Invitación
08:25. Regina llegó al Zuni Café como había convenido con su ex guardaespaldas. Entró en el interior del pequeño reciento, recorrió el local con la mirada y vio que había sido la primera en llegar. Miró su reloj, Emma tenía aún cinco minutos antes de llegar retrasada.
Salió y tomó asiento en una de las sillas del exterior, en una de las mesas que amueblaban la terraza, pidió un cappuccino cuando el camarero fue a pedir su comanda, y esperó la llegada de la rubia.
08:33, Emma llevaba tres minutos de retraso, y Regina detestaba eso. Ya se había bebido la mitad de su café cuando miró una vez más su reloj.
«¡Regina!» escuchó desde la esquina de la calle
Alzó la mirada y vio a unos diez metros a Emma que caminaba hacia ella. Se puso de pie, tenía ganas de sonreír porque la rubia finalmente estaba ahí, pero su rencor, debido al retraso, se apoderó de ella. Así que con rostro serio recibió a la rubia.
«Ha llegado tarde»
«Sí, lo sé y le pido perdón, pero no había aparcamiento y he tenido que aparcar más lejos, pero no he podido correr hasta aquí…»
«¿Ha conducido?»
«Bueno, sí…David ya no tiene coche y además con su brazo inmovilizado, tampoco hubiera podido…»
«No había pensado en eso. Pero ya sabe, si me lo hubiera pedido, hubiera ido a buscarla. Le hubiera evitado retrasarse…»
Al ver el rostro lleno de amargura de la morena, Emma se sintió mal. Era la primera vez que la morena la miraba de esa manera. Ya la había visto mirar a Ruby así, pero nunca Regina le había lanzado esa famosa mirada a ella. Extrañamente, eso le daba pena tanto como deseos de ponerse de rodillas para que la perdonase.
«Lo sé, me he retrasado, y si hubiera salido antes, no habría pasado. Lo siento, de verdad»
Ante la expresión entristecida, incluso infantil de la rubia, el corazón de la morena no hizo sino derretirse. También hubiera querido disculparse por ser tan dura y decirle que estaba perdonada, pero su orgullo se lo impidió.
Se volvió a sentar e invitó con una mano a que la rubia hiciera lo mismo. El camarero no tardó en llegar para tomar la comanda de la rubia e inmediatamente desapareció en el interior de la cafetería.
«¿Graham la ha llamado?»
«Sí, me ha telefoneado ayer a última hora para decirme que los resultados habían sido negativos…»
«Es lo que también me dijo a mí. Pero no se preocupe, acabaremos por encontrar al que está detrás de todo esto»
«Así lo espero. ¿Tiene los informes?»
«Sí y no…»
«¿Cómo es eso?»
«He descubierto más sobre su ex marido, pero nada comprometedor, así que un informe sería inútil. Pero tampoco tengo el de Jones»
«¿Y por qué?»
«Aún estoy en la pista. David me ha ayudado. Pero no hemos logrado encontrar gran cosa sobre él»
«Será que no hay nada que encontrar, simplemente»
«Si fuera así, lo habría visto. Se trata de un agujero en su vida, y cuando hablo de agujero, hablo de tres años. Como si hubiera estado muerto, y de nuevo resucitara…es sospechoso…así que David y yo seguimos buscando…»
«Ya veo…»
«No digo que sea malo, porque no tiene que serlo necesariamente…pero aun así me hago preguntas…»
«Es comprensible. ¿Ha pensado en preguntarle a su superior? Debe estar al corriente, no contrataría a alguien con un pasado turbio…»
«Me he dicho lo mismo, por eso hemos entrado en el sistema informático de la agencia para averiguarlo»
«Pero, os arriesgáis a que os despidan por eso…»
«Si lo llegara a descubrir, sí…pero como solo somos David, usted y yo quienes estamos al corriente, no hay peligro»
«De todas maneras, os estáis arriesgando mucho»
«Su seguridad es más importante. No quiero dejar nada al azar»
La morena se sintió aliviada ante las palabras de la rubia y de cierta manera, la tranquilizaba más de lo que hubiera creído.
El camarero trajo el chocolate caliente pedido por Emma y aprovechó para preguntar si deseaban otra cosa, y Emma pidió croissants y bollos de chocolate para las dos.
«Quería hacerle una pregunta sobre su ex marido»
«La escucho»
«¿Hay algo que no me haya contado, algo que le diera ganas de "vengarse" de usted?»
«No…no que recuerde. Nuestra relación no ha sido de las más joviales, lo confieso, pero nunca ha habido malas palabras entre nosotros. Cuando me dejó, estábamos en buenos términos»
«Bien»
«¿Por qué? ¿Piensa en algo en particular?»
«No, realmente no…me pregunto todavía cómo Greg Mendell pudo meterse en su casa, porque según usted, solo su ex marido conocía el sitio y el código del sistema de alarma, ¿verdad?»
«También mi padre, pero nos dejó hace tres años»
«Oh…lo siento, mis condolencias»
«Gracias»
Se instaló un silencio, cada una tomó su taza y bebieron de ella antes de mirar a su alrededor.
«Estoy contenta de verla…» dijo Emma, con una ligera sonrisa en los labios, sorprendiendo a la morena. «En fin, quiero decir, estoy contenta de ver que está bien» dijo como para salvar la situación.
«Yo también estoy contenta de ver que se recupera de su accidente»
«Oh, bah, es gracias al remedio milagroso del abuelo de David…No sabe muy bien, pero bueno, ¡da resultado!»
Rieron ligeramente las dos, aligerando el ambiente que reinaba hasta se momento.
«¿Puedo hacerle yo una pregunta?» preguntó la morena, con los ojos llenos de esperanza
«Suelte»
«¿Por qué quiere continuar protegiéndome? No es que no aprecie el gesto, pero ¿qué le aporta a usted? A parte de arriesgarse a perder su trabajo…»
«Oh, bueno…»
Emma se sintió acorralada. Habría querido responder «porque la quiero más de lo que debería», pero sabía muy bien que eso la haría huir.
«Cuando se me encarga proteger a alguien, me aseguro de que sea por completo»
«¿Por completo? Nadie es eterno, Emma…»
¡Ohhh, esa sensación cada vez que la morena la llamaba por su nombre! Era como si le soplaran aire caliente a lo largo de su espina dorsal.
«Es verdad. Pero lo que quiero decir es que quiero asegurarme de que ninguna otra amenaza planee sobre mis clientes. Que puedan a volver a vivir sus vidas como antes»
«Es noble por su parte. Y habla bien de usted»
«Gracias. ¿Y su trabajo? ¿Cómo se porta la ciudad?»
«Bien, se recobra poco a poco. Las ayudas son numerosas, es algo bueno»
«Lo he visto, en efecto, pero es gracias a usted si todo está saliendo adelante»
«Es mi deber…» dijo ella con una sonrisa haciendo que Emma también sonriera
«Es usted una buena Alcaldesa…»
«Sin embargo, al comienzo no fue algo tan sencillo…»
«¿Cómo es eso?»
«Oh, la ciudad nunca había tenido a una mujer a su cabeza. Yo había tenido miedo durante las elecciones. Y cuando fui elegida, convencer a los miembros del consejo de administración no fue tarea fácil. Pero con el tiempo y determinación, pude probarles que era merecedora de mi sitio como alcaldesa»
«Sé lo que quiero decir…»
«¿Ah sí?»
«Cuando fui a presentarme a Save Company, por primera vez, para mi entrevista, a pesar de mi pasado en el ejército, el PDG no estaba muy entusiasta ante la idea de contratar a una mujer. Pero como David me había recomendado, decidió darme una oportunidad. Bueno, al comienzo no estaba sola, como se puede imaginar, pero supe hacer mis pruebas y fue cuando mi jefe decidió concederme una promoción y convertirme en una agente enteramente»
«Los hombres y sus prejuicios…»
«¡Exactamente!» Se echaron a reír, pero Emma se detuvo de repente a causa de sus costillas, y una vez más Regina se sintió mal por ella.
«Aún le hacen daño…»
«Bueno hasta ahora iba bien, pero…¡esto me enseñará a no reíme!»
El teléfono de Regina comenzó a sonar sobre la mesa, lo cogió y se disculpó con Emma.
«Mills»
«…»
«Muy bien, estaré ahí en quince minutos»
Colgó mientras el camarero les servía los dulces.
«Gracias» dijo Emma antes de que se marchara «¿Algún problema?» preguntó inquieta al mirar a la morena que volvía a meter el teléfono en el bolso.
«Desgraciadamente sí. Lo siento, pero voy a tener que dejarla…»
«Oh, no, ningún problema, comprendo»
La morena sacó su cartera del bolso, pero Emma puso una mano sobre la suya, sorprendiéndola una nueva vez.
«No, deje, yo invito»
«Oh, bueno…gracias»
«De nada. Pero, tenga, llévese algunos para el camino» dijo ella tendiéndole el plato de dulces que el camarero acababa de servirles
La morena cogió un bollo de chocolate y se puso de pie, la rubia la imitó.
«¿Nos vemos en cuanto tenga información sobre Jones?» preguntó Regina, con una brizna de ternura en su voz
«Sin falta, la llamaré»
«Muy bien, adiós Emma, y gracias por el desayuno»
«Un placer. Adiós Regina»
La morena le sonrió, después le dio la espalda caminando hacia su coche. Y Emma no pudo evitar mirarla mientras se alejaba, con el corazón apretado por tener que separarse otra vez de ella…
Cuando Regina llegó a su despacho, Ruby la interceptó antes de que entrara.
«Señora Alcaldesa, le pedí que esperara fuera de su despacho, pero…»
«Está bien, Miss Lucas, gracias»
La asistente no dijo una palabra más, y volvió a su mesa mientras que la morena entraba en su oficina.
«¡Regina, menos mal!»
«Buenos días a ti, madre, sí, estoy bien, gracias por preguntarlo, ¿y tú?»
La morena se dirigió a su mesa, sin molestarse a mirar a su madre, dejó su chaqueta en el perchero que se encontraba al lado de la pared, después se sentó en su silla mientras su madre caminaba de arriba abajo en su despacho.
«Una semana, Regina, Una semana que ese maldito tornado golpeó la ciudad y ni una llamada para saber si estaba bien»
«Pero estás bien, ya que estás aquí…»
«¿Y si no hubiera sido así? Si hubiera muerto, ¿cómo te habrías enterado, eh?»
Regina suspiró, su madre tenía el don de sacarla de sus casillas. Siempre era ella, ella únicamente.
«Siempre todo tiene que girar alrededor de ti, pero nunca de mí o de mi hijo, nunca llamas para interesarte por él, en fin, yo ya me he acostumbrado, pero mi hijo…nunca llamas por su cumpleaños, nunca te ve, ni siquiera por Acción de Gracias o Navidad…Nunca estás presente»
«Es pequeño, no necesita de mí para vivir…»
«No, eso seguro, pero yo te necesitaba. Y nunca estuviste ahí para mí. No estabas presente cuando Leopold me dejó sola con mi hijo, ni siquiera cuando papá nos dejó…»
«Siempre me has dicho que lo que tenías con Leopold no era con lo que soñabas, deberías haberte sentido aliviada cuando él se marchó, por lo que respecta a tu padre…yo…no sabía qué hacer…»
«Eso no me asombra de ti»
«¿Qué insinúas con eso?»
«Nada, déjalo. ¿Puedo saber qué haces aquí?»
«Saber de ti, ¡qué crees!»
Regina se echó a reír mientras sus ojos seguían clavados en su ordenador y sus dedos golpeaban el teclado.
«Saber de mí…»
«Oh, deja de comportarte como si fuera algo excepcional…»
«Lo voy a intentar…» dijo ella encogiéndose de hombros y suspirando mientras comprobaba sus emails.
«Soy sincera. Me preocupo por ti»
«Vaya, eso es nuevo…»
«He seguido las noticias como toda la ciudad, evidentemente, y no he podido evitar decirme que parecías cansada»
«Esta semana no ha sido fácil, lo admito»
«Necesitas a alguien que te apoye…»
«¿Alguien?» dijo apartando los ojos del ordenador para mirar a su madre
«Sí, alguien que estuviera ahí para apoyarte, animarte…»
«¿Y quién sería ese alguien? ¿Tú?»
«No, no digas tonterías. No me refiero a mí, sino más bien…a un hombre»
«Un…ah vale, ya veo. No. Ni hablar»
«Regina, piensa en Henry. Necesita un padre…»
«Mi hijo está muy bien, no necesita un padre. ¡Deja a mi hijo fuera de esto!»
«Muy bien, muy bien, pero entonces piensa en ti…¿desde cuándo no paseas del brazo de un hombre?»
«Escúchame bien, no te voy a permitir que juegues a ser de Celestina una vez más»
«¿Una vez más?»
«Sabes muy bien de lo que hablo…»
«¿Qué? ¿Quieres hablar de Leopold? Era un excelente partido, y si tuviera que hacerlo otra vez, lo haría.¡ No es mi culpa si no supiste mantenerlo!»
«¡Quince años nos separaba!»
«Pero, sin embargo, te casaste con él, ¿no?»
«Porque me convenciste de que era lo mejor que podía hacer»
«¡Y aún lo pienso! Mira a donde te condujo, eh. Te convertiste en la Alcaldesa de esa ciudad, una mujer independiente y segura de sí misma»
«¿Quién te ha dicho que era lo yo quería?»
«¡Y tu hijo! ¿Lo habrías tenido sin esa boda?»
«Una vez más, deja a mi hijo fuera de esto…»
«Dices eso porque sabes que tengo razón»
Regina suspiró. Ella lo sabía, su madre tenía razón. Sin esa boda, nunca hubiera recurrido a la inseminación artificial, y por tanto nunca hubiera tenido a Henry. Era el único punto positivo que Regina había podido encontrar a su matrimonio.
«¿Qué quieres?» acabó por peguntarle a su madre
«Bueno, he escuchado que has organizado una gala benéfica para recaudar más fondos y que tendrá lugar dentro de dos días, ¿es verdad?»
«En efecto…»
«Bien, añádeme a la lista de invitados, y anota que iré acompañada»
«¿Tienes un nuevo suspirante?» preguntó irónica Regina
«No es el mío…»
La morena suspiró una vez más mientras su madre se encaminaba a la salida.
«Dale un beso a mi nieto…» dijo antes de cerrar la puerta
«¡Grrrrr!» se enervó la morena que dejó escapar ese gruñido antes de escuchar que volvían a llamar a la puerta «¡Adelante!»
«Señora Alcaldesa, el consejo acaba de llegar»
«¡Ya voy!»
La pequeña morena salió del despacho para dejar que su jefa se calmara y volvió a su mesa.
El día transcurrió sin impedimentos. Killian, el nuevo guardaespaldas de la Alcaldesa, había pasado a verla durante el descanso del mediodía para saber de ella y citarla a las 16:00 para recogerla.
Emma, mientras tanto, y ayudada por David, había terminado por encontrar lo que se ocultaba detrás de esos tres años de silencio. Pero no había nada comprometedor. Desilusionada, no tenía otra opción que decírselo a la morena. Lo que llevaría al fin de su colaboración.
«No está todo perdido, Emma, no porque ya no trabajes para ella, quiero eso decir que no la volverás a ver»
«Lo sé…Pero, ¿cómo la abordo ahora? ¿Eh? No tengo ninguna excusa para estar cerca de ella…»
«Y antes cómo hacías para ligar, ¿eh? Tú misma lo has dicho, es la primera vez que una clienta te atrae realmente…»
«Pero, no es cualquiera…no deseo flirtear con ella, sino cortejarla…no sé, pero deseo hacer las cosas bien con ella…»
«Bien, invítala a salir en ese caso…»
«Fácil de decir…»
«¡Y fácil de hacer! Es sencillo, vas a su despacho, le dices que no has encontrado nada, charláis un poco, y a continuación cambias de tema y le propones una cita»
«Comienzo a preguntarme si no has sido tú quien ha tenido la conmoción…»
«¡Venga, va! ¡Y haz lo que te digo! ¡Confía en mí!»
La rubia suspiró, tomó las llaves del coche y dejó el apartamento para dirigirse al Ayuntamiento.
Eran las 14:45 cuando Emma llego a la mesa de Ruby.
«Hola, señorita, ¿cómo estás?»
«¡Emma!» dijo ella levantándose y abrazando a la rubia «Estoy bien, ¿y tú? ¿No se supone que debes estar descansando?»
«No hago sino eso, ¡tranquilízate! ¿La Señora Alcaldesa está en su despacho?»
«No, estoy aquí» dijo Regina caminando hacia ella
Rápidamente Ruby se separó de la rubia y volvió a sentarse en su mesa.
«Vayamos a mi despacho, estaremos más cómodas»
«La sigo»
Regina abrió la puerta de su despacho, invitó a la rubia a entrar, después se giró hacia su secretaria.
«¿Miss Lucas?»
«¿Sí, señora?»
«No la voy a necesitar más por hoy, puede irse a casa»
Ruby no tuvo tiempo de responderle a su jefa, ya que esta había cerrado la puerta tras ella. Apagó su ordenador, se puso su chaqueta, cogió su bolso y caminó hacia la salida.
«Suertuda…» dijo entre dientes.
Emma, que había escuchado las palabras de la morena, carraspeó. Ahora, ¿qué? ¿Su primera vez iba a ser ahí? ¿Sobre la mesa o el sofá? Quizás la alfombra…Emma sacudió la cabeza para sacarse esas ideas de su imaginación, ni hablar de que pasara así, no entre ellas. Recobró su seriedad y se sentó en una de las sillas, mientras la morena le decía.
«Entonces, Emma, la escucho»
«Bien, desafortunadamente, no tengo nada…nuestras investigaciones no han dado fruto. Killian está limpio…»
«Oh, en el fondo me tranquiliza. Ya había comenzado a imaginarme cosas con respecto al tema»
«Sí, me lo imagino, y le pido perdón. Después de todo, es mi culpa, si no le hubiera sugerido hacer un informe sobre él, no se habría puesto a imaginarse lo peor…»
«No se excuse. No estaba segura desde el comienzo cuando vi que había poca información en su expediente…al contrario, usted me quita un peso de encima. Se lo agradezco»
«De nada. Bueno, la dejo…» dijo ella poniéndose de pie «Mi trabajo con usted ha terminado…ahora es Killian quien debe protegerla»
Dándose cuenta de que, quizás, ya no volvería a ver a la rubia, o quizás alguna vez por casualidad, Regina se levantó y alcanzó a la rubia mientras esta se encaminaba hacia la puerta.
«¡Emma, espere!»
«¿Sí?» dijo ella girándose hacia la morena
«¿Qué hace el viernes por la noche?»
No, ¿estaba soñando o la morena acababa de hacer lo que ella no se atrevía? ¿Estaba realmente proponiéndole una cita?
«Hmmm…no tengo nada previsto…»
«En ese caso…» dijo ella acercándose más a la rubia «se ha organizado una gala para recaudar fondos para la ciudad y heu…estaría feliz de verla allí…»
Sus cuerpos no estaban a más de 50 centímetros el uno del otro, sus miradas hundidas, la una en la otra, nada más contaba, el tiempo parecía haberse detenido.
Emma podría haber estado desilusionada, porque no era exactamente lo que habría imaginado, pero aun así, algo es algo.
«Muy bien, allí estaré. ¿A qué hora tengo que estar?»
«A las 19:30. Puede venir acompañada si quiere…en fin, no es una obligación, pero…si tiene a alguien…»
«No tengo a nadie» la cortó ella, mientras sus miradas seguían clavadas
«Oh…» respondió la morena, la respiración lenta, casi inexistente
«Tendría que pedirle a David que interpretara el papel de príncipe azul y fuera mi caballero»
Se sonrieron las dos, sin poder desviar sus miradas.
«Entonces, ¿nos vemos en dos días?» volvió a preguntar la morena, llena de esperanza
«Sin falta»
«Bien, en ese caso…adiós Emma» la morena se acercó a ella y depositó sus labios en su mejilla antes de retroceder ligeramente mirando hacia el suelo «Tenga cuidado al volver a casa»
Emma, que hasta ese momento no había movido un pelo, sintió sus mejillas ponerse rojas.
«Prometido. Hasta dentro de dos días, Regina»
Ella hubiera querido más, mucho más. Como cogerla en sus brazos, pasar sus manos por sus cabellos para acariciar su nuca y atraerla hacia ella para besarla apasionadamente…pero se contuvo, sonrió antes de retroceder y abrió la puerta para salir lanzando una última mirada a la morena.
