Alerta
A la mañana siguiente, David fue a recoger a Henry para su día de cole, mientras Emma acompañaría a la bella morena al Ayuntamiento. Así que todos se separaron a la entrada del edificio donde el pequeño le dio un último abrazo a su madre.
«Estudia mucho, cariño»
«¡Prometido mamá, hasta la tarde!»
«Hasta la tarde…» dijo ella viéndole marchar hacia la berlina negra que David había pedido para su hijo, con la mirada cargada de amor, pero también de inquietud.
A continuación también ella subió en el coche cuya puerta ya había abierto la rubia, agradeciéndoselo con un movimiento de cabeza, que ella le devolvió con una sonrisa.
Al llegar al Ayuntamiento, algunos periodistas se impacientaban en el exterior, esperando que la Alcaldesa apareciera. Emma detuvo, entonces, el coche a algunos metros.
«Señora Alcaldesa, los periodistas ya están ahí…» anunció Emma con tranquilidad
«En ese caso, de la vuelta al edificio, hay otra entrada»
La rubia no respondió, y así lo hizo. Al dar la vuelta discretamente Al edificio del ayuntamiento de la ciudad, el coche de detuvo cerca de la entrada de servicio de los empleados de la seguridad.
Una vez que Emma hubo abierto la puerta de la morena, esta salió del vehículo con gracia y caminó hacia la entrada. Emma siguió sus pasos.
Por su parte, Henry estaba más excitado que nunca por llegar a la escuela, los otros niños tenían la costumbre de reírse de él o bien de ignorarlo completamente. No tenía muchos amigos, por no decir que ninguno. La única persona con quien le gustaba hablar era con su maestra, la Señorita Blanchard.
Cuando David detuvo el coche a prueba de balas en el parking del colegio, todas las personas presentes quedaron intrigadas. Los adultos tanto como los niños. David salió del vehículo, con sus Ray-Ban en la nariz para protegerse del sol que brillaba ese día, cerró su puerta, y a continuación abrió la del hijo de la alcaldesa.
«Venga, hombrecito, ¡listo para un nuevo día de cole!»
«¡Ha visto la cara que han puesto! Quizás dejen finalmente de ser malos conmigo…» dijo bajando ligeramente la cabeza
Davis se colocó entonces a su altura, le sonrió y posó una mano en su hombro.
«¿Sabes qué? Si hay alguno que se atreva a ser malo contigo, me lo dices y lo mandaré al espacio. ¿Te parece?»
«¡De acuerdo!»
El hombre se enderezó y avanzó junto con el jovencito hacia el edificio para llegar a su clase. Al llegar, fueron acogidos por una bella joven de cabellos cortos y negros que les sonreía desde el marco de la puerta.
«¡Buenos días, señorita Blanchard!»
«Buenos días, Henry, ¿cómo estás hoy?»
«¡Super bien! ¡Hoy estoy con mi guardaespaldas!»
La maestra lanzó una nueva mirada al hombre rubio, que en ese momento, se quitaba las gafas, para dejar a la vista sus ojos azul cielo, y que le sonreía de oreja a oreja.
«Buenos días, me llamo David Nolan» dijo él tendiéndole la mano amigablemente
«Heu…ho…hola. Soy…Mary-Margaret Blan…»
«Blanchard, ¿verdad?»
«Heu…sí…» dijo ella enrojeciendo, a punto, por lo que se veía, de perder su pose.
«Encantado, supongo que el director le habrá avisado de mi llegada»
«Sí…»
«Bien» respondió él aún sonriendo
«Venga, David, le voy a enseñar mi clase» dijo Henry tirando de su mano
Una vez que las dos mujeres hubieron llegado al pasillo que conducía al despacho de la morena, se dieron de cara con Ruby que llegaba con un café para cada una.
«Buenos días, señora Alcaldesa, los periodistas están que trinan, les gustaría cerrar sus titulares…»
«Lo sé, señorita Lucas, una cosa a la vez, les he citado a las 08:00 y solo son las 07:45. ¿Tiene nueva información meteorológica?»
«Sí, señora, se lo he dejado escrito en el dossier, encima de su mesa»
«Bien, dígale a los periodistas que vayan a la sala grande y que se vayan acomodando hasta que yo llegue»
«Sí, señora»
La joven morena, que estaba al lado de la Alcaldesa, ralentizó su carrera para dejar que las dos mujeres entraran en el despacho. Y cuando Emma pasó por su lado, esta le dedicó una gran sonrisa.
«Hola…»
«Hola…» respondió tímidamente la morena
«Gracias por el café»
«De nada…»
«Miss Lucas, los periodistas» lanzó fríamente Regina mientras dejaba su café en la mesa de madera
«Sí, señora» respondió ella saliendo de sus ensoñaciones, antes de cerrar la puerta
La morena se sentó en su silla, hizo un gesto a la rubia, indicándole que podía hacer lo mismo, y se puso a leer las notas que su secretaria había preparado para ella.
«El tornado está clasificado como fuerte y pasará en primer lugar por Seattle. Progresivamente bajará su recorrido pasando por Portland, San Francisco y Los Ángeles antes de dirigirse a San Diego. Pero los meteorólogos no han podido predecir con exactitud cuándo golpeará la ciudad»
En una de las notas se decía que la agencia meteorológica había mandado por email imágenes de ese tornado.
La morena encendió su ordenador y comprobó si había recibido los citados correos, después invitó a la rubia a acercarse para que los viera.
«Vientos a 450 km/hora no es ninguna tontería…»
«En efecto, Miss Swan…Y puedo afirmarle desde ya que se trata del peor tornado que esta ciudad haya visto nunca»
«¿Cuánto tiempo tardará en llegar?»
«Algunas horas, cómo máximo. Las imágenes son de hace cuatro horas…Ayer los especialistas habían afirmado que llegaría mañana, pero aparentemente, este tornado aumenta su virulencia con las horas…»
La morena miró enseguida el reloj y vio que eran las 07:53. Pasó las fotos a un pendrive, se levantó de su silla y se dispuso a salir del despacho. La rubia, siempre a sus espaldas, le abrió la puerta, comprobó que no había ningún peligro en el pasillo, y dejó pasar a la morena.
08:00, los periodistas, cada vez más impacientes, se estaban preguntando cuánto tiempo más tendrían que esperar cuando vieron a la Alcaldesa subir los escalones y avanzar hacia el estrado. Emma, unos pasos detrás de la morena, de pie al lado de Ruby, recorría la estancia con la mirada, lista a intervenir si hiciera falta.
«Señoras y señores, buenos días»
«¡Señora Alcaldesa, señora Alcaldesa!» gritaron los periodistas con sus grabadoras, sus micros, sus cámaras grabando en directo, así como los fotógrafos.
«Cálmense…responderé a todas sus preguntas, pero primero déjenme hablar»
Había dicho eso de manera fría y distinguida. Ningún periodista se atrevió a protestar y todos retomaron asiento en las sillas que habían sido colocadas para ellos.
«Bien, como ya saben, el tornado Jessica amenaza nuestra ciudad. Ayer, hice divulgar una nota preventiva para asegurarme que cada habitante de esta ciudad estuviera al corriente. Sin embargo, he sido informada esta mañana de que una simple prevención quizás no sea suficiente»
Los murmullos se escucharon en la sala y Regina supo que no tenía derecho al error si no quería que el pánico reinara en su auditorio antes del fin del comunicado. Porque lo sabía, el pánico acabaría por tomar la delantera. Sacó entonces un pequeño mando a distancia negro de su bolsillo y la pantalla blanca de detrás se iluminó gracias al proyector suspendido en el techo en mitad de la sala, y las fotos meteorológicas que le habían sido enviadas algunos minutos antes, eran ahora perfectamente visibles para todos.
«No les voy a mentir, este tornado está clasificado como fuerte y peligroso. Sabemos también que atravesará Seattle, Portland, después pasará por nuestra ciudad y continuará su camino hacia Los Ángeles y San Diego. Como pueden constatar, el tornado está a caballo sobre el Océano Pacífico y nuestras costas. Así que tenemos una posibilidad de que la ciudad no se vea demasiado afectada. En todo caso, así lo espero, sinceramente…» la morena hizo una breve pausa, después continuó «en lo que respecta a las medidas de seguridad, les pido a todos y todas que vuelvan a sus casas. No vayan al trabajo, o abandónenlo, recojan a sus hijos, y quédense en casa, no enciendan la televisión y desconecten todo lo que puedan ser susceptible de una descarga. Solo dejen enchufada la radio para estar al corriente de la evolución de Jessica»
Los periodistas nada decían, aceptando la fatalidad que los amenazaba. Después, una joven rubia, sentada en la quinta fila, levantó su mano, pidiendo la palabra, que Regina le concedió con un gesto de cabeza.
«Señora Alcaldesa, buenos días, Ashley Boyd de "Last New", ¿Puede darnos alguna indicación en cuanto a la llegada del tornado a nuestra ciudad?» preguntó extendiendo su grabadora hacia la morena.
Regina se quedó de mármol para no dejar transparentar nada, pues ella sabía, estaba segura, su respuesta iba a provocar un cataclismo por sí sola…Y cuando iba a abrir la boca para responder, Emma colocó delicadamente su mano en su brazo. La morena se giró delicadamente hacia ella, mientras la rubia se acercaba a su oído.
«El tornado está en Portland. Tenemos tres horas como máximo»
Después, retrocedió ligeramente con expresión desolada en el rostro mientras la morena le lanzaba una mirada perdida, sabiendo pertinentemente lo que eso significaba. A continuación, Emma retrocedió aún más y volvió a su sitio. Regina se volvió a girar para dar la cara a la muchedumbre delante de ella.
«Ayer por la mañana, los meteorólogos precisaban que el tornado no estaría aquí hasta dentro de unos días, lo que nos dejaba tiempo para actuar. Ayer por la noche, me enteré de que llegaría mañana. Ahora, he sabido que ya ha pasado por Portland y que en menos de tres horas estará aquí»
El silencio en la sala y el miedo en los ojos de cada una de las personas que estaba frente a ella dio nauseas a la morena. Sintiéndose impotente ante el peligro que amenazaba su ciudad y a sus habitantes, se aclaró la garganta, y tomó la palabra una última vez.
«Vuelvan a sus casas, métanse al resguardo y se lo ruego, tengan cuidado»
Eso fue suficiente para que los periodistas salieran como alma que lleva el diablo. Mientras se empujaban para salir de la sala, Emma apoyo una vez más su mano en el brazo de la morena, y la otra en su cintura.
«Señora Alcaldesa, hay que irse, ¡ahora!»
La morena parecía perdida en sus pensamientos, pero de todas maneras caminaba porque la rubia la empujaba. Emma la guio fuera del edifico hasta llegar a la berlina negra, y solo cuando Emma abrió la puerta de la morena, esta se recobró de su ensimismamiento y entró en el coche. Después la rubia dio la vuelta rápidamente para ocupar su sitio.
«Vayamos a buscar a mi hijo» ordenó la morena
Apenas hubieron recorrido cinco kilómetros cuando los atascos empezaron por todos lados. No pudiendo avanzar, Emma sacó su teléfono y tecleó sobre la pantalla táctil.
«Con el atasco que hay, nunca lograremos llegar a buscar a su hijo y volver a Save Company a tiempo, voy a pedirle a David que lo traiga» dijo ella lanzando una mirada al retrovisor central para mirar a la morena que asintió.
«David, soy Emma, volved lo más pronto posible a la compañía, se ha vuelto muy peligroso, el tornado estará aquí en menos de tres horas»
«…»
Colgó, volvió a meter el móvil en el bolsillo interior de su chaqueta, y encendió otra vez el motor cuando vio que los coches avanzaban progresivamente.
Al cabo de una hora de atasco, llegaron finalmente ante el gran edificio, pero Emma solo pasó por delante
«Pero, ¿qué hace?» preguntó la morena cuando vio que se alejaban del edificio
«Confíe en mí, solo voy a entrar por el subsuelo»
«¿El subsuelo? ¿Qué…?» dijo ella cuando la rubia entraba en un garaje situado en la parte baja de otro edificio. «Pero, ¿qué…?»
«Es una entrada secreta, el subterráneo pasa por debajo de tres calles y desemboca bajo la Save Company. Es aquí donde todos los vehículos son aparcados, mantenidos y comprobados»
Cuando el coche estuvo correctamente estacionado, y las dos mujeres fuera del coche, se dirigieron hacia el ascensor, que usaron para subir directamente al piso 38.
«¿Se da cuenta de que un edifico no es el lugar ideal para ponerse al resguardo de un tornado, Miss Swan?»
«Señora Alcaldesa» dijo Emma abriendo la puerta de la suite «mi trabajo es protegerla. Si no supiera que este edificio posee cristales blindados y una aleación en titanio reforzado, ¿creería de verdad que la hubiera traído aquí?»
La morena parecía más tranquila ante esa noticia, pero cuando entró en la habitación se horrorizó al ver que su hijo no estaba esperándola.
«¿Dónde está mi hijo? ¿Dónde está Henry?» preguntó a la rubia que tomó su móvil para llamar de nuevo a David
«David, pero, ¿dónde estáis?»
«…»
«¡Qué! Pero ¿cómo habéis acabado así?»
«¡QUÉ!» chilló la morena enervada
«…»
«¡Ven lo más rápido posible y sé prudente al volante!» dijo ella antes de colgar
«Explíqueme, ¿por qué no están aquí todavía?»
«Cuando David recibió mi llamada, decenas de coches se estacionaron de cualquier manera delante del colegio impidiéndole la salida. Los padres iban a buscar a sus hijos, y ellos no pudieron salir antes. Según él, algunos incluso estaban aparcados a varios metros del edificio, con sus hijos en brazos, para marcharse más rápido»
«¿Y ahora dónde están?» preguntó la morena una vez más, pero con un tono más calmado
«Están en el coche e intentan retomar el camino»
«De acuerdo…» respondió la morena aliviada, un temblor en su voz mientras que sus piernas flaquearon, pero la rubia la cogió a tiempo.
Emma estaba de rodillas, la cabeza de la morena apoyada en su torso mientas que ella la rodeaba con sus brazos. Sus rostros a escasos centímetros uno del otro, la morena podía discernir la tranquilidad en la mirada de la rubia y el consuelo en su sonrisa.
«Está extenuada, debe descansar» le murmuró en tono dulce «Voy a llevarla a su habitación»
Al decir eso, pasó un brazo por debajo de las piernas de la morena, se puso de pie con la Alcaldesa en sus brazos. Comenzó a andar mientras la morena apenas podía mantener los ojos abiertos.
«…sofá…» le susurró a la rubia
Emma comprendió el mensaje y se acercó a uno de los divanes, después posó delicadamente a la morena en él. Se dirigió a la cómoda, que estaba cerca, y sacó una manta de uno de los cajones. Volvió al sofá y la extendió sobre el cuerpo adormilado de la morena.
