Los personajes de Inuyasha pertenecen a la gran Rumiko, yo solo los tomó prestados para poder dar forma a la trama la cual si me pertenece. Todo sin lucro y solo con el afán de entretener.


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23. Bunker.

Byakuya revisaba el conteo de espías que habían sido retiraros de la agencia, los números no les favorecían. Y lo que más le intrigaba era la nueva mujer que llegó, era uno de sus principales obstáculos, si se deshacían de ella, podían volver a infiltrarse. Miró a su jefe, estaba al otro extremo de la mesa comiendo como si no le importase nada.

—Naraku, Inuyasha ha sacado a casi todos nuestros agentes.

—Entonces hay que entretenerlo con otra cosa, busquemos a su mujer e hijo.

—¿Por dónde? Es como si se hubiesen esfumado.

—Siguiendo sus pasos, cada uno hasta llegar a Canadá que es donde perdimos la pista.

—Tomará tiempo.

—Solo hazlo, eso le dará emoción a la cacería.— dijo al degustar su filete.

—Creo que lo mejor es ir directamente con el amigo de Inuyasha, algo me dice que sabe dónde encontrarlos. Él hablaría a la primera, tiene familia.— le había vigilado y conocía la rutina de la familia.

—¿Lo quieres de la manera fácil?

—Es más rápido.

—Yo no tengo prisa, pero si eso quieres, no te detendré.

—Gracias señor.


Kagome observaba con ternura a Tadashi, estaban mirando un programa infantil en la televisión y cuando los personajes aplaudían o saltaban, Tadashi también lo hacía; disfrutaba mucho esos momentos de paz, le reconfortaba que su hijo estuviese en un ambiente seguro. Estaba una pausa comercial, cuando Sesshoumaru entró a la casa acompañado de un hombre que llevaba una gran caja, una vez la dejó en la sala, se marchó. Tadashi se asomó para ver que era.

—Bienvenido, Rin fue por los niños con Kouga, Tadashi dormía y nos quedamos.— dijo Kagome, su cuñado solo asintió, ya lo sabía, su esposa le había llamado para decirle.

—Esto es para ustedes.

—¿Para nosotros?

—Su padre lo manda.— dijo Sesshoumaru al ver a Tadashi.

—Se supone que no sabe dónde estamos.— miró con desconfianza la caja.

—Un compañero de él lo mandó, ya la revisamos, no hay peligro.

Kagome inmediatamente pensó en Miroku, él si sabía dónde estaban, estaba por preguntarle a su cuñado más detalles, pero él ya se había ido. Fue hasta la caja, ya no tenía que quitarle la cinta de embalaje, la caja estaba abierta. Lo primero que sacó fue un triciclo rojo, Tadashi al ver las llantas le jaló la ropa.

—¡Bici!

—Es muy bonita ¿Quieres subir?— le acomodó en el asiento y su hijo se quedó quieto.

Aunque sabía lo que tenía que hacer para que la bici anduviese, no se movió, quería ver que más sacaba su mamá de la caja. Al triciclo le siguieron, bloques de colores, coches didácticos, un avión y un volante.

—¡Mamá! ¡Adión!— corrió a verlo.

—Espera, creo que prende.— lo puso en "on" y sonó como uno de verdad.

—¡Adión!

Kagome sonrió, la fascinación por los aviones era otra cosa que Tadashi heredó de su padre. Y mientras su hijo llevaba su avión por toda la sala, siguió sacando cosas. Inuyasha también había enviado ropa, botas de lluvia y una mochila de viaje infantil, de esas que se cuelgan al respaldo del asiento del coche.

—¡Allá! ¡Agua!— le quitó las botas a su madre y se las intentó poner.

—Tranquilo, primero debes quitarte tus tenis.— una vez puestas, Tadashi se puso de pie, se veía raro, eran como dos números más grandes.— Te quedan bailando.

—¡Al agua!— quería salir a los charcos y saltar en ellos.

—Tranquilo, terminemos de ver todo lo que mandó tu papá.

Después de sacar la ropa, notó que quedaba una pequeña caja de metal, al abrirla vio una memoria y fue por la tableta para ver el contenido. En la memoria solo había un archivo, un video.

—Tadashi, ven aquí, es papá.— sentó a su hijo en sus piernas y dio "play".

Inuyasha estaba sentado en la cama y esperaba impaciente, tenía la mirada en alguien, que por como se movía la cámara, era quien la acomodaba.

Ya la prendí.— ese era Miroku, estaba al otro lado.

¿Seguro? No quiero que me digas que no se grabó nada.

Ya habla.

Kag, compre unas cosas para ustedes, espero les gusten…

¡Primero saluda! Diles que estas bien.

Están viendo que lo estoy.

Te mostraré, aun lado.— se sentó junto a su amigo y saludó a la cámara.— Hola pequeño sobrino, soy tu tío, estoy ayudando a tu papá con el video para ustedes, es medio bruto y necesita toda mi ayuda.

¡No le digas eso!

Tranquila bestia, de nuevo comienza, pero ahora con un saludo.— esta vez Miroku no se fue, se quedó sentado allí.

Hola pequeña.— comenzó hablando Inuyasha, sentía tanta vergüenza el ser observado por Miroku ¿Por qué no le dejó solo?— Espero tú y el cachorro estén bien. Ya quisiera poder abrazarlos y besarlos, ver lo grande que ya debe estar nuestro bebé, lo extraño tanto. Pero el bonzo dice que están a salvo y eso me calma.— tragó saliva, un nudo se le había hecho en la garganta.— Compré unas cosas para ustedes, ya no están aquí, este tipo se las llevó.— señaló a su amigo.— Pero cuando las tengan espero les gusten... Ojalá las botas de lluvia no sean muy grandes, imagino que le gusta la lluvia como a ti; el triciclo fue lo primero que compré, lo vi y pensé en el bebé. Hay varios juguetes, no sé que le guste o si sean adecuados para él.— de nuevo ese sentimiento de angustia e impotencia, no conocía los gustos de su hijo, no sabía su talla.— La mochila también espero le guste, sabes que no soy bueno con las nuevas modas y solo tome la que me pareció más útil. Te mandé ropa para el frío, no sé porque, de estar en un lugar caluroso son regalos inútiles. Desde acá les voy a cuidar, no voy a dejar que nada malo les pase, manténganse en lugares seguros. Los amo.

El vídeo se detuvo, había terminado. Kagome tenía los ojos llenos de lágrimas, dentro de ella tenía una gran mezcla de emociones, sentía que su pecho se oprimía por la felicidad, tristeza, emoción, melancolía, esperanza, angustia y ternura. Y no podía dejar pasar por alto la mirada opaca de Inuyasha, él sufría, tenía una gran carga sobre suyo.

—Más…. Mamá más…— quería seguir viendo a su papá, le había gustado escucharle.— ¿Mamá?

—¿Otra vez?— se limpió las lágrimas y sonrió a su hijo.— Veamos de nuevo a papá.

—Mamá tite, lloya.

—Estoy feliz, tu papá está bien.— abrazó y besó a su pequeño.


A los cuatro meses de ser el director, Inuyasha ya tenía nuevos reclutas y debía admitir que Hitomiko era de gran ayuda, en poco tiempo podría decir que la agencia en Japón, estaba limpia. Ese día en especial había interrogado a dos de los espías, uno se rehusaba a hablar, pero el otro dio mucha información, le contó sobre Renkotsu y sus hermanos, una banda de siete mercenarios que Naraku controlaba, hombres crueles que no tenían piedad por nadie.

Puso a Kanna a buscar más información sobre los hermanos, quería saber a qué se enfrentaba y matar a Renkosu, ese bastardo le debía algunas cosas y le haría pagar con creces.

Entró a su oficina después de dejar a los nuevos reclutas en el comedor, y fue sorprendido al encontrarse con Miroku, Sango y sus hijos. Las gemelas ya eran unas niñas de unos cinco años, miraban con curiosidad la oficina y el niño tendría unos cuatro, él dormía en brazos de Sango.

—¿Qué hacen aquí?

—Hasta que llegas, tenemos casi dos horas esperándote.— se quejó Miroku.

—Hubieses mandado a que me buscaran.

—No me arriesgaría, me llegó esto.— le dio una carta.

A Inuyasha le extrañó que estuviese hecha con recortes de periódico y se le notaban varios dobleces. ¿Quién seguía haciendo eso? Ya la mayoría imprimía las cartas.

"Sabemos que sabes donde se esconden la mujer y el hijo del nuevo director, ¿Quién es más importante, tu familia o la de Inuyasha? ¿A quién vas a proteger?"

—Después de recibirla, Kohaku me llamó, intentaron secuestrar a mis niñas.

—¿Cómo dices?

—¡Qué se las iban a llevar!

—Miroku, cállate.— regañó Sango, para Inuyasha fue extraño que la castaña estuviese más calmada.— Estaban en el parque con su niñera y dos tipos llegaron, esposaron a la chica a una banca y si no fuese por Kohaku que hoy nos visitaba, se las hubiesen llevado, él llegaba al parque justo cuando las niñas corrían para no ser llevadas.

—Lo siento, no debí involucrarlos.— Inuyasha estaba apenado, poner a la familia de sus amigos en riesgo es algo que no quería.

—No es normal en Naraku tomar el camino fácil.— dijo Sango.

—Si cambió por estar desesperado, corren peligro.

—Había alguien más.— dijo una de las gemelas.

—Sí, en el kiosko había un hombre que hacia grullas de origami.— secundó la otra.— Nos regaló una, muéstrale Kimi.— las niñas sacaron de su ropa dos grullas un poco arrugadas.— Decía que quería hacer mil.

—La carta estaba doblada en forma de grulla.— dijo Miroku.

—¿Era este hombre?— Inuyasha les mostró la foto de Naraku y las niñas negaron.— ¿Pueden describirlo para que alguien lo dibuje?— esa sería una buena pista, si identificaban a ese hombre, estaba seguro que estarían más cerca de Naraku,

—¡¿Cómo en las películas?!— la idea les emocionaba.— ¡Si podemos!

—Le voy a llamar a alguien, mientras ¿Quieren comer?

—¿Comida de espía? ¡Cool!

Sango y Miroku no podían creer que las niñas estuviesen tan calmadas y entusiasmadas, por el lado bueno, no tendrían que ir a terapia o crecerían con algún trauma.

—Se pueden quedar aquí el tiempo que necesiten, pero no es lo que quieren ¿Cierto?— Miroku negó, quería una vida normal.

—Somos amigos, pero si logran tocarlos o me dan a elegir, sabes cuál será mi decisión.

—¡Miroku!— regañó Sango.

—Sango, él tiene razón.— dijo Inuyasha.— Por eso, diles que se vayan de donde están, que no te digan.

—Podría decirte donde se encuentran, vas por ellos y les traes.

—Adviérteles, que decidan que es mejor.


Para Kagome y Kouga, las reuniones con Sesshoumaru nunca eran muy buenas, siempre había algo en juego y tenían el presentimiento que esta no sería la excepción. A diferencia de la pasada ocasión, solo estaban Sesshoumaru y Rin, no se hubiesen preocupado de no ser por los ojos llorosos de Rin.

—Miroku llamó, le han amenazado, a él y su familia para saber dónde están.

—¿Están bien?— preguntó con preocupación Kagome.

—De momento, pero nada asegura que a la próxima amenaza lo estén.— respondió Sesshoumaru.

—¿Hay alguna manera para que no les persiga?— nadie dijo nada, pero la azabache notó como su cuñado y Kouga se miraron.— ¿Qué tenemos que hacer? ¿Naraku ha pedido algo?

—No hizo alguna demanda en especial.

—¿Entonces?

—Kag, tenemos dos opciones.— para Kouga era difícil dar aquella noticia.— Regresamos a la agencia o nos dejamos ver, al volver a tener una pista nuestra, Naraku se olvidará de Miroku.

—Pero Tadashi...— no le iba a poner en peligro.— ¿Qué dijo Inuyasha?

—Solo pedía que se mantuviesen a salvo.— contestó Sesshoumaru.— Sigue sin conocer su ubicación.

—¿Qué tan peligroso es para Miroku que sigamos ocultos?

—Mucho, Naraku es un tipo que prefiere el juego, pero si ha amenazado a Miroku para conocer nuestra ubicación, quiere decir que está desesperado y hará lo que sea por encontrarnos… Es difícil, pero sabes lo que debemos hacer.— Kouga tomó la mano de Kagome y la chica comenzó a llorar, claro que lo sabía.

...

Kagome observaba a su bebé, en cinco meses cumpliría tres años y ya era un niño muy despierto, aunque ya solía jugar con más niños, en ocasiones prefería ser solo él, se la pasaba viendo los libros que había en la casa y escuchaba con mucho detenimiento cuando alguien hablaba en inglés. Y claro, como olvidar que veía el video de su padre una y otra vez.

De pensar que ahora era ella la que le dejaría, le destrozaba el corazón. ¿Cuánto tiempo pasaría para tenerlo con ella de nuevo? ¿Podría volver a verlo?

—Él estará bien, le cuidaremos, pronto volverás.— dijo Rin al abrazarla.

—Si no regresamos, promete que le hablaran de nosotros.

—Volverán.— le aseguró, confiaba en que así sería, le gustaba ser positiva.

—Rin, por favor.— suplicó, no quería que Tadashi creciera con la idea de que sus padres le abandonaron.

—Lo prometo.

—Contacten a mis padres, que vean a su nieto.— sabía que ahora que Kouga y ella no estarían, Souta y sus padres podrían viajar para reencontrarse con Tadashi.

—No te preocupes, lo haremos, pero cuídense.

—¿Mamá, dónde?— preguntó Tadashi al ver la maleta, sabía que cada que vez que había una, significaba que se irían.

—Mami y Kouga, deben irse un tiempo, hay unas personas malas que quieren lastimarnos y no podemos llevarte.

—Voy.— corrió por su mochila que usaba para cuando iban al parque.

—Tadashi, no puedes venir.— Kagome se hincó frente a su hijo.— Tienes que quedarte aquí.

—No solito, voy.

—Te quedaras con tus primos y tíos.— se puso lo más firme que podía, el que su hijo fuese con ellos, significaban muchos riesgos, no lo iba a perder.

—¡No! Yo voy.— abrazó con fuerza a su madre, no le soltaría.

—Volveré pronto, lo prometo.— abrazó a su bebé y besó su cabecita, en verdad esperaba volver.

—Papá "voy cuidar".— eso había dicho él, tal vez, si se lo recordaba a su madre, ella se quedaría.

—Te amo, no te pondré en peligro.— miró a Sesshoumaru para que sujetase a Tadashi.

—¡Nooo!— pataleó al sentirse jalado.

—Aquí vas a estar bien, Tadashi, se valiente.

—Kagome, debemos irnos.— Kouga tomó a la chica de la mano y la sacó de la casa, la metió en el coche y dio una última mirada a la casa.

—¡Mamá!— los gritos de Tadashi se escuchaban y Kagome tenía la mano en la manija de la puerta, tenía su corazón destrozado.

—Lo verás de nuevo, no puede venir.— dijo el chico al quitarle la mano de la manija, si Kagome se bajaba, iría por el pequeño.— Aquí va a estar a salvo, es temporal, prometo que te traeré de vuelta con él.— encendió el coche y partieron.


Hitomiko estaba parada junto a Inuyasha, aunque había pasado relativamente poco tiempo, era momento de poner a prueba el tratamiento que Kikyou recibió, y para ello necesitaba al chico. Al principio ese hombre no quería ir, pero con un engaño le pudo hacer ir, pero ahora, debía hacerlo entrar; cosa que era más complicada. Inuyasha no se atrevía a pasar por la puerta y enfrentarse a la mujer al otro lado, no quería que escenas parecidas a las anteriores ocasiones se repitiesen.

—¿Segura que esto está bien?

—Completamente.

—Miroku dijo que no interviniera.

—Te estoy autorizando que entres, no hay problema alguno.— iba sin miedo alguno a una pelea, pero no podía enfrentarse a su pasado.— Además, ella quiere verte.

—¿Para qué?

—No estoy segura, pero no te alteres, se paciente, voy a estar al otro lado observando, si las cosas se descontrolan intervendré.

Inuyasha entró a la recámara, Kikyou estaba en su cama leyendo un libro, vestía ropa blanca, el cabello lo llevaba más corto y en su cuello llevaba un rosario budista.

—Hitomiko dijo que querías verme.

—Así es.— cerró el libro y se sentó en la cama.— Quiero hablemos.

—Te escucho.— se sentó en un banco frente a la mujer.

—Es sobre tú y Kagome.

—¿Qué quieres saber?— el tema le extrañó, pero mantendría la calma como le recomendó la otra mujer.

—¿Tú la invitaste a salir o fue al revés?

—Yo la invité.

—¿De quién fue la decisión de que viviesen juntos?

—Mía.

—Y a mí me alejaste cuando te lo propuse ¿Por qué?

—No lo sé.— aunque pudo contestar "miedo" o que "no estaba listo", aquella era la verdad.

—¿Por qué jamás quisiste tener un hijo conmigo? Siempre tomabas medidas de más para no embarazarme.

—No quería hijos.— contestó sin bajar la mirada.— Solo hasta que conocí a Kagome descubrí que quería ser padre, tener una familia, ella despertó en mí ese anhelo.

—¿Con ella hacías lo mismo antes de decidir ser padres?

—No, procuraba usar protección pero no siempre lo recordaba, ninguno lo hacía, un día, solo paso, de hecho nunca hablamos de tenerlos, no se había dado el momento, yo sabía que ella quería, pero yo tenía miedo, por Naraku, por mi pasado.

—No fue planeado.— especuló en voz alta al levantarse e ir a una repisa, a pesar de solo haber tres libros, parecía meditar cuál tomar.

—Eso no quita el hecho que ame a mi hijo.

A Inuyasha le parecía extraño el tono monótono de Kikyou, así no sabía si estaba enojada o triste.

—¿Por qué con ella has tomado las riendas y con nosotros yo debí hacerlo?

—La amo.

—Decías amarme también.— dijo al mirarlo nuevamente.

—No Kikyou, jamás te lo dije, solo te dije "te quiero" o "me gustas", si te hace sentir mejor, nunca te mentí.

—¿Le ocultaste nuestra relación? ¿Le hablaste de mí?

—Le dije que moriste y la última vez le confirme que estabas viva.

—¿Se enojó?— regresó su vista a la repita y esta vez, tomó el libro más delgado.

—Un poco, lo normal, pero confía en mí.

—Es extraño, tengo todos esos recuerdos, creí que me sentiría mal al escucharte, pero no.

—Kikyou...— se levantó y caminó hasta ella, no entendía de que hablaba.

—Mi nombre ya no es Kikyou, es Hijiri, Kikyou es una parte de mí que murió, se puede decir que ahora descansa en paz.

—Así que eso era la cura de Hitomiko.

—Naraku tiene un refugió en Yokohama.— abrió el libro y le mostró un mapa.— Un bunker, puede que allí le encuentres.

—¿Estas segura?

—Solo estuve allí un corto tiempo, pero es muy probable… Encuéntralo y mátalo.

Inuyasha tomó el libro, tenía instrucciones muy específicas de cómo llegar, los puestos de los guardias y todas las entras y salidas. Primero haría analizar el lugar, no podía darse el lujo de confiar tan fácilmente en Kikyou, podía estar fingiendo y le tendía una trampa.


Kouga y Kagome se escondían en un viejo embarcadero en la costa de Luisiana, que fue destruido por "Catrina". Desde que dejasen Londres, se sentían perseguidos, estaban en una carrera de "el gato y el ratón". En esta ocasión, Naraku no se andaba con rodeos, mandó a sus mejores hombres a buscarles. El coche en el que huirían a centro América estaba cerca de allí, un contacto de Kouga se los proporcionó, pero no podían llegar hasta el.

—Yo voy primero.

—¿Estás loco? Te atraparan.

—No lo harán, nos vemos en el punto acordado. Pero si no llego en media hora, debes irte donde Ginta y Hakaku esperan, te van a llevar a la agencia.

—No voy a abandonarte.

—Si quieres volver a ver a tu bebé, deberás dejarme.— cubriría a Kagome y no le importaba dar su vida.

—Promete que no te vas a rendir.

—Jamás me rindo.— le sonrió de lado y guiñó.

Kouga salió y fue perseguido por dos hombres, para el moreno no eran rivales, al parecer el ambiente pantanoso no era lo suyo. No tardó en acabar con sus oponentes, retomaba su camino en busca del coche, cuando le dispararon por la espalda, por suerte el disparo no fue con intensión de matarle, solo inmovilizarle su brazo derecho.

—Finalmente encuentro al hombre que mató a mi hermano.— dijo con victoria un hombre de larga trenza negra y un peculiar tatuaje en la frente, parecían tres cristales.

—Debes ser más específico, ¿Crees que voy a recordar a una escoria?— le provocó Kouga.

—¡¿Cómo has podido olvidar a mi hermano Manten?!

—Hasta el nombre es ridículo.

—Mi hermano estaba en aquella casa donde estaba la mujer que el jefe buscaba.

—Ahora recuerdo, ese tipo cabeza de tiburón, se lo merecía.

—¡Era mi único hermano!— de su espalda, tomó dos piezas, una era solo palo con gravados y la otra, tenía una extraña cuchilla.

—Así que los malos tienen sentimientos.— Kouga miró a su alrededor, había tubos que le podían servir para defenderse, solo esperaba tener suficiente fuerza en los brazos para detenerle.

—Ahora morirás a manos del gran Hiten.— unió las dos piezas, formando una lanza.

A Kouga le costaba esquivar los golpes de aquel hombre, en varias ocasiones le estuvo por rebanar el estómago. Se arriesgó a alistar su arma de repuesto, solo necesitaba un buen tiro para acabar con él, igual que lo hizo con el hermano, disparó y para su mala suerte la bala apenas le rozó la oreja. Era su fin, no tendría tiempo para un segundo disparo, pero intentaría herirlo lo suficiente para atrasarlo y que Kagome tuviese más ventaja. Se levantaba dispuesto a luchar, cuando vio el mástil de un bote golpear a Hiten, no se puso a averiguar la razón que lo causó, solo tomó su arma y la disparó, matando a Hiten.

—Estás muy herido.— Kouga sonrió al reconocer la voz, por estar débil no se percató que alguien se acercaba.— Sé que dijiste que me fuera pero logre ver que te disparaban y...

—Gracias… Larguémonos, sus refuerzos no han de tardar.

Kagome ayudó a Kouga a apoyarse en ella y se fueron nuevamente en busca del coche, debían aprovechar la poca ventaja que tenían.


Sesshoumaru llegó de trabajar y fue interceptado por Rin, quien tenía una mirada de preocupación, toda ella estaba desesperada, pero estaba aliviada de verle. Sabía que sus hijos estaban bien, les veía escondido al final del corredor, también sabía que nadie le había amenazado porque Jaken mantenía vigilada la casa.

—¿Qué sucede?

—No quiere comer, solo mira por la ventana.— le llevó hasta la sala, Tadashi estaba subido en un sillón y no soltaba la mantita que le fue dada por su primo.— Sessho, ve con él, te va a escuchar.

—Tadashi, ven a comer.

—Quelo a mamá.— dijo sin ver a su tío.

—Vendrá pronto, ahora a comer.

—No seas tan frío, es un bebé.— le regañó Rin, su esposo suspiró y fue a sentarse al sillón, sin llegar a aplastar al niño.

—Tu madre quiere que comas.

—Nosotros queremos comas con nosotros.— dijo Sakura que estaba junto a su madre y hermanito.

—¡Quelo a mamá!— gritó a todo pulmón y comenzó a llorar.

—Tadashi no llores, hice Ramen.— dijo Rin, agradecía a Kagome por enseñarle a prepáralo.

—Ven aquí.— Sesshoumaru tomó al niño y lo sentó en una pierna.— A tu padre le gusta comer eso y a ti también, ahora vendrás y comerás.— para sorpresa de Rin, su sobrino dejó de llorar.

—Ven Dashi.— Ryusei con ayuda de su padre se sentó en la otra pierna.— Si vienes, luego comemos helado.

—Si no te alimentas, vas a enfermar y tus padres estarán tristes ¿Quieres eso?— Tadashi suspiró y negó a su tío.— Entonces a comer y luego el helado.

—¡¿Yo también?!— preguntó Sakura con emoción.

—Sí, vayan los tres a lavarse las manos y luego al comedor.

Sesshoumaru dejó a los dos niños en el suelo y guiados por Sakura fueron al baño más cercano.

—Te lo dije, Tadashi te escucharía.

—Le llamé a sus abuelos, quieren venir ya pero les pedí más tiempo.

—¿Por qué?

—Primero verificaré que todo esté en orden, para que no levanten sospechas.

—Dashi y Ryu ya están en sus sillas.— interrumpió Sakura.

—Esa es mi niña.— felicitó Rin, si hijita cuando quería, actuaba como la niña mayor que era.— Vamos a comer, Maru ¿Vienes?— su esposo no dijo nada, solo les siguió.


Después de que Kanna confirmara que la ubicación del bunker era real y por medio de los satélites analizara el área boscosa. Inuyasha preparó un grupo de agentes para irrumpir en el lugar. Les dividió en grupos, unos se quedarían en el perímetro como refuerzos, primero entraría un grupo de reconocimiento donde iría él y luego los equipos de combate que les ayudarían a limpiar el lugar.

Todo marchaba muy bien, al parecer el bunker no tenía tantos vigías y los pocos que se topaban en su camino, eran neutralizados fácilmente. Algo le decía a Inuyasha que Naraku no estaba en casa. Conforme recorrían el interior, debieron separarse por una emboscada, alguien había dado la alerta. Inuyasha ordenó que se retirasen, él se quedó atrás cubriendo a su equipo y en determinado punto, debió separarse para ser la carnada, recordaba los planos y sabía dónde encontrar otra salida.

Al llegar al último tramo, se encontró con un extraño hombre, usaba sombras moradas y labial rojo. Sabía muy bien quien era, Jakotsu, uno de los siete mercenarios de Naraku.

—¡Hasta que tengo el placer de verte!— gritó el afeminado hombre.— Eres tan hermoso, voy a disfrutar tenerte todito para mí.— jamás se imaginó que aquel día tendría la oportunidad de tener un encuentro con el lindo pelirrojo.

—¡Cállate enfermo!

—Hace tanto tiempo que no me topaba con un hombre tan rudo y sexy.— se lamió los labios, cosa que perturbó a Inuyasha.

—Es mejor que te hagas a un lado y me digas donde esta Naraku.

—¿Por qué le buscas a él? ¿Acaso yo no soy mejor?— Inuyasha gruñó.— Ya sé, peleemos sin armas de fuego, únicamente cuchillos.

—¿Esperas que te crea?

—A diferencia del hombre que buscas, yo tengo palabra.— dejó caer todas las armas que llevaba y únicamente le mostró un cuchillo de combate.

Jakotsu no esperó a que Inuyasha se desarmara, le atacó no pudiendo contener su emoción. La pelea continúo por largo tiempo, ambos debían admitir que su oponente era bueno, pero era hora de terminar con el combate donde solo uno saldría con vida. Para sorpresa de Jakotsu, Inuyasha le detuvo tomando su cuchillo por el filo, sin importarle las sierras que tenía y en menos de un parpadeo ya estaba en el suelo con una herida en el abdomen.

—Me vas a decir dónde encontrar a Naraku o tu muerte será más lenta y dolorosa.

—Lindo Inuyasha, no lo sé, también le queremos, no ha vuelto desde hace meses.— pudo decir antes de que brotase sangre por su boca.

—Deben tener una manera de encontrarlo.— hundió más el cuchillo en Jakotsu y lo giró.

—Él vendrá si te tenemos.

Una explosión se dio cerca e Inuyasha sabía que no eran sus hombres, eran los de Naraku, no le quedaba mucho tiempo a Inuyasha para irse.

—Debe ser Renkotsu, seguramente le quieres matar ¿Verdad?— claro que Inuyasha quería, pero si algo había aprendido por las malas, era a ser paciente.— Vamos, acaba conmigo, si no lo haces iré por ti de nuevo.

—Como si pudieses recuperarte de esto.

—¿Me matarías si te ayudo? Quiero morir a manos de un digno oponente.— Inuyasha no dijo nada, aun así, de su ropa sacó algo.

—¿Qué es esto?— era un trozo de panal.

—Una pista...— Inuyasha alistó su arma, un trato era un trato, pero no alcanzó a jalar el gatillo, las pisadas de varios hombre le alertaron.— Ese bastardo de Renkotsu ¿No pudo demorar más? ¡Vete! Te va a matar y ese maldito no puede hacerlo.

Inuyasha no espero más, corrió a la salida más cercana, intentaba ponerse en contacto con otros agentes y nada, su comunicador debió ser dañado en la pelea, solo esperaba que sirviera para transmitir y la ayuda le esperase a la salida. Abrir la puerta de salida fue fácil, le complicaba cerrarla, debía ser por el largo tiempo que no fue usada.

Ya casi aseguraba la escotilla, cuando una bala rozó su hombro, en los árboles pudo ver al franco tirador, no tenía tiempo para terminar de cerrar la escotilla y esquivar la siguiente bala; su única alternativa era escapar y alertar a sus hombres de los mercenarios de Naraku, con suerte, las bajas serían pocas. Pero otro disparo se escuchó y el hombre en el árbol cayó, alguien le había matado. Terminó de asegurar la escotilla y buscó al tirador, pero no había nadie, ninguno de sus hombres estaba a la vista. Se escucharon pasos apresurados provenientes del bosque, las ramas se rompían y los sonidos se hacían cada vez más fuertes, tomó su arma y esperó. De entre los árboles apareció una figura, era imposible.

—Kagome...


01/07/2017

¡Cha chan! ¿Mucho para sus nervios? ¿Muy exagerado? Tal vez se pregunten que alucinógeno comí, pero nada de eso, mis ideas raras son naturales XP.

Respuestas:

Ya vieron que efectivamente, Kagome y Kouga debieron dejar a Tadashi, he roto sus corazones y el mío.

Me alegra saber que la historia les ha atrapado, lo que me hace desear que la próxima que saldrá una vez acabe con esta, tenga la misma aceptación porque me alejo un poco de mi zona de confort.

Matar a Baker fue algo inevitable, esperemos no tengamos más bajas de los buenos.

Y si, amo a Tadashi, creo que es un niño que logra llegar al corazón, incluso al de Sessho XP.

Alambrita: No, Tadashi no tiene los genes de Inuyasha porque el día que él nació, fue que Inuyasha se inyectó el suero. Pero supongamos que Kag e Inu tienen otro hijo/a, este bebé si tendría parte de los nuevos genes de su papá.

Creo no olvido nada de lo que han preguntado o puesto.

Nos estamos leyendo en el próximo.