La nota
Una vez que Emma hubo instalado sus mini cámaras en los puntos estratégicos en el exterior y en el interior de la casa, subió a su habitación, conectó la caja de su sistema de vigilancia a la pantalla plana colgada en la pared, que formaba parte del mobiliario, y sacó su ordenador portátil para colocarse sobre la cama.
Medio echada sobre el colchón, su espalda había encontrado acomodo en los dos cojines cercanos a la cabecera, y su pc, sobre sus muslos así como un mando a distancia que le permitía controlar la conexión entre la televisión y el sistema de vigilancia.
En total, 18 cámaras. Sus imágenes desfilaban por grupo de seis sobre la pantalla y permanecían siete segundos antes de dejar paso a las siguientes. Con su ordenador portátil, obtenía más información sobre su cliente mientras lanzaba una mirada de vez en cuando a la televisión. Su oficina le había avisado que se trataba de la Alcaldesa antes de ser enviada a su despacho, pero a Emma le gustaba conocer a quien estaba protegiendo y sobre todo por qué. Rebuscó en su pasado, hundiéndose hasta llegar a su infancia.
Pasó más de una hora buscando, pero nada de sospechoso. La Alcaldesa tenía un pasado de lo más banal. Era hija única, había sido criada por sus padres antes de que estos se divorciaran durante su adolescencia, y obtuviesen una custodia compartida.
A continuación ella se marchó a estudiar a la universidad de Harvard, en el ramo de ciencias políticas, de donde salió primera de su promoción. Cuatro años después se casó y tuvo a su hijo, y se divorció cinco años más tarde. Y desde hacía dos años era la alcaldesa de la ciudad.
Bajó, más tarde, a hacerse un termo de café mientras continuaba vigilando la casa por medio de una pequeña pantalla conectada vía satélite. Y volvió a subir a la habitación que le servía de cuartel general, y retomó su búsqueda. Y fue en ese momento que las cosas se complicaron.
El ex marido en cuestión se llamaba Leopold Starck, 43 años, de origen canadiense, que había nacido y crecido en Seattle antes de mudarse a New Haven con 18 años para estudiar en la universidad de Yale. Habiendo muerto sus padres en un accidente de avión poco después de obtener su título, nunca volvió a su casa. En su lugar, recorrió un poco los Estados Unidos para acabar instalándose en San Francisco en donde se convirtió en consejero de finanzas para la oficina del Gobernador de California.
«¡Esto no me dice cómo se conocieron!» se enervó la rubia sobre la pequeña pantalla
No, eso no lo explicaba. A parte de su actividad profesional, no había gran cosa sobre su vida privada después de su llegada a San Francisco. Solo su matrimonio y su divorcio. Y después, nada. Ni una información más.
Emma no tenía elección. O sacaba la información de boca de la alcaldesa, o debería buscar con más ardor la información que deseaba, ya fuera infiltrándose en las bases de datos del FBI o de la CIA. Y dado que la morena estaba tan abierta para la conversación, la infiltración quedaba, sin duda, como su única opción.
El despertador señalaba las 05:45, la morena, sin duda, no tardaría en despertarse. Con el alba asomando en el horizonte, Emma supo que en esa noche ya no pasaría nada. Tomó la decisión de ir a bañarse. Después de una ducha que le sentó de maravilla, se dirigió a la cocina desde donde emanaba un buen olor a café y a huevos revueltos.
«Buenos días, señora Mills» dijo la rubia entrando en la estancia.
«Miss Swan» respondió ella en un tono frío «¿Café?»
«Con mucho gusto, gracias»
Sirvió una taza a la rubia, la puso en la barra y la invitó a sentarse.
«Entonces, ¿cómo ha pasado la noche?»
«Nada que remarcar»
«¿Qué deduce de eso? ¿Es una buena señal?»
«Sin conocer la identidad de su agresor, no sé qué decirle, ya que no conozco su modus operandi. ¿Lo ha dejado estar o volverá más adelante a hacerle una visita? Aún no lo sé»
La morena no respondió, prefiriendo suspirar antes de servir los huevos en dos platos. Para ella y para la rubia.
«Buen apetito»
«Heu, gracias…¿Sabe?, no está obligada a cocinar para mí»
«Tiene que comer. Y además está aquí porque yo se lo he pedido. Así que veo normal alimentarla»
«Como quiera. Gracias de nuevo»
«De nada»
Desayunaron sin intercambiar la mínima palabra. La morena había encendido la televisión que se encontraba en la estancia para conocer las noticias del día así como el tiempo.
«Política: El Gobernador de California ha viajado ayer a Washington para la gala de caridad organizada por la Casa Blanca, y ha afirmado su interés de no presentarse a las próximas elecciones que tendrán lugar dentro de ocho meses. Tiempo: El tornado Jessica que atraviesa en estos momentos el Océano Pacífico debería alcanzar nuestras costas en algunos días. No hay ninguna información todavía que diga que no deberíamos desconfiar. Permanezcan atentos a la mínima información meteorológica. Deportes:…»
«Solo faltaba esto…un tornado» suspiró la rubia
«Sí, voy a pasar un comunicado para estar segura de que toda la ciudad esté al corriente para que tome sus precauciones»
Acabaron su plato y la morena salió de la cocina para darse una ducha y despertar a su hijo para que se fuera preparando para marchar al cole. Cuando él se disponía a bajar las escaleras, se cruzó con la rubia.
«¡Buenos días, Emma!»
«Hola, chico, ¿has dormido bien?»
«¡Super bien! ¡Usted ha hecho un buen trabajo!»
«Jajaja, gracias, chico»
Se sonrieron, después el muchacho bajó mientras la rubia se dirigía a su habitación. Cogió algunas cosas que metió en una pequeña mochila, y salió de la estancia.
«¿Se marcha?» preguntó la morena con una ceja arqueada.
«Sí, voy a dormir…» respondió ella encogiéndose de hombros.
«Puede hacerlo aquí, sabe…»
«Se lo agradezco, pero no me gusta quedarme sola en una casa que no me pertenece»
«Muy bien. ¿A qué hora volverá?»
«A las 18:00»
«Muy bien, en ese caso, buenos días, Miss Swan, o buenas noches, como prefiera…» dijo ella abandonando el pasillo para unirse a su hijo.
Bajando ella también, se cruzó con Henry al que le deseó una buena jornada antes de abandonar la casa. Curioso, el chico se dirigió a la cocina.
«¿Mamá?»
«¿Sí, acariño?»
«¿Por qué se ha ido Emma? ¿No se supone que debe estar contigo para protegerte?»
«Porque ella solo viene para protegernos durante la noche. No le he pedido que esté constantemente a mis espaldas…» dijo ella mientras le servía su desayuno.
«Oh, pero, entonces….¿si te pasa algo mientras ella no está?»
«No te preocupes, Henry, todo va bien. No me pasará nada. Venga, come, si no, vamos a llegar tarde al cole»
«De acuerdo…»
Después de haber dejado a su hijo en la escuela como cada mañana, la Alcaldesa se dirigió a su despacho. Su secretaria la esperaba como de costumbre con una taza de café.
«Buenos días, señora.»
«Miss Lucas, ¿ha escuchado las noticias esta mañana?»
«Sí, señora»
«En ese caso, prepare un comunicado preventivo para la población, quiero que todos tomen sus precauciones en caso de alerta»
«Bien, señora»
La secretaria se detuvo en su mesa mientras que la morena continuó caminando para alcanzar su oficina.
Una vez dentro, la puerta cerrada tras ella, se quitó su chaqueta, la colgó en el perchero, y a continuación se dirigió hacia la mesa. Bebió un sorbo de su café mientras leía los memorandos que había dejado su secretaria para ella, después detuvo todo movimiento. Dejó la taza sobre la mesa cuando vio un sobre deslizado entre el resto de papeles.
Escrito en él solo las palabras «Señora Alcaldesa». Ningún remite. Solo esas palabras en la parte de delante del sobre. Intrigada, lo cogió entre sus dedos y lo abrió. Dentro, solo una página blanca en cuyo centro solo había un mensaje mecanografiado.
«No te he olvidado. Y no será esa rubia la que me impida tener lo que quiero. Hasta pronto, mi bella morena»
Sintiendo su corazón encabritarse, su cabeza girar y el aire faltarle, la morena se hundió en su asiento. Después de algunos segundos para recobrarse de la impresión, la morena llamó a su secretaria por el interfono.
«Miss Lucas, a mi despacho. ¡Ya!»
Apenas tuvo tiempo de soltar el botón que la pequeña morena estaba tocando a la puerta.
«¡Entre!»
«¿Sí, señora Alcaldesa?» dijo ella asustada
«¿Quién ha entrado en mi despacho?»
«Aparte de mí, nadie, señora»
«Entonces, ha sido usted la que ha dejado esta carta en mi mesa» dijo ella lanzándole una oscura mirada que hizo estremecerse a la secretaria.
«Perdóneme, pero…¿qué carta?»
«¡Esta!» gritó mostrándosela con su mano.
Su empleada se acercó para ver mejor la carta en cuestión y desorbitó los ojos al leer lo que había escrito.
«Señora Alcaldesa, le aseguro que no tengo nada que ver…» intentó decir
«Entonces, ¿quién?»
«Yo…yo…»
«¡Salga, salga! Y localíceme a Emma Swan. ¡Enseguida!»
La joven asintió antes de bajar la cabeza y dejar el despacho lo más rápidamente posible.
Algunos minutos más tarde, Regina escuchó a su secretaria informarle que la rubia estaba al teléfono.
«Miss Swan»
«Señora Alcaldesa, ¿algún problema?»
«Sí. Necesito de usted. Ahora»
«Muy bien, estaré ahí en exactamente veinte minutos»
Colgó, volvió a sentarse en su silla, tomó su taza con su mano izquierda, y con la derecha volvió a sostener y leer esa misteriosa carta. Una vez y otra.
Pasó un cuarto de hora, y Ruby informó a la alcaldesa que la rubia había llegado. Autorizó entonces a dejarla pasar.
«Miss Swan…» dijo ella tendiéndole la carta a su guardaespaldas sin dignarse a mirarla a los ojos una sola vez, rechazando categóricamente admitir el alivio que sentía sabiendo que la rubia finalmente estaba cerca de ella para protegerla. «Alguien ha venido y me ha dejado esto esta mañana en mi mesa»
La rubia se puso unos guantes de plástico y cogió el trozo de papel entre sus dedos. Leyó el mensaje y frunció el ceño.
Sus rasgos estaban tensos, demasiado. Cosa que no se le pasó a la morena cuando finalmente se decidió a alzar los ojos hacia los de ella. Casi se sentía culpable. Después de todo, la rubia había pasado la noche en blanco mientras que ella y su hijo dormían apaciblemente. Y ahora, apenas dos horas después de que la rubia hubiera dejado su domicilio, sin haber podido descansar convenientemente, la había hecho venir a su lado «¡Bueno, después de todo es su culpa, solo tenía que haber dormido un poco esta noche!» pensó la morena.
«¿Ha sido la única que ha tocado esta hoja? ¿O su asistente también ha tenido contacto con ella?»
«Según ella, no. Ella no la ha tocado»
«Bien, voy a ponerme en contacto con un amigo de la policía, él hará que analicen esto. Con un poco de suerte, habrá ADN»
«Déjeme hacerlo a mí. El inspector Graham, que cogió mi denuncia, me hizo comprender que si lo necesitaba, no dudara en llamarlo»
«¿Graham?»
«Sí. ¿Lo conoce?»
«Sí, a decir verdad, era de él de quien le hablaba…»
«Oh, heu…en ese caso, por favor, llámelo»
La rubia sacó su teléfono del bolsillo de los vaqueros y tecleó sobre la pantalla táctil antes de ponerse el aparato al oído.
«Hola Graham. Soy Emma»
….
«Sí, hace un siglo, ¿cómo estás, viejo amigo?»
…
«Oh, ya me conoces, siempre arriba. Mira, necesito que me hagas un favor»
…
«Gracias, te lo devolveré. Escucha, estoy con la Alcaldesa y…»
…
«Sí, soy yo quien está a cargo de su seguridad y al llegar a su despacho esta mañana ha recibido una carta anónima amenazándola»
…
«No, aparentemente es la única en haberla tocado»
…
«Sí, es lo que le he dicho»
…»
«Ok, ¡te la envío inmediatamente! ¡Gracias, amigo!»
…
«¡Sí, funciona!»
Colgó con una divertida sonrisa en sus labios mientras que la morena, bien colocada en su cómoda silla, con los brazos cruzados, había escuchado la mitad de la conversación sin hacer ningún comentario.
«Va a pasar la carta como prioridad absoluta, si se la llevo ahora tendremos, seguramente, los resultados a finalizar el día»
«Bien. Buena noticia» dijo ella volviéndose a poner su máscara de mujer fría.
La rubia no prestó atención y dobló la carta, tomó el sobre y la metió dentro.
«¿Tendría usted un sobre grande para meter este?»
«Sí, claro»
La morena se levantó, se dirigió hacia uno de los armarios que se encontraban en la estancia y lo abrió. Cogió un gran sobre negro y se lo pasó a la rubia.
«Gracias. Le voy a dar esto a Graham, y volveré»
«¿Aquí?»
«Sí, voy a poner en marcha mi pequeña investigación, y además prefiero estar aquí por si las moscas. Durante mi ausencia, no abra a nadie y no salga. ¿Me ha comprendido?»
«Miss Swan, tengo un trabajo bastante absorbente y público, tengo citas, reuniones y…»
«Pues anúlelo todo de momento»
Sin una palabra más, la rubia salió del despacho y cerró tras ella. La morena suspiró, exasperada, después se rindió a la evidencia, era más prudente hacer lo que la rubia le había dicho. Así que caminó hacia la puerta, la cerró con llave, y después por medio del intercomunicador informó a Ruby de que retrasara su agenda hasta nueva orden y que no se la molestara bajo ningún pretexto.
Media hora más tarde, mientras la morena trabajaba en un importante expediente que tenía que ver con el agrandamiento de un parque infantil, escuchó que tocaban a la puerta.
«Señora Alcaldesa, soy Emma»
La morena se levantó y fue a abrir a la rubia.
«Lo siento, he vuelto lo más rápido posible» dijo ella entrando en el despacho
«No hay problema. ¿Quiere un vaso de agua o un café?»
«Un café, gracias»
La morena sacó la cabeza por la puerta y se dirigió a su asistente.
«Ruby, ¡ve a buscarme dos cafés negros a la máquina!» soltó antes de entrar de nuevo al despacho y dejar la puerta entreabierta.
Al escuchar el tono con el que la morena se había dirigido a su secretaria, la rubia sintió pena por ella.
«Bien, siéntese. Hace un momento decía de empezar su pequeña investigación, ¿verdad?»
«Sí. Supongo que el ayuntamiento dispone de cámaras de seguridad, y querría ver los videos. Con un poco de suerte, podremos ponerle cara a su agresor. Y si así es, le mandaré las grabaciones a Graham. Él podrá cotejarlos con su base de datos y estar también él al corriente»
«Bien, voy a llamar al encargado de seguridad»
Cogió el teléfono y se lo llevó al oído, tocó una tecla y esperó. En ese tiempo, la joven asistente entró y dejo los dos cafés en la mesa y se giró para dejar la estancia lo más rápido posible. Al girarse, se cruzó con la mirada de la rubia sentada a centímetros de ella, le sonrió educadamente para responder al guiño de la rubia. Ese intercambio no pasó inadvertido a la vigilancia de la Alcaldesa que frunció el ceño.
«Señor, Leroy, buenos días»
…
«Le mando a una joven, la señorita Swan, enséñele todos los videos de esta mañana»
…
Después colgó y volvió a llamar a Ruby que había dejado la puerta abierta.
«Ruby»
«¿Sí, señora alcaldesa?» preguntó ella apareciendo en el umbral de la puerta.
«Conduzca a la señorita Swan hasta la sala de vigilancia»
«Bien, señora»
«Y cierre la puerta al salir esta vez»
La rubia se levantó, cogió su café y salió del despacho con la secretaria que cerraba tras ellas. Cuando estuvieron lo bastante lejos del despacho, Emma giró la cabeza hacia la joven morena.
«¿Hace mucho tiempo que trabaja para ella?»
«Casi 15 meses»
«Es usted tenaz…yo hace tiempo que hubiera dimitido con una jefa como ella…Felizmente no es así conmigo…»
«Confieso que no todos los días son un paraíso. Como hoy, por ejemplo…pero a veces es agradable, bastante incluso. Depende de los días…Pero aparte de eso, aprendo mucho con ella»
«¿Y eso?»
«Bien, al principio había pedido este sitio por tener un empleo. Porque era venir aquí o continuar trabajando como camarera en el restaurante de mi abuela…¡Y para mí, eso ya no era posible! Y además, estoy aprendiendo muchas cosas aquí, conozco a mucha gente importante en el mundo de la política, el horario es fijo, tengo mis fines de semana y soy bien pagada»
«Sí, lo que viene siendo una funcionaria…» dijo la rubia riendo, seguida por la morena
«¡Eso es! Aunque confieso que hay veces en que ella me da miedo tanto como me exci…»
La joven morena se detuvo cuando se dio cuenta de que estaba hablando de más…después con sus mejillas sonrosadas invitó a la rubia a entrar en un ascensor.
Emma, divertida ante la situación, se llevó a la boca su taza de café antes de sonreír mientras veía los números desfilar por la pantalla encima de las puertas. Mientras que la morena ni se atrevía a levantar la cabeza.
«No se preocupe, no lo diré nada» la tranquilizó la rubia dándole un ligero codazo.
«Oh, gracias…» dijo ella girándose hacia Emma para poner sus dos manos en su brazo. «Además, no era realmente eso lo que quería decir…»
«Ya, por supuesto…»
«En fin, no completamente, quiero decir, es una mujer muy hermosa, muy atractiva, pero sé que no formamos parte del mismo mundo, ¡nunca se interesaría en alguien como yo!»
«Ah, ¡está claro que usted no tiene el equipamiento apropiado!» dijo estallando en carcajadas «Perdón…no quería burlarme»
«No pasa nada…y para responder a su comentario, no creo que sea un problema "de equipamiento"…»
«¿Ah no? ¿Qué quiere decir?» preguntó ella, intrigada
«Bueno…hasta ahora son solo sospechas, eh…pero…a veces, y no ha pasado muchas veces, quizás cinco o seis, tiene citas con mujeres en su despacho»
«Sí, pero eso no quiere decir nada…»
«No, solo por eso no. También tiene con hombres…pero extrañamente, cada vez que tiene una cita con una de esas mujeres, es a mitad del día, y siempre me da el resto del día libre…»
«¿Piensa que lo hace para estar tranquila?»
«¡Sí! ¡Y sobre todo para no ser molestada ni escuchada!»
La rubia rio ligeramente ante la convencida expresión de la morena.
«Pero bueno…de momento son solo suposiciones como decía…» respondió la secretaria antes de que las puertas metálicas se abrieran.
Caminaron algunos metros antes de llegar ante una puerta cerrada. La morena tocó y a continuación entró.
«¡Buenos días, Leroy!» dijo ella jovialmente
«¡Hola Ruby! Parece que hoy ella no tiene un buen día…»
«Realmente no, eso sucede, eh. Bueno, esta es Emma Swan. Sé simpático con ella, es la guardaespaldas de la alcaldesa»
«¡Auch!…ningún problema, Ruby. ¡Ya me conoces!»
«¡Por eso mismo!» dijo ella sacándole la lengua
La morena le sonrió, después le guiñó un ojo a la rubia y abandonó la habitación.
«¿Por qué ha dicho usted "¡auch!"?»
«Oh, porque no me gustaría estar en su lugar…»
«¿Qué quiere decir? No se vaya por la tangente, simplemente dígamelo, no iré a chivárselo, sabe…»
«Bueno…ha debido ver cómo ella es con Ruby, ¿no?»
«Sí, ¿y?»
«Su turno llegará…»
«Ah, ok, ya veo…bueno, heu…¿ha preparado las imágenes de esta mañana?»
«Sí. Están listas y solo esperan ser visionadas. Siéntese»
«Gracias.
Durante treinta minutos la rubia visionó las imágenes que comenzaban a las 05:30 de la mañana y llegaban hasta las 07:45, pero aún nada. La única persona que había entrado en el despacho era la resplandeciente secretaria alrededor de las 07:30. Idas y venidas se sucedían en el pasillo donde se encontraba el despacho, pero la gente solo pasaba por delante sin prestar atención. Alrededor de las 07:55, Emma vio a Ruby dejar su mesa para ir a buscar un café, después, dos minutos más tarde, la vio dirigirse hacia la entrada. Seguramente para recibir a la alcaldesa en ese momento.
Y cuando ella desapareció por el pasillo, Emma se enderezó en la silla y se acercó a la pantalla para hacer zoom en la zona de la entrada del despacho. Un hombre, con un mono azul de trabajo, una par de gafas, una gorra y una barba que le cubría la parte baja de la cara, abrió la puerta del despacho, miró a su alrededor para asegurarse de que nadie lo fuera a interrumpir, entró en la oficina, y salió 13 segundos más tarde y se marchó.
«Hijo de…»
«¿Ha visto algo?» preguntó el hombre dejando su puesto para colocarse al lado de la joven.
«¡Sí!» Rebobinó y detuvo la imagen en el momento en que mejor se veía al individuo, después señaló la pantalla con su índice «¡Él! ¿Me imprimiría esta imagen?»
«Sí, por supuesto, ahora mismo»
Tecleó en su teclado, y una hoja salió de la impresora. La cogió y se la pasó a la rubia.
«¿Cree que la policía podrá identificarlo?»
«No. En mi opinión, la barba, las gafas y la gorra son precisamente para que no podamos identificarlo. En cuanto al uniforme…¿están de obras en el edificio en este momento?»
«Sí, la sala de conferencias está en plena renovación. ¿Piensa que es uno de los empleados?»
«No, solo es una tapadera…Una pena, envíe todo esto a la comisaría de policía e informe que el inspector Graham tiene que ver la cinta en el momento de las 07:57»
«Bien, señorita Swan»
«Bien, le dejo, voy a enseñarle esto a la alcaldesa. Hasta luego, señor Leroy»
«Leroy es suficiente…a veces me llaman gruñón, pero es cuando no he dormido lo suficiente…»
«De acuerdo…en ese caso llámeme Emma»
Se sonrieron antes de estrecharse la mano, después la rubia dejó la sala para volver al despacho de Regina.
«¿Señora Alcaldesa?» dijo ella mientras tocaba de nuevo a la puerta
«Entre, Miss Swan»
Ella así lo hizo, cerró la puerta tras ella y caminó directamente hacia la morena.
«¿Algo nuevo?»
«Su asistente no tiene nada que ver. Ha sido él quien lo ha hecho»
La rubia colocó la hoja sobre la mesa y la morena dejó de respirar.
«Yo…no estoy segura de que sea él»
«Graham me dijo que usted hizo un retrato robot, pero que era bastante vago»
«Exacto. Pero con lo sucedido…tengo la impresión que la imagen que tengo es debido a una pesadilla, más que una imagen real»
«No se culpe por ello, lo comprendo. He mandado las cintas a la comisaría, Graham hará un reconocimiento facial y si eso no tiene éxito, lo comparará con su retrato robot»
«Muy bien…»
La morena parecía perdida y asustada. Se dio cuenta de que el hombre podía infiltrarse dónde y cuándo quisiera. Eso no presagiaba nada bueno y ella lo sabía.
«Escuche señora alcaldesa, a partir de ahora, estaré constantemente con usted. No le sucederá nada, tiene mi palabra» dijo ella arrodillándose al lado de la morena, que, bajo la presión, dejó caer algunas lágrimas.
La morena no respondió, y la rubia apoyo una mano tranquilizadora en su espalda. Se quedaron así algunos segundos, después la morena se enderezó. Enjugó sus lágrimas con sus dos manos, y le dirigió una débil sonrisa a la rubia en señal de agradecimiento.
«Es ridículo, tiene que descansar»
La rubia se levantó, y se dirigió hacia el sofá que había allí en el cual se acostó.
«Esto bastará, y al menor problema, me despierta, ¿ok? Y no se preocupe, no ronco muy fuerte…» dijo mientras le guiñaba un ojo antes de cerrar los ojos, sin esperar, por lo que se veía, respuesta alguna.
