"Ella ya está con él"

Denise frunció el ceño al leer aquellas letras perfectamente trazadas en el pedazo de papel. Miró por detrás de la hoja, por si había alguna pista más de su remitente. Una corazonada sacudió su cuerpo. Tragó saliva y miró el objeto de nuevo.

Era una especie de caja. Estaba hecha de marfil, con los bordes de plata. Se parecía a los joyeros que usaban las burguesas en sus estanterías de cristal fino. La muchacha había visto varios en la casa de la Señora. El joyero tenía una especie de llave incrustada en un broche que hacía de cerradura. La giró con miedo, poniéndose en tensión por si se encontraba con algo desagradable y que la atacara al abrirla. Se escuchó un suave "click", y empujó la tapa hacia arriba.

Su cuerpo se convulsionó en una arcada al percibir el olor a putrefacción que encerraba dicho recipiente. Se separó de la mesa, jadeando. Un nudo apareció en su garganta, acompañado del temor y la rabia que borboteaban como si fuera lava en su interior. Dejó escapar un sollozo, y miró una vez más el interior de la caja.

No podía creerse que aquello fuera un corazón humano. Aunque algo en su interior le decía que, siendo Lumiére, podía ser perfectamente real. Sabía de quién era. Se dejó caer de rodillas en el suelo, tapando su rostro con las manos y ahogando un grito de impotencia y dolor.

¿La muerte de su madre era el precio a pagar por traicionar a Crantère?

Cerró los ojos con fuerza. El dolor en su interior era intenso, tan intenso que apenas podía respirar. Se dejó caer en el suelo, encogiéndose sobre sí misma. Su cuerpo tembló a causa del shock y la impresión causados.

Se quedó en esa postura sin ser consciente del espacio y del tiempo…

…..

En cuanto salió de la Universidad, no dudó en salir corriendo hacia el Musain. Los guardias estaban vigilando la salida, y no tenía ganas de encontrarse con ellos tras el pequeño alboroto ocurrido en clase. Combeferre le había reñido en el cambio de clase, pues había puesto en riesgo a Les Amis y todo lo que habían ido creando poco a poco en la clandestinidad. Es cierto que el muchacho al principio sintió cierto arrepentimiento, pero ese sentimiento desapareció inmediatamente. ¿Por qué no iba a declarar sus deseos por ver una Francia libre? ¿Por qué no podía proponer un cambio de gobierno? Con los guardias vigilando en la Universidad fue consciente de que más que una monarquía, estaban viviendo en una dictadura.

Llegó al café jadeando. Tenía que verla y contarle lo ocurrido. Sus amigos no tardarían en llegar hasta allí para debatir sobre la nueva estructura de gobierno. No podían verle a solas con la chica.

Saludó al dueño con una cabezada, y subió las escaleras traseras dirigidas a las habitaciones. Se acercó a la que estaba asignada a Denise y llamó a la puerta.

No respondió nadie.

"Otra vez no…" pensó, manipulando la cerradura y abriendo la puerta. La habitación estaba vacía. Se acercó a la ventana, pero no había indicios de que hubiese huido de nuevo. Frunció el ceño y se sentó en la cama tras cerrar la puerta.

Pasó sus finos dedos por entre los rizos. ¿Por qué Denise se exponía tanto al peligro? Su carácter temerario ponía nervioso a Enjolras. Se supone que iba a protegerla contra su Patrón; si salía del café le sería bastante difícil.

Miró a través de la ventana. Estaba atardeciendo. No sabía qué hora era, pero pronto tendría que bajar a la sala de reuniones a recibir a Les Amis, y ejercer su papel de líder de la revolución.

Cerró los ojos y se relajó, quedándose adormilado.

…..

Abrió los ojos de golpe. Seguía tumbada en el suelo del antiguo piso de su padre. Se levantó poco a poco y respiró hondo. Cerró el joyero con llave. El olor a muerto había invadido el ambiente. Pero ya se había acostumbrado a él.

Cogió la caja con cuidado. ¿Qué habían hecho con el resto del cadáver? Probablemente lo habrían tirado a la ría, con el peso suficiente para que se quedara en las profundidades de ésta por los siglos de los siglos.

No podía dejar el corazón de Isabelle en aquél lugar. Salió de la estancia, sin importarle si los sicarios de Lumière rondaban por aquellos lares o no. Habían ido un paso por delante de ella. Sabían que tarde o temprano iría al apartamento de Adrien, por lo que dejar parte del cuerpo de su madre allí sería un buen lugar para encontrarlo.

Caminó por las calles con el joyero en sus manos. Sus sentidos estaban embotados. Un dulce deseo de venganza la invadió por completo. Ya de antes tenía ganas de ver a Lumière muerto. Pero ahora, lo ansiaba con más fuerza.

Tenía que volver a los Muelles, aun sabiendo que no volvería viva para la Revolución.

Sus pies iban automáticamente al Musain. En su camino, se topó con unos pequeños jardines. A esas horas, los burgueses paseaban a sus perros y charlaban animadamente sentados en los bancos dispuestos en torno a una gran fuente, la cual hacía bailar el agua.

Una idea cruzó su mente. Desvió su camino al café, adentrándose en el lugar.

Fue a un lugar apartado de los lugareños que disfrutaban de los últimos rayos de sol. Se acercó a un grupo de rosales que adornaban las verjas dispuestas en el linde del jardín. Clavó sus rodillas en la tierra húmeda, oculta tras los matorrales. Comenzó a cavar en ella un agujero con sus manos.

Los pequeños guijarros le hicieron heridas leves en los dedos. Pero ese dolor no era comparable con el que sentía por dentro. Cuando el agujero era suficientemente profundo, dejó el joyero en su interior. Lo cubrió con la tierra que había sacado, dejando un pequeño montículo. Arrancó una de las rosas florecidas y la colocó encima.

Rezó una pequeña oración por el alma de su madre.

Al acabar se levantó y volvió a su rumbo original, sin mirar atrás.

Varias horas después, por la noche.

Entró en el café con la cabeza gacha. Vio que la puerta de la sala de reuniones estaba entreabierta, y de su interior emanaba una luz tintineante. Algunas voces salían de ésta. Entró despacio en la estancia, sin llamar mucho la atención.

Les Amis estaban en torno a una mesa, discutiendo. Algunas mujeres bebían un refrigerio en otra, mientras terminaban de hacer unas escarapelas. Denise se sorprendió al descubrir a Grantaire sentado en la mesa de los estudiantes, sin una botella de vino. La muchacha se acercó a Éponine, que contemplaba la escena sentada en una silla aparte.

-¿De qué discuten?-preguntó sentándose al lado de ésta.

-Al parecer, han reforzado la seguridad en la Universidad. Por poco arrestan a Enjolras en una de las clases…-resumió Éponine sin dejar de observar a los revolucionarios-También ha llegado un chico… Un tal Pontmercy.

-Vaya…-Denise miró a Enjolras que escuchaba pensativo la disputa entre Prouvaire y Courfeyrac-¿Va a luchar también en la Revolución?

-Eso parece… Al parecer, es un burgués que ha sido renegado de su familia. Su padre era militar. Si no estoy equivocada, el General Pontmercy fue rescatado por mi padre. Hace unos días, el joven Pontmercy fue a buscarle para saldar su deuda con él. Es bastante apuesto ¿verdad?

-Sí…-la joven no escuchaba demasiado a su compañera. Aún estaba un tanto traspuesta por el pequeño regalo que había dejado Lumière en el piso. No sabía si debía contárselo a Enjolras o tomarse la venganza por sí misma.

La reunión finalizó. Courfeyrac acompañó al nuevo integrante de Les Amis a la salida. Denise se despidió de Éponine y salió de la sala, dirigiéndose a su habitación. Entró en ella y se sentó en la cama, abrazándose a sí misma. Sus ojos no podían dejar caer más lágrimas, pues se encontraban vacíos, como su alma.

Recordó la última vez que vio a su madre. Presa de una mentira, pensó que su presencia era fruto de su locura. No pudo abrazarla y consolarla. Sólo se limitó a contemplar cómo se hundía en las tinieblas. El arrepentimiento la abrazó, haciéndole sentir mal.

Escuchó una puerta abrirse y luego cerrarse. Alzó la mirada y se encontró con el rostro de Enjolras. Parecía preocupado.

-¿Qué te ha pasado? ¿Por qué has salido del café?

La joven tragó saliva. No podía ocultarle lo ocurrido al joven líder.

-He ido a casa de mi padre, para recoger algunas pertenencias suyas. Al parecer, alguien había estado ya allí… Han… dejado una cosa para mí…-susurró, compungida.

Enjolras se sentó a su lado, sin dejar de mirarla algo serio.

-Era un corazón… El de mi madre, en concreto. Es parte del precio que he de pagar…

Tragó saliva de nuevo tras decir esas palabras, de forma dolorosa por culpa del nudo formado en su garganta. Sintió los brazos del líder rodearla en un estrecho abrazo.

-¿Sabes con certeza que era el de tu madre?

La chica asintió levemente.

-No es la primera vez que hace algo así Lumière… Ya se lo hizo a otro discípulo suyo cuando éste huyó de los Muelles con el dinero recaudado en un asesinato a un burgués…

El joven asintió. Estaba impresionado por lo ocurrido, y no sabía muy bien cómo consolar a la joven. Acarició su cabeza despacio.

-Pienso vengarme…-continuó hablando Denise-Volveré a los Muelles y mataré a Lumière con mis manos.

-No…-Enjolras se separó de ella un poco y la cogió de la barbilla, obligándola a mirarle-Eso es lo que quieren ellos. No voy a permitir que estés en peligro.

-¿Y dejar que la memoria de mi madre quede mancillada de tal forma?-preguntó la chica, sintiendo la rabia en su interior.

-Debes de ser paciente. Esperar el momento oportuno…-el muchacho acarició su mejilla despacio-Confía en mi…

-Tengo miedo a que te hagan daño a ti también…

-Tranquila….-Enjolras sonrió de lado y besó su frente despacio-No podrán conmigo…

Denise cerró los ojos al notar el beso y volvió a abrazar al líder. A pesar de éste tenía confianza en sí mismo, no pudo evitar tener miedo por él. Era lo único que le quedaba, y estaba segura de que Lumière sabía que se encontraba allí con él, por lo que no dudaría en fijarle como objetivo.

Enjolras se quitó la chaqueta y las botas.

-Vamos a descansar. Ha sido un día duro…-suspiró mientras se recostaba en la cama.

-He oído que ha habido problemas en la Universidad…-dijo la chica, cambiando de tema y tumbándose a su lado.

-No te preocupes, sólo ha sido un debate intenso en una de las clases. Los guardias no nos han interceptado.-el joven se encogió de hombros, volviendo a abrazar a Denise.

-Debes tener cuidado, Enjolras…-la joven frunció levemente el ceño-Debes guardar toda esa emoción y furia para los meetings y reuniones.

-Lo sé, lo sé… sólo me dejé llevar. Pero estoy bien ¿no?-el chico volvió a sonreír con suficiencia, mirando a Denise.

-Sí… estás bien…-la muchacha suspiró y se dio la vuelta, dejándose envolver por los brazos del líder por detrás-Buenas noches…

-Buenas noches…

Denise notó cómo Enjolras besaba su cuello y se relajaba a su lado. Miró la luna llena que iluminaba la noche. Pensó en su madre, y en su padre. ¿Estarían observándola en ese momento? "Ojalá la hubiera sacado antes de los Muelles…" pensó con tristeza.

No pudo conciliar el sueño aquella noche.