Refuerzos e intrusión
Durante cerca de dos horas, Emma no se había movido del sofá que amueblaba el despacho de la morena. Ni siquiera se había girado una sola vez para encontrar una posición más cómoda. Todo lo que hacía pensar que estaba durmiendo eran sus brazos doblados sobre su torso, sus ojos cerrados en un rostro de trazos visiblemente relajados, y una respiración regular, silenciosa, que hacía moverse su pecho.
La Alcaldesa le lanzaba una mirada de vez en cuando, entre dosier y dosier. Las primeras veces preguntándose si la rubia estaba aún viva o si realmente dormía; las siguientes veces, bueno…no se lo podía explicar. Lo hacía y punto. Un poco como un acto reflejo: cierre de dossier, trago de un buche de agua, mirada rápida hacia el sofá, al final de la estancia, apertura de un nuevo dossier.
El silencio reinaba como señor absoluto. Solo el ruido de las hojas de papel que manipulaba la morena y el sonido de la pluma de su estilográfica, rozando las páginas, animaba la sala. Ese ambiente era el que la alcaldesa prefería. En esa calma es donde ella mejor podía reflexionar. Calmada, sin ningún signo de estrés que pudiera provocar en ella una enésima migraña.
De pronto su teléfono comenzó a sonar. Suspiró encogiéndose de hombros, cogió el auricular y se lo llevó a la oreja.
«Ruby, ¿no había sido clara? Ninguna interrupción»
«Discúlpeme, señora, pero se trata del inspector Graham, está al otro lado de la línea y pide hablar con usted…» dijo ella con voz débil dejando ver su miedo a ser culpabilizada por su jefa.
«Pásemelo»
«Bien, señora»
La Alcaldesa esperó unos diez segundos hasta escuchar la voz del policía aclararse la garganta a lo lejos antes de acercarse al teléfono y hablar.
«¿Señora Alcaldesa?»
«Inspector. ¿Alguna novedad?»
«Sí, tengo los resultados del laboratorio. ¿Emma Swan está cerca de usted?»
«Miss Swan está descansando. ¿Hace falta que la despierte?»
«Oh, heu…» el policía parecía asombrado por saber que la rubia estaba durmiendo cerca de la morena pero se concentró de nuevo en el asunto «Sí, por favor»
«Bien, un momento»
La morena dejó el teléfono apoyado en la mesa, se levantó para avanzar hacia la rubia y colocarse delante de ella. Se aclaró la garganta. ¿Sería mejor llamarla firmemente o suavemente sacudiéndole un hombro?
Eligió las dos maneras. Se acercó a la rubia, y se inclinó ligeramente para posar una mano firme en su hombro, y se dispuso a llamarla. Pero apenas hubo posado su mano, los ojos de la rubia se abrieron totalmente, provocando un pequeño salto de sorpresa a la morena. La rubia giró su rostro hacia la derecha, vio la mano sobre su hombro y ascendió hasta su propietaria que no se había movido todavía.
«¿Señora Alcaldesa? ¿Algún problema?»
Esta se recobró y se irguió para volver a su mesa.
«El inspector Graham desea hablar con usted» dijo ella mientras caminaba
Ante esas palabras, el estómago de la rubia se reviró, y se despertó completamente. Se incorporó y se colocó frente al escritorio de la morena, que puso el altavoz
«Está en altavoz, inspector»
«De acuerdo, como le decía, ¡tengo los resultados del laboratorio!»
«¡Super! ¿Y?» preguntó la rubia
«He comparado los resultados obtenidos con el retrato robot que la señora alcaldesa hizo y corresponde»
«¿Quién es?»
«Greg Mendell. Pero no tiene dirección conocida. Al menos la última remonta a dos años atrás y era en un inmueble que ya no existe…»
«¿Greg Medell?» repitió la morena
«¿Ese nombre le dice algo?» preguntó la rubia, con una chispa de esperanza en el rostro
«No…yo…por más que lo piense, no me dice nada»
«No es grave…todo va a ir bien, ¿de acuerdo? Ahora que sabemos de quien se trata, será más fácil investigar. ¿No es verdad Graham?»
«¡Sí! Voy a lanzar un llamamiento, y todos los policías de esta ciudad se pondrán en su búsqueda»
La morena asintió educadamente, después se disculpó un momento antes de encaminarse a la estancia que había al lado, que parecía ser un cuarto de baño privado.
«¿Emma?» dijo con voz apenas audible el inspector «Quita el altavoz»
«Te escucho» dijo ella en voz baja, una vez hubo quitado el altavoz
«Escucha, ese tipo tiene antecedentes penales. Ha estado tres veces detenido por haber agredido violentamente a sus parejas»
«¿No le ha sido efectuado un test psicológico?»
«Sí y el médico parecía perplejo, según lo que leí en la pantalla, no sabía si hacerlo internar para una revisión o solo debía ponerlo en contacto con otro psicólogo para que lo siguiera»
«Y…»
«Bueno, optó por dejarlo libre y que otro psicólogo lo llevara»
«¿Tienes el nombre de ese otro médico?»
«Sí, espera, te saco la información. Te avisó en cuanto la tenga»
«Ok, vale. Hasta luego»
«¿Emma?»
«¿Hum?»
«Ten cuidado, ¿quieres?»
«No me da miedo ese loco que se cree muy macho»
«No, lo sé. Pero ese tipo…no me da buena espina. Y por lo que se ve, no es a ti a quien quiere, sino a la Alcaldesa»
«Escucha, Graham, te adoro, eh, pero a veces, dudas de mis competencias y eso duele…protegeré a la Alcaldesa cueste lo que cueste, y no le pasará nada»
«De acuerdo, pero guárdate las espaldas, eh…»
«No te preocupes»
Colgó el teléfono, y se dirigió hacia la puerta por la que la morena se había eclipsado y tocó ligeramente.
«Señora Alcaldesa, ¿está bien?»
Por toda respuesta, la morena abrió la puerta y pasó por delante de la rubia sin mirarla una sola vez. Emma vio la tez pálida del rostro de la morena y comprendió ese urgente momento de intimidad.
«Escuche, señora Alcaldesa, recuéstese un momento. No tiene pinta de sentirse muy bien»
«Estoy siendo perseguida por un loco peligroso, ¿cómo quiere que esté?»
Emma entrecerró brevemente los ojos. Por supuesto las palabras de la morena eran pertinentes, así que se preguntó cómo hacer para que la morena se sintiera en perfecta seguridad con ella.
«¿Ya ha comido hoy?»
«No desde esta mañana»
«Bien, en ese caso, vamos a pedir algo de comida, ¿de acuerdo?»
«¿Comida para llevar, aquí? Discúlpeme, pero ¿se da cuenta de dónde está? Esto no es el mercado»
«Sí. O pedimos que nos la traigan aquí o en su casa»
«Yo cocino, le recuerdo»
«Sí, pero no tiene ánimo para ponerse a ello. Y yo tampoco…Así que en cualquier caso, pediremos comida para llevar. Le pediremos a su asistente que vaya a recoger nuestros platos. Será más seguro»
«Yo prefiero volver a casa»
«Como quiera. Pero ni hablar de coger su coche»
«¿Por qué?»
«Por su seguridad. Voy a pedir un coche a la agencia. Son comprobados tres veces al día y resisten cualquier ataque. No correrá riesgo alguno»
La morena echaba pestes interiormente. Nadie se atrevía nunca a contradecirla u obligarla a hacer algo. Y sin embargo, esa rubia tenía el don de obtener todo lo que quisiera de ella.
«Muy bien» cedió, con la cabeza alta, antes de sentarse de nuevo en su silla para volver al trabajo
Emma, por su parte, envió un mensaje para tener un coche a su disposición y recibió una respuesta positiva algunos segundos más tarde.
«También hay que proteger a su hijo, le propongo ir a buscarlo al colegio cuando nos dirijamos a su casa»
«No puedo retenerlo en casa. Se asustará…»
«En ese caso, la solución sería que estuviera en vigilancia permanente en la escuela»
«¿Contratando a uno de sus colegas?»
«Exactamente. Y el mejor, en mi opinión, es David. Se toma su trabajo muy en serio y sé que está de vuelta de una misión en Washington. Cuidará muy bien de su hijo, puede confiar en mí»
La morena pareció reflexionar un momento, después asintió para autorizar a la rubia a contactar con su patrón y pedir que le prestar a David para proteger a Henry.
«Sin embargo, me gustaría conocerle también»
«Por supuesto, le voy a pedir que pase por su casa antes de dirigirse al colegio»
La morena asintió y dejó que Emma hiciera su llamada, mientras ella informaba a su secretaria de que se iba del despacho hasta nueva orden.
Al salir del ayuntamiento, el coche blindado, una berlina negra y discreta, las esperaba delante del edificio. Emma abrió la puerta trasera para su clienta, la cerró tras ella, antes de rodear el coche y sentarse tras el volante.
Ya en camino, Emma recibió una alerta en su teléfono, lo sacó de su bolsillo y estacionó en un lado.
«¿Qué ocurre?» preguntó la morena al ver a la rubia con los ojos fijos en la pantalla.
«Su casa. Ha saltado la alarma. Alguien está dentro»
Tecleó en la pantalla táctil, puso el aparato en su oreja y esperó.
«…»
«David, date prisa en ir a la residencia de la alcaldesa»
Ella no esperó respuesta, tocó de nuevo la pantalla, y tiró el teléfono en el asiento de al lado y retomó la ruta.
Diez minutos más tarde, habían llegado. Emma estacionó a algunos metros de la casa, apagó el motor, y se giró hacia la morena.
«David no va a tardar. Cuando llegue, iremos a inspeccionar la casa, mientras, usted se queda aquí. No se preocupe, mientras esté en el coche, no le sucederá nada, ¿comprende?»
«Sí»
«Cerrará la puerta cuando yo baje, no la abra y no salga bajo ningún pretexto hasta que yo no se lo haya dicho»
«Muy bien»
Emma se dio la vuelta, metió su teléfono en el bolsillo de los vaqueros, miró por el retrovisor, un coche llegaba y se paraba tras ellas.
«Es David»
Ella sacó un arma de su cartuchera, una Glock 23, que había escondido bajo su chaqueta, metió una bala en la recamara. La morena se asombró.
«¿Está armada?»
«Sí. ¿La sorprende?»
«No me había dado cuenta de que pudiera llevar un arma, aun menos que la utilizara…»
«Tengo permiso de armas y entreno tres veces a la semana en la sala de tiro. Mis referencias están en el expediente que ayer le pase, ¿sabe?»
«Debí pasarlo por encima…» dijo suspicaz «¿Tiene otras armas?»
«Sí, por supuesto»
«¡En mi casa!»
«Sí, pero tranquilícese, ni siquiera David podría encontrarlas»
«Si usted lo dice…»
Emma le pasó las llaves del coche, y la morena las tomó en sus manos.
«De todas maneras sea prudente» le dijo la morena en tono neutro antes de reclinarse como si estuviera en su sillón
«Lo seré. Y no lo olvide. No abra a nadie mientras yo no le diga que no hay peligro alguno»
«Entendido»
La rubia se giró una última vez y salió del vehículo. Cuando cerró su puerta, la morena, equipada con el mando a distancia, bloqueó el coche.
«Hola Emma» dijo un hombre de unos treinta años, de metro ochenta y cinco, cabellos rubio oscuro y los ojos azul cielo «¿Qué ocurre?»
«Hola David» respondió ella sonriéndole amablemente «Creo que el cabrón que la tiene tomada con la alcaldesa ha entrado en su casa. Ha hecho saltar mi sistema de alarmas»
«Ok. Tú, la parte alta y yo, la baja»
«Ok»
Se escurrieron silenciosamente por la puerta principal y se separaron para tomar por asalto esa inmensa casa que servía de hogar a la morena y su hijo.
Emma, con su arma cargada, el seguro suelto, dispuesta a disparar, subió, sin hacer el menor ruido, las escaleras que llevaban al piso de arriba. Inspeccionó las estancias, una a una, y se encaminó hacia su habitación. Abrió la puerta, entró y vio que sus instalaciones habían sido movidas y hurgadas. A continuación, escuchó un ruido tras ella, se giró y se dirigió hacia el pasillo en donde vio, a lo lejos, a un hombre bajar los primeros escalones de las escaleras.
«¡David, las escaleras!»
Ella comenzó a correr para atrapar al individuo, y cuando estuvo en la planta baja, David la pasó corriendo, persiguiendo al intruso. El sospechoso se subió a una pick-up, y salió disparado. David se dirigió hacia su vehículo y le gritó a Emma que salía tras él.
Emma cogió su teléfono y llamó a Graham. Le dio los datos de la matrícula del vehículo para que lo buscara, y colgó. Entonces se encaminó hacia la berlina, hizo una señal a la morena de que todo estaba ok, pero esta al ver la escena ya estaba informada.
«Ya puede salir»
La morena vaciló un momento, sintiéndose más segura en el vehículo que en su propia casa.
«Estoy aquí, no tema»
La morena suspiró, y se decidió a salir.
«¿Por qué estaba él aquí? Ni siquiera estaba yo dentro…»
«En mi opinión, para averiguar cosas de mí y de mi manera de proceder»
«¿Qué hacemos entonces? ¿Cómo impedir que ese hombre se vuelva a meter en mi casa?»
«Cambiando de sitio»
«¿Perdón? ¿Mudarme?»
«Mientras esté en libertad, sí. Por supuesto, solo es provisional»
«¿Y dónde piensa llevarme?»
«A un lugar seguro»
