir corriendo.

b) Suicidarse.

c) Abrazarle y decirle lo mucho que le había extrañado…

Una cosa era maldecir a Ichigo y jurar que ya no sentía nada por él y otra muy distinta, tenerlo frente así y ser incapaz de repetir lo anterior. Quizás había sido ingenua, pero realmente creyó que jamás se volverían a ver.

Mientras Rukia moría de la incertidumbre, él ni siquiera sabía que estaba allí. Continuaba de espaldas, mirando fijamente el monumento de piedra que tenía delante de sí. Lo único que le diferenciaba de una de las tantas estatuas del cementerio a un ser humano, era ese ligero suspiro que lanzaba de tanto en tanto. Ella permanecía completamente estática, observándolo. Él tardó bastante tiempo para notar su presencia, pero cuando finalmente lo hizo, quitó sus ojos de ella al instante. Totalmente impávido, su rostro era una perfecta máscara, que no revelaba ningún sentimiento o emoción. Sus ojos parecían congelados y carecían de vida propia. Ellos le rechazaban, al igual que su dueño. Ese no era el Ichigo que ella había conocido.

Como si de extraños se tratase, se fue, sin decir nada.

Debía sentirse feliz, ¿no?

Le había pedido que la dejara en paz y por lo que veía, le estaba obedeciendo de puta madre.

—¿Recuerda la primera vez que nos vio? —Susurró Rukia, ya sola— El friki naranja y la chica pobre… —sonrió débilmente— ¿A qué fueron buenos tiempos? —preguntó, sin esperar respuesta. De la nada, comenzó a reír, recordando todas las veces que Ichigo le hizo enloquecer con sus guarradas— Siempre le estaré agradecida —expresó, con más tranquilidad— Gracias a usted, lo tuve todo: un hogar, una familia… y un amor —su voz se quebró— ¡Lo siento mucho! —Exclamó la pelinegra, con los ojos humedecidos— Cuando dije que lo visitaría, no quise decir que sería de esta manera… —y ya no fue capaz de continuar.

Su rímel se fue a la mierda.

Dejó un ramo de flores frescas sobre su tumba y se marchó.

El camino de regreso fue lento. Avanzaba pensativa, con los hombros ligeramente caídos, aprovechándose de la quietud que se percibía en el ambiente. Era la única persona viva en aquel sitio. No había prisas. Se sentía ajena a la realidad. De pronto, la lluvia le sorprendió. Levantó el cuello de su gabardina instintivamente para cubrirse del agua. Aunque francamente, no le importaba mucho mojarse. Divisó un mausoleo a unos cuantos metros y apresuró el paso para cobijarse dentro de él. El interior carecía de iluminación. Lo pensó dos veces, en los insectos que podrían serle de compañía (arañas, cucarachas, lagartijas, entre otros), pero finalmente ingresó. La lluvia no parecía ceder pronto. Esperaría en su improvisado refugio, hasta que disminuyera un poco.

Sin embargo, ella no era la única persona presente.

Un cuerpo tibio y suave, que distinguiría en cualquier parte del mundo, rozó el suyo de improviso. La escasa luz no ayudaba a sus ojos a distinguir al dueño, pero su corazón sabía la respuesta. Estaba enloquecido. Deseaba hablar, pero las palabras no salían de su garganta. Él se aproximó todavía más a ella y su cálido aliento acarició su frente. Las piernas comenzaban a flaquearle, pero las obligó a permanecer de pie.

Rukia permanecía inmóvil, indefensa ante él.

Respetó su promesa, pero la observó a escondidas. Ichigo no podía creer la suerte que tenía. Cuando él creyó que Rukia estaba a punto de irse, se adelantó a la salida, pero la lluvia lo atrapó dentro del cementerio. Simplemente se había metido en aquel agujero, porque no había encontrado otro lugar mejor. Consciente de que ya no había espacio para las dudas, ni para segundas oportunidades, se lanzó hacia ella. Pegó su cuerpo contra el suyo, de la forma en que siempre fantaseó secretamente y rodeó su diminuta cintura.

¿Qué había pasado con el Ichigo infantil, de un año atrás? El del cabello largo y ropa desgarbada. Ese chico torpe, que la besó en la boda de su hermana ¿Dónde estaba? El friki, del cual sus amigos y su padre se burlaban porque no tenía novia y era virgen ¿Desapareció de la nada? Por más que lo buscaba en el contacto de su piel, no lo encontraba. Lo único que sentía era a un hombre totalmente distinto, confiado y dispuesto a todo.

Aunque le atrajera jodidamente, le temía en la misma proporción.

—I-Ichigo —logró balbucear— ¿Qué demonios estás haciendo?

El peli-naranja soltó un ronco gruñido.

—Por primera vez en tu vida, cállate —le musitó al oído, estremeciéndola. La voluntad de Rukia terminó por ceder y finalmente, le tomó por el cuello.

Distinguió el aroma de la loción para después de afeitar que él siempre usaba. Aún y con sus altos tacones puestos, la distancia que separaba sus rostros era enorme. Por lo que la morena necesitó ponerse de puntillas sobre sus pies.

Y llegó el momento glorioso, en que sus labios se volvieron a juntar, pero esta vez movidos por el deseo y la necesidad mutua. Ya no eran un par de chicos inmaduros y resentidos, que se jodían día a día por la tensión sexual que se negaban a aceptar. Ahora, eran adultos y sabían perfectamente lo que podría suceder entre un hombre y una mujer. Rukia entreabrió su boca e Ichigo entendió su invitación explícita de explorarla.

Era la sensación más placentera del universo.

Se separaron por unos segundos para tomar aire. Ambos sentían sus rostros ardiendo y respiraban agitadamente ¿En verdad estaba sucediendo? Rukia para comprobarlo, acarició su mejilla derecha con ternura. De pronto, él la abrazó y como recordaba de aquel día extraño, su anatomía se amoldó perfectamente a la suya. De una manera no verbal, estaban expresándose lo mucho que se habían echado de menos.

La despedida perfecta.

El brazo de Rukia tomó impulso y aterrizó en la mejilla del peli-naranja.

—Me das asco —murmuró Rukia con desprecio, limpiándose los labios con el torso de su mano— ¡No quiero volver a verte jamás en mi vida! —increpó furiosa y salió corriendo.

El llanto de Rukia había cesado. Hinamori le preparó una taza de té, mientras ella se cambiaba de ropa. Tal vez eso le ayudaría a tranquilizarse. Además, debía ponerse algo seco para evitar que se enfermara. Al finalizar con su historia, su compañera le observó con una mirada —extrañamente— seria y permaneció callada. El único movimiento que hacía con sus manos era agitar una y otra vez el contenido de su taza.

Jamás le había contado algo acerca de su vida personal, quizás le resultaría incómodo.

—Rukia-chan ¿Por qué te fuiste del cementerio?

La ojiazul soltó un suspiro.

—Me sentí sucia.

—Ese es el tipo de cosas que normalmente hacen los novios —respondió Hinamori sonrojada, mirando hacia el suelo— No debiste sentirte así.

Rukia esbozó una pequeña sonrisa, ella era demasiado inocente.

—Él será padre en unos cuantos meses —explicó tristemente— No quiero robarle el padre a un pequeño, que ni siquiera nace todavía.

—Pero él te quiere. Por lo que me cuentas, él debe quererte.

¿De verdad él la quería?

—No —negó con amargura— Él no me quiere.

—¿Por qué?

Rukia empezaba a fastidiarse con tantas preguntas.

—El amor no es una cosa que aparezca de pronto. Se construye lentamente. Si algo he aprendido con el paso de los años, es que el amor a primera vista no existe. Tan sólo te enamoras de la persona que tú crees que es, la enalteces y le atribuyes un montón de cualidades. Hasta que, cierto día, despiertas y descubres que es producto de tu imaginación. Quizás tenga el mismo rostro a esa persona, pero será muy distinta e inevitablemente, te decepcionarás. Con Ichigo fue al revés. Cuando lo conocí, él era el último hombre en quien me fijaría sobre toda la faz de la tierra. Era flojo, egoísta y un vago. O al menos yo construí esa imagen de él. Pero con el tiempo, fui capaz de ver otras facetas, detalles, que no sabía que él tuviera. Tardé mucho tiempo para comprender y aceptar que sentía algo más por él…

—¡Ves! —Protestó Momo emocionada— ¡Deben estar juntos!

—Él no me quiere —repitió Rukia con decisión— y yo no puedo perdonarlo. Comprendo que nunca fuimos "algo", pero aún así, yo siempre le fui fiel, sin saber siquiera que estaba enamorada. Yo también tuve la oportunidad de estar con otro chico. Incluso, él me interesó primero que Ichigo, pero en el momento que me ofreció algo en serio, yo lo rechacé —guardó una dolorosa pausa— ¿Acaso era tan difícil que Ichigo hiciera lo mismo? —y un par de lágrimas rodaron sobre sus mejillas.

Sentía que la lluvia escupía sobre su rostro.

Todo estaba perdido.

Buscó en el bolsillo interior de su cazadora y sacó su móvil. Sus dedos reconocieron inmediatamente la forma de su colgante. El resentimiento que sentía dentro de sí, lo arrancó de tajo y lo lanzó lo más lejos que pudo.

La cabeza de Chappy El Conejo salió volando por los aires.

Rukia se lo había obsequiado por navidad. Aunque nunca se lo entregó, ese había sido su propósito.

Un día, por casualidad, él bajó al contenedor de la basura para tirar unas cuantas bolsas, llenas de desperdicios. En la superficie de éste, encontró un par de cajas con envolturas muy coloridas y empalagosos moños color pastel. Le pareció extraño que alguien pudiera desechar ese tipo de cosas. La curiosidad pudo sobre él y terminó examinándolas mejor. Para su fortuna, éstas venían con una tarjeta individual. Descubrió impresos los nombres de sus hermanas, su padre y el suyo… en notas rosadas, con conejos. Solo una persona, además de las niñas de tres a cinco años, podía utilizarlas: Rukia. Decidió rescatarlos y mandarlos a sus respectivos dueños. Jamás le contó su hallazgo a Rukia, ni tampoco le preguntó el porqué había hecho tal cosa. Solo guardó cuidadosamente aquel horrible colgante.

Y ahora estaba deshaciéndose de él.

Aquel día se sentía especialmente de buen humor. Gracias a un nuevo grupo de inversionistas, los problemas económicos de la corporación desaparecerían. Durante décadas, la empresa se mostró herméticamente cerrada a los desconocidos. En un principio, esto le otorgó un poder inquebrantable, pero con el paso de los años, este sistema se volvió en su contra, al borde de llevarlos casi a la bancarrota. Byakuya había luchado por años para cambiarlo, pues consideraba que abrirse a otros mercados era la única solución para sobrevivir al nuevo milenio. Los pocos miembros que quedaban del Clan Kuchiki por fin habían aceptado que gente ajena a la familia participara en sus negocios. Con más capital, podrían recuperar terreno.

En definitiva, el regreso de Rukia le estaba trayendo cosas buenas. Aunque quizás se separarían por un tiempo. Él debía supervisar cuidadosamente un par de proyectos en Taiwán y éstos podrían tener una duración mínima de dos años, hasta de seis.

—Señor Kuchiki, la señorita Rukia se encuentra aquí —le informó su secretaria por el intercomunicador.

—Déjala pasar.

Le había atraído con el pensamiento.

—Onii-sama —le saludó con una respetuosa reverencia— Tengo que pedirte un favor muy grande.

—¿De qué trata?

—Sé que irás a Taiwán.

—En efecto.

Sí que los chismes viajaban rápido.

—Podrías… ¿Podrías llevarme contigo?

Byakuya —le nombró con seriedad— Tienes que ser sincero conmigo —guardó una pausa— ¿Cuál es el parentesco entre tú y esa niñita? —él permaneció cabizbajo, pero sin ninguna intención de hablar— De tu respuesta, dependerá su estancia en esta familia… —le reiteró sin titubear.

Ambos sabían que la cosa iba en serio.

Soy su tío.

Ginrei Kuchiki endureció su mirada.

¿Estás diciendo la verdad? ¿Quién es su padre?

Hisana quiso tanto a ese hombre, que ni siquiera a mí me lo dijo…

Les esperaba un largo viaje.

Finalmente conocería a la familia de Ichigo. Cualquier otra mujer debería estar fuera de sí, pues su relación adquiriría un carácter más oficial. Aunque curiosamente, Nell no sentía nada. Ni siquiera curiosidad. Deseó tener un cigarrillo en sus manos, pero recordó que le sería imposible fumarlo. No, en su estado actual. Faltaban dos meses para que diera a luz. En cuestión de días, se convertiría en madre.

La mujer de cabellos verdes observaba absortamente el paisaje urbano, mientras el ojimiel conducía su auto.

Le había pedido a Nelliel que lo acompañara a Karakura. Por primera vez en su vida, su padre tenía razón. Sin importar lo decepcionado que se sintiera, debía poner de su parte. Debía madurar… Debía hacer tantas cosas.

—Nell, ¿quién eres en realidad?

—Nelliel Tu Odelschwanck —respondió indiferente— No conozco a mis padres. Pesche y Dondochakka me criaron desde pequeña. Ellos son lo más parecido que he tenido a una familia. Jamás me imaginé que terminaría siendo modelo. En realidad nunca lo busqué, solo llegó. Un tipo me "descubrió" en un centro comercial, un día que me saltee las clases en el Instituto. A mí me parecía estúpido, pero Pesche me convenció de hacerlo. No era inteligente ni tenía dinero. No quedaba otra opción para mi futuro, más que ese. Empecé a tomar clases en una academia famosa que el tío del centro comercial me pagó y poco a poco me di conocer. Eso es todo.

—¿Hay algo más que deba saber?

Ella soltó un largo suspiro.

—Me embaracé a los dieciséis.

Ichigo la miró sorprendido.

—¿Tienes un hijo?

—No.

—¿Lo diste en adopción?

—Aborté.

Fin de la conversación.

Karakura era un pueblo muy pequeño y aburrido. Nelliel no le encontraba nada rescatable. Ni siquiera el canal que lo atravesaba de punta a punta. Luego de ocho horas y un sinfín de paradas en las estaciones de servicio, realmente se sentía cabreada. Por fin Ichigo aparcó el auto, frente a la que sería la casa de su familia y localizó un letrero que decía Clínica Kurosaki. Ni siquiera sabía si era legal que una clínica estuviera tan reducida de espacio.

—Llegamos —anunció Ichigo. Ella bajó con dificultad, pues su barriga le impedía bastante el movimiento. El peli-naranja le guío hasta la entrada de la clínica. Eran las cinco de la tarde. Su viejo debería estar atendiendo gente todavía. Abrió las puertas de cristal y la dejó pasar primero. El lugar parecía desierto. No veía a sus hermanas por ningún lado. Se encogió de hombros y finalmente, se acomodó junto a Nelliel en la sala de espera.

—… no lo olvide, cada ocho horas —reiteró Isshin a una viejecilla encorvada, abriendo la puerta del consultorio— Nos vemos la próxima semana —se despidió con gesto amable. La mujer avanzaba lentamente, con ayuda de un bastón. Entonces divisó a su hijo y notó que venía acompañado.

El muchacho de ojos avellana se incorporó perezosamente.

—Nell, él es mi viejo.

Ella estiró su mano para saludarle, pero él le abrazó con efusividad.

—¡Bienvenida a la familia Kurosaki! —Chilló el padre de Ichigo. Era un hombre alto y moreno. Llevaba ropa muy rara, pero todavía parecía ser joven— ¿Puedo revisar? —le suplicó, con el rostro iluminado por la felicidad, fijando su mirada en su vientre. Ella simplemente no fue capaz de decirle que no. Por más incómoda que se sintiera, el señor se veía muy ilusionado. Más de lo que Ichigo o ella jamás hubieran demostrado. Asintió y él enloqueció, brindándole atenciones— Todo está perfecto. Vamos en la semana número veintiocho —explicó con la seriedad, contemplando aquella pantalla— ¿Quieren saber el sexo del bebé?

—No —respondió Nelliel por Ichigo— queremos que sea una sorpresa.

—Entiendo —comentó con una sonrisa— El bebé mide ya treinta y ocho centímetros y abre los ojos… ¡Masaki, ojalá pudieras ver esta maravilla! —expresó emocionado, con lágrimas en los ojos. Nelliel le observaba inquisitoriamente ¿De verdad estaba llorando? ¿Quién era Masaki?— Karin debe estar a punto de terminar la cena. No creo que nadie venga ya. Cerraré la clínica, para que podamos pasar a la casa.

—Es muy amable de su parte —comentó fríamente la peli-verde—, pero debemos regresar a la ciudad.

—¡Oh, no hay ningún problema! —le restó importancia con un ademán. Si no fuera porque entendía todo el desequilibrio hormonal que sufría en esos momentos, Isshin pensaría que ella estaba siendo muy descortés— Ya será en otra ocasión.

Observó a sus largos cabellos negros por última vez. De nada le servirían ya. El peluquero tomó finalmente las tijeras y Rukia cerró sus párpados con fuerza. Solo era capaz de escuchar el sonido incesante de las tijeras abriéndose y cerrándose, cortando cada mechón a su paso. Hebras y hebras de cabello caían sobre sus hombros. Tras unos pocos minutos, su cabeza se sintió increíblemente ligera.

Una mujer que se corta el pelo, está por cambiar su vida.

Luego de tantos días de reclusión, por fin salía sin preocuparse. Todos lo sabían, ¿qué más daba? Las chicas de la agencia jamás querían despegarse de su lado. La mimaban y continuamente recibía obsequios de su parte. Aquella tarde había visitado a Pesche y a Dondochakka. Cuando se enteraron de la noticia, Pesche estaba furioso y Dondochakka era un mar de lágrimas. Sus hermanos eran tan diferentes entre sí, pero se sentía feliz de tenerlos. A la una de la mañana, escuchó que alguien tocaba el timbre. Dudaba que fuera Ichigo, pero salió de todas maneras.

—Grimmjow… —musitó atónita.

—Es verdad —dijo para sí mismo— estás embarazada.

—¿Qué haces aquí?

—¿Quién es el padre? —inquirió serio, acercándose peligrosamente a su rostro.

—¡Apestas a alcohol! —exclamó incómoda, separándose inmediatamente de él. Grimmjow Jaegerjaquez estaba más que ebrio. Aunque no le extrañaba, él solía beber hasta perder el conocimiento. Era un milagro que se sostuviera en pie todavía.

—Deja de sermonearme y tráeme un vaso de whisky —le ordenó el muy infeliz, mientras entraba a su casa.

Ella observaba la escena con indignación.

—¿Quién te dejó entrar?

Él se acomodó en el sillón principal, entendiendo sus pies en la mesa de centro.

—¿Qué? —Le cuestionó, como si fuera la cosa más natural del mundo— ¿Acaso te van a regañar?

Nelliel esbozó una sonrisa socarrona.

—Ya —expresó satisfecha, al comprender el motivo de su visita— Así que estás celoso, ¿eh?

—¿Yo? ¿Celoso? —Repitió, fingiendo demencia— Nadie estaría celoso por una vaca como tú.

—Sigues siendo el mismo hijo de put…

—El nuestro tendría diez años —le interrumpió, a sorpresa de ambos.

Silencio.

—No seas estúpido, Grimmjow —le espetó molesta— Ambos sabemos que no te importaba.

—Lo creas o no, sí me importaba…

—¡Vete! —le ordenó, jalándole del brazo con todas sus fuerzas.

Él había sido lo mejor y lo peor de su vida. El cáncer que carcomió la poca felicidad que alguna vez tuvo. Una terrible adicción, de la cual había luchado por mucho tiempo para salir. Estaba cansada de que su sombra le siguiera.

—Lo siento.

Solo quedaba un asunto pendiente.

A las dos y media de la mañana, cansada de no conciliar el sueño, decidió que haría en sus últimas horas en Japón. No podría irse, sin mirar a Ichigo una vez más. Aún conservaba una copia del juego de llaves del departamento… Era riesgoso, pero el sentimiento de desesperación que le embargaba era peor.

Asegurándose de que nadie le viera, se escabulló dentro del edificio. A pesar de tener meses sin pisar aquel sitio, seguía recordando la ubicación exacta de cada cosa. Subió con rapidez por las escaleras, completamente a oscuras.

Cuando por fin se encontró frente a la puerta marcada con el número quince, un nudo se formó en su estómago. Sentía muchísimo miedo, verdadero pánico. Su cuerpo temblaba y era incapaz de moverse. ¿Y si él continuaba despierto? ¿Qué le diría? Lo mejor sería marcharse y olvidar todo. Ella debía estar en el aeropuerto temprano, no tenía caso seguir plantada en aquel lugar, casi al borde del colapso nervioso.

No.

Físicamente, solo una puerta le separaba de él.

Un click y la cerradura cedió. Era un alivio que siguiera siendo la misma de antes. Las bisagras rechinaron ligeramente al abrirse y el corazón de Rukia empezó a latir desenfrenado. Tenía la sensación de que sería descubierta en cualquier momento. Espero quieta unos instantes, pero todo continuó igual. Nadie le había escuchado. Tomó un último respiro y finalmente entró. Quizás Ichigo ni siquiera estaría en casa. Todo se hallaba en orden, a excepción de un par de trastes sucios. Se dirigió sigilosamente por el pasillo, como ladronzuela y el recorrido que distaba hasta la habitación le pareció eterno.

Entonces llegó.

Sin saber cómo, un par de lágrimas rodaron por sus mejillas.

Su cama y todo rastro de su presencia, habían desaparecido. Era como si nunca hubiera estado ahí. Justo ella, también era un fantasma en su vida. No entendía la maldita razón que la había llevado hasta ese lugar. No alcanzaba a comprender porque Ichigo estaba tan dentro de sí. Y le dolía. Le dolía a rabiar. Ya no deseaba sentirse así. Tan sola, tan perdida, tan patética. Quería encontrar algo que le ayudara a olvidar.

—Rukia… —murmuró sobresaltado, incorporándose con rapidez. Observó a su alrededor. Todo había sido un sueño. Muy extraño, por cierto. Se levantó por un vaso de agua a la cocina y Kon también parecía intranquilo— Deberías estar dormido, Saco de Pulgas —notó que su teléfono sonaba. Era Nell— ¿Qué pasó?

—Creo que se me acaba de romper la jodida fuente.

Un trayecto que normalmente tendría una duración de cuarenta y cinco minutos en automóvil, Ichigo lo hizo en veinticuatro. Ni siquiera se cambió de ropa, llevaba su mismo pijama. Solo tomó el juego de llaves de su coche y salió, literalmente, corriendo. Se suponía que aún faltaban dos semanas para la fecha aproximada del parto. Lo único que le preocupaba era llegar a tiempo con Nelliel. Llamó al hospital para que estuvieran preparados. Ella parecía muy asustada.

Como nunca había sido muy bueno hablando, solo estrechó su mano todo el tiempo.

—¡Niña! —Vociferó con emoción una enfermera— Felicidades, Sr. Kurosaki. Usted es padre de una hermosa y saludable niña.

—¿Y cómo se llamará? —preguntó el médico.

—Akari (3) —respondió Ichigo conmovido hasta las lágrimas.

Tokio y Taipéi estaban separados por 2101 kilómetros. El estimado del tiempo de vuelo era de tres horas. La diferencia horaria era mínima, siendo una hora más temprano en Taiwán. Sin considerar las diferencias culturales, el cambio de país sería relativamente fácil.

—Te echaré de menos, Rukia-chan… —musitó Momo afligida, rodeándole efusivamente con los brazos.

—¡No estés triste! —Expresó la ojiazul, esforzándose para tener buena cara— Podrás visitarme todas las veces que quieras —le aseguró con fingido ánimo— Solo debes decírmelo. Yo enviaré tu pasaje del avión y te quedarás conmigo. Anda, sonríe —su amiga esbozó una triste sonrisa y ella correspondió al gesto. De un momento a otro, un pequeño sollozo se escapó de su garganta y ya no fue capaz de soportarlo más, echándose finalmente a llorar.

Su hermano carraspeó incómodo.

—Debemos pasar a la zona de embarque.

Rukia limpió sus lágrimas disimuladamente.

—No es un adiós, Momo, sino un hasta luego —la chica se separó finalmente de ella— Nos veremos más pronto de lo que tú crees.

—¡Nos vemos, Rukia-chan! —Expresó reconfortada— Cuídate.

La morena tomó su equipaje de mano y se alejó lentamente, sin mirar atrás.

Adiós, Ichigo.

Observó a su pequeña hija y sus ojos se llenaron de lágrimas. Era tan hermosa y delicada. Le hacía dudar si en verdad había tomado la mejor decisión. Si se marchaba, jamás podría volverla a ver. Prácticamente, estaba renunciando a ella.

Pasó su vista a Ichigo, él también dormía plácidamente.

Jamás había amado a un hombre con tal intensidad, como al que tenía delante de sí. Podría sonar ilógico, tomando en cuenta sus futuras acciones, pero esa era la bendita verdad. Ya no le importaba lo que la gente diría sobre ella. Eso incluía al propio Ichigo. Sí, sabía que estaba siendo completamente egoísta y que él tendría todo el derecho de maldecirla, pero únicamente a Dios le debía explicaciones, pues él conocía de sus razones; tarde o temprano, ella pagaría sus deudas por sí sola. También era consciente de que Ichigo y su hija la odiarían durante mucho tiempo, pero confiaba en que la perdonarían algún día.

Ichigo la educaría bien y la convertiría en una gran persona.

No tomó ninguna de sus pertenencias y salió sigilosamente por la puerta, dejando atrás toda su vida.

Akari, milagrosamente, no había llorado ni una sola vez. Esa era la primera noche que dormía completa en días. Se estiró perezosamente sobre la cama de Nelliel, pero no sintió la forma de su cuerpo.

—¿Nelliel? —inquirió en voz baja, para no molestar a la bebé. Aunque no sirvió de mucho, pues Akari poseía un oído privilegiado y su llanto agudo, parecido al maullido de un gato, empezó a resonar por toda la habitación— Buenos días, gatito —le saludó cariñosamente, sacándole de su cuna. Meciéndola con cuidado entre sus brazos, recorrió el departamento buscando a su dueña— ¿Dónde está mamá? —le preguntó a su hija, como si ésta pudiera responderle. Akari pareció calmarse durante varios segundos, pero reanudó su llanto con mayor intensidad— Un momento, linda —le pidió pacientemente, besándole la frente— ¿Qué es esto? —se cuestionó a sí mismo, cuando divisó una nota encima de la mesa. La tomó con cierta aprensión, intuyendo que algo no andaba bien. Su mente tardó bastante en procesar las palabras que en ésta se plasmaban. Su móvil comenzó a sonar desde la habitación: —¿Nelliel? —repitió Ichigo impaciente, casi al último timbrazo.

—¡Feliz cumpleaños, Ichigo! —le felicitó la empalagosa voz de su padre.

De un momento a otro, su vida había cambiado radicalmente.

Ahora, era padre soltero.


Notas:

(1) En Japón, los asistentes de un funeral llevan dinero de condolencia en un sobre especial decorado en negro y plata que dejan en la entrada del velatorio. Dependiendo de su relación con el fallecido pueden ser entre 3.000 y 30.000 yenes.

(2) El coste medio de un funeral japonés es de unos 2 millones de yenes.

(3) "あかり" Significa luz, rayo de luz. Ser una mujer que pueda iluminar el corazón de otras personas.


No sé ustedes, pero creo que no debo andar bien mentalmente. Es decir, ¿besarse en un cementerio, mientras el cielo se está cayendo? Es mi versión remasterizada de los besos bajo la lluvia.

*Arrestan a Miss Pew por faltas a la moral*

Hoy le puse bastante flow, que me he quedao' limpia por un tiempo. No digo que tenga mi "hiatus" tipo Bleach, pero creo que no será fácil recargar mi inspiración. Me han pasado un montón de cosas desde la última vez que actualicé y ya no tendré tanto tiempo libre. Pero no, no abandonaré mis historias aún más. Por si quieren matarme, aquí les dejo una página que hice: www*facebook*com/pages/Miss-Pew/525881884127191 (ya saben, solo hay que sustituir los asteriscos con puntos). Por más ocupada que esté, siempre revisaré mi face una vez al día como mínimo. Además, mi propósito es dar algunos consejillos in-útiles y tener un espacio donde cotillear más cercanamente.

Podría decirles tantas cosas, pero creo que los fastidiaré. Tan sólo les pediré una sincera disculpa por la tardanza y por no traerles el megacapítulo que ustedes se merecen. Como siempre les he dicho, ustedes son todo para mí y les agradezco cada muestra de cariño que me han regalado y el solo hecho de leerme.

Sí, ando algo sentimental.

Riuzetsu: ¡Hola! Espero que no sea demasiado para evitar un suicidio. Prometo que ya no los cambiaré más.

Soul Neko-Natsu: Me inspiré con lo de Rukia por una amiga, es muy gracioso verlo en vivo. Bya-kun quizás muestre sus garras más adelante… pero mejor no digo nada. Soul, qué te puedo decir. Espero que hayas disfrutado tus vacaciones, retrasada como siempre. Yo entraré en una semana a clases.

Start Kurosaki: Como en las novelas, hay que embarazar a la protagonista (Pero Pew, Ichigo y Rukia jamás han… ya tú sabes… eso) No importa, que sea el Espíritu Santo (?). Pues Aizen apenas apareció, así que no puedo abrir mucho la boca. Respecto al drama, creo que a partir de aquí, me suavizaré un poco. No lo sé, debo pensarlo.

Videl Kurosaki: ¡Muchas gracias por las sugerencias! Créeme, no fue nada fácil elegir el nombre. Debía ser lindo, pero no tanto, por si luego Ichi y Rukia se animan a tener una criatura HAHA Hikari me gusta mucho, pero la variación "Akari" tiene mucho significado para mí, pues ese fue mi primer nick en foros y demás.

Dan Yagami: Totalmente avalado. Espero ganarme un tercer diez. Entre naranjas y papayas, prefiero las naranjas. Ojalá me enseñes. Pues respecto a las despedidas, tampoco soy tan original. Puedes decirme como sea. Incluso, no me enojaría que me dijeras "Adiós, bitch".

Otonashi Saya: Espero que tu hígado esté me he embriagado una vez en mi vida, cuando tenía como unos 13 y fue bastante deprimente. Ojalá el próximo año que sea legal, pueda comprar mis aguas locas. Una anécdota random, es que hace poco y por fin de cursos, unos amigos de salón y yo quedamos en reunirnos en una casa y ya sabes, convivir sanamente (emborracharnos), pero todo terminó muy graciosamente, porque no nos vendieron nada. Fue muy tonto, pero nos divertimos mucho en el proceso. No te preocupes, luego les patearás el trasero en otro partido. Por cierto ¿Qué juegas? Agradezco tus consejos. Ya empecé a usar aceite de oliva y no me ha ido tan mal. Nunca me plancho el cabello, solo cuando quiero verme ligeramente decente. Yo sí estoy gorda (sufre como Precious) JAJAJAJA Pues para mi graduación falta un año y con la chin… friega que llevo ahora trabajando y próximamente estudiando, creo que quedaré hecha trizas, pero bien buena.

Foreveryour: ¡Lo siento! Ya casi termino con el sufrimiento, lo prometo. El Ichiruki vencerá, no te preocupes.

Psycho-Anto: ¡No es justo! Me adivinaste todo el capítulo HAHA Eres peligrosa, tendré que deshacerme de ti (?) Tal vez sea demasiado tarde, pero de todo corazón, espero que te fuera muy bien en tus exámenes finales. Es mucho estrés, pero cuando lo terminas, es un alivio increíble. No sé si te pase a ti también, pero luego me siento demasiado libre HAHAHA

ALEXZHA: Gracias por tu sinceridad. Ojalá pueda agradarte más en el futuro.

Death demon98: No sé si esté literariamente preparada para escribir un lemon. Aún me siento demasiado verde, pero no lo descarto.

kokonattsu nee: Cuando empecé con la historia, actualizaba cada viernes (si no me falla la memoria). Después cada dos semanas y ahora, parece que cada mes… Todo depende que tal ande de inspiración.

ediof606: No lo había pensado, aunque sí me parecería interesante. Quizás podría hacer un final alternativo.

Liebesspiel Moon: Yo también extrañaré demasiado escribir CP. Por eso lo extendí, me resisto a finalizarlo (?) Terminaré, cuando ya no haya más relleno que ponerle HAHA Ya sabes que lo que tú decidas, yo te apoyaré. Espero que tus proyectos se concreten, porque quiero leerlos (L) ¿Secuestro y violación? JAHAHAHAHA No me des más ideas, de por sí ya soy una hija de puta.

DEUSxkero: Tengo que fumarme bastantes cosas para que las cosas coincidan HAHAHA ¡Me ha costado un montón, pero los dejaré juntos! Awww qué lindo eres. Me halagas muchísimo, pero no soy tan genial como tú crees. Solo tengo un poco más de práctica, pero eso es todo. Solo se aprende escribiendo, anímate y verás que saldrán cosas fantásticas. Cualquier duda que tengas, puedes preguntarme con confianza y yo responderé según lo que sepa o puedo buscar la respuesta. Ya sea por aquí por ff o por facebook, búscame como Miss Pew. Solo diré que sí me inspiré de la pequeña Nell. Sí, amo los reviews largos, son tan asdf y me hacen sentir tan bien. ¿Cómo se llama la página Ichiruki? Le he dado like a tantas, que quizás me falte. Te mando mis mejores vibras~

Rukia inlove: ¡Muchas gracias, linda! Espero no decepcionarte con mis frecuentes trolleadas.

Joey Kuchiki9474: Un mes después, heme aquí. ¿Qué página administras? ¿Cómo se llama nuestra amiga en común? Haha Admito que no leo el manga si no sale Rukia, pero aún siento muy feo cuando Tite no saca capítulo. Me hace sentir que el final está cerca y me deprime.