Gala benéfica
Después de la visita de Emma, Regina se quedó conmocionada. Nuevos deseos salían a la superficie y solo pedían ser satisfechos. Sentada en su silla de Alcaldesa, aún no comprendía lo que le había empujado a tal acto de intimidad.
¿Qué quería decir ese beso? Solo había sido depositado en la mejilla de la rubia, es verdad. Pero, ¿por qué su mejilla? ¡Y qué mejilla! Dulce y cálida a la vez…
Regina estaba perdida, ya no sabía si ese beso había sido anodino o deseado. Es verdad que no era indiferente a la presencia de Emma…pero de ahí a desearlo. ¿Sería eso al final? ¿Deseo? Eso explicaría, por supuesto, por qué tenía ganas de estar cerca de ella, querer tomarla en sus brazos, como había hecho Ruby, de estar presente a su lado, como Emma lo está para ella, para apoyarla, curar sus heridas…
Pero, a fin de cuentas, ¿qué significaba todo eso? ¿Amor o el simple deseo negado de conocer el sexo con una mujer? No tenía la menor idea, no estaba segura de nada. Sin embargo, tendría que decidirse pronto, porque la gala tendría lugar dentro de dos días, y Regina ya no tenía sino esa "excusa" para estar cerca de Emma.
Por su parte, Emma, que había vuelto a casa de David, estaba en una pequeña nube. Aún no restablecida de sus emociones, pasó por delante de él sin dirigirle una palabra…canturreando "Pocket full of sunshine" de Natasha Bedingfield. David se divertía al verla en su planeta, como si nada más contara.
Y después de haberse dado una ducha mientras seguía cantando, todo el edificio le serviría de testigo, se vistió y fue a reunirse con David en el salón.
«¿Todo bien, amigo?» le preguntó y picoteó una patata frita, mientras él veía tranquilamente la televisión
«Ah, yo bien, ¿y tú?» respondió él sonriendo, divertido con la situación
«Nunca he estado tan bien…»
«Bien, bueno, cuenta…¿Qué ha pasado? ¿La has invitado y ha aceptado?»
«No exactamente…De hecho ha sido ella la que me ha invitado…»
«¿Estás de guasa? ¡Qué bien!»
«Sí, en fin, es para la gala del viernes, ya sabes, esa para recaudar dinero para la ciudad…»
«Bah, ¡ya está hecho!»
«¡Está claro! Porque ella no estaba obligada a hacerlo, a la vista está que no formo parte de la gente con fortuna ni de la alta sociedad…pero lo ha hecho…y además tú vienes conmigo»
«¿Yo?»
«Sí, ¡serás mi caballero!»
«Pero, ¿ella lo sabe? Quiero decir, si voy contigo, quizás crea que…»
«No te preocupes, se lo he dicho, ella sabe que yo soy lesbiana. Sobre ese tema…»
«¿Sí?»
«Ella…me besó en la mejilla…»
«Ah, vale, ¡eso es lo que te hace gay!»
«Eso, búrlate…»
«Estaba bromeando…Emma, es genial, ¿te das cuenta de lo que eso quiere decir?»
«No, prefiero no montarme películas para al final darme un buen golpe tras comprobar que me he equivocado…prefiero vivirlo antes de sacar conclusiones…»
«Inteligente de tu parte…bien, ¡tenemos que encontrar ropa para el viernes!»
«Yes…¡y con eso voy a necesitar tu opinión!»
16:30, Regina llegó con su hijo a su casa, le pidió que subiera a su habitación a hacer la tarea, después ofreció un café a su guardaespaldas, y este aceptó el ofrecimiento con placer. Así que lo hizo entrar, y él la siguió hasta la cocina y se dirigió a la máquina Expreso donde colocó dos tazas.
«¿Leche, azúcar?»
«Un terrón, gracias»
Colocó las dos tazas en la encimera y se sentó frente al hombre que aseguraba su protección.
«Entonces, ha dicho que tenía información sobre mis empleados, le escucho»
«Bien, he investigado a su asistente como habíamos dicho, pero no encontré nada que pueda hacer creer que esté involucrada en el asunto»
«Muy bien, ¿tiene usted otras pistas?»
«De momento no, pero cuento con la gala para observar a todos aquellos que podrían tener un comportamiento extraño con usted. Mientras, debería prestar atención a la gente que frecuenta. Desconfíe de todos los que quieren estar cerca de usted. Esté vigilante»
«Lo estaré, gracias por sus consejos»
«Es mi trabajo»
«De igual manera, gracias»
«De nada»
Él bebió su café de un tirón y se puso de pie para disponerse a dejar a la morena.
«Bien, voy a marcharme…»
«Muy bien, nos vemos mañana por la mañana»
«Sí, a menos que necesite mis servicios…»
«No, creo que estará todo bien. Si necesito de usted, lo llamaré»
«Entendido. Buenas noches, Señora Alcaldesa»
«Buenas noches, Señor Jones»
Lo acompañó hasta la puerta y después cerró con doble vuelta. Una vez en su coche, el joven sacó su teléfono y marcó un número.
«Señor Jones, ¿novedades?»
«Estoy saliendo de casa de la Mills»
«He de sacar la conclusión de que aún no le ha pedido que se quede»
«En efecto…Aún parece distante»
«No pasa nada, vamos a arreglar eso. Esté en su casa mañana por la mañana, según lo previsto, yo me encargo del resto»
«Ok»
Colgó y emprendió camino, una expresión maquiavélica en el rostro.
El día siguiente pasó con normalidad, Henry había sido dejado en la escuela, Regina en su despacho, y después a las 16:00 recogida y acompañada a casa.
El viernes, Regina consagró su día a los últimos preparativos de la gala, todo tenía que estar perfecto. Al acabar la jornada, volvió a casa, ayudó a su hijo a hacer sus deberes, le preparó la cena, dio las instrucciones a la canguro, tomó una ducha, y se preparó para la noche que vendría.
A las 18:30, estuvo lista y su guardaespaldas fue a recogerla para acompañarla hasta el Ayuntamiento. Ella le había dicho que no se apartara mucho de ella mientras echaba una ojeada a los invitados que podrían ser los sospechosos que se estaban divirtiendo aterrorizándola.
Al llegar al sitio, el catering encargado del buffet, del bar y del servicio de sala ya estaba trabajando y dando los últimos toques a los platos propuestos para la velada.
19:15, los invitados comenzaron a llegar en masa, más de 200 personas eran esperadas. Regina, como Alcaldesa y anfitriona de la velada, ya no sabía a qué atender. Tanta gente que saludar, tantas manos que estrechar, afortunadamente estaba acostumbrada a estos eventos, lo que le daba una ejemplar templanza.
19:30. Emma paró su coche delante de la entrada principal, salió del coche, seguida por David, cogió el ticket que el aparcacoches le dio y lo dejó tomar el volante de su vehículo para aparcarlo más lejos. David, entonces, ofreció su brazo sano a su amiga y juntos subieron los escalones cubiertos con una alfombra de terciopelo rojo.
Un hombre en la entrada les preguntó sus identidades, comprobó en su lista, y después los dejó franquear la puerta principal.
«No estaba cómodo aquel…» murmuró David mientras caminaba
«Ya…podría ser más amable…pero bueno, ¡en mi opinión no todos tenemos los mismos valores!»
Una música de jazz provenía del pequeño grupo de música al fondo de la sala, compuesto por un pianista, un arpista, dos violonchelistas, y otros tocaban el contrabajo, la flauta, la batería y el saxofón. Las luces no estaban tamizadas, pero eran suaves, aunque iluminaban bien. Grandes pancartas estaban colgadas de las paredes para sensibilizar a los ricos donantes. Muchas mesas redondas rodeaban la pista de baile, y un buffet de varios metros de longitud estaba dispuesto en la pared de la derecha.
«Bueno…no se ve esto todos los días…» resopló David mirando a la rubia mientras que esta recorría con la mirada a todos los invitados «No te preocupes, le vas a gustar…»
«Prohibido burlarse, lo habíamos dicho, acuérdate…»
«No me burlo, te pincho…»
Un camarero con una bandeja con copas de champán pasó por su lado para ofrecerles una copa y David le dio las gracias mientras cogía una copa que dio a Emma, después cogió otra para él, antes de que el camarero se alejara.
«¡Emma, David!»
Estos se giraron hacia la voz que los llamaba y vieron que se trataba de Ruby.
«Oh, hola Ruby, ¿cómo estás?» preguntó David dándole un beso.
«Muy bien, ¿y vosotros? ¡Estáis elegantes! Emma, el vestido te queda perfecto, y me encanta lo que te has hecho en el pelo…»
Es verdad que para la ocasión habían sacado sus armas. David llevaba un traje de dos piezas, una camisa blanca, con una corbata en tono gris, mientras que Emma llevaba un hermoso vestido rojo de coctel, ajustado con la parte de arriba en forma de corpiño, que le llegaba por encima de las rodillas y zapatos del mismo color. Había ondulado sus cabellos y dos de sus mechones reposaban sobre sus hombros encuadrando su rostro.
«Gracias, te devuelvo el cumplido…» respondió David observando la ropa de la pequeña morena.
Esta llevaba un vestido azul noche, también en estilo corpiño aunque sujetado por una única asilla ancha del mismo tejido que le cruzaba el hombro derecho, y que resaltaba perfectamente sus formas, así como el de Emma.
«Hay mucha gente…»
«Oh, siempre hay gente en estas galas, ya sabes…¡Estoy contenta de que estéis aquí!»
«¿No sabías que veníamos?»
«Sí, por supuesto que sí…¡yo ayudé a la Alcaldesa a formar las mesas!»
«Sí, claro…¿sabes dónde está ella?» preguntó Emma mientras seguía vigilando la estancia con la mirada
«Estoy aquí…» dijo ella apareciendo detrás de David y de Emma, haciendo que se giraran.
«Señora Alcaldesa, ¡qué encantadora velada!, mis felicitaciones»
«Gracias, señor Nolan, estoy contenta de que le guste. ¡Esto me ha permitido verlo con una corbata!»
«Sí, es verdad que no las uso muy a menudo, no estoy acostumbrado a llevarlas…Por el contrario, usted está esplendida. Un verdadero placer para la vista»
«Se lo agradezco»
«Hmmm, Emma» dijo él girándose hacia la susodicha «voy a ver dónde están nuestros asientos, ahora vuelvo, Señora Alcaldesa»
«Señor Nolan» respondió ella con una sonrisa educada que él le devolvió gustosamente
«Te acompaño David, sé dónde estáis…» dijo Ruby caminando a su lado antes de que él le ofreciera su brazo como digno caballero que era.
«Y bien Emma, aun no la he escuchado…¿todo va bien?»
«Sí, sí…todo super…solo que usted está para cortar la respiración…»
«Oh…» respondió la morena, sintiendo cómo sus mejillas enrojecían ante el cumplido.
Y Emma tenía razón, Regina vestía un largo traje negro, con ligeras lentejuelas, cuya parte delantera empezaba en diagonal hasta las rótulas para caer sobre un solo tobillo, un peinado perfecto alzaba sus cabellos por encima de sus hombros, una fina pulsera de plata en su muñeca, un par de pendientes discretos así como unos zapatos de tacón de aguja haciendo juego con el resto de su indumentaria.
«Usted tampoco está mal, Miss Swan, incluso diría que está resplandeciente»
«Gracias, es muy amable…su velada es un éxito, bravo»
«Gracias, espero que se divierta»
«Oh, lo voy a intentar, pero no está garantizado…»
«¿Ah no? ¿Por qué?»
«Bueno, en este tipo de veladas, con esta música, me gusta bailar»
«¿David es tan mal bailarín?» preguntó ella en tono bromista
«Oh, no, de hecho no se las apaña mal…pero para ser sinceros, si quisiera bailar, lo haría con otra persona…»
«¿Con otra persona?» continuó ella adivinando perfectamente a dónde quería ir a parar la rubia.
«Sí, usted»
Intercambiaron una intensa mirada. Y cuando la morena iba a responder…
«¡Regina!» escucharon, cortando de raíz todo intercambio, un expresión de frustración para una, desilusionada para la otra.
La morena se giró y encaró a su madre que avanzaba hacia ellas, con un hombre de unos treinta años colgado de su brazo.
«Madre, ¡qué placer verte…! Emma, le presento a mi madre, Cora Mills. Madre, esta es Emma Swan. Una…amiga muy querida»
Emma esbozó una sonrisa y tendió la mano hacia la mujer mayor que se la estrechó brevemente.
«Señora Mills, encantada»
«Igualmente, pero deje que os presente a mi joven amigo, el señor Robin Molestus*. Robin es el brazo derecho del Gobernador Todd, y nos hace el honor de estar aquí en su nombre esta noche»
«Señora Alcaldesa, estoy contento de conocerla»
Él le besó la mano y le lanzó una encantadora sonrisa, asqueando inmensamente a Emma, que desapareció después de haberse excusado, lo que provocó un malestar en la morena.
«Voy a buscarnos una copa de champan» dijo el alto rubio antes de retirarse él también
«¿No es encantador…?» susurró Cora viendo cómo se alejaba mientras que su hija seguía a Emma con la mirada antes de perderla de vista y mirar a su madre para responderle.
«Sí, encantador, totalmente encantador…» respondió ella de manera desinteresada
«¿Y quién es esa…Emma Swan?»
«Te lo he dicho, una querida amiga…Me salvó la vida, a mí y a mi hijo»
«¿Salvado la vida? Oh, por favor, no exageres…»
«No exagero en absoluto…¡Figúrate que hace una semana un hombre entró en casa y dos días después intentó matarnos! Así que no exagero… Emma es guardaespaldas y sin ella, seguramente no estaría aquí…»
«¿Guardaespaldas? Extraño para una mujer…Y además, nunca me pones al corriente de nada, ¿cómo iba a saberlo?»
«Lo sabrías si te interesaras por mí más a menudo…»
«Señoras…» dijo el rubio dándole a Cora una copa que esta cogió con una sonrisa, mientras que Regina se conformó con un simple gracias antes de excusarse para ir a recibir a las personas que llegaban a la fiesta.
Emma, por su parte, se acodó al bar y pidió una copa de bourbon. David se acercó a ella.
«Bueno, entones, ¿qué os habéis dicho?»
«Oh, nada, déjalo…»
«Bah, sí, cuenta»
«No hay nada que decir…casi la he invitado a bailar y…»
«¿Casi?»
«Sí, en fin le he dicho que si quisiera bailar, sería a ella a quien invitaría…y cuando ella iba a responder, apareció su madre con un tipo»
«¿Qué tipo?»
Ella se giró y con la cabeza señaló en dirección al rubio, a varios metros de ellos, al lado de Cora que charlaba con otras tres personas.
«Te presento a Robin, no sé qué…molusco o algo así…bueno, es el brazo derecho del Gobernador…»
«Oh, déjame adivinar, ¿Mamá quiere casar a su hija?»
«Sí…»
«No tiene vergüenza…si no recuerdo mal, ella ya conocía al ex marido de Regina antes de que se casaran, ¿no?»
«Sí…y no sé por qué pero esto me huele mal…»
«¿Qué? ¿Crees que Regina va a caer?»
«No lo sé…pero una cosa es segura, Cora está determinada a meterlos juntos…»
Bebió un sorbo de su líquido ambarino y miró al joven pretendiente con amargura.
«Pero no pongas esa cara Emma…»
«¿Qué cara? Oh, ¿quieres decir mi cara de chica asqueada? Espera, ¿te burlas de mí o qué? ¿Cómo quieres que compita con…eso?»
«No te compares con él, no tenéis nada que ver…»
«¡Eso está claro! Uno, es un hombre, que además es un tecnócrata. Dos, su madre no ha elegido al más feo…y tres, debe ganarlo bien…»
«Tú ganas 2500 dólares al mes, Emma, tampoco estás a la saga…y además lo demás solo es superficial. Estoy seguro de que Regina no mira esas cosas»
«¿Ah sí? ¿Y cómo puedes estar seguro, eh?»
«Te beso, ¿no?»
«En la mejilla, David…» respondió ella en un tono desesperado levantando las manos
«¿Y?...¡quizás no se atrevió a besarte en los labios! A lo mejor tuvo miedo de tu reacción»
«¿Miedo? ¿De que le diera una bofetada antes de salir corriendo?»
«¡No lo sé, cariño! Es con ella con la que tienes que tratar eso, no conmigo…»
«Buenas noches a los dos» dijo Killian acercándose a sus colegas
«Hola Killian…» dijo Emma, un gusto amargo en la boca
«Hola Killian, ¿qué tal todo?»
«Genial, no puedo estar mejor. ¿Y ustedes, cómo estáis?»
«Perfectamente, gracias…» respondió Emma en un tono frío que Killian no le conocía.
«Emma…sé que tomé tu lugar después del accidente que sufristeis…pero quiero que sepas que estoy muy afligido»
«Sí, no lo dudo…queréis perdonarme, tengo que ir al servicio»
Dejó el vaso vacío en la barra y se alejó de los dos hombres para dirigirse al hall donde se encontraban los servicios. Cuando salió de una de las cabinas, avanzó hacia el lavabo para lavarse las manos y Ruby entró en ese momento.
«Hola, Emma…¿estás bien?» dijo ella al ver a la joven con lágrimas en los ojos
«Sí, sí, no te preocupes…»
«Venga, dime, ¿qué te entristece?»
«Nada, soy una tonta, eso es todo»
«¿Por qué dices eso?» preguntó la pequeña morena acercándose a su amiga para apoyar una mano consoladora en su hombro
«Creía…creía que Regina y yo…nosotras…oh, déjalo, no tengo ganas de aburrirte con mis problemas»
«Emma, si así fuera, habría cogido camino…Continua, ¿creías que Regina y tú…?»
«Creía que había algo entre nosotras…sabes…sé que no debía montarme películas…»
«¿Ha pasado algo entre vosotras?»
«Bueno…¡pero no digas nada, eh! ¡Confío en ti!»
«Prometido»
«…hace dos días, sabes, cuando pasé por el despacho…»
«Nooooo, ¡lo habéis hecho! Sabía que ella…»
«¡No! No, no es eso lo que pasó…»
«Bien, ¿entonces qué?»
«Me dio un beso en la mejilla. ¡Era la primera vez que teníamos un contacto parecido! Y además no fue como un beso que damos a alguien para saludarlo, ¿sabes lo que quiero decir? No, era más bien un beso tierno, cálido, tímido, dulce…»
«Oh, Emma, estás enamorada…»
«Sí, en fin, también David lo dice…pero ya sabes, sé que eso no quiere decir forzosamente que ella sienta lo mismo que yo…»
«Quieres que te diga algo…nunca he visto a Regina tener un gesto afectuoso hacia nadie, a excepción de su hijo…»
«¿Ah no?»
«No…quizás no sea tan anodino, ya sabes…»
«Sí, pero tampoco quiere decir nada…estábamos solas cuando pasó. ¡Quizás se lo haga a otras personas sin que tú lo sepas!»
«Ah, claro, ¿porque tú vas besando a otras personas de forma tierna aun en privado para simplemente decirles adiós?»
«No…»
«¡Yo tampoco! Bien, entonces, ¿cuál es el problema al final?»
«Bueno, como tú y David decís, creo que estoy enamorada, pero no tengo la certeza de que sea recíproco, y eso me descorazona porque me gustaría poder decírselo, invitarla a un restaurante, pasar tiempo con ella, estar con ella…»
«¿Quién lo diría? ¡Nunca hubiera creído que fueras tan romántica…Miss G. I. Jane!»
«Eso, ríete de mí tú también»
«¡Qué! Es verdad. Admite que tu forma de vestirte, de hablar, a veces, incluso de moverte…te hace parecer una marimacho. El lado romántico no es algo que se pueda imaginar en ti cuando se te ve o se habla contigo…»
«Ya, no andas equivocada…»
«Estoy segura de que si te abrieras más, dejaras ver tu lado más sensible, aunque sin dejar de estar segura de ti misma, te apostaría a que ella caería a tus pies»
«¿Tú crees?»
«¡Segura!»
«Sí, pero, bueno, ¿cómo hago? Está su madre que ha traído a ese estúpido para casarlo con su hija…»
«Ah, ¿por eso está él aquí? Ya me lo estaba preguntando…»
«Sí…y además con todo el mundo, no es que ella tenga mucho tiempo para charlar tranquilamente con cada persona…»
«Es verdad, punto para ti…pero eso no quita para que intentes de todas maneras charlar unos minutos con ella…»
«Ya…voy a intentarlo…»
«¡Venga, vamos!»
La morena abrió sus brazos para acoger a la rubia en un afectuoso abrazo antes de retroceder
«Lo siento, pero necesito ir urgente al baño, porque ya no me aguanto»
Emma sonrió, antes de salir de los servicios, y volver junto a David, esperando que ya no estuviese con Killian, mientras la morena se dirigía hacia una de las cabinas.
20:00, todos los invitados habían llegado finalmente, Regina se dirigió al escenario donde se encontraban los músicos y les pidió que hicieran una pequeña pausa para poder tomar la palabra. Avanzó entonces hacia el estrado y comprobó que los micrófonos funcionaban antes de decir la mínima palabra.
«Damas y caballeros, queridos amigos, buenas noches»
«Buenas noches» escuchó ella por parte de sus invitados.
«En primer lugar, bienvenidos. Es una inmensa alegría y un gran honor teneros aquí, en nuestro magnífico Ayuntamiento. No sois desconocedores del motivo de esta gala benéfica. El tornado Jessica ha causado muchos destrozos y sin la ayuda de nuestros queridos conciudadanos y de diferentes empresas que nos ofrecieron generosamente sus servicios la ciudad no habría podido nunca recobrarse tan rápido…Sin embargo, los daños aún son numerosos y todos sabéis, como yo, que los trabajos necesitarán mano de obra, pero sobre todo materiales de calidad, que no podremos comprar sin vuestra generosidad» Regina declamaba su discurso con gracia, elegancia y una seguridad digna de ella y del papel que ostentaba.
Emma estaba cautivada por ella. No por lo que estaba diciendo, demasiado ocupada en mirarla sonreír dejando ver sus resplandecientes dientes…no podía dejar de imaginarse tomando posesión de su rostro, delicadamente, antes de apoyar sus labios en los suyos en un tierno beso…
David, siempre al lado de la rubia, no pudo evitar sonreír al ver a su amiga obnubilada por la Alcaldesa. Se acercó un poco más a ella y le dio un ligero codazo para sacarla de su contemplación.
«Eh, Emma…»
«¿Hmm?»
«¡Para, estás babeando!»
«¿Eh?» dijo ella llevándose inconscientemente su mano derecha a su boca para limpiarla, volviendo a poner los pies en la tierra de golpe.
«Eres increíble…» dijo él con la sonrisa en los labios
«Ñañañañañañ…»
«Les invito entonces a que se sirvan en el buffet, aplacad vuestra hambre, no se priven, y pasen una agradable velada…»
Los invitados comenzaron a aplaudir todos a la vez mientras que ella les sonreía una última vez antes de descender del escenario.
La música volvió a comenzar allí donde se había parado, algunos hombres de la política ya rodeaban a la morena y le hablaban de su posible campaña para el puesto de Gobernador de California.
Cuando ellas los invitó a pasar a la mesa, no se hicieron de rogar y se despidieron antes de dirigirse al buffet.
«Un discurso muy bonito» dijo una dulce voz que ella conocía muy bien
«¿Acaso me ha escuchado…Emma?»
Regina se giró hacia la rubia y le dedicó una alegre sonrisa mientras la rubia se acercaba lentamente a ella.
«Bueno…me acuerdo de las palabras Damas y Caballeros…después, confieso que todo está borroso…Pero, ¡ya es algo!»
Se echaron a reír a la vez, mirándose en lo blanco de los ojos antes de recobrar la seriedad.
«No es fácil acercársele…hay un mucha gente»
«Sí, le pido perdón por eso, quizás no hubiera debido aburrirla con este tipo de velada…»
«Ah, no, ningún problema…No se lo tendré en cuenta. Con una condición»
«¿Ah, sí, cuál?» preguntó ella, divertida ante ese juego que comenzaba a establecerse entre ellas.
«Bueno, hace un momento no me respondió…no digo que fuera su culpa…no, de hecho fue de su madre, pero ella no podía saber…»
Regina rio más, lo que empujó a Emma a pensar que estaba en el camino correcto. Así que continuó.
«Entonces, para volver más o menos a donde estábamos…Espero tener el privilegio de que me conceda un baile la mujer más hermosa de la noche…»
Regina enrojeció y comenzó a mirar a los lados para no tener que cruzarse con la tierna y encantadora mirada que le lanzaba la rubia. Respiró profundamente antes de acercarse a Emma, y casi pegar su mejilla a la suya.
«Espero que su deseo se cumpla…» le murmuró antes de retroceder, sonreírle y desaparecer para que la gente no se diera cuenta de su cercanía.
En ese momento, Emma sintió su corazón derretirse, su entrepierna humedecerse, nunca se había sentido tan bien. Ante su mutismo, David fue a su encuentro y le propuso ir a tomar algo antes de que se hiciese más tarde.
Y la vela transcurrió perfectamente bien, la subasta había sido más fructífera de lo previsto, cosa que no desagradó a nadie. Las urnas, que estaban diseminadas a lo largo de la sala, estaban a rebosar de cheques de sumas exorbitadas. Los invitados parecían haber pasado una deliciosa noche, y lo más importante, Emma y Regina no habían dejado de buscarse con la mirada, y cuando se encontraban, se sonreían antes de que una u otra, en general, Regina cortara el contacto para concentrarse en las personas que deseaban conversar con ellas.
Hacia la 01:00 de la madrugada, la casi totalidad de los invitados se había ido. Solo Regina, Ruby, Killian, David y Emma, así como los miembros del catering estaban aún presentes.
Los empleados se encargaban de recoger las mesas, con la ayuda de David, Emma y Ruby, y aunque les habían dicho que no era necesario, Emma había insistido, y sus dos amigos la habían seguido.
Regina, que charlaba con el jefe del servicio en cuestión, no podía evitar sonreír al ver a la rubia darse prisa por recoger una pila de platos antes que una de las camareras. Ella le da las gracias una vez más y él se despidió antes de volver a la cocina.
Killian aprovechó ese momento para decirle que si deseaba volver a casa, solo tenía que hacerlo saber. Regina, sintiéndose cansada, le dijo que podía ir preparando el coche, que no iba a tardar mucho más.
Al estar las mesas ya todas recogidas, Emma fue a lavarse las manos, después se dirigió a la morena mientras esta iba a recoger su bolso.
«Le he dado un billete a los músicos, tenemos cinco minutos…Sí, también ellos están cansados, después de cinco horas tocando, puedo entenderlos…»
La morena le sonrió y la rubia le ofreció delicadamente su mano derecha.
«¿Me concedería el honor de un baile, Señora Alcaldesa?»
«¿Qué? ¿Delante de todo el mundo?» preguntó ella tomada de improviso, pero también excitada por la situación
«Todo el mundo, todo el mundo...solo quedamos usted, yo, ah, también David y Ruby, pero acaban de desparecer en la cocina, Killian se ha ido a buscar el coche…ah, sí y los músicos…puedo pedirles que se vayan, si quiere, pero tengo que advertirle, sin música no sería lo mismo»
Regina se echó a reír una vez más, después asintió deslizando la mano en la de la rubia.
Avanzaron hasta el centro de la pista de baile, Emma hizo una señal con la cabeza al grupo de jazz, después hizo girar sobre sí misma a la morena, haciéndola reír de nuevo, antes de acercar su cuerpo y colocar una mano en su espalda. Regina puso su mano en su hombro, y la canción "My way" de Frank Sinatra comenzó a escucharse por toda la sala.
El que hasta ese momento había estado tocando el saxofón tomó lugar delante del micrófono para cantar las dulce palabras de ese gran hombre al que se le echaba de menos.
Emma, que conducía perfectamente a la morena, le sonrió cuando esta reconoció la canción.
«Sí, eso me valdrá un billete más…pero por ver su sonrisa, valía la pena…»
«¿Cómo lo supo?»
«¿Qué era su canción preferida?»
«Sí…» dijo ella divertida y sorprendida a la vez
«Oh, ¿se acuerda cuando escondí mis armas por toda su casa?»
«Sí»
«Escondí una detrás de su armario, ya sabe el que está en su salón y que guarda incalculables discos de 33 revoluciones…Y lo confieso, no pude evitar echar un vistazo a su colección…Y vi que poseía muchos discos de Frank Sinatra…»
«Eso no me dice aún cómo supo que esta es mi preferida»
«Bueno, de hecho para eso no tengo una verdadera explicación…Digamos que a mí también me gusta mucho la canción y he tenido suerte…»
Se sonrieron ampliamente, antes de que la morena se atreviera a posar su cabeza en el hombro de la rubia mientras disfrutaba del momento, nada más importaba.
Después de un minuto, Emma carraspeó para darse valor, haciendo incorporarse a la morena.
«¿Mi cabeza es demasiado pesada para usted, Miss Swan?»
«¿Eh? Ah, no…no, no…yo…estoy intentando tomar valor…»
«Ah, y ¿para qué?»
«No es fácil, porque usted no ayuda, en verdad…»
«Oh…¿ayudarla para qué precisamente?»
«Bueno, ¡qué más da!, me lanzo…como mucho me dirá que no, pero bueno…»
La morena hundió su mirada en la de Emma mientras que esta parecía aún estar buscando las palabras.
«Allá va…¿aceptaría…tener una cita conmigo?»
El corazón de Regina se hinchó de felicidad y no pudo sino sonreír ante la petición de la rubia mientras que esta parecía aterrorizada ante la idea del rechazo.
«¿Una cita?»
«Sí, ya sabe, paso a buscarla a su casa, vamos a un bonito restaurante, pasamos una agradable velada, solo usted y yo…»
«De acuerdo…» le dijo con una discreta sonrisa
«¿De acuerdo?» repitió ella antes de sonreír de oreja a oreja «Muy bien, en ese caso, dígame que tipo de cocina prefiere o un sitio que ya no conozca y le guste…»
«Sorpréndame…»
«Sorprenderla…Muy bien, ¡lo será! ¡Al menos lo intentaré!»
«Muy bien, ¿qué le parece el lunes a las 20:00? Henry se va con la clase de excursión a Reno el lunes por la mañana por una semana, y le prometí pasar este fin de semana con él»
«Ningún problema, es perfecto. Estaré en su casa a las 20:00 en punto»
«Salga antes esta vez…» dijo con un tono divertido
«Nada de retraso, lo prometo»
Se sonrieron una vez más, después se separaron cuando escucharon que la canción había terminado y que los músicos comenzaban a recoger sus instrumentos.
«Bueno, gracias por este baile, Señora Alcaldesa»
«El placer ha sido mío»
«Entonces, me despido hasta el lunes. Buena vuelta a casa, pase un buen fin de semana y salude a Henry de mi parte»
«Gracias, lo mismo le digo…y no me olvidaré, a menudo me pregunta por usted, cómo está…»
«¿Ah sí? Dígale que estoy bien, de hecho muy bien, porque acabo de pasar una de las noches más hermosas de mi vida y espero pacientemente a la próxima…»
«Se lo diré…»
Se miraron de nuevo intensamente, ninguna de las dos quería alejarse de la otra, pero tampoco se atrevían a tener un último gesto de ternura. Sin embargo, Emma tomó de nuevo el toro por los cuernos. Agarró las manos de la morena y las llevó a sus labios, dejando en ellas un tierno beso sin apartar sus ojos de los de ella.
Regina sonrió afectuosamente al ver lo que hacia la rubia, incluso se sonrojó…no habría estado en contra de un beso en la mejilla…pero Emma no quería precipitar las cosas, y en cierto modo, eso también le gustaba.
«Hace un momento vi al otro tipo hacértelo, y me dieron unas ganas terrible de estar en su lugar»
Se rieron a carcajadas, Emma se enderezaba mientras que Regina recobraba su expresión.
«Créame, me gusta mucho más que esté usted en este lugar que él …»
«No estoy muy convencida de que su madre aprecie escucharla decir eso…»
«Oh, ¿sabe? Mi madre siempre ha adorado meterse en mi vida, y hasta hace unos años, incluso controlarla también…pero he aprendido a decir no, a plantarle cara…Y si saber que no estoy interesada en su pretendiente, la contraria, bueno, peor para ella…»
«No podría estar más de acuerdo…»
«¿Señora Alcaldesa?» dijo Killian desde la entrada de la sala
«Ya voy Señor Jones»
«Bien»
Él lanzó una última mirada escéptica hacia las dos mujeres y volvió por donde había venido.
«Lo siento, pero por lo que se ve mi chofer se impacienta…»
«No pasa nada, buen viaje de vuelta»
«No se preocupe…» dijo ella alejándose «¡Le enviaré un mensaje en cuanto llegue!»
«¡Así lo espero! ¡Y yo tendré un enorme placer en contestarle!»
La morena le sonrió una última vez, cogió su bolso y marchó en dirección a la salida no sin antes lanzar una última mirada en dirección a la rubia.
Cuando ella ya estuvo lo suficientemente lejos, David y Ruby corrieron hacia Emma.
«Ohhhhhhh, entonces, chica, ¡me quito el sombrero! ¡En serio, has estado genial!»
«¡Es verdad! Emma, ¡nunca he visto a Regina actuar así! ¡Sois encantadoras las dos juntas!»
«Gracias…»
«Bien, ¿la has invitado esta vez?»
«Sí»
«¿Y?» preguntaron a la vez
«Tengo que reservar mesa para el lunes por la noche…»
«¡Bien!» soltó David cerrando los puños en señal de victoria, mientras Ruby saltaba en el sitio.
La rubia les sonrió, en las nubes, dándose cuenta, solo en ese momento, que había obtenido una cita con la mujer que hacía latir su corazón.
«Bien, ¿nos vamos? Comienzo a sentirme de verdad cansado…» dijo David antes de ponerse la mano delante de la boca para bostezar
«Sí, nos vamos…Ruby, ¿nos vemos pronto?»
«Sí, ¡cuando queráis! Estaría bien pasar una noche los tres juntos, ¿no?»
«Bien, ¿qué te parece mañana? ¿Eh, David?»
«Sí, ven a casa, es nuestro día de pizza delante de una buena película, ¿te apetece?»
«¡De acuerdo! Bien, venga, os dejo que os marchéis, y mañana nos llamamos para ultimar, ¿ok?»
«¡Trato! ¡Hasta mañana Ruby!»
Y despidiéndose con la mano, salieron de la sala de fiestas.
*Molestus: la autora ha puesto en latín el apellido de Robin. Significa "Pesado", "Molesto". Ha explicado que no se ha podido controlar, está en contra de la pareja de Robin y Regina, y que cree que ese calificativo le va bien a Robin de los bosques.
