Separación
Una vez que el cuerpo de Greg Mendel fue retirado por la funeraria, el inspector Graham pidió a los testigos de los últimos acontecimientos que le siguieran hasta comisaria para que le dieran su versión de los hechos sobre la muerte que se había producidos dos horas antes.
Regina fue la primera, acompañada de su hijo porque este se negaba a separarse de ella por miedo a que le sucediese algo si ella se alejaba. Y su madre no había puesto el menor inconveniente, al contrario, estaba aliviada al saber a su único hijo sano y salvo a su lado.
Fue seguida de Emma que, algunos minutos más tarde, salía del despacho. La rubia se dirigió entonces hacia la morena y su hijo que bebía un vaso de agua, sentados en las sillas que estaban dispuestas a lo largo de la pared de la entrada, esperando el permiso para poder volver a casa.
«Vengan, los llevo a casa, Graham me ha dado luz verde»
«Perfecto, mi hijo comenzaba a quedarse dormido» dijo ella acariciando los cabellos de su hijo, apretado entre sus brazos «¿Vamos, cariño?»
Él dijo que sí con la cabeza mientras se enderezaba, se pusieron de pie y siguieron a la rubia al exterior.
El tornado había barrido una cantidad considerable de coches a su paso que se encontraban ahora en los escaparates de las tiendas, completamente destrozados. Una buena cantidad de cristales de los edificios habían estallado en mil pedazos y los restos se diseminaban por el asfalto. Felizmente, el coche blindado estaba dotado de neumáticos anti pinchazos y no corrían peligro.
De camino, Henry se había acostado en el asiento trasero y su cabeza reposaba en los muslos de su madre, que le acariciaba tiernamente los cabellos para tranquilizarlo. Mientras Emma se concentraba en la carretera, no pudo evitar, tanto ella como la morena, observar los destrozos del tornado desfilando ante sus ojos. El corazón de San Francisco parecía una ciudad fantasma. Regina sintió lágrimas en sus ojos y no pudo evitar pensar en los habitantes de su ciudad.
«Tengo que pasar por el Ayuntamiento. Tengo que hacer un comunicado, encontrar refugio para lo que han perdido su hogar, hacer llegar provisiones, botellas de agua…»
«Señora Alcaldesa…cálmese…respire…todo va a ir bien» dijo ella con un sonrisa mirando por el retrovisor para que la morena la viera.
«Sí…tiene razón…»
Soltó aire como para evacuar todo su estrés e intentó recobrar la calma. Después, cogió su teléfono y contactó con su secretaria.
«¿Señora Alcaldesa? ¿Está usted bien?» escuchó al otro lado de la línea.
«Sí, Miss Lucas, estoy bien, supongo que usted también»
«Sí, sí, todo…»
«Bien. Miss Lucas, ¿le sería posible llegar al Ayuntamiento y organizar una segunda rueda de prensa?»
«Sí, señora, por supuesto. Estaré ahí en veinte minutos»
«Bien, nos vemos allí»
Después, colgó sin esperar respuesta, alzó su mirada hacia la rubia que estaba aún concentrada al volante. Desde donde estaba, la morena no podía ver sino la mirada de Emma, se dejó incluso enternecer por sus hermosos ojos verdes, antes de volver en sí. ¿Qué le sucedía? No era la primera vez que se atrevía a mirarla de esa manera, pero, de golpe, se daba cuenta, y no conseguía aún comprender por qué.
Porque esta Emma Swan la intrigaba, eso era cierto. Quizás, incluso, la turbaba. Emma desprendía tal seguridad y tal confianza en sí misma que le daba cierto carisma. Su fuerza tanto mental como física era impresionante. El acto de coraje que Emma había tenido hacia ella algunas horas antes la había impresionado. Nunca nadie la había defendido como Emma lo había hecho, por supuesto era su deber, porque, después de todo, se le pagaba para eso…pero Regina había tenido la impresión que había algo más tras todo eso. Pero, ¿qué?
Regina sacudió tontamente su cabeza cerrando los ojos un instante, diciéndose a sí misma que la fatiga y el estrés debían estar jugando con sus nervios y que su visión de las cosas no era en absoluto claras.
Media hora más tarde, llegaron al Ayuntamiento. No había tantas camionetas de periodistas como esa mañana, pero algunos sí habían llegado, sabiendo muy bien que obtendrían las últimas noticias con respecto a la ciudad.
Emma, de todas maneras, dio la vuelta como esa mañana y se detuvo en la entrada de servicio. Henry se había dormido en el asiento trasero, Regina hubiera querido despertarlo para llevarlo con ella, pero Emma la tranquilizó diciéndole que no corría peligro, que seguramente no tardarían mucho tiempo y que los guardias de seguridad podrían vigilarlo. La morena consintió y Emma dejó los cristales traseros ligeramente entreabiertos. Y como el coche estaba aparcado a la sombra, no corría ningún peligro. A continuación cerró el coche e invitó a la morena a entrar en el edificio.
Al llegar al pasillo de su despacho, fueron interceptadas por Ruby que parecía sofocada, por lo que se veía no había parado de correr de aquí para allá desde que había llegado.
«Señora, me he tomado la libertad de hacer pasar a los periodistas a la sala de fiestas como esta mañana, afortunadamente, el edificio no ha sufrido daños, a excepción de los dos grandes ventanales de la sala de reuniones, pero he pedido que sean reemplazados lo más rápido posible»
«Bien, pero eso no es lo más urgente por ahora…¿conoce la amplitud de los daños?»
«Sí, el inspector Graham acaba de mandar un fax» dijo ella tendiendo el documento «es una lista de los edificios que se han visto más perjudicados. Esta es una lista de los inmuebles que podrían utilizarse como refugios, así como la lista de los supermercados que han aceptado colaborar con el reparto de víveres»
«¿Y esta?» preguntó Regina señalando la hoja que sujetaba la morena en sus manos
«Es una lista que ha sido enviada por el hospital…se trata de las personas que han sido encontradas…muertas, señora» dijo ella bajando la cabeza.
Regina detuvo su marcha y cogió el documento entre sus dedos. La lista contaba, así a ojo, unos cincuenta fallecimientos. Respiró con dificultad antes de recobrarse y continuar caminando.
«Ponga en marcha el programa de búsqueda. Quiero que la policía y los bomberos hagan lo necesario para encontrar a la gente que podría estar necesitando ayuda»
«Bien, señora»
«¿Podría traernos un café, por favor?»
«Enseguida, señora»
La joven morena se eclipsó y dejó a las dos mujeres entrar en el despacho.
«Discúlpeme…» murmuró la morena antes de dirigirse a su aseo personal.
Emma comprendió y pidió a Ruby, cuando llegó para dejar los cafés, que fuera a las máquinas para traer algo de comer para la Alcaldesa, y esta obedeció inmediatamente.
Regresó dos minutos después con un goffre azucarado que dio a la rubia que ya extendía la mano en su dirección.
«Gracias Ruby»
«Estoy contenta de que estén bien»
«La Alcaldesa está segura conmigo, no hubiera permitido que le pasara nada» dijo ella con una nueva sonrisa
«Oh, eso lo sé…pero de verdad estoy contenta que esté bien, usted…»
Ruby había pronunciado sus palabras tímidamente sin atreverse a mirar a la rubia ni una sola vez a los ojos, entonces esta comprendió el doble sentido de la frase, y entreabrió la boca.
«Oh, heu…también estoy contenta de que usted esté bien » dijo ella a la morena que le sonrió al escuchar sus palabras.
La morena la abrazó, respiró el perfume dulce de los cabellos de la rubia y en un murmullo dijo
«Verdaderamente contenta…»
Cuando se separó dulcemente de la rubia, quiso acercar sus labios a los de ella, pero la rubia retrocedió al escuchar la puerta abrirse. Ruby lanzó una desolada mirada a la rubia antes de salir a toda prisa del despacho.
«Señora Alcaldesa, ¿todo bien?» dijo ella acercándose amablemente a ella, posando una mano en su brazo.
«Sí, todo bien, gracias»
«Tenga, coma, le hará bien»
«Miss Swan, no tengo hambre» dijo caminando, cortando el contacto con la mano de la rubia
«Cómaselo, por favor, no ha comido nada en todo el día, lo necesita…por favor»
Sintiendo que su cuerpo le suplicaba que aceptara, la morena cedió y extendió la mano hacia la rubia. Esta sonrió y le pasó el dulce embalado en una bolsa transparente, después cogió su café.
«Debería sentarse un momento…»
«Miss Swan, me esperan. Mi ciudad me necesita, no tengo tiempo para descansar» tras eso, la morena, que ya había terminado su dulce, caminó hacia la puerta, seguida de cerca por la rubia.
Durante cerca de una hora, Regina dio parte de los destrozos provocados por el tornado Jessica e informó a los habitantes de las medidas temporales que ponía a su disposición a la espera de tener nuevas soluciones.
Cuando hubo acabado, pidió a la rubia que la llevara junto con su hijo a su casa, esperando que aún tuviera un techo bajo el que dormir.
Felizmente para ellos, así como para una decena de barrios residenciales cercanos a su propiedad, el tornado no había pasado por ahí. Su casa estaba intacta. Emma se detuvo en la acera de enfrente a la entrada principal, y apagó el motor.
Regina, que había despertado a su hijo, le dijo que ya habían llegado a casa. Emma salió del coche y abrió la puerta trasera para dejarlos salir.
«Henry, entra, voy enseguida»
«Sí, mamá» respondió él aún medio dormido
«Miss Swan, creo que su trabajo a mi lado ha acabado. Puede venir a recuperar sus cosas y los aparatos electrónicos. Creo que ya no los voy a necesitar…»
La rubia, que hasta ese momento no había pensado en eso, no dijo nada. En efecto, al estar Greg Mendell muerto, la Alcaldesa ya no corría ningún peligro. Así que ella ya no era útil…
«Sí, tiene razón…mi trabajo aquí ha acabado» hubiera querido decir esas palabras de forma más solemne, pero un pinchazo en el corazón hizo que lo dijera con un tono más roto de lo que habría querido.
Siguió a la morena al interior, recogió sus cosas, las diferentes armas que había escondido en la casa, y Regina constató que, en efecto, nadie habría podido adivinar que se encontraban ahí. A continuación, Emma emprendió la desinstalación de las cámaras de seguridad.
Cuando hubo acabado, Emma metió sus cosas en el maletero del coche, la morena y su hijo en el umbral de la puerta, mirándola hacerlo. Henry se sintió triste al saber que ya no volvería a ver a la rubia, aunque eso significaba que su mamá ya no tenía nada que temer.
Emma cerró el maletero del vehículo, después caminó por última vez hacia la casa de la Alcaldesa. Henry soltó la mano de su madre para abrazar a la rubia con todas sus fuerzas, sorprendiendo a las dos mujeres.
«Adiós Emma, gracias por haber cuidado de mi mamá…la voy a echar de menos»
La rubia sintió que la emoción la envolvía y su corazón se saltó un latido al notar esos dos bracitos alrededor de su cintura y esa pequeña cabeza morena contra su abdomen.
Él retrocedió cuando ella puso una rodilla en el suelo para estar a su altura.
«Yo también te voy a echar de menos…te toca cuidar de tu mamá ahora, ¿de acuerdo?»
«Sí…» dijo él con una sonrisa que dejaba ver todos sus dientes de leche.
«Bien»
La estrechó una vez más en sus brazos, y Emma le devolvió dulcemente el abrazo.
«Siempre estaré si necesitáis mi ayuda, ¿de acuerdo?» le murmuró ella al oído
«De acuerdo…» respondió él bajito antes de separase de ella para volver al lado de su madre.
«Henry, ¿puedes dejarnos, por favor?»
«Sí, mamá, ¡adiós Emma!»
«Adiós Henry»
Cuando él desapareció en el interior de la casa, Regina cerró un poco la puerta, y después se giró hacia la rubia.
«Miss Swan…quería una vez más darle las gracias»
«Se lo ruego…no hice sino mi trabajo…»
«Cierto…pero lo que hizo hace unas horas…enfrentarse a ese hombre mientras la amenazaba con una pistola…fue muy valiente, y no creo que todos sus colegas hubieran tenido la sangre fría que usted… demostró»
«Usted pidió tener al mejor, yo le dije que no se arrepentiría…» dijo ella con una sonrisa que las hizo reír un momento.
«Es verdad…no estoy decepcionada de haberla tenido a mi lado, Miss Swan…»
«Oh, llámeme Emma…después de todo, ya no soy su empleada…»
«En esa caso, llámeme Regina»
«Pero usted es la Alcaldesa…»
«Y usted, usted me ha salvado la vida, a mí y a mi hijo…eso le da el derecho de llamarme por mi nombre»
«Muy bien…en ese caso, adiós Regina» dijo ella extendiéndole amigablemente su mano, que la morena estrechó sinceramente, sin desviar sus ojos de ella «Si tiene el menor problema o si quiere instalar un sistema de seguridad mejor…no dude y llámeme»
«Lo haré. Gracias de nuevo…Emma»
Se sonrieron una última vez antes de soltarse la mano, ambas sin quererlo, pero sin atreverse a demostrarlo.
Emma dio media vuelta, y se dirigió hacia el coche para seguir su camino, bajo la mirada entristecida de la morena.
«Adiós Emma…» murmuró la morena cuando el coche estaba a punto de abandonar su sendero y antes de entrar en casa.
Durante los días que siguieron, la ciudad comenzaba, poco a poco, a revivir gracias a los esfuerzos de los bomberos, de la policía, así como de numerosos bienhechores que hacían todo lo que les era posible. El país entero se había movilizado, pero también asociaciones para echar una mano con las diferentes necesidades: comida, ropa, importantes sumas de dinero que permitieron empezar los trabajos necesarios para la reconstrucción de los edificios y casas que se habían visto afectadas.
Regina no había dejado de trabajar para asegurarse el buen desarrollo de los acontecimientos. Se entregó a fondo para no pensar demasiado, para olvidar, olvidar a esa misteriosa rubia que no había abandonado su mente desde que se había marchado. Regina estaba persuadida de que ella le había dejado un vacío con respecto a su seguridad, y lo había achacado al valiente acto que le había permitido continuar con vida. ¿Qué otra razón sino esa?
En cuanto a Emma, había pedido una semana de vacaciones. David intentaba tener noticias de ella lo más regularmente posible, pero la rubia no era del tipo de las que compartían lo que sentían.
Una noche, cuando se dirigía a un pequeño restaurante chino, se cruzó con Ruby que salía de él. Con una bolsa en una mano y su teléfono en la otra, no vio a la rubia y chocó accidentalmente con ella.
«Oh, perdón, lo…» dijo ella y al alzar el rostro pudo ver que se trataba de Emma…«siento. ¿Emma?»
«Hola Ruby…¿cómo estás?»
«Oh, heu, bien…bien…¿y tú?»
«Tirando…»
«Quería disculparme por la otra vez…pensaba hacerlo al día siguiente cuando te viera en el despacho, pero la Alcaldesa me dejó claro que no ibas a volver…así que me dije que te llamaría…pero no me atreví…»
«No pasa nada…»
«¿No me culpas?»
«No, en absoluto. ¿Por qué habría de hacerlo?»
«Bueno, porque intenté besarte…»
«¿Y? No eres la primera, ¿sabes?»
«Oh, de eso no tengo duda…pero no debí. Quiero decir, apenas nos conocemos y…»
«Y yo ya tengo a alguien…en fin, quiero decir, ya me siento "atraída" por alguien…»
«Oh…ya veo, entonces, ¡me siento muy desolada!»
«No te lo echo en cara, despreocúpate…pero la próxima vez, ¡me podrías invitar al menos a cenar!» exclamó la rubia echándose a reír
Ruby también comenzó a reír, aliviada de que la rubia no estuviera enfadada con ella. Se cambió la bolsa de mano y pensó que se le iba a enfriar la comida.
«Voy a tener que dejarte, esto se va a enfriar, y no deseo que la Alcaldesa me mate por eso…»
«¿Cómo está ella?» preguntó Emma con un tono más serio y ligeramente preocupado.
«Está bien, está trabajando mucho para restaurar la ciudad…»
«Sí, lo veo…está haciendo un trabajo formidable…»
Ruby vio la mirada de la rubia entristecerse y comprendió que la persona en la que ella estaba interesada no era otra que su jefa.
«Bueno, te dejo, cuídate Ruby, hasta la próxima»
Y cuando la rubia se separó para pasar al lado de la morena, esta se dio la vuelta.
«¿Emma?»
«¿Hm?»
«¿Quieres que la salude de tu parte?»
«Heu…no vale la pena…tiene mucho que hacer, no la molestes con eso…»
«Como quieras, hasta pronto Emma»
Se sonrieron amablemente, después la morena retomó su camino. Una vez que Emma ya no pudo ver a la morena, sacó su teléfono y contacto con David.
«Hola, hermano…»
«Mierda Emma, ¿aún estás viva?» respondió él irónicamente
«Ya, lo sé…no he dado muchas señales de vida…»
«Eso es poco decir…»
«Perdóname…¿podemos vernos?»
«¡Por supuesto!»
«Nos vemos en el pub, ¿te parece?»
«Ok, vale, ¡hasta ahora!»
Colgó y regresó a su coche, se le había cortado el apetito, solo deseaba una cosa, olvidar.
Veinte minutos más tarde, Emma estaba sentada en un taburete en la barra y bebía su cerveza esperando a su amigo. Cuando este llegó, fue recibido por el barman.
«¡Hola David!»
«Hola, Jack, ponme una, por favor»
«Hecho»
El camarero cogió un vaso, tiró una caña y puso el vaso en la barra.
«Gracias»
«De nada, Emma, ¿te pongo otra?»
«Sí, gracias»
Así lo hizo y colocó una nueva botella delante de ella antes de que David la incitara a seguirlo para sentarse en su esquina.
«¿Qué ocurre, rubia?»
«Nada…» dijo ella queriendo mostrar indiferencia
«Emma, no juegues a eso conmigo…No me has hablado desde hace dos días, y ¿ahora me llamas solo para venir aquí? Solo haces eso cuando tienes ganas de hablar, así que venga, te escucho» dijo él amablemente y sonriéndole.
«No sé cómo decirlo…explicarlo…»
«La echas de menos…»
«¿Cómo lo sabes?»
«Emma, lo sé, eso es todo…me he dado cuenta yo solo…solo esperaba que tú quisieras hablarme»
Emma miraba su botella, pero ante sus ojos desfilaban las imágenes de la morena. La veía sonriéndole, escuchaba su voz…de repente, las lágrimas se asomaron a sus ojos.
David se levantó entonces y se sentó a su lado para tomarla en sus brazos mientras ella estaba en llanto.
«Sé que no puedo…que era mi cliente, que es una mujer importante y que seguramente no siente lo mismo que yo…pero David…» dijo ella enderezándose para mirar a la cara a su amigo «nunca he sentido tantas ganas de estar con una mujer antes de ella…»
«Oh, Emma…¿la amas?»
«No lo sé…prefiero no pensar en ello, porque no deseo saber…»
«¿Qué puedo hacer?»
«No lo sé…Ni siquiera sé lo que yo misma tengo que hacer…»
«¿Quieres un consejo?»
«Te escucho»
«En primer lugar, nos vamos a ir de aquí, el alcohol no te va a ayudar, y lo sabes. Y mañana, vas a volver al trabajo»
«Sí…quizás tengas razón…»
«¿Me has visto equivocarme?»
Se echaron a reír y después Emma lo abrazó.
«Gracias por estar ahí, hermano…»
«De nada. Venga, vamos, te llevo a casa»
Se levantaron, ni se tomaron la molestia de terminar sus bebidas, pagaron, y salieron del bar.
A la mañana siguiente, Regina llegó a su despacho a las ocho, como todos los días y tenía una reunión tres horas más tarde con los dirigentes de las diferentes asociaciones que contribuían a la rehabilitación de la ciudad.
Ruby le llevó su café y le informó de la llegada, confirmada, del Gobernador Todd al final del día.
Regina ojeó a continuación el correo que le esperaba en la mesa y dio con una carta.
«Oh, otra vez no…» dijo al abrirla mientras Ruby se preguntaba de lo que hablaba su jefa.
«Esto aún no ha acabado, abre bien los ojos…»
«No es posible…»
«¿Señora?» se inquietó su secretaria
«Llame a Save Company y que venga Emma Swan, ¡enseguida!»
«Sí, señora»
Ruby se eclipsó del despacho e hizo lo que se le había pedido mientras la morena se dejaba caer pesadamente en su silla.
«¿Señora?» dijo Ruby entrando en su despacho, con lágrimas en los ojos.
«¿Qué? ¿Qué ocurre?»
«Emma Swan está en el hospital. Ha tenido un accidente de coche…»
