Jessica
Durante casi una hora, Emma había velado a la morena. Se había sentado en el sillón de enfrente, había posado sus codos en las rodillas, su mentón reposando en sus manos juntas, y reflexionaba.
Esta Regina Mills estaba dotada de un carisma de locos. Incluso apaciblemente dormida, era magnífica. A veces, Emma veía que la morena hacía una mueca, como si estuviera insatisfecha del sueño que estuviera teniendo.
Cada vez que la miraba más de diez segundos, Emma se ponía inmediatamente a imaginarse a la morena tirándose en sus brazos. Besándola con pasión con esos carnosos labios, acariciándola con sus dulces manos de perfecta manicura, escuchándola gemir sensualmente en su oído…
«¡Mierda, vuelve en ti, muchacha!» se decía ella por quinta vez mientras sacudía la cabeza antes de mirarla una vez más «Una mujer como ella no tiene nada que hacer con una chica como yo…» pensaba ella lamentándose.
Por cuarta vez desde que la morena dormía, el teléfono de la rubia comenzó a vibrar, lo había puesto en silencio para estar segura de que la morena no se despertarse demasiado pronto, necesitaba dormir, eso se veía.
Así que miró su teléfono y no se sorprendió al ver el nombre de su colega David en la pantalla. Se puso de pie, dio a "responder" con el pulgar antes de colocarse el aparato al oído.
«Dime que no estáis muy lejos…»
«No más de unos cien metros…pero hemos tenido que abandonar el coche»
«¿Qué?» se asombró ella antes de lanzar una ojeada a la morena esperando no haberla despertado «¿Cómo es eso? ¿Por qué?» preguntó en tono bajo
«No teníamos elección, estamos a escasos momentos de que el viento se haga más virulento. Así que pensé que era mejor marcharse mientras hubiese tiempo»
«Sí, has hecho bien…»
«Bien, te dejo, estamos llegando a la entrada del subterráneo»
«Ok, hasta ahora»
Colgó y suspiró una vez más. El tornado ya llegaba.
«Miss Swan…»
La susodicha se giró y se acercó a la morena colocándose delante del sofá donde estaba aquella acostada.
«¿Sí, señora?»
«¿Dónde está mi hijo?» preguntó ella volviendo, poco a poco, en sí.
«Ya no tardan, señora, acaban de entrar en el subsuelo»
Aliviada, la morena esbozó una pequeña sonrisa de satisfacción.
«Bien, buena noticia. ¿Podría darme un poco de agua, por favor?»
«Sí, por supuesto» dijo ella sonriéndole antes de encaminarse hacia el mini bar. Lo entreabrió, tomó la botella de agua mineral, sirvió un vaso para la morena y volvió sobre sus pasos para dárselo.
Mientras, la morena se había incorporado para sentarse en su cama improvisada antes de coger el vaso que la rubia le tendía.
«Gracias» dijo ella, sin siquiera mirarla
«De nada»
La morena bebió un sorbo, miró su vaso, después desvió su mirada finalmente hacia la rubia.
«¿Cuánto tiempo he dormido?»
«Cerca de una hora»
«¿Llegarán bien?»
«Me he informado cada cuarto de hora, señora. Si hubiera ocurrido la más mínima…mala noticia con respecto a su hijo, se lo habría dicho»
«No lo dudo»
«Por el contrario…con lo que respecta al tornado…ya no debe tardar mucho»
La morena no replicó, ¿qué hubiera podido decir? Ese tornado era inevitable, su poder en esa ciudad era el que era, aunque hubiera querido hacer más, mucho más.
Se acabó su vaso de agua, y le dijo a la rubia que se iba a refrescar antes de la llegada de su hijo. Mientras, Emma, que se había acercado a la ventana, miraba cómo el viento levantaba los periódicos y la basura que se extendía por las calles. Los pocos viandantes que todavía paseaban se batían para continuar avanzando contra esa fuerza invisible. Rezó para que ellos consiguiesen ponerse a salvo a tiempo y que no les pasara nada.
Después, un resplandor apareció a lo lejos. Ese tornado era definitivamente el más peligroso que habían predicho los meteorólogos. Después vino otro, más cercano. La fuerza del viento aumentaba por minutos. Eso no presagiaba nada bueno.
Cuando la morena salió de su habitación y vio a la rubia, los brazos cruzados contra su torso mirando el cielo ensombrecido por las nubes, comprendió.
«¿Se acerca, verdad?»
«Sí. Incluso he visto dos relámpagos»
La morena se colocó a su lado y la imitó poniendo sus brazos a la altura de su pecho.
«Gracias…por lo que hizo hace un momento…» dijo ella girándose su cabeza hacia la rubia
«De nada, solo he hecho mi trabajo» respondió ella mirando al horizonte
La morena no supo por qué, pero casi se sintió apenada por la respuesta de su guardaespaldas, pero se abstuvo de compartir sus pensamientos. Un nuevo resplandor se abatió a lo lejos, oscureciendo la estancia después.
Sorprendida, y por reflejo, la morena agarró el brazo izquierdo de la rubia con sus manos y se acercó considerablemente a ella. Entonces, la rubia cogió una vez más su teléfono y utilizó la luz de la pantalla para iluminar la estancia. Hundió su mirada en la de la morena y le sonrió amablemente.
«No tema, no le pasará nada mientras yo esté aquí»
La morena, entonces, se dio cuenta de su proximidad, que ella misma había provocado, y retrocedió.
«Sí, lo sé, es su trabajo, después de todo…Solo que me…cogió de improviso» dijo moviendo ligeramente la cabeza, los ojos entrecerrados
«La avería parece general, la ciudad está hundida en la oscuridad» constató Emma
«Y mi hijo está en camino hasta aquí…»
«…¡en el ascensor!» dijeron las dos a la vez.
Y cuando Emma se disponía a llamar otra vez a su colega, vio que él se le estaba adelantando. Puso el altavoz para que su clienta pudiera también estar al corriente de los sucesos.
«¿David? ¿Estáis bien?»
«Sí, estamos bien, no tenemos nada…pero estamos bloqueados entre el piso 33 y 34»
«Ok, vamos a buscaros, todo va a ir bien…estaremos en 15 minutos»
«Entendido, hasta ahora…»
Colgó y volvió a iluminar la estancia con el móvil.
«Bien, normalmente hay linternas en las habitaciones. Quédese aquí, voy a buscarlas»
Le dio su teléfono para que la morena estuviera tranquila, después se dirigió hacia la primera habitación. La escasa luz no facilitaba la tarea, pero felizmente, sabía dónde estaban colocadas las linternas. Cuando regresó junto a la morena, cargada con dos linternas, las encendió y le pasó una a la morena.
«Bien, entonces, ¿cuál es el plan, Miss Swan?»
«En el piso 40 hay un gimnasio, con un muro de escalada. Es ahí donde me entreno la mayor parte del tiempo…Vamos a coger el material, y después bajaremos hasta el piso 34»
La morena asintió y la rubia sacó su arma de fuego.
«¿Todavía piensa utilizarla?» dijo la Alcaldesa señalando el artilugio que sujetaba la rubia en sus manos.
«Si es para protegerla, sí» lanzó la rubia abriendo la puerta antes de lanzar una ojeada discreta al pasillo «¿Lista?»
«Sí, vamos»
«Sígame de cerca, ¿de acuerdo?»
«Entendido»
Emma abrió completamente la puerta de la suite, la morena a sus talones. La linterna en una mano, en la otra la pistola. Emma estaba más concentrada que nunca. La morena, durante un momento, se creyó dentro de una escena de acción de una peli de Hollywood.
Al llegar a las escaleras, subieron los dos pisos que les era necesario para alcanzar el rellano del piso 40.
Se metieron en el inmenso gimnasio y la morena no pudo evitar preguntarse sobre el hecho de que no hubiera nadie.
«¿Cómo es que no hay nadie?»
«Consigna de seguridad. Cada cliente debe volver a su habitación con su guardaespaldas y esperar a que la electricidad vuelva»
Emma se encaminó hacia una pequeña sala donde se encontraba todo el material utilizado en los diferentes deportes y Emma colocó en una mochila todo lo que iba a necesitar, después, se marcharon.
Cinco minutos más tarde, después de haber descendido los seis pisos que las separaban del hijo de la morena y del colega de Emma, llegaron finalmente delante de las puertas metálicas del ascensor. Emma dejó la mochila en el suelo, la abrió y cogió la pata de cabra y una linterna que encendió para ver mejor.
A continuación, encajó el extremo de la barra de hierro entre las dos puertas y ejerció presión, lo suficientemente fuerte, para abrirlas completamente.
A continuación, se colocó su equipo de escalada, hizo pasar la cuerda de seguridad en el mosquetón de su cinto, y después por otro mosquetón que había enganchado a una de las cuerdas de acero que pendían de una de las paredes que rodeaban la caja del ascensor, y finalmente hizo un nudo para asegurarla todo.
«Miss Swan…» murmuró la morena cuando la rubia se disponía a descender en rappel, con su mochila a las espaldas
«¿Sí?»
«Tenga cuidado…»
«Le voy a devolver a su hijo en cinco minutos» dijo ella con una confiada sonrisa
Como en los entrenamientos, Emma descendió con facilidad hasta tocar el techo del ascensor, se posó suavemente, después se quitó la mochila, la abrió y cogió unas pinzas para metal. La aplicó a continuación sobre el gancho de la trampilla de seguridad y con un último esfuerzo, logró romperla. Volvió a meter las pinzas en la mochila y abrió la trampilla.
«¿Todo bien ahí dentro?» preguntó metiendo la cara
«¡Emma!» gritó el pequeño Henry, aliviado al saber que iba a ser rescatado, al fin.
«Contento de volver a verte, rubia…» le dijo su colega con una sonrisa
Después, la rubia divisó a una tercera persona en el ascensor. Al ver la expresión inquisitiva en el rostro de la rubia, David se sintió obligado a justificarse.
«Es la maestra de Henry, él se negaba a marcharse sin ella»
«Buenos días…» dijo tímidamente la joven a su salvadora
«Voy a sacaros de ahí…» respondió la rubia con divertida sonrisa. «Vamos a empezar por Henry»
«Venga, ven, hombrecito…» dijo David cogiendo al muchacho por la cintura «A la de tres. Uno, dos, tressss…» dijo él levantándolo para que la rubia lo cogiera.
Una vez el chico fuera de la caja de acero, aferró a la rubia en sus brazos, y ella le devolvió amablemente el abrazo.
«¡Sabía que vendrías a salvarnos!»
«¿Henry?» dijo contenta la morena al ver a su hijo
«Venga, ven, voy a ayudarte a llegar hasta tu madre»
Ella se enderezó, el chico hizo lo mismo, después ella avanzó hasta el borde.
«Bien, vas a correr, y en el momento en que llegues cerca de mí, saltas, yo te elevaré…¿Señora Mills?»
«Sí, he entendido, Miss Swan…» dijo ella, impaciente por poder estrechar a su hijo en sus brazos.
30 segundos más tarde, Henry estaba a salvo al lado de su madre.
«Estaba tan preocupada, cariño. Te quiero tanto…»
«Yo también, mamá» respondió él estrechándola aún más más fuerte contra él.
«Bien, su turno señorita…»
«Blanchard. Pero puede llamarme Mary»
«Muy bien, Mary, le toca»
Reprodujeron los mismos movimientos y la morena pudo salir del ascensor, alcanzó las cadenas de acero antes de encontrarse al lado de la Alcaldesa y su hijo.
«Venga, compañero, nos toca…»
«Emma, está demasiado alto, no lograré salir así como así…»
«No digas tonterías, dame la mano, voy a sacarte de ahí»
«Emma, sé que tienes fuerza, pero no suficiente para cargar con mi peso»
«Cállate y hazlo»
Él agarró la mano que le tendía la rubia, después ella extendió su otra mano para agarrarlo mejor, y en un esfuerzo sobrehumano, sacó al hombre de la caja hasta que él pudo agarrarse por sí mismo.
«Bien, ves…» le dijo al rubio, con la respiración entrecortada
«Confieso que…nunca dejarás de sorprenderme…»
«Venga, salgamos de aquí»
Cogió carrerilla, saltó y se enganchó en la cadena, antes de subir. David le tiró la mochila que cogió al vuelo, después él hizo lo mismo para unirse a los demás.
«Gracias» dijo el rubio antes de abrazarla
«De nada, viejo amigo. ¿Todo el mundo está bien?» preguntó girándose hacia las dos mujeres y el chico.
«Sí, todo bien…» respondió la morena con una sonrisa de gratitud.
«Ok, en ese caso, vámonos, volvemos a la suite, es más seguro»
«Yo no contaría con eso» dijo una voz masculina a lo lejos, haciéndolos sobresaltarse.
Automáticamente, Emma y David quisieron desenfundar sus armas, pero el extraño les hizo un gesto con la mano de que no valía la pena, ya que él tenía la suya apuntada hacia la Alcaldesa.
«Nononono…inútil. Hacedlas deslizar hasta aquí»
David y Emma se lanzaron una mirada antes de adelantarse ligeramente, para proteger a los otros, sacaron sus armas de sus cartucheras, y las hicieron deslizar hasta los pies del hombre.
Cuando se agachó para coger una de ellas y colocarla a sus espaldas, entre su camisa y su cinto, Emma retrocedió para ponerse como escudo delante de la Alcaldesa que había colocado a su hijo detrás de ella, pegado a sus espaldas, mientras que David hacía lo mismo con la guapa maestra.
«¿Es usted George Mendel, verdad?» preguntó la rubia, con oscura mirada
Este sonrió entonces mientras cogía la otra pistola, y la mantenía perfectamente apuntada.
«¿Y usted es Emma, no? Oh, no se asombre, sé bastantes cosas de usted…Así como de su amigo, David»
«¿Qué es lo que quiere?» preguntó el joven rubio
«¿Lo que quiero? ¡Estar con la Alcaldesa, por supuesto! Es más hablando de ella…buenos tardes, Regina…» dijo con una sonrisa sádica.
Emma pasó protectoramente un brazo tras su espalda en señal de seguridad, acto que le hizo estallar en carcajadas.
«No sé si te habrás dado cuenta, pero soy yo quien tiene las pistolas. Hacer lo que estás haciendo es inútil. Así que sé buena, sepárate y deja que Regina se acerque a mí»
«Vete al infierno…»
Volvió a reírse con más ganas, pero esta vez de los nervios.
«Escucha, no te hagas la heroína, y ¡RETROCEDE!» gritó
«¿Se puede saber qué quieres de ella? ¿Qué ha podido hacerte para que quieras tomarla con ella de esta manera?» preguntó David
«¡Eso no es de tu incumbencia! ¡Ahora, sal de mi camino!» dijo dirigiéndose a la rubia
«No»
«Miss Swan…» murmuró la morena poniendo una mano sobre su hombro «Déjeme pasar, por favor»
«No» repitió ella apretando la mandíbula, negándose a moverse o apartar su mirada de Mendell
«¿No has escuchado a la dama? Déjala pasar…»
«Pero entonces mi hijo se queda con la señorita Swan…»
«No pensaba llevarlo con nosotros…no le necesito…solo a ti…» dijo mirándola de arriba abajo, deteniéndose en el generoso pecho de la susodicha.
Ella quiso adelantarse, pero Emma se negaba a dejarla ir.
«Miss Swan…» déjeme pasar»
«No…no dejaré que se la lleve»
«¡Apártate! Si no, me desharé de ti de una vez por todas»
«Por favor, obedezca» dijo casi suplicando la morena, con las lágrimas amenazando caer de sus ojos
Emma, a pesar de su impotencia ante esa situación, se negaba a obedecer. Se negaba a dejarle ganar, a que la morena se alejase, a que le hiciera daño, a no volverla a ver más.
«Me niego a dejarla partir» dijo girando ligeramente la cabeza para cruzarse con la mirada de la morena
El hombre armado suspiró de impaciencia y reviró los ojos, David lo aprovechó para lanzarse sobre él.
Y entonces, un disparo se escuchó en el pasillo, seguido de un grito de dolor por parte del rubio.
«¡No!» gritó Emma al darse cuenta de lo sucedido.
El agresor empujó el cuerpo del rubio, que sufría el impacto, y se enderezó.
«Uno menos…¡tu turno, belleza!» dijo apuntando a la cabeza de la rubia que aún estaba como escudo de la morena y su hijo.
Y en el momento en que iba a apretar el gatillo, otro disparo resonó. La morena, que creyó que había disparado a la rubia, estrechó la mano que esta aún tenía a la espalda.
Después, ante la mirada de Emma y de la maestra, el malhechor cayó pesadamente, muerto, al suelo. La sangre se derramaba por un lado de su cabeza.
Emma, que aún no había comprendido lo que acababa de pasar, escuchó pasos que se acercaban y vio a otro de sus colegas, con el arma en la mano.
«Killian…» resopló ella
«Te lo había dicho, amor, estaré siempre donde menos te lo esperes…»
Aliviada, Emma se giró hacia la morena que la apretó entre sus brazos, seguida del pequeño muchacho que pasó su brazo por su cintura. Emma estaba sorprendida, pero no quería luchar y se dejó hacer. En otro lado, Mary y Killian estaban arrodillados junto a David.
«Venga, compañero, vamos a curarte eso, aguanta»
David sonrió y golpeó el hombro del moreno para agradecerle, mientras que Mary le había agarrado la otra mano.
Cuando Emma se separó de la morena y su hijo, una sonrisa crispada apareció en los rostros de las dos mujeres, y ella retrocedió para ir a comprobar el estado de su colega.
«Vamos a ocuparnos de ti, compañero, mantente, aguanta. Killian, Mary, vayan a buscar compresas, paños limpios, papel higiénico, cualquier cosa que pueda detener la hemorragia»
El moreno se puso en pie e hizo una señal con la cabeza a la morena para que lo siguiera.
«Todo va a ir bien, amigo…no te inquietes…ya hemos pasado por cosas parecidas en Irak, ¿verdad? ¿Te acuerdas?»
«Sí…pero bueno, la última vez…fui alcanzado…en la pierna, no en el estómago…» dijo él con dificultad a causa del dolor cada vez más intenso.
«Sí, así ya tienes uno en los miembros inferiores y otra en los superiores, nada de celos…»
El rubio se puso a reír, pero se detuvo al sentir el dolor que eso le provocaba.
Regina estaba tras ellos, con su hijo en sus brazos, su cabeza reposando en su hombro. Los dos estaban inquietos por la suerte del joven.
Algunos segundos más tarde, Mary y Killian estaban de regreso con toallas de mano que habían encontrado en los baños.
Emma y Killian hicieron presión, después un nudo para parar la hemorragia.
«Tenemos que desplazarlo, no podemos dejarlo aquí…pero los ascensores no funcionan…»
«Hay una sala de reunión algo más allá, vamos a ponerlo sobre las mesas»
«Buena idea…»
Después de diez minutos de traslado, David reposaba sobre la madera barnizada, con toallas tras su cabeza, sirviéndole de almohadas improvisadas, las dos morenas y Henry a su lado.
Cada uno había podido constatar que el tornado había pasado, esperaron a que la electricidad volviera. Killian había contactado con el servicio de seguridad para pedirles que restablecieron la corriente lo más rápido posible, mientras que Emma llamaba al hospital más cercano para pedir una ambulancia.
Al cabo de media hora, la ambulancia estaba ahí, la corriente había vuelto, los enfermeros pudieron coger el ascensor y auxiliar a David, que agonizaba, pero se aferraba a la vida.
Mary pidió acompañarlo, pretextando no querer dejarlo solo, y la policía llegó para encargarse del cuerpo de Mendell.
Graham se dirigió a Emma y la abrazó furtivamente.
«Gracias a Dios, no tienes nada…»
«No, estoy bien…» dijo ella alejándose amablemente de él «No tengo nada, pero eso se lo debo a Killian» dijo ella girándose hacia el moreno «Te debo una, compañero, gracias»
«De nada…»
«Pero, ¿cómo habéis sabido que estábamos aquí?» preguntó la Alcaldesa inmiscuyéndose en la conversación.
Flashback
«Bien, ¿te acuerdas de nuestro plan? Tú me coges de "rehén", pides al otro que nos siga si ella quiere que yo siga vivo, después la llevaremos lejos de aquí»
«¿Estás segura de que ella está aquí?»
«Sí, estoy seguro. Pero, prohibido dispararle a Emma, ¿comprendido?»
«Sí, sí, lo sé…»
«Bien, voy a darme una ducha, deberías hacer lo mismo, después marcharemos a su búsqueda»
«Ok…»
El moreno dejó el salón para volver a su habitación y ducharse, diez minutos más tarde, salió del cuarto de baño, y en se momento, la estancia se hundió en la oscuridad total, nada de electricidad. Cogió una linterna y se vistió antes de constatar que le faltaba su arma.
«¡Mierda Greg!» gruñó antes de salir de la habitación para ir a busca a su acólito.
Fin del flashback
El moreno sonrió divertido y después abrió la boca.
«Digamos que estaba en el lugar apropiado en el momento justo»
