Save Company

«¿Y a dónde piensa llevarme?»

«A un sitio seguro»

Emma propuso a Regina entrar en su casa y preparar una bolsa para algunos días. Para ella así como para su hijo.

Cuando subieron a la planta alta, Regina vio que Emma se dirigía a la estancia que le servía de dormitorio y embalar las pocas cosas que ella se había traído. Regina estaba intrigada. Se veía bien que la rubia no era del tipo de las de instalarse calmadamente, sino más bien de las de viajar de aquí allá, una especie de nómada.

«Veo que ha hurgado todas sus cosas…»

«Sí, pero no se ha llevado ni destrozado nada. ¡Y eso está bien! Voy a poder continuar vigilando la casa incluso a distancia»

«¿Piensa que volverá otra vez?»

«Es posible. Por eso los voy a alejar de aquí»

Regina movió la cabeza asintiendo, caminó hacia su habitación a hacer sus maletas, después entró en la habitación de su hijo para hacer lo mismo. Durante ese tiempo, Emma había recibido una llamada de David para decirle que había perdido la pista del loco.

Diez minutos más tarde, Emma puso las maletas que contenían lo estrictamente necesario para la alcaldesa y su hijo, y sus propias cosas en el maletero del coche blindado, después invitó a la morena a sentarse en la parte trasera del automóvil.

Una vez el motor del vehículo encendido, Emma salió de ese hermoso barrio para dirigirse al centro. La Alcaldesa, sin saber aún dónde iban, se dejó conducir.

«¿Podría, por favor, decirme a dónde vamos?»

«Al recinto de Save Company»

«¿Al edificio de su compañía? No me diga que ese es "su sitio seguro"…» dijo ella sarcásticamente

«Sí, señora. Pero, créame. Ahí estará muy bien»

«Escuche, Miss Swan, si usted consigue dormir confortablemente en el sofá de un despacho, enhorabuena para usted, ¡pero me niego a hacer lo mismo, y mucho menos, para mi hijo!»

La rubia no respondió nada y dejó que la morena se enfadara sola en su asiento, sabiendo que terminaría calmándose y sobre todo, cambiando de opinión.

Una vez delante del inmenso edificio que pertenecía a la Save Company, Emma se detuvo, abrió la puerta y dejó que un hombre vestido de negro tomara el relevo, y otros dos vaciaran el maletero y llevaran las maletas al interior del edificio. A continuación, Emma rodeó el coche, abrió la puerta del lado de la acera y tendió la mano a la morena para ayudarla a salir. Regina aceptó esa mano y la utilizó para salir del coche, después sintió una mano en su espalda, la de Emma, para incitarla a pasar la puerta de entrada.

En el interior, Regina se quedó estupefacta ante la inmensidad del sitio. Así como cualquier edificio administrativo, en esta gran estancia, se encontraba solo un mostrador a la izquierda, una puerta tras él, y enfrente, a unos diez metros, cinco ascensores y algunas plantas decorativas.

Emma la guio hasta uno de los ascensores, la hizo entrar en uno mientras que los dos hombres que llevaban sus cosas cogían otro. Una vez Regina y su guardaespaldas en el ascensor dorado, la rubia apretó el botón del piso décimo, y las puertas se cerraron.

Cuando llegaron al piso deseado, Regina, que se esperaba ver minis despachos, uno al lado del otro, separados por una sencilla mampara, se sorprendió cuando vio que el piso se parecía más al hall de entrada de un hotel de lujo. Cómodos sillones estaban colocados a lo largo de la entrada, una barra de bar decoraba la pared de la derecha, situada a uno metros de la morena, a la izquierda había un gran mostrador con la inscripción «Recepción» Y en frente, grandes ventanales de color azul.

Regina Mills estaba cada vez más suspicaz, no se esperaba un edificio como ese. Era bastante extraño. Después de algunos pasos, Emma invitó a la morena a sentarse en uno de los sillones y le propuso algo de beber antes de excusarse y dirigirse hacia el gran mostrador en el que se puso a hablar con la recepcionista.

Durante ese tiempo, un hombre le llevó el vaso de sidra que había pedido la Alcaldesa y lo dejó en la mesita cercana a la morena. Ella le dio las gracias educadamente, tomó el vaso con la mano derecha, mientras que la rubia venía a sentarse a su lado. Regina bebió unos sorbos, y después soltó el vaso.

«Entonces, Miss Swan, ¿me va a decir dónde nos encontramos exactamente?»

«Se lo he dicho, estamos en las oficinas de Save Company»

«Ah, porque usted cree que todo eso…» dijo ella agitándose sus manos…«se parece a una oficina, ¿no?»

«Los ocho pisos que tenemos debajo no se parecen a esto…Y los de arriba tampoco…»

«Escuche, Miss Swan, comienzo a perder la paciencia…»

«En ese caso…» dijo poniéndose en pie «Déjeme presentarle a mi superior, el Señor Gold»

La morena siguió la dirección que le indicaba la rubia con la mano y se giró, vio a un hombre de unos cincuenta años, vestido con un traje de tres piezas negro, acompañado de una corbata de un color malva oscuro, los cabellos castaños a media altura, caminar hacia ellas ayudándose con un bastón.

«Señora Alcaldesa» dijo él extendiendo su mano derecha

«Señor Gold» respondió ella estrechando esa mano con la suya.

«La señorita Swan me ha informado de que el hombre que la está siguiendo aún sigue en libertad»

«Exacto»

«Entonces ella ha hecho bien en pedirle que la siga hasta aquí por su seguridad»

«A propósito de eso, aún no veo la razón de por qué estoy aquí»

«Mi establecimiento es más que un sencillo edificio administrativo» la invitó a sentarse, e hizo lo mismo, seguido de la rubia «Para ser sinceros, este inmueble es como un hotel. Pero es secreto para ofrecer a nuestros clientes una óptima protección»

«¿Un hotel?»

«Sí. Es más, su suite está preparada para acogerla a usted y a su hijo»

«¿Mi suite? Espere un minuto…¿Quiere que mi hijo y yo nos alojemos aquí?»

«Temporalmente. El tiempo que tarde la policía en arrestar a ese individuo que intenta hacerle daño»

«Pero…»

«No se preocupe, aquí estará muy bien, crea en mi palabra» él le dirigió una educada sonrisa, después giró su cabeza hacia la rubia «Swan, conduzca a la señora Alcaldesa hasta su habitación»

«Sí, señor»

Él se levantó y extendió una vez más su mano a la morena.

«Señora Alcaldesa, si tiene la más mínima pregunta, no dude en ponerse en contacto conmigo, pero estoy seguro de que la señorita Swan responderá con gran placer a todas sus cuestiones»

«Muy bien, gracias»

Ella le estrechó otra vez la mano, y él se excusó y se marchó.

«Bien, señora Alcaldesa, sígame» dijo la rubia levantándose inmediatamente, e imitada por la morena.

Tomaron una vez más el ascensor, y esta vez se dirigieron hasta el piso 38. Caminaron algunos metros por el pasillo que tenían delante, después la rubia sacó una tarjeta magnética que hizo deslizar en la caja situada por debajo de la cerradura de la puerta.

«Ya hemos llegado. David no tardará. Quiere presentarse a usted antes de ir a buscar a su hijo a la escuela»

«Me gustaría ir yo misma a buscarlo» dijo ella firmemente

«Comprendo, pero es demasiado peligroso. Será mejor para usted quedarse aquí»

La morena suspiró, comenzaba a estar harta de que le dijeran lo que tenía que hacer y lo que era mejor para ella. Entonces decidió echarle un vistazo al sitio. La estancia donde se encontraban era sin duda la sala de estar. Había dos sofás de terciopelo beige, a la izquierda de la estancia, uno enfrente del otro, separados por una mesita de madera rectangular, colocada sobre una ancha alfombra. A la derecha de la sala, una mesa de comedor con sus seis sillas, cuadros y ramos de flores decoraban la estancia, así como grandes cortinas para cubrir las altas ventanas.

También había en esa estancia dos puertas. Una a la izquierda y otra a la derecha. Se aventuró hacia la de la izquierda y vio que se trataba de un dormitorio. Una cama de matrimonio, una mesilla de noche a cada lado, un armario, una gran pantalla plana colgada en la pared, y otra puerta que llevaba al cuarto de baño. Este estaba equipado con una moderna bañera en mitad del recinto, con un lavabo y armarios al lado derecho al entrar y con una ducha en el otro extremo, decorando la esquina y un WC.

Dio marcha atrás sobre sus pasos, y tras pasar por la sala de estar, abrió la otra puerta, descubrió que era una copia de la anterior, y que la puerta que había daría también al cuarto de baño, idéntico este también.

«Espero que le guste» declaró la rubia, aún de pie en la entrada de la suite.

«No tengo de que quejarme»

«Tiene un teléfono a su disposición, puede pedir ser servida por nuestros cocineros. El menú está en la cómoda» dijo ella señalando el mueble donde estaba colocado un teléfono fijo.

«¿Dónde dormirá usted?» preguntó la morena caminando hacia el mini bar.

«En uno de esos sillones…»

«Pero hay una segunda habitación»

«Es para su hijo»

«Muy bien»

La morena se sirvió un zumo de frutas, mientras que alguien llamaba a la puerta. Emma se dirigió hacia ella, comprobó de quién se trataba por la mirilla y vio a su colega.

«Es David» dijo ella mirando a su clienta antes de abrir la puerta.

«Hola Emma» dijo él con expresión seria entrando en la suite.

Ella lo saludó con un asentimiento de cabeza y con una sonrisa antes de que él caminara hacia la morena.

«Señora Alcaldesa. Encantado, David Nolan»

Se estrecharon la mano antes de ella sentarse en uno de los sillones e invitar al hombre a hacer lo mismo.

«En primer lugar, quisiera excusarme por lo de hace un momento. No he logrado atrapar al sujeto»

«No se excuse. Soy consciente de que perseguir a alguien no debe ser algo fácil. Si no, estoy segura de que lo hubiera logrado»

«Se lo agradezco»

«Bien, Miss Swan me ha dejado claro que es usted uno de los mejores»

«Sí, señora. Es más, le he traído un dossier donde podrá comprobar mis aptitudes»

Él le tendió un clasificador de cartón y ella se dio prisa en abrirlo.

«Hmm…veo que también ha estado en el ejército»

«Sí. Ahí es donde Emma y yo nos conocimos»

Ella continuó su lectura haciéndole algunas preguntas y al cabo de diez minutos de interrogatorio, cerró el dossier.

«Bien, no tengo nada que decir. Pero me gustaría que fuera Miss Swan la que recogiera a mi hijo al terminar las clases»

«Ah, heu…» dijo él confuso intercambiando una mirada con la rubia

«Le he enseñado a mi hijo que no se vaya con extraños. Él jamás lo ha visto, mientras que a Miss Swan sí. Es preferible que sea usted, Miss Swan, quien vaya a buscarlo y lo traiga aquí»

«Bien, señora»

«Es más, ya puede salir, si no, se retrasará»

«Por supuesto» hizo una señal a David con la cabeza para que se acercara a ella mientras la morena se dirigía hacia una de las habitaciones para deshacer las maletas.

«No abandones esta suite, ¿entendido?»

«No te preocupes, Emma. No le pasará nada»

«Ok…» dijo ella echando una última mirada hacia la puerta entreabierta de la habitación donde se encontraba la morena.

«Eh , di…» dijo él en voz baja «¿Me lo imagino o te gusta ella?»

«¿Qué? ¡No digas tonterías!»

«Ya, claro, lo que tú digas…Venga, vete o llegarás tarde…»

«Sí, hasta luego…»

Una vez que hubo salido del edificio, cogió uno de los coches de la compañía y se dirigió a la escuela del pequeño Henry. Al llegar, esperó al chico y cuando él la vio, se dirigió hacia ella.

«¿Emma? ¿Por qué está usted aquí? ¿Le ha pasado algo a mamá?»

«No, tranquilízate, pero hoy me ha pedido que te recoja yo»

«De acuerdo…» dijo suspicaz. El vivo retrato de su madre, se dijo la rubia.

Ella se puso a su altura arrodillándose, y le ofreció una gran sonrisa.

«Escucha, Henry, tu mamá y tú van a dormir en un sitio super secreto durante algunos días»

«¿Super secreto? ¿Cómo los espías?»

«¡Sí! ¡Como los espías!» respondió ella divertida

«¡De acuerdo!»

«Venga, vámonos…»

Ella se enderezó y se puso al lado del chico hasta que hubieron llegado al coche. Lo hizo subir a la parte de atrás, y caminó para instalarse tras el volante. Se tomó su tiempo para el regreso de forma voluntaria, dio pequeños rodeos para estar segura de que nadie la seguía. Cuando finalmente llegaron, subieron directamente hasta el piso 38.

«¿Mamá?» dijo él cuando la rubia abrió la puerta «Oh, heu, buenos días» dijo a David que estaba sentado en uno de los sillones leyendo el periódico.

«Buenos días» respondió él sonriendo

«¡Henry!» gritó la morena saliendo de la habitación

«¡Mamá!»

Él corrió hasta sus brazos y la abrazó fuertemente. La morena le devolvió su abrazo.

«¿Ha ido bien tu día?» preguntó ella arrodillándose frente a su hijo

«¡Sí, super! ¡Melvin ha llevado su conejo! ¡Era suave! ¿Podría tener uno?»

«Oh…Hablaremos de eso más tarde, ¿de acuerdo? Ven, tengo que presentarte a alguien»

Ella se levantó, tomó a su hijo de la mano y caminó hacia David que se había levantado del sofá para estar cara a cara.

«Henry, este es David. Señor Nolan, mi hijo Henry»

«¡Buenos días, señor!»

«Buenos días, Henry. Encantado de conocerte»+

«Henry, el señor Nolan es amigo de la señorita Swan, él va a protegerte, ¿de acuerdo?»

«Tengo un G.I. Joe solo para mí?» dijo mirando a su madre

«Si quieres, sí. Te acompañará a la escuela a partir de mañana, ¿de acuerdo?»

«¡De acuerdo! Chachiii, ¡los otros se van a poner celosos!»

Los adultos rieron ante el comentario del pequeño y David se despidió del pequeño citándolo para las 07:15 de la mañana antes de despedirse y salir de la suite.

Después de merendar, Henry hizo sus deberes en una de las habitaciones mientras la morena contactaba a su secretaria por teléfono.

«Miss Lucas, ¿tiene noticias sobre el tornado que debería llegar en las próximos días?»

«Sí, señora, he hablado con los meteorólogos de la ciudad y afirman que no debería hacer demasiados destrozos, pero que de todas maneras hay que estar pendientes»

«¿Saben cuándo nos alcanzará?»

«Sí, en dos días»

«Bien. Organice un comunicado de prensa para mañana por la mañana a primera hora. Quiero que cada uno de mis conciudadanos esté al corriente»

«Sí, señora»

La morena colgó el teléfono, y se giró hacia la rubia.

«Mañana por la mañana iremos al Ayuntamiento»

Sabiendo que la morena tenía que hacer su trabajo, y que era inviable hacer venir a los medios hasta ahí, Emma no tuvo elección, asintió, después la morena se dirigió a la habitación de su hijo.

Cuando llegó la hora de la cena, comieron los tres en silencio lo que el servicio de habitaciones les había llevado, después llegó la hora de acostarse para el chico que pidió quedarse con su madre por esa noche, lo que ella aceptó, comprendiendo que su hijo debía estar perdido a causa de los últimos acontecimientos.

Cuando lo hubo arropado, salió de la habitación y se dirigió al salón

«Puede usted usar la otra habitación, Miss Swan. Mi hijo se quedará conmigo»

«Heu…gracias» dijo ella sirviéndose una vaso de refresco «¿Quiere algo?»

«Un whisky, gracias»

La rubia asintió, y sirvió el segundo vaso. Cogió los dos en sus manos y se acercó a la morena para darle el suyo.

«Gracias»

«De nada»

La rubia se sentó en el sofá frente a la morena y bebió un buche de su refresco.

«¿Cuánto tiempo cree usted que pasará antes de que ese loco esté entre rejas?» preguntó la Alcaldesa

«No voy a mentirle diciéndole que mañana estará hecho. Pero le aseguro que acabará cometiendo un error, y eso será su pérdida»

La morena no respondió nada, sino que miraba fijamente el líquido ambarino de su vaso. Se quedaron así algunos segundos, que parecieron una eternidad para la rubia mientras que la morena estaba perdida en sus pensamientos. Después, apartando la vista del vaso, rompió el silencio.

«¿Puedo hacerle una pregunta, Miss Swan?»

«Sí, por supuesto»

«¿Qué la empujó a dedicarse a este trabajo?»

«Oh, heu…Después de haber dejado el ejército, intenté entrar en la policía, fue en ese momento en que conocí al inspector Graham, él era el reclutador de mi sección. Me apoyó, pero me di cuenta de que al final no era lo que quería hacer. Hice pequeños trabajos por aquí y por allí, y después un día, mientras estaba trabajando de camarera en un pequeño café, me crucé con David. Él había dejado el ejército también y había sido contratado por esta agencia. Conociendo mi potencial, preguntó al señor Gold si yo podría hacer las pruebas de acceso, él aceptó, y aquí estoy»

«¿Por qué dejó el ejército? ¿No es lo que quería hacer?»

«Bueno, sí. Es más me gustaba. Pero me pidieron que dejara mi puesto»

Al ver la mirada interrogadora de la morena, la rubia inspiró profundamente, bebió un sorbo de su refresco antes de responder.

«Una noche, estando David y yo de permiso, nos fuimos a un bar no lejos de la base. Ligué un poco y se me pasó la mano con las copas… »

«¿Fue por eso?»

«Por una mujer. Ligué con una mujer»

«Oh» dijo sorprendida la morena

«Sí…y ese suceso fue revelado a mi capitán por otros soldados que se encontraban en el bar, me dejó la opción de marcharme o defender mis intereses ante un consejo militar para mantener mi puesto»

«¿Y prefirió marcharse?»

«Sí, porque no veía cómo habría podido renunciar a lo que era. A lo que soy»

«Ya veo…» dijo la morena y a continuación bebió un poco de su vaso

«¡Pero eso no me impedirá comportarme profesionalmente con usted! Pero si de todas maneras le molesta, comprenderé que desee ser protegida por otra persona…»

«No. No me molesta. Estoy lejos de ser homófoba, y he podido ver que sus competencias profesionales son ampliamente suficientes»

La morena sonrió educadamente y la rubia le devolvió la sonrisa antes de que cada una vaciara su vaso.

«Supongo que habrá investigado mi pasado»

«Sí»

«¿Qué ha descubierto?»

«Que ha tenido, hasta ahora, una vida completamente normal»

«Pero…»

«En lo que respecta a su ex marido, no he podido encontrar gran cosa»

«¿Por qué le intriga él tanto?»

«Porque no sé gran cosa de él y me gustaría saber más»

«¿Qué quiere saber?»

«¿Cómo se conocieron?»

«Mi madre y él se conocían desde hacía algunos años antes de que nos casáramos. Ella lo consideraba el partido ideal para mi escalada profesional y social…en cuanto a él, él veía en mí a la esposa ideal. Obediente en todo. Solo que él era estéril, tuve que recurrir a la inseminación artificial. Pero él quería una niña, así que cuando se enteró de que esperaba a Henry, se volvió frío, huraño, me echaba la culpa, así que él no reconoció a mi hijo y cinco años más tarde, me pidió el divorcio. Como yo sabía que él mantenía relaciones, gané la causa, y la custodia total de Henry, ya que, de todas maneras, él no tenía ningún derecho sobre él, así como nuestra residencia y los bienes que en ella había»

«Entonces, si he comprendido bien, ¿él lo perdió todo en el divorcio?»

«Dejando de lado su dignidad, sí»

«Hummm…Me dijo que no tenía noticias de su ex marido desde hacía tres años»

«Exacto»

«Pero, ¿tiene alguna idea de lo que ha sido de él? ¿Dónde vive? ¿Su trabajo?»

«Creo que sigue siendo consejero de finanzas del despacho del Gobernador de California…¿por qué le interesa eso?»

«Porque me pregunto si no estará detrás de todo lo que le ha pasado…