Summary: El compartir la habitación con otra persona puede ser un poco problemático... Sobre todo si es del género opuesto, tiene un humor de los mil demonios y ama a los conejos.
Disclaimer: Los personajes de Bleach son enteramente propiedad de Tite Kubo. Yo soy tan sólo una fanática loca que intenta emparejar por todos los medios a Ichigo y Rukia para su satisfacción.
Notas de la autora:
(*) Respecto al título, Bleach es traducido al español como lejía, blanqueador (dependiendo del país). La lejía es hipoclorito de sodio, químicamente hablando. No recuerdo exactamente el porcentaje, pero eso no es importante. Al menos en México "Bleach" vendría siendo "Cloro". Sé que es erróneo, porque la lejía no es únicamente Cl, pero si lo contiene.
Así que fuck the police, que no es clase de Química.
Capítulo XIX:
Cloro (*)
Siete años después.
Cloro. Elemento número diecisiete de la tabla periódica. Multiusos. Desinfectante y jode ropa por excelencia. El cloro había estado a lo largo de su vida, incluso antes de su concepción. Corría por sus venas. Lo mantenía puro, aunque de igual manera le corroía las entrañas. Su penetrante aroma le envolvía y le brindaba una atmósfera de seguridad inigualable. Cuando le olía, se sentía diferente, invencible quizás. Le aseguraba que ningún germen, bacteria o virus estaría al asecho. Le protegía de las infecciones, del pus, de la sangre seca y la carne putrefacta de los quirófanos. Le recordaba que tenía el control.
Se deshizo de su bata, de inmaculado color blanco.
Comenzó la marcha en su automóvil. Los faros de la ciudad aún seguían encendidos. Del hospital a su cama distaban treinta minutos. El ronroneo del motor le anunció que el rol del hombre profesional había finalizado.
Ahora volvía a ser un simple mortal, con una familia y cuentas pendientes.
Arrogó sus llaves en la mesita habitual. Ingresó silenciosamente a la habitación de la mujer de su vida y depositó un suave beso en frente. Verificó que su futón le cubriera totalmente y salió, con toda la intención de descansar al menos un par de horas.
—¡Akari Kurosaki! —Exclamó desde la cocina, a las siete de la mañana en punto— ¡Es hora de desayunar!
Tras unos segundos, ella apareció por las escaleras.
—No quiero ir a la escuela… —protestó medio adormilada, acomodándose en la mesa— ¡Kon! —Chilló alegremente, cuando lo divisó por la sala de estar— ¡Ven aquí!
—No toques al viejo Saco de Pulgas —le ordenó, sirviéndole comida— o tendrás que lavarte las manos otra vez.
Aparcó su auto. Se aseguró de activar la alarma y se apresuró a entrar a aquel establecimiento. Tenía un par de minutos de retraso y sabía que él odiaba la impuntualidad, por más que lo negara. La campanilla sonó al abrir la puerta de cristal. Lo localizó en la parte trasera, en la mesa que siempre solían elegir. Hablaba calurosamente por su manos libres, pero en cuanto la divisó, terminó con la llamada y la besó cariñosamente.
—¿Ocupado? —inquirió ella con una sonrisa.
—Tengo una audiencia en la tarde —explicó— ¿Qué tal tú?
—Organizo una conferencia —comentó orgullosa.
—¿Iremos a Japón para anunciar formalmente nuestro compromiso?
—Claro.
Él le había propuesto matrimonio desde ocho meses atrás. Ni siquiera tenían fecha para la boda. Él metido en sus juzgados y ella en sus eventos, simplemente no habían tenido tiempo de planear nada.
—Tengo el próximo fin de semana libre.
—Entonces hay que reservar el vuelo.
¿Qué sucedió con nuestro par? ¿Cómo afectó el paso de los años en sus vidas? ¿Seguían recordándose, a pesar de las circunstancias? Es imposible relatar lo que pasó durante todo ese tiempo, pero si podemos conocer ciertos hechos claves.
Rukia llegó totalmente desorientada y rota a Taiwán. Mentiría si dijera que fue feliz instantáneamente. Sí, quizás había tierra de por medio, pero al final de cuentas era la misma mierda. Quizás, peor. En Japón, al menos tenía a sus amigos y sus recuerdos. En Taiwán, nada. Podría huir a cualquier parte del universo, pero su batalla era mental y seguiría dentro de sí, de todas formas. La soledad fue su sombra y compañera por muchos meses. Empezar de nuevo tenía sus beneficios, pero nunca pensó en las desventajas. Cuando decidió borrar su pasado, jamás consideró que también eliminaría todo lo bueno, que quedaría vacía. Muchas veces se preguntó si realmente había hecho lo correcto. Sin embargo, fue capaz de ver la luz al final del túnel. No hay castigo que dure más de cien años. Es difícil determinar exactamente en qué instante dejó de dolerle, pero pasó. La vida volvió a tener sentido. De nuevo, el sol brilló para ella. Había recibido golpes muy duros en su vida, pero se recuperó de ellos y seguiría recuperándose. La felicidad en sí, no existía. Uno tiene momentos felices.
En ocasiones, bastaba solo uno, para aferrarse toda una vida.
Ichigo, por su parte, creció en muchos aspectos. Si miraba atrás, no le guardaba rencor a Nelliel. En realidad, le estaba agradecido. Sin Akari, sin ese motor tan poderoso, él se habría hundido. Pero no fue fácil. En muchos momentos creyó verdaderamente que no sería capaz, que la carga era demasiado pesada para el solo. Sin embargo, bastaba recordarla y eso le daba fuerzas suficientes para avanzar. Su único propósito era protegerla y lo haría, aunque se le fuera la vida en el proceso. También buscó a Rukia en un montón de ocasiones… pero jamás la encontró. Era un completo idiota. La esperaba, sabiendo que no regresaría. Nunca trató salir con otras personas. No se sentía preparado para aceptar a otra mujer en su vida. Su mundo giraba alrededor de su hija. No obstante, era consciente de que Akari necesitaba una figura materna estable. Nelliel vivía en Nueva York y la visitaba una vez por año (en su cumpleaños) o cada vez que se pasaba por Japón… Si es que lo hacía, pues había ocasiones en las cuales duraba hasta más de un año y medio para verla. Akari —y cualquier hijo— demandaba una madre las veinticuatro horas, los siete días a la semana. No cada año. Ella crecía muy rápido y llegaría el momento de explicarle cosas que él desconocía. Pero no se preocupaba por ello, al menos todavía no.
Acomodó la última maleta y cerró la cajuela.
—Akari es alérgica a las nueces —le recordó a su padre por décima vez.
—Lo sé.
—Akari —le nombró, poniéndose de cuclillas para estar a su altura— Por favor, no travistas a tu abuelo en mi ausencia.
Isshin y su nieta soltaron una risita.
—Claro, papá —le aseguró, cruzando los dedos por detrás.
—No le des muchos dulces.
—Ya vete —le apresuró Isshin, cansado de tanta orden.
—Asegúrate que se lave los dientes antes de dormir.
—Lárgate.
—Solo estaré fuera por dos días —le explicó a su hija, tomándole delicadamente por los hombros— Cualquier cosa, estoy al teléfono. Cuídate y no le hagas caso a tu abuelo ¿Ok?
—¡Te quiero papá! —chilló, atrapándole con sus pequeños brazos.
—¡Con un carajo, Ichigo! —Vociferó Isshin impaciente, al no tener respuesta del otro lado de la línea— ¿Estás ahí?
—Sí —confirmó el ojimiel, sintiendo el amargo sabor de la hiel en su boca. "Ichigo, lo siento" ¿Eso era todo? ¿Abandonaba a su única hija, diciendo únicamente tres palabras? ¿Cómo podía tener la sangre tan fría?— Sí —repitió— No hay necesidad que me revientes la cabeza con tus jodidos gritos.
Isshin, inmediatamente, notó algo extraño en la voz de su hijo.
—¿Y Akari? —le cuestionó, con aparente casualidad— ¿Cómo está mi hermosa descendencia?
Huérfana.
—Bien.
—¿Cuándo vendrán a Karakura?
—No lo sé —murmuró pensativo— Quizás pronto.
Su padre soltó un suspiro.
—¡Eres un puto egoísta, Ichigo! —lloriqueó Isshin por el teléfono. Solo había visto a su nieta un par de veces. Anhelaba poder visitarla más seguido, pero la clínica no le dejaba mucho tiempo libre— En fin —expresó resignado— Karin y Yuzu te mandan un abrazo y un beso para Akari. Keigo y Chad también me dijeron que te felicitara. Al menos este año no me preocuparé porque estés solo. Bye, bye.
Fin de la llamada.
Solo.
Ichigo sopesó la palabra y fijó su mirada en aquellos ojitos avellanas que le observaban ávidos de curiosidad.
No, no estaba solo.
Inevitablemente, una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
—Vámonos a casa, linda.
—Y yo a ti —respondió Ichigo, esbozando esa misma sonrisa. La besó cariñosamente en la frente y subió al coche— Nos vemos.
Por el retrovisor, miró como se despedían de él con las manos. Le esperaban ocho horas de carretera, hasta llegar a la ciudad. Observó la hora, en su reloj de pulsera. Intentaría acelerar un poco la velocidad o no llegaría a tiempo para su vuelo.
Asistiría a una conferencia médica que se celebraría en Taiwán. De no ser tan interesante, no habría dejado sola a Akari. Cada vez que debía salir por algún x o y motivo, se sentía muy preocupado. Su padre la cuidaría bien. Por ello, había viajado hasta Karakura para dejársela. Además, se la pasarían en grande. Akari utilizaba a su abuelo como conejillo de indias para sus experimentos. Para su edad, era muy lista. Su juego favorito, era el del salón. Maquillaba a su viejo durante horas y lo obligaba a ponerse ropa de mujer (que él compró especialmente para ello). Luego tomaban el té en el jardín y comían algunos bocadillos.
Ichigo dudaba cual de los dos era el más maduro.
—¡Ichigo! —Exclamó Dondochakka sorprendido— ¿Qué haces aquí?
—Necesito hablar con Pesche.
—Ya sabes dónde está… pero está ocupado —él le miró con dureza— ¡Ichigo! ¡Espera!
—¿Y Nelliel? —inquirió el peli-naranja secamente, al abrir la puerta de su oficina por la fuerza.
—Te llamo más al rato —se despidió Pesche por teléfono.
—Le dije que estabas ocupado… —se disculpó temeroso, el regordete hombre.
—Está bien —respondió calmado, restándole importancia— Cierra la puerta —le pidió a su hermano. Éste obedeció sin rechistar. Ichigo le observaba con ferocidad. Quizás las cosas se pondrían feas— Nelliel se fue —explicó, encogiéndose de hombros.
—Ya lo sé.
—¿Entonces?
—Solo vengo a entregarte esto —extendió su mano y dejó sobre su escritorio un juego de llaves.
Pesche enarcó una ceja.
—¿No preguntarás el por qué se fue?
—No es de mi incumbencia.
—¿Qué harás ahora?
—Dedicarle mi vida a mi hija.
—Si necesitas ayuda, lo que sea, aquí estaremos Dondochakka y yo.
—Lo agradezco, pero no necesitaré nada.
—Por primera vez, creo que yo tampoco podré perdonarla —se lamentó Pesche, cuando él se dio la media vuelta.
Ichigo esbozó una media sonrisa.
—No tengo que perdonarle nada. Me dio un gran regalo y lo mejor de todo, es para mí solo. Solo siento pena por ella. Se perderá muchos momentos, que no podrán recuperar después. Aunque si Nell quiere regresar, por mí no hay problema. Con o sin ella, Akari será feliz.
Estaba muy lejos de ser un padre ideal, pero creía que había hecho un buen trabajo.
Lanzó sus tacones al otro lado de la habitación. Luego desabrochó su sujetador y lo echó en la cesta de ropa sucia. Dulce libertad. Ella misma se aventó hacia su cómoda cama y hundió su rostro entre todos los almohadones. Por dios, sí que necesitaba descansar. Se quedó quieta durante unos quince minutos, hasta que su estómago rugió enojado. Se levantó de mala gana a prepararse la cena y a ponerse su pijama.
Nuevamente en cama, tomó su teléfono.
—Rukia-chan —respondió Hinamori emocionada— ¿Cómo estás?
—Muy bien Momo ¿Y tú?
—También...
—Estaré en Japón unos días.
—¡Por fin! —Chilló Momo— Pensé que jamás vendrías de nuevo —le reprochó infantilmente.
—Ashido y yo hemos decidido formalizar nuestra relación…
—¿No me digas qué… qué…? —dejó la frase inconclusa, totalmente sorprendida.
—Sí —reconoció apenada— vamos a casarnos.
—¡Muchas felicidades, Rukia-chan!
—Espero que estés en mi fiesta de compromiso, es para la próxima seman…
Silencio.
—¿Con quién hablas? —se escuchó autoritariamente, del lado de Hinamori.
—Con… con nadie —se explicó ella aterrorizada, apenas audible y trabándose— pensé que regresarías más tarde.
—Pásame el teléfono —le exigió la voz masculina.
—Aizen-san, no es nadie…
—Que me lo des.
Colgó.
Rukia sintió que la sangre le hervía… otra vez.
Su amistad con Momo Hinamori había sobrevivido en esos siete años. Incluso, ella había vivido un par de meses en Taiwán. La apreciaba mucho, de verdad, pero se explicaba cómo demonios se había fijado en un cabrón como Sōsuke Aizen y lo que era peor… ¡Qué soportara todas sus humillaciones! Estaban a punto de cumplir un año de casados. Aunque Rukia no se imaginaba que clase de vida llevarían juntos.
—Yo podría estar en el lugar de Momo…
De no ser por Ashido.
Por más que lo pensaba, no sabía cómo sacar de semejante situación a su amiga. Hinamori se negaba a aceptar que él la maltrataba. Ella insistía en que la amaba y que él cambiaría su carácter tan fuerte. Sin importar lo mucho que le doliera el alma, ella no podía hacer nada ahí… No hay peor ciego, que el que no quiere ver. Únicamente rezaba por Momo, para que el infeliz de Aizen no se atreviera a tocarle un solo cabello y que algún día ella abriera los ojos.
Su móvil empezó a sonar.
«Buenas noches. Te amo»
La mujer de ojos violáceos sonrió bobamente a la pantalla.
«Buenas noches. Yo también te amo»
Chicos, yo sé que la extensión de este capítulo es una grosería, pero ya no quiero dejarles tanto tiempo sin actualizar. Es una tercera parte de lo que escribo normalmente, pero (dentro de lo que cabe) es una actualización "rápida".
Según prefieran ustedes, yo lo hago: actualizaciones gigantes, en un periodo de tres a ocho semanas o actualizaciones pequeñas, en un periodo de una a tres semanas. Que más quisiera actualizaciones enormes y rápidas, pero no soy tan buena.
Amo sus reviews sexys, pero los amo más a ustedes. Nunca me dejen nunca, nuunca, nuuunca, se los pido por favor (8). Saben que disfruto, gozo y me orgasmeo cada vez que los respondo, pero tengo muchísima tarea (bueno, quizás no es tanta, pero lo atrasado es lo que siempre me jode) y me quité mi ferula (me hice un esguince) y no debo estar con el tobillo así.
Además, como he dicho anteriormente, contesto cuando son capítulos enormes y estoy segura que mis respuestas no serán más grandes que la actualización en sí.
Díganme, ¿es lo que esperaban? ¿O los tomé desprevenidos? Si soy sincera, este capítulo lo acabo de escribir en unas tres horas. Realmente tenía pensado seguir con la trama de manera distinta, pero de repente esto se escribió solo y decidí cambiar mis planes.
P.S. Estoy a punto de morirme... pero de la felicidad. De verdad, ya casi llegamos a los 300 reviews. Jamás pensé siquiera obtener más de 10. Si por algún remoto motivo llegamos a los 300 (y conste que no los estoy presionando), estoy segura que haré algo especial.
De todo corazón:
¡GRACIAS!
